Entrevista en El Ecomensajero Digital / VidaSana sobre “Bebés sin pañales. Nuestra experiencia”

Hoy os dejo el enlace de una entrevista que me han hecho en El Ecomensajero Digital, publicada en la web de VidaSana: http://vidasana.org/noticias/el-libro-bebes-sin-panales

El libro cuesta 12 euros y se puede encargar en info@lasinterferencias.com

 

Entrevista en El Blog Alternativo sobre el libro “Bebés Sin Pañales. Nuestra experiencia”

Aquí os dejo el enlace de la entrevista que me han hecho en El Blog Alternativo a propósito de mi libro Bebés “Sin” Pañales. Nuestra Experiencia: http://www.elblogalternativo.com/2017/05/19/higiene-natural-del-bebe/

Si os interesa comprar el libro, lo podéis comprar escribiéndome un correo a info@lasinterferencias.com y después de una transferencia bancaria os lo envío por correo.

También lo podéis comprar en estas librerías: http://www.lasinterferencias.com/2017/05/11/mi-libro-bebes-sin-panales-nuestra-experiencia/

Mi libro: Bebés “sin” pañales. Nuestra experiencia

Con mi primer hijo, aunque usé pañales de tela, aprendí a comunicarme con él para entender cuándo iba a hacer pis y caca y ponerle en el baño, en una palangana o en el lugar que fuera. Esto es algo que se hace en muchas culturas del mundo: desde algunas africanas como las de los cazadores-recolectores Kung a la cultura china o la india, pasando por la de los inuit. Vivir esta experiencia por mí misma me llevó a plantearme por qué esto no sólo no era conocido por el gran público sino que, desde los años sesenta, se impuso un paradigma de enseñanza en el uso del orinal desde las asociaciones de pediatría, tanto la estadounidense como ahora también la española, que contradecía de plano mi vivencia directa. Me sorprendió saber que este paradigma de enseñanza tardía impulsado por el pediatra Terry B. Brazelton, en paralelo con la comercialización en masa de los primeros pañales de usar y tirar, fuera el único que se conoce y difunde en Occidente desde hace 55 años. Pero más me sorprendió y entristeció saber que en India y China se está tratando de exportar con éxito este modelo, en paralelo a otros muchos cambios sociales, familiares y laborales.

Si quieres saber más sobre la llamada “higiene natural del bebé” o eso conocido en el mundo anglosajón como “comunicación de la eliminación” (elimination communication) te animo a leer mi libro. En él no encontrarás una experiencia idílica sobre la crianza, es más, con mi segundo hijo no he podido llevarlo a cabo por puro desbordamiento. Sin embargo, sí pienso intentarlo con mi tercer hijo, ya que estoy comprobando por experiencia directa, de nuevo, lo complicado que es quitarle los pañales a un bebé al que se le ha acostumbrado a hacer sus necesidades en él. Sí, acostumbrado. Nacemos con una ventana de oportunidad para sintonizarnos mutuamente en este tema durante los primeros meses de vida y, después, esa ventana de comunicación se cierra y el bebé deja de colaborar y se desconecta en este aspecto de su vida.

El libro lo he autoeditado con la Editorial Manuscritos porque me gusta tener libertad total sobre mis textos y no tener que autocensurarme para gustar a tal o cual público objetivo. He hecho muy poquitas copias de esta primera edición y no sé si las venderé todas o tendré que regalarlas. En cualquier caso, lo que tenía que decir, lo he dicho y ahí queda. No es seguramente el libro que escribiría ahora y muchas de las cosas que digo me resultan ahora graciosas vistas en la distancia pero, ¡qué se le va a hacer! ¡Era mi edad del pavo de la maternidad y todo era nuevo! Además, todo libro es algo muerto, inamovible e incapaz de captar la complejidad de la vida real.

Podéis comprarlo en estas librerías:

Se puede encontrar en estas otras librerías a través de la distribuidora pero también os digo que, no es que recupere el dinero, ¡es que con el precio que le he puesto, su coste de edición (en una tirada tan pequeña) y los intermediarios, pierdo dinero con cada ejemplar vendido por este medio! Así que os agradezco que me lo compréis a mí directamente, si puede ser:

Este libro, “Bebés sin pañales. Nuestra experiencia” lo escribí en su mayor parte durante los primeros dos años de mi hijo, pero no ha sido hasta ahora que he tenido el tiempo de reunir y corregir los textos para publicarlo. En él cuento nuestra experiencia al aprender a comunicarnos con nuestro bebé para usar el mínimo de pañales posible pero también explico en qué consiste la higiene natural del bebé. Para ello, me he acercado a estos temas desde varios puntos de vista a través de la historia, la antropología y la ciencia, sin olvidar la práctica y las experiencias reales de madres mediante entrevistas y traducción de sus textos.

Su precio es de 12 euros más gastos de envío y puedes pedirlo en info@lasinterferencias.com

Por ejemplo, el precio que cobra Correos por los gastos de envío más el sobre acolchado dentro de España son 3,13 euros y para Argentina son 14 euros.

Texto de la contraportada:

Según diferentes estudios, cada niño gasta entre 5.000 y 6.000 pañales y cada uno de esos pañales tardará entre 250 y 500 años descomponerse. ¿Cuánta energía, árboles y plástico son necesarios para fabricar los pañales de usar y tirar? ¿Cuánta energía se derrocha en lavar los pañales de tela?

