Fragmentos de “La CIA y la guerra fría cultural” de Frances Stonor Saunders

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Ahora estoy leyendo a cachitos este magnífico trabajo de investigación de Frances Stonor Saunders, un libro que recomiendo a toda persona que quiera conocer la Historia pero también entender las manipulaciones del presente. Me quito el sombrero ante el esfuerzo que ha tenido que suponer escribir estas casi 600 páginas y reproduzco a continuación la parte en la que habla del Consejo de la Estrategia Psicológica (PSB), promovido por el Departamento de Defensa y la CIA y creado en 1951 por el presidente Truman. El principal estratega de este organismo fue el General Charles Douglas Jackson, asesor especial de Eisenhower para la guerra psicológica y directivo del grupo de medios de comunicación Time-Life International:

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Imagen: Charles Douglas Jackson. Getty Images.

Pg. 178: “El plan “doctrinal” o “ideológico” del PSB, apareció por primera vez en un documento sobre estrategias, clasificado como PSB D-33/2. El documento aún sigue siendo información clasificada, pero en un largo informe interno, un atribulado oficial del PSB, Charles Burton Marshall, citaba libremente los pasajes que más le inquietaban. «¿Cómo (puede) un gobierno presentar un amplio sistema doctrinal propio sin adoptar el color del totalitarismo?», se preguntaba. «El documento no lo indica. En realidad, acepta la uniformidad como sustituto de la diversidad. Postula un sistema que justifica “un tipo especial de creencia y estructura social”, que comprende “todos los campos del pensamiento humano”… “todos los campos intelectuales, desde la antropología y la creación artística, a la sociología y a la metodología científica.”» Marshall (que habría de ser acérrimo enemigo del PSB) seguía criticando la propuesta que se hacía en el documento de «”una maquinaria” que produzca ideas que representen “el estilo de vida americano” sobre “una base sistemática y científica”». «Anticipa “una producción doctrinal” dependiente de “un mecanismo de coordinación”», observó Marshall. «Establece “un predominio de la acción rápida y efectiva para impulsar la creación y distribución de ideas”… pronostica un “movimiento intelectual a largo plazo” como resultado de estas acciones y tiene el propósito, no solo de contrarrestar el comunismo sino de “romper los esquemas de pensamiento sectario y doctrinario” proporcionando una base intelectual para las “doctrinas hostiles a los objetivos americanos”». Su conclusión era categórica: «Eso es lo más totalitario que se puede hacer».

Marshall también discrepaba con el PSB en que se basaba en “teorías sociales no racionales” que otorgaban preeminencia al papel de la elite “en un modo que recuerda a Pareto, Sorel, Mussolini, etc.”. ¿Acaso no eran estos los modelos utilizados por James Burnham en su libro Los maquiavelistas? (…) «A los individuos se les relega a una importancia de tercer orden – continuaba Marshall – . La supuesta elite aparece como único grupo al que se tiene en cuenta. A la elite se la define como aquel numéricamente “limitado grupo, capaz de e interesado en manipular las cuestiones doctrinales”, los ideólogos que mueven los hilos intelectuales “para formar, o, al menos, para predisponer, las actitudes y opiniones” de los que, a su vez, son líderes de la opinión pública». Según la exégesis de Marshall, el PSB preveía trabajar sobre la elite de cada uno de los temas, para predisponer a sus miembros a favor de “la filosofía de los planificadores». La utilización de las elites locales ayudaría a ocultar el origen estadounidense de la acción “para que parezca que es iniciativa propia”. Pero no solo iba dirigido a los extranjeros. Aunque el documento negaba toda intención de hacer propaganda al pueblo estadounidense, propugnaba un programa de adoctrinamiento en los organismos militares, inyectando las ideas adecuadas en los tebeos de los soldados, y haciendo que sus capellanes las difundieran. (…)

La teoría de la elite que sostiene el documento doctrinal del PSB seguía exactamente el mismo modelo que el que empleaba la CIA para justificar su apoyo a la izquierda no comunista y su apoyo al Congreso por la Libertad Cultural. Comentando la utilización de la clase dirigente intelectual para que desarrollaran “la filosofía de los planificadores”, el agente de la CIA Donald Jameson decía sin ninguna intención irónica: “En lo que respecta a las actitudes que la Agencia quería inspirar por medio de estas actividades, evidentemente, lo que les hubiera gustado crear era gente que por propio razonamiento y convicción, estuviese convencida de que todo lo que hacía el gobierno de los Estados Unidos era lo correcto”. (…)

Ganar a estos influyentes personajes a la causa de la “libertad” exigía un programa de “operaciones intelectuales, como seminarios, simposios, libros, revistas especializadas, bibliotecas, intercambio de personas, creación de cátedras subvencionadas, etc.” (…)

“En junio de 1953, Packet ya formaba parte del “Programa doctrinal” del PSB, cuyos objetivos psicológicos era según rezaba un nuevo documento, “atraer a intelectuales, investigadores y grupos que crean opinión” para “romper los esquemas de pensamiento sectario” que han sido “la base del comunismo y de otras doctrinas hostiles a los objetivos americanos”. Esta campaña de persuasión, según se explicaba, “habría de crear confusión, dudas y pérdida de confianza en los esquemas de pensamiento establecidos de los comunistas convencidos (y de los) arribistas cautivos”. (…)

Frances Stonor Saunders publicó este libro en 1999. En la actualidad sí está desclasificado el documento psb d-33/2 y se puede consultar en la propia web de la CIA: http://www.foia.cia.gov/sites/default/files/document_conversions/5829/CIA-RDP80R01731R003200050006-0.pdf

Me parece destacable, dado que estos sistemas de manipulación de masas es muy probable que sigan operando hoy en día, el concepto de elite que maneja el documento. Están ellos, la elite, y después está el resto del mundo, la plebe, el populacho al que adoctrinar en una nueva edición más de despotismo ilustrado. Para reflexionar sobre estas cuestiones podríamos resumir su estrategia en los siguientes puntos:

