Pobreza espiritual

Mientras como en la cafetería del trabajo leo un revista gratuita. Hay un artículo sobre una mujer, una anciana que ha muerto sola en un incendio en su casa. La conclusión del artículo y de cierto partido político es que todo se debe a que no tenía electricidad en la casa y tenía que usar velas. Hay que manifestarse a las puertas de Gas Natural. La mujer no vivía sola, vivía con ella una nieta, pero en ese momento no se encontraba en casa. Familia desestructurada, dicen en el artículo.

Pero, ¿es tan difícil ver la manipulación ideológica? No todo se reduce a problemas económicos y materiales. Lo grave del asunto es que la gente se está muriendo sola. La pobreza material no implica morir solo. Hay familias okupas que pinchan la luz o que se buscan la vida en esos aspectos. Que un anciano muera solo es algo terrible. Incluso hay familias, como las de los amish, que rechazan la luz eléctrica por motivos religiosos y no mueren en incendios. Pero están unidos, no están solos, no dejan a sus ancianos solos en casa con velas. Se cuidan. Están unidos.

Nada de esto puede ver un partido patético como Podemos, que a lo sumo se manifiesta contra la “pobreza energética” cuando lo que tienen ellos es una gran “pobreza espiritual”. Si fuera mal pensada pensaría que esas concentraciones a las puertas de las empresas de Isidro Fainé hasta le vienen bien. Después se podrá justificar que el Estado financie o subvencione la factura eléctrica de empresas privadas para evitar la “pobreza energética”. Patéticos al servicio del Estado y el Capital.

Queréis luz pero vivís en la sombra.

aaaa

Relacionado:

http://www.publico.es/culturas/suecia-caida-libre-hacia-aburrimiento.html

http://www.20minutos.es/noticia/2893312/0/municipio-dinamarca-vecinos-demencias-dinamarca/

Documental “El silencio de los pandas”

Documental sobre la ong WWF, fundada por Bernardo de Lippe-Biesterfeld (príncipe de los Países Bajos y creador del Club Bilderberg), el Príncipe Felipe Duque de Edimburgo (marido de la actual reina de Inglaterra) y Julian Huxley (Director general de la Unesco y hermano mayor de Aldous Huxley):

Le silence des pandas (ce que le WWF ne dit pas) – HQ from Deep Green Resistance France on Vimeo.

Bibliografía relacionada:

Horrores cotidianos

Hace unos años, cuando mi hijo estaba en la guardería, presencié uno de esos momentos reveladores, que dicen más que cien libros de psicología o ingeniería social. Era durante una etapa del curso en la que se nos invitaba a los padres a asistir a un día de clase a contar un cuento o proponer cualquier otra actividad (un ejemplo del cambio de paradigma actual, de la “pasividad” hacia la “participación” controlada que vemos en todas las facetas de lo político). El día que fui pude vivir, de alguna forma, lo que era un día de guardería, salvando todas las distancias.

Nos sentamos en círculo (o más bien nos sentaron) y lo llamaron “asamblea” (cualquier parecido es pura coincidencia…) pero lo peor estaba por llegar. Un detalle inadvertido. Un niño llegó tarde, más tarde de la hora oficial de llegada. Por cierto, la que llegó tarde fue su madre, obviamente, no el niño. La profesora de apoyo le dijo que se sentara en el círculo. El niño dijo que quería beber agua (los niños tenían su propio vaso y se supone que bebían cuando querían). La profesora le dijo que no, que no podía porque “no era el momento”, era el momento de la “asamblea”. El niño se sentó.

Yo no entendía nada y sin embargo no pude articular palabra. Hoy ha vuelto ese momento a mi cabeza. ¿Cómo es posible que no se pueda beber cuando uno tiene sed simplemente porque “no es el momento”? ¿Acaso molestaba a alguien? No, pero debía aprender a obedecer y reprimir todo impulso humano natural, sano y que ni siquiera afectaba a los demás, como la sed. Eso es el curriculum oculto. Tan oculto como mi silencio y pasividad.

Curiosamente, en la facultad podíamos beber agua en clase y mucha gente se llevaba su propia botella. Allí ya no había normas absurdas, ya llevábamos años de curriculums ocultos y ya no hacía falta prohibir beber a determinadas horas o en determinadas tareas. Esa parte de la domesticación ya la habíamos aprobado y ahora tocaba aprender otra lección, en este caso de degradación personal y de aceptación de la mediocridad como algo normal.

