Neuromarketing de las grandes corporaciones en nuestros barrios

El principal reto que tenemos las personas que vivimos hoy en este mundo es mantener nuestra conciencia limpia, lo menos contaminada posible por la manipulación. Mantener nuestro cuerpo lo más sano posible también incluye a nuestro cerebro, nuestro corazón, nuestro estado de ánimo. Vivimos un constante bombardeo de manipulación ideológica y emocional desde los medios de comunicación, las redes sociales, los sistemas educativos, laborales, etcétera. Pero todo esto son palabras, ideas, lenguaje, símbolos. ¿Qué pasa con las acciones? ¿Con nuestra forma de vida?

El gran capital ha elegido como última táctica estratégica la del hackeo de las mentes, la infiltración emocional caritativa y hacia el “bien común”. Ahora el capitalismo es ecologista y feminista. Ya no hacen faltan sindicatos ni movimientos asociativos autónomos ni autogestión que salga genuinamente del pueblo. ¡Ya están ellos para marcarnos el camino del bien y del activismo a través de su dinero y sus subvenciones!

Un ejemplo muy concreto que he observado en mi propio barrio es el de “La Colmena que dice sí” de la que alguien me habló como algo muy positivo, una especie de cooperativa de consumo (o que al menos es eso lo que parece tratar de imitar en su formato) donde se fomenta poner en contacto a productores y consumidores locales de frutas y verduras, se promueve la reutilización de los materiales… “Ven a conocer a los productores y aprovecha esta nueva forma de comer mejor al mismo tiempo que apoyas la producción local y natural alejada de procesos industriales que cada vez se alejan más de la alimentación saludable y tradicional“, afirma su web. Sí, pero, ¿quién está detrás, conectado ideológicamente a esta iniciativa? Pues los mismos que están promoviendo lo contrario a nivel mundial como los transgénicos en África, financiándose con dinero de la industria cancerígena del amianto a través de la Fundación AVINA y cooptando a diferentes movimientos sociales. Vamos a tirar del hilo…

La conexión clave está entre la relación establecida entre “La Colmena” y Ashoka, entidad que ya conocerán los que vieron el video del post anterior o han leído los artículos de Paco Puche, su libro sobre el amianto o el manifiesto de Ecologistas en Acción denunciando su papel infiltrador en los movimientos sociales.

Como explicaba el facebook de Ashoka (18 de septiembre de 2014):

“La Colmena que dice Sí es una aventura que empezó hace 3 años en Francia con el Emprendedor Social Ashoka, Guilhem Cherón, con el doble objetivo de apoyar una agricultura local y sostenible y de democratizar el acceso a alimentos de calidad directamente de los productores locales.

Inspirados por Cherón, Marc y su equipo ya han lanzado las primeras Colmenas en España, una en el Impact Hub Madrid y otra en el MOB en Barcelona, y están creciendo!

En Francia y Bélgica existen en la actualidad 400 colmenas que en 2013 reunieron a más de 50.000 personas.
Y si algo funciona, replícalo! Tú mismo puedes lanzar tu propia Colmena”.

Para entender qué es Ashoka cito al investigador Paco Puche:

“Para una mejor indentificación de lo que son (lo que dicen que son es otra cosa) apuntamos dos detalles: uno, que el presidente de la fundación Ashoka en España es Carl F. Muñana y su secretaria María Zapata [2] , anteriormente citada. El presidente está ligado a la gran banca americana JP Morgan y la segunda es procedente de la empresa General Electric. El otro detalle, es también muy significativo: se trata de los socios impulsores de la fundación Ashoka (que han de tener la igual visión que la misma y se han de comprometer a pagar 10.000 euros anuales durante tres años) entre los que se encuentran destacados miembros del Grupo VIPS (Arango), de Acciona, del BNP Paribas, del Banco Santander y otras grandes empresas”.

Y ser Emprendedor Social de Ashoka, como bien explica Puche en esta entrevista, significa que:

“Tienen unos ojeadores o nominadores, que presentan candidatos a los que, después de cinco rigurosos filtros, los nombran emprendedores sociales (o socios-líderes) y, o bien les pagan, descaradamente, un sueldo durante tres años de unos 1.500 euros, diciéndoles a qué se han dedicar, o bien los pasean por medio mundo, promocionando indirectamente empresas, mientras les dejan dar sus charlas a los invitados por las filantrópicas.

P.- ¿Qué buscan las entidades que lo hacen?

