¿Necesitamos que el Estado nos “proteja” cuando damos de mamar en público?

En la piscina del barrio.

La lactancia materna en la esfera pública no necesita leyes o protección de Papá-Estado sino madres valientes y seguras de sí mismas para estar y dar de mamar en todos los ámbitos de la vida. Centrar el activismo en solicitar una ley estatal específica es como pedir una ley que proteja a las parejas que desean besarse por la calle. En mi opinión, lo que no tiene que haber son leyes o normativas que prohiban los besos o la lactancia en público, pero más allá de ahí el Estado no tiene que meterse.

Si una mujer es expulsada de una tienda, de un museo o de cualquier lugar por amamantar, son los que expulsan los que tienen que demostrar o justificar la “ilegalidad” o el carácter supuestamente ilícito de la lactancia materna. No tenemos que demostrar nuestra “inocencia”, son ellos los que tienen que demostrar nuestra supuesta “culpabilidad”.  No somos nosotras, por tanto, las que tenemos que exigir su legalización o protección. Además, si esas normativas discriminatorias existen en determinados centros entrarían en contradicción con derechos constitucionales:

Artículo 14: Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

    Es decir, si se trata de leyes, ya hay una ley de leyes que se llama Constitución. Si alguien lo desea o necesita, puede ir con ella bajo el brazo y sacarla cuando algún personaje nos expulse o trate de evitar que hagamos nuestra vida normal. También existe la denuncia pública y se pueden hacer “tetadas”, repartos de panfletos denunciando lo sucedido, boicots, desobediencia civil o incluso denuncias en los juzgados.

    La lactancia materna en público no está tipificada tampoco como delito en el código penal.  Es más, si hacer nudismo es legal en cualquier espacio público en España, ¿no va a ser totalmente legal alimentar con tu cuerpo a tu hijo, algo que no afecta directamente a nadie más? Hace años que ya no existe el delito de “escándalo público”. En realidad no es que hacer nudismo sea legal o que esté “protegido”, es que es ilegal que te impidan ir desnudo, incluso hay una sentencia, según esta web, que respalda que una persona pueda “desobedecer a los agentes de la autoridad y negarse a vestirse incluso aunque exista una ordenanza o reglamento local que prohíba el nudismo. Para ello basta con que el bañista esté convencido de que la normativa es ilegal”.

    ¿Y que pasa con las tiendas o centros comerciales? ¿No son lugares privados con su propia regulación? Pues algo parecido pasa con las discotecas y los derechos de admisión.  Si hay condiciones específicas para entrar o permanecer tienen que estar expuestas de forma clara y visible y, por supuesto, no pueden ser discriminatorias ni por razón de sexo, edad, raza, orientación sexual, etcétera. Si lo son, son injustas y anticonstitucionales. Se puede luchar por la vía de la presión social o por la vía legal y llegar hasta el Tribunal Constitucional. En cualquier caso es así. No basta que en el consejo escolar de una escuela infantil se haya votado que no se puede amamantar. Esa normativa no tendría validez. ¿Y si la norma es que se puede amamantar en otra sala pero no en el aula? Para este tipo de casos tampoco se necesita pedir una ley que proteja la lactancia. Si es discriminatoria (por ejemplo, si se alegan motivos de “respeto” o “pudor” y al resto de padres se les permite permanecer en el aula) sería inconstitucional y se podría recurrir.

    Lo mínimo que se puede pedir a una norma es que esté justificada de alguna forma, a no ser que lo que se pretenda es enseñar a obedecer de forma ciega e irracional. Desde luego, las normas absurdas sí que son un ejemplo perfecto del verdadero curriculum oculto de las instituciones, tanto para adultos como para los niños.

    A más victimización, menos normalización

    Una cosa es exigir el cese de una discriminación con esfuerzo y tesón (incluso aunque eso termine en los tribunales estatales) y otra es pedir una ley que proteja una acción vital cotidiana como puede ser amamantar, respirar o llevar minifalda. Incluso aunque las personas que luchen por ello lo hagan con la mejor de las intenciones el resultado va en la dirección contraria. Además de victimizar provoca una situación extraña y contraproducente con la lactancia, porque en lugar de considerarla algo normal, la convierte en algo raro, exótico y en peligro de extinción. Es reconocer una debilidad y una derrota inexistentes, justo en el momento en el que más mujeres están conociendo la lactancia, reencontrándose con ella y amándola, después de una época de ostracismo en la que casi desapareció. Por cada caso discriminatorio hay cientos de lactancias en público corrientes, normales, tranquilas, respetadas o, simplemente, ignoradas (a mi no me han expulsado de ningún sitio en dos años de lactancia). Eso no quita que haya que luchar contra la discriminación sino que, si se produce, hay que enfrentarla de manera directa de forma individual y colectiva.

