La mística de la menstruación

Los creadores de las primeras píldoras anticonceptivas creyeron que debían imitar el ciclo menstrual para que pareciera más natural. El sangrado artificial que producen no es una menstruación real porque no hay ovulación previa, por eso ahora la industria ha dado un paso más y ha creado anticonceptivos sin periodos de descanso. En el artículo “El fin de la regla” (Mujer Hoy) se incluyen dos citas sobre los anticonceptivos hormonales que suprimen el sangrado que voy a comentar a continuación.

Carme Valls-Llobet, Especialista en Medicina Interna y Endocrinología: “Lo fundamental es que no hay evidencia a largo plazode lo que le puede ocurrir al cuerpo de una mujer a la que se está hormonando constantemente. No hay experiencia; por tanto, que lo prueben con voluntarios que acepten este riesgo durante varios años”. Pero, además, la doctora apunta que, con estos métodos, “la mujer no sabe realmente cuándo va a manchar, cuando va a tener algún sangrado. Con el Lybrel es algo imprevisible, que puede ocurrir en cualquier momento. Y, por tanto, es mucho más complicado que llegue a darse cuenta de si está o no embarazada. A mí me asombró leer en su prospecto la recomendación de que la mujer se hiciera periódicamente pruebas de embarazo… Pero, ¿no se supone que la tomas precisamente para no quedarte embarazada?”. La doctora Valls-Llobet va más allá: a su juicio, “la menstruación es un indicador de que algo va o no va bien en nuestro cuerpo. Si no va bien, significa que hay una alteración metabólica, endocrina, psicológica o social. Pero si, cuando una mujer te indica que tiene trastornos con la menstruación, lo primero que haces es intentar abolírsela, no estás escuchando a su cuerpo. Abolirla lo único que hace es tapar los problemas, falsearlos”.

La endocrina Carme Valls-Llobet señala que no se sabe qué puede ocurrir a largo plazo con su uso. Sin embargo, obvia otro pequeño detalle, ya que tampoco hay experiencia a largo plazo de que las mujeres menstruemos de la forma que lo hacemos actualmente, algo que ella obvia por completo. No tener hijos, tener uno de forma muy tardía y no amamantarlo también son experimentos desde un punto de vista evolutivo. La industria trata de eliminar la menstruación pero el modo de vida y de trabajo actual (y, por tanto, la biopolítica) trata de eliminar a los hijos, algo que no podemos dejar de mencionar si no queremos ser parciales y si pretendemos que las mujeres puedan tomar decisiones libres e informadas. Recuerdo las palabras del biólogo Roger Short:

“En las comunidades cazadoras-recolectoras, la pubertad, la adquisicón de deseo sexual, y matrimonio eran todos eventos sinónimos, así que no había necesidad de restricciones sociales sobre el comportamiento sexual antes del matrimonio. Después del matrimonio había un periodo de tres años de esterilidad adolescente, cuando la chica habría experimentado una sucesión de ciclos menstruales anovulatorios antes de concebir. Después del primer hijo, habría estado 3 años en amenorrea de la lactancia, seguidos por uno o dos ciclos menstruales ovulatorios antes de concebir otra vez. No tenemos información de la edad de la menopausia  en las sociedades primitivas, pero (…) sería raro que una mujer tuviera más de 5 hijos. Durante su vida reproductiva experimentaría 15 años de amenorrea de la lactancia, y 4 años de embarazo, (…)

Contrastemos esto con la vida reproductiva de una mujer de hoy en día: la menarquía ocurre a los 13 años, y la menopausia a los 50. Dos embarazos con poco o ningún amamantamiento como mucho solo permitirían a la mujer como mucho 2 años de respiro de los ciclos menstruales regulares, que ocuparían los 35 años que quedan de vida reproductiva. 

No puede haber ninguna duda de que este aumento de nueve veces en el tiempo dedicado a tener ciclos menstruales plantea una serie de nuevos problemas para nosotros; es algo de lo que no hemos tenido ninguna experiencia evolutiva previa, y por lo tanto no estamos genéticamente adaptados para hacer frente a la situación”.

La segunda de las citas del artículo de Mujer de Hoy es de María del Mar Jiménez Redal, socióloga holística, y autora del artículo “Menstruación, la sabiduría oculta”: “Nuestra sociedad solo subraya lo patológico de la menstruación: dolor, debilidad, estorbo… Y, por tanto, lo que pretende es ocultar o manipular el estigma de sangrar. Aparte de la violencia y el miedo, nada ha sido tan eficaz para relegar a las mujeres a un lugar secundario como la degradación del ciclo menstrual. Y el tabú asociado al ciclo menstrual sigue hoy más vigente que nunca; por eso ahora nos ofrecen píldoras para exterminarla. Total, ¿para qué sirve? ¿No es solo un sangrado intrascendente e inconveniente? No, no lo es. La gran verdad oculta es que la menstruación es muchísimo más que una manifestación física: es una fuente de conocimiento interior. La regla es un prodigio biológico muy beneficioso para el cuerpo femeninoy, a nivel físico, actúa como un sistema de autolimpieza mensual, protegiendo el aparato genital femenino, reforzando las defensas del organismo gracias a los estrógenos naturales”.

La menstruación es un proceso fisiológico que se repite de forma indefinida (entre la menarquía y la menopausia) hasta que se produce una fecundación del óvulo. No llega para que las mujeres nos conozcamos a nosotras mismas, ese puede ser un efecto secundario, pero su función primordial es la misma que en las hembras de otros grandes primates. El autoconocimiento siempre es positivo mientras se esté preparado para aceptar la verdad, incluso su parte dolorosa, compleja y plagada de contradicciones de difícil solución que no entienden de posturas políticamente correctas ni mágicas. Tampoco es un sistema de autolimpieza mensual, porque si lo fuera también necesitarían “limpiarse” las niñas, las mujeres postmenopáusicas, las embarazadas o las lactantes en amenorrea. Ninguna de ellas menstrúa y no necesitan limpiarse de nada. Por último, menstruar demasiado tiene también riesgos para la salud que hay que conocer.

“La evolución de la reproducción humana” de Roger Short (1976)

El biólogo Roger Short, autor del artículo “La evolución de la reproducción humana”

 “Los mamíferos exhiben una variedad de variables reproductivas dependientes de la densidad que les permiten llegar a un equilibrio con su ambiente. Estos incluyen la edad de la pubertad, la extensión de la muerte embriónica y fetal, el ratio de muerte neonatal, y la duración del periodo sin estro o la amenorrea de la lactancia. Todos estos son mechanismos orientados hacia la mujer; la mayor parte de los mamíferos son poligínicos, y como la mujer es la que tiene la mayor inversión de energía en la reproducción ella es el recurso limitante.

Desafortunadamente, el ser humano como especie ha elegido eliminar estas restricciones, así que ahora estamos sin ningunos controles y equilibrios naturales en nuestro ratio de crecimiento poblacional. Seremos enteramente dependientes de formas artificiales de anticonceptivos para siempre. Como la selección natural siempre ha operado en el pasado para maximizar el potencial reproductivo, las mujeres están fisiológicamente mal adaptadas a pasar la mayor parte de su vida reproductiva en un estado de no embarazo. Los anticonceptivos del mañana deberían ser escogidos con gran cuidado, ya que tendrán un gran impacto en nuestra salud general y en el bienestar de la sociedad.
(…)
La transmisión del aprendizaje de generación en generación necesitó de un periodo prolongado de contacto entre los padres y la descendencia, y esto fue acentuado por nuestra inmadurez en el nacimiento. Uno de las sanciones por haber desarrollado un cerebro tan grande fue que mucho de su crecimiento tuvo que ocurrir después del nacimiento ya que una cabeza grande nunca podría ser parida a través de los estrechos confines de la pelvis humana. Un niño dependiente, incapaz de alimentarse por sí mismo, impuso severas restricciones a la libertad de circulación de su madre, que a su vez se volvió dependiente del padre para proveer las necesidades de la vida*. Fue este periodo prolongado de dependencia juvenil lo que hizo adecuado el espaciamiento entre los nacimientos sucesivos de tal primordial importancia en las comunidades primitivas (Polgar 1972); la amenorrea de la lactancia fue uno de los mecanismos por los que la Naturaleza aseguró que hubiera un largo intervalo entre nacimientos. 