R.- Buscan legitimidad, información, negocio con los pobres e introducir confusión en los movimientos sociales para controlar las disidencias al sistema. En el caso de Avina su fundador, el magnate suizo Schmidheiny, busca, además, librarse de la imagen de genocida que la sombra del amianto se cierne sobre él por donde pasa.”

Por cierto, también es significativo el lugar en el que se recogen los productos, que según la web es el local de la agencia “Quiero salvar el mundo haciendo marketing”, entidad que trabaja con VIPS (ver vínculo con Ashoka) y Coca-Cola (ver vínculo con Ashoka), entre otras empresas.

¿Por qué una fundación como Ashoka promueve lo local y sostenible, según ellos, en nuestras latitudes y después en África, como veremos después, firma un acuerdo con la Bill y Melinda Gates Foundation para implementar la revolución verde de los transgénicos en África? Parecería a simple vista que la estrategia en Europa es la de adormilar a las masas, anestesiarlas, atontarlas, hackear sus mentes para que sean incapaces de cualquier acción que se oponga a los intereses de las multinacionales o el gran capital.

Pero si vamos más allá podemos encontrar en la figura de la colmena la metáfora del enjamble de la que nos habla el filósofo Byung-Chul Han en su libro del mismo nombre: “En el enjambre”:

“¿De qué modo la revolución digital, internet y las redes sociales han transformado la sociedad y las relaciones? Han analiza las diferencias entre la «masa clásica» y la nueva masa, a la que llama el «enjambre digital». Byung-Chul Han, en este nuevo ensayo, analiza de qué modo la revolución digital, internet y las redes sociales ha transformado la esencia misma de la sociedad. Según el autor, se ha formado una nueva masa: el «enjambre digital». A diferencia de la masa clásica, el enjambre digital consta de individuos aislados, carece de alma, de un nosotros capaz de una acción común, de andar en una dirección o de manifestarse en una voz. La hipercomunicación digital destruye el silencio que necesita el alma para reflexionar y para ser ella misma. Se percibe solo ruido, sin sentido, sin coherencia. Todo ello impide la formación de un contrapoder que pudiera cuestionar el orden establecido, que adquiere así rasgos totalitarios. Empresas como Facebook y Google trabajan como servicios secretos que vigilan nuestros intereses para extraer beneficio de nuestros comportamientos en internet y las redes sociales. Para Byung-Chul Han, se ha dejado atrás la época biopolítica. Hoy nos dirigimos a la época de la psicopolítica digital, donde el poder interviene en los procesos psicológicos inconscientes. El psicopoder es más eficiente que el biopoder, por cuanto vigila, controla y mueve a los hombres no desde fuera, sino desde dentro”.

La web de “La Colmena que dice sí” nos remite a ese universo descrito por Han que “Dice sí”, con ese exceso de positividad característico de nuestra época que nos remite al empoderamiento (yes, we can, “podemos”…). ¿Cómo va a decir “No” esa colmena? Tiene que decir “Sí”. El enjambre digital que se promueve es el de gente aislada que hace su compra por internet, con toda la cesión de datos, libertad y autonomía (big data) que supone. Pues a lo mejor hay que empezar a decir que “no”, que no queremos ser abejas de su enjambre. Y que es preferible el mal clásico, desnudo y obvio, al mal retorcido y disfrazado de bien, lo que se traduce en el campo bélico en una invasión de un país al modo de Iraq o una guerra imperialista al modo de lo que ha ocurrido y está ocurriendo en Siria. Frente al primer mal hay una respuesta, el “no a la guerra”, porque es un mal tan claro que hasta los votantes del PP estaban en contra. Sin embargo, la estrategia seguida en Siria desarma psicológicamente al pueblo porque se hace desde el “buenismo” al poner el foco no en las causas sino solamente en los efectos: “Bienvenidos, refugiados”. Claro, si no hubiera guerra ni invasión por mercenarios, no habría refugiados, pero ese paso lógico es dinamitado y hackeado por la psicopolítica que impide cualquier planteamiento racional frente a la realidad. Yo misma he caído en la trampa hasta que me di cuenta de la estrategia del shock mediático que padecemos día tras día. ¿O es que acaso cuando decíamos “no a la guerra” éramos partidarios de Saddam Hussein o defendíamos todo lo negativo que pudiera tener su gobierno? No, lo que defendíamos era parar una agresión y un abuso hacia la población de un país que siempre estará mejor en un país sin guerra que en una que dura ya seis años con un bloqueo económico. En fin, ahora los estrategas militares y políticos de las élites imperialistas han aprendido del error, han refinado la estrategia de control por el caos y todos contentos y tranquilos y, peor aún, el pueblo pensando que es solidario cuando no lo es en absoluto, lo que satisface el ego y adormece la conciencia.

