Los portabebés más antiguos y sencillos del mundo: las bandoleras

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Una mujer, sujetando a un niño con su mano izquierda, coge un higo. De un relieve de la Dinastía 25 de la tumba de Montemhet en Luxor. Tomado de: http://www.touregypt.net/featurestories/mothers.htm#ixzz3k65RTVjb

“Es costumbre ver en pinturas y relieves de tumbas a niños desnudos colgados de las espaldas de las madres o de sus pechos, envueltos en cortas capas de lino que a modo de bandoleras los mantienen unidos al cuerpo materno, o a alguna parte de su anatomía como los brazos, hombros, o caderas. En ocasiones, el crío que empieza a dar los primeros pasos, va detrás de una mujer pugnando para que ella le acoja.

Cuando la madre está reposando de la lactancia, realizando las labores de la casa o trabajando a la intemperie, acostumbraba a desplazarse con la criatura con independencia y comodidad; un ejemplo se observa en un grupo de madre e hijo que está en Munich y que data de finales de la dinastía XVIII (ÄS 2955). En un óstrakon pintado (O.DM 2447) se ve a un lactante amamantado por una mujer que lo envuelve entre los pliegues de su vestido”.

(…)

“En la tumba de Neferhotep (TT49), se remarca el contraste étnico de las mujeres egipcias, por sus peinados lacios y su porte más esbelto y longilíneo. Los niños van amarrados al cuerpo femenino con lienzos en forma de bandolera que les servían a modo de cuna portátil; uno de ellos busca a su madre insistiendo en ser cogido en brazos. Las palmas de las mujeres vueltas hacia al rostro, muestran un gesto de sumisión y reconocimiento a la autoridad que ostentó en vida el dueño de la tumba”.

Tomado del libro “La lactancia en el Antiguo Egipto” de Manuel Juaneda-Magdalena

Todo o nada.

A gustito en un fular.

Fulardeando…

O tienes portabebé o carrito…

O usas pañales de tela o desechables…

Creo que hay muchos padres que les gustaría utilizar pañales de tela pero piensan que es algo de “todo o nada”. Nada más lejos de la realidad. Se puede probar con unos pocos pañales y si no gustan en un primer momento siempre se pueden usar en la etapa de enseñar a usar el orinal como transición a la ropa interior. También se pueden utilizar 3 pañales lavables al día y cuando ya se han mojado todos continuar con desechables hasta el día siguiente. Otra opción es utilizar de tela en casa o de día y de usar y tirar para salir y para las noches. Hay miles de combinaciones posibles. Y, de hecho, no sería raro que después de probar unos pocos y una introducción gradual, las familias se lanzaran a usar más y más hasta independizarse de los desechables. Pero si piensan que es algo de “todo o nada” nunca lo probarán…

Con el porteo pasa un poco lo mismo. A pesar de que hay gente que usa solamente portabebés y no ha usado carrito nunca, también hay muchas familias que ven útiles ambas formas de llevar a su bebé en diferentes momentos y edades del bebé. Es mi caso, siempre me ha encantado portear pero también le he visto muchísima utilidad a los carritos. Por ejemplo, cuando voy a comer por ahí y sé que se va a echar la siesta, o ahora que voy a clases de danza africana y se queda dormido ahí durante casi toda la clase, cuando he ido al médico a que me hicieran una prueba o al dentista y él se ha quedado ahí sentado mirando…

Desde un punto de vista práctico y sin hablar de las sensaciones agradables intrínsecas a portear (mmmmm…), el porteo tiene la ventaja de que evita y sortea las barreras arquitectónicas propias de las ciudades, no es nada aparatoso y permite tener las manos libres. Pero ni tienes por qué portear todo el tiempo ni tienes por qué usar carrito durante los primeros años de tu bebé. Y, desde luego, un bebé no es el mismo con tres meses que con dos años. Con tres meses su necesidad de brazos es infinitamente mayor a la que tiene un niño como mi hijo (19 meses), un terremoto andante, corredor y danzante allá donde va.

El porteo y los pañales de tela no excluyen otras posibilidades. A pesar de que hay gente que vive muy bien sin carrito, ni cuna ni han usado un pañal de usar y tirar durante toda la infancia de sus hijos, creo que hay situaciones y momentos para todo en este mundo urbano en el que nos ha tocado vivir. Cada familia tiene que encontrar lo que le venga bien cada día, cada momento, cada etapa.