En los primitivos cazadores-recolectores, donde la crianza de un niño depende de la cooperación entre los padres, era claramente importante reforzar los vínculos que mantenían a los padres juntos. Una manera de hacer esto era desarrollar una estricta división del trabajo entre el hombre y la mujer, para que cada uno fuera dependiente del otro. También parece probable que explotamos el comportamiento sexual para mantener y reforzar este vínculo de pareja parental. Somos los únicos mamíferos en los que la mujer ha abandonado el fenómeno conductual periódico del estro, cuando ella está atraída instintivamente y receptiva al macho, y lo hemos cambiado por una situación en la que ella es potencialmente atractiva y receptiva en cualquier momento desde la adolescencia a la ancianidad. También somos el único primate en el que la hembra recibe gratificación del acto sexual en la forma de orgasmo”. La evolución de la reproducción humana, Roger Short (1976).

Roger Short, biólogo y profesor de la Universidad de Melbourne, es una de las eminencias en el campo de la reproducción humana. De hecho, es uno de los expertos mundiales en el método anticonceptivo de la amenorrea de la lactancia materna (MELA) que se reúnen periódicamente en Bellagio, Italia, junto a instituciones como la OMS y la Fundación Rockefeller, para consensuar la efectividad del método y su funcionamiento (más información sobre el MELA aquí). A pesar de ser un científico vinculado a las elites de poder, eso no debería ser razón o motivo de prejuicio para rechazar a priori sus planteamientos o investigaciones, ya que si lo que se presenta es cierto, lo tendremos que aceptar nos guste o no, se adapte mejor o peor a nuestra ideología. Os invito a realizar una lectura crítica y reflexiva.

Como se aclara en el libro “On fertile ground: a natural history of human reproduction” actualmente hay varias posturas o enfoques que explican la falta de menstruación temporal en las madres lactantes: las que basan la explicación en la frecuencia de las tomas del bebé (John Bongaarts), otra es la de la carga metabólica relativa (la energía que tiene que derivar la madre hacia la lactancia se reduce al introducir alimentación complementaria, por ejemplo) y también hay una investigadora que ha añadido una más, la influencia en la fertilidad de la mujer del nivel de grasa en su cuerpo (Rose Frish).

En el momento del artículo que voy a analizar Roger Short trabajaba en la Unidad de Biología Reproductiva de la Universidad de Edimburgo. A pesar de que es un artículo de los años setenta y que seguramente ahora existan otras visiones y de que no comparto su obsesión por la píldora anticonceptiva como solución a los males de la humanidad, creo que el análisis de la cuestión que plantea es correcto y se podría resumir en que, desde un punto de vista evolutivo, el cuerpo femenino no está bien adaptado a la realidad de ovular y menstruar constantemente.

Parece ser que el primer autor que constató que la edad de la menarquía en las niñas había bajado de forma espectacular en EEUU y Europa desde mediados del siglo XIX fue Tanner, pero se dio cuenta de que esa tendencia se había parado en unos 12-13 años. Esa edad era mucho más baja que la de los países menos industrializados y lo asoció a una peor nutrición y un nivel más bajo de proteinas, ya que también dentro de una misma cultura, las personas “mejor” alimentadas se les adelantaba la primera regla. Cuando leí esto inmediatamente pensé: ¿Y no será que nosotros somos los que estamos sobrealimentados y “malnutridos” por excesiva nutrición desde un punto evolutivo? Es decir, ¿no serán las comunidades no industrializadas el “estándard” y no nosotros? La verdad es que esto lo pensé a raíz de darme cuenta de lo que ocurre con los niños de biberón y los niños de pecho. No tienen los mismos percentiles y, de hecho, la OMS tuvo que sacar unas nuevas tablas de peso por edad dirigidas a los niños de teta porque si se aplicaban las “normales” (biberón) nuestros hijos estaban demasiado delgados, cuando en realidad la leche materna ha sido el alimento habitual de la especie humana desde el principio de los tiempos. Para otras interpretaciones podéis consultar la web del Museo de la Menstruación. Es significativo señalar que, a pesar de la estrogenización ambiental artificial del ambiente que conocemos hoy en día, el adelanto de la menarquía es algo que se observa con datos que van desde 1860, es decir, mucho antes de que popularizara el uso del plástico o se inventara la píldora anticonceptiva.

Posteriormente llegaron otros autores y otras teorías como la de Frisch y Revelle que describieron una masa corporal crítica de 47.8 kilos para que ocurra la menarquía, como si hiciera falta un mínimo de grasa corporal almacenada para comenzar a menstruar. Hoy en día entiendo que habrá teorías más actualizadas pero recuerdo que el artículo de Short es de 1976.