Cabe preguntarse qué opina el Emprendedor Social Ashoka, Guilhem Cherón, de los vínculos de Ashoka con los transgénicos en África. ¿Por qué él, que promueve lo local y sostenible, aceptaría dinero de gente que en África quiere empobrecer y hacer dependientes de las multinacionales a los africanos con las semillas trans? Copio y pego del artículo de Paco Puche:

“Alianza con la Fundación Bill y Melinda Gates y el programa AGRA

ESTA alianza tiene especial importancia pues se  obtiene financiación para proyectos de desarrollo rural sostenible en África y la India.

EL AGRA es la alianza entre la FAO y las Fundaciones Bill y Melinda Gates y Rockefeller para una nueva “revolución verde en África”. En ella no se habla de transgénicos pero sí de introducir semillas de alta tecnología[vii] con sus patentes incorporadas que sustituirán a las tradicionales. Monsanto, la multinacional que domina el 90% del mercado de las semillas transgénicas del mundo, y una parte importante de las otras semillas, presume de que se ha unido a la fundación Gates para desarrollar semillas tolerantes a las sequías. Las relaciones de ambas transnacionales son muy buenas, no en vano, en 2006, el vicepresidente de la multinacional Monsanto se unió  a la fundación Gates, y el pasado mes de agosto la citada fundación ha invertido 20 millones de dólares en la compra de 500.000 acciones de Monsanto.

LA alianza de 2009 entre Ashoka y la fundación Gates para África e India esta destinada a “elegir a más de 90 emprendedores sociales que difundirán prometedoras innovaciones para ayudar a salir de la pobreza a pequeños agricultores”.

La Vía Campesina y la “filantropía” realmente existente

EL pasado 10 de septiembre, la Vía Campesina, entidad que coordina a más de 150 organizaciones miembros en 70 países de todo el mundo, emitió un comunicado de prensa en el que denuncia la compra de acciones de Monsanto por parte de la Fundación Bill y Melinda Gates.

EL comunicado afirma que “desde 2006 esta Fundación ha colaborado con la Fundación Rockefeller, entusiasta promotora de cultivos transgénicos para los pobres del mundo, para implementar la Alianza de una Revolución Verde en África (AGRA), la cual está abriendo el continente a la semilla transgénica y a sustancias químicas vendidas por Monsanto, Dupont y Syngenta (…) En Kenya alrededor del 70% de los recipientes de fondos de AGRA trabajan directamente con Monsanto y sobre 100 millones de dólares en donaciones se han dado a organizaciones kenyanas conectadas a Monsanto”.

COMO resultado “la Fundación Gates continúa empujando los productos de Monsanto  los pobres, a pesar de la creciente evidencia de los peligros ecológicos, económicos y físicos de los cultivos transgénicos”. Concluye el comunicado diciendo, en palabras de su coordinador general en Jakarta, Henry Saragih, que “la Vía Campesina condena este desvío de la ayuda humanitaria con fines comerciales y esta privatización de las políticas alimentarias”.”

Bien, queda claro que aquí se fomenta el producto local no transgénico y, a la vez, los mismos que han apoyado a “La Colmena” en Francia, Bélgica o España promueven la dependencia de Monsanto entre los campesinos de Kenya y todos los correspondientes daños colaterales de su uso. De esta forma se trata de neutralizar cualquier tipo de oposición aquí (antes incluso de que ocurra) para evitar lo que ocurre allí. Mientras nosotros participamos en estas operaciones de ingeniería social o jugamos en los huertos urbanos del Ayuntamiento en algún despacho de algún edificio de gran altura hay gente riéndose a carjadas de nuestra ingenuidad. Ahora, cada vez que alguna vecina me habla de “La Colmena” tengo argumentos sólidos para explicar por qué estoy en contra de este tipo de lavados de cerebro y de imagen, de esa infiltración del gran capital en nuestras conciencias y nuestros barrios. No sé vosotros pero yo ni soy abeja ni digo “Sí” a Monsanto, ni a Ashoka, ni al dinero del amianto.

Termino con una cita bíblica, ya que ser atea y apóstata no me impide reconocer una gran verdad cuando la leo: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7.16).

Ashoka AVINA REAS Fiare from El abrazo a Néfele on Vimeo.

Filantropofagos from Zabaldi on Vimeo.

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