Tenemos una responsabilidad sobre los desechos contaminantes que dejamos en el mundo que habitarán nuestros hijos y nietos. No deja de ser una paradoja que para que nuestros bebés no manchen la ropa o nuestro hogar permitamos ensuciar nuestro hábitat. Por criterios de comodidad, aceptamos ser agentes activos en la depredación y contaminación de la naturaleza, nuestro hogar y el de las próximas generaciones.

Creo que el cuidado de nuestro ecosistema necesita que cuidemos a nuestros bebés de otras formas. Debemos encontrar diferentes maneras de abordar los cuidados en general: el cuidado a las madres solitarias, el cuidado a los que cuidan; recuperar los vínculos ancestrales con nuestras raíces, nuestros linajes. No es fácil cambiar una pequeña parte de las cuestiones importantes sin modificar el todo de forma integral.

Otra información:

  • Nº de páginas: 234 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Editorial: MANUSCRITOS
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788494593130

 

Experiencias sin pañales con un niño de 25 y 26 meses

Hoy hago crónica doble porque realmente los 25 meses fueron más o menos como el mes anterior y no ha sido hasta que ha cumplido los 26 meses (dos años y dos meses) que las cosas han vuelto a cambiar. Si antes todos los días había algún pantalón mojado en el momento más insospechado ahora ya nos avisa bastante o se espera a que le llevemos al w.c./orinal. Muchos días ya no salgo ni siquiera con ropa de recambio y, si llevo un pantaloncito extra, se queda limpio en el bolso sin usar. Como hace buen tiempo, le llevo con chanclas que, si se mojaran, se secan pronto.

Creo que un factor fundamental ha sido que ha crecido y en algún momento esto iba a ocurrir por sí solo. También ha ayudado que sus abuelos, con los que se queda tres tardes a la semana, también creen que no necesita pañal y también le ponen, se lo recuerdan por su cuenta, y él también se lo pide a veces. Como siempre, hablo del pis, la caca ya la pedía independientemente de la casa en la que estuviera.

Respecto al tema de avisar o no quiero comentar una cosa más. Hoy todavía, aunque ya todos los días sean “días secos” desde hace 3 semanas, hay que preguntarle si quiere hacer pis. A veces simplemente le llevo al arbolito del parque sin preguntarle, como hacía antes, pero ahora sé que él es más consciente y, si tiene ganas, él mismo me da la mano y me lleva. Veo mucha más voluntad e iniciativa propia por mantenerse limpio que antes.

Cuando termina le animo a que se suba el calzoncillo y los pantalones, él tira por delante y yo le ayudo a subirlos por el culete. Después, si está en el reductor, le gusta tirar de la cadena o, si está en el orinal, tirar el pis a la taza del w.c..

Por las noches sigue usando pañal y no hay ningún cambio, no ha habido más noches secas y además bebe mucha agua al acostarse y durante la noche (además de leche algunas noches, que estamos en proceso de destete…).

¿Será otro momento transitorio? Nunca se sabe, porque las cosas cambian mucho de mes en mes. Os lo contaré en próximas crónicas, por si mi experiencia puede servile a otras personas que quieran experimentar con el mundo “sin pañal”. Es importante recordar que cada niño y cada familia es diferente y lo que le vale uno no le vale a otro. Pero una cosa es segura, el abanico de posibilidades es mucho más amplio de lo que nos habían contado… ¡Un abrazo!

Me despido con un bailecito que nos echamos hace poco en una fiesta de artesanía:

Experiencias sin pañales con un niño de 24 meses

Si el mes pasado parecía que llegaban los días “secos” para quedarse este ha sido el mes de volver al charquito diario.

Es curioso porque, como acaba de cumplir los dos años, ya empiezo a ver a niños de su edad, o unos meses más, en proceso de dejar el pañal y lo cierto es que ¡estamos en el mismo punto! Los papás y mamás suelen decirme que para ellos es más fácil que les avisen el pis, cuando en nuestro caso es al revés, avisa todas las cacas y el pis no. Aquí se ve de forma clara que la higiene natural del bebé no es un método de dejar el pañal ni adelanta ni fuerza ningún proceso, cada niño es diferente y tiene también su ritmo.

Este mes se ha caracterizado por volver a los 0-1-2 pantalones mojados o charquitos diarios de los últimos meses. Nos avisa el pis cuando lo está haciendo o lo acaba de hacer. Es bastante gracioso porque nos coje de la mano y nos lleva al lugar señalando con el dedo… Lo limpiamos, le decimos que el pis no se hace en el suelo, que nos avise un poquito antes para ir al w.c. y ale, a seguir con la vida.

Por las noches, como siempre mama y pide muchísima agua antes de dormir, es rara la noche seca. Sin embargo, he notado que las noches en las que está realmente agotado, quizás porque duerme más “del tirón”, no sé, se despierta con el pañal seco. Misterios de la vida…

La verdad es que la mayor parte de los días el charquito viene cuando hay una visita o quedo con alguien y me pongo a charlar y se me pasa el ir al servicio con él. Tampoco me parece nada dramático, la vida es así, llevo un recambio de pantalón y zapatos y punto. También hubo un día en que fuimos a la casa del pueblo y le tuvimos totalmente asilvestrado por el campo, sin pañales y sin ponerle, cambiando pantalones si se mojaba y ya está.

Pero lo normal es estar todo el día en calzoncillos y bien, si le vamos llevando al baño cuando parece que tiene ganas, podemos mantenerle seco sin problema. Cojo el metro, el autobús y sé perfectamente que no se lo hará encima. Pero la pregunta del millón es… ¿Cuándo será capaz de avisarnos antes de hacer pis? Desde luego, todavía no es el momento.

¡Y así seguimos aprendiendo y experimentando con la vida fresquita, primaveral y sin pañales! El próximo mes más…

Experiencias enseñando a usar el w.c. a un niño de 23 meses

Hace dos días que mi hijo cumplió dos años. ¡Dos años! ¿Cómo es posible haber vivido tanto juntos en tan poco tiempo? ¡Y lo que nos queda!

Lo más reseñable de este último mes ha sido que la última semana antes de su cumpleaños casi sin darnos cuenta no hubo ni charquitos ni pantalones mojados ni nada de nada. ¡Días secos por fin! Es verdad que las semanas anteriores a lo mejor teníamos algún escape o dos pero poco a poco se fueron reduciendo. No hemos usado pañales durante el día, solamente calzoncillos. Eso sí, con ropa de cambio preparada si salíamos, pero no ha hecho falta usarla ningún día. Esto sí ha sido un cambio.

Yo no hecho nada especial ni nada diferente al mes anterior, creo que simplemente él ha ido ganando control y es capaz de esperar a que le ponga. Eso sí, poquísimas veces nos lo ha pedido él y las veces que lo ha hecho ha sido para avisarnos de que en ese momento, en unos segundos, iba a hacer pis. Total, que no nos daba tiempo a llegar al w.c. porque de camino se lo hacía encima, pero se nota que cada vez tiene más conciencia. Las cacas, como siempre, las ha hecho en el baño sin problema. El orinal, como desde hace meses, no lo quiere usar, siempre prefiere el reductor.

Este mes casi habíamos hecho el destete nocturno total cuando de repente se puso malito y volví a darle cuando me pedía para que tuviera una buena dosis de defensas y amor para combatir esa otitis. Y, cuando se curó (tomó los primeros antibióticos de su vida…) al poco tiempo pilló otro catarro y otra vez la clásica secuencia de nariz taponada-mocos-no poder respirar… y otra vez a mamar por la noche. Ahora ya está mejor y ha vuelto a dormir algunas noches del tirón en su habitación y otras con un despertar en el que se viene a nuestra cama. A diferencia con otros tiempos le basta con sentir nuestro calorcito para volverse a dormir plácidamente. ¡Y tan contentos los tres!

Por las noches ha habido una gran sorpresa. Durante unos 5 días, coincidiendo con algunos de los “días secos” se despertó por la mañana con el pañal seco. ¡Lo nunca visto! Incluso alguna noche nos pidió agua y aún así se despertó seco. Sin embargo, después, volvió a mojar el pañal de la noche. En la próxima crónica contaré como ha evolucionado el tema.

Los días que se queda en casa de los abuelos le ponen pañal y casi siempre los moja porque han intentado ponerle en el reductor pero con ellos no quiere. No sé muy bien cuál será la razón pero llegará un momento en el que él mismo se lo pedirá.

Por ahora, somos nosotros los que le llevamos guiándonos por un tiempo intuitivo o por sus señales inequívocas y propias de que quiere hacer pis: se pone inquieto o más revoltoso, si está jugando tan tranquilo se pone de pie y se apoya en alguna pared… A veces (muy pocas) le preguntamos si quiere hacer pis, pero cuando realmente estamos seguros sin preguntar le llevamos y de camino le decimos que vamos al reductor o, si estamos en el parque, “a hacer pis donde viven las hormiguitas” (es un árbol que hay detrás de unos setos).

Por la mañana siempre le doy unos libros o no nos entretenemos con unos botes de crema vacíos. También le dejo solo y le digo que me avise cuando haya terminado o quiera bajarse. Todavía es muy pequeño para bajarse él solo así que me pega un grito, si estoy en la otra habitación, y voy. Le limpio el culete en el grifo del bidé o del lavabo, le seco y a jugar. En casa de la abuela cuando está en el reductor siempre jugamos con unas muñecas de plástico que tienen allí, una es de Blancanieves y otra es de Bella. Cuando realmente no tiene ganas también nos lo deja claro y confiamos en él.

¡Ah! Este mes no ha hecho el más mínimo intento, en contraste con el mes anterior, de subirse o bajarse la ropa por propia iniciativa. Y ya me despido. ¡El próximo mes nueva crónica!

Experiencias enseñando a usar el orinal a un niño de 22 meses

Durante este mes he vuelto a no usar pañales más que para dormir y en casa de los abuelos (ellos lo prefieren así). De repente, pensé… ¿Qué estamos haciendo? Es totalmente contradictorio seguir usándolos ya que lo que le estoy enseñando es que es lo mismo hacerlo en el w.c. que en el pañal. Así que hablé con Guille y le dije que dejáramos de usarlos de nuevo, que si se mojaba el pantalón y el calzoncillo no pasaba nada y que habíamos vuelto a usar muchos más pañales durante el día por pura pereza nuestra. Con las cacas no ha habido problema porque siempre o lo pide o lo hace después de alguna de las comidas del día. También hablé con Félix y le dije que tenía que avisarnos cuando tuviera ganas de hacer pis, antes de que se mojara el pantalón. Y la verdad es que, aunque sigue sin avisar todas las veces, avisa bastantes más con un “hacer pis, mamá, hacer piiiiiiis” en lugar del clásico “ah, ah, puaj”, jejeje.