  • actuar sobre las elites intelectuales locales para que ellos adoctrinaran a su vez a las masas en un esquema de timo piramidal que funciona bien en las sociedades jerárquicas.
  • intentar romper los esquemas del pensamiento sectario (para sustituir una secta por otra, la suya). Esto se hace creando confusión, dudas y pérdida de confianza. Dudar en sí mismo no es negativo. Reevaluarnos y replantearnos los dogmas y teorías me parece muy válido, pero, claro, cuando se hace para sustituir un dogma por otro no lo es. Es pernicioso y destructivo. Además, ellos mismos tendrían que haberse aplicado su propia medicina y se hubieran dado cuenta del autoengaño. Simplemente querían acumular más poder y control en el mundo.
  • después de deconstruir el pensamiento anterior se trata de insertar otro nuevo, el suyo, pero con un detalle clave: el adoctrinado debe pensar que TODO lo que hace el gobierno de los EEUU es bueno por propio razonamiento y convicción. Esto es retorcidísimo, si lo analizamos bien y a mí se me escaba la deriva final que pueda tener todo esto. Porque, al final, ¿cómo puedo saber si lo que pienso lo pienso de forma genuina o porque alguien me ha manipulado para que lo crea?
  • utilizar los conceptos de libertad, diversidad o pluralismo como elementos fundamentales de la estrategia discursiva. En realidad utilizaban estas palabras de forma tramposa, ya que detrás de esa “libertad” y esa “diversidad” estaba lo contrario. No puede ser libre alguien a quien estás tratando de manipular para que piense que es libre cuando no lo es. Detrás de la “diversidad” estaba el pensamiento único, el único tipo de pensamiento que para ellos era aceptable. Por ejemplo, en el arte favorecieron la creación del expresionismo abstracto cuando no era un arte aceptado por el público. Ese arte representaba la libertad, la libre empresa, la libertad artística y de pensamiento en contraposición al realismo soviético. Pero era todo fachada. Tanto el expresionismo abstracto americano como el realismo soviético, a pesar de sus diferencias estéticas, eran arte de las elites, arte creado y financiado por ellas para ser utilizado como gancho ideológico de otras muchas otras cosas.

Frente a estas estrategias de las elites, todavía vigentes en muchos aspectos, la siguiente pregunta que podemos plantearnos es, ¿debemos crear otra estrategia las personas que no estamos conformes con cómo está organizado el mundo actualmente, que rechazamos su violencia, sus guerras y la falta de libertades? ¿O la respuesta es que la única estrategia válida es no tener estrategia?

  • En mi humilde opinión, revisable y criticable, y en la de muchas personas antes que yo, lo primordial debería ser que los medios fueran igual a los fines, que hubiera una concordancia entre el pensamiento, el discurso y la acción, entre lo personal y lo político (yo ando muy lejos de todo eso…), entre la forma y el contenido. No se puede conseguir la igualdad en lo que tenemos que ser iguales (hay cosas en las que no lo somos y es positivo que seamos diversos) desde la desigualdad. Por eso, la discriminación “positiva” es negativa y nefasta para las mujeres. No se puede alcanzar el bien haciendo el mal. Parece sencillo pero difícil de llevar a la práctica en muchas ocasiones. Por eso, pensar en estrategia sin pensar en ese equilibrio dinámico entre medios y fines ya te hace un poco maquiavélico y cercano al pensamiento de las elites totalitarias. La coherencia y la integridad son muy difíciles de conseguir y, pienso, que no es la represión externa la que nos lo impide sino sobre todo la tendencia a la pereza y el miedo.
  • También, tenemos que huir de toda subvención, ayuda o financiación de las elites, ya que quien paga, manda, ya sea por la vía directa, por la autocensura, o porque tú mismo te condicionas para seguir recibiendo esa financiación. Por eso, todas las organizaciones de cualquier ámbito, ya sea el sindical o el feminista, que reciben dinero del Estado o de fundaciones capitalistas-estatales como la Fundación Ford, Rockefeller, Soros o similares están jugando a ser sus títeres. No es posible decir: yo recibo dinero de tal fundación/organización pero después hago lo que quiero, me dan libertad para crear. Esto es un autoengaño sin más. Estás, estamos, a su servicio. Esto tampoco quiere decir que todo lo que financien sea malo, también pueden subvencionar obras o ideas positivas para la humanidad pero, al hacerlo, las están controlando y dirigiendo desde arriba hacia sus intereses, que no tienen por qué coincidir con los de los gobernados. Al menos seamos conscientes de esto porque también es válido para el ámbito laboral en el que no siempre tenemos elección y si no obedecemos o seguimos la corriente nos quedamos sin medio de subsistencia.
  • Ya que no sabemos cómo actuar porque el monstruo es tan grande, está fuera y está dentro, al menos podemos llevar el escudo defensivo ante las manipulaciones ideológicas y mediáticas, lo que conlleva poner ciertas informaciones en cuarentena, dudar y reflexionar sobre ellas fuera de formas de pensar binarias. No todo lo que las elites nos presentan es falso y nocivo, ni todo lo que podamos presentar nosotros o crear desde el pueblo es verdadero y válido. Por ejemplo, se puede criticar el sistema mafioso farmaceútico y reconocer a la vez que hay medicamentos muy valiosos sin tener que caer en la homeopatía (que es un placebo de agua con azucar además de un lucrativo negocio) o en determinadas terapias que se nos presenten como “alternativas” y que no funcionen o directamente puedan ser peligrosas para la salud. Yo, al menos, así lo veo.
  • Crear pensamiento propio en nuestro tiempo “libre”. Frente a sus seminarios, revistas y medios subvencionados crear nuestro propio discurso, nuestras propias redes de aprendizaje mutuo, nuestros propios blogs, nuestras propias investigaciones. Por supuesto, haciendo uso también de los materiales de las elites que son muy buenos en la recopilación de datos pero no lo son tanto en cuanto a la calidad de los análisis: pobres, estereotipados, cobardes, con omisiones de lo que no cuadra con su ideología o la de su pagador…
  • Las elites actúan sobre otras elites que a su vez actúan sobre sus subordinados. De esta forma no hay que “comprar” a todo el mundo, vale con controlar a la gente verdaderamente importante. En este sentido, no todo el mundo está en nómina de los poderosos sino que la creación de su conocimiento es como una bola de nieve que se lanza desde la cima y, mientras cae, va tomando y creando de fuentes nuevas. Esta es la razón por la que muchos eventos alternativos o antisistema terminan repitiendo las mismas consignas dogmáticas de los libros de determinadas cátedras universitarias nada subversivas incluso sin estar subvencionados ni controlados. Es como una tendencia a repetir adoctrinamientos que es muy complicado de parar. Si queremos un mundo que no sea jerárquico o lo menos jerárquico posible no podemos reproducir las jerarquías. Una estrategia podría ser, como hacen ellos, intentar actuar sobre las ideas de las elites, lo que ellos hacen ideológicamente sobre “los súbditos”, hacerlo al revés, nosotros sobre ellos. Podría ser, pero eso, al no ser los medios iguales a los fines, reproduciría de nuevo una elite. Quizás habría que dirigir nuestras ideas a todo el mundo, independientemente de su condición o posición en la pirámide de poder. Quizás la estrategia sea que no es posible una estrategia, que hay que intentar hacer el bien como medio y como fin e independientemente de las consecuencias, incluso aunque no se consiga nada. Quizás haya que romper las trincheras definitivamente entre dominantes y dominados. O darle la vuelta a todo, porque aunque ellos se consideren a sí mismos “elite” quizás no lo sean, porque no deciden nada sobre sí mismos, es la avaricia de poder y el deseo de control, a veces también el ansia desmedida de dinero y cosas materiales, el que manda sobre ellos. Quizás no han sentido nunca lo que es el amor ni la empatía y morirán sin saberlo, y eso les hace muy, muy desgraciados a la par que peligrosos. No lo sé. Seguiremos reflexionando…