    Hay personas que piensan que la falta de legislación produce vacíos legales. Yo creo que las normas deberían ser las mínimas para una convivencia respetuosa, el resto debería ser un amplio campo de libertad y responsabilidad. El Estado no es quién debe decirnos dónde y cómo podemos amamantar porque no es de su incumbencia. Tampoco lo es de la vecina del tercero ni del panadero ni del guarda de seguridad del centro comercial. No dejemos que más y más áreas de nuestra vida, de nuestra autonomía, que no afectan a terceros, se queden en manos de instituciones del poder. Eso no es reivindicar un derecho, es una dejación del deber moral de ser libres.

    Haciendo un paralelismo con el tema de los besos en público, en algunos países se te puede multar por besar a tu pareja por la calle en base a alguna extraña ley. Lo lógico es luchar porque esa discriminación legal finalice. Cuando no hay una ley que prohibe los besos en público y un camarero te expulsa de un restaurante por besarte con tu novio es él el que tendría que justificar legalmente la expulsión, no tú. Y a lo mejor incluso le puedes denunciar por hacerlo. 

    Aunque no haya una ley específica si quieres denunciar que te han expulsado por amamantar lo puedes hacer ya con la legislación actual. Quien no denuncia ahora tampoco lo hará después porque la justicia si no se lucha por ella en el día a día, por mucha ley que haya, desaparece. Por eso, en lugar de normalizar la lactancia, reivindicando una ley específica, lo que se hace es todo lo contrario. Se enrarece un proceso natural, se lo señala como un acto extraño que necesita de esa especial protección, cuando la realidad es que, entre otros factores, gracias a todas las mamás que amamantamos sin complejos, la lactancia de facto se está normalizando día a día, sin necesidad del Estado ni de la autoridad. Esa ley sería un paso atrás.

    La mayor protección es vivir y lactar donde queramos y quieran nuestros bebés. La mayor protección es hacerlo seguras de nosotras mismas. No necesitamos tutela del Estado en este aspecto sino el respaldo de la gente común, hombres y mujeres que quieran vivir en libertad y con respeto mutuo. Son las mujeres que se enfrentan a las situaciones injustas (y no las leyes victimizadoras) las que cambian el mundo a mejor, y si no que se lo digan a Rosa Parks, la mujer que se negó a ocupar los asientos específicos para negros de los autobuses.

    Después de leer lo que he escrito quiero matizar antes de terminar. Es posible que la protección del Estado haga sentirse seguras a muchas mujeres a la hora de enfrentar injusticias como la de ser expulsadas de algún lugar por amamantar. Si esto es así es porque hemos llegado a un punto en el que recurrir a la autoridad para pedir protección se ha vuelto normal e incluso imprescindible en muchas ocasiones. Desde la cuna a la tumba hemos sido educados y funcionamos a base de premios y castigos otorgados por personas que se encuentran en una situación de poder. Por eso, no quiero terminar siendo tajante. 

    Si algo me ha enseñado la maternidad es que hay cosas que están dibujadas en blanco/negro sin matices y otras están en escala de grises. Yo misma, muchas veces he recurrido a la policía para intentar acabar con algunos abusos que, si existiera una comunidad vecinal, se habrían solucionado entre los propios afectados sin necesidad de la autoridad que representan unos hombres y mujeres armados por el Estado. Pero como estamos solos e incomunicados no hay forma de afrontar los más nimios problemas de convivencia. Ninguna de las dos opciones (no hacer nada y sentirse oprimido o recurrir a la autoridad) es buena ni soluciona nada. La segunda te salva momentaneamente, pero es pan para hoy y hambre para mañana, ya que no se enfrenta el gran problema convivencial existente y este, en lugar de desaparecer, se hace más grande. Por eso, ante estos dilemas, sería muy hipócrita por mi parte pedir a los demás lo que yo misma no he sido capaz de hacer. Con esta última reflexión me despido.

    Un abrazo tanto para las personas que piensan que una ley las va a proteger como para las que pensamos que la única protección posible es la seguridad que da saber que estás haciendo lo correcto.

    ¡Desobediencia ante la injusticia! ¡Vive y deja vivir!