Otro momento, un año después.

Voy a buscar a mi hijo a las 12.30 al colegio. Esta vez no se queda en el comedor porque vamos al médico. Veo pasar a una fila de niños con miradas tristes agarrados unos detrás de otros por las camisetas en una especie de trenecito sin ninguna energía vital. Van a comer. Es humillante, aunque nadie parece verlo. Me dan ganas de gritarlo a los cuatro vientos. Callo. Las camisetas se van estirando y acortando según los pasos entre los niños son cortos o rápidos. ¿Es necesario toda esta escenificación? Seguramente es eficiente y se ahorra tiempo, pero parecen ganado industrial…

Cuanto más protestas, peor. Más se refina el sistema. Cuanto más protestas, más te proponen para cargos políticos internos. ¿Quieres una escuela diferente? Ten cuidado de lo que sueñas, puede que se convierta en realidad. De la escuela fordista pasaremos a la escuela toyotista, flexible, creativa, ecologista, sostenible… Porque como con el parto y la lactancia, ya no se puede destruir más y se intentan recuperar parcelas como reservas naturales en medio del colapso.

Si el Kindergarten era un jardín en el que el profesor experto era el jardinero y los niños las flores (el ganado), en la escuela ecologista estatal se obligará a plantar en el huerto, seguramente en preparación de la época pospetrolera y neofeudal y neoesclavista. Supongo que quieren que las nuevas generaciones vayan haciéndose a cultivar huertos estatales, a cultivar para los dirigentes, para los expertos, para los déspotas que siempre saben más que los demás. Pobrecitos de nosotros, siempre sin rumbo, siempre con tanta necesidad de estimulación e intervención a la hora de aprender a ser y existir. Y yo, colaboro con todo ello.

Sueño con la desescolarización, pero no es posible vivir con un sueldo. Y no, no mencionemos el típico discurso del empoderamiento, del emprendimiento, de que toda madre que lo desee puede montar su propio negocio y trabajar y criar en casa a sus hijos. Eso es falso, eso es el sueño americano, tan falso y podrido como todo lo demás. Lo consigue una persona, vendiendo su alma al mejor postor, y cien se quedan por el camino.

¿Hay salida? Si la hay, no será televisada, ni facebookeada, ni retuiteada. Mucho menos estará escrita con letras digitales en un blog. La única salida posible, por ahora, es la libertad de la conciencia.

Buenas noches y buen silencio.

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“El comercio infame: capitalismo milenarista, valores humanos y justicia global en el tráfico de órganos” de Nancy Scheper-Hugues

Tomado de “El comercio infame: capitalismo milenarista, valores humanos y justicia global en el tráfico de órganos” de Nancy Scheper-Hugues (2004):

La comercialización del transplante, una práctica que, en las biopolíticas postmodernas, se combina confortablemente con sus valores de disponibilidad, individualidad, circulación libre y transparente, ejemplifica mejor que cualquier otra tecnología biomédica el alcance y los límites del liberalismo económico. En el transplante los dones de vida y muerte prometen superar todas las restricciones y los límites “naturales” previos; y la desinhibida circulación de riñones comprados ejemplifica la episteme neoliberal, un discurso político basado en los coneptos jurídicos del sujeto individual autónomo, igualdad – al menos igualdad de oportunidades-, libertad radical, acumulación y universalidad – expansión de los derechos médicos y la ciudadanía médica-. El riñón mercantilizado es, hasta la fecha, la divisa principal en el “turismo del transplante”; representa el patrón-oro de la venta de órganos en todo el mundo. El año pasado, sin embargo, han empezado a proliferar en el sureste asiático los mercados de hígados y córneas de vendedores vivos.
http://revistas.ucm.es/index.php/RASO/article/view/RASO0505110195A/9468

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Human Harvest: China’s Illegal Organ Trade from Flying Cloud on Vimeo.

