Los cachorros no quieren dormir solos

Tengo muy poquito tiempo para escribir este post porque tengo un bebé de 3 meses que ya está dormido y debería ir con él a descansar todo lo que pueda. Antes de meterme en la cama tengo que contar algo que que me ronda por la cabeza desde hace muchísimo tiempo, desde que vi esta peli con mi hijo mayor hace unos meses. Hay que decir que a él le aburrió bastante pero yo me quedé alucinada con el comienzo. ¡Era tan ilustrativo! Os propongo ver los primeros 4 minutos de la famosa película de Disney “La Dama y el Vagabundo”.

¿Qué ocurre en estas primeras escenas? Pues que una cachorrita no quiere dormir sola, que las expectativas de sus dueños no concuerdan con las expectativas mamíferas de este animalito domesticado y separado de su madre. Ya que no puede dormir con su madre quiere dormir con la pareja humana con la que va a vivir. El hombre dice “estará bien”, la mujer duda, pero al final la dejan encerrada en una habitación. Reina ladra y llora, la mandan callar “¡A dormir! ¡No quiero ningún aullido más!”. ¿Acaso no hay padres y madres que hacen lo mismo con sus cachorros humanos? Es triste pero real como la vida misma. O incluso se emplean métodos “científicos” consistentes en dejarles llorar hasta que se cansen y se duerman como el famoso Estivill-Ferber… (que, por cierto, tiene sus precedentes en el pediatra del Instituto Rockefeller Luther Emmett Holt con su libro de 1894 y otros pediatras y “sabios” anteriores y posteriores, como el Dr. Spock).

En “La Dama y el Vagabundo”, Reina se sale con la suya y consigue llegar a la cama de sus dueños pero los niños reales lo tienen más complicado. He dado una vuelta por Google para ver algunos comentarios de dueños de perros sobre su sueño nocturno y “acostumbrarlos” a dormir solos. Esto es lo que he recogido:

– Hay que ir contra el instinto (animal) o el imperativo moral (la conciencia humana) de socorrer al que necesita ayuda. Ya de paso, te vendo un producto que supuestamente imita a la madre: “La mayoría de los cachorros llorará durante las primeras noches; pero los propietarios, por muy duro que sea, no deben ceder y dejar que el cachorro consiga que ellos se levanten y le protejan. El cachorro debe aprender a quedarse solo para no tener después problemas relacionados con la separación.” http://www.adaptil.com/es/El-cachorro/Los-cachorros-que-lloran-por-la-noche

– Sin empatía: “Para el cachorro va a ser la primera noche que va a pasar sin la compañía de su madre y hermanos de camada. Estará en un lugar al que no está habituado, con olores y sonidos a los que no está acostumbrado. No tendrá el calor de los cuerpos cercanos de los componentes de su anterior familia. Habitualmente, en cuanto se quede sólo, empezará a llorar, intentando llamar la atención de su madre y hermanos. Es su mecanismo de defensa ante la soledad. Es recomendable no ceder a los llantos, por mucha pena que nos puedan dar los lamentos de esa pequeña criatura encantadora que se acaba de unir a nuestra familia, y dejar que el cachorro se termine durmiendo.” http://www.mundoschnauzer.com/es/articulos/la-primera-noche-del-cachorro-en-su-nuevo-hogar/

– Más de lo mismo: “Cuando llore, lo principal es NO subirlo a la cama y NO tomarlo ni hacerle cariño. Si lo haces, se acostumbrará a que cuando llora obtiene lo que quiere y llorará aún más, es decir, todo lo contrario a lo que quieres lograr.” https://www.mascotasonline.cl/noticia-huella/536-como-controlar-el-llanto-de-mi-cachorro-durante-la-noche.html

– El cachorro no se acostumbra, aprende a rendirse ante la adversidad para sobrevivir. Indefensión aprendida: “Si el cachorro llora por la noche, no es positivo acudir a sus llamadas, porque de lo contrario, el cachorro aprenderá a que llorar significa tu atención, y utilizará el lloro siempre que quiera que aparezcas. La etapa crítica de lloros es la primera semana, una vez se supera ésta, el cachorro se habitúa a que llorar no sirve de nada, y por entonces, ya estará adaptado a su hogar.http://comoeducarauncachorro.com/blog/como-educar-a-un-cachorro-a-dormir-por-las-noches.html

– Aquí se habla de objetos sustitutos de la madre. ¡Igual que en los humanos!: “Si llora porque se siente extraño ignórale: ya verás que intentará hacerlo unas cuantas veces más hasta que compruebe que este comportamiento no le da resultado. Algunos trucos, si llora por las noches o cuando se queda solo son: Pon en su camita una botella con agua tibia, envuelta en una toalla. Le recordará al calor de su madre y se tranquilizará.
Ponle cerca un reloj de cuerda cuyo tic tac le evoque el corazón de mamá.” http://www.encantadordeperros.es/trucos/la-educacion-de-nuestro-cachorro.html

– No te sientas mal por hacer algo malo, es por su bien:  “Thanto es un cachorro y podrás acostumbrarlo fácilmente a dormir donde tu desees. Seguramente las primeras noches llorará, pero, tu deberás mantenerte firme y no acudir a su llamada, en un par de días o tres entenderá que ése es el sitio donde debe dormir. Es muy importante que ignores su llanto, en caso contrario nunca aprenderá a comportarse correctamente. Puede parecer duro, pero no debes preocuparte, es lo mejor que puedes hacer por él y se acostumbrará en seguida. No olvidemos que los perros son más felices cuando tienen claro cuál es su sitio en la familia (en su manada), así que con firmeza y mucho cariño podrás conseguir todo lo que te propongas por el bienestar de los dos.” http://mascotas.facilisimo.com/reportajes/adiestramiento/como-acostumbrar-al-perro-a-dormir-solo_836969.html

Pero no todo está perdido en las webs de temática canina… También hay quien tiene un mínimo de empatía, eso tan difícil de encontrar hoy en día, y dice cosas tan sabias como estas:

“Tu perro llora porque es lo único que puede hacer para intentar arreglar su problema. Su problema es enorme, muy grave. A su edad estar solo significa que vas a morir, un cachorro de seis semanas de vida no puede sobrevivir solo, es lo único que sabe.

Además, hasta el momento en que te lo llevaste a tu casa estaba con su madre y sus hermanitos, acompañado y empezando muy poquito a poquito lo que es vivir y lo que es el mundo.

Ahora, de repente se ve solo durante muchas horas en un lugar desconocido.

Imagínate lo que tiene que significar para uno de estos cachorros ser sacado de este mundo tan divertido para mudarse a la casa de sus nuevos dueños. De repente ya no tiene a sus hermanitos para entretenerse, ahora tiene a unos humanos. Lógicamente, como cachorrito que es, al principio está muy desconcertado.

Lo peor que le puede pasar a estas alturas en su vida es quedarse completamente sólo, sin la compañía y el calor de su madre y sus hermanitos.