Sigue siendo cosa de dos, él a veces me avisa y el resto de las veces tengo que llevarle yo. Si le pregunto el 90% de las veces me dirá que no tiene ganas. Bueno, también contesta “no” al 90% de las preguntas. Es la época del “no”, sus “noes” y mis “noes”, sus “noes” y los “noes” de su padre. Por eso, la única forma, si estamos seguros por sus señales o el tiempo que lleva sin hacer pis, es llevarle y distraerle con algo: un objeto, un libro, un juego… Después lo que no quiere es bajarse…

También es la época del “yo solo”. Quiere ponerse las zapatillas él solo, ponerse los pantalones él solo, aprender a hacerlo todo solo. ¡Me encanta! También me pide ayuda o se enfada por pura frustración si las cosas no le salen como le gustaría. Rabietas. Muchas rabietas… Creo que aprovechar esas ganas de autonomía para que tome consciencia de su cuerpo, sus señales y sus necesidades es muy interesante.

Así que creo que es básico vivir sin pañales, al menos por el día, y si se moja cambiarle y llevarle en el momento corriendo al reductor (ya no quiere orinales) del W.C.. Es la única forma de recordar que siempre hay que hacerlo allí, no solamente algunas veces.

También me ha pasado este mes que me avise justo cuando se está haciendo pis. En otras ocasiones le decimos “cierra la colita hasta el baño” y consigue aguantar hasta llegar. Si tenemos un día “consciente” y yo estoy con ganas hemos llegado a tener días secos, de cero charcos, cero pantalones mojados. Si estoy a otras cosas, volvemos a los clásicos 2-3 “charquitos”. Eso siempre pasa en casa, no sé por qué en la calle avisa más, ¿o será que yo estoy más avispada?

El otro día pasó algo gracioso. Me salió un trabajo para bailar danza oriental en una tetería de mi barrio y se quedaron con mi hijo en casa unos amigos (Tere, Isa y José Luis, ¡gracias por estar ahí!). Bien, pues después de preguntarle un montón de veces si quería hacer pis y Félix contestar siempre que no. ¡Se hizo pis encima de mi amigo! Parece ser que fue un momento bastante cómico… Al volver le dije que si estaba seguro tenía que llevarle él al reductor con gracia o con el juguete que tuviera entre manos y una vez allí seguir hablándole o jugando (lo que estuvieran haciendo) para que se relajara. Muchas veces dice que no tiene ganas y es “sí”.

Ayer, ya con 23 meses y pocos días volvió a practicar lo de bajar y subir el calzoncillo y el pantalón. Claro, para eso el reductor no vale porque está muy alto. Cuando le vi le dije que si quería hacer pis él solo, sin avisarme, tendría que sentarse en el orinal. Estuvo un rato practicando a hacer pis él solo ahí y tirando después el contenido al w.c.. No sé si será algo aislado o seguirá practicando. Yo, desde luego, le animaré a que siga.

Si me comparo con las autoras de los libros que hablan de la HNB mi experiencia no ha tenido nada que ver con la suya. Sus hijos eran autónomos y les avisaban muchísimo antes. Son tantos factores los que influyen que lo mejor es relajarse y disfrutar, tomárselo como un aprendizaje vital y social más. Pero a la vez, aunque suene contradictorio, no relajarse demasiado porque eso también se puede convertir en pereza o no querer afrontar las cosas. ¡Los malabarismos de la vida!

Vivimos con la losa de un pasado y un presente autoritario y los padres que queremos construir relaciones basadas en el respeto con nuestros hijos, muchas veces no nos damos cuenta que eso de “ya aprenderán” o “a su tiempo” también puede convertirse en una forma de no creer en sus capacidades reales y concretas, que son diferentes en cada niño y en cada momento, pero existen, están ahí. Yo bailo y a mi me encanta cuando mis profesoras de danza me retan a realizar un ejercicio con algo de dificultad. ¡Creen en mí y yo me pico! No es una competición contra otra persona sino conmigo misma. Asumir esto también nos hace creer en las capacidades de nosotros mismos como madres y padres, más allá de teorías, técnicas, expertos o personas metomentodo bienintencionadas (o no).

Hablar de forma normal con nuestros peques, saber que son capaces de muchísimo más de lo que pensamos, confiar en ellos, respetar esas ganas de aprender que tienen y enseñarles cosas nuevas no es presionar ni ser un tirano. Es mostrar un camino y ver como poco a poco, quizás lentamente, lo van entendiendo. ¡Somos seres sociales! La crianza no es una ciencia, es un arte, una relación humana más, por eso hay que buscar todo el tiempo puntos de equilibrios y armonías diferentes.  Esto no lo he aprendido en los libros, lo he aprendido en el día a día con mi hijo, que es el que más puede enseñar a una madre primeriza en un mundo con cada vez menos niños y, por tanto, con menos contacto directo con bebés…

¡Hasta el próximo mes!

Experiencias enseñando a usar el orinal a un niño de 19 meses.

Ayer mi hijo cumplió los 20 meses y yo sin haber hecho la crónica de los 19… Bueno, ahí vamos:

La novedad principal de este mes ha sido que mantenerle seco ha sido muy fácil y casi todas las veces se ha esperado a que le ponga a hacer pis. Quizás habremos mojado uno o dos pantalones cada día como mucho, lo que muestra que cada vez controla más su cuerpo. Hubo un día que se hizo caca en el pañal, el resto lo hace en el w.c.

Por otro lado, en lugar de avisarme cada vez más, he notado que este mes nos lo ha pedido menos que el anterior, a pesar de que yo de vez en cuando se lo digo: “Si sientes las ganas, avisa a mamá, avisa a papá” o “ahora que vas a estar con abu, díselo a ella”. Como nota curiosa, suele coincidir que las veces que nos avisa, vamos en coche o transporte público. Siempre buscamos un sitio para parar o salimos del autobús pero también le decimos que intente “cerrar la colita” hasta llegar a un sitio donde poder ponerle. Y parece que lo entiende y puede hacerlo. Creo que como las cosas las asimila y afloran un par de semanas más tarde, no sería raro que durante el próximo mes volviera a avisar más y en todo tipo de contextos.

Como sus señales verbales han sido un poco excasas he seguido poniéndole según sus tiempos habituales. Por la mañana nada más despertarse, después del desayuno o una hora después de haberse despertado y después más o menos hora y media. La verdad es que no miro el reloj.

Por las noches este mes hemos usado pañales de usar y tirar porque hemos priorizando el sueño y no tener que cambiarle durante la noche. Algunas noches le he puesto antes de acostarnos nosotros, ha hecho pis dormido, y después le he puesto en el despertar de las 6h de la mañana y ha pasado toda la noche con el pañal seco. Pero la mayor parte de las noches prefiero dormir y no le ponemos. Aunque duerme más tiempo seguido ha habido un par de noches en las que se ha desvelado y no se quería volver a dormir en mitad de la noche. ¡Horror! Creo que ha podido ser por la salida de los colmillos pero cualquiera sabe…

Por el día solamente lleva pañales en casa de mi suegra tres tardes a la semana y solamente le ponen si él explícitamente lo pide. Su padre, que come con ellos los días que yo trabajo, le pone con un reductor en el w.c. después de comer y si tienes ganas hace y si no, lo dice. Para él, ir al baño no es un trance insoportable, de hecho, suele ser un momento de relax y juego. Pide cosas para entretenerse con las manos: gomas del pelo, jabones empaquetados, trocitos de papel del water…

En casa, siempre le digo “vamos a hacer pis con mamá” cuando veo que es el momento y viene corriendo. Yo me siento en la taza, él en el orinal, sacamos un bolso pequeño lleno de muestras de jabón y champús, tarjetas y empezamos a dárnoslas el uno al otro, a guardarlas, a sacarlas de nuevo… Es un momento divertido.

Algunos días le pongo pañales de tela si vamos a hacer un viaje largo en metro y no quiero salirme en mitad del trayecto, o si me agobia ir con miedo de que se haga pis por el camino, o si voy a casa de alguien en la que no quiero que haya ninguna posibilidad de “charquitos” inesperados. Ante todo, muuuuuucha calma. Por eso, la mayor parte de los pañales de tela se van quedando abandonados en la estantería sin usar, quizás a la espera de que algún día llegue otro bebé y los use de nuevo.

Releo los libros de Ingrid Bauer y Laurie Boucke y creo que, sobre todo el primero, me crearon falsas expectativas en cuanto a poder independizarme de los pañales de forma total. No ha sido tan sencillo porque no vivimos ni en China ni en India ni en África y no tengo abuelas o abuelos que lo practiquen y sepan enseñarme cómo leer las señales de los bebés. He tenido que navegar un poco en solitario e ir aprendiendo sobre la marcha, como muchas otras madres occidentales que lo intentan.

Ya llevamos 19 meses y mi hijo no avisa ni el 100% de las veces ni es independiente para ir al orinal. Depende de mi para recordárselo y si no le ofrezco el orinal se lo hace encima sin problema. Sin embargo, puedo mantenerle seco casi sin pañales y sé que los dejará definitivamente cuando él esté preparado.

Experiencias enseñando a usar el orinal a un niño de 18 meses.

Museo de Burdeos – Mujer dando el pecho, siglo II-III dC (época romana). A través del facebook de Maternalias (http://maternalias.blogspot.com.es/).

Como veis, he cambiado el nombre a las crónicas de Higiene Natural del Bebé. Mi hijo ya tiene 18 meses y considero que hace tiempo que hemos entrado en otra etapa. Ahora hay que seguir recordándole que hay que ir al baño pero nuestra comunicación es más verbal y los niños a esta edad lo entienden todo. Es decir, ya no sólo es gestionar el tema de las evacuaciones sin pañales y cambiarle de ropa si se moja, si no he estado atenta a sus señales corporales. Ahora le estoy enseñando activamente lo que se espera de él sin premios, sin castigos, sin enfados, de forma clara y consistente, empática y con cariño.

Este mes ha sido la caña. Como por arte de magia la resistencia del mes pasado se fue y ha dado paso al cachondeo. Ahora Félix nos avisa cada vez más, incluso con los pises, pero también a veces avisa en falso, hace “ah,ah,ah, puaj, puaj” y después se ríe. O te lo dice cuando acaba de hacer pis y sabes que es una broma, pero él insiste en que le lleves y después no hace nada y se parte de risa. Como cualquier madre orgullosa no puedo dejar de pensar que es increible y me fascina verle crecer. ¡El humor creo que es de las cosas más relacionadas con la inteligencia que conozco!

Ahora también dice “¡oh, oh!” sorprendido cuando se hace pis en los pantalones. Y es que es lo que yo le decía el mes pasado cuando veía el charquito en el suelo. No sé, quería expresar de alguna forma que aquel no era el lugar apropiado pero sin sonar a reproche. Simplemente le decía: “oh, oh,(tono de sorpresa) has hecho pis en el suelo. El pis se hace en el orinal” o  “Cuando quieras hacer pis dime “mamá, puaj, puaj” o “cuando estés con la abula tienes que pedirla el pis cuando tengas ganas. Dile “abu, puaj, puaj””.

Es sorprendente pero aunque pasen días desde que le dices algo, él lo guarda en el “disco duro” y aparece en el momento más inesperado. Creo en él, confío en sus grandes capacidades y sé que los niños pueden hacer mucho más de lo que hoy en día se cree (o nos han hecho creer).

Le hablo como si me pudiera entender y de hecho sé que me entiende, solamente que el cuerpo a veces no le responde. Es igual como cuando aprendemos a hablar. Entendemos más de lo que sabemos decir, pero en nuestro cerebro está grabado. Es la boca y la lengua la que todavía no nos responde.

No pasa nada y no hay prisa, hablaremos cuando seamos capaces. Sin embargo, hablar es un acto social y se aprende hablando, practicando, escuchando, imitando. Ningún ser humano puede hablar si es criado en un bosque como un “niño salvaje”. De la misma forma no podemos esperar que un bebé aprenda a hablar “cuando esté preparado” si nunca hablamos con él y practicamos. Somos seres sociales.

Un momento bastante cómico del mes ocurrió el otro día. Quedé con una amiga que me está cosiendo un traje de danza oriental y fuimos a una conocida tienda de ropa a comprar un sujetador que luego ella forraría con telas y adornos. Sabía que mi hijo tenía que hacer pis y además iba en calzoncillos así que ni corta ni perezosa pillé una botella pequeña de agua mineral vacía que teníamos en el carrito y le dije “puedes hacer pis aquí”. ¡Y eso hizo! Creo que ni mi amiga ni la dependienta se enteraron, de lo rápidos que fuimos, jejeje.

Ahora salimos mucho y vamos en metro en autobús a recorrer la ciudad, a hacer fotos, ver exposiciones… Por supuesto, a él le gusta más el viaje que el destino así que si vamos en carrito, le pongo una tela impermeable en el asiento, por si las moscas. Y si vamos caminando y con portabebé de apoyo (para cuando se cansa) no le pongo nada. Nunca se ha hecho pis en el portabebé.

Este mes estoy entusiasmada. Nos entendemos, nos reímos, aprendemos juntos, no es el centro de mi vida sino que está en el centro de la vida, en el meollo. Allá donde voy le llevo, menos cuando quiero un espacio para mi, como cuando voy a clases de baile, por ejemplo…

Hoy he hablado con una abuela joven en el parque y me ha contado que ella empezó a poner a sus hijas en una especie de trona-orinal cuando empezaron a poder sentarse, es decir, con menos de un año. Usaba pañales de tela así que si hacían caca allí mientras comían o después, era un pañal menos a lavar. Si no lo hacían, pues no había perdido nada. Me ha contado que su nieta ha dejado el pañal con dos años y que ella ha sido parte fundamental del proceso, ya que la cuida desde por la mañana hasta que la vienen a recoger sus padres por la tarde. Yo le he dicho que pienso que se ha perdido ese conocimiento, esa confianza en que es posible, pero que esa pérdida no ha sido por azar. Hay intereses económicos muy fuertes en prolongar la etapa del pañal hasta límites insospechados… Ella estaba de acuerdo.

Como he dicho antes, ya no creo que estemos practicando HNB, hemos entrado en la fase de realmente aprender a usar el orinal de forma consciente y voluntaria, con cada vez mayor participación activa del bebé y yo apoyando en retirada…

Todo en la crianza es un arte y como tal, no tiene medidas exactas. Es una mezcla de intuición, saberes prácticos, saberes aprendidos, de expertos, de abuelas, de otras madres, todo pasado por el mortero de la reflexión y el colador,  para diferenciar lo que sirve de lo que no. Yo ahora camino a tientas, enfrentándome como madre primeriza y solitaria a todas estas experiencias nuevas, pensando que quizás algo de lo que yo aprendo pueda servir a otras personas. Sobre todo, he aprendido a dudar de lo establecido, pero de todo, venga de donde venga, tanto como si viene de la llamada crianza con apego, como si viene del pediatra del centro de salud, de un familiar sabelotodo o un anuncio de pañales. Hay que labrarse el propio camino, desde lo más profundo de la ética, del amor y de la propia experiencia.

Os hago un resumen por puntos de lo que ha sido este mes:

– Ahora avisa frecuentemente cuando tiene ganas de hacer caca con “ah,ah,ah, puaj, puaj”. Normalmente le entran las ganas en mitad o al final de las comidas. A veces es por la mañana, a veces por la noche y algún día no hace nada.

– Ha comenzado a avisar también algunos pises por día (cada día más) con las mismas palabras “puaj, puaj”. Los que no avisa los intuyo y preveo y soy yo la que se lo propone si sé que lleva mucho tiempo sin hacer o acaba de beber un montón de líquidos.

– Está empezando a decir “caca” pero todavía no lo pide así.

– Hay días de muchos “escapes” y pantalones mojados pero normalemente si empezamos bien desde por la mañana entramos en sincronía y todo va sobre ruedas.

– No usar premios ni castigos no significa que no le explique con claridad dónde se hace el pis y dónde no. Le digo “se hace en el orinal” o le digo lo de “oh, oh” como “¡glups!, no se hace en el pantalón, se hace en el orinal.” Cuando le digo esto, le enseño el orinal o le siento un momento allí por si le queda algo y para que aprenda que es ahí. Creo que esta es una diferencia fundamental con la HNB en los primeros meses.

– Los días en los que yo trabajo y se queda con el papá y la abuela, le ponen pañal de usar y tirar y solamente le ponen si él lo pide activamente. Yo soy más de llevarle sin pañal con un par de recambios de ropa en el bolso porque creo que es más cómodo para él, yo veo inmediatamente si se moja y, además, es la mejor forma de aprender: sintiendo el cuerpo.

– A veces avisa justo cuando se está haciendo pis o justo después al sentirse mojado. Aunque no llegamos al orinal me parece muy buena señal que tenga esa conciencia corporal y me lo tomo así, como algo positivo.

– Como he comentado, a veces hace “puaj, puaj” y es una broma. Le pongo al orinal y no hace nada, se sienta, juega o me pide un libro y al rato se levanta y se va.

– Por las mañanas nada más despertarse hace pis en el pañal porque no me da tiempo a ponerle.

– Usamos calzoncillos por el día y ropa de recambio. Cuando se queda con los abuelos pañales de usar y tirar.

– La “huelga del orinal” o el rechazo del mes pasado se fueron para no volver. Además de ofrecer menos, ponerle a hacer pis de pie o en otros recipentes y lugares, creo que otra de las cosas que más ayudó a superarlo fue ir a hacer pis juntos diciendo “mamá aquí (w.c.) y tú ahí (orinal)”. Le pareció divertido y después siempre me lo repetía él. ¡Parece ser que quería compañía!

– Por las noches alternamos de tela y de usar y tirar y, me da hasta miedo decirlo… ¡Lleva 5 días durmiendo del tirón de 22h-7h, pide teta y después hasta las 9h! Ojalá dure y contarlo aquí no me dé mal fario… 😛 No sé si habrá tenido que ver pero antes de estas noches del tirón le expliqué durante varios días lo de que las tetas por la noche se van a dormir y que él tenía que intentar dormir también hasta por la mañana. No sé si me habrá hecho caso o ha sido casualidad pero el caso es que ha funcionado. ¡Que dure!

– Antes de esas noches descubrí que es posible ponerle a hacer pis completamente dormido y reducir los despertares por pañal mojado o ganas de hacer pis. Nunca lo había probado y nos fue bien. Hace meses cuando le poníamos por la noche siempre era cuando se despertaba y a veces quería pero al crecer lloraba y se quejaba y dejamos de hacerlo. Quizás si hubiese probado a ponerle dormido hubiese sido mejor, ¡pero yo también estaba durmiendo!

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 17 meses

Este ha sido un mes algo caótico. De un tiempo a esta parte venía viendo en Félix un creciente rechazo al orinal. Ya no quería que le pusiera a hacer pis, se arqueaba siempre y ningún momento era bueno para él. Muchas veces sabía que se iba a orinar en el pantalón, le ponía, no quería, y al momento veía un charquito en el suelo. Además, a principios de mes me reincorporé a media jornada a mi anterior puesto de trabajo y supongo que todo habrá influido en nuestra manera de relacionarnos y, como no, en la práctica de la HNB.

Con la distancia creo que puedo decir que hemos vivido eso que los anglosajones llaman una “huelga del orinal”. Eso sí, ha sido corta y siempre había algún momento del día en el que sí quería ir sin problema, sobre todo para las cacas que sí que le gusta tomarse su tiempo y sentarse tranquilamente. Noté también que, al igual que rechazaba el orinal, también comía mucho menos y quería estar menos tiempo en la trona. ¿Habría algún tipo de paralelismo? ¿Prefería jugar a todo lo demás? Bueno, por no hablar de la teta… Todo el tiempo la pedía, algo muy raro en él, que antes nunca quería mamar fuera de casa. De repente, la pedía mucho y sólo para dar un par de “chupitos” y volver a jugar. Creo que notaba mi ausencia y era su manera de mostrar esa necesidad. Sin embargo, con el tema de la HNB, sabía que había algo más que se me estaba escapando…

Mi actitud inicial fue de bastante desconcierto. No entendía qué pasaba, por qué de repente casi todos los pises iban al suelo y no sabía qué podía haber hecho mal. Además, siempre había sido bastante relajada con el tema, nunca le había presionado y limpiaba los charquitos tranquilamente, incluso a él le gustaba imitarme cogiendo otro trapo y ayudándome a limpiar. ¿Se me había escapado algo? ¿Le había agobiado sin darme cuenta? Sabía que algo tenía que cambiar.

Así que decidí relajarme todavía más, no proponerle ir al orinal tantas veces, volver al pañal en ocasiones (¡mojábamos muchísimos calzoncillos!) y otras aceptar con tranquilidad que tendría que limpiar pises por la casa con la fregona. Aún así, cada vez que lo hacía, le señalaba el orinal o le sentaba diciéndole con normalidad: “el pis se hace en el orinal”. Él, por supuesto, se levantaba inmediatamente a jugar de nuevo, pero creo que a esta edad lo entienden y se quedan con todo. También encontré de nuevo un sentido para los pantalones chinos (con abertura en el culete) que compré hace tiempo. Ahora me venían genial porque ya andaba y si se hacía pis por la casa no se mojaba nada la ropa, sólo había que limpiar el suelo.

