Entrevista en El Ecomensajero Digital / VidaSana sobre “Bebés sin pañales. Nuestra experiencia”

Hoy os dejo el enlace de una entrevista que me han hecho en El Ecomensajero Digital, publicada en la web de VidaSana: http://vidasana.org/noticias/el-libro-bebes-sin-panales

El libro cuesta 12 euros y se puede encargar en info@lasinterferencias.com

 

Entrevista en El Blog Alternativo sobre el libro “Bebés Sin Pañales. Nuestra experiencia”

Aquí os dejo el enlace de la entrevista que me han hecho en El Blog Alternativo a propósito de mi libro Bebés “Sin” Pañales. Nuestra Experiencia: http://www.elblogalternativo.com/2017/05/19/higiene-natural-del-bebe/

Si os interesa comprar el libro, lo podéis comprar escribiéndome un correo a info@lasinterferencias.com y después de una transferencia bancaria os lo envío por correo.

También lo podéis comprar en estas librerías: http://www.lasinterferencias.com/2017/05/11/mi-libro-bebes-sin-panales-nuestra-experiencia/

Louise, cuidadora de un bebé llamado Simone (de Beauvoir)

Simone de Beauvoir, sua mãe e sua irmã Helen. copy

Simone, Françoise y Helene

Hoy escribo un post “corto” y rápido, en comparación a lo que suelen ser los artículos de este blog. No tengo demasiado tiempo últimamente pero, a pesar de no poder escribir, pienso en bastantes asuntos durante el día mientras  hago otras cosas. Otras cosas. Esas otras cosas que tantas mujeres han hecho a lo largo de la (pre)historia.

Hoy hablo de un bebé llamado Simone que vivía en Paris y era cuidado por una criada, una “nannie”, una empleada de los Beauvoir. La cuidadora se llamaba Louise y parece que no nos ha llegado su apellido. A nadie pareció importarle demasiado el apellido de la persona que alimentó, durmió y paseó a Simone y Helene, su hermana, y que realizaba las tareas del hogar en toda la casa. Como podemos leer en la biografía de la famosa feminista firmada por Deirdre Beir en su página 33 su nacimiento fue corto para ser el primero de su madre, Françoise.

“Si hubo alguna decepción por no haber sido chico no fue expresado por ninguno de los padres, especialmente Françoise, que sufrió siempre por haber tenido la desgracia de ser la primera y mujer”. El libro nos explica que su cuarto fue el que había sido previamente de la criada, una habitación blanca minimalista con una cuna al lado de la cama de Louise, ya que “ella era la responsable de las rutinas de cuidado físico de la niña. Además de sus otros trabajos de la casa, Louise tenía que bañar y alimentar al bebé, después llevarla al parque para que se aireara diariamente”.

La madre, Françoise, no hacía estas cosas ella, como vemos, pero sí se preocupaba de informarse de las últimas recomendaciones sobre rianza, sobre las mejores comidas para el bebé y “a menudo ayudaba a Louise a aplastar lo que parecía más apropiado para que comiera la niña en pleno desarrollo, pero la mayor parte del tiempo estaba ocupada con las obligaciones sociales de una joven matrona y las elaboradas preparaciones para la llegada de su marido a casa cada tarde”.

Según explica el libro de Deirdre Beir, el papá de Simone llegaba tarde, entonces jugaban con ella los dos “antes de que Louise se la llevara a la cama, y cenaban cuando Louise volvía a servir la comida que había cocinado”. Impresionante, no podían ni servirse la comida ellos mismos. ¿Se les romperían las uñas por poner la mesa? No lo sabemos. Continúa el libro: “Después, mientras Louise limpiaba, Françoise se sentaba con su tarea de ganchillo mientras Georges le leía algún texto elegido para ilustrarla y educarla. Françoise se sentía un poco culpable por recibir todas estas ideas masculinas, así que se comprometía con tener sus manos ocupadas con el “femenino” ganchillo, declarando su intención de cubrir cada espacio del apartamento con un ejemplo de su precioso trabajo manual. Era un tiempo glorioso en su matrimonio: sus ganancias eran pequeñas pero seguras, y vivían en un apartamento que Françoise, con la supervisión de George, había amueblado y decorado en lo que consistía buen gusto para su época; tenían un bebé precioso; y ahora, al lado de la familia del hermano de George, Gaston, y una multitud de familares, Françoise tenía su propia familia en Paris”.

Al margen de las propias interpretaciones de la biógrafa de Simone de Beauvoir me llama la atención que les preocupara tanto la salud física y no la emocional del bebé, en esa separación cuerpo-mente tan característica de la cultura de las elites. También llama la atención que su salario fuera considerado “pequeño” mientras podían permitirse tener una trabajadora interna que les limpiaba la casa y les criaba a su bebé. Eso en nuestra época sería considerado un salario alto.

En otra biografía, esta vez escrita por Ursula Tidd podemos leer que “Simone y Helene eran cuidadas por Louise. Françoise interpretaba el papel de mujer joven y bella, una madre adorada aunque emocionalmente distante”. En la página 29 del mismo libro leemos que Simone de Beauvoir tenía “culpa del superviviente” en relación a la muerte de su mejor amiga Zaza pero que no había sido la primera vez en su vida que sentía algo así. “En su infancia, poco después de haberse mudado a la calle de Rennes, la muerte del bebé de su antigua doncella Louise la había conmovido profundamente, no menos por las circunstancias socioeconómicas en las que había ocurrido. Louise había dejado su trabajo para casarse, aunque Françoise todavía la visitaba. El efecto de esta muerte se disfraza finamente en La Sangre de los Otros y enlaza con la culpa de la protagonista concerniente a su privilegio com miembro de la burguesía y del escándalo existencial de la muerte”. 

Aquí la llamada “culpa del superviviente” parece un sentimiento de autoodio por pertenecer a la burguesía y sentirse privilegiado respecto a los sirvientes. Todo esto me hace reflexionar y pensar que, al contrario de las clases sociales de las que hablan los marxistas, el mundo siempre se ha dividido entre los que cuidaban a sus propios bebés, las madres y otras figuras del entorno familiar o vecinal, y la clase social que dejaba el cuidado de los bebés y la casa a esclavos, criados o empleadas domésticas. Al contrario de poner el énfasis en quién poseía la propiedad de los medios de producción quizás deberíamos preguntarnos quién cuidaba a los bebés y descubriríamos otra nueva forma de delimitación de las clases sociales, la establecida por los cuidados.

No he encontrado ninguna imagen de Louise, ni conozco su apellido. Esto me hace pensar que para los historiadores y estudiosos de la figura de Simone de Beauvoir tampoco ha sido muy importante esta mujer ni los cuidados que suministró con su trabajo. Los cuidados en general no han sido importantes tampoco en el estudio de la Historia. Yo los reivindico y creo que alguien tendría que publicar un libro con los nombres de las cuidadoras, sus historias de vida. Son personas importantes y de gran relevancia histórica y social. Como en el caso de la nodriza de Freud, Resi Wittek, no se puede entender el psicoanálisis sin entender su relación con ella y, sobre todo, no se pueden entender los sesgos de su teoría, por ejemplo, en el tema del complejo de Edipo. Es de vital importancia. ¿Cómo a nadie se le había ocurrido antes? Con Beauvoir pasa lo mismo. ¿Cómo entender su pensamiento sobre “la mujer”, sobre “el hombre”, sobre la “igualdad” sin comprender su crianza y cómo se gestionaba su casa y los cuidados en ella? Ahí lo dejo para vuestra reflexión…

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Bibliografía adicional:

En castellano: Memorias de una joven formal. Aquí podemos leer:

“Le  debía  a  Louise  la  seguridad  cotidiana.  Ella  me  vestía  por  la  mañana,  me  desvestía  de  noche  y dormía en el mismo cuarto que yo. Joven, sin belleza, sin misterio, puesto que sólo existía –al menos  yo  lo  creía–  para  velar  sobre mi  hermana  y  sobre  mí,  nunca  elevaba  la  voz,  nunca  me  reprendía  sin motivo. Su mirada tranquila me protegía mientras yo  jugaba en el Luxemburgo, mientras acunaba a mi  muñeca Blondine bajada del cielo una  noche de Navidad con el baúl que contenía su ajuar. Al caer la  noche se sentaba junto a mí, me mostraba imágenes  y me contaba cuentos. Su presencia me resultaba  tan necesaria y me parecía tan natural como la del suelo bajo mis pies.  

Mi  madre,  más  lejana  y  más  caprichosa,  me  inspiraba  sentimientos  amorosos;  me  instalaba  sobre  sus rodillas, en la dulzura perfumada de sus brazos,  y cubría de besos su piel de mujer joven; a veces,  de  noche  aparecía  junto  a  mi  cama,  hermosa  como una  aparición,  con  su   vestido  vaporoso  adornado   con  una  flor  malva  o  con  su  centelleante  vestido de  lentejuelas  negras.  Cuando  estaba  enojada  me   miraba  con  ira.  Yo  temía  ese  fulgor  tempestuoso  que desfiguraba  su  rostro;  tenía  necesidad  de  su sonrisa”

Carta a “La Paz”

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Fotografía: Alicia Bendito

Han pasado tres años y medio y una serie de acontecimientos vitales me han permitido, por fin, hablar sobre mi primer parto. Fue un parto en casa intenso y con algunos bloqueos personales. Fue un parto asistido por una matrona colegiada pero vivido en secreto, ya que pensamos que no contarlo a familiares y amigos nos protegería de sus posibles comentarios negativos respecto a nuestra decisión. La realidad es que esta visión de estar haciendo algo casi prohibido no ayuda a que el parto fluya, tampoco ayuda que no exista una coordinación real entre los partos en casa y los hospitales del Estado, como sí existe en otros países como Reino Unido y Holanda.

Si hay un problema no eres bienvenida en determinados hospitales estatales y llegas estigmatizada. Por otro lado, algunas personas elegimos parir en casa porque no estamos de acuerdo con cómo se aborda el parto normal en los hospitales, de una forma demasiado intervencionista y muchas veces violenta, y porque pensamos que la experiencia va a ser más respetada en nuestro propia casa, siempre que sea un embarazo de bajo riesgo y se cumplan unas medidas de seguridad. Pero, ¿puede ser seguro si somos personas non gratas en los hospitales que hemos elegido en nuestro plan de parto o son los más próximos para atender las posibles complicaciones?

Es la pescadilla que se muerde la cola. Este divorcio entre dos mundos, el del parto en casa y el mundo hospitalario, significa que se convierten en antagónicos cuando deberían trabajar conjuntamente o complementarse.

La aproximación a la memoria de este evento tan trascental en nuestras vidas ha necesitado de varios años de reposo y un nuevo parto lleno de oxitocina natural, un parto imparable, doloroso y sencillo para poder abordar la vivencia pasada del primero. Es decir, he necesitado que el tiempo y la madurez me ayudaran a enfrentarme a lo vivido y pudiera volver al pasado para cerrar un ciclo y darle un sentido. El segundo parto me ha dado la energía y la fuerza para que sea más fácil hablar del primero, pero aunque no hubiera tenido más hijos también habría escrito esto tarde o temprano. Pensar que pasando página los traumas se curan solos creo que es un error. Nunca se van, solamente parecen dormidos, como fantasmas que vuelven a atormentarte una y otra vez… Hay que mirarlos a la cara, aunque duela, para poder superarlos y salir reforzadas.

Con la esperanza de que mi experiencia pueda servir a otras personas en la toma de sus decisiones y que mejore el trato humano recibido en los hospitales me atrevo a compartir un parte de mi intimidad y mis vivencias personales (¡gracias a todas esas valientes que se han atrevido a hablar de violencia y agresividad en sus partos y pospartos antes que yo!). Tenemos que ser conscientes que el silencio, independientemente del lugar donde se desarrollen los partos, colabora con la perpetuación de las malas prácticas e impide que las cosas mejoren. No es una queja al uso porque en realidad lo que busco es un cambio y una entrevista con las personas que no me trataron en el hospital como yo creo que debían haberlo hecho. No me interesa ni el dinero ni el victimismo. Me hago responsable de mis decisiones para bien y para mal, reconozco mis aciertos y mis errores.

Sobre los bloqueos personales me gustaría hablar largo y tendido pero tendría que hacerlo en otro post. Casi cuatro años después de la experiencia lo puedo decir y repetir una y otra vez burlándome de mi orgullo: no lo podía saber en ese momento y ningún curso podía prepararme, pero no estaba preparada para un primer parto domiciliario dadas mis circunstancias vitales durante ese embarazo (lo viví en pleno conflicto laboral y sin maternaje), la mochila que llevaba a cuestas de adoctrinamientos varios y la pérdida de la cultura del parto en casa. Además, creo que tenía que haber sido trasladada al hospital mucho antes de lo que lo hicimos. Pero todo ello no es motivo ni justificación para todo lo que vino más tarde. Por mucho que lo intentaran, ni me averguenzo ni me autoodio.