Sobre la menarquía Roger Short dice algo que me dejó reflexionando:

En los países en desarrollo, con una edad tardía de pubertad, la adquisición de la fertilidad y la madurez intelectual son casi eventos coincidentes que se complementan el uno al otro. En los países desarrollados, por otro lado, parece que nosotros ahora adquirimos nuestra sexualidad bastante antes que la madurez intelectual que nos permite hacerla frente. Los embarazos adolescentes son algo nuevo en nuestra experiencia evolutiva, ya que eran una imposibilidad biológica.

¿Y por qué eran una “imposibilidad biológica”? Sencillamente porque los primeros años después de la menarquía suelen ser anovulatorios. Por ejemplo, se comprobó cómo las mujeres !Kung cazadoras-recolectoras se casaban y tenían su primera regla más o menos a la vez, con 15 años y medio. Sin embargo, su primer hijo lo tenían a los 19 años y medio (Kolata 1974). Y esto quiere decir que en EEUU y en Europa las niñas que tienen su menarquía a los 12 años podrían ser fértiles con 14 o 15 años. Y eso es una rareza histórica, como tantas otras…

Hay una parte del artículo de Short que me ha dejado sorprendida. Yo creía que en las sociedad de cazadores-recolectores había una alto número de hijos y de muertes (al no existir medicamentos y hospitales, por ejemplo). Pues resulta que no, los ratios de nacimientos y muertes eran más bien bajos hasta la llegada de la revolución agrícola hace 10.000 años. Recordemos que el Homo Sapiens moderno apareció hace unos 200.000 años.

¿Y por qué aumentaron los nacimientos con la revolución agrícola? Porque disminuyó el intervalo entre nacimientos. ¿Y por qué? Porque se modificaron los hábitos de lactancia tradicionales en el mundo de las cazadoras-recolectoras. Por ejemplo, las mujeres !Kung solían tener un intervalo medio de 4 años entre hijos y amamantaban durante 3-4 años. Las madres, dice Short, eran delgadas pero bien alimentadas y no había alimentos blandos para la alimentación complementaria de los bebés. Cuando las Kung se volvían sedentarias destetaban antes y se complementaba con harina de cereal y leche de vaca y, por tanto, el intervalo entre hijos se acortaba. ¿Y cuándo amamantaban durante 4 años no suplementaban con nada? Es obvio que sí. ¿Y cómo estaban de hierro los niños? Porque ahora la OMS dice que a partir de los 6 meses hay que suplementar por riesgo de anemia. Cuando entreviste a una mujer !Kung os cuento en otro artículo… (Por ahora me tengo que conformar con este maravilloso libro de Marjorie Shostak).

Con la revolución agrícola y la sedentarización aumentó la mortalidad y la fertilidad a la par, es decir, tenían más hijos pero se moría más gente. Al leer esto pensé, ¿no deberían haberse reducido las muertes al tener comida y un ambiente aparentemente más seguro? Pues no. Según Short, la higiene probablemente se deterioró y las enfermedades aumentaro. Y yo especulo desde mi humilde visión de madre lactante… ¿No tendrá que ver también en el aumento de la mortalidad el hecho de que se diera menos tiempo de mamar? Es decir, ¿no podría tratarse de un círculo vicioso? Si hace 10.000 años destetabas antes el niño corría más peligro de morir por no obtener los nutrientes necesarios ni las defensas que proporciona la leche humana. Ahí quedan mis preguntas sin respuesta.

Después Short señala varios estudios en los que se ha observado cómo el proceso de urbanización en la época actual, y los cambios que lleva aparejado en cuanto a hábitos sociales y nutricionales, impactan en la fertilidad humana, sobre todo en cuanto a la lactancia materna y afirma: 

“En todo el mundo en su conjunto, más nacimientos son prevenidos con la lactancia que con las otras formas de anticoncepción juntas. No es extraño que los cambios sociales que reducen la eficiencia anticonceptiva de la lactancia hayan tenido tal asombroso impacto demográfico”. 

Y un poco más tarde dice: 

“Se suele decir que no podemos esperar que la gente de los países en desarrollo quieran controlar su fertilidad hasta que los ratios de mortalidad infantil sean reducidos a un nivel aceptable. Si pudiéramos desarrollar anticonceptivos que promocionaran la lactancia materna, ellos aumentarían el intervalo entre nacimientos así como reducirían la mortalidad al mismo tiempo”. 

En este momento el artículo compara la vida reproductiva de una mujer de una comunidad cazadora-recolectora y la de una mujer de hoy en día:

“En las comunidades cazadoras-recolectoras, la pubertad, la adquisicón de deseo sexual, y matrimonio eran todos eventos sinónimos, así que no había necesidad de restricciones sociales sobre el comportamiento sexual antes del matrimonio. Después del matrimonio había un periodo de tres años de esterilidad adolescente, cuando la chica habría experimentado una sucesión de ciclos menstruales anovulatorios antes de concebir. Después del primer hijo, habría estado 3 años en amenorrea de la lactancia, seguidos por uno o dos ciclos menstruales ovulatorios antes de concebir otra vez. No tenemos información de la edad de la menopausia  en las sociedades primitivas, pero (…) sería raro que una mujer tuviera más de 5 hijos. Durante su vida reproductiva experimentaría 15 años de amenorrea de la lactancia, y 4 años de embarazo, (…)

Contrastemos esto con la vida reproductiva de una mujer de hoy en día: la menarquía ocurre a los 13 años, y la menopausia a los 50. Dos embarazos con poco o ningún amamantamiento como mucho solo permitirían a la mujer como mucho 2 años de respiro de los ciclos menstruales regulares, que ocuparían los 35 años que quedan de vida reproductiva. 

No puede haber ninguna duda de que este aumento de nueve veces en el tiempo dedicado a tener ciclos menstruales plantea una serie de nuevos problemas para nosotros; es algo de lo que no hemos tenido ninguna experiencia evolutiva previa, y por lo tanto no estamos genéticamente adaptados para hacer frente a la situación”.

Hay una cosa que me chirría: no he encontrado constancia de ninguna amenorrea de la lactancia más allá de dos años en la actualidad, aunque tampoco es raro dada la pérdida de la cultura de la lactancia en la sociedad actual. Quizás existan pero no es algo de lo que se hable demasiado. (ACTUALIZACIÓN: en el artículo de Barbara B. Harrell del que hablo aquí hay constancia de un estudio en el que una de las mujeres tuvo una amenorrea de la lactancia de 30 meses, pero es algo muy raro).

Anticoncepción

Dice Short, y es cierto, que el único anticonceptivo que no actúa después de la ovulación es la píldora. Sin embargo, se eligió, en lugar de imitar la amenorrea, que imitara el ritmo menstrual mensual, creyendo que sería más “normal” y más aceptable.

¿Puede ser dañina una sucesión de ciclos menstruales interminable? A esta pregunta responde Short:

“En las sociedades primitivas, la pubertad fue pronto seguida de un embarazo primero, que a su vez transformaba el pecho en un órgano secretor. Hoy, el descenso de la edad de la pubertad, junto con los aplazamientos inducidos culturalmente del primer embarazo, quiere decir que el pecho puede que tenga que esperar a más de una década entre la finalización de la pubertad y el comienzo de la actividad secretora, tiempo durante el cual responde a los ciclos mensuales de secreción de esteroides del ovario con un 20% de aumento de volumen durante la fase lutea, y un colapso repentino de la menstruación”.

Ya en la época de este artículo, 1976, había estudios que relacionaban la incidencia de cáncer de pecho con la edad del primer hijo o, más bien, con el tiempo entre la primera regla y el primer nacimiento. Y aporta un dato: “una mujer que tiene a su primer hijo antes de los 18 años tiene un tercio de riesgo de tener cáncer de mama comparado con una mujer que tuvo a su primer hijo después de los 35 años”. Para más información actualizada sobre este tema recomiendo la lectura de estos otros post: “Los riesgos de no ser una madre joven” y “¿Menstruar mola? ¿Menstruar es un atraso?”

Dice Short que el cáncer de mama es el cáncer más comun en las mujeres, con 11.000 muertes anuales en Inglaterra y Gales en esa época. Como dato comparativo, esa cifra se ha mantenido ya que en 2011 murieron 11.684 mujeres y 78 hombres por esa causa en Reino Unido. También menciona el hecho de que en las mujeres nulíparas también se ven incrementados los carcinomas de ovario, endometrio, fibromas e endometriosis.

Y después de un artículo fascinante e interesante llega una parte en la que abandona la explicación científica para proponer la creación de un anticonceptivo que permita a la mujer volver a estar en amenorrea, el estado normal entre las mujeres primitivas. Así también se reduciría la incidencia del cáncer y problemas derivados de tener tan poquitos hijos.

Como vemos, Short da por hecho que las mujeres van a seguir sin tener muchos hijos cuando son jóvenes ni van a amamantar por eso la Ciencia y la Medicina tienen que acudir a salvarnos de los problemas de la nuliparidad con una nueva medicina que nos cure de las consecuencias de los hábitos reproductivos postindustriales.

Conclusiones sobre biopolítica

Como las formas naturales de autoregulación de la población ya no existen, para bien o para mal (un punto positivo claro en mi opinión es la reducción de la mortalidad infantil, por ejemplo) Short afirma que dependeremos de las formas artificiales de anticoncepción para regular la población mundial, y que incluso serán claves en la supervivencia de nuestra especie. Pero, además, no vale cualquier tipo de anticoncepción, ya que no todos pueden mantener el aparato reproductivo en estado de inactividad cuando no queremos quedar embarazada. Aquí entiendo que el autor se refiere, por ejemplo, a que una mujer puede seguir métodos “naturales” (ya lo de natural queda hasta raro en este contexto) y reconocer sus días fértiles y evitar las relaciones sexuales coitales o utilizar métodos de barrera durante esos días. Sin embargo, esta mujer seguiría ovulando y menstruando, lo que elevaría el riesgo de otros problemas de salud. Yo, desde luego, no era consciente de todo esto hasta hace muy poco. 

“Las mujeres pueden estar fisiológicamente mal adaptadas a pasar la mayor parte de su vida reproductiva con una interminable sucesión de ciclos menstruales”. 

Roger Short termina su artículo reflexionando sobre biopolítica ya que, como la reproducción ya no es algo “natural” sino algo sujeto a la voluntad, se volverá mucho más impredecible, lo que podría conllevar “problemas de planificación a largo plazo” (se entiende que para los políticos) y pronostica que habrá más intentos de relacionar lo que es deseable para las naciones con las prácticas reproductivas, es decir, en mi opinión está diciendo que el Estado se va a entrometer cada vez más en la vida personal de los sujetos de a pie.

Reflexiones finales

El análisis de la cuestión parece bastante coherente, a pesar de mis escasos conocimientos sobre biología, antropología evolutiva o medicina, no ya tanto las conclusiones a las que llega, que sí que me parecen criticables.

1) La primera puntualización que se le puede hacer a Short es que antes de hablar de planificaciones nacionales deberíamos hablar de decisiones libres e informadas, es decir, que la gente tenga toda la información para después decidir lo que quiere hacer con su vida. No todo está en nuestra mano ni todas tenemos por qué querer tener hijos o tenerlos jóvenes pero a lo mejor algunas, si lo hubiésemos sabido, los hubiésemos tenido mucho antes, habríamos lactado de otra forma o habríamos hecho más deporte en la niñez para retrasar un poquito la menarquía, etcétera…

2) Una vez que se tiene toda la información y apoyo se puede optar por tomar la píldora, no tomarla, tener hijos, no tenerlos, amamantarlos, no amamantarlos, utilizar métodos anticonceptivos “naturales” o no utilizarlos. Se puede optar, si las circunstancias externas biopolíticas te lo permiten, claro…

3) Short parte del hecho de que en la sociedad postindustrial no podemos llevar la vida ni de las cazadoras-recolectoras ni de las sociedades no industrializadas y que, por esa razón, dependemos de las píldoras de la industria farmacéutica para mantenernos en un falso embarazo perpetuo. Pero quedan las preguntas abiertas: ¿No podemos intentar a nivel individual tener menarquías tardías, embarazos tempranos, lactancias largas e intensas? ¿Está en nuestra mano? ¿Es nuestra decisión? ¿Es la de otros? Si la lactancia tiene un papel fundamental históricamente en el crecimiento equilibrado de la población, ¿no tendría que ser la sociedad y el mundo laboral industrializado el que se adaptara a la lactancia humana y no al revés? ¿Por qué tenemos que ser las madres lactantes las que nos tenemos que adaptar a los horarios y circunstancias industriales, es decir, las que tenemos que extraernos leche, congelarla, separarnos de nuestros hijos durante largas horas, etcétera?