Pantalones chinos abiertos “Kaidangku”. Foto tomada del Flickr de Dharbigt Maersk (Ajax).

Durante esa fase, ha habido muchos días que se ha hecho caca en el pañal, sobre todo en casa de mis suegros. Sin embargo, este mes ha pasado algo sorprendente. Ya durante el verano empezó a hacerlo de forma ocasional, pero es que ahora nos avisa todos los días cuando quiere hacer caca de forma clara, consciente y verbal (bueno, más bien con gruñidos, jejeje).

Al igual que cuando quiere agua dice “agua” o cuando quiere teta dice “teta”, ahora cuando quiere hacer caca dice “ah, ah, ah” (gruñidos como de hacer fuerza) y después “puagh”, “puagh”. La verdad es que es bastante curioso cuando lo ves en vivo y en directo. Al principio no entendía por qué decía eso en lugar de decir “caca”, que era lo que yo le decía, hasta que Guille me dijo que él cuando le ponía, decía eso porque le olía muy mal y en plan gracioso decía “puaghh, puagh” mientras tiraba de la cadena… ¡Madre mía! “Pis” sin embargo no lo ha dicho nunca y eso que su abuelo se llama Luis y ese nombre lo sabe decir perfectamente. Supongo que no está en su lista de prioridades y ya está, no pasa nada.

Después de esas dos semanas de resistencia, poco a poco volvimos a la cooperación habitual. Creo que otra de las claves para superar “la huelga” fue descubrir que a Félix ya no le gustaba la postura básica de la HNB ni estar de cuclillas ni sentado. Un día, a base de ensayo y error, se me ocurrió probar a decirle que hiciera pis de pie y cuál sería mi sorpresa al ver que es así como prefiere hacerlo ahora. Creo que le parece muy divertido ver salir el chorro como una manguera y ver lo lejos que llega, jejeje. Además, es menos aparatoso, más rápido y le permite seguir jugando o corriendo en cuanto termina. Supongo que todas las “huelgas” son una protesta por una situación desagradable y una demanda de un cambio, lo complicado a veces es saber qué es lo que hay que cambiar.

Al hacer pis de pie, en casa utilizamos ahora mucho menos el orinal de bebé y usamos más uno que es como un bol pequeño, el típico orinal de adulto. Al terminar, le gusta cogerlo y tirar el contenido al w.c. (con mi ayuda, claro). Es algo difícil no mojar el pantalón al terminar y apuntar bien, pero poco a poco vamos aprendiendo.

Cuando voy a trabajar las tardes de los lunes, martes y miércoles, Félix se queda con mi suegra y con su papá. Mi suegra prefiere ponerle pañales de usar y tirar y no usar el orinal, así que muchas veces llega con calzoncillos o pañal de tela y por la noche vuelve a casa con un desechable. Sin embargo, ahora, como pide la caca en mitad de la comida o de la cena, le ponen en el w.c. con un reductor. ¡Cómo le iban a dejar que se lo hiciera encima!

Yo le dejo a la 13h, a las 14h15 llega su padre y si ve que tiene ganas le ofrece el orinal. Si no, después de comer. Después le deja dormidito y se va a trabajar. Vuelve a las 18h30 y le vuelve a ofrecer el orinal. Normalmente, al despertarse de la siesta, se habrá hecho pis en el pañal así que le cambia y ya está. Yo llego a las 21h30, le doy la teta y si no se duerme seguimos la secuencia clásica de orinal-cambio de pañal-más teta-carrito. El miércoles salgo sobre las 18h30 así que podemos dar una vuelta antes de cenar y dormir. Y así transcurre la “comunicación de la eliminación” a tiempo parcial en esta nueva etapa.

Por las noches: después de meses en los que habíamos dejado la HNB de lado, he vuelto a ponerle de forma ocasional, ya que me ha pasado varias veces que se hiciera pis en plan “fuentecilla” justo cuando le estaba cambiando el pañal. Creo que era una señal inequívoca de que se despertaba para hacer pis, ya fuera en el pañal o donde fuera, así que parecía más práctico que lo hiciera en la palangana. Solamente le ponemos a hacer pis si él quiere y nosotros tenemos ganas, si no, le ponemos pañal de tela y a dormir. Parece que los despertares nocturnos se van reduciendo y hay que aprovechar esta racha.

Fuera de casa: le sigo poniendo en arbolitos o jardineras pero, como he dicho antes, casi siempre de pie.

¿Con pañales o sin pañales? Durante la época de rechazo al orinal volvimos a los pañales en las salidas y seguimos utilizando calzoncillos en casa. Ahora le pongo o ropa interior o unos pañales finitos especiales para la HNB que se llaman “Ecapants” y que solamente aguantan un pis.

Como ya viene el frío, ya veremos qué hacemos. No sé si esta fase ha sido algo temporal o volverá la resistencia el mes que viene. Además, va a cumplir 18 meses, la famosa edad en la que se supone que los niños, según el paradigma oficial del control de esfínteres iniciado por el Dr. Brazelton en los sesenta, ya se pueden ir “familiarizando” con el orinal y ya puede que muestren signos de estar “preparados”.

Y este mes no puedo contar más, ¡no tengo tiempo para nada!