Lo mismo pasa con las cunas o los purés. El colecho no es una imposición, es algo que viene de forma natural para dormir todos mejor. El que un bebé coma a trocitos en las comidas no excluye que también coma purés. O al revés.

Respiremos, relajémonos, disfrutemos, probemos, equivoquémonos. Fuera etiquetas, fuera ataduras, fuera límites. La crianza es una forma de amor y el amor no tiene adjetivos, es amor a secas.

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Carrito heredado…  🙂

¿Cómo se ven los cochecitos de bebé en Nairobi? Un artículo del Washington Post.

¿Qué os parece este artículo del Washington Post sobre una tienda de Nairobi (Kenia) que vende carritos (bueno, intenta venderlos)?  El artículo original en inglés se puede leer aquí:

http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/articles/A34654-2004May17.html

Una idea todavía está buscando tracción en Kenia.
Las mujeres de África Oriental votan con sus pies contra los cochecitos de bebé.

Autora: Emily Wax
Washington Post Foreign Service
Martes, 18 Mayo, 2004 ;Page A08

Irene Wambui no se imagina por qué alguien compraría un cochecito de bebé. Dice que lo ve como una jaula fría llena de cascabeles inútiles, portavasos y luces delanteras. Imagínese a los niños metidos en ese artilugio y empujados por la ciudad como una especie de mascota.

Sin embargo, aquí está, en el distrito comercial de clase media Westlands, tratando de vender en su tienda la nueva mercancía, la herramienta de plástico y metal de cuatro ruedas de la maternidad moderna. Pero hasta ahora, los cochecitos han sido un fracaso en Nairobi, una afrenta a la tradición.

En África, las mujeres pueden ser vistas llevando a los bebés, a veces dormidos o risueños, sobre sus espaldas envueltos en tela. Los bebés se mueven al vaivén de las caderas de sus madres, sincronizados durante todo el día, doblándose con ellas mientras recogen agua o barren el suelo y subiendo cuando las mujeres se detienen a descansar. Se agarran mientras sus madres venden comida en el mercado o rezan en la iglesia o la mezquita.

La introducción de cochecitos y carritos, conocidos aquí con la palabra británica “pram” horroriza a los tradicionalistas, incluso a alguien como Wambui, que los vende. La silla de paseo está apareciendo en las principales ciudades de África, pero hasta ahora no ha tenido éxito.

“No es tan maravilloso. En África, o llevamos a nuestros hijos o los dejamos moverse.  No pueden quedarse como bultos”, dijo Wambui, 24. “Además, nuestras calles no son aún lo suficientemente buenas para estos dispositivos. Si todo el mundo tuviera un cochecito de bebé, se organizarían atascos. Entonces seríamos malos con nuestros hijos y con nuestras calles”.

La jefa y gerente de Wambui, Zara Esmail, caminaba de un lado a otro frente a los cochecitos el otro día. Dijo que la tienda había vendido sólo un cochecito de bebé en dos meses, y que fue a una trabajadora de la ONU de Gran Bretaña que estaba de visita, y que se quejó posteriormente, decepcionada por la pequeña selección.

“En general, pensé que se iban a vender mucho mejor”, dijo Esmail. Tal vez, añadió, es una cuestión de dirigir más la publicidad hacia la clase media, las madres que trabajan. “Pensamos que estos modernos serían un éxito.”

El cochecito ha generado un debate entre los pediatras africanos que piensan que el dispositivo – primero diseñado como una herramienta de ahorro de trabajo para la clase media europea – puede dañar la relación entre madre y niño.

“El cochecito es el último en empujar al bebé lejos de ti”, dijo Frank Njenga, un psiquiatra infantil en Nairobi, la bulliciosa capital de Kenia. “El bebé en la espalda está en realidad siguiendo a la madre con calidez y confort. El bebé se siente más seguro, y las personas más seguras son las personas más felices.”

En los Estados Unidos y Europa, los cochecitos han sido controvertidos. Recientemente, algunos médicos y psicólogos infantiles los han culpado de todo, desde la obesidad pediátrica a la baja autoestima en la vida.

Jane Clark, profesor de kinesiología en la Universidad de Maryland, dijo que existe la preocupación de que los estadounidenses están usando en exceso los cochecitos para los niños mayores, causando que los niños sean menos activos físicamente. Un movimiento creciente entre los defensores de los niños promueve la idea de llevar más a los bebés y sacarlos de los cochecitos.

Al mismo tiempo, los sitios web y revistas de los Estados Unidos y Europa dedican mucho espacio al tema de la elección de un estilo de coche o carrito – de adelante hacia atrás o de lado a lado, para hacer jogging o para dormir, con o sin un marco de titanio ligero, neumáticos, suspensión trasera, guardabarros y / o luces intermitentes que funcionan con baterías. Algunos carros antiguos fabricados en Europa son símbolos de estatus para las celebridades como Madonna y Celine Dion, que se gastó 2.600 dólares en el clásico Balmoral Pram, descrito por algunos críticos como un pequeño Humvee*.

Los africanos consideran que el método tradicional de portear a sus hijos es la única verdaderera versión de la guardería. Cuando es tiempo de comer, la comida está ahí en cuanto la madre pasa a su hijo al frente de su cuerpo, situando al bebé contra su pecho. El cochecito de bebé podría cambiar todo eso. Sin embargo, muchas personas en Nairobi dijen que piensan que los dispositivos podrían ser simplemente otro ejemplo de cuando los africanos adoptan los peores hábitos de la industrialización.

“Hay costumbres de hace más de cienc años que no son relevantes en la actualidad para los africanos”, dijo Carol Mandi, director de EVE, la revista de mujeres de África Oriental. “Nuestro desafío es escoger lo bueno de lo malo. Pero portear a la espalda, bueno, eso es sólo una costumbre maravillosa que mantiene al bebé emocionalmente estable y permite a la madre serntirse vinculada. No podemos dejar de ser mujeres africanas sólo porque hayamos sido arrojadas de pronto al mundo moderno. ¿Qué será lo próximo? ¿Nos dirán que paremos de amamantar en público? De ninguna manera.”

Algunas mujeres de África en un principio aparentemente esperaban que el cochecito podría ayudar a reducir el desgaste físico sufrido por las madres, que son la columna vertebral de la fuerza de trabajo en África, tanto en las tareas domésticas como en las pequeñas empresas.

Pero debido a que el cochecito de niño no sólo es socialmente inaceptable, sino que además es caro, los comerciantes están descubriendo que no los están vendiendo. El  cochecito medio, aunque mucho más barato que algunos modelos de Estados Unidos, todavía está alrededor de 60 dólares, al menos la mitad de un salario mensual, incluso en las economías urbanas más prósperas de África.

En la tienda de bebé de Nairobi, donde trabaja Wambui, los modelos polvorientos están intactos.

“Nunca hemos utilizado cochecito. Son un poco caros”, dijo Nellie Mwanzia, que estaba de compras en las inmediaciones, mientras que su marido, Roy, llevaba a su hijo David de 20 meses de edad. “Llevar al bebé no es ninguna molestia. Es más personal.”

María Mwanzia, de 32 años, una madre y secretaria estatal a media jornada, vino a la tienda a comprar biberones. Esmail acorraló a su compradora potencial cerca de los carritos. Pero a Mwanzia, incluso con su puesto de trabajo moderno y sus extensiones de cabello trenzado rojo y jeans acampanados, los cochecitos de bebé le parecieron “opresivos”.

Esmail sugirió que lo probara. Mwanzia no quiso.

“No se trata sólo de Kenia”, dijo. “Para el niño, el amor no estará allí si está encerrado en un aparato tan antisocial.” Compró sus biberones y se fue.

La corresponsal especial Candice Miranda contribuyó a este reportaje.

*(Nota de la traducción): Un Humvee es un vehículo militar con tracción a las cuatro ruedas.

Crianza sin complejos.

No soy relativista, creo que hay cosas mejores que otras, para los bebés, para las madres, para los padres y para el medio ambiente. Si no puedo darle a mi hijo lo que considero que es lo mejor, pues no se puede, pero procuro no autoengañarme y reconocer que algunos días hago cosas que no me gusta hacer, quizás obligada por circunstancias externas, por falta de información, incluso por egoismo o pereza… (intento que no sea así, por supuesto…). Pero también tengo claros algunos principios inquebrantables, como atender sus necesidades, no dejarle llorar sin consuelo y darle leche materna hasta que los dos queramos y podamos. Coincide que además de ser principios son placeres diarios.