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Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981)

Hoy voy a hablar de un artículo publicado en American Anthropology en 1981 por Bárbara B. Harrell, en ese momento médico residente del departamento de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Washington. A pesar de que algunas explicaciones sobre fenómenos físicos de la lactancia y la menstruación hayan podido evolucionar en estos treinta años este texto me parece muy interesante para reconciliar lo cultural y lo biológico y entender cómo ha afectado la industrialización a nuestras vidas. Todavía mucho de lo que explica Bárbara B. Harrell no es comprendido ni ha llegado al gran público. También me gusta el tono del artículo: respetuoso y riguroso, sin moralinas, porque no busca convencer sino comprender. La autora simplemente presenta la información y nos muestra cómo eran las cosas en el mundo preindustrial y cómo son ahora, las posibles causas de cómo hemos llegado hasta aquí y algunas reflexiones e interrogantes. Con esa información podemos seguir dándole vueltas, aprender, ver qué camino queremos escoger y cómo los diferentes comportamientos culturales provocan determinados efectos en nuestros cuerpos y nuestras relaciones de lactancia con nuestros bebés.

He intentado dejar claro qué parte es del artículo de Harrell y cuáles son mis aportaciones y reflexiones. En cualquier caso el artículo original se puede leer aquí (hay que subir otro documento a cambio pero es un servicio gratuito): http://es.scribd.com/doc/184969547/Lactation-and-Menstruation-in-Cultural-Perspective

¿Cómo son la lactancia y la menstruación desde una perspectiva cultural? La autora comienza afirmando, como el biólogo Roger Short o más recientemente la antropóloga Beverly Strassmann, que en las sociedades preindustriales la lactancia es prolongada e intensiva, como norma, mientras que la menstruación es poco común. Estos dos hechos están relacionados ya que existen factores culturales que reducen o aumentan la frecuencia en la succión de los bebés, entre otros aspectos, y esto a su vez afecta a la duración de la amenorrea de la lactancia (la ausencia de regla).

Harrell constata que la industrialización ha sido asociada a un declive mundial en la lactancia materna. Antes de seguir hago un inciso, porque yo me enteré de que existía la “amenorrea de la lactancia”, es decir, la falta de regla durante un tiempo de la lactancia, al vivirlo en primera persona con 31-32 años. Nunca antes había oído hablar de ello, lo que también dice mucho del ínfimo papel que tiene la lactancia materna dentro de los conocimientos comunes que tenemos sobre sexualidad humana.

La autora pasa después a invitar a los antropólogos a repensar la condición de la mujer desde un punto de vista fisiológico y simbólico, ya que al vivir en una sociedad (sobre todo en los años 70 y aún hoy) en la que la lactancia materna casi desapareció del mapa muchos estudios de antropología olvidaron y obviaron la lactancia y la consiguiente amenorrea que la acompaña. Es decir, viene a decir que no se puede estudiar una sociedad tradicional desde el ciclo reproductivo moderno, hay que entender el fenómeno desde un punto de vista evolutivo para evitar sesgos. Como hoy en día se amamanta muy poco y se usan anticonceptivos, lo habitual es que las mujeres menstrúen cada mes, pero esto no siempre fue así.

Barbara Harrell hace un repaso sobre lo que se conocía en su época sobre la amenorrea de la lactancia y la ausencia de fertilidad, antes del famoso consenso de Bellagio, apoyado por la Fundación Rockefeller y la OMS (hay información actualizada sobre el método anticonceptivo MELA aquí). Un autor de los años ’60 llamado Christopher Tietze, por ejemplo, estudio la Normandía rural entre 1674-1742 llegando a la conclusión de que el amamantamiento era un anticonceptivo fiable en esa época durante los 10 primeros meses y se dio cuenta de que las mujeres que no amamantaban tenían dos ciclos anovulatorios después antes de volver a quedar embarazadas.

En “Lactancia Prolongada e intervalos entre hijos en Ruanda”, un estudio de Bonte y van Balen, se dieron cuenta de que el 5.4% de las mujeres lactantes se quedaban embarazadas sin menstruar y que las mujeres que amamantaban concebían de media 15 meses después que las que no daban el pecho. En otro estudio de estos mismos autores quisieron comparar las lactancias en la Ruanda urbana y la rural. En el campo se porteaba a los niños a la espalda y se les ofrecía el pecho a demanda. Las mujeres urbanas ofrecían el pecho con horarios. En los resultados se observó una gran diferencia entre la duración de las amenorreas (6.9 las urbanas y 18.6 meses las rurales). Las mujeres de campo concebían 21 meses postparto de media. Entre las no lactantes no había diferencia en si vivían en el campo o la ciudad.

Otro estudio de Boston en los años 60 observó que la amenorrea de las mujeres lactantes fue de media 68 días, solamente 10 días más que las no lactantes. Según los datos de otro investigador, Potter (1965),  en Punjabi había una media de amenorrea postparto de 11 meses. Estimaron que las mujeres Punjabi pasaban el 40% de sus vidas reproductivas en estados amenorreicos (embarazos y lactancias). En Alaska, Berman (1972) constató una media de 10 meses de amenorrea de lactancia de media frente a los 52 días en las que no amamantan. En Guatemala (Delgado, 1979) vieron que la media era de 14 meses de amenorrea de la lactancia.

En EEUU Kippley (1969) hizo un estudio entre las lectoras de su libro “Breastfeeding and natural child spacing” y la media fue de 10 meses de amenorrea, con un rango entre 1 y 30 meses. ¡30 meses son 2 años y medio sin menstruación! La mayor media de amenorrea, 14.6 meses, se consiguió en 29 casos: nada de biberones ni chupetes, nada de sólidos ni líquidos los primeros 5 meses, nada de horarios, con tomas nocturnas y tomas tumbadas o reclinadas. Este estudio demuestra que en mujeres canadienses y estadounidenses bien nutridas también es posible que se produzcan amenorreas de la lactancia prolongadas, al menos bajo algunas circunstancias. Es decir, en el mundo industrializado si se siguen pautas culturales de lactancia preindustriales también se alarga la amenorrea.

El ciclo reproductivo preindustrial

La autora pasa a describir en el siguiente apartado de forma idealizada cómo sería el ciclo reproductivo preindustrial, para después matizarlo y aclarar que había también otros modelos que no se ajustaban a él (célibes voluntarias e involuntarias, las separaciones del compañero sexual…Yo añadiría también a las mujeres que tenían hijos amamantados por nodrizas). Es bastante similar a la realidad que describe Roger Short en el post anterior:

“Una mujer joven se casa un año o dos después de la pubertad y se queda embarazada un año después de la boda. Después de 10 meses lunares de amenorrea del embarazo, da a luz a su primer hijo, que comparte su cama hasta que es destetado. El destete no se completa hasta que el niño puede masticar y es pospuesto probablemente hasta que un segundo embarazo parece obvio. El intervalo de retorno de la menstruación es 13 meses, llegando a 16 meses en muchas sociedades (Tietze 1961). Cuando la ovulación y la menstruación vuelven, el ciclo se repite, generando un intervalo fisiológico de 2 años, 2,5 años”

“Se podría concluir que los meses de menstruación ocupan menos de 1/4 de la vida reproductiva de una mujer”.

Hay tres factores que modifican o matizan la validez del paradigma reproductivo preindustrial: 1) el 50% de las concepciones no resultan en niños vivos y son percibidos como una menstruación retrasada, 2) mortalidad infantil antes del año tiende a reducir la amenorrea, 3) anticoncepción (abstinencia, coitus interruptus, pesarios vaginales…). 

Otros factores interesantes que interactúan con el ciclo reproductivo (de los que también habla Roger Short en su artículo) son el estrés, la malnutrición y el ejercicio físico:

“El ejercicio vigoroso y sostenido puede promocionar la amenorrea, alterando la masa corporal o por otros mecanismos. Es interesante que tanto el estrés y el ejercicio pueden incrementar la prolactina en humanos de ambos sexos. Los dispositivos que ahorran esfuerzos, incluyendo el automovil, pueden reducir el nivel de ejercicio de una población. El grado de fuerza física y estamina que se requiere para las actividades de subsistencia de las mujeres en la mayor parte de sociedades preindustriales podría sorprender al moderno occidental. La inactividad podría ser un factor del declive de la amenorrea de la lactancia observada en las sociedades modernas”.

El periodo de transición y cómo es silenciado en la sociedad industrial

Nunca había oído hablar del concepto antropológico de “transición” en el ámbito de la relación materno-filial, creo que ahora se habla más de “exogestación”, es decir, la gestación que se hace fuera del útero materno. Por ejemplo, se suele decir que el bebé está 9 meses dentro de nuestro vientre y otros tantos meses fuera (o más). Esta idea de la transición fue expuesta por Margaret Mead y Niles Newton por primera vez para describir el periodo en el que los niños son completamente dependientes para su sustento, cuando se sustituye el cordón umbilical por el amamantamiento.

Afirma Harrell: “En las sociedades modernas este periodo de transición está silenciado y puede ser abolido por completo; en las sociedades preindustriales no se puede permitir que ocurra”.

Y aquí es cuando comienza lo interesante de este artículo, ya que comienza a relacionar la silenciación del periodo de transición con la industrialización y la consiguiente reducción del tiempo de amenorrea de la lactancia debida a una menor frecuencia de succión. ¿Y por qué se da este fenómeno? Harrell enumera unos cuantos correlatos culturales en relación al periodo de transición silenciado a los que yo aporto mi interpretación y añado elementos de reflexión basados en mi propia experiencia. Este listado no entra en juicios sobre las diferentes formas de crianza sino que analiza las posibles causas de que el periodo de transición haya sido silenciado con la llegada de la modernidad:

1. El pecho de la mujer es conceptualizado principalmente como algo enfocado hacia los hombres. Se considera que las mujeres no deberían enseñar sus pezones. ¿No nos suena de algo a la censura contra el pezón femenino en facebook?