No está preparado para encontrarse así sin sufrir. Es más, si no cambias ya mismo esta situación posiblemente acabará teniendo pánico a la soledad durante toda su vida. Tienes que entender que tienes que ir acompañándole, enseñándole, para así prepararlo poco a poco para su vida con vosotros. (…)

Yo duermo con mis perros al lado de nuestra cama y no podría dormir sin saber que están ahí, a gustito durmiendo y disfrutando del hecho de tener su gran ídolo durmiendo a sus lados. No me molesta para nada su presencia y sé en todo momento como están. Para mi es un inmenso placer dormir así. Ellos saben que el dormitorio es para dormir, se lo enseñé, y no hacen más que acostarse una vez adentro.” http://www.escuelacaninamaya.com/problemas/cachorro-llora-noche.html

La similitud entre los “métodos” para domesticar el sueño de los niños humanos y el de los animales de compañía es abrumadora. Encontramos los mismos argumentos para hacerlo y los mismos supuestos peligros si no se les deja llorar para ayudarnos a domar nuestras ganas de auxiliarles o para limpiar nuestra conciencia… ¿Qué fue primero? ¿Los métodos para cachorros o para bebés?

Como anécdota final, diré que la película de la que he hablado en este post está recomendada por el propio Estivill en su libro “Niños descansados, niños felices” (está en Google Books). Reina, una perra heroína que se enfrenta a las creencias en las que se sostiene su “método”. ¡Mi heroína! Para que luego critiquen a los personajes femeninos de Disney como demasiado sumisos y demasiado “princesitas”…

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Buenas noches, me voy a dormir junto a mi cachorro humano y sus despertares para mamar y para saber que estoy a su lado. ¡Hasta otro día!

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Las nanas a través de Lorca

Y desde las nodrizas he llegado, en uno de mis buceos por la red de redes, a esta conferencia de Federico García Lorca sobre las nanas en España. Me ha parecido importante rescatarla, más que por su visión propia sobre el mundo de las nanas, por la recopilación de textos que realiza: “Las nanas infantiles”.

Después de leerla se me ha quedado mal sabor de boca con tanta nana triste, tanta nana trágica… Pero después he pensado que el mundo rural tradicional con sus cuentos y nanas describía realidades crudas que existían y no eran ocultadas a los niños. ¿Acaso no existen hoy en día hombres del saco y cocos de los que podemos saber a través de periódicos y telediarios? ¿Acaso no es el mundo exterior duro y trágico? Quizás no sea ético intentar que se duerma un niño trayendo a colación peligros varios, pero quizás ese no fuera el objetivo último, sino contar todo tipo de cuentos, tanto los que tienen final feliz como los que no lo tienen, mostrando toda la gama de tonos que existen en el mundo al que se irá enfrentando poco a poco el pequeño, sin esconderlos ni maquillarlos.

Una nana recopilada por Lorca: “Nana de Sevilla”

“Este galapaguito
no tiene mare;
lo parió una gitana,
lo echó a la calle.
No tiene mare, sí;
no tiene mare, no:
no tiene mare,
lo echó a la calle.

Este niño chiquito
no tiene cuna;
su padre es carpintero
y le hará una”.

Y una nana del propio Federico: “Nana del caballo grande”

Carta de Federico a “las muchachas”

“Aquí están, Anilla la Juanera y Dolores, la Colorina
Sobre todo mi Dolores, por lo buenísima que es
Vino a amamantar a mi hermano Paco y se quedó,
Habla mucho, se ríe mucho, cuenta historias sin parar
Como si hubiese vivido treinta vidas.
Es analfabeta porque nadie ha sabido enseñarle
A leer, mi madre lo intentó sin resultado,
Pero sabe más que todos nosotros.
En lo que se refiere al sexo, tiene una moral natural
Sin hipocresías, ni severidades.
Ella me ha enseñado a vivir…también Víctor Hugo, Galdós, Verlaine,
Juan Ramón Jiménez, Machado y sobre todo Rubén Darío.
Ellas, las criadas “muchachas” traen a los niños ricos, canciones
Romances y cuentos.
El niño tiene la marca
De la mujer pobre, que le da al mismo tiempo
En su cándida leche silvestre, la médula del país”.

Muchas cosas se desprenden de esta carta a las nodrizas, a las criadas, a las mujeres del mundo popular que criaban a los niños de las clases altas. Primero, resalta que Dolores, el ama de cría de su casa, era analfabeta (pecado mortal visto desde las alturas) y “sin embargo” era muy culta. Y, segundo, como mujer del pueblo no es ni mojigata ni victoriana a la hora de hablar de sexo, “tiene una moral natural”. Me ha parecido una carta-poema genial y llena de sinceridad.

Lorca no fue amamantado por su madre, que se puso enferma al nacer él. He buscado por todas partes el nombre de su nodriza y no lo he encontrado. Dolores “La Colorina”, la nodriza de sus hermanos a la que tanto quiso, llegó cuando él tenía 4 años. Solamente he encontrado esto: “Al nacer Federico, doña Vicenta se pone enferma, lo que hace que no se encargue de su hijo y lo ponga en manos de una nodriza que ni siquiera vive en casa de los García Lorca“. ¡Qué duro puerperio para la madre y para el hijo! ¡Cuántas veces se ha acusado a las mujeres que contrataban nodrizas de frívolas cuando muchas veces tenían problemas reales de salud, físicos o psicológicos! Como madre que también las pasó canutas en el posparto por una anemia atroz no puedo dejar de empatizar con ella.

“Sobre la madre de García Lorca circula el rumor de que cambió dos veces de nodriza, que le pudieron los celos al advertir la preferencia del niño por su ama de cría que, fuera quien fuera y de donde fuera, le conectó con el mundo, con los valores humanos. Conocedores de la historia familiar tachan a Vicenta Lorca de «insensible y egoísta».”

Y, por otro lado, ¿la historiografía no ha reservado ni siquiera un nombre para la mujer que lo amamantó? ¿Y por qué el propio Lorca tampoco habla de ella? Misterios y silencios en un ovillo de relaciones rotas, recompuestas y recreadas.

Más allá del parque – #4 – El Museo del Romanticismo

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Isabel II niña.

En esta ocasión, como el parque muchas veces se nos queda pequeño, nos acercamos al Museo del Romanticismo. Fuimos andando hasta el metro con el meitai en la mochila para cuando se cansara (o me cansara yo…).

Nos bajamos en el metro de Tribunal y fuimos hasta el museo, en la calle San Mateo. Allí me ofrecieron un carrito para hacer la visita (tienen varios) y lo acepté con gusto. Es un museo muy pequeño y se ve rápido, pero más rápido lo vimos nosotros porque a mitad de la visita Félix comenzó a aburrirse y a subirse en la silla…

El palacete está decorado como el hogar de una familia adinerada del siglo XIX. Es una reconstrucción ideal de cómo podrían haber sido ese tipo de viviendas madrileñas. Como me interesan los temas de crianza y todo lo relacionado con la infancia, visité el museo desde esa óptica. Os dejo a lo largo del post varias fotos con estas temáticas.

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Cuna “romántica”…

Aquí vemos un dormitorio con su cunita. ¿Estarían realmente así las cunas? ¿Dormirían los señores de la casa con sus padres? ¿No dormirían más bien con sus nodrizas, que eran quien les alimentaban y cuidaban? Yo creo que sí, y más teniendo en cuenta que la lactancia externalizada era la norma entre la clase alta. Sobre este tema, ya lo he recomendado más veces, está muy bien leer este libro.

La existencia de cunas nos muestra que los niños de las clases altas dormían habitualmente allí, como ya sabía por el libro de Cira Crespo, Maternalias, pero me llamó mucho la atención verlo así, al lado de la cama matrimonial.

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Isabel II adulta a caballo en una imagen clásica de demostración de poder.

¿Y qué decir de esta imagen? Aquí esta la reina, haciendo ostentación de su poder subida en un caballo. Poder militar, poder estatal, poder sobre sus súbditos, hombres y mujeres y niños. Hay que tener en cuenta que durante el s. XIX el sufragio era masculino y restringido a un cierto nivel de riqueza, lo que se traduce en que el porcentaje de votantes era ínfimo (0,15%, 2,2%, 3,9%, 4,32%, 0,6% durante todo el siglo). Además, las elecciones se manipulaban y amañaban constantemente, y hubo múltiples golpes militares. No quiero relativizar pero hoy en día hay sufragio universal para hombres y mujeres y no significa mucho más. El poder lo siguen teniendo los de siempre y nos dejan votar en las nimiedades, nunca podemos elegir en lo fundamental ni en el ámbito económico ni laboral donde la democracia está muuuuuy lejos…

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Este es el cuadro titulado “La nodriza pasiega” de Valeriano Domínguez Bécquer:

“En este lienzo aparece descrito con escrupuloso detallismo la indumentaria de la nodriza pasiega. El traje en esta obra juega una importantísima misión, ya que, tradicionalmente era condición indispensable para amamantar a los hijos de la familia real, ser oriunda del Valle del Pas (Cantabria). Durante el siglo XIX, las mujeres de la región cantábrica fueron prestigiosas amas de cría entre las familias de alcurnia; éstas fueron elegidas, para tal fin, debido a sus excelentes condiciones físicas y sanas costumbres.”

Como “anécdota” de la visita y a tener en cuenta si se va con niños o bebés tengo que decir que para entretener a mi hijo y poder seguir visitando la exposición se me ocurrió darle la caja de la cámara de fotos, con tan mala suerte que le dio a una de las mesas que había por ahí. Le dije que no lo volviera a hacer y estaba segura de que me haría caso. Aún así vino una guarda de seguridad a regañarnos (a regañarme, más bien) por no quitárselo de las manos por si lo volvía a hacer. Dije que ya no lo iba a hacer, que me hacía caso y que ya me encargaría yo de quitárselo si veía que lo iba a hacer.

La verdad es que me sentó fatal porque no me parecía para tanto. La mesa no sufrío ni un rasguño, y no debía ser tan delicada cuando la tenían ahí en medio sin proteger, como sí tenían otros cuadros u objeto del museo y, por favor, es un bebé y no tiene fuerza… No sé, me pareció una reacción muy exagerada, la verdad, pero no fue nada comparado con otras historias que me han pasado en nuestras últimas excursiones y que contaré en próximos “más allá del parque”. Vivimos en una sociedad “niñofóbica” total, ¿qué le vamos a hacer? Pues intentar abrir las mentes y llevarnos a nuestros hijos a todos los ámbitos de la vida para que se acostumbren ellos y los demás a lo que es vivir realmente en sociedad y no segregados en régimen del discreto “apartheid” de las “cosas de niños”, en “los asuntos de madres” o “los temas de mujeres”.

En su favor tengo que decir que el resto de trabajadoras del Museo y de la tienda de abajo fueron un amor y nos trataron con mucho cariño. No vamos a empañar el trato de la mayoría por la excepción que confirma la regla…

¡Hasta el siguiente “Más allá del parque”!

“Maternalias” de Cira Crespo. De la historia de la maternidad.

Hace tiempo que me leí este libro de Cira Crespo pero hasta ahora no había encontrado el momento para escribir mis reflexiones sobre el mismo:

Lo primero que me gustaría decir es que se lee muy bien, es fácil seguir el hilo conductor que marca la autora y engancha rápido. Esto es un punto positivo porque divulga conocimientos históricos que en otros libros históricos sobre estos temas son mucho más difíciles de leer, sobre todo si se es madre y se lee “a ratitos”. Un buen libro para seguir profundizando es el que me recomendó Cira después: La infancia a la sombra de las catedrales.

Como a muchas de nosotras el encuentro personal la autora con su propia maternidad disparó nuevas direcciones a su vida, renovó sus inquietudes y muestra cómo esta etapa de nuestra vida puede ser profundamente fértil en todos los sentidos.

El libro comienza explicando el origen del concepto mismo de maternidad y toca el punto clave de la crianza y el que más de cabeza nos trae a todos los padres que criamos en la sociedad actual: “la nueva sociedad que prefiguraba la economía capitalista empezaba a enfatizar valores, como el individualismo, que chocaban frontalmente con otros que requerían la crianza: colectividad, colaboración, ayuda mutua y experiencia”.

Y esa es una de las grandes virtudes del libro: pone en contexto la crianza con el sistema político y económico en el que se vive en cada época. Yo al tema de las “dos esferas” del mundo capitalista (la mujer en casa y el hombre en la fábrica) añadiría algo más. No sólo fue el capitalismo el que trajo este nuevo sistema destruyendo el mundo rural tradicional sino que fue el Estado el que tomó la iniciativa forzando y promoviendo el éxodo rural a las ciudades. Es interesante recordar que las mujeres siempre habíamos trabajado junto a los hombres en el mundo pre-industrial pero es el binomio capitalismo-estado el que nos segrega, divide y, añadiría yo, enfrenta.

El embarazo.

Sobre el capítulo del embarazo me ha parecido muy interesante cómo rescata y relaciona con precaución y un “tal vez” la figura de María con el culto a la maternidad.  Las vírgenes embarazadas fueron muy populares, sin embargo, después del Concilio de Trento fueron desapareciendo. El embarazo representado de forma visual siguió oculto hasta prácticamente el siglo XX.

El parto.

De este capítulo me quedo con la traducción de la Biblia de Erri de Luca y su “parirás con esfuerzo” en lugar del famoso “dolor”. Esto me llega profundamente ya que de mi parto (sin epidural) no recuerdo el dolor sino el cansancio. ¿Y qué decir del esfuerzo? Pues que hay que reivindicarlo. La vida no es para sufrir pero todo lo bueno requiere un esfuerzo, huir es siempre una batalla perdida. Quizás se pueda esquivar el esfuerzo en algún momento, pero volverá con otras mil caras a buscarte. La única salida es afrontarlo de frente y a por todas. No sé, es mi forma de vivir y de ver las cosas, aunque muchas veces sea la más perezosa y vaga del mundo. Esto lo tengo claro.

Cuando la autora nos cuenta cuál era la situación de la parturienta en la patriarcal Roma no se puede evitar pensar en situaciones como las de Afganistán en el siglo XXI. Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme: ¿Por qué la legalidad romana tenía esa obsesión por asegurarse de que los hijos pertenecieran al padre? ¿Era por garantizar que realmente seguían el linaje de la sangre? ¿O había algo más?

De nuevo se vuelve a ver el empeoramiento de la situación de la mujer con la creación del estado-nación burocratizado: las comadronas debían ser examinadas ante un tribunal masculino universitario. Daba igual que su conocimiento práctico fuera muy superior al de los médicos. El parto sale de la casa y se institucionaliza en los hospitales, con sus forceps y sus cesáreas.