Después del traslado, fui maltratada en el hospital por haber parido en casa y se me dio de alta sin tratar, sin advertirme ni marcar un tratamiento o un control sobre mis niveles de hemoglobina en sangre lo que me puso en verdadero peligro durante el primer mes de vida de mi hijo. Todavía pienso que fue un milagro que consiguiéramos mi hijo y yo establecer la lactancia materna como lo hicimos en esas circunstancias. Hasta hubo quien pudo pensar que sufría depresión posparto cuando lo que tenía era una anemia terrible…

Me encuentro, por tanto, en terreno de nadie. Las personas que no aprueban el parto domiciliario asistido por matronas dirán que soy una irresponsable y creerán que este escrito les da la razón. No es así y la experiencia holandesa, entre otras, creo que lo avala. Esto no impide tratar de comprender y asumir las dificultades crecientes que se observan también en los partos en casa y que bien señala Michel Odent en su último libro (por ejemplo, se detecta que cada vez son más largos). Por otro lado, las personas que apoyan el parto en casa casi nunca hablan de las experiencias que no salen bien, no se habla de los que tienen problemas y casi nadie publica sus historias de parto dificultosos o que tuvieron que requerir un traslado al hospital.

Esta es la carta que he enviado a La Paz (he borrado los datos personales o características físicas que pudieran identificar a personas concretas) para quejarme del trato y solicitar una entrevista con las personas que me atendieron. Puede que tenga un estilo demasiado “legalista” y quizás frío. No es mi “idioma” pero he preferido usar el formato que creo que mejor comprenderán y al que están acostumbrados, mezclándolo con palabras que salen del corazón. Escribirlo ha sido muy sanador y se han curado muchas heridas… No quiero guerra, quiero paz, pero no una falsa “Paz” después de la Guerra (Civil), como bien ilustra el origen del nombre de esa institución

 

AL CENTRO HOSPITALARIO PÚBLICO UNIVERSITARIO “LA PAZ”

SERVICIO DE ATENCIÓN AL USUARIO

PASEO DE LA CASTELLANA, 261, 28046, MADRID

Madrid, 30 de octubre de 2015

Yo, Tania Gálvez San José, ante este organismo comparezco y formulo esta queja contra el trato recibido en el servicio de Maternidad del Hospital Universitario de La Paz y solicito entrevista con la matrona de la planta nº11 que me atendió mientras estuve ingresada (cesáreas) o el Jefe de Servicio de Obstetricia y Ginecología de la Maternidad de La Paz en su defecto por los siguientes

MOTIVOS

Primero.- En 7 de abril de 2012 a las 22:20 nació mi hijo en mi domicilio del barrio de Tetuán de Madrid, en un parto en casa asistido por una matrona colegiada y especializada en este tipo de partos. Todo el embarazo fue seguido en el centro de salud y de especialidades José Marva de Madrid, siendo un parto de bajo riesgo y, en el plan de parto presentado a mi matrona quedaba previsto que, en caso de surgir cualquier complicación o urgencia durante el mismo (como fue el caso), el hospital elegido por su cercanía para mi asistencia sería La Paz.

Segundo.- Después de nacer mi hijo decidimos llamar al Samur 112 y desplazarnos a La Paz ya que la placenta no era expulsada y consideramos que era más seguro, dada la evolución del parto, extraerla en un medio hospitalario y comprobar que no quedaban fragmentos con un ecógrafo. Además, después del nacimiento había perdido el conocimiento durante unos instantes y me fue administrado suero por este motivo.

Una vez que llegamos a La Paz para extraer la placenta (mi bebé y yo juntos en todo momento) recibí el comentario hiriente de dos ginecólogas que me dijeron, sin motivo aparente, que “dejara de reirme, que lo mismo tenían que hacerme un legrado con anestesia general”. En ningún momento, como comprenderán dado mi estado, estaba riéndome. Sólo intentaba mantener la calma y una actitud cordial, quizás sonriendo (¡acababa de nacer mi primer hijo y de convertirme en madre!), pero en ningún momento faltando al respeto como sí se me faltó a mí. Ese comentario me hizo bajar de repente a la dura realidad amenazante de un hospital como el suyo. Tenía que dejar de sonreir, lo que hice asustada al instante. Llegó otro ginecólogo y tirando de la placenta (no sentí ningún dolor en ningún momento) salió. Su trato fue respetuoso, hizo su trabajo de forma correcta sin realizar comentarios ni juzgar (en el informe clínico, historia clínica XXXXXX, pone “alumbramiento extracción manual de placenta a las 2:30 horas del día 08-04-12. Placenta completa. Membranas completas”). Las ginecólogas de antes revisaron con el ecógrafo que no quedaran restos, exploraron con la mano y me subieron a planta. Mientras, a mi hijo le hicieron todas las pruebas y mediciones que consideraron pertinentes. Me hubiera gustado que no me lo separaran de mí y que esas pruebas se hubieran hecho en otro momento.

Tercero.- Una vez en planta (XXXXX), el maltrato psicológico y verbal por parte de diferentes enfermeras, matronas y auxiliares continuó. Se continuó criticando y opinando sobre mi decisión de parir en casa, invadiendo mi intimidad y cuestionando mis ideas. Durante toda mi estancia (desde el 8-11 de abril de 2012) se hacían comentarios no solicitados o preguntas sobre mis motivos para haber elegido parir en casa o juicios de valor negativos sobre mi decisión. Hasta el punto de que una profesional, a la que le estaré eternamente agradecida por haberme enseñado a amamantar y por haberme defendido de los comentarios hirientes de sus compañeras, les dijo a algunas de ellas que pararan. Ese es el tipo de profesional respetuoso, valiente, no corporativista y que, sobre todo, realiza bien su trabajo que debería ser el emblema de su institución.

Cuarto.- Después de dos noches sin dormir cada vez que el personal sanitario entraba en la habitación se hacía sin las mínimas condiciones de respeto como hablar bajo o no encender las luces, condiciones que sí se contemplan en otros hospitales a día de hoy (he visto carteles en este sentido en los paritorios del 12 de Octubre y sí se respeta en el hospital de Torrejón). En nuestra habitación se entraba a cualquier hora del día o de la noche sin llamar, encendiendo luces y haciendo ruido, incluso cuando dormíamos o lo intentábamos.

Cinco.- Al día siguiente de nuestra llegada, la matrona me dijo que me tenía que duchar. Le dije que creía que me iba a caer porque me notaba muy débil y ella insistió. Efectivamente, me derrumbé y ella casi ni me podía sostener. ¿Era necesario dar órdenes como si estuviéramos en el Ejército o en la Mili? ¿Por qué tenía que ducharme si no me encontraba bien? Recuerdo que en los análisis de sangre que me fueron realizados en la madrugada del 8 de abril, a mi ingreso, tenía unos valores de hemoglobina en sangre de 8,2. Esto no lo supe hasta que solicité mi historia clínica un mes después y la recibí un tiempo más tarde.