Por otro lado, el tema de la anticoncepción en el mundo preindustrial daría para otro artículo, que me reservo para cuando termine el libro de John M. Riddle “Las hierbas de Eva. Historia de la anticoncepción y el aborto en Occidente”.

4) En el texto de la introducción que he traducido dice que un niño dependiente impuso severas restricciones a la libertad de circulación de la madre. ¿Acaso las madres de las sociedades cazadoras-recolectoras no usaban portabebés para poder moverse sin separarse de sus hijos pequeños? Esto que plantea Short no es verdad, al menos como se describe en el libro de Marjorie Shostak “Nisa”, un libro de entrevistas a mujeres !Kung. En él se explica como las madres recolectan acompañadas de los bebés y niños y los padres cazan, también a veces acompañados de niños y niñas algo mayores. Las mujeres y los hombres son interdependientes a nivel nutricional y los niños no impiden ninguna actividad, quizás la caza por el nivel de sigilo que se necesita para no asustar a los animales. Es puro sentido práctico, no ideológico.

5) Ya no estamos en 1976 y ahora sabemos que la píldora no sólo no proteje del cáncer de mama sino que puede aumentar, aunque sea de forma leve, el ratio de padecerla. Además, el uso de la píldora ha traído consigo problemas ambientales, ya que la orina de las mujeres que la utilizan pasa al ecosistema estrogenizándolo,  como se ha estudiado en este artículo publicado en PNAS. Para solucionar un problema, creamos otros mil. ¿Es ese el lema de la historia del progreso humano?

6) La última crítica que le hago a Short quizás es la más importante. No son los Estados los que deben decidir si la gente se reproduce o no, si tiene 0, 1 o 6 hijos, como tampoco debería entrometerse en ningún aspecto de nuestra vida íntima. Si existe un problema demográfico en alguna zona del planeta este debería ser analizado por los propios afectados y las soluciones nunca deberían ser impuestas desde las elites de poder.

Para profundizar:

– Traducción del artículo de la antropóloga Beverly Strassman, mucho más reciente que este de Short: “La Biología de la Menstruación en el Homo Sapiens”.
– Reseña de “La Lactancia y la Menstruación desde una Perspectiva Cultural” de Barbara B. Harrell, de 1981. 

Nun’s plight (la difícil situación de las monjas)

Roger Short

Hoy presento un video que plantea la relación problemática entre castidad maternal y cáncer en el que también participa el biólogo y experto en reproducción humana Roger Short. Este tema está más desarrollado en mi artículo sobre los riesgos de no ser una madre joven, y también de forma muy sucinta en “¿Menstruar mola? ¿Menstruar es un atraso? Una respuesta corta posible”. Lo que me ha llamado la atención de este video es la solución que propone: como las monjas no quieren ni pueden tener hijos deberían tomar la píldora como “medicamento” protector contra el cáncer. Se olvida el video de que esto es cierto en cuanto al cáncer de ovario y endometrio, pero en el caso del cáncer de mama, incluso hay estudios que dicen que aumenta el riesgo. En realidad hablamos de “protección” pero lo que deberíamos decir es que menstruar en exceso aumenta las papeletas de sufrir estas enfermedades, ya que nuestro cuerpo no está diseñado para tener tantísimos ciclos menstruales y tener un único hijo muchísimos años después de la primera regla (por ejemplo, mi primera regla fue a los 14 años y he tenido un hijo a los 31). Y esto también está relacionado con la menarquía, que se ha adelantado en los países industrializados y todavía se están investigando las causas: factores nutricionales, aumento temprano del índice de masa corporal que activa la menstruación en la pubertad o factores ambientales como los fitoestrógenos.

¿Estamos ante una nueva campaña de promoción de los anticonceptivos hormonales? Lo cierto es que el problema es real y muy poco conocido por las mujeres, que piensan que menstruar y ovular indefinidamente o tener un hijo de forma muy tardía es una opción más sin consecuencias para la salud. Nos queda mucho por reflexionar todavía sobre estos asuntos que plantean grandes cuestiones personales, existenciales, filosóficas, demográficas y biopolíticas.

http://www.abc.net.au/catalyst/stories/3494001.htm?site=melbourne

El artículo científico publicado en The Lancet por Roger Short y Kara Britt, “La díficil situación de las monjas: los peligros de la nuliparidad” se puede consultar aquí (consulta gratuita si te das de alta como usuario de la revista). 