2. El pecho femenino se ve secundariamente como un órgano que produce leche.

3. Las tomas se ven como deberes que deberían ser espaciados, y se trata de eliminar la toma nocturna lo antes posible. Cuando hay demanda frecuente se cree que es porque se tiene poca leche. Se sustituyen las necesidades de estimulación oral de los bebés por objetos diseñados ad hoc, como los chupetes. Es decir, en la cultura popular industrializada se desconoce totalmente cómo funciona la lactancia materna. Relacionándolo con el tema de la amenorrea y la anovulación, la frecuencia de las succiones y que no pasen demasiadas horas es fundamenteal para mantenerla. Es sencillamente la forma en la que la Naturaleza o la evolución favoreció que las crías humanas sobrevivieran con un intervalo suficiente entre nacimientos. Pero, claro, en el mundo industrializado todo esto deja de tener sentido, de forma aparente, ya que los niños pueden tomar biberón y las madres pueden usar métodos anticonceptivos. Pero no es oro todo lo que reluce… Ni el biberón es igual a la teta para el bebé,  ni el cuerpo femenino ha mutado para adaptarse a los nuevos tiempos, como lo corrobora el alto índice de casos de cáncer de mama. 

4. El llanto se considera que es algo sano, con ciertos límites. Mi interpretación de lo que dice Harrell aquí es que el llanto del bebé en el mundo industrializado está trivializado, no se entiende que tiene un sentido y se tapa con chupetes, es decir, tetas de látex o silicona fabricadas en serie y en cadenas de montaje. Por no hablar de métodos Ferber o Estivill…

5. Se cree que los adultos necesitan tiempo separados de los niños, tanto con cunas o habitaciones separadas (lo que obliga a que los padres tengan que abandonar la cama para las tomas nocturnas) como en la separación entre el mundo de los adultos y el mundo de los niños. Tiene más importancia el vínculo matrimonial que el materno-filial.

6. Se considera necesario y deseable organizar las actividades en base a un estímulo externo como un reloj o un calendario. Se hacen las cosas porque “es la hora”. Por ejemplo, la gente normalmente come porque es la hora de comer, no porque tengan hambre. La cultura reconoce los conceptos de “hora de bañarse” o “hora de la siesta” como distintos de suciedad o somnolencia. Similarmente, la gente inspecciona sus relojes para decidir si un niño está llorando y chupando su dedo está preparado para comer.

Además de los elementos culturales, Harrell añade otro listado de objetos o factores que proliferan cuando aumenta el dinero y que se asocian con un periodo de transición silenciado:

1. Todo tipo de gadjets, juguetes, carritos y andadores que distraen y separan al niño del pecho.

2.  El ocio adulto que fomenta la separación madre-niño, lo que puede influir en los niveles de prolactina. 

3. A casas más grandes, se tiende a dormir en habitaciones separadas y a tener mayor acumulación de juguetes infantiles. 

4. El periodo de transición también se ve reducido con el mayor acceso a diferentes tipos de alimentación suplementaria y la leche de vaca, que reducen la frecuencia del amamantamiento y la prolactina.

5. Algunos tipos de ropa impiden el amamantamiento frecuente.

6. Los relojes, la televisión, la iluminación artificial no respetan los ritmos circadianos y los estímulos intrínsecos como el hambre, la saciedad, la fatiga y el comfort.

7.  Algunas prácticas médicas anticuadas pero no obstante “modernas” como el aislamiento de los niños y el uso y abuso de la analgesia obstétrica pueden tener efectos negativos en la interacción madre-niño. 

8. El sistema económico anima la separación madre-hijo desde una edad temprana para que las mujeres trabajen fuera del ámbito doméstico. Incluso cuando las madres no están separadas de sus niños, el periodo de transición puede ser difícil de mantener. 

Después Harrell toca un tema que me toca de cerca ya que habla del colecho y del mantenimiento del contacto físico nocturno, las tomas nocturnas y sus oleadas de prolactina. ¿Por qué nos molestan tanto las tomas nocturnas a las mujeres occidentales incluso aunque durmamos con el bebé al lado? ¿Quizás porque no somos capaces de dormir y dar de mamar a la vez y por eso no descansamos bien? Para muchas mujeres el colecho no ha evitado los despertares nocturnos ni el sueño interrumpido. Muchas añoramos “dormir del tirón”, sin embargo, después de leer un libro de entrevistas a mujeres cazadoras-recolectoras Kung del desierto de Kalahari (Nisa: The Life and Words of a !Kung Woman), veo que en su cultura los niños maman también con la madre dormida. Entiendo que para intentarlo en nuestra sociedad tendríamos que mantener las precauciones habituales del colecho. Seguiremos investigando…

Cambio socioeconómico y el periodo de transición: el caso taiwanés.

 “Un asunto de particular importancia en el periodo de transición en las sociedades modernas es el del cuidado infantil en el lugar de trabajo. Jimenez y Newton estudiaron 195 sociedades en relación con la reincorporación al trabajo en el postparto; observaron que la mayor parte de las sociedades tradicionales con lactancias prolongadas permiten a las madres quedarse cerca físicamente de sus hijos mientras hacen su carga de trabajo completa”. 

