De la simbiosis a los destetes

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He leído parte de un libro que me ha parecido fascinante sobre psicología y primatología. Se titula “Parenting for Primates” (Crianza para Primates) y tiene un capítulo muy interesante sobre los “destetes”: el destete del pecho, el “destete” del colecho y el “destete” del porteo.

Hace tiempo que observo que en el mundo de la crianza autodenominada “respetuosa”, “consciente” o de la crianza con apego, o incluso en el mundo lactivista (no me identifico con ninguna etiqueta de la crianza) hay cierto tabú en torno a este tema. Se habla de destetar sin lágrimas, de que lo ideal es que sea el bebé el que decida dejar de mamar, que no hay que “forzar”, que hay que esperar a que esté listo… En definitiva, como si hubiera algún problema en hablar de cualquier tipo de conflicto que pueda suceder durante el proceso, como si ese conflicto fuera negativo para los niños siempre, o como si la base segura desde la que explorar el mundo consistiera en satisfacer las necesidades del hijo en todo momento y lugar y hasta que el niño decida que ya no lo necesita. De todo esto hablé en un post sobre el “destete natural” en el mundo mamífero que escribí después de leer una entrevista a Naomi Aldort.

Pues bien, en el libro de Harriett J. Smith se explica cómo la maternidad primate (en su enorme variabilidad individual y de tipos diferentes de primates) satisface todas las necesidades de la cría con muchísima dedicación hasta llegado un cierto momento, normalmente hasta que la cría deja de depender con tanta intensidad en el amamantamiento y activa la vida fértil de su madre de nuevo, con la consiguiente llegada de un nuevo embarazo y, por tanto, un nuevo hermano. En los grandes simios este proceso puede durar años, por ejemplo, las hembras chimpancés que viven en libertad paren cada 4 o 5 años, pero puede ser más corto en otras especies.

Los distintos “destetes” mencionados no son bien aceptados por las crías y la protesta, las rabietas y el conflicto son totalmente normales:

“Idealmente, las madres retiran gradualmente el cuidado (care, en inglés) en respuesta a su conciencia del aumento de la madurez y competencia de sus crías. Los psicólogos comparativos Harry y Margaret Harlow llamaron a este período en la relación materno-infantil “la fase de la ambivalencia”, cuando las madres van siendo más indiferentes a las necesidades y deseos de sus crías. A medida que las crías son más capaces, las madres son menos sensibles, y los jóvenes consiguen independencia. Cuando los jóvenes (youngster, en el original) buscan a su madre, buscarla se convierte en su responsabilidad. Si desean confort, se acercan a ella para ser acicalados o para un abrazo, y si tienen miedo, se quedan a su lado. La retirada del cuidado de su madre les manda el mensaje poderoso de que son capaces de cuidar de sí mismos. La danza de un paso para adelante y un paso para atrás de los padres y las crías continúa hasta que alcanzan la vida adulta”.

La crianza “incondicional” no es eterna o se deja en manos de las crías. No es que las madres rechacen completamente a estas últimas sino que, como dice Harriett J. Smith, los hijos ya no pueden esperar que sus madres sean tan consistentes en su forma de responder a sus necesidades. En las sociedades de cazadores-recolectores ocurre algo muy similar, ya que la lactancia en tándem es excepcional y el niño que más años mama es el último. El conflicto del destete es algo totalmente normal y no significa que las crías vayan a tener ningún tipo de trauma emocional en la vida adulta. Es parte de nuestro “continuum” como especie. Lo que seguramente no lo sea es que ese conflicto pueda darse con tan sólo unos poquitos meses, en edades en las que incluso hacen falta sustitutos, leches adaptadas de madres de otras especies domesticadas.

¿Y cómo destetan las madres primates no humanas? Tal y como explica la autora en el libro, primero, intentan evitar el amamantamiento cruzando los brazos, alejándose. Cuando esto no funciona tratan de distraer a sus crías con otras actividades como el acicalamiento o el juego. Cuando esto también falla utilizan amenazas o son un poco más agresivas. Dice Smith que los primates en libertad rara vez recurren a la agresión directa, son muy tolerantes durante el destete aunque exista mucha diversidad entre cada madre en la forma de hacer las cosas. También ofrecen otros lugares de succión como los labios o la piel.

“Desdete” del porteo

Este destete también puede ser conflictivo y ocurre a la vez que el de la lactancia. En algunas especies ocurre de un día para otro, con la llegada del “hermanito”. Afirma la autora que la transición es más suave en las especies en las que los machos ofrecen alguna ayuda en la crianza, destacando así el papel del cuidado alomaternal (todas las personas que no son la madre). En el libro, también se habla de algunas sociedades de cazadores-recolectores como los Kung o los Aché en las que este “destete” del porteo se produce a los 4 años o 5 años respectivamente. En los Aché en concreto dice que se trata de un destete conflictivo, con muchas lágrimas y rabietas. De nuevo, reflexiono en voz alta, está bien recordar que los conflictos entre madres e hijos no son algo propio de una sociedad enferma (que en muchos sentidos la nuestra lo está) sino que también están en relación con el ambiente y las condiciones externas en las que se produce la crianza en cada cultura. El ser humano siempre tiende al equilibro dinámico con el entorno, aunque las circunstancias ambientales puedan estar tan alteradas que choquen con cómo hemos sido hasta hace muy poco desde un punto de vista evolutivo.

“Destete” del colecho

El libro “Crianza Para Primates” nos cuenta que en las sociedades de cazadores-recolectores este destete también ocurre con la llegada de un nuevo hermano, aunque esto no signifique dormir solo sino con una abuela, tía, padre u otro hermano. De nuevo se resalta el enorme papel de la “alomaternidad” en la crianza cooperativa humana, como diría la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy. Y aquí me gustaría traer a colación otro libro, el de Bronislaw Malinowki, “La vida sexual de los salvajes del noroeste de la Melanesia” en el que se habla del destete de la lactancia y del colecho con la propia madre:

“Generalmente el destete no se hace antes de los dos años, es decir, antes de la época en que, según los indígenas, el niño es capaz de decir claramente “bakam, bamom” (quiero comer, quiero beber). Durante el destete, el niño es separado de su madre y duerme con el padre o con la abuela paterna. Cuando llora durante la noche se le da un seno seco o un poco de leche de coco. Si se muestra nervioso y desmejorado se le lleva a una aldea lejana en la que tenga parientes, o bien; si sus padres viven en una aldea del interior, se les lleva a la costa. Estos cambios de lugar se consideran esenciales para recobrar la salud y el buen humor.”

Esto sé que a muchas personas les parecerá poco “respetuoso” pero tenemos que tener en cuenta de nuevo que nuestra manera de criar como especie está muy condicionada por los recursos del ecosistema en el que vivimos, por la alimentación disponible, por la fertilidad/fecundidad de las mujeres en cada cultura. Y todo ello está en interrelación y equilibrio dinámico. Esta es mi opinión personal, pero creo que no se puede mirar con gafas del siglo XXI (gafas de sociedad de consumo con sus pañales de usar y tirar y sus estantes de supermercado llenos, con gafas de ser humano domesticado pero que se cree muy libre…) ni la Historia, ni las otras culturas. Hay formas de relacionarnos que son a todas luces crueles y donde no cabe el relativismo, pero hay otras zonas en las que sí hay que tener una escala de grises para valorarlas, mucho más cuando se entiende que hemos evolucionado criando de forma cooperativa.

En este sentido, creo que es un poco aventurado, aunque se podría debatir sobre el tema, escribir sobre el destete o de los destetes desde el mito del buen salvaje basándonos en culturas como la trobriandesa que interpreta Malinowski y reinterpreta Wilhelm Reich (La función del orgasmo) con argumentos del tipo:

a) “La lactancia también debe ser autorregulada, a demanda del bebé. En las islas Trobriand la lactancia es a demanda, prolongada, con contacto…en estas islas recordemos que no sólo no se da  el complejo de Edipo (o de Electra), sino que ni siquiera existe la etapa edípica que facilita que este se produzca.”

b) “Siempre y cuando nuestra realidad lo permita, lo ideal en cuanto al destete es que se produzca por iniciativa del niño”.

c) “Una de las cosas que nos diferencia de estas culturas más sanas, es la no represión de la sexualidad, ya sea la infantil o la adulta. Tampoco hay represión de la sexualidad femenina, base de la enfermedad de nuestra sociedad en cuanto a que la mujer es la que engendra, pare y tiene tanta importancia respecto al desarrollo psicológico de niños y niñas, como veremos después.  Pero, sobre todo, y también reñido con el tema sexualidad, en estas sociedades se respeta la autorregulación, el estar en contacto con lo que uno siente, necesita y poder expresarlo”

Como vemos, en este texto de Laura Perales Bermejo, psicóloga infantil especialista en prevención y presidenta de la Plataforma por la Crianza con Respeto, se obvia que esa sociedad sana idealizada no realiza la idea de destete respetuoso que se defiende como óptima en el mismo informe y ni siquiera se espera a los 3 años… Pero, entonces, ¿es o no es sana esa cultura? ¿Lo es teniendo en cuenta algunos aspectos y no otros?

En el caso de Reich esto es todavía más llamativo porque este autor afirma que los trobriandeses (“filtrados” por Malinowski) tienen una sexualidad libre (pg. 223) pero “la homosexualidad y la masturbación sólo significan para ellos formas artificiales y no naturales de gratificación sexual, un signo de una perturbación de la capacidad para alcanzar la satisfacción normal”. Habría que ver realmente qué pensaban los y las trobriandesas, qué hacían realmente en su vida más allá de lo que le contaron a Malinowski (“del dicho al hecho hay un trecho”) y, por último, comprender que lo que hace verdaderamente libres a muchas sociedades de cazadores-recolectores y tradicionales es su silencio, es decir, todo lo que se hace y sobre lo que no se teoriza sino que simplemente se vive. Pienso, por ejemplo, en uno de los libros que ha cambiado mi forma de ver la vida (“Nisa. Life and Words of a Kung Woman”, de Marjorie Shostak) del que tantas veces he hablado en mis artículos, donde por fin una mujer occidental le pregunta directamente a una recolectora cómo vive su vida, qué siente en sus partos, cómo ha sido su niñez, su propio destete, sus abortos… Nisa le cuenta a Marjorie que hay un mundo paralelo, el de los niños y su vida sexual, muchas veces sexo homosexual entre amigos y amigas, y también otro mundo paralelo secreto de “amantes” en el que existe la pasión y el “romanticismo” (para que nos entendamos en nuestra cultura) más allá de la pareja oficial. Todo el mundo sabe que los niños y niñas tienen vida libre sexual. Todo el mundo sabe que las mujeres y los hombres tienen amantes y relaciones fuera del matrimonio pero no se explicita, se vive. Es fuente de conflictos y de celos cuando el marido o la mujer lo descubre, pero es un terreno de libertad total.

Después de este inciso, me gustaría volver al libro de Harriet J. Smith. En los primates, cuando llega una nueva cría, el hermano mayor pierde el privilegio de dormir con la madre en el mismo nido. Aún así lo intenta y la madre construye otro nido en otro lugar hasta que, en este juego, al final la cría mayor se acostumbra a dormir en su propio nido en un lugar cercano. De nuevo aparece aquí el clásico “tira y afloja” que se ha descrito antes con los otros destetes. Es normal que la cría lo intente y es normal que la madre lo vaya apartando. En la crianza primate no es lo “ideal” que la cría se vaya sola a su nido cuando sea mayor o cuando “esté preparada”. Hay una intervención de la madre y una reacción natural y totalmente comprensible de la cría mayor. No es que sea un conflicto durísimo y agresivo, sino que simplemente la madre va marcando ese camino y ahora, al llegar un nuevo bebé, es ese el que duerme con ella.

Los humanos tenemos libre albedrío (o al menos eso nos creemos) así que creo que no nos hace falta buscar justificaciones ni en el mundo primate, ni en otras sociedades, ni en expertos de la crianza. No tenemos que pedir permiso al mundo animal si queremos dormir cuatro o cinco en la misma cama. Tampoco a los trobriandeses o a los Kung. Hagamos lo que nos haga sentir mejor, siguiendo nuestra propia conciencia ética del cuidado y del apoyo mutuo, todo ello en el marco de nuestras posibilidades; rebelémonos contra las circunstancias externas e internas que no nos permiten cuidar y criar como nos gustaría. Y, sobre todo, no nos autoengañemos.

Relacionadas:

Tabúes históricos sobre la lactancia materna

El destete natural

Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981)

La menstruación biocultural

Bibliografía complementaria:

La madre patriarcal

No está de moda admitir que gran parte de las mujeres ha sido corresponsables en el mantenimiento del patriarcado y, más en concreto, en el control de la sexualidad y maternidad de sus hijas. Acabo de encontrar un ejemplo histórico en el que se ve como una madre patriarcal romana y un “experto” opinan y discuten entre ellos sobre lo que tiene que hacer una hija y un bebé con su lactancia. La madre castra la simbiosis madre-bebé con el argumento del “porsubien” (por el bien de la hija). El experto ajeno a la familia lo hace con otro argumento del “porsubien” (por el bien del bebé), en este caso un argumento bioclasista/racista, ya que el bebé se podría “contaminar” a través de la leche del pueblo. Todos eran de clase aristocrática y vivían bajo el patriarcado legal y social romano. El experto además era lo que hoy llamaríamos intersexual, demostrando que eran argumentos que estaban implantados en la clase alta en general, no solamente en los “hombres”:

“No todo el mundo aprobaba la práctica de usar nodrizas, pero estaba bien implantado. Aulus Gellius recuerda cómo acompañó al filósofo Favorinus a visitar a uno de sus últimos alumnos, un senador de una familia noble. Su mujer acababa de tener un hijo, y Favorinus deseaba darle la enhorabuena: “Cuando le dijeron lo largo que había sido el parto, lo difícil que había sido, y que la chica, superada por los esfuerzos y la falta de sueño estaba ahora durmiendo, él comenzó a hablar. “Sin duda, dijo, “¿ella amamantará a su hijo con su propia leche?”. Pero la madre de la chica dijo que tuvo que ser salvada de esto, y hubo que conseguir nodrizas para que la cansada y difícil tarea de amamantar no se sumara a los dolores que había sufrido durante el parto”. Esto enfureció a Favorinus, “¿te crees que la Naturaleza proveyó a las mujeres con pezones como si fueran lunares?” Y siguió así por un rato. Los argumentos que usó eran un poco falaces ya que argumentaba que: “si de la que piensas proveerte de leche es una esclava o una persona de antecedentes serviles, y, como suele pasar, de origen extranjero y bárbaro, si es deshonesta, fea, inmodesta, bebedora,” algunas de sus cualidades desafortunadas podrían ser transferidas al niño que alimenta, a través de la leche. Las autoridades modernas podrían estar de acuerdo en principio, aunque el efecto que postularían sería psicológico más que fisiológico. Favorinus, un Galo Helenizado de Arles, del que se decía fehacientemente que era hermadrodita, era un filósofo prominente en el reino de Adriano y en la primera parte del reinado de Antoninus Pius.”

Tanta empatía mal enfocada, tanto “porsubien” ignorante, peligroso para la salud de ambos y que iniciaba una relación de mutua desconexión que se transmitía de generación en generación en las clases gobernantes…

Creo que es necesario estudiar el papel de la madre patriarcal para evitar sesgos sexistas en el estudio del patriarcado (por ejemplo, cuando se dice que es “el hombre” en abstracto el que ha intentado siempre controlar la sexualidad de la mujer). En la aristocracia romana eran las madres las que educaban a los hijos como futuros líderes durante sus primeros años.

“Meditaciones” de Marco Aurelio

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Hoy me planteaba la corresponsabilidad de las mujeres en el mantenimiento del patriarcado, en este caso el patriarcado romano, y he llegado a este texto de Marco Aurelio en el que se acuerda de su padre, su madre y su nodriza. Tomado de http://www.imperivm.org/ :

4. Camino siguiendo las sendas acordes con la naturaleza, hasta caer y al fin descansar, expirando en este aire que respiro cada día y cayendo en esta tierra de donde mi padre recogió la semilla, mi madre la sangre y mi nodriza la leche; de donde, cada día, después de tantos años, me alimento y refresco, que me sostiene, mientras camino, y que me aprovecha de tantas maneras.

Sigo reflexionando sobre este tema, ya que las madres de las clases altas se dedicaban a educar (de criar se encargaba la nodriza y criadas) a los futuros líderes durante los primeros años y apoyaban plenamente las leyes patriarcales romanas.

Carta a “La Paz”

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Fotografía: Alicia Bendito

Han pasado tres años y medio y una serie de acontecimientos vitales me han permitido, por fin, hablar sobre mi primer parto. Fue un parto en casa intenso y con algunos bloqueos personales. Fue un parto asistido por una matrona colegiada pero vivido en secreto, ya que pensamos que no contarlo a familiares y amigos nos protegería de sus posibles comentarios negativos respecto a nuestra decisión. La realidad es que esta visión de estar haciendo algo casi prohibido no ayuda a que el parto fluya, tampoco ayuda que no exista una coordinación real entre los partos en casa y los hospitales del Estado, como sí existe en otros países como Reino Unido y Holanda.