No puedo estar de acuerdo con Cira en que “las madres, y en general las mujeres, fuimos arrimadas a un lado, apeadas en el andén de la modernidad”, más bien fuimos víctimas y a la vez responsables del proceso, ya que las mujeres también son parte activa del mantenimiento del patriarcado: criamos a los hombres y, además, tenemos capacidad para cambiar o no las cosas, no somos solamente víctimas.

El alimento.

Muy interesante es todo el concepto de “Ostentatio Mammarum” (Ostentación del seno) que he conocido gracias a este libro. Parece ser que a lo largo de la historia, incluso en otras culturas, en los momentos difíciles había madres que enseñaban los pechos a sus hijos para hacerles recapacitar. Algo así como “estos son los pechos con los que te has alimentado, hijo mío”. ¡Qué diferencia del desprestigio actual del pecho femenino! Ahora solamente es visto como objeto cuyo erotismo es medido en tamaño, ni siquiera en belleza. La publicidad nos bombardea desde pequeñas para que nos pongamos wonder-bras o nos operemos, sin ni siquiera plantearnos que quizás más adelante en nuestra vida, nuestros pechos normales y bellos, quizás sirvan para producir el alimento de nuestros hijos y que lo demás nos parecerá secundario.

En esta parte del libro se habla de un tema que me apasiona desde que soy madre lactante: las nodrizas. En el texto que ha encontrado Cira de 1495 sobre las características de estas, hay varias que me han llamado la atención: “hay que enseñarle las costumbres del niño, hacer lo posible para que no llore”, lo que me indica que Estivill tenía poco que hacer en la Edad Media. Pero también hay otra un poco más rara “no se debe dar el pecho al niño continuamente, sobre todo por la noche”. ¿Y qué se supone que tenía que hacer si lloraba entonces? ¿Existían los chupetes? Gracias al libro me he enterado de que la lactancia en esa época duraba 2 años o 2 años y medio. ¡Para que ahora nos digan que hacemos lactancias “prolongadas”!

Sobre el papel paterno en la crianza rescato este texto: “si nos fijamos en algunas miniaturas medievales, los padres trabajan, es cierto, pero las madres también. Y las madres cuidan de sus hijos, cómo no, pero los padres también”. Es decir, todo lo que ahora nos venden como de familias “modernas” que reparten las tareas entre hombres y mujeres ya existía en la época pre-capitalista industrial. Los prejuicios sobre el mundo rural tradicional se van derrumbando… ¡Ya era hora!

Acarrear a los niños

Aquí conocemos la historia del carrito moderno pero también del porteo tradicional. Para mi gusto, un poquito escaso este capítulo. Me hubiese gustado que lo hubiera desarrollado más y conocer si hubo porteo o no en Occidente más allá de las cestas para llevar bebés que he visto en alguna ocasión. Y ya si nos ponemos, si fue ergonómico o no, jejeje… Hace poco leí que el porteo del altiplano boliviano puede favorecer la displasia de cadera, ya que los bebés ni van con la espalda en C, ni en postura ranita, ni con las rodillas por encima del culete. Van envueltos y después son cargados a la espalda.

Higiene infantil

Me gusta como la autora rompe con los estereotipos que tenemos del mundo medieval que nos han llegado a través del filtro de los ilustrados. ¡En esa época se bañaban mucho! Y a los bebés dos o tres veces al día. Es llamativo como tantos autores “higienistas”, hombres “expertos” sobre todo, culpabilizaban a las madres y sabían mejor que éstas cómo tenían que criar a sus hijos. ¿Nos suena de algo?

Mención aparte, dada la temática de mi blog, merece la sección destinada al pañal desechable. Y es interesante el contraste que presenta la autora entre la vida pre-industrial rural con sus niños desnudos sin pañales, a la vida urbana, con el consiguiente uso de pañales.

Sin embargo, cabe preguntarse, ¿iban también los bebés desnudos o sin pantalones en el frío invierno? ¿Utilizaban pantalones con agujero como los Kaidangku chinos? ¿Se les ponía a hacer pis y caca desde los pocos meses, como se hace en China, India o muchos lugares de África? Según el libro de Laurie Boucke “Infant potty training” entre los siglos VII y XVII los bebés solían ir enfajados o envueltos la mayor parte del día. Durante esos siglos no hay referencias sobre el aprendizaje de control de esfínteres y no hay mucha información al respecto. Dentro del libro que estoy terminando de escribir habrá un breve capítulo relativo a este tema y, por supuesto, la información que aporta Cira es parte de la documentación que he utilizado y que citaré allí. Más información próximamente…

Sueño

En esta época de tanto colecho y no colecho me ha llamado la atención ver tantas cunas en las miniaturas de la Edad Media. ¿Pero no era algo tan tradicional lo del colecho? Ahora va a resultar que lo de toda la vida es la cuna, jajaja. Eso sí, en la misma habitación que los padres, e incluso encima de la propia cama (¡¡¡). Cuando la autora afirma que en la primera etapa cristiana (pg.107) “el recién nacido compartió lecho con los dos progenitores” me pregunto en qué se basa para decir esto. ¿Hay imágenes o cuadros? Me pica mucho la curiosidad en este asunto, la verdad.

Palabras

“Ahora parece que lo hemos olvidado, pero antes la música era un acompañamiento cotidiano”. Esa frase y lo que viene después me recuerda tanto a lo que dice Prado Esteban y Félix Rodrigo Mora en sus charlas y libros. Aprovecho para recomendarle a Cira y a los lectores del blog los libros de estos autores sobre el mundo rural y el de “Feminicidio o auto-construcción de la mujer”.

Me encanta como recoge y habla de la cuna más antigua documentada: “Es emocionante recitar estas palabras y de golpe sin persanrlo trasladarte a una habitación donde una madre romana canta a su hijo pequeño una canción”

Duelo

No se olvida Cira de la muerte y de cómo se lloraba y se sufría por los niños muertos, en base a los epitafios funerarios. Leyendo tanto las nanas como los textos dedicados a la vida que ha ido nos damos cuenta de que los sentimientos son los mismos ahora y hace miles de años. Lo único que cambia es el contexto, pero el dolor o el amor es igual de inmenso.

Lo que más me ha gustado del libro: está escrito desde el corazón y desde la experiencia propia de ser madre, y eso se nota. No es un libro de fría historia, sino escrito con sentimientos, opiniones y la propia visión de la autora. Y lo más honrado es no esconderlo. Me siento identificada con ese ansia de saber y de creatividad que brota en las madres. Lejos de apocarnos o recluirnos, a muchas mujeres la maternidad nos impulsa a desarrollarnos e intentar superarnos como personas. Este libro es una muestra de ello.

Lo que menos: Mi afán curioso y detectivesco echa de menos algunas referencias bibliográficas concretas para saber de dónde proviene esta u otra afirmación y diferenciarla de suposiciones personales. Supongo que ha primado el afán divulgador, pero es sólo una sugerencia, una crítica constructiva.

Podéis encontrar el libro de Cira Crespo en La Casita de Algodonales.
Y este es el blog de Cira: Maternalias.

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 16 meses

Me he retrasado un poco con la crónica mensual por el tema de las vacaciones pero aquí estamos de nuevo, con 16 meses y medio.

Ha habido días en los que no ha mojado ningún pañal, otros días uno y ahora llevamos una larga temporada de dos-tres diarios. Aún así, creo que merece la pena verle tan cómodo y saber a ciencia cierta que si se moja lo sé inmediatamente y le cambio. Con un pañal de tela con impermeable no lo vería hasta tiempo después y con un desechable, ni os cuento… ¿Para qué “empaquetar” al bebé todo el día para 5-6 veces que va a necesitar hacer pis durante 10 segundos?

Con 15 meses empezó a contestarme cuando le preguntaba cosas y también cuando le preguntaba si quería hacer pis. Dice “sí” o “no” pero nunca sé si realmente lo dice de verdad o a boleo. Desde luego, cuando dice “sí”, si que suele querer decir “sí”. Sin embargo, creo que a veces dice “no” y en realidad sí tiene ganas. Así que he decidido que si sé realmente que necesita hacer pis, no le pregunto, le pongo y le digo: “si quieres hacer pis puedes hacerlo ahora” y que él decida si hace o no, si se levanta o se queda en el orinal.

Ha seguido siendo mucho más fácil durante este mes ponerle fuera de casa que dentro, en casa muchas veces estaba jugando y no quiere parar. Yo lo respeto y lo intento más tarde. ¡Aguanta mucho más entre pises! Comparado con los 15 minutos de cuando empezamos con 2 meses, ahora aguanta unas dos horas, dependiendo de los factores: mañana/tarde, ha bebido mucho, acaba de comer, hace calor y suda…

Sé que son dos horas porque lo miré en el reloj. Aunque hasta ahora no he sido amiga de usarlo (me gusta más fiarme de la intuición), me he dado cuenta que a esta edad es útil mirarlo de vez en cuando y, cuando se van acercando las dos horas, estar más atenta a las señales o, si veo que no lo pide, proponérselo yo. Esto es especialmente útil si estamos en el parque, él está jugando y yo estoy leyendo (o intentando leer, jajaja) un libro. ¡Así no se me olvida!

Antes de esta edad la verdad es que creo que fiarse del reloj puede ser contraproducente y favorecer que los padres se centren demasiado en ponerle a hacer pis o se obsesionen. Ahora que, como en todo, si a alguien le va bien, que lo haga. Pero, ojo, quizás a tu peque no le vaya tan bien hacerlo cada x minutos de reloj y se rebele con una “huelga del orinal”. ¡No somos máquinas! Además, hay un peligro añadido, ya que los músculos de la vejiga se hacen fuertes si se hace pis con ganas, no cuando sólo se tienen cuatro gotas.

En cualquier caso, me he dado cuenta de que mi hijo no hace pis cada x tiempo de reloj sino que es algo progresivo. Por ejemplo: quizás al levantarse hace pis, después le ofrezco el orinal 30 minutos después, la siguiente vez ha pasado una hora, la siguiente quizás dos horas… Es decir, es progresivo a medida que te alejas de la última vez que se despertó, se alimentó o bebió. Por eso, creo que lo mejor es seguir el “tiempo intuitivo”, el tiempo que te va dictando tu conciencia mientras sigues con tu vida y las cosas que estás haciendo en ese momento (escribir en el ordenador, jugar con tu bebé, limpiar, ver la tele, leer un libro, pasear, comprar algo…). Cuando esa voz interior te habla y te dice: “hay que ponerle a hacer pis”, aunque no hayas detectado ninguna señal del bebé, hazlo. Seguro que sí lo necesitaba. Y, si no, ya te dirá lo dirá él.

He buscado información sobre cada cuánto van los niños más mayores al baño y he leído que un buen hábito es ir cada 2-3 horas cuando se tienen ganas y que, de hecho, una de las famosas “señales” de que están preparados para usar el orinal es que estén secos durante dos horas o más. Los adultos sanos, de referencia, solemos ir cada 3-4 horas.

Como nota curiosa sobre el tema de los tiempos, he notado que también va por fases y esta última semana ha vuelto a hacer pis mucho antes de las dos horas, quizás a la hora o así. Desconozco la razón, he leído que pueden influir los alimentos que ingiera, si son más o menos diuréticos, si tiene alguna intolerancia a algo…

He leído muchas experiencias de otros padres, sobre todo en blogs en inglés, con la Higiene Natural del Bebé o Elimination Communication (Comunicación de la Eliminación), como se suele llamar en el mundo anglosajón. Y, definitivamente, creo que hay una relación entre aprender a andar y la edad a la que las familias dejan los pañales por el día (si los usaban) y se pasan a las braguitas o calzoncillos.

Sé que hay bebés que dan sus primeros pasos con 9 meses y otros a los 17 meses. Y todo es normal y no hay que agobiarse, pero es interesante notar ese paralelismo entre aprender a andar y no mojar tantos pañales (con la ayuda de los padres, claro). Normalmente, cuando los padres dan el paso a la ropa interior es porque ven que se ha reducido el número de pañales para lavar y que no tiene mucho sentido seguir con ellos. Quizás antes, como en mi caso, el bebé ya iba mucho tiempo sin pañal en casa y durante muchas salidas iba sólo con la parte absorvente del pañal de tela. Esa fue mi transición, ya que aunque calan si se hace mucho pis, absorven un poquito y notas mojado el pantalón, pero sin charcos en el suelo, como cuando se hacen pis con calzoncillos/braguitas.

Cuando hablo de paralelismo, no me refiero a que anden perfectamente, de hecho, mi hijo no andaba, se movía apoyándose en los muebles cuando hicimos el cambio. El proceso de aprender caminar requiere tener un determinado tono muscular que puede que ayude mucho a la hora de mantenerse secos con nuestra ayuda, es decir, siguiendo sus señales y poniéndoles en el orinal en base a ellas y sus patrones.

Respecto a los horarios, he intentado darle más participación a las señales de mi bebé. Yo nunca fui capaz de leer sus señales cuando quería hacer pis (si es que las hacía) hasta ahora, que son más claras, y me guié mucho con ofrecerle y ver si quería o no. Ahora sí voy detectando que una de sus señales es quejarse y pedirme brazos, supongo que para que le lleve a un lugar donde pueda hacer pis.

Quizás alguien piense que puede pedir brazos por muchas cosas y, es verdad, pero yo conozco a mi hijo y ya conozco esa forma determinada de pedirlo. Es difícil de explicar pero seguro que muchas madres (y quizás también padres) saben lo que quiero decir.

A lo largo de estos 14 meses de practicar HNB ha cambiado mucho mi opinión sobre el tema. Antes pensaba que con un artículo de periódico era suficiente. Ahora veo que te puede ir bien, o te puede ir mal y lo dejes a la primera de cambio cuando surja alguna dificultad o una de esas famosas “huelgas del orinal”. Ahora sé que es importante leerse los libros y asistir a un buen grupo de apoyo, algo similar a La Liga de La Leche pero para la HNB, como DiaperFree.org en EEUU. Todavía no existe pero estoy segura de que dentro de poco, cuando más gente se anime a practicarlo con sus hijos, existirá también aquí. Es importante entender que no vivimos en China ni en India ni en Kenia. Allí forma parte de su cultura y se transmite de madres a hijas, de abuelos a padres, como queramos llamarlo. Aquí estamos solos con nuestro bebé, con un entorno que puede pensar que eres un friki por intentar prescindir de los pañales y con muchas ideas preconcebidas que no se ajustan a la realidad.

Hay una cosa que nunca he hecho y que leí en los libros sobre HNB. Es el tema de que cuando el niño hace pis encima, desnudo o con ropa, en casa o fuera, se supone que hay que llevarle al lugar apropiado y enseñarle de alguna forma que es ahí donde se hace, con la postura y las señales de los padres. Ahora pienso que esa forma tan relajada de hacerlo ha podido confundir a mi hijo y que, quizás, lo que le he enseñado es que se puede hacer el pis en un determinado lugar (orinal, palangana, w.c., arbolito) pero que también se puede hacer encima y está bien. Como todos sabemos, no es exáctamente así y me pregunto si mi hijo habrá captado ese mensaje en algún momento, es decir, si le estaré enseñando a hacer pis en el suelo. Ahora que ya tiene 16 meses, sí le explico muchas más cosas porque lo entiende todo.

Creo que es importante no atosigarle con ir al baño porque la capacidad de aguantar entre micciones y hacer menos veces pis es lo que estimula el crecimiento de su vejiga. Según he podido leer en un estudio sueco sobre urología infantil, sobre todo lo hace la capacidad de aguantar seco durante la noche  (“Bladder function and development in healthy neonates“). Por eso pienso, aunque quizás no sea muy científico y sólo sea mi humilde opinión, que ponerle más veces de las que lo necesita no es bueno. Está claro que te aseguras de que está seco, pero creo que no estás dando la oportunidad a su vejiga de que aumente de tamaño al ritmo natural. Es decir, hay que ponerle según SUS tiempos y patrones normales entre micciones, no solamente teniendo en cuenta los tiempos de los ADULTOS. Esto no quiere decir que si vas a hacer un viaje en coche, no se lo propongas antes de salir, pero el resto del día hay que adaptarse siempre al niño. Además, esta nueva perspectiva permite ver los pocos “accidentes” como algo natural, no como algo que el padre está haciendo mal o que no sabe “comunicarse” con su hijo.

Sus señales:

– Caca: por primera vez ha señalado verbalmente y con voluntad de hacerlo. No siempre, pero alguna vez ha hecho el gruñidito que le hacía su padre cuando le ponía y después ha seguido diciendo “puaghh, puaghhh”. ¿Quién le ha enseñado eso? Nos reímos muchísimo cuando lo hace. Otras veces simplemente le vas a poner a hacer pis y él aprovecha para hacer caca también. Este mes ha empezado a practicar a sentarse él solo en el orinal pero siempre como juego.

– Pis: muy pocas veces leo sus señales a tiempo. O bien se acerca corriendo a mi, como suplicando que le coja en brazos, o bien le veo que se pone de pie en algún sitio a modo de “balcón” y en ese momento se para y lo hace. Es raro porque como es un terremoto, cuando hay un pequeño silencio notas algo raro y una voz que te dice: “va a hacer pis ¡ya!” Como pocas veces llego a tiempo, me funciona más lo de proponerle cuando creo que lo necesita y, si no tiene ganas, me lo dice.

Un paréntesis de vacaciones:

Hemos estado 5 días por Cantabria y nos hemos llevado calzoncillos y pañales de usar y tirar. La ropa interior la hemos usado cuando nos parecía y la hemos lavado y tendido en la posada donde nos alojábamos. El resto del tiempo nos hemos olvidado del tema y le hemos puesto desechables.

Por las noches:

Con 15 meses ya llevábamos un tiempo en el que habíamos notado que no le gustaba hacer pis por la noche así que solamente le cambiábamos el pañal de tela sin cobertor o, si no llevaba, el empapador de debajo. Muchas noches, independientente de usar pañales de tela, desechable o nada, me veía cambiándole 3 veces en sus respectivos despertares. Sin embargo, una noche se despertó y mamó como siempre, y el pañal estuvo seco durante toda la noche. Le puse en la palangana una de las veces, incluso quizás no le hubiese hecho falta, y así hasta por la mañana. Después de esa noche, decidí no ponerle a ver qué pasaba y ¡voila! no necesitó hacer pis por la noche ni mojó pañales durante unos días. Pero esos días pasaron y volvimos a lo de siempre: despertares, pañales mojados y tomas nocturnas para volver a dormir.

En eso llegó agosto y las vacaciones del papá, con lo que nos pusimos con el famoso “plan padre”. Lo que hicimos es que yo me fui a dormir a otra habitación y ellos se quedaron en la cama grande. Cada vez que se despertaba, su padre le cambiaba el pañal si lo tenía mojado y le intentaba volver a dormir (con brazos, meciéndole o con el carrito). Si no funcionaba, me lo traía a la otra habitación y yo le daba de mamar. Si se dormía así, se lo llevaba dormido. Y si necesitaba movimiento, se lo daba él y se volvían los dos a dormir. ¡Y esta vez sí que ha funcionado! ¡Sin lágrimas! Dormimos muchísimo mejor los tres y así llevamos todo el mes.

El sueño de Félix cada vez es más profundo y, aunque moje el pañal, sigue dormido. Incluso se le puede cambiar el pañal sin que se despierte, cosa rarísima antes. Yo creo que han influido tres cosas:

– es más mayor.

– camina y gasta muchísima energía.

– duerme con papá.

Hoy, por ejemplo, se ha dormido tardísimo, a las 00h y se ha despertado para mamar y volverse a dormir a las 9h30. ¡Esto era impensable hace unos meses! Ahora solamente nos queda adelantar la hora de dormir, jejeje…

Hemos vuelto a usar de tela sin cobertor por las noches y fenomenal. Si hay algún pequeño escape, como usamos la sábana bajera impermeable, no hay problema, ponemos una toalla y ya está. Preferimos la comodidad a ponerle el cobertor. Y de los desechables, nada, ¡al baúl de los recuerdos! Alguna noche que los ha usado se moría de calor, se quitaba el velcro y acababan los dos mojados. Yo siempre he sido partidaria de la tela pero el papá prefería el de usar y tirar para por las noches. Ahora ha visto que con el de tela, que además es de corchetes, duermen muy bien.

 Fuera de casa:

Desde que empezó a andar hace un mes está que no para quieto. Va en ropa interior y llevo siempre en el bolso otro pantalón, otro calzoncillo y un pañal, por si las moscas. A pesar de que le voy poniendo a hacer pis por ahí y que no es lo normal, ha habido algún “charquito” que otro en el parque, encima de su padre, en una tienda de ropa y en un bar. ¡Pero los hemos limpiado tan rápido con un poco de papel!

Supongo que la gente le parecerá un poco extraño que no le pongamos pañales pero tampoco nos dicen nada… En cualquier caso, a mi me da igual. En nuestra sociedad el pis de los bebés es como tabú y tiene una carga emocional que no termino de entender. Espero que algún día se normalice y sea tan corriente como que a un niño se le manche la camiseta al comer.

Los claroscuros.

Como ya expresé en un post anterior, no me gustan nada las etiquetas sobre crianza. Si te encorsetas en un molde previo, luego después puede ser difícil salir o reconocer que hay algo que no te hace sentir bien dentro de él. Yo, que no llevo sujetador ni me gustan los corsés más allá de lo teatral, me niego a atarme a una palabra. Sí me gusta el respeto y el amor, y esas palabras me inspiran a la hora de caminar por la senda de la maternidad, la sexualidad, la amistad y la construcción de un mundo mejor.

Sin embargo, a veces es difícil encontrar un equilibrio entre responder a las necesidades de un bebé y las nuestras como madres y padres.

Desde que nació mi hijo, hace 15 meses he pasado por mil tipos de situaciones: placenteras, dolorosas, anodinas, sublimes, rutinarias, divertidas… Como soy positiva y siempre hablo de lo bonito de la maternidad, hoy quiero hablar sin embargo de las piedras en el zapato:

– La soledad, de la que ya hablé en el post “¿Dónde están las mamás?”.

– El sueño interrumpido durante meses.

La primera la verdad es que la tengo más o menos superada y, a pesar de no haber encontrado ese grupo fijo de madres, padres y bebés desenfadados con el que encontrarme, lo llevo bastante bien. Sé que ese deseo de compartir está ahí, pero afortunadamente tengo un grupo de amigos maravilloso con el que siempre puedo contar. Por el camino he conocido a muchas mamás interesantes en cursos y talleres, pero lamentablemente viven todas muy, muy lejos. ¡Maldita gran ciudad!

El segundo es el que me ha da los mayores sinsabores y, en determinadas fases, como en la premenstrual, puedo escupir sapos y culebras y estallar de rabia e impotencia. En esos momentos brotan preguntas: ¿Tuve que insistir más en que cogiera el chupete a pesar de que mi hijo siempre lo rechazó? ¿Tendría que haberme sacado leche y que se la hubiera dado su padre por la noche? ¿En qué momento dejó de dormirse con él y pedir que le atendiera yo por la noche? ¡De pequeño sí que se dormía con él! ¿Por qué si se despierta sólo quiere estar conmigo? ¡Qué injusticia! ¡Qué le atienda su padre! (Le atiende él en mitad de la noche). Llantos. Gritos. ¡Maaaaamaaaamaaaaa! Le doy un poco de teta, cambio de pañal. Frito en 10 minutos. Nos volvemos a dormir hasta la siguiente… A la mañana siguiente el peque está fresco como una lechuga y yo con muuuucho sueño.

Y de repente una noche del tirón 5 o 6 horas. El pecho a rebosar y molesto. ¿Qué habrá pasado hoy para que duerma tanto? No hemos hecho nada diferente a la noche anterior… Misterios de la vida. ¿Y qué pasará esta noche? Otro misterio. Quizás ahora que ha aprendido andar la cosa cambie…

Sé que hay madres que tienen eso que llaman “agitación del amamantamiento”. Quizás he sentido eso en algún momento, pero yo no es que no quisiera dar de mamar, sino que no quería dar de mamar por la noche. Por el día la lactancia me parecía y me parece muy placentera, aunque ahora ya solo mama en la siesta. Por la noche quiero dormir. Ese término tan extraño (¿será una traducción del inglés?) no me termina de convencer. De nuevo es una etiqueta que puede enmascarar otras cosas, sentimientos que si se clasifican son más fáciles de asimilar.

Yo si hubiese dejado de querer dar de mamar, hubiese valorado y quizás hubiera destetado sin problema. Pero es que no quiero destetar, quiero dormir. Y a veces, mi hijo ni siquiera quiere mamar, quiere un vaso de agua y que le duerma en brazos moviéndome. Pero yo me desvelo…

Los despertares nocturos durante los primeros meses no me molestaban, ha sido con el paso del tiempo cuando me han resultado cada vez más molestos. Sin embargo, no sé qué tiene la maternidad que, aunque hayas dormido como si hubieses estado de festival o de juerga durante 10 días, al día siguiente te encuentras muy bien y el cansancio desaparece con un nuevo día.

Por eso, me gusta pensar que la maternidad, la lactancia, el parto, como una amistad o una relación amorosa, no son experiencias unidireccionales. Como cualquier experiencia humana tienen muchos matices. Y no tiene mucho sentido ni idealizarlos (aunque en algunos momentos caminemos en una nube) ni denigrarlos de forma global. Hay muchos tonos intermedios y fases, pero el camino que yo he elegido es el mismo que me gusta para la vida en general, vivir de forma consciente. Esto incluye no negar las emociones que me disgustan o me crean contradicciones.

A veces, un problema no tiene solución y nadie puede ayudarnos, sólo el tiempo lo cura o lo madura. Aún así, no puedo evitar sentir rabia o envidia si mi pareja duerme a pierna suelta mientras se despierta el peque. A veces le cambia él el pañal o le intenta dormir, pero es en vano. Otras veces se despierta y se queda sentado acompañándome, por solidaridad. Pero, ¿tiene algún sentido? Ojo, que no me quejo. Todas las tardes después de su curro se va con el peque a casa de mis suegros, le baña y le da la cena para que yo pueda tener mis momentos creativos para escribir o descansar. Pero las noches… ¡Ay! Las noches…

Así que, este es hoy mi grito de liberación, a lo “Network” (1976, Sidney Lumet): “¡Estoy hasta las tetas de no dormir!”

Y yo misma me contesto después de desahogarme: Ya pasará… Ya encontraremos el camino. Estamos aprendiendo… Siempre…

Crianza sin complejos.

No soy relativista, creo que hay cosas mejores que otras, para los bebés, para las madres, para los padres y para el medio ambiente. Si no puedo darle a mi hijo lo que considero que es lo mejor, pues no se puede, pero procuro no autoengañarme y reconocer que algunos días hago cosas que no me gusta hacer, quizás obligada por circunstancias externas, por falta de información, incluso por egoismo o pereza… (intento que no sea así, por supuesto…). Pero también tengo claros algunos principios inquebrantables, como atender sus necesidades, no dejarle llorar sin consuelo y darle leche materna hasta que los dos queramos y podamos. Coincide que además de ser principios son placeres diarios.

A veces, mis elecciones se dirigen hacia lo más sencillo. Otras veces requieren más esfuerzo, pero las tomo porque creo que es lo que tengo que hacer. Más allá de ahí, lo que mejor nos funciona es la flexibilidad, sin atarnos a dogmas o teorías pediátricas en las que tengamos que encajar a priori bebés y padres.

Por ejemplo, me encanta portear, llevar cerquita a mi bebé y ha sido lo más práctico durante los primeros meses y sobre todo, viviendo en un tercero sin ascensor. Por no hablar de los llantos al atardecer que hemos consolado y relajado porteando… Pero también tengo un carrito heredado que nos viene fenomenal en multitud de ocasiones, por ejemplo si sé que vamos a un restaurante y se va a echar una siestecita, si voy a la compra, si cogemos el coche… Ahora usamos el meitai y carrito para salir, dependiendo de la circunstancia, y fular dentro de casa para dormirle. ¡Estoy deseando que llegue el buen tiempo para pasear y portear a la espalda sin tantas capas de ropa!

En cuanto a la alimentación complementaria, le intenté dar papillas a los seis meses, vi que no quería nunca y probamos un mes después a que él mismo cogiera la comida que le preparábamos en trocitos. Como vimos que le encantaba, seguimos. Nunca le dimos trozos grandes de comida por miedo a que se atragantara y, como tampoco se trata de sufrir nosotros, seguimos así, con trocitos pequeños. Ahora por las noches, sin embargo, sí toma papillas con ganas y nos es mucho más cómodo darle una de cereales.

Usamos pañales de tela pero también hemos utilizado desechables los primeros dos meses. De hecho, guardamos algunos en el armario, por si los necesitáramos algún día. Me encanta haberme independizado de ellos y no me gustan nada, por muchas razones (dermatológicas, medioambientales…), pero gusta tener algunos en la recámara. Algún día que he calculado mal a la hora de lavar los de tela, hemos tenido que usar algunos.

Como le ponemos a hacer pis y caca en el orinal cuando sabemos que lo necesita, cada vez mojamos menos pañales de tela, pero aún así, los usamos para salir a la calle y por las noches, por si acaso estamos distraidos. Cada vez que hace caca en el w.c. o la palangana (suele ser una vez al día), le lavo en el bidé con agua tibia para que se quede limpito. Por eso, con el tema de los baños nos relajamos bastante y le bañamos una o dos veces a la semana. Además, la piel de un bebé es demasiado sensible para estar en contacto con tanto jabón de forma diaria. De hecho, quizás sería suficiente sólo con agua.

Unos días le dormimos en brazos, otros en fular y otros en carrito. Dormimos los tres en la misma habitación, con cuna pegada a la cama, porque nos gusta. Cuando pase el tiempo y él crezca, reorganizaremos la casa y tendrá su habitación.

Así es como a nosotros nos va bien ahora. ¡Sin complejos y sin etiquetas aprisionadoras!

Porque dormir a un bebé también puede ser un placer…

Os dejo un regalito:

Casi siempre duermo a mi bebé bailando una canción. Así, no me agobio si no se duerme y disfruto yo también, bailando con él y canturreando. ¡Viviendo el momento! Después, quizá se despierte varias veces por la noche, o no. Quizás no sea tan idílico como este video… No importa. ¡Que nos quiten lo bailaó! Un abrazo.

He usado esta canción de Emel Mathlouthi (Kelmti Horra – Mi palabra es libre) con permiso expreso de la autora. Si no la conocéis todavía, es una cantante tunecina maravillosa y combativa.

Nuestra experiencia con el sueño del bebé #1. – Las nanas.

Desde que era pequeño siempre hemos dormido a Félix de la única forma en la que no lloraba y estaba más tranquilo: en brazos, meciéndole y cantándole. En el transcurso de estos meses me he inventado canciones y he recuperado otras que escuché hace tiempo. También he descubierto el poder somnífero de los boleros y hemos bailado desde rumbas a música de Mali, mientras él iba quedándose frito en el fular. Otras veces, y últimamente cada vez más, nos va muy bien quedarnos casi a oscuras en la habitación y darle el pecho.

En pocas palabras, no ha sido el niño del que todo el mundo habla, que le dejas en la cunita y se duerme solo tan feliz. Tampoco nosotros nos hemos planteado en ningún momento que abandonarle en la cama llorando fuera la solución. Creo que el estar de excedencia y poder acoplarme mejor a sus ritmos de sueño nos ha ayudado bastante a relajarnos con el tema del sueño, aunque mentiría si no dijese que también ha habido noches en las que ya no sabía qué hacer para dormirle a la hora que YO quería. Seguramente sería porque nos acostábamos muy tarde y nos levantábamos también muy tarde, y claro, no tenía sueño hasta las 23h…

Recuerdo que los primeros meses después de dormirle, le dejábamos en su cuna (cerca de nuestra cama) y se despertaba más o menos a las 4h y a las 8h para mamar. Después, comenzó a despertarse más, no sé si serían los dientes, y alguna noche me dio la impresión de que era cada dos horas. Ahora, Félix se despierta dos o tres veces cada noche, le vuelvo a dar teta o ponerle a hacer pis y se duerme tranquilo. Si no lo hace es que tiene algún aire, le cojo, lo echa, más teta y a dormir. Y si aún así no se duerme al dejarle en la cuna, le pongo en el carrito y le muevo. Después le paso a la cuna cuando nos acostamos nosotros y, en mitad de la noche, después de mamar, muchas veces acaba en la cama con nosotros. Ese es, bromeando, nuestro “método” y la verdad es que nos va bastante bien. Supongo que, como todo es cuestión de perspectiva, otros padres pensarían que duerme fatal y que tiene que dormir del tirón y blablabla. Sé que descansa, duerme 11-12 horas por la noche, y se echa una siestecita después de comer.

Sobre las nanas leí esto en el prólogo de Carlos González al libro de Rosa Jové “Dormir sin lágrimas”:

“Asimismo, las canciones de cuna están prohibidas, aunque todas las culturas las hayan tenido , aunque los más grandes músicos las hayan compuesto , aunque recordemos aún las que nos cantaba nuestra madre. La misma prohibición ha caído sobre los cuentos para dormir , que ahora han de ser en todo caso cuentos para no dormir, pues está permitido contarlos siempre y cuando el niño no se duerma con ellos  y los padres salgan de la habitación dejándolo despierto.”

“Esta noche he dormido a mi bebé en brazos con esta nana-protesta. ¿Será la oxitocina o acaso no es una de las voces más maravillosas que han existido? Hoy reivindico el arte de dormir a un bebé, arte que no entiende ni de prisas ni de horarios industriales, como los que rigen el sistema en el que vivimos. Ojalá que la mamá del niño de la canción pudiera dormirle ella misma y no llevara esa vida tan dura…”

Colgué esta canción en mi facebook hace poco y una amiga me habló de otra nana que había cantado ella a su hijo:

Y me fijé en algo curioso y triste a la vez. ¿Todas las nanas tienen esas persuasiones y amenazas para dormir? Son dulces, sí, pero meten miedo con frases como “o viene el coco y te comerá”, “Y si el negro no se duerme, viene el diablo blanco y ¡zas! le come la patita”, “si no drume yo te traigo un babalao que da pau pau*”.

*Según la web Mamalisa: Un “mamey” es una clase de fruta que crece en Cuba, un “babalao” es un sacerdote de Santería y “pau” es un palo o un pan. Dar pau pau significa “pegar”. ¡Está amenazándole con un sacerdote que le pegará si no se duerme!

¿Con qué canciones dormís a vuestros bebés? ¿Sabéis de nanas que no lleven amenazas o den miedo a los niños?

Aquí os dejo una de nuestras canciones, que no es una nana pero más de una vez le he dormido con ella en brazos o en el fular. ¡Será el ritmo!

Y otra, sin chantajes ni miedos:

Y una preciosa nana sefardí, muy antigua, que me enamora con su embrujo:

Esta cantada por Ella Fitzgerald, un canción creada por Gershwin para una ópera. No parece que tenga mucho que ver con el argumento real de la obra, pero podría parecer también otra nana-protesta cantada por una nanny al bebé de los señores de la casa (“tu padre es rico y tu madre es guapa”).

Esta la incluyo gracias al comentario de Isabel: