“Meditaciones” de Marco Aurelio

marco_aurelio

Hoy me planteaba la corresponsabilidad de las mujeres en el mantenimiento del patriarcado, en este caso el patriarcado romano, y he llegado a este texto de Marco Aurelio en el que se acuerda de su padre, su madre y su nodriza. Tomado de http://www.imperivm.org/ :

4. Camino siguiendo las sendas acordes con la naturaleza, hasta caer y al fin descansar, expirando en este aire que respiro cada día y cayendo en esta tierra de donde mi padre recogió la semilla, mi madre la sangre y mi nodriza la leche; de donde, cada día, después de tantos años, me alimento y refresco, que me sostiene, mientras camino, y que me aprovecha de tantas maneras.

Sigo reflexionando sobre este tema, ya que las madres de las clases altas se dedicaban a educar (de criar se encargaba la nodriza y criadas) a los futuros líderes durante los primeros años y apoyaban plenamente las leyes patriarcales romanas.

Más allá del parque – #4 – El Museo del Romanticismo

IMG_0508

Isabel II niña.

En esta ocasión, como el parque muchas veces se nos queda pequeño, nos acercamos al Museo del Romanticismo. Fuimos andando hasta el metro con el meitai en la mochila para cuando se cansara (o me cansara yo…).

Nos bajamos en el metro de Tribunal y fuimos hasta el museo, en la calle San Mateo. Allí me ofrecieron un carrito para hacer la visita (tienen varios) y lo acepté con gusto. Es un museo muy pequeño y se ve rápido, pero más rápido lo vimos nosotros porque a mitad de la visita Félix comenzó a aburrirse y a subirse en la silla…

El palacete está decorado como el hogar de una familia adinerada del siglo XIX. Es una reconstrucción ideal de cómo podrían haber sido ese tipo de viviendas madrileñas. Como me interesan los temas de crianza y todo lo relacionado con la infancia, visité el museo desde esa óptica. Os dejo a lo largo del post varias fotos con estas temáticas.

IMG_0513

Cuna “romántica”…

Aquí vemos un dormitorio con su cunita. ¿Estarían realmente así las cunas? ¿Dormirían los señores de la casa con sus padres? ¿No dormirían más bien con sus nodrizas, que eran quien les alimentaban y cuidaban? Yo creo que sí, y más teniendo en cuenta que la lactancia externalizada era la norma entre la clase alta. Sobre este tema, ya lo he recomendado más veces, está muy bien leer este libro.

La existencia de cunas nos muestra que los niños de las clases altas dormían habitualmente allí, como ya sabía por el libro de Cira Crespo, Maternalias, pero me llamó mucho la atención verlo así, al lado de la cama matrimonial.

IMG_0511

Isabel II adulta a caballo en una imagen clásica de demostración de poder.

¿Y qué decir de esta imagen? Aquí esta la reina, haciendo ostentación de su poder subida en un caballo. Poder militar, poder estatal, poder sobre sus súbditos, hombres y mujeres y niños. Hay que tener en cuenta que durante el s. XIX el sufragio era masculino y restringido a un cierto nivel de riqueza, lo que se traduce en que el porcentaje de votantes era ínfimo (0,15%, 2,2%, 3,9%, 4,32%, 0,6% durante todo el siglo). Además, las elecciones se manipulaban y amañaban constantemente, y hubo múltiples golpes militares. No quiero relativizar pero hoy en día hay sufragio universal para hombres y mujeres y no significa mucho más. El poder lo siguen teniendo los de siempre y nos dejan votar en las nimiedades, nunca podemos elegir en lo fundamental ni en el ámbito económico ni laboral donde la democracia está muuuuuy lejos…

IMG_0512

Este es el cuadro titulado “La nodriza pasiega” de Valeriano Domínguez Bécquer:

“En este lienzo aparece descrito con escrupuloso detallismo la indumentaria de la nodriza pasiega. El traje en esta obra juega una importantísima misión, ya que, tradicionalmente era condición indispensable para amamantar a los hijos de la familia real, ser oriunda del Valle del Pas (Cantabria). Durante el siglo XIX, las mujeres de la región cantábrica fueron prestigiosas amas de cría entre las familias de alcurnia; éstas fueron elegidas, para tal fin, debido a sus excelentes condiciones físicas y sanas costumbres.”

Como “anécdota” de la visita y a tener en cuenta si se va con niños o bebés tengo que decir que para entretener a mi hijo y poder seguir visitando la exposición se me ocurrió darle la caja de la cámara de fotos, con tan mala suerte que le dio a una de las mesas que había por ahí. Le dije que no lo volviera a hacer y estaba segura de que me haría caso. Aún así vino una guarda de seguridad a regañarnos (a regañarme, más bien) por no quitárselo de las manos por si lo volvía a hacer. Dije que ya no lo iba a hacer, que me hacía caso y que ya me encargaría yo de quitárselo si veía que lo iba a hacer.