Si hay un problema no eres bienvenida en determinados hospitales estatales y llegas estigmatizada. Por otro lado, algunas personas elegimos parir en casa porque no estamos de acuerdo con cómo se aborda el parto normal en los hospitales, de una forma demasiado intervencionista y muchas veces violenta, y porque pensamos que la experiencia va a ser más respetada en nuestro propia casa, siempre que sea un embarazo de bajo riesgo y se cumplan unas medidas de seguridad. Pero, ¿puede ser seguro si somos personas non gratas en los hospitales que hemos elegido en nuestro plan de parto o son los más próximos para atender las posibles complicaciones?

Es la pescadilla que se muerde la cola. Este divorcio entre dos mundos, el del parto en casa y el mundo hospitalario, significa que se convierten en antagónicos cuando deberían trabajar conjuntamente o complementarse.

La aproximación a la memoria de este evento tan trascental en nuestras vidas ha necesitado de varios años de reposo y un nuevo parto lleno de oxitocina natural, un parto imparable, doloroso y sencillo para poder abordar la vivencia pasada del primero. Es decir, he necesitado que el tiempo y la madurez me ayudaran a enfrentarme a lo vivido y pudiera volver al pasado para cerrar un ciclo y darle un sentido. El segundo parto me ha dado la energía y la fuerza para que sea más fácil hablar del primero, pero aunque no hubiera tenido más hijos también habría escrito esto tarde o temprano. Pensar que pasando página los traumas se curan solos creo que es un error. Nunca se van, solamente parecen dormidos, como fantasmas que vuelven a atormentarte una y otra vez… Hay que mirarlos a la cara, aunque duela, para poder superarlos y salir reforzadas.

Con la esperanza de que mi experiencia pueda servir a otras personas en la toma de sus decisiones y que mejore el trato humano recibido en los hospitales me atrevo a compartir un parte de mi intimidad y mis vivencias personales (¡gracias a todas esas valientes que se han atrevido a hablar de violencia y agresividad en sus partos y pospartos antes que yo!). Tenemos que ser conscientes que el silencio, independientemente del lugar donde se desarrollen los partos, colabora con la perpetuación de las malas prácticas e impide que las cosas mejoren. No es una queja al uso porque en realidad lo que busco es un cambio y una entrevista con las personas que no me trataron en el hospital como yo creo que debían haberlo hecho. No me interesa ni el dinero ni el victimismo. Me hago responsable de mis decisiones para bien y para mal, reconozco mis aciertos y mis errores.

Sobre los bloqueos personales me gustaría hablar largo y tendido pero tendría que hacerlo en otro post. Casi cuatro años después de la experiencia lo puedo decir y repetir una y otra vez burlándome de mi orgullo: no lo podía saber en ese momento y ningún curso podía prepararme, pero no estaba preparada para un primer parto domiciliario dadas mis circunstancias vitales durante ese embarazo (lo viví en pleno conflicto laboral y sin maternaje), la mochila que llevaba a cuestas de adoctrinamientos varios y la pérdida de la cultura del parto en casa. Además, creo que tenía que haber sido trasladada al hospital mucho antes de lo que lo hicimos. Pero todo ello no es motivo ni justificación para todo lo que vino más tarde. Por mucho que lo intentaran, ni me averguenzo ni me autoodio.

Después del traslado, fui maltratada en el hospital por haber parido en casa y se me dio de alta sin tratar, sin advertirme ni marcar un tratamiento o un control sobre mis niveles de hemoglobina en sangre lo que me puso en verdadero peligro durante el primer mes de vida de mi hijo. Todavía pienso que fue un milagro que consiguiéramos mi hijo y yo establecer la lactancia materna como lo hicimos en esas circunstancias. Hasta hubo quien pudo pensar que sufría depresión posparto cuando lo que tenía era una anemia terrible…

Me encuentro, por tanto, en terreno de nadie. Las personas que no aprueban el parto domiciliario asistido por matronas dirán que soy una irresponsable y creerán que este escrito les da la razón. No es así y la experiencia holandesa, entre otras, creo que lo avala. Esto no impide tratar de comprender y asumir las dificultades crecientes que se observan también en los partos en casa y que bien señala Michel Odent en su último libro (por ejemplo, se detecta que cada vez son más largos). Por otro lado, las personas que apoyan el parto en casa casi nunca hablan de las experiencias que no salen bien, no se habla de los que tienen problemas y casi nadie publica sus historias de parto dificultosos o que tuvieron que requerir un traslado al hospital.

Esta es la carta que he enviado a La Paz (he borrado los datos personales o características físicas que pudieran identificar a personas concretas) para quejarme del trato y solicitar una entrevista con las personas que me atendieron. Puede que tenga un estilo demasiado “legalista” y quizás frío. No es mi “idioma” pero he preferido usar el formato que creo que mejor comprenderán y al que están acostumbrados, mezclándolo con palabras que salen del corazón. Escribirlo ha sido muy sanador y se han curado muchas heridas… No quiero guerra, quiero paz, pero no una falsa “Paz” después de la Guerra (Civil), como bien ilustra el origen del nombre de esa institución

 

AL CENTRO HOSPITALARIO PÚBLICO UNIVERSITARIO “LA PAZ”

SERVICIO DE ATENCIÓN AL USUARIO

PASEO DE LA CASTELLANA, 261, 28046, MADRID

Madrid, 30 de octubre de 2015

Yo, Tania Gálvez San José, ante este organismo comparezco y formulo esta queja contra el trato recibido en el servicio de Maternidad del Hospital Universitario de La Paz y solicito entrevista con la matrona de la planta nº11 que me atendió mientras estuve ingresada (cesáreas) o el Jefe de Servicio de Obstetricia y Ginecología de la Maternidad de La Paz en su defecto por los siguientes

MOTIVOS

Primero.- En 7 de abril de 2012 a las 22:20 nació mi hijo en mi domicilio del barrio de Tetuán de Madrid, en un parto en casa asistido por una matrona colegiada y especializada en este tipo de partos. Todo el embarazo fue seguido en el centro de salud y de especialidades José Marva de Madrid, siendo un parto de bajo riesgo y, en el plan de parto presentado a mi matrona quedaba previsto que, en caso de surgir cualquier complicación o urgencia durante el mismo (como fue el caso), el hospital elegido por su cercanía para mi asistencia sería La Paz.

Segundo.- Después de nacer mi hijo decidimos llamar al Samur 112 y desplazarnos a La Paz ya que la placenta no era expulsada y consideramos que era más seguro, dada la evolución del parto, extraerla en un medio hospitalario y comprobar que no quedaban fragmentos con un ecógrafo. Además, después del nacimiento había perdido el conocimiento durante unos instantes y me fue administrado suero por este motivo.

Una vez que llegamos a La Paz para extraer la placenta (mi bebé y yo juntos en todo momento) recibí el comentario hiriente de dos ginecólogas que me dijeron, sin motivo aparente, que “dejara de reirme, que lo mismo tenían que hacerme un legrado con anestesia general”. En ningún momento, como comprenderán dado mi estado, estaba riéndome. Sólo intentaba mantener la calma y una actitud cordial, quizás sonriendo (¡acababa de nacer mi primer hijo y de convertirme en madre!), pero en ningún momento faltando al respeto como sí se me faltó a mí. Ese comentario me hizo bajar de repente a la dura realidad amenazante de un hospital como el suyo. Tenía que dejar de sonreir, lo que hice asustada al instante. Llegó otro ginecólogo y tirando de la placenta (no sentí ningún dolor en ningún momento) salió. Su trato fue respetuoso, hizo su trabajo de forma correcta sin realizar comentarios ni juzgar (en el informe clínico, historia clínica XXXXXX, pone “alumbramiento extracción manual de placenta a las 2:30 horas del día 08-04-12. Placenta completa. Membranas completas”). Las ginecólogas de antes revisaron con el ecógrafo que no quedaran restos, exploraron con la mano y me subieron a planta. Mientras, a mi hijo le hicieron todas las pruebas y mediciones que consideraron pertinentes. Me hubiera gustado que no me lo separaran de mí y que esas pruebas se hubieran hecho en otro momento.

Tercero.- Una vez en planta (XXXXX), el maltrato psicológico y verbal por parte de diferentes enfermeras, matronas y auxiliares continuó. Se continuó criticando y opinando sobre mi decisión de parir en casa, invadiendo mi intimidad y cuestionando mis ideas. Durante toda mi estancia (desde el 8-11 de abril de 2012) se hacían comentarios no solicitados o preguntas sobre mis motivos para haber elegido parir en casa o juicios de valor negativos sobre mi decisión. Hasta el punto de que una profesional, a la que le estaré eternamente agradecida por haberme enseñado a amamantar y por haberme defendido de los comentarios hirientes de sus compañeras, les dijo a algunas de ellas que pararan. Ese es el tipo de profesional respetuoso, valiente, no corporativista y que, sobre todo, realiza bien su trabajo que debería ser el emblema de su institución.