“Historia de las mujeres en Galicia. Siglos XVI al XIX”

Encontré este libro en la biblioteca de mi trabajo y no me pude resistir a sacarlo. No he hecho una lectura completa, solamente he buscado los temas que a mí más me interesaban. De lo leído me gustaría comentar algunos aspectos:

– Embarazos, partos e hijos:

En este capítulo las autoras, Ofelia Rey Castelao y Serrana Rial García, hablan de la estacionalidad de las concepciones asociadas al trabajo agrícola de cada zona. Esto me ha parecido muy interesante y en relación con los estudios sobre el metabolismo energético del antropólogo Peter Ellison (mencionados en este post y este otro). En total, las gallegas tenían unos 4-5 hijos por matrimonio, muchas de ellas se casaban embarazadas. Esto significa que es en el siglo XX cuando sube la natalidad, ya que en el libro “Ritos de embarazo e parto en Galicia” se afirma que era muy normal encontrar mujeres con 12 hijos. Curiosamente, estos libros se contradicen en el tema de los anticonceptivos, ya que las autoras de “Historias de las mujeres en Galicia” dicen desconocer que se usara ningún tipo de anticonceptivo o abortivos tempranos:

“En torno a un 10% de los matrimonios no llegó a tener descendencia y la fecundidad de las gallegas puede considerarse moderada, en comparación con otros modelos; sin embargo, ambos datos no revelan la existencia de prácticas anticonceptivas, o al menos no se han encontrado menciones en la documentación. (…)

Había claro está un tercer factor, la duración de los intervalos entre partos, que en Galicia eran largos. Las causas tampoco se vinculan a prácticas contraceptivas sino a la emigración temporera, en especial la polianual – como señalaba Martínez de Padín – y a la esterilidad natural provocada por la lactancia; dado que esta se prolongaba durante bastante tiempo y se combinaba en la mayoría de las mujeres con un trabajo duro y una alimentación deficiente, el resultado era este tipo de esterilidad”.

Dicen las autoras, también, que la lactancia materna directa y prolongada era algo generalizado entre todos los estratos sociales, tanto campesinos como urbanos. Incluso las madres de las clases altas daban de mamar a sus hijos y el uso de nodrizas era algo poco habitual. Quizás por eso el intervalo entre nacimientos de los estratos medio altos era de de 22 meses, casi dos años, y en las zonas rurales era de entre 28 y 30 meses.

Sobre los partos, las autoras creo que se dejan llevar por sus propios prejuicios y proyecciones con frases como “es de suponer que el parto sería esperado con temor por las mujeres, sabiendo que lo máximo con que contarían sería la ayuda de una partera y el consuelo de la religión o la magia”, cuando sabemos por el libro de Antonio Pereira Poza que esto no era así e incluso en algún pueblo la parturienta se sumergía en agua caliente, mucho antes de que Michel Odent descubriera la capacidad de este medio para relajar y ayudar en la fase de dilatación.

También se habla del alto número de bebés que nacían fuera del matrimonio, una media del 10%, admitiendo que estaba socialmente aceptado y desestigmatizado. Los estigmas de las “madres solteras” son algo bastante posterior y de ciertos ámbitos sociales, como quizás las clases altas madrileñas en el siglo XIX. Esto también lo comenta Asunción Díez en su libro “La familia campesina del Occidente asturiano”.

– Buscarse la vida:

A las mujeres les correspondía la gestión de la casa y aprendían desde niñas por imitación. El trabajo era en común (cocinar, lavar o coser).  Había variedad en el número de personas que en cada casa ayudaban a las mujeres. Dice textualmente (pg. 99):

En el mundo rural, la extrema precariedad de medios materiales de la mayoría de  las familias campesinas redujo al mínimo su dedicación a las faenas domésticas. La mayoría de las casas era de muy pequeño tamaño y estaban construidas con materiales de baja calidad. Se trataba por lo general de viviendas en las que las zonas convivían con los animales, sin que hubiera divisiones ni zonas delimitadas, sino una amalgama en la que se mezclaban aperos, muebles, ajuar, menaje… de modo que sería impropio hablar de una feminización del ambiente; (…). En realidad, llaman más la atención las ausencias que las presencias: nunca aparecen cunas, no había armarios – muy elitistas – y las camas o los asientos con respaldo eran un bien escaso. En este ambiente de precariedad, que caracteriza a la inmensa mayoría del campesinado, la función doméstica de las mujeres se reducía a la elaboración de la comida, pues no parece que la limpieza las entretuviese demasiado tiempo y la mayoría se dedicaba más a las tareas agrícolas, a la atención del ganado y a mil actividades complementarias que veremos luego.

(…)

Es fácil imaginar la vida de las mujeres nobles o de las hidalgas ricas que vivían en los pazos, ya que el servicio doméstico las supliría en sus teóricas obligaciones y la comodidad que las rodeaba estaba a años luz de la precariedad de sus vecinas.

(…)

A mediados del siglo XVIII, en Santiago, por ejemplo, la vida tenía que ser bastante cómoda para las mujeres de rango noble, cuyas familias eran de pequeño tamaño – 3,8 componentes, pero tenían un amplio servicio doméstico – 3,4 criados-, o para las de la burguesía administrativa y mercantil, que para el mismo tamaño familiar disponían de 1,5 criados, cifras casi idénticas a las de Lugo y de otros núcleos urbanos, pero poco comparables con las referidas a las demás mujeres urbanas, que por lo general no tenían ese tipo de ayuda o la tenían en muy escasa medida.

Creo que esta parte del libro hace que se tambaleen algunos tópicos sobre el trabajo doméstico de las mujeres a lo largo de la historia ya que el rol de ama de casa típico de los años cincuenta del siglo XX es algo muy limitado en el espacio y el tiempo. Si convives con animales de labranza en la misma casa no creo que tus estándares de limpieza sean los mismos que los que tenemos ahora, por tanto, se dedicarían menos horas a esas tareas. Claramente, no eran amas de casa ni tenían que estar agobiadas por frotar y frotar los azulejos o los suelos de casas pequeñas y con pocos muebles. La ausencia de cunas demuestra que los bebés dormían con sus madres y eran amamantados por la noche (ahora lo llaman “colecho”). Pero lo más importante quizás es que el trabajo doméstico o la crianza no recaía en una única persona sino que era compartido entre varias. Creo que realizar una tarea que requiere esfuerzo en aislamiento o hacerlo acompañada marca la diferencia.

La convivencia con animales creo que merece un análisis aparte. Hoy en día se sabe que ese contacto está relacionado con la disminución del número de alergias. O más bien al contrario, la vida sin contacto con animales (y sus microbios) aumenta el riesgo de alergia y asma en los niños. Además, vivir con animales siendo niño te aporta un conocimiento de los ciclos de la vida natural que no tenemos los niños que hemos crecido en la ciudad. En el campo ves a los animales copular, parir, criar, cuidar, alimentar, nacer, morir…

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Fotografía de Dina Goldstein inspirada en una hipotética continuación del cuento de  Blancanieves.

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Tu trabajo es una mierda

Tu trabajo es una mierda. Y no, no es porque quizás esté mal pagado o tenga un horario demencial. Puede que incluso te sientas bien remunerado y te guste tu horario. Pero no, tu trabajo es una mierda porque es innecesario o, peor aún, nocivo para el mundo. En teoría deberías defenderlo, decir que te gusta lo que haces y que te sientes realizado, pero la realidad es bien diferente. Además, si lo perdieras sería mucho peor, perderías tu fuente de ingresos. Por otro lado, desde un punto de vista sindical no puedes defender públicamente que tu trabajo es una mierda, que lo que haces no vale para nada o no vale para nada bueno. Se supone que estarías tirando piedras sobre tu propio tejado y justificando la desaparición de tu puesto de trabajo e incluso de toda la institución al completo. ¿Estamos locos?

El ser humano necesita dedicar su energía vital hacia algo que tenga sentido, un sentido básico pero también un sentido trascendente. Por ejemplo, recolectar comida, cazar para comer o cultivar un huerto son actividades con un sentido primordial, social, espiritual y ancestral. Pero, ¿tiene sentido dedicarse a adoctrinar a la gente bajo el epígrafe de “educarlos”? ¿Tiene algún sentido trabajar en televisión? ¿Tiene algún sentido hacer algo en lo que no crees? ¿Tiene sentido domesticar niños siendo profesora para que se amolden al sistema? ¿Tiene algún sentido trabajar en publicidad creando necesidades artificiales y dependencia del poder en la población? ¿Tiene sentido ser psiquiatra y, en lugar de reconocer que casi todos los desequilibrios mentales son “enfermedades de la civilización”, dedicarse a empastillar a los pacientes? ¿Tiene sentido trabajar en una ONG cuando la mayor parte de ellas son empresas caritativas al servicio del capitalismo y el Estado? ¿Tiene sentido ser profesor de yoga para tratar de paliar los estragos del trabajo asalariado y la vida en la ciudad en los cuerpos y mentes de la gente? ¿Tiene sentido emprender un negocio online de conexión con nuestra parte más física y biológica cuando el propio medio cibernético aleja a las personas de su propio cuerpo y del de los demás? ¿Tiene sentido preparar a las mujeres o enseñar métodos para parir cuando el nacimiento de un hijo es un fenómeno fisiológico tan involuntario como defecar? ¿Tiene sentido ser comercial en una clínica de cirujía estética y tratar de vender operaciones de aumento de pecho? ¿Tiene sentido trabajar haciendo estudios de mercado? ¿Tiene sentido tratar de vender tarjetas de crédito por teléfono? En este cúmulo de paradojas y contradicciones bailamos.

Tu trabajo es una mierda. Lo que haces no es imprescindible, es más, quizás no sea ni necesario. A veces, incluso es malo para la sociedad.

Tu trabajo es una mierda. Atrévete por lo menos a pensarlo e incluso decirlo en voz alta. Puedes trabajar sin tener que creer en ello. Pueden comprar tu energía por horas o a destajo pero no tu alma. Tu alma tiene que estar de guardia permanente en el país de la libertad y caminar hacia ella. Tu alma rebelde no ficha ni se coje vacaciones.  Tu alma no es capaz de ser atrapada ni por el fordismo ni el toyotismo. Tu alma le hace un cruce de mangas al empoderamiento y la flexibilidad.

Tu trabajo es una mierda.

 

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Este blog no admite suscripciones

Una persona que lee este blog me preguntó que cómo podía seguirlo o suscribirse al mismo. Le dije que no había puesto ninguna forma de suscripción pero que lo investigaría. Al poco tiempo comprobé que había una herramienta online que lo permitía y activé la opción. Después de un tiempo de prueba no me gusta el resultado. No me gusta saber cuántas personas están suscritas ni tampoco tener acceso a sus direcciones de correo (porque si sé que lo puedo saber lo miraré y lo cotillearé…). No me gusta el Big Data, como diría Byung-Chul Han. Así que si te interesa lo que escribo tendrás que introducir la dirección www.lastinterferencias.com tú mismo de vez en cuando y no esperar que llegue nada a tu correo. De esta forma leerlo será una acción activa y consciente y mis posts no serán una intromisión automática y robotizada en tu buzón.

Internet es una trampa. Creo que los móviles, las redes “sociales” e internet están creando relaciones humanas monstruosas. Y la vida real está ahí fuera, más allá de las teclas y las pantallas.

Un saludo,

Tania

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El talón de Aquiles del feminismo actual

El talón de Aquiles del feminismo actual se llama Arabia Saudita*. Toda retórica feminista termina cuando se reconoce la dependencia energética o los jugosos negocios de ciertas empresas con aquel país. No hay Estado, ni político, ni gobierno, ni de derechas ni de izquierdas, que vaya a dejar de comprar petróleo, construir armas e infraestructuras para países con patriarcados legales como el suyo. No lo hará Hilary Clinton, no lo hizo Carme Chacón (premiada por la Federación de Mujeres Progresistas), no lo ha hecho Podemos e Izquierda Unida. Nadie va a boicotear a Arabia Saudita, bien al contrario. Es muy probable que más que romper las relaciones comerciales, sea ese país u otros, igual o más autoritarios, los que terminen influyendo en la política o legislación de estas latitudes. ¿Tiene algún sentido mantener una retórica feminista en el discurso cuando estás apoyando de facto a uno de los Estados más machistas y opresores del mundo?

En realidad, para ser sinceros, este es el talón de Aquiles de cualquier movimiento político que aspire al poder. La energía también es un problema para las revoluciones horizontales que no son capaces de ser autosuficientes y que no pueden gestionar un bloqueo en esta materia**. Por no hablar de una agresión militar porque, al final, de fondo, siempre está la violencia desnuda.

* Ponga aquí el nombre de su dictadura favorita.

** En el caso de la Guerra Civil, Franco fue apoyado en el campo de la energía por la Texaco (la Standard Oil de Rockefeller). Ver también este enlace de Chomsky. Los embargos y los bloqueos también influyen en las “amistades peligrosas” con otras dictaduras, como la estalinista, que suministró petróleo a la República (entiendo que también a las colectividades catalanas).

Patriarcado militarista

Cuando la dictadura consideró conveniente revisar el patriarcado legal…

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