Sexto.- Al día siguiente de mi ingreso no conseguía orinar con normalidad y me pusieron una sonda. Me quejé de que tenía sensación de cistitis, me hicieron un análisis y lo descartaron. Sin embargo, la sensación de cistitis fue a más durante los siguientes días. Al salir de La Paz fui a mi centro de salud, analizaron la orina y efectivamente tenía cistitis. Una vez que me tomé la medicación mi vida cambió a mejor. En el hospital relacionaron mis dificultades para orinar a que como el parto había sido en casa no había sido sondada como se hace en el hospital. También se achacó mi nerviosismo y ansiedad para ser sondada a un supuesto estrés por el parto en casa, en realidad mi ansiedad era creciente debido al maltrato recibido nada empático con mi persona y cuyo único objetivo era culpabilizarme y amonestarme por mi decisión personal de parir en casa asistida por una matrona colegiada.

Séptimo.- Una enfermera o auxiliar (no lo sé) hizo comentarios burlones criticando costumbres de otras culturas (y de la nuestra antes de la industrialización) como el descanso en la cuarentena. En concreto, sobre mi compañera de habitación, hindú y la costumbre existente en su país de descansar durante 40 días en cama y ser cuidada por la familia/comunidad. A este respecto me gustaría comunicar para su reflexión, que ya me gustaría a mí que aquí en España existiera esta costumbre todavía hoy en día, donde después de parir nos encontramos cansadas y solas entre cuatro paredes junto a un bebé en brazos y sin ninguna experiencia para criarlo, bebé al que hay que cuidar y alimentar durante las 24 horas del día, estemos anémicas (como fue mi caso) o no. No estamos enfermas pero necesitamos ayuda y un trato al menos respetuoso si es que no puede ser cariñoso o empático.

Octavo.- Uno de los días de mi ingreso en la maternidad de La Paz vino a visitarme una amiga. La matrona/enfermera, antes citada con el tema de la ducha, me dijo que moviera mi mesa (estaba comiendo) para no invadir el espacio de la otra familia y así lo hice sin quejarme, oponer ninguna resistencia o emitir comentario alguno (tampoco la otra familia hindú, de la que me hice amiga, se había quejado de nada). En ese momento dijo “tú sólo sabes molestar”, sin que yo hubiera dicho o hecho nada. Mi amiga se quedó muy sorprendida e indignada por el trato que estaba recibiendo.

Noveno.- Dejo para el final el error más grave de los tratos recibidos. La negligencia de darme el alta sin informarme de mi nivel de anemia y sin recetarme hierro ni la correspondiente revisión/análisis de sangre en mi centro de salud. Al llegar a La Paz se me realizaron análisis de sangre que dieron como resultado (8 de abril de 2012 a las 2:54) un nivel de hemoglobina de 8,2. Sin embargo, en la hoja de “registro de urgencias” no pone nada en “recomendaciones al alta”. En la hoja evolutiva en “tratamiento” tampoco pone nada. En el informe clínico en Tratamiento pone “no precisa” (nº de Historia Clínica XXXXXX). En la historia clínica hay una hoja con un texto escrito a mano en el que se habla del tratamiento para mi dificultad para orinar y el respectivo sondaje, pero no pone nada de que debiera tomar hierro o de que se estuviera valorando una transfusión. Esta negligencia provocó que los primeros días en casa me encontrara muy débil, con taquicardias al subir las escaleras de mi domicilio (un tercer piso sin ascensor), palidez extrema y que incluso hablara en sueños.

El día 27 de abril me realicé análisis de sangre en mi centro de salud de la calle Villaamil dando como resultado 7,6 de hemoglobina. Mi médico nos llamó alarmado a nuestros teléfonos personales al ver los datos y recomendó que volvieramos de urgencias a valorar transfusión. Eso hice e ingresé de nuevo ese mismo día con alta el 28 de abril (planta XXXX). A mi salida, después de la correspondiente transfusión, tenía 10,3 de hemoglobina y esta vez sí salía de La Paz con el tratamiento de Ferrosanol 100 2 pastillas diarias. Todos los síntomas antes citados desaparecieron. Considero que mi vida estuvo en peligro debido a esta negligencia médica y que hay una relación entre la misma y los prejuicios contra el parto en casa que existen en el personal sanitario de La Paz.

Por todo lo expuesto, además de interponer una queja por el maltrato recibido

SOLICITO

Primero.- Una entrevista con la jefa de las matronas/enfermeras de la planta XX que me atendió. No sé su nombre, solamente recuerdo que tenía el pelo XXXXX y XXXXX. Me gustaría poder exponer mi opinión sobre el trato recibido y la falta de respeto a mis ideas y opciones sobre el parto en igualdad de oportunidades, ya que cuando las sufrí no podía defenderme ya que me encontraba en uno de los momentos más vulnerables de mi vida: acababa de nacer mi hijo, tenía mucha anemia y me encontraba psicológicamente traumatizada por el trato recibido. El objetivo que mueve la petición no es el revanchismo o la búsqueda de una indemnización económica, sino iniciar un diálogo que conduzca a que ninguna otra mujer, ni por consiguiente su bebé, tenga que pasar por lo que yo pasé en la Maternidad de La Paz.

Segundo.- Que se cumpla y se respete en la Maternidad de La Paz:

– El artículo 14 de la Constitución Española:

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

– La Declaración de Lisboa de la Asociación Médica Mundial:

1a. Toda persona tiene derecho, sin discriminación, a una atención médica apropiada.

2a. El paciente tiene derecho a elegir o cambiar libremente su médico y hospital o institución de servicio de salud, sin considerar si forman parte del sector público o privado.

Solicito, por tanto, que no se cuestionen las ideas sobre el parto en casa, como tampoco deberían cuestionarse las opciones de vida, las ideológicas, políticas, culturales o religiosas de los pacientes, o de cualquier otro aspecto de su vida privada. Así mismo no se debería proporcionar un peor servicio o realizar acoso verbal o psicológico a las personas que paren en casa y que, por el problema que sea, tienen que ser trasladadas a su hospital. Por ejemplo, como tampoco se le debería cuestionar a un ciclista que llega de urgencias por un accidente de tráfico su opción de usar ese medio de transporte en la sala de operaciones o en su posoperatorio. Se le debe atender bien, dentro del mutuo respeto que debe existir en cualquier relación humana. Además, si en un futuro la Seguridad Social financiara el parto domiciliario seguirían siendo los hospitales los que atenderían los partos de riesgo y los domiciliarios en los que surgen complicaciones, existiendo una buena comunicación y coordinación entre matronas de parto en casa y maternidades hospitalarias, lo que repercutirá en mejores partos, más seguros para las mujeres y sus hijos.