Cuarto.- Después de dos noches sin dormir cada vez que el personal sanitario entraba en la habitación se hacía sin las mínimas condiciones de respeto como hablar bajo o no encender las luces, condiciones que sí se contemplan en otros hospitales a día de hoy (he visto carteles en este sentido en los paritorios del 12 de Octubre y sí se respeta en el hospital de Torrejón). En nuestra habitación se entraba a cualquier hora del día o de la noche sin llamar, encendiendo luces y haciendo ruido, incluso cuando dormíamos o lo intentábamos.

Cinco.- Al día siguiente de nuestra llegada, la matrona me dijo que me tenía que duchar. Le dije que creía que me iba a caer porque me notaba muy débil y ella insistió. Efectivamente, me derrumbé y ella casi ni me podía sostener. ¿Era necesario dar órdenes como si estuviéramos en el Ejército o en la Mili? ¿Por qué tenía que ducharme si no me encontraba bien? Recuerdo que en los análisis de sangre que me fueron realizados en la madrugada del 8 de abril, a mi ingreso, tenía unos valores de hemoglobina en sangre de 8,2. Esto no lo supe hasta que solicité mi historia clínica un mes después y la recibí un tiempo más tarde.

Sexto.- Al día siguiente de mi ingreso no conseguía orinar con normalidad y me pusieron una sonda. Me quejé de que tenía sensación de cistitis, me hicieron un análisis y lo descartaron. Sin embargo, la sensación de cistitis fue a más durante los siguientes días. Al salir de La Paz fui a mi centro de salud, analizaron la orina y efectivamente tenía cistitis. Una vez que me tomé la medicación mi vida cambió a mejor. En el hospital relacionaron mis dificultades para orinar a que como el parto había sido en casa no había sido sondada como se hace en el hospital. También se achacó mi nerviosismo y ansiedad para ser sondada a un supuesto estrés por el parto en casa, en realidad mi ansiedad era creciente debido al maltrato recibido nada empático con mi persona y cuyo único objetivo era culpabilizarme y amonestarme por mi decisión personal de parir en casa asistida por una matrona colegiada.

Séptimo.- Una enfermera o auxiliar (no lo sé) hizo comentarios burlones criticando costumbres de otras culturas (y de la nuestra antes de la industrialización) como el descanso en la cuarentena. En concreto, sobre mi compañera de habitación, hindú y la costumbre existente en su país de descansar durante 40 días en cama y ser cuidada por la familia/comunidad. A este respecto me gustaría comunicar para su reflexión, que ya me gustaría a mí que aquí en España existiera esta costumbre todavía hoy en día, donde después de parir nos encontramos cansadas y solas entre cuatro paredes junto a un bebé en brazos y sin ninguna experiencia para criarlo, bebé al que hay que cuidar y alimentar durante las 24 horas del día, estemos anémicas (como fue mi caso) o no. No estamos enfermas pero necesitamos ayuda y un trato al menos respetuoso si es que no puede ser cariñoso o empático.

Octavo.- Uno de los días de mi ingreso en la maternidad de La Paz vino a visitarme una amiga. La matrona/enfermera, antes citada con el tema de la ducha, me dijo que moviera mi mesa (estaba comiendo) para no invadir el espacio de la otra familia y así lo hice sin quejarme, oponer ninguna resistencia o emitir comentario alguno (tampoco la otra familia hindú, de la que me hice amiga, se había quejado de nada). En ese momento dijo “tú sólo sabes molestar”, sin que yo hubiera dicho o hecho nada. Mi amiga se quedó muy sorprendida e indignada por el trato que estaba recibiendo.

Noveno.- Dejo para el final el error más grave de los tratos recibidos. La negligencia de darme el alta sin informarme de mi nivel de anemia y sin recetarme hierro ni la correspondiente revisión/análisis de sangre en mi centro de salud. Al llegar a La Paz se me realizaron análisis de sangre que dieron como resultado (8 de abril de 2012 a las 2:54) un nivel de hemoglobina de 8,2. Sin embargo, en la hoja de “registro de urgencias” no pone nada en “recomendaciones al alta”. En la hoja evolutiva en “tratamiento” tampoco pone nada. En el informe clínico en Tratamiento pone “no precisa” (nº de Historia Clínica XXXXXX). En la historia clínica hay una hoja con un texto escrito a mano en el que se habla del tratamiento para mi dificultad para orinar y el respectivo sondaje, pero no pone nada de que debiera tomar hierro o de que se estuviera valorando una transfusión. Esta negligencia provocó que los primeros días en casa me encontrara muy débil, con taquicardias al subir las escaleras de mi domicilio (un tercer piso sin ascensor), palidez extrema y que incluso hablara en sueños.

El día 27 de abril me realicé análisis de sangre en mi centro de salud de la calle Villaamil dando como resultado 7,6 de hemoglobina. Mi médico nos llamó alarmado a nuestros teléfonos personales al ver los datos y recomendó que volvieramos de urgencias a valorar transfusión. Eso hice e ingresé de nuevo ese mismo día con alta el 28 de abril (planta XXXX). A mi salida, después de la correspondiente transfusión, tenía 10,3 de hemoglobina y esta vez sí salía de La Paz con el tratamiento de Ferrosanol 100 2 pastillas diarias. Todos los síntomas antes citados desaparecieron. Considero que mi vida estuvo en peligro debido a esta negligencia médica y que hay una relación entre la misma y los prejuicios contra el parto en casa que existen en el personal sanitario de La Paz.

Por todo lo expuesto, además de interponer una queja por el maltrato recibido

SOLICITO

Primero.- Una entrevista con la jefa de las matronas/enfermeras de la planta XX que me atendió. No sé su nombre, solamente recuerdo que tenía el pelo XXXXX y XXXXX. Me gustaría poder exponer mi opinión sobre el trato recibido y la falta de respeto a mis ideas y opciones sobre el parto en igualdad de oportunidades, ya que cuando las sufrí no podía defenderme ya que me encontraba en uno de los momentos más vulnerables de mi vida: acababa de nacer mi hijo, tenía mucha anemia y me encontraba psicológicamente traumatizada por el trato recibido. El objetivo que mueve la petición no es el revanchismo o la búsqueda de una indemnización económica, sino iniciar un diálogo que conduzca a que ninguna otra mujer, ni por consiguiente su bebé, tenga que pasar por lo que yo pasé en la Maternidad de La Paz.

Segundo.- Que se cumpla y se respete en la Maternidad de La Paz:

– El artículo 14 de la Constitución Española:

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

– La Declaración de Lisboa de la Asociación Médica Mundial:

1a. Toda persona tiene derecho, sin discriminación, a una atención médica apropiada.

2a. El paciente tiene derecho a elegir o cambiar libremente su médico y hospital o institución de servicio de salud, sin considerar si forman parte del sector público o privado.

Solicito, por tanto, que no se cuestionen las ideas sobre el parto en casa, como tampoco deberían cuestionarse las opciones de vida, las ideológicas, políticas, culturales o religiosas de los pacientes, o de cualquier otro aspecto de su vida privada. Así mismo no se debería proporcionar un peor servicio o realizar acoso verbal o psicológico a las personas que paren en casa y que, por el problema que sea, tienen que ser trasladadas a su hospital. Por ejemplo, como tampoco se le debería cuestionar a un ciclista que llega de urgencias por un accidente de tráfico su opción de usar ese medio de transporte en la sala de operaciones o en su posoperatorio. Se le debe atender bien, dentro del mutuo respeto que debe existir en cualquier relación humana. Además, si en un futuro la Seguridad Social financiara el parto domiciliario seguirían siendo los hospitales los que atenderían los partos de riesgo y los domiciliarios en los que surgen complicaciones, existiendo una buena comunicación y coordinación entre matronas de parto en casa y maternidades hospitalarias, lo que repercutirá en mejores partos, más seguros para las mujeres y sus hijos.

Tercero.- Que todo el personal de la Maternidad de La Paz tenga acceso a la siguiente información para su consiguiente reflexión, dados los prejuicios contrarios a la evidencia científica respecto del parto domiciliario del anterior Jefe de Servicio de Ginecología de La Paz, Antonio González González[1]:

  • El parto en casa no es una práctica ilegal en nuestro país.
  • El parto en casa asistido por una matrona colegiada no es una imprudencia[2]. El Colegio Oficial de Enfermería de Barcelona ha editado una guía para su asistencia[3]. Cuando se han dado tres condiciones básicas de seguridad en el nacimiento: unicidad (exclusión de gemelos u otros partos múltiples), embarazo a término y asistencia sanitaria, el desarrollo del parto en casa no ha estado asociado, tampoco en España, a un mayor riesgo para la supervivencia del bebé[4].
  • En el Reino Unido el parto en casa está subvencionado por la Seguridad Social desde el año 2009 y existe una coordinación entre matronas y hospitales. El parto en casa se contempla como una opción segura y legítima (ver las recomendaciones del National Institute for Health and Care Excellence[5]). Es normal el traslado al hospital cuando surge alguna complicación o se prevé que pueda surgir.
  • Incluso aunque el parto en casa fuera una práctica ilegal, que no es el caso, o se hubiera realizado sin asistencia médica o incluso de forma temeraria en un embarazo de alto riesgo, el deber de los profesionales sanitarios no es juzgar, amonestar o castigar a los pacientes sino tratar de curarlos. Emitir juicios cuando ni siquiera el paciente se puede defender ni exponer su punto de vista al mismo nivel es, además, vil y cobarde.

Por todo ello, SOLICITO que admita este escrito, tenga por formulada esta reclamación y también que apruebe mi petición de entrevista con la responsable de la planta XX en la que estuve ingresada o en su defecto el Jefe de Servicio de Obstetricia y Ginecología de la Maternidad de La Paz. Espero me comuniquen su decisión y la posible fecha de esta entrevista en el plazo más breve posible.

Firma:

[1] http://www.laopiniondezamora.es/zamora/2012/09/02/oigo-parto-agua-ponen-pelos-punta/624293.html?fb_action_ids=10153614539396138&fb_action_types=og.recommends

[2] La Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME) pide que la sanidad pública financie el parto domiciliario: http://www.federacion-matronas.org/rs/1331/d112d6ad-54ec-438b-9358-4483f9e98868/043/fd/1/filename/posicionamiento-parto-domiciliario-fame-def.pdf

[3] www.coib.cat/uploadsBO/Noticia/…/GUIA%20PART%20CAST.PDF

[4]http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/22935/1/ec7773_v8n1_2012_ENFERMERIA_COMUNITARIA_REVISTA_DIGITAL_ISSN-_1699-0641.pdf

[5] http://www.nice.org.uk/guidance/cg190/chapter/1-recommendations#place-of-birth

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ACTUALIZACIÓN 4 DE DICIEMBRE DE 2015

Hace unas semanas me llegó esta carta de La Paz a mi domicilio. Las disculpas están bien, pero yo solicitaba una entrevista personal y eso lo han obviado. Aunque esa persona concreta esté jubilada imagino que habrá algún responsable que no lo esté.  También obvian toda la parte relativa a la negligencia médica.

La respuesta me parece agridulce. Creo que algo está cambiando en ese hospital pero a la vez me molesta que ciertos profesionales se jubilen sin saber todo el daño que han hecho. Por otra parte, las ginecólogas que me atendieron en un primer momento eran jóvenes, aunque quizás ya ni trabajen allí. En cualquier caso yo me he quedado muy a gusto escribiendo mi carta y sabiendo que en algo va a contribuir al buentrato y el respeto a las madres y los bebés.

Por cierto, en otro orden de cosas y a pesar de que sea casual, es muy simbólica la fecha elegida (20-n), dado que el nombre de “La Paz” simbolizaba y celebraba el 25 aniversario de la victoria de la sublevación militar franquista (50 + 25 = 75 años de la finalización de la Guerra Civil en 1939).
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El primer precedente del “dejar llorar” a los bebés: Licurgo de Esparta

Imagen tomada de http://www.estoeshispania.com/2010/06/la-agoge-espartana.html

El verdadero precedente de Estivill, Ferber, Spock y Luther Emmett Holt, el pediatra del Instituto Rockefeller, podría ser la crianza y educación eugenésica y militarista que promovió Licurgo en la Esparta de los siglo VIII al VII a.C.. En las elites de esta ciudad el único vínculo que podía existir era el amor al Estado por encima de todo lo demás. Fuera de este esquema quedaban los esclavos y los bebés que no superaban la prueba de fortaleza a la que eran sometidos después de nacer.

Así lo cuenta Plutarco en su capítulo sobre el legislador Licurgo:

XVI.- Nacido un hijo, no era dueño el padre de criarle, sino que tomándole en los brazos, le llevaba a un sitio llamado Lesca, donde sentados los más ancianos de la tribu, reconocían el niño, y si era bien formado y robusto, disponían que se le criase repartiéndole una de las nueve mil suertes; mas si le hallaban degenerado y monstruoso, mandaban llevarle las que se llamaban apotetas o expositorios, lugar profundo junto al Taigeto; como que a un parto no dispuesto desde luego para tener un cuerpo bien formado y sano, por sí y por la ciudad le valía más esto que el vivir. Por tanto, las mujeres no lavaban con agua a los niños, sino con vino, haciendo como experiencia de su complexión, porque se tiene por cierto que los cuerpos epilépticos y enfermizos no prevalecen contra el vino, que los amortigua, y que los sanos se comprimen con él, y fortalecen sus miembros. Había también en las nodrizas su cuidado y arte particular; de manera que criaban a los niños sin fajas, procurando hacerlos liberales en sus miembros y su figura; fáciles y no melindrosos para ser alimentados; imperturbables en las tinieblas; sin miedo en la soledad, y no incómodos y fastidiosos con sus lloros. Por esto mismo muchos de otras partes compraban para sus hijos amas lacedemonias; y de Amicla, la que crió al ateniense Alcibíades, se dice que lo era; y a este mismo, según dice Platón, le puso Pericles por ayo a Zópiro, esclavo, que en nada se aventajaba a cualquiera otro esclavo. Mas a los jóvenes Espartanos no los entregó Licurgo a la enseñanza de ayos comprados o mercenarios, ni aun era permitido a cada uno criar y educar a sus hijos como gustase; sino que él mismo, entregándose de todos a la edad de siete años, los repartió en clases, y haciéndolos compañeros y camaradas, los acostumbró a entretenerse y holgarse juntos. En cada clase puso por cabo de ella al que manifestaba más juicio y era más alentado y corajudo en sus luchas, al cual los otros le tenían respeto, y le obedecían y sufrían sus castigos, siendo aquella una escuela de obediencia. Los más ancianos los veían jugar, y de intento movían entre ellos disputas y riñas, notando así de paso la índole y naturaleza de cada uno en cuanto al valor y perseverar en las luchas. De letras no aprendían más que lo preciso; y toda la educación se dirigía a que fuesen bien mandados, sufridores del trabajo y vencedores en la guerra; por eso, según crecían en edad, crecían también las pruebas, rapándolos hasta la piel, haciéndoles andar descalzos y jugar por lo común desnudos. Cuando ya tenían doce años no gastaban túnica, ni se les daba más que una ropilla para todo el año; así, macilentos y delgados en sus cuerpos, no usaban ni de baños ni de aceites, y sólo algunos días se les permitía disfrutar de este regalo. Dormían juntos en fila y por clases sobre mullido de ramas que ellos mismos traían, rompiendo con la mano sin hierro alguno las puntas de las cañas que se crían a la orilla del Eurotas; y en el invierno echaban también de los que se llaman matalobos, y los mezclaban con las cañas, porque se creía que eran de naturaleza cálida.”.

Estas costumbres se atribuyen a Licurgo, autor de la Constitución de Esparta (Gran Retra) pero también es posible que no fueran obra de una sola persona.

Más información:

– La Gran Retra: http://elestudiantedehistoria.blogspot.com.es/2007/10/la-gran-retra.html

– La agoge espartana: http://www.estoeshispania.com/2010/06/la-agoge-espartana.html

http://historiaybiografias.com/espartanos/

– Jenofonte. La República de los lacedemonios: https://es.scribd.com/doc/260387185/Jenofonte-La-Republica-de-los-lacedemonios-ed-bilingue-pdf

Los cachorros no quieren dormir solos

Tengo muy poquito tiempo para escribir este post porque tengo un bebé de 3 meses que ya está dormido y debería ir con él a descansar todo lo que pueda. Antes de meterme en la cama tengo que contar algo que que me ronda por la cabeza desde hace muchísimo tiempo, desde que vi esta peli con mi hijo mayor hace unos meses. Hay que decir que a él le aburrió bastante pero yo me quedé alucinada con el comienzo. ¡Era tan ilustrativo! Os propongo ver los primeros 4 minutos de la famosa película de Disney “La Dama y el Vagabundo”.

¿Qué ocurre en estas primeras escenas? Pues que una cachorrita no quiere dormir sola, que las expectativas de sus dueños no concuerdan con las expectativas mamíferas de este animalito domesticado y separado de su madre. Ya que no puede dormir con su madre quiere dormir con la pareja humana con la que va a vivir. El hombre dice “estará bien”, la mujer duda, pero al final la dejan encerrada en una habitación. Reina ladra y llora, la mandan callar “¡A dormir! ¡No quiero ningún aullido más!”. ¿Acaso no hay padres y madres que hacen lo mismo con sus cachorros humanos? Es triste pero real como la vida misma. O incluso se emplean métodos “científicos” consistentes en dejarles llorar hasta que se cansen y se duerman como el famoso Estivill-Ferber… (que, por cierto, tiene sus precedentes en el pediatra del Instituto Rockefeller Luther Emmett Holt con su libro de 1894 y otros pediatras y “sabios” anteriores y posteriores, como el Dr. Spock).

En “La Dama y el Vagabundo”, Reina se sale con la suya y consigue llegar a la cama de sus dueños pero los niños reales lo tienen más complicado. He dado una vuelta por Google para ver algunos comentarios de dueños de perros sobre su sueño nocturno y “acostumbrarlos” a dormir solos. Esto es lo que he recogido:

– Hay que ir contra el instinto (animal) o el imperativo moral (la conciencia humana) de socorrer al que necesita ayuda. Ya de paso, te vendo un producto que supuestamente imita a la madre: “La mayoría de los cachorros llorará durante las primeras noches; pero los propietarios, por muy duro que sea, no deben ceder y dejar que el cachorro consiga que ellos se levanten y le protejan. El cachorro debe aprender a quedarse solo para no tener después problemas relacionados con la separación.” http://www.adaptil.com/es/El-cachorro/Los-cachorros-que-lloran-por-la-noche

– Sin empatía: “Para el cachorro va a ser la primera noche que va a pasar sin la compañía de su madre y hermanos de camada. Estará en un lugar al que no está habituado, con olores y sonidos a los que no está acostumbrado. No tendrá el calor de los cuerpos cercanos de los componentes de su anterior familia. Habitualmente, en cuanto se quede sólo, empezará a llorar, intentando llamar la atención de su madre y hermanos. Es su mecanismo de defensa ante la soledad. Es recomendable no ceder a los llantos, por mucha pena que nos puedan dar los lamentos de esa pequeña criatura encantadora que se acaba de unir a nuestra familia, y dejar que el cachorro se termine durmiendo.” http://www.mundoschnauzer.com/es/articulos/la-primera-noche-del-cachorro-en-su-nuevo-hogar/

– Más de lo mismo: “Cuando llore, lo principal es NO subirlo a la cama y NO tomarlo ni hacerle cariño. Si lo haces, se acostumbrará a que cuando llora obtiene lo que quiere y llorará aún más, es decir, todo lo contrario a lo que quieres lograr.” https://www.mascotasonline.cl/noticia-huella/536-como-controlar-el-llanto-de-mi-cachorro-durante-la-noche.html

– El cachorro no se acostumbra, aprende a rendirse ante la adversidad para sobrevivir. Indefensión aprendida: “Si el cachorro llora por la noche, no es positivo acudir a sus llamadas, porque de lo contrario, el cachorro aprenderá a que llorar significa tu atención, y utilizará el lloro siempre que quiera que aparezcas. La etapa crítica de lloros es la primera semana, una vez se supera ésta, el cachorro se habitúa a que llorar no sirve de nada, y por entonces, ya estará adaptado a su hogar.http://comoeducarauncachorro.com/blog/como-educar-a-un-cachorro-a-dormir-por-las-noches.html

– Aquí se habla de objetos sustitutos de la madre. ¡Igual que en los humanos!: “Si llora porque se siente extraño ignórale: ya verás que intentará hacerlo unas cuantas veces más hasta que compruebe que este comportamiento no le da resultado. Algunos trucos, si llora por las noches o cuando se queda solo son: Pon en su camita una botella con agua tibia, envuelta en una toalla. Le recordará al calor de su madre y se tranquilizará.
Ponle cerca un reloj de cuerda cuyo tic tac le evoque el corazón de mamá.” http://www.encantadordeperros.es/trucos/la-educacion-de-nuestro-cachorro.html

– No te sientas mal por hacer algo malo, es por su bien:  “Thanto es un cachorro y podrás acostumbrarlo fácilmente a dormir donde tu desees. Seguramente las primeras noches llorará, pero, tu deberás mantenerte firme y no acudir a su llamada, en un par de días o tres entenderá que ése es el sitio donde debe dormir. Es muy importante que ignores su llanto, en caso contrario nunca aprenderá a comportarse correctamente. Puede parecer duro, pero no debes preocuparte, es lo mejor que puedes hacer por él y se acostumbrará en seguida. No olvidemos que los perros son más felices cuando tienen claro cuál es su sitio en la familia (en su manada), así que con firmeza y mucho cariño podrás conseguir todo lo que te propongas por el bienestar de los dos.” http://mascotas.facilisimo.com/reportajes/adiestramiento/como-acostumbrar-al-perro-a-dormir-solo_836969.html

Pero no todo está perdido en las webs de temática canina… También hay quien tiene un mínimo de empatía, eso tan difícil de encontrar hoy en día, y dice cosas tan sabias como estas:

“Tu perro llora porque es lo único que puede hacer para intentar arreglar su problema. Su problema es enorme, muy grave. A su edad estar solo significa que vas a morir, un cachorro de seis semanas de vida no puede sobrevivir solo, es lo único que sabe.

Además, hasta el momento en que te lo llevaste a tu casa estaba con su madre y sus hermanitos, acompañado y empezando muy poquito a poquito lo que es vivir y lo que es el mundo.

Ahora, de repente se ve solo durante muchas horas en un lugar desconocido.

Imagínate lo que tiene que significar para uno de estos cachorros ser sacado de este mundo tan divertido para mudarse a la casa de sus nuevos dueños. De repente ya no tiene a sus hermanitos para entretenerse, ahora tiene a unos humanos. Lógicamente, como cachorrito que es, al principio está muy desconcertado.

Lo peor que le puede pasar a estas alturas en su vida es quedarse completamente sólo, sin la compañía y el calor de su madre y sus hermanitos.

No está preparado para encontrarse así sin sufrir. Es más, si no cambias ya mismo esta situación posiblemente acabará teniendo pánico a la soledad durante toda su vida. Tienes que entender que tienes que ir acompañándole, enseñándole, para así prepararlo poco a poco para su vida con vosotros. (…)

Yo duermo con mis perros al lado de nuestra cama y no podría dormir sin saber que están ahí, a gustito durmiendo y disfrutando del hecho de tener su gran ídolo durmiendo a sus lados. No me molesta para nada su presencia y sé en todo momento como están. Para mi es un inmenso placer dormir así. Ellos saben que el dormitorio es para dormir, se lo enseñé, y no hacen más que acostarse una vez adentro.” http://www.escuelacaninamaya.com/problemas/cachorro-llora-noche.html

La similitud entre los “métodos” para domesticar el sueño de los niños humanos y el de los animales de compañía es abrumadora. Encontramos los mismos argumentos para hacerlo y los mismos supuestos peligros si no se les deja llorar para ayudarnos a domar nuestras ganas de auxiliarles o para limpiar nuestra conciencia… ¿Qué fue primero? ¿Los métodos para cachorros o para bebés?

Como anécdota final, diré que la película de la que he hablado en este post está recomendada por el propio Estivill en su libro “Niños descansados, niños felices” (está en Google Books). Reina, una perra heroína que se enfrenta a las creencias en las que se sostiene su “método”. ¡Mi heroína! Para que luego critiquen a los personajes femeninos de Disney como demasiado sumisos y demasiado “princesitas”…

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Buenas noches, me voy a dormir junto a mi cachorro humano y sus despertares para mamar y para saber que estoy a su lado. ¡Hasta otro día!