La verdad es que me sentó fatal porque no me parecía para tanto. La mesa no sufrío ni un rasguño, y no debía ser tan delicada cuando la tenían ahí en medio sin proteger, como sí tenían otros cuadros u objeto del museo y, por favor, es un bebé y no tiene fuerza… No sé, me pareció una reacción muy exagerada, la verdad, pero no fue nada comparado con otras historias que me han pasado en nuestras últimas excursiones y que contaré en próximos “más allá del parque”. Vivimos en una sociedad “niñofóbica” total, ¿qué le vamos a hacer? Pues intentar abrir las mentes y llevarnos a nuestros hijos a todos los ámbitos de la vida para que se acostumbren ellos y los demás a lo que es vivir realmente en sociedad y no segregados en régimen del discreto “apartheid” de las “cosas de niños”, en “los asuntos de madres” o “los temas de mujeres”.

En su favor tengo que decir que el resto de trabajadoras del Museo y de la tienda de abajo fueron un amor y nos trataron con mucho cariño. No vamos a empañar el trato de la mayoría por la excepción que confirma la regla…

¡Hasta el siguiente “Más allá del parque”!

Más allá del parque – #2 – La Inclusa de Madrid

Después de convertinos en viajeros por nuestra propia ciudad en otro post, en nuestra siguiente ruta he querido buscar lo que pudo dejar a su paso la Inclusa de Madrid. ¿Quedaban algo de los distintos edificios donde tantos niños abandonados vivieron y murieron? Como la historia de la Inclusa es tan extensa que la ruta la hemos tenido que hacer en varios días y de diferentes formas: caminando, en portabebé, en carrito, en brazos, en bandolera, en metro y en autobús. Para buscar la información, el principal documento en el que me he apoyado ha sido este, de la Asociación Española de Pediatría, pero si os interesa el tema, hay más bibliografía al final.

Lo primero que habría que explicar es el extraño nombre de “la Inclusa”. Pues bien, es una adaptación a la madrileña de una localidad holandesa que en algunas fuentes es Enckuissen y en otros es la isla de Esclusa (L’Écluse). Según cuenta el Dr. José Ignacio de Arana, “Al conquistarla los españoles, un soldado encontró en una iglesia profanada un cuadro de la Virgen de la Paz rodeada de ángeles y con un niño a sus pies y decidió unirla a su escueto equipaje militar.” Y con un cuadro se trajo el nombre del orfanato madrileño.

La Inclusa de Madrid estuvo en los siguiente lugares a través de los siglos:

– 1579-1801: Desde su creación por la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y las Angustias la Inclusa estaría en la Puerta del Sol, entre la calle de Preciados y la del Carmen.

– 1801-1804: Edificio de la “Galera Vieja”: calle del Soldado, hoy calle de Barbieri. He intentado investigar si existe el edificio todavía o en qué número estaba pero no lo he conseguido por internet. Quizás lo mejor sea ir un día y preguntar a los vecinos más viejos de la calle, a ver si saben algo.

– 1804-1807: Se mudan a otro edificio en la Calle Libertad, en el mismo barrio.

– 1807-1929: La Inclusa se instala en el ya existente Colegio La Paz en la Calle Embajadores dedicado a recoger “mujeres y niñas menesterosas”. Otras fuentes dicen que se traslada a Mesón de Paredes pero que estaba pared con pared y conectada con el Colegio La Paz de Embajadores. Según se puede leer en “Madrid, villa y corte: calles y plazas Volumen 2” ahí estudiaban las huérfanas que salían de la Inclusa. El colegio había sido fundado por la Duquesa de Feria, Ana Fernández de Córdoba, en 1679.

En el número 66 de Mesón de Paredes, hoy la plaza que hay al lado del Mercado y Las Escuelas Pías, estaba la Inclusa y el Hospital de Maternidad.

 

1910. Calle de Embajadores. La Inclusa y el Colegio de la Paz

Foto tomada del flickr de nicolas1056

El mismo lugar de la calle Embajadores donde estaba el Colegio La Paz hoy en día. Travesía de los Cabestreros. A la misma altura pero en Mesón de Paredes estaba la Inclusa (los dos edificios estaban comunicados).

1900. Niñas del Colegio de la Paz

1900. Niñas del Colegio de la Paz. Tomada del flickr de nicolas1056.

1905. Amas de cria de la Inclusa

1905. Amas de cria de la Inclusa

– O’Donnell. “En el año 1929 la Diputación Provincial de Madrid, de la que dependen los organismos de Beneficencia, dispone la construcción de un edificio totalmente nuevo para alojar la Inclusa. La elección del sitio no es aleatoria. Se trata de un amplio terreno en la entonces alejada calle de O’Donnell, propiedad de la Junta de Damas que regía la institución y donde muy poco después se construiría la Maternidad Provincial”:

La Inclusa en su parte opuesta a la calle O’Donnell.

www.bibliotecavirtualmadrid.org

 

Nosotros frente al edificio que albergó la Inclusa en O’Donnell, lo que se llamó Instituto Provincial de Puericultura.

