“¿Y cómo fue el parto?”

El parto fue salvaje, intenso, imparable, irremediable.

Sentí la fuerza de las tormentas y los terremotos,

el miedo ante mi humana debilidad.

Sentí una mano sabia,

también sentí la voz de quien no sabe callar.

En mi delirio final pedí tecnología,

números en la puerta del cérvix

y operaciones controladas a útero abierto.

Pero las cuentas no cuadraban

y entre el instinto y las matemáticas

me dejé llevar por la Naturaleza.

No daba tiempo, su llegada al mundo era inevitable.

Él quería nacer y yo quería impulsarle a la vida exterior.

Era imparable, irremediable…

Tanto como la entrada de un pedazo de mi amante en mi óvulo aquel mes,

tanto como el beso y la pasión que provocaron aquel encuentro.

Toqué su cabeza y la vida se abrió paso brotando entre mis gritos.

Nació.

Callé yo y comenzó él.

Solo buscaba una cosa: mi pecho.

Y yo solo ansiaba otra: acunarlo y darle su néctar escondido…

Sin justificaciones, sin razones, sin permiso de ninguna autoridad.

Nuestro abrazo iluminó la noche en aquel instante,

siendo la pieza que faltaba en el rompecabezas del alma.

Poema erótico del Antiguo Egipto

9788495414441

(…) Estoy contigo

Y mi corazón salta de gozo.

Cuando tú estás (en mi casa),

si no son brazos y caricias,

(¿qué otra cosa puede ser para nosotros ) el placer?

Si deseas acariciar mis piernas y mi seno,

(no) te (rechazaré).

¿Es que te marchas porque te acuerdas de la comida?

¿Es que eres un hombre esclavo del vientre?

¿Quieres irte a causa de tus vestidos?

¡Yo soy la señora de las más ricas telas!

(¿Es que te vas porque tienes sed?)

¡Toma mis pechos!

Desbordará para ti su contenido.

¡Espléndido es el día en que nos abrazamos!

(…)

Hoy he ido a la piscina y entre chapuzón y siestas de unos y otros he leído este poema del Papiro Harris 500 incluido en el epílogo “La Mama Femenina como recurso literario erótico en la poesía amorosa del Antiguo Egipto” del libro “La Lactancia en el Antiguo Egipto” de Manuel Juaneda-Magdalena. ¡Que se hagan a un lado el porno y el posporno y viva el erotismo fresco y exuberante de estos versos chorreantes!

¿Micro? abusos sexuales y macro narcisismos

Al igual que el feminismo ha incorporado a su vocabulario el concepto de “micromachismo” quizás habría que hablar también de “micro abusos sexuales”, si quisiéramos hablar con el mismo cinismo. En este sentido, la entrevista “Mi mejor amante” de María Llopis y Helen Torres en Pikara Magazine que enlazo, y que incluso podría resultar interesante hasta que llega a determinado punto, puede aportar un ejemplo más de la doble moral tan típica de toda ideología parcial, fragmentada y corporativa.

Uno de los grandes errores de esta entrevista es pensar que la complejidad de estos asuntos se pueden plasmar en una frívola conversación de Skype que va a ser publicada en un medio de comunicación. Otro sería mezclar las churras con las merinas: no tiene nada que ver la lactancia placentera (u orgásmica en algunos casos) que nos llena de bienestar a madres e hijos o los partos extáticos con la proyección de la sexualidad y la mentalidad adultas en bebés y niños. ¿Que los bebés “se hacen pajas”? ¿Es esa la expresión que mejor puede describir lo que hacen los bebés occidentales que experimentan tocando su cuerpo durante el poco tiempo sin pañal en el que pueden hacerlo? ¿Niños que podrían ir por el mundo diciendo “que se quieren follar a su madre”?

Hay una línea y se sobrepasa con creces. El batiburrillo es tremendo, el vocabulario utilizado es ambiguo, equívoco y equivocado, todo con el único fin de aumentar audiencia con sensacionalismo y supuesta subversión (dos elementos que conforman el éxito de esta revista online que presume en su página principal de publicitar prostíbulos “igualitarios” para hombres y mujeres. ¡La igualdad era esto!).

Efectivamente, si cambiáramos la palabra “coño” por “polla” y “madre” por “padre” en el fragmento de esa entrevista que reproduzco a continuación sería un escándalo. Esto no es que sea tabú, es que directamente está normalizando el abuso sexual con la excusa de permitir que los bebés exploren la sexualidad. Un bebé no necesita tocar los genitales de su madre para explorar SU propia sexualidad:

“M: Eso causa mucho terror… Tengo una colega que es terapeuta, hace medicina china, y tiene un crío, y me contaba sobre estas interacciones sexuales con su hijo en que deja que él le explore su cuerpo, le toque el coño, en fin… Ella decía que la gente no hace diferencia entre que yo satisfaga mis deseos sexuales sobre una criatura pese a ella, sin tenerla en cuenta, y el permitir que esa criatura explore la sexualidad ayudada por mí. Entre esas dos posiciones hay un mundo.

H: También es importante no perder nunca de vista el contexto. Es decir, cuando la situación se complica porque tanto la madre como la criatura viven en una sociedad en la que ese acompañamiento en el descubrir de la sexualidad es considerado una aberración. Entonces tienes que parar, o tener cuidado, porque esa persona a la que acompañas es muy pequeña como para ir por el mundo diciendo que se quiere follar a su madre y que el mundo no piense que eso es una perversión imperdonable”.

Abuso de poder, egocentrismo, adultocentrismo, narcisismo en estado puro: “esa criatura explore la sexualidad ayudada por mí, “ese acompañamiento en el descubrir de la sexualidad es considerado una aberración”. Tu criatura no te necesita para explorar la sexualidad genital ni que la acompañes. ¿Y qué significan ese “en fin…” y sus correspondientes puntos suspensivos?

Acabo de leer en los comentarios que lo va a modificar para el libro de “Maternidades Subversivas”. Bueno, está bien, rectificar es de sabias, pero lo ha dicho y lo ha pensado, que es lo preocupante. Aún así, la corrección sigue sin arreglarlo ni aclarar nada:

M: Eso causa mucho terror… Tengo una colega que es terapeuta y tiene un crío, y me contaba sobre estas interacciones sexuales con su hijo en que deja que él le explore su cuerpo, incluída la zona genital. Ella decía que la clave está en la posición de la madre. Es muy diferente cuando la madre permite que su hijo explore su sexualidad sin involucrar la suya propia como mujer, a que la madre -en su confusión- juegue al juego que está jugando el niño poniéndose de igual a igual. ” – See more at: http://www.pikaramagazine.com/2015/03/mi-mejor-amante/#sthash.fJnhGTLD.dpuf

 “M: Eso causa mucho terror… Tengo una colega que es terapeuta y tiene un crío, y me contaba sobre estas interacciones sexuales con su hijo en que deja que él le explore su cuerpo, incluída la zona genital. Ella decía que la clave está en la posición de la madre. Es muy diferente cuando la madre permite que su hijo explore su sexualidad sin involucrar la suya propia como mujer, a que la madre -en su confusión- juegue al juego que está jugando el niño poniéndose de igual a igual. ”

Un libro muy recomendable es el de “Madre, virgen, puta de la psiquiatra forense Estella Welldon, en el que se narran varios de los casos que ha llevado a lo largo de su carrera. Tiene mucho contenido psiconalítico para mi gusto que creo que aporta poco, pero es curioso como todas las madres abusadoras piensan que lo están haciendo “por su bien”, “ayudando”. Una de ellas masturbaba a su hija y su hijo antes de dormir cada noche para que durmieran mejor y liberaran estrés (no obtenía ningún placer sexual de ello). Otra inició en el sexo a su hijo de 14 años para “consolarle” y siguió abusando de él durante toda la adolescencia.

No tiene nada que ver ir desnuda por la casa o ducharte con un niño o que te toque él de forma casual a que tú, como madre, consideres que debes ayudarle a explorar o acompañar su propia sexualidad con tus genitales. Eso es asumir competencias que no te corresponden, competencias no solicitadas. Además, el texto de Pikara es completamente ambiguo precisamente porque da a entender cosas sin explicitarlas: llama “interacción sexual” a que su hijo explore los genitales maternos pero por otro lado dice que no hay placer sexual para ella, pero a la vez ni siquiera sabemos si habla de un bebé o de un niño de 3 años… Como siempre, doble vara de medir del feminismo: se habla de micromachismos y se mira con lupa cualquier posible abuso que pueda cometer un hombre y, después, sale una burrada como esta y se intenta justificar o quitar importancia simplemente porque la protagonista es una madre y la sociedad no está preparada para tanta “subversión”.

H: También es importante no perder nunca de vista el contexto. Es decir, cuando la situación se complica porque tanto la madre como la criatura viven en una sociedad en la que ese acompañamiento en el descubrir de la sexualidad es considerado una aberración. Entonces tienes que parar, o tener cuidado, porque esa persona a la que acompañas es muy pequeña como para ir por el mundo diciendo que se quiere follar a su madre y que el mundo no piense que eso es una perversión imperdonable. – See more at: http://www.pikaramagazine.com/2015/03/mi-mejor-amante/#sthash.fJnhGTLD.dpuf 
M: Eso causa mucho terror… Tengo una colega que es terapeuta y tiene un crío, y me contaba sobre estas interacciones sexuales con su hijo en que deja que él le explore su cuerpo, incluída la zona genital. Ella decía que la clave está en la posición de la madre. Es muy diferente cuando la madre permite que su hijo explore su sexualidad sin involucrar la suya propia como mujer, a que la madre -en su confusión- juegue al juego que está jugando el niño poniéndose de igual a igual. ” – See more at: http://www.pikaramagazine.com/2015/03/mi-mejor-amante/#sthash.fJnhGTLD.dpuf

Me gustaría pensar, dentro de mi zona de confort mental, que todo esto es una exageración y de lo que están diciendo a lo que pueda ocurrir en la realidad del caso mencionado hay un trecho. Saber y permitir que una amiga haga esto con un bebé o un niño pequeño es ser cómplice, por cierto. En cualquier caso, uno de los privilegios del patriarcado hacia las mujeres es que, como se nos considera irresponsables e inferiores, algunas mujeres pueden seguir jugando ese papel cuando interesa y viene bien.

Relacionada: ¿Qué es una maternidad subversiva?

El mundo hasta ayer, de Jared Diamond

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Dice Jared Diamond en su libro, en una parte sobre la lactancia a demanda:

“Por ejemplo, los cálculos realizados entre los !kung han demostrado que un niño mama una media de cuatro veces cada hora durante el día, dos minutos cada vez, con un intervalo medio de solo 14 minutos entre amamantamientos. La madre se despierta para alimentar al niño al menos dos veces por noche, y el bebé mama sin despertar a la madre varias veces. Esta oportunidad constante de la lactancia a demanda suele proseguir durante al menos tres años en la vida del niño !kung. Por el contrario, muchas o la mayoría de las madres de las sociedades modernas programan la lactancia según lo permitan sus actividades. La organización del trabajo de una madre, ya sea fuera de casa o en tareas domésticas, a menudo implica que madre e hijo estén separados varias horas. El resultado son muchos menos amamantamientos en comparación con las decenas de la madre cazadora-recolectora, amamantamientos más prolongados e intervalos mucho más largos entre ellos.

Esa elevada frecuencia en la lactancia de las madres cazadoras-recolectoras tiene consecuencias fisiológicas. Como he mencionado anteriormente, las madres cazadoras-recolectoras lactantes no suelen concebir durante varios años tras el nacimiento de un hijo, aunque retomen su actividad sexual. Sin duda, hay algo en la lactancia a demanda que ejerce de anticonceptivo. Una hipótesis es la demoninada “amenorrea por lactancia”: mamar libera hormonas maternas que no solo estimulan la secreción de leche, sino que también pueden inhibir la ovulación (la liberación de óvulos de una mujer).

Pero esa inhibición de la ovulación requiere un régimen constante de lactancia frecuente; varios amamantamientos al día no bastan. La otra se denomina “hipótesis de la grasa crítica”: la ovulación requiere que los niveles de grasa de la madre superen cierto umbral crítico. En una mujer lactante perteneciente a una sociedad tradicional sin comida abundante, los elevados costes energéticos de la producción de leche sitúan el nivel de grasa de la madre por debajo del valor crítico. Por ello, las madres lactantes sexualmente activas de las sociedades industriales modernas de Occidente, a diferencia de sus homólogas cazadoras-recolectoras, todavía pueden concebir (para su sorpresa) por una de estas razones o ambas: su frecuencia lactante es demasiado baja para que se produzca una amenorrea inducida hormonalmente; y están lo bastante bien nutridas como para que sus niveles de grasa corporal se mantengan por encima del umbral crítico para la ovulación, pese al gasto calórico propio de la lactancia. Muchas madres occidentales cultas han oído hablar de la amenorrea por lactancia, pero no tantas saben que solo es eficaz con frecuencias elevadas de amamantamiento. Una amiga mía que, para su desconsuelo, concibió hace poco solo unos meses después del nacimiento de su hijo anterior se unió a la larga lista de mujeres modernas que exclaman: “¡Pero si yo creía que no podía quedarme embarazada mientras daba el pecho!”.”

Si te interesa el mundo de la fertilidad este texto pertenece a una serie de post sobre MELA (método de la amenorrea de la lactancia), fertilidad y lactancia:

– Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/06/lactancia-y-menstruacion-en-perspectiva.html

– “La evolución de la reproducción humana” de Roger Short (1976): http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/la-evolucion-de-la-reproduccion-humana.html

– Colonialismo y lactancia: http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/07/colonialismo-y-lactancia.html

La mujer completa, Germaine Greer

Mary Wollstonecraft, sobre el amamantamiento y la fertilidad

Figuras de la madre, texto de Yvonne Knibiehler

La familia campesina del Occidente asturiano

“Maternalias” de Cira Crespo. De la historia de la maternidad.

Hace tiempo que me leí este libro de Cira Crespo pero hasta ahora no había encontrado el momento para escribir mis reflexiones sobre el mismo:

Lo primero que me gustaría decir es que se lee muy bien, es fácil seguir el hilo conductor que marca la autora y engancha rápido. Esto es un punto positivo porque divulga conocimientos históricos que en otros libros históricos sobre estos temas son mucho más difíciles de leer, sobre todo si se es madre y se lee “a ratitos”. Un buen libro para seguir profundizando es el que me recomendó Cira después: La infancia a la sombra de las catedrales.

Como a muchas de nosotras el encuentro personal la autora con su propia maternidad disparó nuevas direcciones a su vida, renovó sus inquietudes y muestra cómo esta etapa de nuestra vida puede ser profundamente fértil en todos los sentidos.

El libro comienza explicando el origen del concepto mismo de maternidad y toca el punto clave de la crianza y el que más de cabeza nos trae a todos los padres que criamos en la sociedad actual: “la nueva sociedad que prefiguraba la economía capitalista empezaba a enfatizar valores, como el individualismo, que chocaban frontalmente con otros que requerían la crianza: colectividad, colaboración, ayuda mutua y experiencia”.

Y esa es una de las grandes virtudes del libro: pone en contexto la crianza con el sistema político y económico en el que se vive en cada época. Yo al tema de las “dos esferas” del mundo capitalista (la mujer en casa y el hombre en la fábrica) añadiría algo más. No sólo fue el capitalismo el que trajo este nuevo sistema destruyendo el mundo rural tradicional sino que fue el Estado el que tomó la iniciativa forzando y promoviendo el éxodo rural a las ciudades. Es interesante recordar que las mujeres siempre habíamos trabajado junto a los hombres en el mundo pre-industrial pero es el binomio capitalismo-estado el que nos segrega, divide y, añadiría yo, enfrenta.

El embarazo.

Sobre el capítulo del embarazo me ha parecido muy interesante cómo rescata y relaciona con precaución y un “tal vez” la figura de María con el culto a la maternidad.  Las vírgenes embarazadas fueron muy populares, sin embargo, después del Concilio de Trento fueron desapareciendo. El embarazo representado de forma visual siguió oculto hasta prácticamente el siglo XX.

El parto.

De este capítulo me quedo con la traducción de la Biblia de Erri de Luca y su “parirás con esfuerzo” en lugar del famoso “dolor”. Esto me llega profundamente ya que de mi parto (sin epidural) no recuerdo el dolor sino el cansancio. ¿Y qué decir del esfuerzo? Pues que hay que reivindicarlo. La vida no es para sufrir pero todo lo bueno requiere un esfuerzo, huir es siempre una batalla perdida. Quizás se pueda esquivar el esfuerzo en algún momento, pero volverá con otras mil caras a buscarte. La única salida es afrontarlo de frente y a por todas. No sé, es mi forma de vivir y de ver las cosas, aunque muchas veces sea la más perezosa y vaga del mundo. Esto lo tengo claro.

Cuando la autora nos cuenta cuál era la situación de la parturienta en la patriarcal Roma no se puede evitar pensar en situaciones como las de Afganistán en el siglo XXI. Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme: ¿Por qué la legalidad romana tenía esa obsesión por asegurarse de que los hijos pertenecieran al padre? ¿Era por garantizar que realmente seguían el linaje de la sangre? ¿O había algo más?

De nuevo se vuelve a ver el empeoramiento de la situación de la mujer con la creación del estado-nación burocratizado: las comadronas debían ser examinadas ante un tribunal masculino universitario. Daba igual que su conocimiento práctico fuera muy superior al de los médicos. El parto sale de la casa y se institucionaliza en los hospitales, con sus forceps y sus cesáreas.

No puedo estar de acuerdo con Cira en que “las madres, y en general las mujeres, fuimos arrimadas a un lado, apeadas en el andén de la modernidad”, más bien fuimos víctimas y a la vez responsables del proceso, ya que las mujeres también son parte activa del mantenimiento del patriarcado: criamos a los hombres y, además, tenemos capacidad para cambiar o no las cosas, no somos solamente víctimas.

El alimento.

Muy interesante es todo el concepto de “Ostentatio Mammarum” (Ostentación del seno) que he conocido gracias a este libro. Parece ser que a lo largo de la historia, incluso en otras culturas, en los momentos difíciles había madres que enseñaban los pechos a sus hijos para hacerles recapacitar. Algo así como “estos son los pechos con los que te has alimentado, hijo mío”. ¡Qué diferencia del desprestigio actual del pecho femenino! Ahora solamente es visto como objeto cuyo erotismo es medido en tamaño, ni siquiera en belleza. La publicidad nos bombardea desde pequeñas para que nos pongamos wonder-bras o nos operemos, sin ni siquiera plantearnos que quizás más adelante en nuestra vida, nuestros pechos normales y bellos, quizás sirvan para producir el alimento de nuestros hijos y que lo demás nos parecerá secundario.

En esta parte del libro se habla de un tema que me apasiona desde que soy madre lactante: las nodrizas. En el texto que ha encontrado Cira de 1495 sobre las características de estas, hay varias que me han llamado la atención: “hay que enseñarle las costumbres del niño, hacer lo posible para que no llore”, lo que me indica que Estivill tenía poco que hacer en la Edad Media. Pero también hay otra un poco más rara “no se debe dar el pecho al niño continuamente, sobre todo por la noche”. ¿Y qué se supone que tenía que hacer si lloraba entonces? ¿Existían los chupetes? Gracias al libro me he enterado de que la lactancia en esa época duraba 2 años o 2 años y medio. ¡Para que ahora nos digan que hacemos lactancias “prolongadas”!

Sobre el papel paterno en la crianza rescato este texto: “si nos fijamos en algunas miniaturas medievales, los padres trabajan, es cierto, pero las madres también. Y las madres cuidan de sus hijos, cómo no, pero los padres también”. Es decir, todo lo que ahora nos venden como de familias “modernas” que reparten las tareas entre hombres y mujeres ya existía en la época pre-capitalista industrial. Los prejuicios sobre el mundo rural tradicional se van derrumbando… ¡Ya era hora!

Acarrear a los niños

Aquí conocemos la historia del carrito moderno pero también del porteo tradicional. Para mi gusto, un poquito escaso este capítulo. Me hubiese gustado que lo hubiera desarrollado más y conocer si hubo porteo o no en Occidente más allá de las cestas para llevar bebés que he visto en alguna ocasión. Y ya si nos ponemos, si fue ergonómico o no, jejeje… Hace poco leí que el porteo del altiplano boliviano puede favorecer la displasia de cadera, ya que los bebés ni van con la espalda en C, ni en postura ranita, ni con las rodillas por encima del culete. Van envueltos y después son cargados a la espalda.

Higiene infantil

Me gusta como la autora rompe con los estereotipos que tenemos del mundo medieval que nos han llegado a través del filtro de los ilustrados. ¡En esa época se bañaban mucho! Y a los bebés dos o tres veces al día. Es llamativo como tantos autores “higienistas”, hombres “expertos” sobre todo, culpabilizaban a las madres y sabían mejor que éstas cómo tenían que criar a sus hijos. ¿Nos suena de algo?

Mención aparte, dada la temática de mi blog, merece la sección destinada al pañal desechable. Y es interesante el contraste que presenta la autora entre la vida pre-industrial rural con sus niños desnudos sin pañales, a la vida urbana, con el consiguiente uso de pañales.

Sin embargo, cabe preguntarse, ¿iban también los bebés desnudos o sin pantalones en el frío invierno? ¿Utilizaban pantalones con agujero como los Kaidangku chinos? ¿Se les ponía a hacer pis y caca desde los pocos meses, como se hace en China, India o muchos lugares de África? Según el libro de Laurie Boucke “Infant potty training” entre los siglos VII y XVII los bebés solían ir enfajados o envueltos la mayor parte del día. Durante esos siglos no hay referencias sobre el aprendizaje de control de esfínteres y no hay mucha información al respecto. Dentro del libro que estoy terminando de escribir habrá un breve capítulo relativo a este tema y, por supuesto, la información que aporta Cira es parte de la documentación que he utilizado y que citaré allí. Más información próximamente…

Sueño

En esta época de tanto colecho y no colecho me ha llamado la atención ver tantas cunas en las miniaturas de la Edad Media. ¿Pero no era algo tan tradicional lo del colecho? Ahora va a resultar que lo de toda la vida es la cuna, jajaja. Eso sí, en la misma habitación que los padres, e incluso encima de la propia cama (¡¡¡). Cuando la autora afirma que en la primera etapa cristiana (pg.107) “el recién nacido compartió lecho con los dos progenitores” me pregunto en qué se basa para decir esto. ¿Hay imágenes o cuadros? Me pica mucho la curiosidad en este asunto, la verdad.

Palabras

“Ahora parece que lo hemos olvidado, pero antes la música era un acompañamiento cotidiano”. Esa frase y lo que viene después me recuerda tanto a lo que dice Prado Esteban y Félix Rodrigo Mora en sus charlas y libros. Aprovecho para recomendarle a Cira y a los lectores del blog los libros de estos autores sobre el mundo rural y el de “Feminicidio o auto-construcción de la mujer”.

Me encanta como recoge y habla de la cuna más antigua documentada: “Es emocionante recitar estas palabras y de golpe sin persanrlo trasladarte a una habitación donde una madre romana canta a su hijo pequeño una canción”

Duelo

No se olvida Cira de la muerte y de cómo se lloraba y se sufría por los niños muertos, en base a los epitafios funerarios. Leyendo tanto las nanas como los textos dedicados a la vida que ha ido nos damos cuenta de que los sentimientos son los mismos ahora y hace miles de años. Lo único que cambia es el contexto, pero el dolor o el amor es igual de inmenso.

Lo que más me ha gustado del libro: está escrito desde el corazón y desde la experiencia propia de ser madre, y eso se nota. No es un libro de fría historia, sino escrito con sentimientos, opiniones y la propia visión de la autora. Y lo más honrado es no esconderlo. Me siento identificada con ese ansia de saber y de creatividad que brota en las madres. Lejos de apocarnos o recluirnos, a muchas mujeres la maternidad nos impulsa a desarrollarnos e intentar superarnos como personas. Este libro es una muestra de ello.

Lo que menos: Mi afán curioso y detectivesco echa de menos algunas referencias bibliográficas concretas para saber de dónde proviene esta u otra afirmación y diferenciarla de suposiciones personales. Supongo que ha primado el afán divulgador, pero es sólo una sugerencia, una crítica constructiva.

Podéis encontrar el libro de Cira Crespo en La Casita de Algodonales.
Y este es el blog de Cira: Maternalias.