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Los primeros recuerdos de Kabongo…

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Estas son las palabras de Kabongo, un jefe Kikuyu de África del Este. Tenía 80 años cuando dijo esto: “Mis primeros años están conectados en mi mente con mi madre. Al principio ella siempre estaba allí; puedo recordar la sensación reconfortante de su cuerpo cuando me llevaba en su espalda y el olor de su piel en el caluroso sol. Todo provenía de ella. Cuando tenía hambre o sed ella me daba la vuelta hacia donde podía alcanzar sus pechos llenos; ahora cuando cierro los ojos siento otra vez con gratitud la sensación de bienestar que tenía cuando enterraba mi cabeza en su suavidad y bebía la leche dulce que me daban. Por la noche cuando no había sol para calentarme, sus brazos, su cuerpo, tomaron su lugar; al hacerme mayor y estar más interesado en otras cosas, desde mi lugar seguro en su espalda podía mirar sin miedo como quería y cuando el sueño llegaba solamente tenía que cerrar los ojos”. Tomado de la pg. 94 del libro “Touching. The human significance of the skin” de Ashley Montagu. Fotografía: http://www.safarimuseum.com/gallery/#Married+to+Adventure/Photo_19_J352+Kikuyu+Mother+and+Child.jpg

Entrevista a Sarah Blaffer Hrdy en la revista “Working Mother” (“Madre Trabajadora”)

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Ayer encontré esta entrevista a la antropóloga y primatóloga Sarah Blaffer Hrdy que aparece en el ejemplar de abril de 2001 de la revista “Madre Trabajadora” publicada en google books. Me ha parecido interesante aunque las preguntas sean algo tendenciosas, y es que ya lo avisan al principio: “No te sientas culpable por dejar a tus hijos en casa e ir al trabajo”.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad las mujeres no tuvieron que elegir entre eso que luego se llamó tareas reproductivas y productivas. Como en las sociedades de cazadores-recolectores actuales, iban a recolectar comida junto a sus bebés y otras compañeras o familiares durante solamente dos o tres días a la semana. Después, cuando los niños eran algo más mayores, la crianza se facilitaba con grupos de niños de diferentes edades que crecían y jugaban juntos. Bueno, aquí va la entrevista traducida (mil disculpas por los posibles errores de una traducción demasiado literal…):

Pregunta: Todas queremos ser “buenas madres”. Todas tenemos una noción idealizada de lo que significa ser maternal. Pero también queremos y necesitamos trabajar. Dinos: ¿Se puede ser una madre buena y nutricia y también una trabajadora altamente productiva y ambiciosa?

Respuesta: ¡Por supuesto! Entre otros primates como los chimpancés, es parte de ser una madre de éxito – lo que quiere decir una madre que mantiene a sus hijos vivos. A lo largo de la historia evolutiva, todas las mujeres primates tenían que ser madres con una carrera dual, combinando la recolección (ganarse la vida) con criar a sus crías. Pero solamente lo podemos hacer con ayuda de otros. Me gusta el término “alomadres” – individuos, hombre o mujer, que no son la madre, que ayudan a criar a la descendencia. Era esencial que los niños estuvieran en contacto constante con sus madres o con alomadres para poder sobrevivir. Entre nuestros ancestros cazadores-recolectores de la Era del Pleistoceno (el periodo entre 1.6 millones y 10.000 años), algunas madres llevaban a sus hijos con ellas mientras caminaban grandes distancias para recolectar comida. Pero si podían dejar con seguridad al niño con una alomadre complaciente, lo hacían. El problema era, sin biberones y leche pasteurizada, era raramente una opción. ¿Con qué frecuencia otra mujer amamantadora estaría dispuesta a quedarse en el campamento y cuidar un bebé adicional, que no fuera el suyo? Sobre la ambición, la lucha por el estatus – llámalo “ambición” si quieres – no es nada nuevo.

P: En tu libro, muestras cómo la lucha por el estatus estaba genéticamente programada en la psique femenina durante la evolución. Un ejemplo vívido es cómo las madres chimpancés luchan por el estatus porque es la única forma en la que pueden mantener a sus hijos alimentados y protegidos de los depredadores. ¿Son todavía el estatus, la ambición y el ingenio la clave de la maternidad exitosa en la vida moderna?

R: El ingenio, acompañado de sensibilidad a las necesidades de los niños, es todavía la clave de la maternidad exitosa, pero en la vida moderna las conexiones con el estatus han llegado a ser muy complicadas. Es debido a la desconexión entre las demandas de la carrera en las madres y las necesidades de desarrollo de los niños humanos. Obviamente, proveer a sus hijos y mantenerlos seguros debería ser la prioridad más alta de cualquier madre. Aquí es donde la sabiduría y el ingenio aparecen. ¿Cómo puede una madre combinar sus propios objetivos profesionales con alcanzar las necesidades emocionales de su hijo? Las madres tienen que considerar cómo pueden aprovechar la flexibilidad del trabajo o las nuevas tecnologías. Las madres tienen que ajustar sus objetivos para alcanzar las necesidades profundas de seguridad de sus hijos.

P: Si las llamadas “buenas madres” siempre han sido madres trabajadoras, ¿por qué nuestra sociedad sigue debatiendo la cuestión de si las madres deberían trabajar?

R: El truco aquí está en la idea de una madre que deja a su hijo detrás y trabaja fuera de casa. No podemos ya llevarnos a nuestros bebés a trabajar con nosotras, así que a menudo quiere decir que las madres pasan largas horas separadas de sus hijos. Peor – y esta es la parte de la historia en la que las madres trabajadoras les parecerá difícil escuchar – los niños de hoy tienen la misma necesidad emocional de estar en contacto consistente con alguien.

P: Saber que los niños se apegan más fuertemente a las madres es un intenso placer a la vez que una responsabilidad temible. ¿Qué hace a una madre ser el objeto más probable de apego primario de un bebé?

R: Bueno, la madre está ahí, en el lugar, cuando el bebé nace, ya hormonalmente preparada para responder a las señales infantiles. En unos días, puede reconocer a su hijo solamente por el olor. No hay duda sobre su maternidad – el bebé es de ella, y la Madre Naturaleza (mi metáfora para la selección natural de Darwin) ha establecido el umbral de una nueva madre para responder a estas señales muy bajo, haciéndola más sensible, para que responda rápidamente a los sonidos, vista, y olor de su bebé. Y durante los últimos meses de embarazo, el bebé ha aprendido a reconocer su voz. La madre es cercana, suave y caliente.

P: ¿Pueden los padres adoptivos ser tan cercanos para el bebé?

R: Si alguien que no sea la madre – una alomadre como el padre o una madre adoptiva – se convierte en la persona más sensible y cariñosa en escena, el niño se apegará a esa persona. El apego infantil se basa en el desempeño, no en la genética. Algunos de los cambios fisiológicos que encontramos en madres “reales” tienen lugar en alomadres. Por ejemplo, en las especies de monos como los tamarinos, donde los machos cuidan a los niños, los niveles de prolactina están más altos en los machos que llevan a los bebés que en los machos que no actúan de forma paternal. La investigación preliminar sugiere cambios similares en los padres humanos que se involucran en el cuidado infantil de forma cercana.

P: Si los bebés humanos pueden prosperar si son cuidados por cuidadores sensibles y consistentes, ¿hay algo más aparte de la leche materna que solamente una madre pueda proveer?

R: Nada de lo que se me pueda ocurrir. Cualquier persona puede aprender a amar a un niño y comprometerse con su bienestar. Pero las madres no deberían engañarse a sí mismas pensando que ese compromiso viene fácilmente. Merece mucho la pena emplear el tiempo de la madre en suavizar la transición antes de que vuelva al trabajo.

P: ¿Qué desafíos parentales tienen en común las madres animales con las humanas?

R: Los compromisos – todas las madres tienen que hacer compensaciones entre la subsistencia maternal y el bienestar, y el esfuerzo y los recursos que implica criar a la descendencia. Porque debido a que los niños humanos tardan tanto tiempo en madurar y tanto esfuerzo en criarlos, las madres están constantemente tomando decisiones. ¿Debería invertir más en este niño o menos? ¿Tomar algún atajo o sacrificarme? Un cierto grado de ambivalencia, de sentimiento “desgarrado”, está construido en la condición maternal.

P: Ese sentimiento “desgarrado” suena familiar a cada madre que haya tenido que dejar a sus hijos detrás para ir a trabajar. Si las madres siempre han sentido el conflicto entre trabajar o quedarse en casa con los hijos, ¿hay alguna evidencia de que nuestras ancestras se sintieran reacias a dejar a su descendencia detrás mientras recolectaban, cazaban o “trabajaban”? ¿Sentían algún tipo de culpa?

R: Obviamente, esto dependería de con quién dejaba una madre a su hijo – por ejemplo una abuela en la que confiaba o en un niño/a de 10 años ansioso pero posiblemente incompetente. Pero sí, estoy segura de que las madres recolectoras que dejaban a sus hijos en el campamento se sentían preocupadas por ellos. De todos modos, había una diferencia crítica. La madre recolectora que tomaba la mala decisión perdía a su hijo por culpa de un depredador u otra amenaza mortal. Por supuesto, las madres humanas se preocupan de haber elegido al cuidador erróneo, pero estadísticamente, las alomadres abusivas – como la aupair Louise Woodward, que fue acusada de zarandear al niño a su cargo y matarlo – son raras.

P: ¿Cuál es tu mayor preocupación sobre cuidado infantil?

R: Los niños necesitan tiempo de cantidad y calidad de un cuidador sensible a sus necesidades, así que las mejores alomadres son a menudo familiares. Pero en nuestra economía móvil, ¿cuántas madres pueden contar con hermanas, tías-abuelas, abuelas para estar allí todos los días? El cuidado de los niños tiene que ser a pequeña escala, con un gran grado de continuidad en la identidad de los cuidadores. Los bebés se pueden sentir apegados a varios individuos diferentes a sus madres, pero hay límites. Idealmente, cuanto más estable sea la situación, mejor.

P: Como dices en Mother Nature, el tiempo que los padres emplean directamente cuidando a los niños no ha cambiado mucho – “solamente unos pocos minutos adicionales por semana desde el comienzo del siglo XX”. ¿Hay algo que podamos hacer para fomentar en los hombres sentimientos de inversión en sus hijos, para que pasen más tiempo con ellos?

R: ¡Oh, sí! Estoy convencida de que existe lo que pienso como un “componente maternal” en todos los machos primates. La involucración masculina con los niños es más probable que se suscite de una proximidad prolongada, de la necesidad del niño, y de la relación del hombre con la madre. La película “Tres hombres y un biberón”, sobre tres hombres que encuentran un bebé abandonado en su puerta y se involucran mucho con el bebé emocionalmente, es bastante exacta.

P. ¿Por qué la sociedad moderna humana – al menos en EEUU – no se da cuenta de que es en el mejor de los intereses el hacerlo mejor para los niños financiando y apoyando guarderías públicas?

R: No lo sé; tiene tan poco sentido. Quizás es la ilusión de que las madres se quedarán en casa, y los funcionarios públicos tienen miedo de ofender a los votantes que piensan que debería ser así. El cuidado de los niños es algo controvertido porque hablar de ello se ve como estar haciendo una declaración sobre lo que deberían hacer las mujeres. Alguna parte de la respuesta, puede ser ignorancia sobre lo serias que son las implicaciones sociales de las guarderías pobremente financiadas.

P: Sé honesta. A pesar de todo lo que sabes, ¿te preocupó dejar a tus niños en casa cuando trabajabas?

R: Por supuesto. A menudo me preguntaba, ¿debería haberme tomado más tiempo cuando mis niños eran más pequeños? Fue solo al escribir Mother Nature cuando comencé a considerar las necesidades de los niños desde el punto de vista de los niños. ¡No puedo esperar a convertirme en abuela!

Partos en la literatura: el Lazarillo de Tormes

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Hoy os dejo con un parto literario sin asistencia, el del mismísimo Lazarillo de Tormes (Anónimo, 1554) y aviso que el concurso que estoy preparando va a ir por ahí: la infancia y la maternidad en los libros o en la historia (por si alguien quiere ir buscando algo…)

“Pues sepa Vuestra Merced ante todas cosas que a mi llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y su Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre, y fue desta manera. Mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años; y estando mi madre una noche en la aceña preñada de mí, tomóle el parto y parióme allí. De manera que con verdad me puedo decir nacido en el río”.

¿Podemos aprender algo del parto !Kung?

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“Las mujeres embarazadas enfrentan el parto sin instalaciones médicas y sin parteras tradicionales u otros especialistas de nacimiento a los que recurrir. La posibilidad de dar a luz a menudo es aterradora, especialmente para las mujeres embarazadas por primera vez; ellas son las que tienen más probabilidades de sufrir complicaciones o morir. La tasa de mortalidad general en el parto (dos muertes maternas de cada quinientos nacimientos registrados), sin embargo, es bastante baja – ciertamente no es inusual en culturas sin atención médica moderna. Se ha sugerido que esta incidencia podría ser mayor si no fuera por la actitud bastante estoica de las mujeres !Kung hacia el parto: esforzándose por dar a luz solas o con ayuda mínima, disminuyen el riesgo de infección. Aunque el parto solitario es el ideal cultural declarado, a menudo otras mujeres ayudan, especialmente con un primer parto. Una mujer joven puede preferir tener a su madre u otras mujeres de la familia cerca, pero si está viviendo con la familia de su marido, recibirá la ayuda de sus parientes femeninos. Incluso cuando hay otras personas presentes, sin embargo, la propia mujer se considera responsable – excepto en las raras ocasiones en que Dios interviene caprichosamente – del progreso del trabajo de parto y el parto mismo. Un parto sin complicaciones refleja su aceptación plena de tener hijos: se sienta en silencio, no grita o llora pidiendo ayuda, y mantiene el control de todo el parto. Un parto difícil, por el contrario, muestra su ambivalencia sobre el nacimiento, e incluso puede ser visto como un rechazo del niño”. Pg 161 de “Nisa: The Life and Words of a !Kung Woman” de Marjorie Shostak.

Para que nos entendamos, 2 muertes por cada 500 partos es lo mismo que decir 400 muertes por cada 100.000 partos. En España llevamos años por debajo de 7 así que, desde nuestro punto de vista actual, es una mortalidad altísima. En EEUU están en 28 y en Suecia en 4. Sin embargo, históricamente, los datos de la cultura !Kung tienen mucho que aportar. Vamos a leer lo que se afirma en este artículo tan interesante, sobre el parto atendido por matronas en Suecia (artículo de Juan Gervás en Acta Sanitaria):

“En 1881 las normas higiénicas en el parto se impusieron legalmente, pero además se desarrolló todo un conjunto de instrucciones sobre nutrición y asistencia al recién nacido, como la promoción de la lactancia materna. Por consecuencia, entre 1800 y 1900, la mortalidad materna en Suecia bajó de 900 a 200 por 100.000 (casi la mitad que en el Reino Unido y la cuarta parte que en Estados Unidos, para el año 1900)”.

Es decir, en 1800 en Suecia morían 900 mujeres atendidas por profesionales mientras que en la cultura !Kung del siglo XX, sin asistencia ni acompañamiento de ningún tipo, morían menos de la mitad: 400. Hay que decir que los !Kung tienen tabú del calostro, lo que puede influir en el número de hemorragias postparto (la lactancia del calostro estimula la oxitocina, contrae el útero y ayuda a prevenir los sangrados). No es hasta el año 1900 cuando las matronas suecas y su sistema médico logran superar las estadísticas !Kung y lo hacen con medidas asépticas (la mayoría de las muertes eran por fiebres puerperales, por introducir gérmenes en el cuerpo de la parturienta por falta de higiene o medidas de seguridad), la posibilidad de usar antibióticos y realizar transfusiones, entre otros factores.

Ahora que hay tanto debate sobre el acompañamiento y tanta polémica sobre el cutrísimo “Informe Doulas” elaborado por el Colegio de Enfermería me gustaría reflexionar sobre esto. ¿Qué podemos aprender de la cultura !Kung que sea aplicable a la nuestra? ¿No sería interesante aprovechar lo que esa cultura sabe sobre la fisiología del parto y a la vez aprovecharnos de los avances médicos y tecnológicos del siglo XXI cuando son de verdad necesarios? ¿Necesitamos todas las mujeres ser apoyadas emocionalmente durante el parto? ¿O, como dice Michel Odent, necesitamos silencio, intimidad, seguridad, no sentirnos observadas, ni rodeadas de acompañantes y de cámaras de fotos y tener el apoyo de una matrona tejiendo con discreción en una esquina? ¿Podemos aprender algo del espíritu valiente y estoico de las mujeres !Kung en la época de los métodos para parir, los cursos de todo tipo para enfrentar el dolor o para formarse como doula, la necesidad (quizás, creada por la cultura) de que necesitamos apoyo emocional constante de alguien? ¿No estaremos desviando el tema incidiendo en la importancia del acompañamiento o de quién debe ser el acompañante cuando en realidad es más importante la protección del ambiente del parto y la actitud con la que las propias parturientas afrontamos ese momento? ¿Por qué nuestras propias madres u otras figuras maternales desinteresadas han desaparecido del panorama y se han convertido, en muchos casos, en agentes que infunden estrés en lugar de seguridad y, por tanto, en personas a evitar?

Son temas interesantes. No solamente influyen las condiciones fisiológicas externas en el parto sino la maleta física, emocional, mental, familiar e histórica que arrastra cada mujer en el momento de parir. Esa maleta, o la forma de afrontar la vida, la muerte y el parto, es muy diferente entre una mujer !Kung, una mujer sueca del siglo XIX y una mujer española actual.