La irresponsabilidad de votantes y votados

Eduardo Leira fue el director del PGOUM de 1985. Imagen tomada de:
 https://arquites.wordpress.com/2013/01/01/plan-general-de-madrid-de-1985/

Votar* es un acto irresponsable. Introducir un papel en una urna de forma anónima no compromete a nada, no hay que dar explicaciones a nadie, no hay que ser coherente ni ante uno mismo ni ante los demás. No hay riesgo de ningún tipo ni vinculación alguna con la consecución de las propuestas de los programas electorales.

Presentarse a las elecciones otro tanto. Uno puede decir aquello de “puedo prometer y prometo” y después no cumplir, como viene siendo habitual, nada de lo prometido en las campañas electorales. O, peor aún, cumplirlo. En cualquier caso, no hay nada vinculante ni ningún político de turno arriesga su propio patrimonio personal cuando se solicitan créditos para endeudar al Ayuntamiento durante décadas o para realizar macroproyectos urbanísticos. Es más, los préstamos bancarios pueden tener  que ser devueltos a 30 años vista y las elecciones son cada 4 años, con lo que este desfase crea el absurdo de que partidos políticos nuevos tengan que pagar o incumplir las deudas de otros al llegar al poder. En este sentido, sería casi más coherente que el mismo partido que ha endeudado a un Ayuntamiento tuviera que resolver los problemas que ha contribuido a crear y no pasase la pelota a otro partido cuando las cosas se ponen feas. Sorprendentemente, todos parecen querer ganar cuando quizás ganar pueda ser una verdadera losa y cúmulo de problemas para los que hereden los problemas de otros.

Votar es un acto irresponsable porque votar es pedir a otros que solucionen tus problemas, lo que viene a significar que los partidos políticos cada vez van tomando más parcelas de la vida cotidiana e incluso sienten que tienen la responsabilidad de construir identidades, formar o adoctrinar a sus súbditos-ciudadanos hasta en lo más íntimo de su personalidad. Los votantes a su vez demandan esas políticas de adoctrinamiento y ordenan sus reivindicaciones en torno a derechos que alguien les tiene que otorgar o respetar. Este tema creo que está más desarrollado y explicado en el libro de Brewster Kneen titulado “La tiranía de los derechos”.

El panorama es desolador. Los partidos políticos tienen el mismo grado de corrupción que el de sus votantes, ni más ni menos. Si no fuera así, desde el interior de los partidos, desde los propios militantes, se pedirían cambios o se exigirían responsabilidades. En lugar de eso, estas personas se dedican a sacan pecho o callar ante las actitudes caraduras de sus representantes.

En este sentido lo lógico sería que los votantes del PP o del PSOE, por ejemplo, fueran los primeros en luchar contra la corrupción de sus respectivos partidos. Lejos de suceder esto los votantes se comportan como hinchas de un equipo de fútbol o fanáticos de un grupo musical. Prefieren defender la chulería, negar lo evidente, cerrar los ojos o pensar que los adversarios políticos mienten o, quizás vale de consuelo, que sus tropelías son peores. “Y tú más”.

La entrada de Podemos como frente de izquierdas en el panorama político no ha sido una excepción. Cuando han salido a la luz los tejemanejes laborales y los impagos de la empresa ruinosa de Eduardo Leira, el marido de Manuela Carmena, quizás la próxima alcaldesa de Madrid, Ahora Madrid ha sacado un bochornoso comunicado como este en el que se afirma que “Una vez cerrado el proceso, los trabajadores cobrarán los primeros y lo harán del Fondo de Garantía Salarial.”

Además, Ahora Madrid ha colgado las tres sentencias relativas al caso al final del comunicado sin borrar los apellidos de los trabajadores denunciantes, lo que podría vulnerar el derecho a la intimidad de estos y la Ley de Protección de Datos. En cualquier caso, legal o ilegal, no parece muy ético exponer sus nombres de forma pública cuando ellos mismos no lo han hecho en los medios de comunicación con los que han colaborado. En cualquier caso, las sentencias, aunque de redacción totalmente confusa (sobretodo en lo referente al crédito de Bankia y al otro del “Banco de Bilbao”), permiten que cada cual se forme su propia opinión sobre el asunto. 

El comunicado también es bochornoso por todo lo demás: pasa de puntillas por lo feo del asunto y es que los trabajadores de la empresa del marido de Carmena, cuando con la burbuja inmobiliaria venían bien dadas, eran falsos autónomos y, después, estuvieron contratados por una categoría laboral inferior a la que les correspondía. Todo ello ahora en su neolengua se llama “replantear”:

“Alrededor de 2010, se replanteó la situación laboral de la plantilla y se les hizo un contrato indefinido. En cualquier caso, lo que la empresa hizo en ese momento fue ajustarse a la legislación vigente, como ha hecho siempre.”

