Lactancia artificial para las mujeres trabajadoras.

En la Calle San Bernardo, 89, estuvo el consultorio de "La Gota de Leche".

En la Calle San Bernardo, 89, estuvo el consultorio de “La Gota de Leche” de Madrid.

En el “Más allá del parque #1” visité la casa del barrio de Malasaña que albergó la Gota de Leche, uno de los primeros lugares en Madrid en los que se comenzaron a distribuir biberones de leche de vaca “adaptada”. En todos los artículos que he leído al respecto dicen que los biberones eran para los niños pobres que no podían tener nodriza, cuyas madres no podían amamantar. Pero, ¿por qué no podían amamantar?

Siempre pensé que cuando se afirmaba esto en referencia a esta institución se referían a los mismos problemas físicos en el establecimiento de la lactancia que encontramos hoy en día: malos agarres, frenillos en los bebés, hipotiroidismos no tratados u otras enfermedades de la madre, poca producción por poca estimulación durante los primeros días, separaciones tempranas madre-bebé…

La Gota de Leche de Madrid en 1904.

Sin embargo, cuando me he ido a las fuentes originales, por ejemplo, textos del propio León Dufour, creador de las Gotas de Leche, me he encontrado otra cosa (pg 222):

“Aún así, si la lactancia materna es el mejor remedio para todos los médicos, algunos, como Dufour o Variot, se diferencian de sus hermanos, están convencidos de que la lactancia artificial es inevitable, dada la miseria obrera y el trabajo de las mujeres:

“En Fécamp, ciudad donde la industria pesquera ocupa el primer lugar y es ocupada en su mayoría por mujeres… las madres que amamantan a sus hijos… son siempre pocas … y eso es comprensible, la madre a veces trabaja desde las 5 am hasta medianoche, si no más en algunas estaciones…

También es una industria que parece tener… un efecto desastroso sobre la lactancia, es el secado de bacalao… Algunas mujeres dicen que es la sal lo que les corta la leche. Otros dicen que el niño huye del pecho debido al fuerte peculiar olor que exhala toda su persona…”

La alimentación artificial “es un mal que con el que hay que contar… y debemos tratar de mitigar sus daños”. Es por tanto por “defecto” que hay que organizar la lactancia artificial, para que sea menos letal, “a falta de algo mejor”, como dice el eslogan de la Gota de Leche .”

 León Dufour no estaba vendido a la industria de la leche artificial (¡no existía todavía!) y vivió una vida de austeridad y modestia, según sus biógrafos. Sin embargo, su trabajo está cargado de ideología, ya que considera la explotación obrera y la consiguiente separación temprana madre-bebé como algo inevitable. Por tanto, se conformaba con realismo con que los derechos del empresario estuvieran por encima de los de las madres y los bebés de la clase obrera.Su trabajo es ambivalente, ya que es cierto que al aceptar el statu quo laboral buscó la única solución dentro de “lo posible” para que dejaran de morir tantos niños por no ser amamantados. Estos bebés estaban siendo alimentados con biberones que acumulaban bacterias, llenos de leche de vaca sin adaptar, demasiado fuerte e indigesta para el estómago de los pequeños bebés y sin esterilizar. Es decir, ante una situación dramática, en lugar de luchar por solucionar las causas del problema de las muertes infantiles, decidió conformarse con la solución posible dentro del sistema: hacer más digerible y segura la leche de vaca.

Lo cierto es que los niños murieron muchísimo menos en las ciudades después de la creación de las diferentes “Gotas de Leche”, pero también se escogió el camino que hizo que se perdiera la cultura del amamantamiento, los trucos y sabidurías femeninos para amamantar que ahora volvemos a intentar recuperar.

Según este otro texto, podemos leer que:
“El origen de la creación de “El trabajo de la Goutte de Lait” es en 1894. El primer objetivo es “luchar contra la mortalidad infantil.” Dr. Dufour aboga por la importancia y la calidad de la lactancia materna, pero es consciente de la dificultad, si no imposibilidad que enfrentan las madres jóvenes que trabajan en el taller. Por lo tanto, es “a falta de algo mejor” – este es el lema de la nueva obra – que se propone garantizar una dieta equilibrada lo más parecida posible a la lactancia materna: todos los días, en las instalaciones de la “Gota de Leche”, Calle de la Preciosa Sangre, se asegura la preparación de pequeñas cestas con de 8 a 10 biberones, la ración diaria para un recién nacido. No sólo la leche es cuidadosamente seleccionada, sino que es “humanizada” para hacerla más digerible y más pasteurizada. Las familias que lo necesiten pueden retirar gratuitamente estos biberones.”
De aquí se desprende algo impresionante: la lactancia materna es lo mejor pero las mujeres asalariadas no pueden amamantar. ¡Y no por un mal agarre o poca producción, sino porque no se puede parar de trabajar para amamantar! Las mujeres deben por tanto entregar su cuerpo a la empresa, cuidar y mimar a la empresa por encima de sus bebés. ¿Nos suena de algo?
 En este otro artículo leemos que:
“Cuando el doctor Léon Dufour llega a Fécamp, en 1881, un niño de cada cuatro moría antes de un año, esencialmente en los ambientes pobres de esta ciudad de cerca de 14.000 habitantes. La causa principal de una mortalidad superior a la media francesa: la gastrointeritis. La lactancia artificial se desarrolló fuertemente con la industrialización (industria del pescado en Fécamp), lo que obligó a las mujeres a dejar a sus niños en cuidado (de otras personas) para ir trabajar”.

Pero, ¿se ayudaba a las mujeres a amamantar, si ese era su deseo?

“Leon Dufour, a su vez, en una cruzada en contra “la mortalidad infantil” fundó en 1894 el trabajo de la Gota de Leche de Fécamp. Se abrieron consultas abiertas para bebés, con pesaje semanal y visitas médicas, y, si bien la lactancia materna es alentada entre las mujeres de la clase obrera por bonificaciones, se prepara y distribuye leche a las madres que no pueden amamantar. Las tarifas son proporcionales a los ingresos.”

¿Qué es eso de “bonificaciones”? ¿He leído bien? ¿El Estado daba premios o ayudas económicas a las mujeres que amamantaban?  En el texto “Higiene social de la infancia” se afirma que a finales del siglo XIX en Francia las cosas tampoco eran tan “blancas o negras”:

“Solamente en 1890 en Nancy, Hergott abre, al lado de su servicio de partos, consultas semanales. Su objetivo era apoyar la lactancia materna. Los niños eran examinados y pesados. Había primas atribuidas a las madres con mayores méritos. (…)

Por último, algunos empresarios distribuyen bonificaciones de apoyo a las madres lactantes, en forma de ayudas en especie (ropa, canastillas, buena carne, leche, etc.) o  asistencia en efectivo (pago o libreta de caja de ahorros de 100 francos después de un año de lactancia). (…)

(Las ayudas) En París, se les concede por el departamento de los niños necesitados, en
la Administración Central de la Asistencia Pública, y con frecuencia pagados por las oficinas de beneficencia para facilitar su distribución. Estas ayudas pueden ser de muchos tipos: Ayuda con dinero, primas de lactancia, primas de asistencia a los controles del niño, ayuda en especie, transporte gratuito en ferrocarril.

Como vemos, era una época de grandes contradicciones en cuanto a la lactancia de las mujeres trabajadoras: se hacía imposible o muy complicada, por un lado, y se bonificaba, por el otro. En cualquiera de los casos, la mortalidad infantil era un problema muy grande para el estado y el capitalismo industrial, se morían sus futuros trabajadores y soldados. ¡Entramos de lleno en el campo de la biopolítica! Leemos en un artículo del periódico Liberation:

“Además, desde 1865, el biberón de tubo largo que el niño puede aspirar constantemente experimentó una gran popularidad. Pronto se le denominó “el infanticidio”, pero la ley que prohibía su venta no se promulgó hasta 1910. Desde la medicina, el tema se convirtió en político. En el contexto vengativo de la posguerra, se plantea el espectro de una despoblación francesa frente al dinamismo demográfico de los alemanes y comenzó a ser preocupante la masacre de bebés que ocurría en Francia.”

¿Cuándo los seres humanos seremos sujetos de nuestra propia historia y no la elegida y marcada por otros? Con esta reflexión me despido hasta otro día. ¡Un abrazo!

EDITO A 26 DE ABRIL DE 2014:

Del libro de Silvia Tubert, “Figuras de la madre” (pg 106):

“Sin embargo, en Francia, la “industria de la nodriza” no amengua. Por el contrario, hacia el final del siglo XVIII, los estratos sociales modestos de las ciudades también recurren a ella. ¿Por qué? Porque la primera revolución industrial hacía pagar a los artesanos por la creciente competencia de los talleres mecánicos. Las esposas de los artesanos, obligadas a trabajar cada vez más para ayudar a sus maridos, ya no tenían tiempo para ocuparse de su progenitura. Amamantaban al primero o a los primeros hijos y confíaban los siguientes a otras mujeres que vivían en la misma ciudad o en el suburbio próximo. Pero sus escasos recursos no les permitían retribuir convenientemente a la nodriza, que también era pobre. Mal atendido, el bebé tenía pocas posibilidades de sobrevivir. Este desarreglo persistió hasta el triunfo de la higiene preconizada por Pasteur.”

Del libro “Criados, nodrizas y amos. El servicio doméstico en la formación del mercado de trabajo madrileño, 1758-1868″:

“La hija del proletariado, desarrollada en un miserable ambiente, llega a ser madre y siempre ha de criar a sus hijos y transcurridos los cuatro o cinco meses en que necesariamente ha de declinar su poder lactativo, comienza a ayudarse con leche que adquiere en los puestos de la calle o en las lecherías”.  (1903. El Progreso Agrícola y Pecuario).

Más allá del parque – #10 – Exposición del fotógrafo Nicolas Muller

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Tomado del blog “Arte en Madrid”

El otro día fui con mi hijo a la sala de exposiciones del Canal de Isabel II, cerca de Ríos Rosas. En realidad no sabía que nos íbamos a encontrar, simplemente quería conocer el edificio por dentro, un antiguo depósito de agua.