En este apartado de su artículo, Barbara Harrell habla de su experiencia en los años 70 en una ciudad minera del Taiwan rural como madre lactante. Se fijó en varias cosas:

1. Las mujeres lactantes podían amamantar en público en cualquier ocasion. Los hombres ni miraban. 
2.  La experiencia empírica en los pueblos probaba que los niños de pecho estaban más sanos y grandes que los de leche artificial, porque la leche de fórmula se diluía demasiado y no se esterilizaban bien los biberones. La gente del pueblo pensaba que no había que suplementar antes de los 9-12 meses y la comida que se ofrecía eran gachas de arroz. Recuerdo que la recomendación actual de la OMS es de empezar a ofrecer alimentación suplementaria a partir de los 6 meses para evitar anemia en el bebé. 

3. No había horarios para el pecho, se amamantaba a demanda. Se utilizaban algunos chupetes.
4. La tolerancia hacia el llanto de los bebés era variada. Ninguno podía pensar que llorar era bueno para los bebés. Se solía ofrecer el pecho para callar al bebé. A medida que el bebé crecía los oídos de los cuidadores se hacían más sordos al llanto. 
5. Todos los bebés compartían la cama con sus padres por la noche; la gente rural no concebía otra posibilidad. La gente no puede imaginar excluir a los niños de bodas, funerales u otro tipo de actividades de ocio. Los niños eran discretos en esos actos, que no eran solemnes ni silenciosos. 
6.   Los horarios eran muy flexibles para los mineros, los de las fábricas y los colegios sí que funcionaban siguiendo el reloj.

Después, enumera una serie de cambios que comenzaban a darse a raíz de la “modernización”:

1.       Los cochecitos se estaba empezando a notar en el campo, con la pavimentación. Algunos niños de la comunidad eran confinados al carrito casi todo el día.  
2.       No había ningún pasatiempo para las mujeres que dejaban a los niños en casa. 
3.       En las casas se estaba muy apretado, los padres y los niños compartían cama. La abuela tenía su cama, algunas veces compartida con algún niño en proceso de destete. 
4.       La nutrición taiwanesa era adecuada. La gente del pueblo seguía la costumbre de alimentar a la puérpara con pollo, aceite de sésamo y arroz. 
5.       La ropa estaba cambiando desde los tiempos de las abuelas. La mayor parte de las mujeres estaban utilizando sujetadores y vestidos occidentales. A pesar de lapresencia ubicua de las mini faldasque temporada, las mujeres jóvenes seguían prefiriendo la posición en cuclillas durante la mayor parte de las actividades. Como sabemos las mujeres lactantes, del siglo que sea, con un vestido que no sea de lactancia no se puede amamantar porque te tendrías que subir el vestido hasta el pecho. Respecto a las cuclillas es un tema interesante del que Casilda Rodrigáñez habla también en sus libros.
6.       Los relojes y las luces eléctricas estaban presentes pero no eran destacables. Aproximadamente dos tercios de las familias tenían su propia televisión. 
7.       El nacimiento de los niños estaba pasando del pueblo a las clínicas de matronas, aunque algunas mujeres preferían parir en casa atendidas por su suegra. El parto se hacía sin analgesia. La madre y el niño se quedaban en casa un mes después del parto. Se les consideraba contaminados durante ese tiempo. A las mujeres jóvenes les parecía una práctica sofocante. 
8.       Algunas mujeres se estaban dedicando a tejer jerseys para la exportación. 

En base a todo esto la autora hizo una investigación. Quiso probar la hipótesis de que la presencia de la suegra estaba relacionada con el declive de la duración del periodo de transición, porque parecía que las mujeres que vivían con sus suegras ofrecían biberones y destetaban más tempranamente que las mujeres que no vivían con sus suegras. “Era obvio que las mujeres jóvenes que trabajaban en la industria del tricotado tenían suegras que cuidaban de sus hijos, pero como muchas de ellas trabajaban en casa, cerca de sus niños, parecía poco probable que el trabajo en sí interfiriera con el amamantamiento a tal grado”. 

Después de hacer entrevistas vio que la duración de la lactancia materna era de 12-13 meses pero que había decrecido desde la estimación de 2 años de otros estudios nacionales realizados en los años 50 y de 17,7 en el Taiwan rural de los años 60. Se dio cuenta que su hipótesis sobre las suegras no era cierta y que no había correlación alguna entre la presencia de la suegra y duración de la lactancia. Sin embargo, sí la había con el trabajo. Entre los bebés de madres trabajadoras, el 56% había suplementado antes de los 5 meses, comparado con el 24% de los bebés de las madres no trabajadoras. La única correlación que existía con las suegras era que las mujeres que trabajaban en casa necesitaban su ayuda para cuidar a los bebés, pero no eran causa de nada sino una consecuencia más asociada al trabajo monetarizado.

Había 3 razones aportadas por las mujeres para el fin de su lactancia: 1) no tener suficiente leche. 2) que el bebé había aprendido a andar, lo que significaba que era edad de destetar, 3) un nuevo embarazo. Barbara Harrell concluyó que el empleo (se entiende que trabajo remunerado) en el hogar podía asociarse con un periodo de transición reducido y que la explicación más probable era el acceso reducido al amamantamiento, una menor frecuencia de succión y, por tanto, de prolactina.

La autora reflexiona de forma muy acertada: “Todas las mujeres entrevistadas querían amamantar. Según los estándares americanos modernos lo hicieron con éxito, según los estándares preindustriales taiwaneses, no. Este declive empezó en un entorno que apoyaba mucho el amamantamiento, pero es predecible que las actitudes cambiarán para ir acordes con el acceso a la vida moderna”

“Arrastradas por la fiebre del desarrollo tecnológico, las mujeres del Taiwan actual, no pueden distanciarse facilmente de las demandas del progreso para evaluar sus efectos en sus vidas. 
 (…) Tendrán que ser quizás los antropólogos los que tendrán que proveer al mundo con un marco cognitivo de apoyo a la lactancia contra el empuje de la modernización, así permitiendo a las mujeres elegir o rechazar el amamantamiento sobre una base distinta del ratio de fracaso”. 