A veces, mis elecciones se dirigen hacia lo más sencillo. Otras veces requieren más esfuerzo, pero las tomo porque creo que es lo que tengo que hacer. Más allá de ahí, lo que mejor nos funciona es la flexibilidad, sin atarnos a dogmas o teorías pediátricas en las que tengamos que encajar a priori bebés y padres.

Por ejemplo, me encanta portear, llevar cerquita a mi bebé y ha sido lo más práctico durante los primeros meses y sobre todo, viviendo en un tercero sin ascensor. Por no hablar de los llantos al atardecer que hemos consolado y relajado porteando… Pero también tengo un carrito heredado que nos viene fenomenal en multitud de ocasiones, por ejemplo si sé que vamos a un restaurante y se va a echar una siestecita, si voy a la compra, si cogemos el coche… Ahora usamos el meitai y carrito para salir, dependiendo de la circunstancia, y fular dentro de casa para dormirle. ¡Estoy deseando que llegue el buen tiempo para pasear y portear a la espalda sin tantas capas de ropa!

En cuanto a la alimentación complementaria, le intenté dar papillas a los seis meses, vi que no quería nunca y probamos un mes después a que él mismo cogiera la comida que le preparábamos en trocitos. Como vimos que le encantaba, seguimos. Nunca le dimos trozos grandes de comida por miedo a que se atragantara y, como tampoco se trata de sufrir nosotros, seguimos así, con trocitos pequeños. Ahora por las noches, sin embargo, sí toma papillas con ganas y nos es mucho más cómodo darle una de cereales.

Usamos pañales de tela pero también hemos utilizado desechables los primeros dos meses. De hecho, guardamos algunos en el armario, por si los necesitáramos algún día. Me encanta haberme independizado de ellos y no me gustan nada, por muchas razones (dermatológicas, medioambientales…), pero gusta tener algunos en la recámara. Algún día que he calculado mal a la hora de lavar los de tela, hemos tenido que usar algunos.

Como le ponemos a hacer pis y caca en el orinal cuando sabemos que lo necesita, cada vez mojamos menos pañales de tela, pero aún así, los usamos para salir a la calle y por las noches, por si acaso estamos distraidos. Cada vez que hace caca en el w.c. o la palangana (suele ser una vez al día), le lavo en el bidé con agua tibia para que se quede limpito. Por eso, con el tema de los baños nos relajamos bastante y le bañamos una o dos veces a la semana. Además, la piel de un bebé es demasiado sensible para estar en contacto con tanto jabón de forma diaria. De hecho, quizás sería suficiente sólo con agua.

Unos días le dormimos en brazos, otros en fular y otros en carrito. Dormimos los tres en la misma habitación, con cuna pegada a la cama, porque nos gusta. Cuando pase el tiempo y él crezca, reorganizaremos la casa y tendrá su habitación.

Así es como a nosotros nos va bien ahora. ¡Sin complejos y sin etiquetas aprisionadoras!

Cuando las madres se juntan.

Me estoy formando para ser asesora de portabebés y, como tenemos que hacer prácticas, la semana pasada estuve en un grupo de lactancia enseñando un tipo de nudo para el fular. ¡Qué experiencia más buena! Algunas trajeron sus fulares y otras utilizaron los que traía yo para practicar. Me gustó hablarles de la postura correcta del bebé en un portabebé, de espaldas en C y piernas en “ranita”, de por qué no llevar al niño “cara al mundo”… La verdad es que aprendí un montón al recordar las cosas que aprendí en el curso y reconocer los errores típicos que todos solemos cometer en nuestras primeras experiencias de porteo. Espero que a ellas también les haya aportado algo y puedan practicarlo con sus hijos.

Además, me encantó ver a todas esas mujeres reunidas con sus bebés, charlando de todo, contándose la vida y compartiendo experiencias mientras los niños jugaban y gateaban por toda la habitación. Más que un grupo de lactancia ya era un grupo de crianza o de juego, pero gratis y sin expertos (en ese momento). También me dio un poquito de envidia insana, la verdad (:P),  por no haber encontrado un lugar así por mi barrio, un lugar donde se junten las madres y los padres. Quizás sea el momento de inventarlo, ¿verdad?