Peter Scott

En esta entrevista, Roger Short también dice cosas interesantes. Por un lado cuenta que tuvo 4 hijos con su primera mujer, 4 accidentes, según él, porque en esa época no existía la píldora anticonceptiva. Y después habla de un momento que le cambió la vida, un encuentro con Peter Scott, fundador de WWF (World Wildlife Fund), que le dijo (minuto 18.50): “¿Sabes? Cuando creamos el WWF su objetivo era salvar especies en peligro de extinción. Ahora estoy al final de mi carrera y fallamos completamente. No hemos salvado ni una sola especie en extinción. Y si pusiéramos todo el dinero que hemos recolectado en condones habríamos hecho algún bien“. Y Roger Short recuerda haber pensado: “¡Vaya pensamiento! ¡Tiene razón! ¿Qué hago aquí malgastando mi tiempo en una Escuela de Veterinaria cuando tendría que estar liderando un grupo de investigación en reproducción humana y ver si podemos conseguir crear anticonceptivos que funcionen y sean accesibles para todo el mundo porque el crecimiento de la población mundial es el problema trascendental de nuestro tiempo“. Los fundadores de WWF están vinculados al elitista Club Bilderberg y a escándalos como el del Proyecto Lock. Aquí son famosos por haber tenido al Rey, famoso amante de los animales, como presidente de honor durante años y por ser los impulsores de “La hora del planeta”, una acción revolucionaria y subversiva en extremo que puede cambiar sin duda el rumbo de la civilización: apagar la luz durante una hora determinada el último sábado de cada marzo.

Logo diseñado por Scott

En 1976 Short afirmó lo siguiente: “las mujeres puede que estén fisiológicamente mal adaptadas a pasar gran parte de sus vidas reproductivas teniendo una sucesión interminable de ciclos menstruales”. Y en 1984 dijo: “Un número excesivo de ciclos menstruales es un desorden iatrogénico de las comunidades que practican alguna forma de anticoncepción”. Estas dos afirmaciones me parecen claves, sin embargo, ¿por qué alaba tanto la “iatrogénica” píldora anticonceptiva entonces? ¿Porque quizás volver al patrón de fertilidad natural, dando por hecho que muchas personas quisieran, aumentaría el problema de la supuesta sobrepoblación mundial al no existir una elevada mortalidad infantil que lo compense? ¿Porque los otros métodos anticonceptivos no suprimen ni la ovulación ni la menstruación? Hoy afirma, como en el minuto 11.30 del siguiente video, que las mujeres necesitan “libertad de la tiranía de fertilidad no voluntaria” y que la píldora anticonceptiva debería ser suministrada, voluntariamente, claro, a través de los organismos internacionales. ¡Dice que habría que convencerles! ¿Pero no estaban ya convencidos? ¿Y eso no es iatrogénico?

Bueno, y al final va a resultar que las mujeres de los paises menos industrializados que tienen hijos son las culpables del cambio climático y las que tienen que tomar la píldora. ¡Han hecho hasta una camiseta que pone “Para el cambio climático, toma la píldora” (ver minuto 6.35). No, claro, la industria, el estado, la banca no tienen nada que ver. Un niño de un poblado de Mali con fertilidad natural no llega a contaminar en toda su vida lo que cualquier profesor de Oxford contamina en una hora.

 
Population Growth in Tomorrow’s World from Alfred Zerfas on Vimeo.

Y si partimos de que es cierta la sobrepoblación mundial actual… ¿Una de las causas no será la casi desaparición de la lactancia materna a nivel global y su impacto en la fertilidad de la mujer? ¿Es esta una de las razones principales por las que las organizaciones mundiales se interesan tanto por la lactancia? ¿No deberíamos aprender del pasado, en el que no había sobrepoblacion, en lugar de solucionarlo con hormonas sintéticas que también tienen sus riesgos y son invasivas con el cuerpo de la mujer? Por supuesto, reflexionar sobre estas cuestiones no tendría que ser tarea de científicos, tecnócratas, aristócratas, ong’s imperialistas o los organismos internacionales controlados por el poder sino de la gente común que debe tener toda la información para decidir sobre su vida sin presiones. En resumen, buen análisis de la cuestión evolutiva, pero pobres soluciones: ideológicas, clasistas, machistas y sobre todo estatalistas.