Las conclusiones de su estudio no son ninguna tontería: el trabajo remunerado está asociado a una menor succión del pecho, incluso aunque se haga en el hogar y el bebé esté cerca cuidado por la abuela. Podemos decir que no tendría que ser necesariamente así, podemos usar sacaleches, podemos intentar trabajar con un portabebé para que el bebé pueda succionar mientras trabajamos, etcétera, pero que es un efecto constatado de la modernidad, es un hecho. ¿Debería respetar el trabajo asalariado que algunas mujeres no queramos renunciar a la succión frecuente por todos los beneficios que conlleva para bebé y madre, incluida la amenorrea de la lactancia? Yo creo que sí. ¿Se soluciona con guarderías en las empresas o con que nos acerquen al niño para mamar? Quizás. ¿Podría hacerse con trabajos que admitieran a nuestros hijos, como en aquel cuadro de Bilbao de “las cigarreras”? A lo mejor. La lactancia materna y la fisiología femenina tiene sus propias lógicas internas que no entienden de ideologías, sistemas económicos, políticos o laborales. Por ejemplo, la leche materna tiene defensas que pasan de la madre al hijo a través del pecho, pero poca gente sabe que la madre produce defensas en referencia al ambiente en el que se encuentra, no defensas para las posibles bacterias y virus de la guardería con los que no ha tenido contacto. De hecho, muchas guarderías no permiten entrar a las madres a las aulas. Todavía nos queda un largo camino de reflexión, pero para que cada cual escoja su camino en el siglo XXI se necesita observar el paisaje a vista de pájaro y reconocer las limitaciones materiales, para luchar contra ellas o adaptarse a las mismas.

Conclusiones

La autora finaliza su artículo con unas conclusiones muy profundas. Constata que en antropología se ha escrito mucho sobre todo tipo de símbolos y ritos menstruales, pero no hay casi nada sobre lactancia. ¿Y cuál es la posible causa? Según ella porque en las sociedades occidentales modernas los ciclos menstruales se repiten a sí mismos “ad infinitum” mientras que la lactancia es algo inusual. Sería una especie de sesgo en la visión de la antropología actual, que no es capaz de abstraerse de la realidad actual del todo.

Mientras Margaret Mead y Newton consideran la lactancia como un periodo de transición para el bebé, la autora se interesa por el fenómeno desde el punto de vista de la mujer en sí misma. La lactancia prolongada se asocia con una ausencia de menstruación prolongada y esto se ve influido por factores culturales que influyen en la frecuencia de amamantamiento. La amenorrea es la norma para las mujeres preindustriales. La menstruación en ese mundo es un estado “liminal” entre dos hijos (un concepto antropológico que se podría traducir por “transitorio”) y poco común. Si no está entre niños está en la pubertad o en la menopausia, cuando se suelen tener ciclos anovulatorios. Ese estado de estar como entre “dos tierras” es, según Harrell, lo que podría relacionarse con las ideas de magia, contaminación o aislamiento que han sido estudiados por la antropología.

 ¿Y qué del ciclo menstrual recurrente actual?
“En la sociedad occidental moderna, funcionamos continuamente en este estado sexual aumentado, este surgimiento cíclico de potentes hormonas femeninas. Pensamos que es nuestro derecho natural de nacimiento, y como mujeres nos ponemos a la defensiva ante la sugestión de que la “naturaleza” pueda afectar nuestro temperamento o juicio. Tendemos a favorecer la aceptación pública de la menstruación como una función normal y natural, aunque lo hacemos con un cierto grado de ambivalencia. Por ejemplo, en “The Curse”, un exhaustivo esfuerzo para desmitificar la menstruación, en última instancia se recomienda ratificar”el más elemental y obvio aspecto de la condición de mujer” a nuestras hijas como “la bendición de Eva”, promoviendo al mismo tiempo y con entusiasmo la extracción menstrual, el “periodo de 60 segundos” (Delaney, Lupton y Toch). (…)”

 La menstruación de 60 segundos de la que habla el libro de “The Curse” es una aspiración del líquido menstrual similar a un aborto temprano y que un grupo feminista difundió en los años setenta.


Pero aquí viene el párrafo más impactante y enigmático de todo el artículo de Barbara B. Harrell con el que me despido: 

“El ciclo reproductivo preindustrial con su periodo de transición intensivo sugiere otra visión, que el ciclo menstrual continuo no es un atributo natural de las hembras humanas. Quizas “la maldición” (“the curse” en inglés quiere decir maldición y es un nombre coloquial de “la regla”) puede ser explicada como un artefacto de la Edad de la Tecnología, algo impuesto a las mujeres por una sociedad de la abundancia que no necesita más niños“.

Recuerdo el acceso al artículo completo en inglés:  http://es.scribd.com/doc/184969547/Lactation-and-Menstruation-in-Cultural-Perspective

ACTUALIZACIÓN: 
Como se aclara en el libro “On fertile ground: a natural history of human reproduction” actualmente hay varias posturas o enfoques que explican la falta de menstruación temporal en las madres lactantes: las que basan la explicación en la frecuencia de las tomas del bebé (John Bongaarts), otra es la de la carga metabólica relativa (la energía que tiene que derivar la madre hacia la lactancia se reduce al introducir alimentación complementaria, por ejemplo) y también hay una investigadora que ha añadido una más, la influencia en la fertilidad de la mujer del nivel de grasa en su cuerpo (Rose Frish)”. Más en: “La evolución de la reproducción humana” de Roger Short (1976)” http://lasinterferencias.blogspot.com.es/2014/05/la-evolucion-de-la-reproduccion-humana.html

Más allá del parque – #7 – Casa Museo Lope de Vega

Un día que paseaba por el barrio de Huertas descubrí un museo quiquitito que hay en la Calle Cervantes, la Casa Museo Lope de Vega, donde vivió el famoso escritor sus últimos 25 años de vida, entre 1610 y 1635.

http://www.panoramio.com/photo/23261262

http://www.panoramio.com/photo/23261262

Si no vas con cita previa (hay que pedirla por e-mail) no podrás entrar más que al jardín, un espacio muy bonito reconstruido como más o menos lo tendría el autor, con su huerto, su gallinero y un pozo. Un verdadero oasis de tranquilidad en medio de la ciudad.

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Imagen del folleto de la Casa Museo Lope de Vega

Así que pedí cita para mi abuela, para mi hijo y para mí y allí nos fuimos el martes de la semana pasada. La visita es corta, las guías simpáticas y a pesar de que llevaba a mi bebé en el Tonga me pasé toda la visita intentando que no se bajara a correr por las habitaciones. Al final desistí y le bajé, vigilando de cerca sus pasos… Fue un poco complicado también evitar que dejara de gritar el nombre de su bisabuela a voces mientras la guía intentaba explicar el contenido de cada estancia. Menos mal que la gente fue maja y comprensiva, ¡por una vez!

“Mi casilla, mi quietud, mi güertecillo y estudio”, así hablaba Félix Lope de Vega de su hogar:

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Tomada de Wikimedia Commons.

El cuarto que más me llamó la atención fue la reconstrucción de la habitación donde se reunían las mujeres de la casa a charlar. Es de estilo morisco y por eso se sentaban en el suelo alrededor del brasero. Mirad lo que dice el texto del folleto:

“A continuación se encuentra el estrado, estancia característica del Siglo de Oro de origen oriental, en la que se toma asiento en la postura turca de piernas cruzadas o recostándose en alfombras, colchones y cojines. Desde el siglo XVI el estrado tiende a ser un espacio exclusivamente femenino, reservándose para la labor de aguja, la oración, la lectura o la tertulia.”

Fotografía perteneciente al folleto del museo.

Fotografía perteneciente al folleto del museo.

También me gustó mucho, a raíz de mi interés en cómo vivían los bebés de otras épocas, el Aposento de los hijos, donde tienen una cuna en la que se pueden ver varios amuletos atados o, como se llamaba entonces, un “cinturón de dijes”.

La cuna de la casa. Foto tomada del blog http://cronicadetorreon.blogspot.com.es

“Los amuletos solían ser llevados hasta los cuatro o cinco años y, normalmente, se colocaban en una fajita, que se ponía en la cintura, donde se cosían o prendían. En otros casos, pendían de una cadena de plata, cuando los amuletos eran vistosos y estaban engarzados en plata u otros metales, pero cuando eran nóminas sin ningún adorno u objetos sin ningún valor material, se escondían en bolsitas o cosidos en el interior de la ropa.” Texto de “La infancia en época de El Quijote – Museo Casa Natal de Cervantes”. Si os interesa este tema no podéis dejar de leer este breve texto. No tengo ni idea pero me da la sensación de que muchas veces los padres culpaban al mal de ojo porque quizás no conocían el origen de las enfermedades o la causa de la muerte de los niños.

Al leer este texto de la etnóloga María Pía Timón no he podido evitar acordarme de mi viaje a Senegal y de los amuletos que les ponían allí a los bebés (gris-gris) en los brazos o en la cintura para protegerles del mal de ojo o las enfermedades.

Foto tomada del folleto “La infancia en época de El Quijote – Museo Casa Natal de Cervantes”.

La guía nos explicó que Lope de Vega tuvo muchísimos hijos dentro y fuera del matrimonio, estuvo casado dos veces y tuvo muchísimas amantes. Una de sus hijas ilegítimas se hizo monja en el monasterio de las trinitarias que está cerca de la casa y él también se ordenó sacerdote, lo que no le impidió seguir con sus ligues.

Una de las cosas que se me quedó grabada de la visita fue lo doloroso que fue para él la muerte de su hijo Carlos Félix cuando este tenía 7 años, muerte que nunca superó. En uno de sus poemas está plasmada una parte, si es que las palabras pueden expresarlo, de su tristeza:

 Canción a la muerte de Carlos Félix

(…)

Y vos, dichoso niño, que en siete años

que tuvistes de vida, no tuvistes

con vuestro padre inobediencia alguna,

corred con vuestro ejemplo mis engaños,

serenad mis paternos ojos tristes,

pues ya sois sol donde pisáis la luna.

De la primera cuna

a la postrera cama

no distes sola un hora

de disgusto, y agora

parece que le dais, si así se llama

lo que es pena y dolor de parte nuestra,

pues no es la culpa, aunque es la causa vuestra.

(…)

Cuando tan santo os vi, cuando tan cuerdo,

conocí la vejez que os inclinaba

a los fríos umbrales de la muerte;

luego lloré lo que ahora gano y pierdo,

y luego dije: «Aquí la edad acaba,

porque nunca comienza desta suerte».

¿Quién vio rigor tan fuerte,

y de razón ajeno,

temer por bueno y santo

lo que se amaba tanto?

Mas no os temiera yo por santo y bueno,

si no pensara el fin que prometía

quien sin el curso natural vivía.

(…)

El resto del poema lo podéis leer aquí: http://www.lluisvives.com/servlet/SirveObras/aust/01338342099793278533802/p0000004.htm

Lope de Vega perdió a dos de sus amores en el parto (Isabel de Urbina y Juana de Guardo), lo que nos da una idea de que morir en ese contexto era una posibilidad cercana y real. También murieron otros hijos de Lope de Vega, como Antonia Clara y Lope Félix. Desde luego, tuvo una existencia marcada por los amoríos y la muerte.

¿Era normal en esa época tener una vida sentimental tan agitada con tantas amantes? ¡Tuvo doce hijos de tres mujeres distintas! Y no sólo lo digo porque fuera un hombre, es que sus amantes también eran en muchos casos mujeres casadas y tenían hijos con Lope de Vega mientras seguían en matrimonio con sus maridos. Mi mente del siglo XXI no puede entender muy bien la sociedad de esa época…

Bueno, así fue otro día “más allá del parque”.