Tercero.- Que todo el personal de la Maternidad de La Paz tenga acceso a la siguiente información para su consiguiente reflexión, dados los prejuicios contrarios a la evidencia científica respecto del parto domiciliario del anterior Jefe de Servicio de Ginecología de La Paz, Antonio González González[1]:

  • El parto en casa no es una práctica ilegal en nuestro país.
  • El parto en casa asistido por una matrona colegiada no es una imprudencia[2]. El Colegio Oficial de Enfermería de Barcelona ha editado una guía para su asistencia[3]. Cuando se han dado tres condiciones básicas de seguridad en el nacimiento: unicidad (exclusión de gemelos u otros partos múltiples), embarazo a término y asistencia sanitaria, el desarrollo del parto en casa no ha estado asociado, tampoco en España, a un mayor riesgo para la supervivencia del bebé[4].
  • En el Reino Unido el parto en casa está subvencionado por la Seguridad Social desde el año 2009 y existe una coordinación entre matronas y hospitales. El parto en casa se contempla como una opción segura y legítima (ver las recomendaciones del National Institute for Health and Care Excellence[5]). Es normal el traslado al hospital cuando surge alguna complicación o se prevé que pueda surgir.
  • Incluso aunque el parto en casa fuera una práctica ilegal, que no es el caso, o se hubiera realizado sin asistencia médica o incluso de forma temeraria en un embarazo de alto riesgo, el deber de los profesionales sanitarios no es juzgar, amonestar o castigar a los pacientes sino tratar de curarlos. Emitir juicios cuando ni siquiera el paciente se puede defender ni exponer su punto de vista al mismo nivel es, además, vil y cobarde.

Por todo ello, SOLICITO que admita este escrito, tenga por formulada esta reclamación y también que apruebe mi petición de entrevista con la responsable de la planta XX en la que estuve ingresada o en su defecto el Jefe de Servicio de Obstetricia y Ginecología de la Maternidad de La Paz. Espero me comuniquen su decisión y la posible fecha de esta entrevista en el plazo más breve posible.

Firma:

[1] http://www.laopiniondezamora.es/zamora/2012/09/02/oigo-parto-agua-ponen-pelos-punta/624293.html?fb_action_ids=10153614539396138&fb_action_types=og.recommends

[2] La Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME) pide que la sanidad pública financie el parto domiciliario: http://www.federacion-matronas.org/rs/1331/d112d6ad-54ec-438b-9358-4483f9e98868/043/fd/1/filename/posicionamiento-parto-domiciliario-fame-def.pdf

[3] www.coib.cat/uploadsBO/Noticia/…/GUIA%20PART%20CAST.PDF

[4]http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/22935/1/ec7773_v8n1_2012_ENFERMERIA_COMUNITARIA_REVISTA_DIGITAL_ISSN-_1699-0641.pdf

[5] http://www.nice.org.uk/guidance/cg190/chapter/1-recommendations#place-of-birth

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ACTUALIZACIÓN 4 DE DICIEMBRE DE 2015

Hace unas semanas me llegó esta carta de La Paz a mi domicilio. Las disculpas están bien, pero yo solicitaba una entrevista personal y eso lo han obviado. Aunque esa persona concreta esté jubilada imagino que habrá algún responsable que no lo esté.  También obvian toda la parte relativa a la negligencia médica.

La respuesta me parece agridulce. Creo que algo está cambiando en ese hospital pero a la vez me molesta que ciertos profesionales se jubilen sin saber todo el daño que han hecho. Por otra parte, las ginecólogas que me atendieron en un primer momento eran jóvenes, aunque quizás ya ni trabajen allí. En cualquier caso yo me he quedado muy a gusto escribiendo mi carta y sabiendo que en algo va a contribuir al buentrato y el respeto a las madres y los bebés.

Por cierto, en otro orden de cosas y a pesar de que sea casual, es muy simbólica la fecha elegida (20-n), dado que el nombre de “La Paz” simbolizaba y celebraba el 25 aniversario de la victoria de la sublevación militar franquista (50 + 25 = 75 años de la finalización de la Guerra Civil en 1939).
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El reinado de la Danza Africana

Hoy quería incluir un fragmento del libro del genial bailarín Alboury Dabo, en concreto de la parte escrita por mi maestra Sonia Sampayo:

“- Los bebés, en el vientre de su madre, se mecen influenciados por las vibraciones de los ritmos creados en el exterior, ritmos que serán asociados por el niño con un sonido familiar, personal y vital.

La madre lleva a su bebé recién nacido a la espalda, hasta que es capaz de caminar, mientras realiza las tareas del hogar, mientras canta, toca e incluso baila.

– Al crecer, el niño formará parte de una comunidad basada en el movimiento corporal y en el sonido y participará en fiestas y ceremonias donde la danza y la música es un entramado de comunicación social.

– El individuo no es un espectador pasivo, sino un elemento necesario para el desarrollo de la experiencia artística.

– La música es un segundo lenguaje por todos comprendido y absolutamente integrado en la vida cotidiana.

Así, es natural e incluso inevitable que se adquiera el talento de entonar, expresarse y recrear losritmos en estas sociedades, desde edades muy tempranas.

El individuo que habita en las ciudades, presionado por el horario y los hábitos modernos, se ha alejado de la naturaleza y de los ciclos naturales. Ha perdido progresivamente el movimiento espontáneo, ya no participa de ceremonias ni consagra rituales sociales, ya no crea la oportunidad de expresarse libremente en sociedad, a través de su cuerpo.

En este proceso, hay algo más profundo y más tremendo. El “hombre moderno” se ha olvidado de sí mismo. Ha  desconectado la comunicación con su interior, paralizando la expresión natural de su cuerpo, que ahora sólo puede hablar a través del dolor físico. Y, como no hay tiempo para escuchar, este dolor es acallado con medicamentos y con más paralización, es silenciado con mecanismos dictatoriales.

Aquellas personas que comiencen a escuchar su cuerpo, a moverse a través de la danza del tipo que sea y, en particular, a acercarse al ritmo y la danza africana, desarrollará una resintonización interno-externa y el equilibrio y el equilibrio y seguridad inherentes y resultantes de esta sintonización. (Zébila, 1982)”.

Para terminar quería incluir un post de mi otro blog “La Casita de Algodonales”, sobre mis experiencias en clase de Alboury llevándome a mi bebé cuando era más peque: “Cómo me gustaría ir allí pero, ¿podré ir con mi bebé?”.

Más allá del parque – #10 – Exposición del fotógrafo Nicolas Muller

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Tomado del blog “Arte en Madrid”

El otro día fui con mi hijo a la sala de exposiciones del Canal de Isabel II, cerca de Ríos Rosas. En realidad no sabía que nos íbamos a encontrar, simplemente quería conocer el edificio por dentro, un antiguo depósito de agua.

Había una exposición del fotógrafo húngaro Nicolas Muller, un hombre del que no había oído hablar nunca. Mi hijo como siempre, sin parar de correr de un lado al otro y pidiéndome que bajáramos y subiéramos en ascensor sin parar. Al final me le puse en el Tonga, subimos al último piso y fuimos bajando plantas viendo la exposición. A Nicolas Muller, su periplo vital le llevo de su Hungría natal a la huida del nazismo viajando por Francia, Portugal, Marruecos y finalmente España.

Sus fotos retratan el duro trabajo de los campesinos húngaros… 06f79babc5cc8e36086af937f54968c5_L

…la mirada de los niños, como estos de Marsella: b_e6c36465ea9063008f826907fe3ade784717ec01

De su estancia por Marruecos podemos destacar esta foto de “La bailarina Taraja”, tomada en Larache en 1942, cuando esta ciudad pertenecía al Protectorado Español. El personaje que más me gusta es el de la percusionista. Hoy en día es muy raro ver a una mujer percusionista en los espectáculos de danza oriental. Me recuerda a aquellas fotos que hay de gitanos tocando flamenco en la que se ven a muchas mujeres tocando la guitarra. Es como si esos papeles se hubieran masculinizado con el tiempo y pensásemos que siempre ha sido así. Y no es cierto. El personaje masculino se ríe y parece que enseña algo que podría ser un paquete de cigarrillos o un carnet de identidad.

Bailarina Tajara.

Bailarina Tajara.

Y la fotografía que más me gustó de toda la exposición (por eso la pongo en grande, jeje):

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Corro de niñas. Argamasilla de Alba. 1957

Siempre me han gustado las imágenes de danzas circulares, desde el corro de la patata a los bailes populares pasando por el cuadro de “La Danza” de Matisse en el que hombres y mujeres giran juntos y desnudos de la mano. El círculo siempre ha sido sinónimo de horizontalidad y solidaridad, por eso en mis clases de danza con mamás me gusta que por lo menos una parte de la clase la bailemos así, mirándonos en el espejo de la compañera en lugar de en el espejo real, y jugar a expresar desde allí. Quizás no es la figura más apropiada para aprender la técnica, pero sí para crear un ambiente de complicidad grupal.

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Volviendo a la fotografía de Muller, me gustó mucho porque rescata ese momento de juego infantil y nos permite dejarnos sorprender por lo diferente que eran las cosas entonces. ¿Dónde están esos grupos de niños ahora? En Madrid una imagen así es impensable: un grupo enorme de niños jugando a un corro de la patata gigante… ¡Imposible! Primero porque no hay niños, y segundo porque nadie les deja que jueguen en la calle solos. Supongo que en los pueblos tienen más libertad pero también son muy pocos.

Cuando llegamos al final de la exposición había una proyección de un documental sobre la vida de Muller en húngaro con subtítulos en castellano. Nos sentamos y Félix me pidió teta. Le amamanté mientras veía el documental, que por cierto tenía una música muy bonita, y cuando me quise dar cuenta se había quedado frito. ¿Y ahora qué hacía sin mochila ni carrito? Intenté no despertarle y logré que llegara así a casa, todavía no sé cómo lo conseguí… Eso sí, la mano que le sujetaba la espalda terminó un poco lastimada… Le dejé en casa de los abuelos y me fui al curro. Otro día “más allá del parque”.

Todo o nada.

A gustito en un fular.

Fulardeando…

O tienes portabebé o carrito…

O usas pañales de tela o desechables…

Creo que hay muchos padres que les gustaría utilizar pañales de tela pero piensan que es algo de “todo o nada”. Nada más lejos de la realidad. Se puede probar con unos pocos pañales y si no gustan en un primer momento siempre se pueden usar en la etapa de enseñar a usar el orinal como transición a la ropa interior. También se pueden utilizar 3 pañales lavables al día y cuando ya se han mojado todos continuar con desechables hasta el día siguiente. Otra opción es utilizar de tela en casa o de día y de usar y tirar para salir y para las noches. Hay miles de combinaciones posibles. Y, de hecho, no sería raro que después de probar unos pocos y una introducción gradual, las familias se lanzaran a usar más y más hasta independizarse de los desechables. Pero si piensan que es algo de “todo o nada” nunca lo probarán…

Con el porteo pasa un poco lo mismo. A pesar de que hay gente que usa solamente portabebés y no ha usado carrito nunca, también hay muchas familias que ven útiles ambas formas de llevar a su bebé en diferentes momentos y edades del bebé. Es mi caso, siempre me ha encantado portear pero también le he visto muchísima utilidad a los carritos. Por ejemplo, cuando voy a comer por ahí y sé que se va a echar la siesta, o ahora que voy a clases de danza africana y se queda dormido ahí durante casi toda la clase, cuando he ido al médico a que me hicieran una prueba o al dentista y él se ha quedado ahí sentado mirando…

Desde un punto de vista práctico y sin hablar de las sensaciones agradables intrínsecas a portear (mmmmm…), el porteo tiene la ventaja de que evita y sortea las barreras arquitectónicas propias de las ciudades, no es nada aparatoso y permite tener las manos libres. Pero ni tienes por qué portear todo el tiempo ni tienes por qué usar carrito durante los primeros años de tu bebé. Y, desde luego, un bebé no es el mismo con tres meses que con dos años. Con tres meses su necesidad de brazos es infinitamente mayor a la que tiene un niño como mi hijo (19 meses), un terremoto andante, corredor y danzante allá donde va.

El porteo y los pañales de tela no excluyen otras posibilidades. A pesar de que hay gente que vive muy bien sin carrito, ni cuna ni han usado un pañal de usar y tirar durante toda la infancia de sus hijos, creo que hay situaciones y momentos para todo en este mundo urbano en el que nos ha tocado vivir. Cada familia tiene que encontrar lo que le venga bien cada día, cada momento, cada etapa.

Lo mismo pasa con las cunas o los purés. El colecho no es una imposición, es algo que viene de forma natural para dormir todos mejor. El que un bebé coma a trocitos en las comidas no excluye que también coma purés. O al revés.

Respiremos, relajémonos, disfrutemos, probemos, equivoquémonos. Fuera etiquetas, fuera ataduras, fuera límites. La crianza es una forma de amor y el amor no tiene adjetivos, es amor a secas.

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Carrito heredado…  🙂

La banalización del llanto hecha videoclip

Hoy he recordado aquel video horroroso de un grupo llamado MGMT en el que se veía a un niño de año y medio llorando asustado por unos monstruos. Se creó tal polémica que hasta el propio grupo tuvo que sacar un “cómo se hizo” en el que se viera al bebé riéndose en algún momento del rodaje.

He encontrado una entrevista al director del video, Ray Tintori, que ni corto ni perezoso contesta así en una entrevista (la negrita es mía):

¿Qué le hiciste a ese niño para hacerle llorar?
Cualquiera que pase suficiente tiempo con un crío de 18 meses sabe que se pasan todo el día llorando. No pueden hablar, el llanto es su única forma de comunicación. Así que lo difícil era cuando Zachary se ponía a reír cuando queríamos que llorara y al revés. Era un bebé adorable, pero no podíamos comunicarnos muy bien con él. Pero no necesitábamos asustarle para hacerle llorar. Era un gran vídeo así que que seguimos la ley del menor al pie de la letra y Zach comprendió que los monstruos eran muñecos y que estaba jugando con ellos. Tengo una foto mía de bebé lloriqueando en los brazos de Dan Ackroyd en el plató de Los Cazafantasmas 2. Aunque yo era un fanático de Los Cazafantasmas, me flipó que este tipo me cogiera en brazos. Así que entiendo perfectamente a Zach. Espero que este niño crezca y se convierta en un gran seguidor de Joanna Newsom.

Pero, ¿cuál era la pretensión estética de este video? ¿Merece un sólo llanto gratuito un mísero videoclip? ¿Qué tiene de bonito o divertido un bebé llorando? Un niño de año y medio no ha estudiado arte dramático, llora de verdad. Quizás sólo lloró 1 minuto y es todo un truco de edición pero, aún así, ¿cuál es el objetivo? ¿la venta de más discos?

Me llama la atención que el director diga por un lado que el llanto es su única forma de comunicarse pero después no quiera saber nada de lo que el niño les estaba comunicando (mmm… quizás, “¡mamá, sácame de aquí!” o algo parecido…). Le da igual, es “sólo” un niño. No sé qué bebés ha conocido él pero no es muy normal que lloren todo el día, como afirma tan pancho. Y después esa patética alusión a la ley del menor, como si eso le eximiera de cualquier planteamiento ético sobre su trabajo… En fin, así es la cultura “popular” que nos envuelve, una cultura que nos quiere eternos adolescentes nadando en el más vacío de los abismos consumistas, sin más pretensión vital que ser “modernos” e insensibles al llanto de un bebé, todavía demasiado pequeño para darse cuenta de cómo funciona el mundo al que acaba de llegar.

Una pena de videoclip para una canción chula con letra hasta interesante. Luego vendrán los que digan que en realidad el video muestra el terrorífico mundo de los adultos y el pasotismo de una madre en contraste con la inocencia infantil… Pero es como si yo, para hacer un video criticando el método Estivill, contrato a un niño para que llore de verdad. No tiene sentido ni es ético.

Como dice la cita del principio (al parecer de Nietsche y no de Mark Twain), el niño del video, al rodearse de tanto monstruo (y no me refiero a los de cartón piedra), tendrá que tener cuidado de no convertirse él mismo en uno de ellos cuando sea mayor.

La realización del video y su narrativa se convierten en una metáfora de la visión actual de la primera infancia. Llorar hasta cierto punto es normal, es una forma de comunicación no verbal y de externalización de los sentimientos. Lo que no debería ser normal a esa edad es llorar únicamente como divertimento banal y consumo cultural adulto, obviamente sin recibir ningún tipo de empatía ni acompañamiento.

El llanto del bebé.

Las personas que me conocen saben que no me gustan mucho las etiquetas ni encasillarme, pero cada vez me doy más cuenta de que hay una frontera entre las personas que no soportan llorar a un bebé y hacen todo lo posible por calmarle, y las personas que optan, quizás cansados o por no “malacostumbrarle”, por ignorarle, a ver si se le pasa solo. Y no, no me refiero a las rabietas de un niño por una chocolatina en el supermercado, sino al llanto de un bebé de pocos meses, un llanto que indica una necesidad básica (¿acaso a esa edad no lo son todas?) no satisfecha*.

En este blog hablo poco de teorías, ya que me gusta ceñirme a mi experiencia personal y a las conclusiones a las que he llegado en base a la misma. Por supuesto, esta experiencia no tiene por qué ser extrapolable a otras familias ni a otras situaciones, pero quizás a alguien le pueda aportar algo, al igual que a mi me aporta aprender de otras vivencias.

A pesar de que todo el mundo que le veía un ratito me decía “¡Es un bendito! ¡No llora nada!”, Félix lloraba bastante en sus primeros meses, durante algunas tomas** y sobre todo hacia las ocho de la tarde. Normalmente eran llantos fáciles de calmar con teta, contacto y movimiento, pero el de algunos atardeceres era inconsolable. No lo soportábamos y siempre intentábamos algo: ¿Será hambre? Le doy teta. ¿No quiere? No. ¿Será sueño? Voy a probar. Nada, imposible dormirle. Algún día Guille descubrió que subiendo y bajando escaleras se calmaba, otro día, si me agobiaba mucho, optaba por ponerle en el fular y dar un paseo. Casi siempre funcionaba con sólo dar una vuelta a la manzana pero hubo algunos días que ni con esas logré calmarle. Casi lloraba yo también paseando juntos. Eso sí, JUNTOS. Nunca se me ocurrió que tendría que pasar de él, o que si estábamos en un restaurante, si no podíamos hacer nada para que estuviera tranquilo, lo mejor era ignorarle. En ese caso, uno de los dos nos salíamos con él a la calle a ver si el aire fresco y estar en brazos le hacía bien. No sé, su bienestar era una prioridad.

Nunca sé muy bien qué decir cuando alguien me habla de otros bebés a los que llaman “llorones” y de otras situaciones parecidas en las que al final pensaron que lo mejor era pasar de él*** y afirman “Es que saben mucho”. “¿Qué saben qué?”, digo yo. “Pues que con mamá, en el pechito o en brazos, están muy a gustito”. “Ah, pues claro”, pienso yo, “Pero entonces, ¿cuál es el problema? ¿Por qué no le das eso que NECESITA y que es tan fácil de dar para ti?”. No sé, muchas veces me quedo callada, blanca, sin poder articular palabra. Está claro que pensamos diferente y que nuestra forma de actuar tendrá unas consecuencias o otras. Cada uno sabe qué relación quiere tener con sus hijos, novios, abuelos, nietos, amigos… Lo que yo tengo claro es que a las personas que quiero las intento tratar bien, aunque muchas veces me desespere y tenga que respirar hondo para serenarme. Y un bebé merece el mejor de los tratos, no peor que el que le daría a un novio, a un amigo o a un abuelo que llora. Un amigo o un novio pueden hablar, contarme lo que les pasa y moverse. Un bebé acaba de llegar al mundo extra-uterino y no sabe verbalizar sus sensaciones ni controla sus movimientos. Intento tratarle como a mi me gustaría que me trataran si me encontrara mal. Creo que a este mundo le falta mucha empatía, hoy en día confundida desgraciadamente con ñonería. Ojalá algún día pueda contestar algo coherente cuando alguien me habla sobre este tema.

*Necesidad no satisfecha o un malestar causado por un problema de salud que habría que descartar en primer lugar.

**Un truco para las tomas “nerviosas” fue el de darle de mamar medio adormilado, es decir, primero intentar calmarle y después darle la teta en la cama. Tiempo después, cuando empezamos a ponerle en el w.c./palangana a hacer sus necesidades, descubrí que lo que le ocurría (agitarse, ponerse nervioso y coger y soltar el pezón sin parar) eran señales de que iba a hacer caca. Seguramente le resultaban extrañas sus sensaciones corporales y eso le incomodaba. Si lo hubiese sabido antes, le hubiese puesto en la postura de hacer caca y se habría calmado bastante. Ahora, con nueve meses, seguimos igual, sólo que ya no hace cacas líquidas en cada toma, sino que hace una o dos veces sólidas. Su señal sigue siendo la misma: coger y soltar el pezón, o soltar el pezón de una determinada forma. Cuando lo hace, se que tengo algo de tiempo para ir a la taza del w.c. a ponerle.

***Momentos de angustia o ansiedad frente al llanto de nuestros hijos creo que los hemos vivido todos. Quizás es el momento, si nos vemos sobrepasados por la situación, de pedir ayuda a nuestro círculo de familiares y amigos, ayuda real para poder descansar. Es triste pero la vida moderna en las urbes, donde el aislamiento del individuo y la separación física de nuestros seres queridos es la norma, no ayuda mucho a tejer esa red de apoyo mutuo en la crianza que muchos deseamos.

Nuestra experiencia con el sueño del bebé #1. – Las nanas.

Desde que era pequeño siempre hemos dormido a Félix de la única forma en la que no lloraba y estaba más tranquilo: en brazos, meciéndole y cantándole. En el transcurso de estos meses me he inventado canciones y he recuperado otras que escuché hace tiempo. También he descubierto el poder somnífero de los boleros y hemos bailado desde rumbas a música de Mali, mientras él iba quedándose frito en el fular. Otras veces, y últimamente cada vez más, nos va muy bien quedarnos casi a oscuras en la habitación y darle el pecho.

En pocas palabras, no ha sido el niño del que todo el mundo habla, que le dejas en la cunita y se duerme solo tan feliz. Tampoco nosotros nos hemos planteado en ningún momento que abandonarle en la cama llorando fuera la solución. Creo que el estar de excedencia y poder acoplarme mejor a sus ritmos de sueño nos ha ayudado bastante a relajarnos con el tema del sueño, aunque mentiría si no dijese que también ha habido noches en las que ya no sabía qué hacer para dormirle a la hora que YO quería. Seguramente sería porque nos acostábamos muy tarde y nos levantábamos también muy tarde, y claro, no tenía sueño hasta las 23h…

Recuerdo que los primeros meses después de dormirle, le dejábamos en su cuna (cerca de nuestra cama) y se despertaba más o menos a las 4h y a las 8h para mamar. Después, comenzó a despertarse más, no sé si serían los dientes, y alguna noche me dio la impresión de que era cada dos horas. Ahora, Félix se despierta dos o tres veces cada noche, le vuelvo a dar teta o ponerle a hacer pis y se duerme tranquilo. Si no lo hace es que tiene algún aire, le cojo, lo echa, más teta y a dormir. Y si aún así no se duerme al dejarle en la cuna, le pongo en el carrito y le muevo. Después le paso a la cuna cuando nos acostamos nosotros y, en mitad de la noche, después de mamar, muchas veces acaba en la cama con nosotros. Ese es, bromeando, nuestro “método” y la verdad es que nos va bastante bien. Supongo que, como todo es cuestión de perspectiva, otros padres pensarían que duerme fatal y que tiene que dormir del tirón y blablabla. Sé que descansa, duerme 11-12 horas por la noche, y se echa una siestecita después de comer.

Sobre las nanas leí esto en el prólogo de Carlos González al libro de Rosa Jové “Dormir sin lágrimas”:

“Asimismo, las canciones de cuna están prohibidas, aunque todas las culturas las hayan tenido , aunque los más grandes músicos las hayan compuesto , aunque recordemos aún las que nos cantaba nuestra madre. La misma prohibición ha caído sobre los cuentos para dormir , que ahora han de ser en todo caso cuentos para no dormir, pues está permitido contarlos siempre y cuando el niño no se duerma con ellos  y los padres salgan de la habitación dejándolo despierto.”

“Esta noche he dormido a mi bebé en brazos con esta nana-protesta. ¿Será la oxitocina o acaso no es una de las voces más maravillosas que han existido? Hoy reivindico el arte de dormir a un bebé, arte que no entiende ni de prisas ni de horarios industriales, como los que rigen el sistema en el que vivimos. Ojalá que la mamá del niño de la canción pudiera dormirle ella misma y no llevara esa vida tan dura…”

Colgué esta canción en mi facebook hace poco y una amiga me habló de otra nana que había cantado ella a su hijo:

Y me fijé en algo curioso y triste a la vez. ¿Todas las nanas tienen esas persuasiones y amenazas para dormir? Son dulces, sí, pero meten miedo con frases como “o viene el coco y te comerá”, “Y si el negro no se duerme, viene el diablo blanco y ¡zas! le come la patita”, “si no drume yo te traigo un babalao que da pau pau*”.

*Según la web Mamalisa: Un “mamey” es una clase de fruta que crece en Cuba, un “babalao” es un sacerdote de Santería y “pau” es un palo o un pan. Dar pau pau significa “pegar”. ¡Está amenazándole con un sacerdote que le pegará si no se duerme!

¿Con qué canciones dormís a vuestros bebés? ¿Sabéis de nanas que no lleven amenazas o den miedo a los niños?

Aquí os dejo una de nuestras canciones, que no es una nana pero más de una vez le he dormido con ella en brazos o en el fular. ¡Será el ritmo!

Y otra, sin chantajes ni miedos:

Y una preciosa nana sefardí, muy antigua, que me enamora con su embrujo:

Esta cantada por Ella Fitzgerald, un canción creada por Gershwin para una ópera. No parece que tenga mucho que ver con el argumento real de la obra, pero podría parecer también otra nana-protesta cantada por una nanny al bebé de los señores de la casa (“tu padre es rico y tu madre es guapa”).

Esta la incluyo gracias al comentario de Isabel: