Investigando: Xenoestrógenos y cáncer de mama

Después de leer el análisis (reduccionista y simplista, en mi opinión) que hace Alicia Puleo desde el ecofeminismo he decidido informarme más sobre los xenoestrógenos.
 

Y aquí un artículo para leer con calma sobre un tema complejo dados los fuertes intereses económicos que existen en todo lo que amenace o cuestione los peligros de la industrialización. Nadie puede negar que esto afecta a la “objetividad” de la ciencia.

Y otros artículos:
http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/9557209?dopt=Abstract

Contaminación ambiental y salud de las mujeres.

Feminismo y cáncer de mama

Antes de leer este post, recomiendo la lectura de un artículo anterior “Decisiones informadas: los riesgos de no ser una madre joven”.

Interesada por conocer las razones por las que desde todos los ámbitos se obvian una y otra vez las causas del cáncer de mama relacionadas con los hábitos reproductivos y sexuales de las sociedades industrializadas he decidido profundizar, después de escribir este extenso post sobre los riesgos de no ser una madre joven, en la postura que se tiene sobre este tema desde el feminismo. En concreto, desde una autora del ámbito del ecofeminismo. Para ello he seleccionado algunas citas de Alicia Puleo que reproduzco a continuación, con su correspondiente análisis (la negrita es mía):

Alicia Puleo
, Profesora de Filosofía Moral y Política en la Universidad de Valladolid, directora de la Cátedra de Estudios de Género de esa misma Universidad y miembro del Consejo científico de EcoPolítica:

“Otro punto de contacto es, por ejemplo, la incidencia de los pesticidas en las trabajadoras del campo. Los xenoestrógenos son sustancias químicas que por ser similares a los estrógenos producen patologías especiales en las mujeres. Algunos investigadores relacionan el gran aumento del cáncer de mama en las dos últimas décadas con la exposición a xenoestrógenos presentes en pesticidas, en las dioxinas liberadas al medio ambiente por las incineradoras, en las resinas sintéticas de barnices y pinturas, en los envoltorios de plástico y en numerosos productos de cosmética. Ahí tenemos, pues, un aspecto muy específico de la cuestión de porqué la ecología les tiene que interesar particularmente alas mujeres.” http://www.mujeresenred.net/spip.php?article1249

Análisis: No lo pongo en duda pero sería conveniente cada vez que se cita un artículo poner la referencia o los autores para que otras personas pudiéramos también consultar sus fuentes. Obvia las causas relacionadas con la salud reproductiva.


“Las sustancias  tóxicas presentes en ambientadores, material informático, plásticos, pinturas,  plaguicidas, etc. actúan como disruptores endocrinos peligrosos que afectan en primer lugar -aunque no exclusivamente- a la salud de mujeres y de niñas y niños incluso durante la vida fetal. Los xenoestrógenos (sustancias químicamente similares al estrógeno femenino natural) parecen tener un papel fundamental en el incremento del cáncer de mama en los últimos cincuenta años. Como puede inferirse, la preocupación feminista  por la salud de las mujeres en la sociedad química conecta con los objetivos ecologistas.” http://www.ecopolitica.org/index.php?option=com_content&view=article&id=107%3Aecofeminismo-la-perspectiva-de-genero-en-la-conciencia-ecologista-&catid=25%3Aecofeminismo&Itemid=1

Análisis: En el anterior texto hablba de los últimos veinte años, aquí sin embargo se refiere a los últimos cincuenta años. Sigue centrándose solamente en las causas medioambientales y obvia las causas relacionadas con la salud reproductiva.

 “El incremento del cáncer de mama en los últimos cincuenta años se debe principalmente
a los xenoestrógenos, sustancias químicamente similares a las hormonas femeninas (pesticidas
organoclorados, dioxinas de las incineradoras, resinas sintéticas y otras sustancias contenidas
en productos de limpieza, envoltorios de plástico, pinturas, etc.). La ecofeminista Karen Warren
pregunta ¿qué problema puede ser considerado un problema feminista? Y responde: cualquiera
que afecte a las mujeres (Warren, 1996). Por lo tanto, el problema de la salud deteriorada por
la contaminación es un problema feminista.” “Mujeres por un mundo sostenible”.


Análisis: La autora sigue insistiendo en que el aumento de cáncer de mama se debe “principalmente” a los xenoestrógenos y obvia la exposición a los propios estrógenos y a la falta de amamantamiento. Si el cáncer de mama es un problema feminista no se comprende que no se estudien todas sus causas por igual, incluso las que cuestionan los pilares del pensamiento feminista. Ante algo así, no se debería huir sino intentar comprender el fenómeno y cuestionar su validez con argumentos, porque en la ciencia médica ninguna verdad es inmutable.


“En el curso del año 2002, la Red Medioambiental de Mujeres, con sede en Londres, ha denunciado que poco se dice y se hace por combatir el alarmante aumento del cáncer de mama que en los últimos cincuenta años tiene su principal causa en la exposición a xenoestrógenos, es decir, a sustancias químicamente similares a estas hormonas femeninas (pesticidas organoclorados, dioxinas de las incineradoras, resinas sintéticas y otras sustancias contenidas en productos de limpieza, envoltorios de plástico, pinturas, etc.). La atención pública es desviada hacia los factores genéticos, que sólo explican entre el 8 y el 10% de los casos, o culpabilizan a las propias mujeres insistiendo en los estilos de vida (por ejemplo, en la falta de ejercicio físico) cuando la principal causa es totalmente ajena a la decisión individual y proviene de una alimentación y un medio ambiente tóxicos.” Puleo, Alicia H.: “El ecofeminismo y salud de las mujeres”, Revista Meridiam nº 30, Instituto Andaluz de la Mujer, octubre de 2003

Análisis: De nuevo evita colgar los enlaces de los estudios sobre xenoestrógenos que tanto nos ayudarían a acceder a la información de forma directa y sin mediaciones. Después señala que informar de que los estilos de vida afectan al cáncer es “culpabilizar” a las mujeres. Esto no es cierto, se podrá cuestionar la veracidad o falsedad de lo que afirme el paradigma oficial del cáncer pero de ningún modo informar es culpabilizar a las mujeres. Es como si yo dijera que se quiere culpabilizar a los fumadores por fumar cuando se les dice que fumar causa cáncer. Si efectivamente la comida que comemos es veneno puro hay que decirlo, eso no es culpabilizar a las personas que compran en el supermercado sino señalar el problema. Si la falta de ejercicio físico es mala para la salud y se ha visto que hay una relación entre obesidad y cáncer de mama, decirlo no es culpabilizar a las personas obesas. ¿O es mejor que no lo sepan? ¿Es mejor vivir sin “culpa” y en la ignorancia? ¿Por qué no en vez de hablar de “culpa” hablamos de “responsabilidad” sobre la propia vida? No soy libre para comprar comida orgánica porque no tengo los medios para comprarla, pero puedo denunciar la contaminación y puedo luchar por modos de vida autogestionados.

Llama la atención, por otra parte, que se traiga a colación el tema de los estilos de vida y no se incluyan los hábitos reproductivos del mundo industrializado en el debate (no tener hijos, tenerlos muy tardiamente y no amamantarlos). ¿Hablar de esto también es culpabilizar? No se trata de culpabilizar a las mujeres sino de informarlas y creer en que somos seres humanos libres y responsables para tomar decisiones y para rebelarnos contra las situaciones injustas. La culpabilidad se siente cuando se ha hecho lo que no se debía, cuando se ha hecho algo en lo que no se creía. Cuando se ha hecho lo que tu conciencia y deber ético te señalaban, la conciencia está muy limpia. Por ejemplo, cuando una mujer se ve con 40 años triste por no haber podido ser madre cuando era lo que quería y no hizo en su momento por las razones que sean, no tiene por qué sentirse culpable. Hizo lo que pudo con la información que tenía. Y si no lo hizo y se siente mal, es un duelo muy personal que cada cuál debe pasar lo mejor acompañada posible. En ningún caso se debe huir de la verdad, por muy dolorosa que sea. Peor es vivir creyendo en mentiras piadosas para no sufrir. El sufrimiento no debería ser capaz de autodestruirnos sino servir para hacernos más fuertes y canalizar esa frustración por otras vías creativas. Cada persona encontrará su camino y se puede ser madre de muchas maneras. 

Hay que denunciar tanto la contaminación alimenticia como la ideológica. Las dos matan. Y, por cierto, ya que la publicación está financiada por el Instituto Andaluz de la Mujer quizás podríamos pedir responsabilidades políticas respecto al tema de los xenoestrógenos y exigir una investigación de los cultivos andaluces, por ejemplo, de los monocultivos del olivo o de los invernaderos de Almería, etcétera. ¿Por qué el Instituto Andaluz de la Mujer publica este tipo de informaciones y después no mueve un dedo para evitar la contaminación ambiental de la alimentación? ¿No tiene ningún tipo de responsabilidad en el asunto?

“La primera tiene que ver con nuestros propios cuerpos. Se trata de la relación entre contaminación y salud. Según diversos estudios, el alarmante aumento del cáncer de mama en los últimos cincuenta años se debe principalmente a la contaminación medioambiental con xenoestrógenos, sustancias así llamadas por ser químicamente similares al estrógeno. Se encuentran en los alimentos cuando contienen restos de pesticidas organoclorados o dioxinas provenientes de incineradoras, en pinturas de muebles y paredes de nuestras casas, en numerosos productos de limpieza y perfumería que se encuentran en nuestros baños, en los envoltorios de plástico, en las resinas sintéticas… la lista es infinita. En la leche humana materna se han detectado parafinas cloradas y pirorretardantes bromados. Sin embargo, se habla poco de estas causas medioambientales de enfermedad. ¿Hemos de relacionar este relativo silencio con la reciente constatación de que la mayor parte de los estudios clínicos que muestran resultados que no agradan a los sponsors no son publicados? (Jones, Handler, Crowell, Keil, Weaver, Platts-Mills, 2013). Vemos aquí una razón más para evitar la total dependencia de la investigación universitaria con respecto a las empresas privadas que tanto se está impulsando como factor de competitividad, dinamismo y modernización.

El alarmante aumento del cáncer de mama se debe principalmente a la contaminación medioambiental
Salvo honrosas excepciones (entre ellas, el informe presentado en el Senado francés, en 2012, por 2500 médicos y que ha llevado al informe del INSERN de 2013), la medicina se concentra mayoritariamente en estudiar los factores genéticos que explican únicamente el 10 % de los casos de cáncer de mama y culpabiliza incluso a las propias mujeres por no practicar deportes como medio preventivo. La manipulación de insecticidas y herbicidas (en la agricultura, en el cuidado doméstico de plantas de interior y exterior), pero también su presencia en los alimentos es causa de un serio incremento del riesgo de sufrir desde asma hasta Parkinson, linfomas y otros cánceres. Las preguntas que tenemos que formularnos son muchas. A modo de ejemplo: ¿Por qué no se dice que la persona que no consume alimentos de producción ecológica puede llegar a ingerir hasta cincuenta variedades de pesticidas por día? ¿Por qué no se alerta contra la aplicación de insecticidas en el interior de las casas? ¿Por qué se reconoce y se publicita que una sustancia es nociva sólo cuando se quiere lanzar una nueva al mercado en reemplazo de la anterior? Los afectados por la sociedad química son trabajadores y consumidores de ambos sexos, pero como las sustancias tóxicas se fijan mejor en la grasa, el mayor porcentaje de grasa del cuerpo femenino y su mayor inestabilidad hormonal nos hace particularmente sensibles a la contaminación (Valls-Llobet, 2009, 2010). Esta es la causa que explica el mayor número de mujeres entre los afectados por el síndrome de hipersensibilidad química múltiple (SHQM), un cuadro patológico que el desconcierto médico suele diagnosticar como alergia a las gramíneas o al pelo de algún animal doméstico. La química industrial que nos rodea queda, así, fuera de toda sospecha. Ante esta situación, con suma pertinencia, el informe del INSERN aconseja dar mayor formación sobre toxicidad medioambiental al cuerpo médico. Algunos grupos feministas anglosajones han lanzado en los últimos años campañas informativas sobre la relación entre contaminación y salud de las mujeres. Pero, faltos de medios, su voz ha tenido escasa repercusión.” http://revista.conlaa.com/index.php?option=com_content&view=article&id=554&Itemid=593



Análisis: Se habla poco de las causas medioambientales del cáncer de mama, pero tampoco se habla de las causas reproductivas y de los estrógenos endógenos, los que producimos nosotras mismas durante la fase fértil de nuestra vida. Desde el ecofeminismo tampoco se habla de esto. Haciendo un paralelismo con lo que ella misma señala podríamos preguntarnos si al igual que lo que no agrada a los sponsors no es publicado, lo que no agrada al feminismo en relación a las causas del cáncer de mama es también silenciado por razones ideológicas relacionadas con la maternidad. Cabría también ampliar la crítica sobre la dependencia universitaria a la financiación privada a la financiación estatal, que también financia lo que le interesa, al igual que hacen las empresas. ¿O acaso el pensamiento crítico no debería ser también independiente del Estado y sus instituciones, como el Instituto de la Mujer o los Institutos Universitarios?

Es cierto que se le está dando muchísima publicidad a los factores genéticos del cáncer (causantes de un 10% de los cánceres de mama) mientras que al resto de factores no se les da la misma importancia porque de la prevención no se puede hacer negocio. Ahora comprobamos que desde la visión ecofeminista de esta autora tampoco se quiere hablar de las consecuencias de no tener hijos cuando somos jóvenes y de no amamantar. ¿Por qué ese miedo a hablar de la maternidad y la sexualidad reproductiva de las mujeres? ¿Por qué tirar balones fuera solamente centrándose en los factores medioambientales? ¿Sigue siendo un tabú la maternidad para el feminismo? Por supuesto que hay que denunciar la contaminación y el uso de pesticidas, pero hay mucho más de lo que hablar. Por cierto, George Soros, subvencionador mundial de estudios y entidades feministas, tiene 312.6 millones de dólares invertidos en Monsanto, el creador del pesticida Round Up que contamina nuestros suelos y aguas.

Las monjas

El primer argumento para rebatir la promoción de informaciones tergiversadas respecto al cáncer de mama lo proporcionan las monjas. Antes de los pesticidas y la llegada del plástico y la industrialización masiva ya se sabía que las monjas tenían muchos más casos de cáncer de mama que las casadas. ¿Y qué hacemos con este dato? ¿Cómo no cuadra con nuestros postulados lo ocultamos? O, mejor aún, ¿resaltamos en el artículo algo que no es cierto y sobre lo que no se aporta ninguna prueba como que “El alarmante aumento del cáncer de mama se debe principalmente a la contaminación medioambiental”? 

El cáncer de mama no se debe principalmente a la contaminación medioambiental, aunque no niego que sea una de las causas de ese aumento (como es un tema que no he estudiado todavía, prefiero no hablar de lo que desconozco). Lo que pongo en duda es que sea la razón principal. Sabemos que los países aumentan sus tasas de cáncer de mama al industrializarse ya que este proceso es mucho más que utilizar procesos productivos con máquinas o pesticidas. Es una forma de vida, una forma de no tener hijos o retrasar su nacimiento, una forma de alimentarse y de respirar, una forma determinada de  relacionarnos con el resto de seres humanos, animales y con la naturaleza. La industrialización, tal y como se ha producido, evita y causa muertes a la vez. Desconozco cuál es el saldo de esta triste resta. 


El hecho de que mueran cada año 6.000 mujeres por cáncer de mama en nuestro país y que muchas de esas muertes podrían haberse evitado si hubieran sido madres jóvenes nos debería conducir a algún tipo de reflexión. Más cuando el desconocimiento sobre este tema es total en la sociedad (no así en el ámbito médico), lo que contrasta con los abundantes mensajes que sí recibimos sobre la importancia de la detección precoz y de las mamografías. Un ejemplo más de que en este sistema gana siempre la opción más cara y que más dinero mueva. 


La información debe fluir y
ser debatida en el espacio público para que después se puedan tomar decisiones informadas en la vida privada, tanto si se quieren tener hijos como si no. Flaco favor se hace a la salud de las mujeres cuando se seleccionan los argumentos para evitar hablar de algo que podría cuestionar el modelo de mujer actual que se promociona desde las instituciones estatales y desde las empresas capitalistas, una mujer sin hijos (o con uno muy tardío) y que prioriza su explotación laboral o consumista antes que la construcción de relaciones humanas fuertes o la lucha por un mundo mejor. Si es debido al desconocimiento, es grave, pero si es debido a una ocultación deliberada de información sería mucho más grave.

Creo que estos temas deberían estar en el centro del debate sobre las causas del cáncer de mama para impedir que siga aumentando esta enfermedad y que las mujeres se autoresponsabilicen de su propia salud y, a la vez, responsabilicemos a los que contaminan nuestros campos, cuerpos y mentes. Por eso, termino con las palabras de Emilio Alba, miembro de la junta directiva del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM): 

para Emilio Alba, miembro de la junta directiva del Grupo Español de Investigación en Cáncer de Mama (GEICAM), el factor más importante es el reproductivo. “El cáncer ocurre en algún momento entre la primera regla y el primer embarazo y ese periodo ha aumentado mucho en nuestro país: A principios del siglo XX, la primera regla ocurría en torno a los 14 años y la primera gestación sobre los 18, mientras que ahora la edad de inicio de la menstruación se ha adelantado, probablemente debido a una alimentación más calórica, y la edad media de la maternidad está en los 32“.

Con la menstruación empiezan a dividirse las células del conducto mamario que no dejan de hacerlo hasta el primer trimestre del embarazo. “Debido a la exposición a un gran número de hormonas al inicio de la gestación, las células mamarias dejan de dividirse para el resto de la vida, ya que en ese momento se diferencian a células secretoras y transportadoras de la leche. Y sin división, no hay cáncer”, explica Alba.

Esto no quiere decir que la mujer que haya tenido hijos no vaya a tener cáncer, pues las células tumorales pueden haber aparecido antes y su desarrollo -y detección- ser posterior, sino que la maternidad temprana disminuye el riesgo de esta enfermedad.

Además, hay que añadir a ese factor otros como el uso de la píldora anticonceptiva. “El 70% de los tumores de mama tiene un criterio hormono-dependiente y tiene su origen en una causa hormonal”, apunta el vocal de la SEOM. El sobrepeso se suma a esta lista de factores condicionantes a la enfermedad. “Está vinculado a una mayor incidencia y, una vez diagnosticado, a un peor pronóstico”, añade Alba.”

ACTUALIZACIÓN 29/09/2015: 
 Mujeres trabajadoras y cáncer de mama:
El estudio ha tenido en cuenta el sesgo que incluye el retraso de la edad de maternidad en algunas profesiones, ya que es en sí mismo, un factor de riesgo para el cáncer de mama.”
http://www.breastcancerfund.org/assets/pdfs/publications/working-women-and-breast-cancer.pdf