Irresponsabilidad, mucho morro y balones fuera: “Lo sucedido es un ejemplo más de lo que ha significado la crisis para muchísimas personas, trabajadoras y empresarias. Un modelo económico fallido cuyo mayor arquitecto es, por cierto, el señor Rodrigo Rato, exministro de Economía y responsable de la estafa de Bankia. Esperanza Aguirre tampoco es ajena a este modelo.”

Esta es la mentalidad precisamente que nos ha llevado a la situación actual. Nadie es responsable. La culpa es de Rodrigo Rato y de Esperanza Aguirre, no de un empresario “excomunista” que ganó todo lo que pudo y más con la burbuja inmobiliaria e incluso promovió el desarrollismo turístico sin freno en China. Tampoco como trabajadores aceptamos nuestra responsabilidad, como trabajadores que tragan con todo, que están desunidos y que sueñan algún día con trepar y poder dar el mismo pelotazo que su empresario y explotar a otros. Cada uno tenemos que aceptar la parte de este embrollo que nos toca. Con esa mentalidad del victimismo y el corporativismo no vamos a ningún lado ni hay “cambio” posible.

En este video en el que Manuela Carmena explica, a su manera, el desaguisado hace exáctamente lo mismo. Es especialmente emotiva la parte en la que una persona que fue abogada laboralista habla con eufemismos varios del concepto de “falso autónomo”:

Si alguien no conoce todavía la historia y quiere leer la versión de los trabajadores y no la de Carmena, ni Libertad Digital ni Ahora Madrid aquí puede leer su propio comunicado y cronología:

http://s.libertaddigital.com/doc/comunicado-de-los-extrabajadores-de-i3-consultores-41913330.pdf

– Último día de julio de 2010: “se nos comunicó que el pago de nuestros salarios se iba a retrasar unos días. No volvimos a cobrar.”
– 23 de noviembre de 2010: “descubrimos” (…)”cuando ya se nos debían 5 mensualidades, había ejecutado una separación de bienes en su matrimonio con Manuela Carmena mediante la cual le había traspasado todo su patrimonio a su esposa”.
– Ya estamos en 2015 y siguen sin ver un duro. Y sin embargo ahí siguen las propiedades de Segovia y la tienda de ropa hecha por reclusas en Malasaña.

Un juez ha determinado que no ha habido un “alzamiento de bienes” pero eso no evita toda la falta de ética sistémica, marca de la casa del capitalismo, del Estado y de todos los individuos que los conforman y que implica:

– Que sea inaceptable que los desaguisados de los empresarios de la burbuja inmobiliaria, de los que Leira es un ejemplo paradigmático, tengan que ser pagados ahora por el Fogasa, siguiendo el esquema clásico de privatizar los beneficios y socializar las pérdidas.

– Que las leyes permitan esto solamente demuestran de qué lado están, cuando no debería ser posible que un matrimonio que tiene propiedades siga manteniéndolas y no las venda y tampoco sea posible embargarlas para pagar los salarios (¡que son suyos!) a unos trabajadores.

– Que tras una campaña de marketing popular moderna y cool (una mala copia pero igual de vacía e insustancial que la de Obama en 2008) se esconde el silencio cómplice de los votantes de Ahora Madrid ante estos hechos. Este partido ha perdido la oportunidad de oro de demostrar que realmente iba a haber un cambio en su forma de hacer política. Evidentemente, no se puede esconder que sus candidatos son de la casta ni de las elites pero sí podrían haber demostrado que saben rectificar, que reconocen sus equivocaciones y las subsanan a la mayor brevedad posible. Esto incluso les podría haber aportado más votos, aunque fuera una mera estrategia de estética política. De cara a sus votantes, tampoco entiendo que haya ninguna incompatibilidad entre votar el domingo a Manuela Carmena y haber presionado, por justicia, para que este matrimonio se comprometiera a pagar lo que deben. Nada de esto ha ocurrido.

Con todo este espectáculo podemos hacer una reflexión: uno de los mayores problemas sociales a los que nos enfrentamos en la actualidad no es saber a quién votar o que gane tal o cual partido. Eso, pese a la ansiedad que muestran algunas personas con su grito desesperado de “¿¿¿A quién vamos a votar ahora???” es totalmente secundario, dado que el nivel de degradación moral de los partidos políticos y, aún más importante, del propio sistema y las personas que lo conformamos es muy similar. No hay prisa (aunque en realidad sí debería haberla), nos va a tomar años mejorarnos a nosotros mismos si queremos detener el colapso social.

La ejemplaridad personal, sobre todo de los súbditos-ciudadanos convertidos en censo electoral, es penosa y reina un peligroso corporativismo en todas las esferas de la existencia combinado con un individualismo y una inmadurez extrema. No podemos ser ingenuos, en estos temas políticos hay quien se mueve por autoengaño y quien se mueve porque sabe que si ganan los “suyos” podrán mantener y florecer sus diversos chiringuitos ideológicos o empresariales. Por eso, mucho más importante que meter una papeleta o no el próximo domingo la tarea que tenemos por delante debería ser esa, ganar la batalla de las ideas y la superación moral, lo que implica en primer lugar reconocer los propios errores. No existen los santos ni la perfección, existe gente que intenta superarse a sí misma y que no tiene miedo a equivocarse por el camino.

¿De qué cambio habla Ahora Madrid y sus votantes si no hay cambio ni dentro de ellos mismos y están actuando igual que cualquier votante del PP o del PSOE que no denuncia la corrupción de su propio partido? Claro que esto puede beneficiar al PP y que los medios de la derecha tienen interés en sacar esto. Pero, eso, ¿en qué debería importarnos si lo que buscamos es un mínimo de justicia ante los hechos presentados? Carlos, Muriel y Antonio, ¡NO ESTÁIS SOLOS! 

*Empleo la palabra “votar” para referirme al contexto electoral, no al de democracia directa o voto en una asamblea que sí me parece legítimo y responsable, aunque también con determinados fallos en lo que a vinculación entre voto-acción-responsabilidad se refiere que tendrían que ser más estudiados.

Que se escuchen otras voces: el trabajo no supone una liberación, la maternidad es parte de la salud sexual…

A veces releo un libro y veo una pequeño texto que me gustaría compartir. Esta es de “Revolución en punto cero” de Silvia Federici y, aunque adolece de falta de visión integradora respecto a los hombres, creo que es interesante su lectura, sobre todo después del monográfico en papel de El País Semanal dedicado a “las mujeres” lleno de publicidad de perfumes caros y de esa organización emancipadora de la mujer llamada “El Corte Inglés”, entrevistas a Emma Bonino, Melinda Gates, Christine Lagarde, empresarias y, como no, esas nuevas generaciones del feminismo (supuestamente más subversivas y rompedoras, al menos a nivel estético) que repiten de forma machacona los mensajes y las consignas de las ONU y el Banco Mundial:

Pg. 98: “El movimiento de mujeres debe darse cuenta de que el trabajo no supone una liberación. El trabajo dentro de un sistema capitalista es explotación y no hay placer, orgullo o creatividad alguna en ser explotada. Incluso el concepto de “carrera profesional” es una ilusión en lo que respecta a la realización personal. Lo que pocas veces se reconoce es que la mayor parte de los empleos que se desarrollan mediante una carrera profesional requieren que se ejerza poder sobre otras personas, a menudo sobre otras mujeres y que esto depende de las divisiones entre nosotras. Intentamos escapar del encasillamiento en los guetos obreros y oficionistas para poder disponer de más tiempo para nosotras y estar más satisfechas, solo para descubrir que el precio que pagamos por progresar es la distancia que se interpone entre nosotras y otras mujeres. Con todo, no hay disciplina que impuesta a otros no nos impongamos a nosotras mismas, lo que significa que el mismo hecho de llevar a cabo estos trabajos mina nuestras propias luchas”.

Leo con curiosidad uno de los artículos en La Marea de una de las jóvenes feministas citadas por El País con un título que me interesa: “Los retos de la salud sexual”. Antes de leerlo, me pregunto, ¿hablará en algún momento de maternidad, parto y lactancia como parte de la salud sexual de las mujeres? Efectivamente, la salud sexual de nuevo es limitada, previas citas de diversos organismos internacionales, al uso de anticonceptivos, lo que equivale a hablar solamente de una parte del asunto. Es más, a nivel global incluso el Club de Roma en su último informe reconoce que el desarrollo industrial y urbano que se lleva a cabo a pasos agigantados en el mundo es el “anticonceptivo” más importante y efectivo actualmente, ya que tener hijos resulta en sí mismo algo caro y complicado en los nuevos contextos vitales, laborales y existenciales. Por esta razón, se pronostica que a partir de 2040 la población mundial comenzará a decrecer. En cualquier caso, considero que el autoconocimiento del cuerpo y la posibilidad de usar las diferentes formas de anticoncepción son algo importante y necesario, siempre que se entienda también el contexto biocultural y político en el que se utilizan y promocionan.

La salud sexual es un tema muy amplio pero de nuevo, una vez más, no hay en el artículo ni una palabra sobre los riesgos para la salud de las mujeres de la maternidad tardía, la nuliparidad y la ausencia de lactancia, para poder tomar decisiones informadas, libres y éticas. ¿Por qué? Porque este sistema reprime en los países industrializados la maternidad durante los años más “productivos” y, años más tarde, la promueve en su versión desesperada, tecnocrática, mercantilizada, consumista, hipermedicalizada, hiperplanificada, congelada, desvinculada, fragmentada y, por último, desconectada de toda excitación sexual y pasión erótica en el acto de concebir vida humana.