Había una exposición del fotógrafo húngaro Nicolas Muller, un hombre del que no había oído hablar nunca. Mi hijo como siempre, sin parar de correr de un lado al otro y pidiéndome que bajáramos y subiéramos en ascensor sin parar. Al final me le puse en el Tonga, subimos al último piso y fuimos bajando plantas viendo la exposición. A Nicolas Muller, su periplo vital le llevo de su Hungría natal a la huida del nazismo viajando por Francia, Portugal, Marruecos y finalmente España.

Sus fotos retratan el duro trabajo de los campesinos húngaros… 06f79babc5cc8e36086af937f54968c5_L

…la mirada de los niños, como estos de Marsella: b_e6c36465ea9063008f826907fe3ade784717ec01

De su estancia por Marruecos podemos destacar esta foto de “La bailarina Taraja”, tomada en Larache en 1942, cuando esta ciudad pertenecía al Protectorado Español. El personaje que más me gusta es el de la percusionista. Hoy en día es muy raro ver a una mujer percusionista en los espectáculos de danza oriental. Me recuerda a aquellas fotos que hay de gitanos tocando flamenco en la que se ven a muchas mujeres tocando la guitarra. Es como si esos papeles se hubieran masculinizado con el tiempo y pensásemos que siempre ha sido así. Y no es cierto. El personaje masculino se ríe y parece que enseña algo que podría ser un paquete de cigarrillos o un carnet de identidad.

Bailarina Tajara.

Bailarina Tajara.

Y la fotografía que más me gustó de toda la exposición (por eso la pongo en grande, jeje):

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Corro de niñas. Argamasilla de Alba. 1957

Siempre me han gustado las imágenes de danzas circulares, desde el corro de la patata a los bailes populares pasando por el cuadro de “La Danza” de Matisse en el que hombres y mujeres giran juntos y desnudos de la mano. El círculo siempre ha sido sinónimo de horizontalidad y solidaridad, por eso en mis clases de danza con mamás me gusta que por lo menos una parte de la clase la bailemos así, mirándonos en el espejo de la compañera en lugar de en el espejo real, y jugar a expresar desde allí. Quizás no es la figura más apropiada para aprender la técnica, pero sí para crear un ambiente de complicidad grupal.

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Volviendo a la fotografía de Muller, me gustó mucho porque rescata ese momento de juego infantil y nos permite dejarnos sorprender por lo diferente que eran las cosas entonces. ¿Dónde están esos grupos de niños ahora? En Madrid una imagen así es impensable: un grupo enorme de niños jugando a un corro de la patata gigante… ¡Imposible! Primero porque no hay niños, y segundo porque nadie les deja que jueguen en la calle solos. Supongo que en los pueblos tienen más libertad pero también son muy pocos.

Cuando llegamos al final de la exposición había una proyección de un documental sobre la vida de Muller en húngaro con subtítulos en castellano. Nos sentamos y Félix me pidió teta. Le amamanté mientras veía el documental, que por cierto tenía una música muy bonita, y cuando me quise dar cuenta se había quedado frito. ¿Y ahora qué hacía sin mochila ni carrito? Intenté no despertarle y logré que llegara así a casa, todavía no sé cómo lo conseguí… Eso sí, la mano que le sujetaba la espalda terminó un poco lastimada… Le dejé en casa de los abuelos y me fui al curro. Otro día “más allá del parque”.

Más allá del parque – #9 – La escuela de circo Carampa

Cuando era adolescente fui varias veces a la escuela de circo de la Casa de Campo con un amigo y me quedé prendada del espacio y la magia que desprende. El otro día, después de ver cómo le gusta a Félix hacer volteretas en la cama o quedarse mirando el mundo al revés poniendo la cabeza en el suelo, dije “¡Carampa le encantaría!”. Así que un miércoles, después del curro, fuimos toda la familia allí, cuando empieza la tarde de puertas abiertas para entrenar. Nos sentamos en una colchoneta a mirar y a disfrutar del arte de los jóvenes circenses.

Foto tomada de http://www.españaescultura.es/es/companias_artisticas/madrid/escuela_circo_carampa.html

Foto tomada de http://www.españaescultura.es/es/companias_artisticas/madrid/escuela_circo_carampa.html

¡Mi hijo estaba flipando! A la derecha, unos aprendices de payasos hacían equilibrismos con una tabla sobre un cilindro y no paraban de vacilarle. Le invitaron a participar dándole platos para que se los pusiera en la cabeza y fue muy divertido. Él se los quitaba y venía a dárnoslos a nosotros. Es impresionante como sin palabras, el joven payaso no pronunció ni una frase, pudimos comunicarnos todos. ¡Por eso son capaces de conectar tan bien con los niños!

Fuente: ABC

Fuente: ABC

A la izquierda estabaa la gente que calentaba para hacer acrobacias o contorsionismos, al fondo una chica hacía malabares, a nuestro lado unas 10 personas hacían malabarismos en grupo. Impresionaba ver su trabajo de equipo, cómo cuando a uno se le caía intentaban seguir sin parar, ayudándose, concentrándose en la tarea. Al fondo a la izquierda estaban ensayando los equilibristas, con su riesgo, su saber moverse en todos los ambientes. En definitiva, me di cuenta de lo completo que es el trabajo de circo y todo el componente pedagógico que tiene: esfuerzo por conseguir los objetivos que uno se marca, cooperación, flexibilidad, compañerismo, equilibrio, seguridad, autoestima, expresión, interpretación, humor*… ¡Si todavía estuviera a tiempo me apuntaba! Hace un par de años me hice con ellos un curso de danza contact, pero el trayecto hasta allí con el frío y la oscuridad no me terminaba de convencer. Pero la vida da muchas vueltas y quién sabe si algún día volveré…

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Después, el interés de Félix se fue hacia las colchonetas. Un hombre mayor y una chica parecía que hacían yoga. Ponían la cabeza en el suelo e intentaban subir. Mantenían un poco y se caían. Se notaba que al hombre le costaba más, pero ahí estaba intentándolo como el más joven. Mi hijo se puso a imitarlos. ¡No paraba de correr y reir! ¡Qué bien me lo pasé yo viéndolo! A ellos también les hacía gracia, le sonreían y seguían con su tarea. Pero se iba haciendo tarde y nos tuvimos que ir. Volvimos a ponernos los zapatos de calle, los jerseys y abrigos y nos fuimos hacia el coche. En definitiva, fue una tarde muy bonita e inspiradora.

Fuente: web de Carampa

Fuente: web de Carampa

Os dejo sus datos, por si algún día os queréis pasar o apuntaros a algo. Realmente no es un espacio para bebés así que hay que tenerlo en cuenta cuando se va y ser muy respetuoso con el trabajo de los demás.

Escuela de Circo Carampa
Camino del Robledal, 2
Albergue Juvenil R. Schirrmann
28011 Madrid – España
info@carampa.com
carampa@nodo50.org
914792602
www.carampa.com

*MATIZO: El circo tradicional también tiene dos partes muy negativas en mi opinión: el uso de animales en espectáculos y el papel pasivo del espectador que solamente busca divertirse y “distraerse”. Sería un poco la idea que todos tenemos del circo romano y su “pan y circo”, una evasión para no pensar.

Más allá del parque – #8 – El Cementerio de los Ingleses

En pleno barrio de Carabanchel, cerca de la estación de Marqués de Vadillo, hay un pequeño cementerio muy curioso, el cementerio de los ingleses, conocido por ser el lugar donde se daba sepultura a las personas de confesiones no católicas. Aquí están enterrados, entre otros, el creador del Circo Price, Thomas Price, el fundador del Restaurante Lhardy y la familia Loewe. Como en el “Más allá del parque – #1” visitamos mi peque y yo el palacio de los Bauer en la calle San Bernardo, me faltaba conocer el misterioso mausoleo en el que están enterrados.

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El mausoleo, construido en 1907, es de estilo neoegipcio y es obra de Fernando Arbós y Tremanti, arquitecto de la iglesia de San Manuel y San Benito (la que está al lado del metro de Retiro) y, por ejemplo, del edificio que hoy ocupa La Casa Encendida.

Según la web de Atacama Servicios Culturales:

“La fracasada campaña de Napoleón en Egipto entre 1798 y 1801, puso al alcance de la mano de los europeos las maravillas ocultas del país del Nilo, dio un gran impulso a la Egiptología, pero también inició una moda que se reflejó en la arquitectura del viejo continente. A partir de entonces se realizaron en todo el mundo imitaciones casi arqueológicas junto a otras verdaderamente delirantes, resultados armónicos y otros que cayeron en el kitsch más estridente.”

(…)

“Es de forma cúbica y está coronado por una pirámide y sus pilastras, columnas, capiteles (palmiformes y campaniformes), su cornisa en forma de gola, sus formas arquitrabadas, sus relieves y detalles decorativos remiten indiscutiblemente a la arquitectura egipcia, dentro de un armónico eclecticismo, propio de Arbós. El juego de volúmenes, la riqueza de pilastras, cornisas, molduras y remates, la planitud del relieve y la asimetría de los detalles ornamentales nos sitúan ante una muy interesante y personal versión de la egiptomanía de principios del siglo XX.”

Y este mausoleo carabanchelero nos impulsa a conocer la finca de El Capricho, que fue propiedad de esta familia desde que la compraran a finales del siglo XIX a familia de los duques de Osuna hasta que la vendieron en 1945-1948.

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Más allá del parque – #7 – Casa Museo Lope de Vega

Un día que paseaba por el barrio de Huertas descubrí un museo quiquitito que hay en la Calle Cervantes, la Casa Museo Lope de Vega, donde vivió el famoso escritor sus últimos 25 años de vida, entre 1610 y 1635.

http://www.panoramio.com/photo/23261262

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Si no vas con cita previa (hay que pedirla por e-mail) no podrás entrar más que al jardín, un espacio muy bonito reconstruido como más o menos lo tendría el autor, con su huerto, su gallinero y un pozo. Un verdadero oasis de tranquilidad en medio de la ciudad.

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Imagen del folleto de la Casa Museo Lope de Vega

Así que pedí cita para mi abuela, para mi hijo y para mí y allí nos fuimos el martes de la semana pasada. La visita es corta, las guías simpáticas y a pesar de que llevaba a mi bebé en el Tonga me pasé toda la visita intentando que no se bajara a correr por las habitaciones. Al final desistí y le bajé, vigilando de cerca sus pasos… Fue un poco complicado también evitar que dejara de gritar el nombre de su bisabuela a voces mientras la guía intentaba explicar el contenido de cada estancia. Menos mal que la gente fue maja y comprensiva, ¡por una vez!

“Mi casilla, mi quietud, mi güertecillo y estudio”, así hablaba Félix Lope de Vega de su hogar:

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Tomada de Wikimedia Commons.

El cuarto que más me llamó la atención fue la reconstrucción de la habitación donde se reunían las mujeres de la casa a charlar. Es de estilo morisco y por eso se sentaban en el suelo alrededor del brasero. Mirad lo que dice el texto del folleto:

“A continuación se encuentra el estrado, estancia característica del Siglo de Oro de origen oriental, en la que se toma asiento en la postura turca de piernas cruzadas o recostándose en alfombras, colchones y cojines. Desde el siglo XVI el estrado tiende a ser un espacio exclusivamente femenino, reservándose para la labor de aguja, la oración, la lectura o la tertulia.”

Fotografía perteneciente al folleto del museo.

Fotografía perteneciente al folleto del museo.

También me gustó mucho, a raíz de mi interés en cómo vivían los bebés de otras épocas, el Aposento de los hijos, donde tienen una cuna en la que se pueden ver varios amuletos atados o, como se llamaba entonces, un “cinturón de dijes”.

La cuna de la casa. Foto tomada del blog http://cronicadetorreon.blogspot.com.es

“Los amuletos solían ser llevados hasta los cuatro o cinco años y, normalmente, se colocaban en una fajita, que se ponía en la cintura, donde se cosían o prendían. En otros casos, pendían de una cadena de plata, cuando los amuletos eran vistosos y estaban engarzados en plata u otros metales, pero cuando eran nóminas sin ningún adorno u objetos sin ningún valor material, se escondían en bolsitas o cosidos en el interior de la ropa.” Texto de “La infancia en época de El Quijote – Museo Casa Natal de Cervantes”. Si os interesa este tema no podéis dejar de leer este breve texto. No tengo ni idea pero me da la sensación de que muchas veces los padres culpaban al mal de ojo porque quizás no conocían el origen de las enfermedades o la causa de la muerte de los niños.

Al leer este texto de la etnóloga María Pía Timón no he podido evitar acordarme de mi viaje a Senegal y de los amuletos que les ponían allí a los bebés (gris-gris) en los brazos o en la cintura para protegerles del mal de ojo o las enfermedades.

Foto tomada del folleto “La infancia en época de El Quijote – Museo Casa Natal de Cervantes”.

La guía nos explicó que Lope de Vega tuvo muchísimos hijos dentro y fuera del matrimonio, estuvo casado dos veces y tuvo muchísimas amantes. Una de sus hijas ilegítimas se hizo monja en el monasterio de las trinitarias que está cerca de la casa y él también se ordenó sacerdote, lo que no le impidió seguir con sus ligues.

Una de las cosas que se me quedó grabada de la visita fue lo doloroso que fue para él la muerte de su hijo Carlos Félix cuando este tenía 7 años, muerte que nunca superó. En uno de sus poemas está plasmada una parte, si es que las palabras pueden expresarlo, de su tristeza:

 Canción a la muerte de Carlos Félix

(…)

Y vos, dichoso niño, que en siete años

que tuvistes de vida, no tuvistes

con vuestro padre inobediencia alguna,

corred con vuestro ejemplo mis engaños,

serenad mis paternos ojos tristes,

pues ya sois sol donde pisáis la luna.

De la primera cuna

a la postrera cama

no distes sola un hora

de disgusto, y agora

parece que le dais, si así se llama

lo que es pena y dolor de parte nuestra,

pues no es la culpa, aunque es la causa vuestra.

(…)

Cuando tan santo os vi, cuando tan cuerdo,

conocí la vejez que os inclinaba

a los fríos umbrales de la muerte;

luego lloré lo que ahora gano y pierdo,

y luego dije: «Aquí la edad acaba,

porque nunca comienza desta suerte».

¿Quién vio rigor tan fuerte,

y de razón ajeno,

temer por bueno y santo

lo que se amaba tanto?

Mas no os temiera yo por santo y bueno,

si no pensara el fin que prometía

quien sin el curso natural vivía.

(…)

El resto del poema lo podéis leer aquí: http://www.lluisvives.com/servlet/SirveObras/aust/01338342099793278533802/p0000004.htm

Lope de Vega perdió a dos de sus amores en el parto (Isabel de Urbina y Juana de Guardo), lo que nos da una idea de que morir en ese contexto era una posibilidad cercana y real. También murieron otros hijos de Lope de Vega, como Antonia Clara y Lope Félix. Desde luego, tuvo una existencia marcada por los amoríos y la muerte.

¿Era normal en esa época tener una vida sentimental tan agitada con tantas amantes? ¡Tuvo doce hijos de tres mujeres distintas! Y no sólo lo digo porque fuera un hombre, es que sus amantes también eran en muchos casos mujeres casadas y tenían hijos con Lope de Vega mientras seguían en matrimonio con sus maridos. Mi mente del siglo XXI no puede entender muy bien la sociedad de esa época…

Bueno, así fue otro día “más allá del parque”.

Más allá del parque – #6 – Bebés, lágrimas y microfilms

Este fue un “Más allá del parque” muy agridulce. Salí de casa con la ilusión de encontrar los primeros números de una revista anarquista en una hemeroteca de cuyo nombre no quiero acordarme… y volví a casa enfadada y triste.

Todo parecía perfecto, la tenía delante y conseguí leer la primera página de la revista cuando de repente mi hijo de 19 meses, que estaba tan tranquilo sentado en su silla comiendo un trozo de pan dijo una palabra. No sé si fue “pan” u otra, pero el caso es que se nos acercó un hombre con una bata blanca para decirnos que si seguía “así” el niño “íbamos a tener que irnos”. Me quedé pálida. ¿Qué? Pero si encima yo estaba tan contenta de lo relajado que estaba… No había molestado a nadie, no estaba llorando, no estaba gritando. Yo sería la primera en marcharme en cuanto él se cansara o empezara a hablar alto, por eso no entendía que a alguien le pudiera molestar. Le dije que no estaba molestando y miré a mi alrededor y pregunté si estaba molestando a alguien. Una mujer dijo que no, unos chicos que, de hecho, estaban hablando bajito porque estaban haciendo unas fotocopias, dijeron que no y un hombre me hizo el gesto de “bueno, bueno, mitad, mitad”.

Me levanté indignada, con tan solo una hoja leída de la revista y le dije que no lo entendía. Ahí ya me habló de normas, que en realidad los menores de 18 años no podían entrar en ese lugar. La rabia me podía y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos de impotencia. ¿Por qué si no molestaba a nadie nos teníamos que ir? Luego hablarán de conciliaciones e historias. Las madres y los bebés tenemos que estar o en casa o en el parque, como nos salgamos del guión marcado dejamos de ser bienvenidos. ¿Qué clase de sociedad estamos construyendo? Luego nos quejaremos de que los adolescentes solamente hacen botellón. Pero si no se les deja participar en la vida nunca, siempre recluidos en las cosas “de niños” para que no molesten. ¿Es que acaso se les ha permitido hacer otra cosa? ¿Tener inquietudes? ¿Conocer mundo? ¿Ver cosas interesantes? ¿Poder conocer el apasionante mundo de las bibliotecas y la investigación? No. Todo prohibido. Creo que incluso ir a conciertos con tu propio hijo está prohibido, no vaya a ser que se emborrache… ¡Cuánta hipocresía!

Sí, ya sé que para un bebé de 19 meses ver a su madre leyendo un microfilm no es lo más emocionante del mundo. ¡Pero estaba tranquilo observando! No pedía más, no molestaba, simplemente se estaba comunicando con sus primeras palabras. ¿A qué tipo de ser o de ogro le molesta un niño que habla? Pero es que lo peor de todo es que nadie se había quejado…

En fin, no digo el lugar porque no quiero concretar esto que ha ocurrido en un lugar concreto. Podría haber ocurrido en muchos lugares y da lo mismo. No me interesa ni montar ruido ni hacer una concentración delante del edificio. Quiero intentar abrir la mente de las personas, de los trabajadores de las instituciones que obedecen “órdenes” y se acuerdan de “reglamentos”. A veces hay que ser un poquito insumiso, tener un poco de sentido común e incluso hacer la vista gorda en las excepciones cuando no se molesta a nadie. Incluso diría más. Habría que poner en cuestión ese tipo de normativas que promueven un tipo de “apartheid” a las madres y padres acompañados de sus bebés.

Vivimos en una sociedad niñofóbica, lo de adultocéntrico se queda corto en muchas ocasioines. Es como si, al estar los niños segregados en guarderías, colegios, parques y ludotecas el mundo adulto hubiera olvidado lo que es ser niño. Pero creo que es importante que los niños nos acompañen a hacer cosas, siempre que no suponga un sufrimiento para ellos ni se moleste a los demás, claro. Pero de esto último ya nos encargamos y nos hacemos responsables los padres. Evidentemente no voy a llevar a mi hijo a una sala en la que la gente está concentradísima estudiando para un examen. Están ahí buscando silencio extremo y un bebé puede perturbar esa calma. Pero hay situaciones y situaciones, es la falta de flexibilidad y de tolerancia lo que critico.

Hace poco escribí a la Bolsa de Madrid para hacer una visita guiada. ¿Qué me contestaron? “Buenos días, Le comunico que no está permitido la entrada a menores de 16 años por motivos de seguridad de la Institución. Así mismo, para poder realizar la visita, nos debe facilitar los siguientes datos de todos los asistentes: (…)”.

¿Por motivos de seguridad? Me dieron ganas de contestarle de forma sarcástica: “Mi hijo va conmigo en la mochila y ya sé que una madre con un bebé son algo subversivo en este mundo niñofóbico pero desafortunadamente no somos un peligro para los especuladores. Solamente queríamos conocer su institución.”

Creo que uno de los pilares en los que se asienta este loco sistema es el de la segregación, el de la separación de nuestras facetas dentro de una misma persona y la separación de las personas en función de su edad. Claro que a todos nos gusta relacionarnos con nuestros iguales, pero es enriquecedor también que haya espacios de mezcla para aprender unos de otros: los viejos de los jóvenes, los jóvenes de los viejos, los niños de los adultos, los adultos con los bebés… Todos hemos sido bebés y seremos también ancianos. Como decía aquel sabio latino: “soy humano y nada humano me es ajeno”.

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La única página que alcancé a leer…

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Como nota humorística final a este trágicomico episodio os diré que haciendo una búsqueda en google encontré casi toda la revista digitalizada… Si lo hubiera sabido antes de salir de casa nos habríamos ahorrado un disgusto:

http://hemerotecadigital.bne.es/results.vm?q=parent:0002860475&lang=es

Más allá del parque – #5 – El Museo Geominero

Otra mañana nos levantamos y pensé… ¿dónde podemos ir que esté cerca de casa? Y me acordé de que cerca del metro de Ríos Rosas había un museo que siempre me había llamado la atención pero al que nunca había ido: el Museo Geominero.

Después de equivocarnos y entrar en la facultad de Ingeniería de Minas que está al lado caminamos un poquito más abajo hasta el museo. Allí pasamos el control de seguridad y después de pitar por todo (monedero, llaves, móvil) pasamos a una sala enoooooorme e impresionante. Si miras arriba alucinas con la gran vidriera del techo (mi foto es bastante mala pero podéis ver las de su propia web aquí):

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Y debajo hay una gran sala diáfana llena de minerales de las diferentes épocas terrestres distribuidas en muchas plantas. Nosotros no subimos a ninguna y nos quedamos abajo porque mi hijo se volvió loco corriendo por los pasillos hasta que me le subí a hombros y pudimos ver algo y comentar la jugada.

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En definitiva, no es un museo apto para bebés mayores que corren tan rápido que casi ni les pillas. Nos lo pasamos muy bien, eso sí, ver la exposición muy, muy poco. Como siempre, a mi hijo lo que más le gusta es el viaje en metro, más que el destino, y subir y bajar en muchos ascensores. Si tu hijo es mayor y le flipan los fósiles, seguro que le encantará visitarlo. Yo me he quedado con ganas de volver, pero quizás a la hora de la siesta…

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“¡Huesos gigantes! ¿A que me salto la valla?”

 

Más allá del parque – #4 – El Museo del Romanticismo

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Isabel II niña.

En esta ocasión, como el parque muchas veces se nos queda pequeño, nos acercamos al Museo del Romanticismo. Fuimos andando hasta el metro con el meitai en la mochila para cuando se cansara (o me cansara yo…).

Nos bajamos en el metro de Tribunal y fuimos hasta el museo, en la calle San Mateo. Allí me ofrecieron un carrito para hacer la visita (tienen varios) y lo acepté con gusto. Es un museo muy pequeño y se ve rápido, pero más rápido lo vimos nosotros porque a mitad de la visita Félix comenzó a aburrirse y a subirse en la silla…

El palacete está decorado como el hogar de una familia adinerada del siglo XIX. Es una reconstrucción ideal de cómo podrían haber sido ese tipo de viviendas madrileñas. Como me interesan los temas de crianza y todo lo relacionado con la infancia, visité el museo desde esa óptica. Os dejo a lo largo del post varias fotos con estas temáticas.

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Cuna “romántica”…

Aquí vemos un dormitorio con su cunita. ¿Estarían realmente así las cunas? ¿Dormirían los señores de la casa con sus padres? ¿No dormirían más bien con sus nodrizas, que eran quien les alimentaban y cuidaban? Yo creo que sí, y más teniendo en cuenta que la lactancia externalizada era la norma entre la clase alta. Sobre este tema, ya lo he recomendado más veces, está muy bien leer este libro.

La existencia de cunas nos muestra que los niños de las clases altas dormían habitualmente allí, como ya sabía por el libro de Cira Crespo, Maternalias, pero me llamó mucho la atención verlo así, al lado de la cama matrimonial.

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Isabel II adulta a caballo en una imagen clásica de demostración de poder.

¿Y qué decir de esta imagen? Aquí esta la reina, haciendo ostentación de su poder subida en un caballo. Poder militar, poder estatal, poder sobre sus súbditos, hombres y mujeres y niños. Hay que tener en cuenta que durante el s. XIX el sufragio era masculino y restringido a un cierto nivel de riqueza, lo que se traduce en que el porcentaje de votantes era ínfimo (0,15%, 2,2%, 3,9%, 4,32%, 0,6% durante todo el siglo). Además, las elecciones se manipulaban y amañaban constantemente, y hubo múltiples golpes militares. No quiero relativizar pero hoy en día hay sufragio universal para hombres y mujeres y no significa mucho más. El poder lo siguen teniendo los de siempre y nos dejan votar en las nimiedades, nunca podemos elegir en lo fundamental ni en el ámbito económico ni laboral donde la democracia está muuuuuy lejos…

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Este es el cuadro titulado “La nodriza pasiega” de Valeriano Domínguez Bécquer:

“En este lienzo aparece descrito con escrupuloso detallismo la indumentaria de la nodriza pasiega. El traje en esta obra juega una importantísima misión, ya que, tradicionalmente era condición indispensable para amamantar a los hijos de la familia real, ser oriunda del Valle del Pas (Cantabria). Durante el siglo XIX, las mujeres de la región cantábrica fueron prestigiosas amas de cría entre las familias de alcurnia; éstas fueron elegidas, para tal fin, debido a sus excelentes condiciones físicas y sanas costumbres.”

Como “anécdota” de la visita y a tener en cuenta si se va con niños o bebés tengo que decir que para entretener a mi hijo y poder seguir visitando la exposición se me ocurrió darle la caja de la cámara de fotos, con tan mala suerte que le dio a una de las mesas que había por ahí. Le dije que no lo volviera a hacer y estaba segura de que me haría caso. Aún así vino una guarda de seguridad a regañarnos (a regañarme, más bien) por no quitárselo de las manos por si lo volvía a hacer. Dije que ya no lo iba a hacer, que me hacía caso y que ya me encargaría yo de quitárselo si veía que lo iba a hacer.

La verdad es que me sentó fatal porque no me parecía para tanto. La mesa no sufrío ni un rasguño, y no debía ser tan delicada cuando la tenían ahí en medio sin proteger, como sí tenían otros cuadros u objeto del museo y, por favor, es un bebé y no tiene fuerza… No sé, me pareció una reacción muy exagerada, la verdad, pero no fue nada comparado con otras historias que me han pasado en nuestras últimas excursiones y que contaré en próximos “más allá del parque”. Vivimos en una sociedad “niñofóbica” total, ¿qué le vamos a hacer? Pues intentar abrir las mentes y llevarnos a nuestros hijos a todos los ámbitos de la vida para que se acostumbren ellos y los demás a lo que es vivir realmente en sociedad y no segregados en régimen del discreto “apartheid” de las “cosas de niños”, en “los asuntos de madres” o “los temas de mujeres”.

En su favor tengo que decir que el resto de trabajadoras del Museo y de la tienda de abajo fueron un amor y nos trataron con mucho cariño. No vamos a empañar el trato de la mayoría por la excepción que confirma la regla…

¡Hasta el siguiente “Más allá del parque”!

Más allá del parque – #3 – La plaza de las nodrizas de Madrid

Cita histórica encontrada en el libro “Criados, nodrizas y amos: El servicio doméstico en la formación del mercado de trabajo madrileño, 1758-1868”de Carmen Sarasúa:“Hay en la Plaza de Santa Cruz, de Madrid, un mercado diario de carne humana, cuya influencia en las costumbres no se ha pesado todavía. Los que pasan miran, ven un grupo de pasiegas sentadas en el suelo, o en las piedras que forman el borde de un portal, las unas con un niño de pecho, las otras sin él, y sin fijar más ni su atención, ni su pensamiento prosiguen su camino (…).
¿Qué hacen aquí estas pobres y robustas montañesas, las unas comiendo un mendrugo de pan y las otras indicando en su semblante que no les desagradaría comerle? ¿Qué hacen? Esperar pacientemente a que una madre pobre y desventurada, o que alguno en nombre de una madre rica y regalona se acerquen a contratarlas para que, por tanto más cuanto, den a su hijo el alimento que llevan en sus pechos. Mercancía singular, no comprendida en ningún código de comercio, y la única que salió a salvo del sistema tributario del Sr. Mon, que es todo lo que se puede decir. Consideramos a las pasiegas en tres distintos periodos, a saber: antes de Sta. Cruz, en Sta. Cruz y después de Sta. Cruz, aunque para ellas las tres épocas son tres cruces y ninguna santa.” Teatro Social del siglo XIX, tomo II, 1846.
Me parece un tema apasionante el de las nodrizas… Creo que no se puede pensar en la historia de la lactancia sin ellas, cuál era su papel, por qué las mujeres de las clases altas no amamantaban, de dónde procedían las nodrizas y qué razones les impulsaban a vender sus servicios… Me pregunto por qué se ha mercantilizado el cuerpo femenino a lo largo de la historia, ya sea en el alquiler de sus pechos, vagina o útero o la venta de sus óvulos. También me interesa la otra parte, la altruista como la lactancia solidaria o comunitaria, por ejemplo. Quién sabe hacia dónde me llevará esta investigación.
CONTINUARÁ…