“Se trata de dos relieves, de preciosa cerámica, representando a dos recién nacidos fajados, imitación exacta de los que adornan la fachada del Hospital de los Inocentes de Florencia y que en el siglo XV modeló el artista del Renacimiento Andrea della Robia. La Inclusa perdió ese nombre para pasar a llamarse Instituto Provincial de Puericultura aunque siguió manteniendo sus funciones”.

Niño enfajado en la entrada principal del Instituto Provincial de Puericultura

El original en el que se inspiraron los arquitectos constructores de la Inclusa de O’Donnell: El Spedale degli Innocenti de Florencia, un orfanato del siglo XV.

Logo de la Asociación Americana de Pediatría y Brasileña: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0370-41062008000200010&script=sci_arttext

Intenté entrar con mi hijo en el edificio de la calle O’Donnell pero los guardias civiles de la entrada principal me lo prohibieron. De nada sirvió que explicara que era una visita breve de carácter histórico y que no pretendía molestar a los funcionarios que allí trabajaban. Al final conseguí que me dejaran hacer una única foto de una parte de las instalaciones abierta al público para trámites burocráticos. Creo que es un ejemplo más de cómo se nos margina a la gente de a pie de las instituciones supuestamente públicas, mucho más si vas con un “peligroso” niño. Todo está prohibido por no se sabe qué o por no se sabe quién, algún superior en la escala jerárquica, quizás… Pero diciendo esto no quiero hacerme la víctima. Nosotros tenemos un rato de libertad para estar juntos, aprender y viajar por la ciudad. ¡Y eso ellos se lo pierden y ni siquiera saben lo que es!

Interior del edificio hoy en día.

Las fotos de la Inclusa de O’Donnell me provocan una profunda tristeza. Cientos de bebés aislados en cunitas durante horas, días, meses, años… en los momentos de su vida cuando más necesitan el cariño, el contacto físico y el amor. Me imagino que mi hijo fuera uno de ellos y me muero de pena, con la necesidad de brazos y abrazos que tenía cuando nació… Pero, claro, si no estuvieran en esas cunas frías, ¿dónde estarían? ¿Cuál hubiese sido su destino?

www.bibliotecavirtualmadrid.org

www.bibliotecavirtualmadrid.org

Esta imagen es enigmática. ¿Qué quiere decir “dormitorio de destetes”? ¿Cómo les destetaban? ¿Lo llamaban así porque era una fase delimitada concreta o era una forma de referirse a la edad? Otra habitación triste.

La Junta de Damas de Honor y Mérito y la Inclusa:

El papel de esta organización merece un análisis separado. Se trata de una institución creada por Carlos III de caridad y beneficiencia formada por mujeres aristocráticas. Su andadura comienza en 1787 y dura hasta la actualidad. La historia de su creación no deja de ser curiosa: dos mujeres fueron admitidas en la a Real Sociedad Económica Matritense y se creó tanto revuelo que las crearon una Junta a la medida, una Junta de Damas.

¿Por qué unas mujeres privilegiadas por el orden social se ocupaban de los niños abandonados de las clases pobres urbanas? Y es que la caridad, al contrario de la solidaridad y el apoyo mutuo, siempre es ejercida desde arriba, desde el poder, desde los palacios lujosos y el derroche. La pregunta quizás debería ser otra: ¿Por qué las mujeres pobres abandonaban a sus hijos? ¿Por qué no los críaban ellas mismas? ¿Existían las circunstancias que lo hacían posible? ¿Era mejor la situación en el pueblo que en la ciudad?

María Josefa Pimentel y Téllez, Duquesa de Osuna, pintada por Goya. Fue Presidenta de la Junta de Damas.

Del blog Retratos de la Historia: “También intervino en el asunto de la Real Inclusa de Madrid, cuya situación era por lo menos trágica: la inexistencia de higiene y el desbordamiento de las nodrizas al encontrarse al cargo de muchos bebés, causaban mucha mortandad infantil. Carlos IV se resistió al principio pero, al cabo de casi 7 años, acabó entregando la dirección de la inclusa a la Junta de Damas (13 de septiembre de 1799). Ese mismo año, el índice de mortandad infantil era de un 96%… En 1800 y tras doce meses de hacerse cargo la Junta de la Real Inclusa, la mortalidad se había reducido hasta un 46% y, en 1801, al 36% lo que probaba holgadamente la eficacia e inteligencia de esas damas al frente de la institución cuando asumieron su gerencia y dirección a finales de 1799.”

Si esto es cierto es sin duda una noticia positiva pero, claro, hay que contextualizarla. Estas damas tan filantrópicas vivían de lo trabajado por otros, los jornaleros que trabajaban sus tierras. La Duquesa de Osuna, por ejemplo, se construyó, siguiendo el ejemplo de María Antonieta, la Casa de la Vieja en El Capricho para poder jugar a las campesinas. Dentro de esa realidad hay que contextualizar su caridad: primero os exploto y después os soluciono los problemas que el mismo orden social ha creado.

La nobleza ilustrada española necesitaba mano de obra para la manufactura que comenzaba a desarrollarse. Los déspotas apoyaban políticas poblacionistas con incentivos a las familias numerosas, acogiendo inmigrantes extranjeros católicos y “haciendo de la salud y la enfermedad problemas políticos que demandaban una gestión pública”. Es decir detrás de la caridad estaba el interés en enriquecerse con el trabajo ajeno y acumular todavía más poder.

La creación de hospicios es parte de este proceso y de la política poblacionista del Estado, es decir, hacía faltan trabajadores y había que eliminar la pobreza para evitar la “delincuencia” política y social.

www.bibliotecavirtualmadrid.org

Ahora el Colegio La Paz de O’Donnell es una residencia de ancianos.

El Colegio La Paz se mudó también de Embajadores a O’Donnell y ahora es una residencia de ancianos a la que tampoco nos dejaron entrar. Supongo que todo el mundo sabe lo peligrosos que pueden ser una mamá y un bebé en un edificio lleno de abueletes. Cualquier contacto intergeneracional puede ser hasta subversivo…

– Años 70: traslado del Instituto, a su actual ubicación del Colegio de San Fernando, en la carretera de Colmenar Viejo, y volvió a cambiar de nombre, ahora por el de Casa de los Niños.

Las nodrizas.

Uno de los temas más interesantes cuando uno lee sobre la Inclusa es el de las nodrizas o amas de cría. Se les pedían los siguientes requisitos: “salud contrastada, que fueran robustas, jóvenes, madres de más de un hijo y de menos de seis para garantizar la riqueza de la leche, que no hubiesen abortado, que sus senos fueran anchos y de pezones prominentes, que no tuvieran mal olor de aliento y hasta que sus propios hijos hubiesen sido concebidos dentro de un matrimonio legítimo y cristiano”. Sin embargo, la realidad es que contrataban a casi cualquier mujer que estuviera dispuesta a ello, incluso aunque estuviera enferma.

En la Inclusa la lactancia duraba hasta los 18 meses y la crianza era hasta los 7 años. Las nodrizas medievales de las que habla Cira Crespo en Maternalias amamantaban hasta los 2 años o 2 años y medio.

Había niños que eran amamantados en la Inclusa y otros que se iban a vivir al campo con su nodriza. Según el Dr. Arana Amurrio: “La lactancia, si faltaba la leche humana se hacía a base de leche de burra, la más parecida a la humana en sus cualidades alimenticias, o de cabra”. Como vemos, todavía no se utilizaba leche de vaca. Es terrible decirlo pero no había nodrizas para todos los niños. Cuando un bebé llegaba se le asignaba o nodriza o iba al Dpto. de Biberón. Si no tenía la suerte de ser amamantado tenía todas las papeletas para morir, era pues casi una condena de muerte en esa época. Este tema está muy desarrollado en la tesis doctoral sobre la Inclusa.

Si nos atenemos al estudio publicado por la AEPED, las nodrizas del campo no quedan muy bien paradas: que si les daban adormidera para que estuvieran tranquilitos, que si no les alimentaban bien, que si se les moría el niño ocultaban la muerte para seguir cobrando… ¿Sería esto de verdad así? No sé por qué pero no puedo evitar pensar que la historia de estas mujeres viene filtrada por los expertos, los doctores y los Ilustrados, siempre tan dados a denostar todas las tareas de las mujeres del pueblo. Supongo que habría casos así, pero no me parece justo generalizar. De hecho, muchas de estas mujeres terminaban adoptando a los niños, supongo que gracias al vínculo profundo de la convivencia con los bebés y de la lactancia.

Después, al cumplir 7 años y hasta los 14 años, se les mandaba a aprender un oficio. Las niñas iban al Colegio La Paz (Embajadores y después O’Donnell) y los niños iban o al Hospital de los Desamparados (hoy el Museo Cervantino de la Calle Atocha, 87) o al Hospicio (hoy Museo Municipal en la calle de Fuencarral cerca del metro de Tribunal):

Museo Cervantino

En el Museo Municipal de Madrid, cerca del Metro de Tribunal.

Una subversiva señora subió a mi hijo a su “andador” en nuestra visita al Museo Municipal de Madrid.

En el resumen histórico del Dr. Arana falta algo y es una ausencia muy gorda: los niños robados. Ahora sabemos que muchas adopciones desde la guerra hasta los años 90 fueron irregulares o ilegales, con tintes políticos, religiosos o directamente mafiosos. Por ejemplo, está el caso de Agustina, madre soltera que vivió y trabajó en la Inclusa, fue hospitalizada porque se le abrió la cesárea y al volver la dijeron que su hija había muerto. Historias tan terroríficas como esta están hoy en día en los tribunales:

Presentación Anadir from Anadir.es on Vimeo.

Y así se acaba nuestro “Más allá del parque #2”. Ha costado terminarlo pero aquí está el post, dedicado a todos los niños madrileños abandonados, tanto los que sobrevivieron como los que murieron. También está dedicado a los niños robados que luchan hoy por encontrar a sus padres biológicos.

Después de todas estas excursiones y viajes en el tiempo volvemos a casa:

¡A casa!

Si queréis profundizar os dejo documentación:

http://eprints.ucm.es/13772/1/T33310.pdf

http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01593296435693984122257/022401.pdf

http://www.bibliotecavirtualmadrid.org/bvmadrid_publicacion/i18n/catalogo_imagenes/imagen.cmd?path=1026440&posicion=3

http://www.bibliotecavirtualmadrid.org/bvmadrid_publicacion/i18n/catalogo_imagenes/imagen.cmd?path=1057579&posicion=4

http://lamemoriaviva.files.wordpress.com/2008/11/inclusas6.pdf

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1983/02/21/022.html

http://www.flickr.com/photos/nicolas1056/5918497523/

http://yomisma-nikyta-wwwnikyta-rosi.blogspot.com.es/search/label/Video%20HISTORIA%20DE%20CIUDAD%20ESCOLAR

Cómo me gustaría ir allí pero, ¿podré ir con mi bebé?

Hoy he tenido una buena experiencia. Antes de estar embarazada iba a clases de danza senegalesa con mi amada profesora Sonia Sampayo pero, después, al ser madre, mis horarios disponibles para el baile se redujeron mucho y ahora solamente me he reservado los jueves para seguir con mis clases de danza oriental de alumna y los sábados, que doy clase yo como “profe”.

Hace unas semanas vi un anuncio en el facebook de Alboury Dabo de clases de danza africana (África Occidental, en concreto), y pensé, “¡Cómo me gustaría apuntarme! Los viernes es buen día pero, claro, ¿y mi hijo?”. El papá los viernes a esa hora trabaja, no puedo pedirle a mis suegros que se ocupen de él también ese día, no tengo más familiares cerca y tampoco creo que mis amigos puedan cuidarle durante esas dos horas de clase. Pues bien, aún así me apunté, pensando que las clases, como los niños, vienen con un pan o una solución debajo del brazo. Y así fue.

A las 16h hemos salido de casa, le he llevado en carrito para que se echara la siesta allí por lo menos durante el principio de la clase (he atrasado el momento de la siesta todo lo que he podido), se ha dormido en el metro y hemos llegado con mucho tiempo de antelación al local-de la asociación de Lavapiés donde son las clases.

Cuando ha llegado Alboury le he dicho, “te voy a pagar antes porque vengo con mi hijo y no sé cómo va a resultar el tema. Quizás nos tengamos que ir antes de que termine” y él y la gente de la asociación me han dicho tan panchos que no había ningún problema con llevar a mi hijo. ¡Muchas veces somos nosotros mismos los que nos ponemos los límites! No es nada normal que en las clases de danza normales puedas llevar a tu bebé de forma habitual. Quizás un día sí, pero todos los días… Sin embargo, a veces la gente es más tolerante de lo que creemos. Y esta vez ha sido así,

Es cierto que son africanos y quizás tenga algo que ver que, por ejemplo, que en muchos lugares de ese continente los niños sean algo normal e integrado, no una especie exótica en extinción y separada en reservas “naturales”, como aquí. Puedo sonar exagerada pero creo que es así. Aquí los niños no son bienvenidos en el mundo de los adultos y solamente son aceptables en centros “ad hoc”, es decir, en actividades para mamás y bebés, ludotecas, pequetecas, parques o guarderías.

Esto ha hecho que los padres nos convirtamos en un nicho de mercado más de la sociedad de consumo y de ocio, pero esto no satisface las necesidades existenciales de las madres y los padres de vivir una vida integrada, sin separaciones entre las diferentes facetas de la vida. Y, por supuesto, de ser algo más que un monedero, más vacío cada vez, por cierto.

Todo esto me ha hecho reflexionar mucho sobre algo que llevo tiempo rumiando. No me gustaría que mis clases de danza oriental para mamás y bebés fueran un gueto. Me gustaría que vinieran también mujeres sin hijos, jóvenes, niños, abuelas, papás, abuelos… Ya sé que es una danza muy sensual y hay mamás que podrían sentir corte si viene algún papá, pero lo cierto es que yo también soy alumna y en mis clases he tenido compañeros hombres con total naturalidad. No veo problema siempre que se venga aprender desde el respeto. También me gustaría que pudieran venir madres sin sus bebés, si quieren dedicarse ese momento para ellas mismas. Es decir, un lugar abierto al mundo no cerrado exclusivamente al mundo maternal.

Pero vuelvo al tema de la clase de hoy… A las 17h hemos empezado a calentar, después nos hemos puesto a bailar y mi hijo se ha despertado. Se ha quedado como media hora mirando perplejo y medio dormido al profe. Poco a poco ha vuelto en sí y de repente ha dicho “mamá, mamá”. Le he puesto a hacer pis en un momento y le he vuelto a sentar en la silla. Le he dado galletas y agua y se ha quedado tranquilito un buen rato. Después, ya despierto del todo, ha querido bajarse. Y, el marido senegalés de una de las alumnas, estaba ahí y me ha dicho que quería jugar con él. ¡Y en la asociación tenían juguetes! Si es que ha salido redondo… Ahí se han quedado los dos en un sofá jugando hasta que se ha acabado la clase. Yo bailaba y le echaba un ojo. Él a veces se levantaba y atravesaba el lugar donde nosotros estábamos bailando, pero la verdad es que lo hizo pocas veces y nadie se sintió molesto, más bien a todo el mundo le parecía divertido.

Después de la clase me sentía pletórica, por haber podido bailar esta maravillosa danza de nuevo de la mano de un MAESTRO, nutriendo el alma y el cuerpo, por haber podido compartir el momento con mi hijo sin mayor complicación, por haber tenido la suerte de que un hombre simpático jugara con mi hijo y feliz de que él crezca enriquecido por la música, el baile y las experiencias cotidianas de la vida, socializando de verdad, en el mundo real y no en realidades segregadas del mismo. En fin… sé que otros días quizás no sea tan sencillo pero hoy lo ha sido y lo recordaré siempre.

Maternidad en la literatura.

Hoy quiero dejar dos testimonios. Dos mujeres africanas de contextos y países completamente diferentes. Dos autobiografías. La primera cuenta como veía, con ojos de niña, los partos de su madre. La segunda cuenta su propio parto. Waris es somalí, modelo y activista contra la mutilación genital femenina. Dina es egipcia y una leyenda viva de la danza oriental.

Waris Dirie y Cathleen Miller:  “Flor del desierto”

“Mi madre empezó a tener bebés y a criarlos con el amor que echaba de menos al estar separada de sus gentes. Con todo, ahora que soy mayor, me doy cuenta de cuánto debió sufrir al tener doce hijos. Recuerdo que cuando estaba embarazada desaparecía de pronto y no la veíamos en varios días. Luego aparecía con un diminuto bebé en brazos. Se iba sola, al desierto, y daba a luz, llevándose algo afilado para cortar el cordón umbilical. En una ocasión, después de que ella desapareciera, tuvimos que trasladar el campamento debido a nuestra eterna búsqueda de agua. Tardó cuatro días en encontrarnos: atravesó el desierto con su hijo recién nacido en brazos mientras buscaba a su marido”.

Dina Talaat y Claude Guibal . “Ma liberté de danser”

“30 de diciembre 1999, mi vientre se crispa. Acompañada por Sameh, vamos rápido al hospital de Santa Mónica. La partera me lleva a la sala de partos, Sameh está detrás de la cámara, graba el parto. Las contracciones son fuertes, pero no dolorosas. Miro el espejo en el techo, regulo la respiración. Cinco minutos más tarde, Ali asoma la cabeza. Una pequeña cabeza cubierta de pelo negro, y una boca parecida a la mía. Tengo lágrimas en los ojos. Aquí llega nuestro bebé. Ahlan wa Sahlan, Ali, bienvenido, hijo mío.

– “¡Ha dado a luz en un tiempo récord!”
La matrona está sorprendida. Mientras me brinda los cuidados post-parto, me cuenta que rara vez ha visto a una mujer traer un hijo al mundo con tanta facilidad.

Le reveló cuál es mi trabajo. Abre los ojos de par en par. La danza del vientre es una de las mejores preparaciones para el parto. Involucra a todos los músculos, permite la flexibilidad de la pelvis, el tono muscular. El coreógrafo Hassan Khalil, dijo una vez: ” La danza del vientre es el movimiento del lugar más sagrado de la mujer, el útero, ahí donde todo comienza. El secreto de la danza del vientre no está en la danza, está en la mujer”.

Ese 30 de diciembre, bailarina y madre, madre y bailarina, me siento más mujer que nunca. Estoy acostada en mi cama de sábanas blancas, mientras veo a Sameh mirando con orgullo a su hijo, ya tan fuerte, ya tan vivo, con sus ojos oscuros. Y me gustaría que estos momentos pudieran durar para siempre”.

Lo profundo y lo superficial.

foto tomada de www.homeinspirationdesign.com

¿Cuántas veces nos preocupamos durante el embarazo de los pequeños detalles superficiales y olvidamos lo que realmente necesitan los bebés? El bebé no pide una habitación perfecta y con la decoración más estupenda. Tampoco pide el carrito más caro ni la ropa más molona, ni los pañales de tela más coloridos…

El bebé al nacer necesita alimento, preferiblemente leche de su madre, mucho contacto físico y cariño. Lo material está muy bien, pero muchas veces, y sobre todo en el contexto del consumismo exacerbado propio del terreno infantil, se prioriza frente a otras cosas que no se pueden consumir ni cuestan dinero.

¿Tan difícil es dejar de lado lo superfluo y entender la simpleza de lo profundo?

Cuando compramos un piso, ¿cuánto dinero nos gastamos? ¿cuántas horas tardamos en elegir uno, en informarnos? Cuando tenemos un hijo, ¿cuánto tiempo dedicamos a informarnos sobre lactancia materna antes de que nazca? ¿cuánto tiempo dedicamos a informarnos sobre el parto, sobre nuestros derechos, sobre las consecuencias de prácticas hospitalarias anticuadas y demás? ¿cuántas veces negamos los brazos a nuestro bebé por no “malcriarlo”, “enmadrarlo” o “enñoñarlo”? ¿cuántas veces no tuvimos la fuerza para luchar por lo que creíamos porque todo lo teníamos en contra? Yo soy la primera que cometí muchos errores y no me avergüenza reconocerlo. Creo que la maternidad y la paternidad nos enseña mucho, aunque sea a posteriori.

También nos enseña humildad: cuando creemos que sabemos algo, de repente, como Sócrates, no sabemos nada. Y los únicos que podemos juzgarnos somos nosotros mismos, cuando miramos a los ojos de nuestros hijos. Ni consejos ni opiniones de otros, ya sean buenos o malos. Solamente nuestro instinto y nuestra conciencia, lo que sentimos que tenemos que hacer y, por otra parte, lo que creemos que es correcto. Muchas veces no coinciden. La mayor parte de las veces sí y es maravilloso.

Reflexiones a una semana de reincorporarme al mundo laboral asalariado.

Desde el Poder, en todas las épocas, se ha decidido si se desea fomentar la natalidad o reducirla, si las mujeres debemos ir a la fábrica o quedarnos en casa, si debemos tener muchos hijos, pocos o ninguno. Y el Poder ha intentado manipular nuestra vida de muchas formas: premios, castigos, subvenciones, impuestos, desgravaciones fiscales…

Premio Nacional de Natalidad de 1969 a la familia Ojeda Artiles

Hoy en día, existe una ayuda estatal para la madre asalariada que consiste en una desgravación de 100 euros al mes. Por otro lado, el cheque guardería para el curso 2013-1014 será de 100-160 euros mensuales según los ingresos.

Sin embargo, no hay ninguna ayuda para las madres o los padres que quieren tomarse una excedencia. ¿Por qué el Estado subvenciona la reincorporación al trabajo asalariado y no otorga la misma cantidad si decides cuidar de tu hijo tú misma? ¿Por qué no se abonan esos 200 euros directamente a las madres y padres para que ellos decidan cómo lo quieren gastar, si en una guardería, con los abuelos, un canguro o en casa?

Y mientras reflexionaba sobre este tema, me he topado con varias noticias sobre la subida de tasas de las guarderías que me han dejado bastante sorprendida:

“Desde la Junta de portavoces de la Plataforma Educación Infantil Pública, Carmen Ferrero, su presidenta, está muy preocupada por la subida (de entre 30 y 90 euros por niño): “Es gravísimo, muchas parejas van a tener que sacar a sus hijos de la pública. La Comunidad pretende que la mujer se quede de nuevo en casa, como antaño”.”

Carmen Ferrero piensa como yo, que el poder político influye en las decisiones personales. Sin embargo, yo discrepo en algo. Los niños no necesitan ir a la guardería, lo necesitan, si acaso, sus padres y sus circunstancias económicas. Y el hecho de no poder llevar a la guardería a tu hijo no es gravísimo, de hecho, lo mismo hasta es más feliz.

Lo que sí es grave es que en este sistema no haya opciones ni libertad y sean necesarios dos sueldos para llegar a fin de mes. Hasta ahora, al sistema le convenía que las madres siguiéramos dentro del mundo asalariado produciendo, consumiendo y endeudándonos junto a nuestros compañeros. Con la crisis esto ha cambiado y no es que favorezcan que las madres se queden “en casa, como antaño”, sino que retiran parte del apoyo económico a las guarderías, muchas de ellas concertadas, y fomentan un poquito menos que las madres nos reincorporemos cuanto antes a trabajar para otros.

La representante de Educación de CCOO, Isabel Galvín, ha afirmado que la CAM “desatiende a la infancia” y que se puede hablar incluso de una “generación perdida” porque los niños que se quedan sin educación infantil llegarán a primaria “en peores condiciones que sus compañeros”. 

Estas declaraciones todavía sorprenden más. ¿Se basa en algún estrafalario estudio científico o en pura inspiración divina? Dios mío, ¡alguien debe salvar a los pequeños que no han tenido la suerte de ir a la guardería! Bromas aparte, los niños que no van a la guardería no son una generación perdida ni llegarán a primaria en peores condiciones. Es más, aunque yo soy más bien partidaria de la desescolarización, se podría decir que en Finlandia a los 4 o 5 años menos de la mitad de los niños van a la guardería y ese país siempre está en los primeros puestos del informe PISA.

Lo de “generación perdida” es directamente un insulto a la inteligencia y al sentido común. ¿Han tenido que llegar las guarderías para salvar a los niños de sus propios padres y familiares? ¡Qué pena! El sentido común, nuestro corazón y nuestro instinto nos llevan a desear estar con nuestros bebés y cuidarlos. Lamentablemente, solo unos buenos ahorros o el salario de nuestro compañero nos permite independizarnos del mundo asalariado para poder criar a nuestras crías.

Cuando habla de “peores condiciones”, ¿a qué se refiere? Más bien es al contrario. Según el investigador Jay Belsky: “cuanto más tiempo pasan en guarderías, los niños son más agresivos y más desobedientes”. No es que la desobediencia me parezca mala, de hecho, la desobediencia contra la injusticia es el motor del cambio hacia un mundo mejor, pero sí es preocupante el aumento de la agresividad. Bueno, dado que estamos en un sistema de “sálvese quien pueda”, insolidario y competitivo, al final voy a tener que darle la razón a la señora Galvín. Efectivamente, la guardería prepara a los niños para lo que vendrá después (el cole) y para lo siguiente (el mundo asalariado), con sus horarios estrictos, su directividad, falta de imaginación, competitividad… Y dentro de ese contexto, la agresividad es un valor en alza, desde luego.

En todas estas entrevistas hablan los adultos porque los bebés mamíferos todavía no han aprendido a hablar y a dar entrevistas. A nadie parece importarles sus necesidades de amor, cariño y contacto físico, tan importantes como la alimentación o el sueño. Y de salud, ya que los niños que van a la guardería tienen el doble o triple riesgo de contraer enfermedades.

Eulàlia Torras de Beà, psiquiatra y psicoanalista, también lo tiene claro. ¿Qué necesita un bebé? : la cercanía cálida, constante y segura de sus amorosos padres.

Vuelvo al título del post. En una semana me reincorporo a tiempo parcial a mi anterior trabajo después de casi dos años. Mi hijo cumplirá los 17 meses siendo cuidado por su madre, su padre y sus abuelos. Si no tuviera la ayuda de mi suegra tendría que recurrir a una guardería, a una madre de día o replantearnos en casa la reincorporación y hacer cuentas. Si tuviera que llevarle a la guardería porque no me queda otra opción no me sentiría culpable, habría hecho lo que tenía que hacer. Pero en ningún caso me engañaría a mí misma pensando que está en el mejor de los lugares y que lo hago por él.

No creo que estemos haciendo las cosas bien. No creo en este Sistema.  Ya lo sabía antes de ser madre, pero tener un hijo me ha abierto los ojos a otras realidades que jamás me había cuestionado. El mundo mejor que muchos soñamos se construye desde la base, desde lo simple, desde el respeto a las necesidades de los bebés (las mismas desde hace miles de años), desde la empatía y desde el amor.

¿Qué se puede esperar de una organización social que no permite a los padres cuidar de sus hijos más allá de los 4 meses? Peor aún, ¿qué se puede esperar cuando los propios padres no son conscientes de su falta de libertad ni de la de sus hijos? Y mucho peor aún, ¿qué se puede esperar cuando en lugar de rebelarnos contra lo establecido nos lanzamos al autoengaño para no sufrir?

Yo no tengo clara cuál es la solución a estos dilemas. No creo que el Estado deba intervenir en la vida personal, pero no veo otra posibilidad más que alargar los permisos maternales y paternales. Esa petición tiene que partir de abajo hacia arriba, del pueblo, no de estrategas, políticos o demógrafos. Pero, primero, tenemos que enfadarnos y sentir la rabia creativa que permite que las cosas cambien.