“Maternidad, Igualdad y Fraternidad”, un libro de Patricia Merino

Voy a ir al grano. El principal punto fuerte de este libro es que hay mucho trabajo detrás, hay horas y horas de investigación y de redacción, de pensamiento, y eso se nota en el resultado. El segundo punto fuerte es haber puesto sobre la mesa el tema de la maternidad desde un punto de vista biológico, político y económico (aunque luego veremos que esto mismo también es un punto en contra del libro, en mi opinión). Es decir, se puede estar a favor o en contra de lo que defiende la autora pero lo importante es que alguien lo haya dicho y señale que en en el tema que nos ocupa hay problemas muy gordos sin resolver. Y el tercer punto fuerte es haber hecho una necesaria autocrítica dentro del feminismo hegemónico y las últimas corrientes en referencia a la maternidad y su parte más corporal, hacia el primero por ser antimaternal y hacia las últimas por negar el cuerpo y la materialidad de la relación simbiótica madre-bebé.

Bien, antes de entrar en las matizaciones y las críticas, voy a resaltar lo que para mí son las tesis más importantes a nivel práctico de un libro de 471 páginas. Yo, después de leerlo, me quedo con que Patricia Merino defiende una determinada ingeniería social (pg. 357), es decir, políticas estatales que, por ejemplo, incluyan permisos parentales transferibles de al menos 12 meses (pg.179), como los que existen en Suecia. Este país creo que es el que más se aproxima al ideal de la autora en cuanto a ayudas económicas directas para criar y medidas públicas para “conciliar” (traducción: guarderías para niños de todas las edades) se refiere. También, tanto en Suecia como en Francia existen retribuciones a la crianza, más allá de los permisos, para las familias que quieren abandonar el mercado de trabajo para cuidar de sus hijos durante los primeros tres años. En España, sin embargo, no existen ni permisos de maternidad/paternidad tan largos ni existen excedencias pagadas.

Y ahora es cuándo surjen mis críticas al libro, ya que a pesar de que yo también podría defender un permiso de maternidad de un año y una excedencia pagada de tres, porque yo misma me tomé una que me supuso fundirme los ahorros para después reincorporarme a jornada parcial a los 18 meses de mi primer hijo, soy consciente de las limitaciones de dichas medidas. Es decir, las defiendo no como la panacea sino como un mal menor, un mínimo a exigir (además, debería ser financiado con los beneficios empresariales y no por los impuestos o cuotas) que en absoluto va a solucionar los problemas de la crianza en nuestra sociedad, como no creo que lo haga en Suecia. Porque la realidad es que pienso que hemos llegado a un punto tan límite que es como cuando tienes frío y te tapas con una manta pequeñita, que cuando te tapas los pies, sientes frío en el pecho, y al revés.

Estamos ante una obra, como he señalado, con un enfoque sobre la maternidad puramente economicista y politicista, en el que se le pide básicamente dinero al Estado. Es más, parece que en el nuevo patriarcado se sustituye al marido por el Estado, lo que me recuerda a las tesis de Prado Esteban. En el enfoque de “Maternidad, Igualdad y Fraternidad” se espera todo de las instituciones políticas o partidos y nada de la acción directa en las empresas o la demanda conjunta de la gente del pueblo hacia la patronal de este país.  Además, creo que el libro peca de interclasismo en algunas ocasiones, a pesar de hablar de pobreza infantil y demás. ¿Dónde está el sindicalismo en todo esto? ¿Estos permisos no deberían ser exigidos a la patronal en lugar de ser financiados por los impuestos, dinero que se roba al pueblo? Intuyo que se pretende que todo cambie mediante el voto, no con la lucha diaria.

La maternidad y la crianza son más que dinero, aunque, obviamente, dejar de recibir un salario para cuidar tiene un valor monetario. Al fin y al cabo ese permiso equivale a X euros, que se pueden dar mes a mes o de una sola vez. Se deja fuera de este enfoque, por tanto, una visión más holística, una visión ecológica o que tenga en cuenta el colapso total de civilización en el que nos encontramos, que es multidimensional. Por tanto, me da la impresión de que Patricia Merino escribe sobre la maternidad y la infancia como si todo fuera a seguir como hasta ahora, cuando no es así. Estamos en un momento único en la Historia y se están dando grandes cambios sociales y ambientales que atañen incluso a la propia esencia del ser humano como especie y a la posibilidad de la destrucción de la vida en el planeta tal y como la conocemos.

Suecia no es ningún país a idealizar: tiene altas tasas de alcoholismo, soledad, suicidio, asesinatos de hombres hacia sus parejas mujeres, abandono a los ancianos. No me voy a extender más sobre este tema, creo que el documental “La teoría sueca del amor” lo refleja a la perfección. Quizás alguien piense que precisamente una crianza más “entrañada” durante los tres primeros años vaya a cambiar las cosas pero no parece que sea la tesis del libro, ya que precisamente se defiende que dará como fruto seres humanos más independientes entre sí en el futuro y menos “familiaristas”.

Yo, me he dado cuenta después de leer a Patricia Merino, que soy “familista”, algo que se ve como algo muy peyorativo en el texto. Es decir, yo defiendo los vínculos internos de las familias por encima de los vínculos con el Estado. De hecho pienso que el pecado capital de la familia en los tiempos que corren es que es un terreno no conquistado del todo por el Capital y las instituciones políticas, donde la gente se ayuda sin dinero de por medio y, cuando lo hay, se presta sin intereses. Esto es una competencia que la banca, la patronal y las administraciones no pueden soportar y llevan años intentando cargarse esa última solidaridad que nos queda. Esa solidaridad que tiene hasta una base física ligada a la oxitocina natural…

También creo que habría que señalar que el conflicto capital-vida no se acaba en los tres primeros años de la infancia. Después están los horarios interminables, las extraescolares, el “problema” de las supuestamente larguísimas vacaciones… Yo no veo compatible que una persona pueda trabajar y criar sin tener que recurrir al enclaustramiento del hijo para poder trabajar. Es por eso que me planteo muchas veces que tendría que dejar mi puesto, si pudiera, para poder evitarles a mis hijos las ludotecas y los campamentos de verano, poder sacarles del colegio a las 12h20 en lugar de a las 16h, que me parecen demasiadas horas de encierro para niños nacidos para ser libres y disfrutar de la luz del sol. Y es que aquí cambia el enfoque, cuando empezamos a poner las necesidades básicas como especie en el centro. No estamos hechos para crecer encerrados en colegios. Nada de esto se señala en el libro. Es más, se considera la escolarización (pg. 304-305) como algo positivo, cuando es una de las mayores agresiones a la infancia y la adolescencia en la actualidad, solamente se critica la calidad, los horarios excesivos, el ratio profesor/alumno o que sea privada en su etapa infantil de 0-3 años. ¿Pero es que acaso la mera asistencia a un colegio con 8 años o a un instituto con 15 años y todo lo que conlleva (obligatoriedad, pasividad, sedentarismo, falta de sentido vital, segregación social) no puede ser un infierno? Es más, uno de los principales problemas de la crianza actual es que ¡nos han robado a los niños y a los adolescentes! Ellos son los cuidadores y ayudantes en la crianza naturales en casi todas las culturas del mundo preindustriales. Nos los han robado y a ellos se les ha robado la experiencia de cuidar y jugar con otros niños más pequeños que ellos. Solamente tenemos el lujo de ver lo bien que interactúan juntos cuando, en verano, las familias se juntan alguna vez y vemos a los primos de diferentes edades corretear libremente en los patios y parcelas de las casas “del pueblo”. Esto como excede el tema del dinero y las políticas públicas no es tratado en el libro salvo para criticar el “familiarismo” y lo que consideramos “la tribu”, en un guiño al libro de Carolina del Olmo (pg. 373).

Otro tema que excede al libro es el de analizar realmente lo que significa una excedencia o un permiso de maternidad en la sociedad actual. Muchas veces supone estar tú sola en casa, sin socializar con ningún tipo de adulto, entre cuatro paredes o en parques vacíos (porque el resto de niños sí están escolarizados). Las necesidades básicas de las madres, desde un punto de vista evolutivo y como especie, no pueden verse satisfechas con este tipo de vida asocial. Porque aquí, seremos muy “familiaristas” pero la realidad es que las familias están fragmentadas y repartidas por toda la geografía urbana e incluso mundial. Yo, por ejemplo, para ver a mis abuelos tengo que hacer 20 kilómetros en coche. No vivo en el mismo barrio que ellos, no vivo ni siquiera en la misma ciudad que mis padres.  ¿Es esto “familista”?

Sobre las tasas de fertilidad de los países que se idealizan en el libro habría que decir que no son para tirar cohetes, ninguno llega ni supera la mera reposición, y que esos estados del bienestar se basan en la importación de mano de obra migrante, es decir, en el aprovechamiento económico de los hijos e hijas adultos paridos y criados por las mujeres de otros países con salarios más bajos y estados sin subsidios a la crianza ni a la infancia. Sobre este asunto, del que creo recordar que no se habla demasiado en el libro, habría que preguntarse algo muy incómodo: ¿Son posibles esas medidas de apoyo a la crianza del Estado del Bienestar aquí sin importar mano de obra de otros países que no tienen Estado del Bienestar? O lo que es lo mismo, ¿puede un país como Suecia o Francia ser independiente demográficamente y mantener todos esos subsidios? La respuesta yo creo que es un gran “NO”. Para mantener el Estado de Bienestar aquí, hace falta que otros en otros lugares no lo tengan, lo que supone una gran injusticia y doble moral. Los ayudas y subsidios de la crianza en Europa se basan en la explotación de otros que no disponen de esas ayudas y subsidios (normalmente países que han sido atacados por el FMI y el Banco Mundial en el pasado) y que, precisamente, por ello, se ven atraídos a venir aquí. Y aquí podríamos, por derivación, plantearnos la ruptura de vínculos esencial e irreparable que supone la emigración, porque, efectivamente, lo económico no lo es todo, aunque sea el mantra de la actualidad. En cualquier caso, instituciones capitalistas como Goldman Sachs (“Womenomics”) lo tienen claro: hay que favorecer la importación de mano de obra extranjera (a ser posible enfermeras y personal cuidador) para solucionar el “problema demográfico”.

Sobre la paternidad desde un punto de vista antropológico e histórico (pg. 77-92) que nos presenta el libro, he de comentar que nos movemos en un terreno muy pantanoso. Necesitamos reconocer con humildad que en realidad conocemos muy poco del pasado, quizás el 1%, ya que lo que ha quedado escrito para la posteridad es solamente una mínima parte de la existencia común de las personas de esas épocas, que eran culturas de transmisión oral, no “histórica”. Nos ha llegado todo mediatizado por otras personas que escribieron cosas. Saber qué decían los códigos patriarcales como el de Hammurabi no me permite saber hasta qué punto esos códigos se cumplían o no en las familias de los pueblos más apartados del lugar. O saber qué es lo que pone en una inscripción de un rey egipcio no me dice nada sobre cómo criaba un padre de los estamentos más bajos, que no poseía nada que transmitir en herencia a sus hijos. Sí me sorprende esta frase (pg. 86): “La función paterna es sin duda contingente: empíricamente, una criatura puede desarrollarse perfectamente sin la intervención de una persona que asuma el rol paterno, sin embargo, si nadie asume la función materna su desarrollo no podrá ser satisfactorio”. Por esta lógica, ¿qué sentido evolutivo tiene la existencia de hombres? ¿La de meros sementales? En ese capítulo se habla mucho de “avunculados”, sociedades en las que ese rol paternal es ejercido por el tío materno, con lo cual ese papel lo puede hacer un tío o un padre, pero en los dos casos es un hombre y sí parece necesario, porque si no, no existiría, habría sido eliminado como algo superfluo. Yo sí que creo que los humanos necesitamos a hombres que ejerzan ese rol, al menos en la cultura en la que yo he nacido, porque a mí lo que hagan los trobriandeses no me toca de cerca. Yo no me ubico en un espacio neutral, sino que he nacido en una cultura y en un lugar determinado en el que la paternidad sí ha tenido una importancia, pese a ser algo completamente diferente a la maternidad.

“Los deberes desagradables del padre” de Adriaen Brouwer (1605-1638)

Tampoco me ha gustado del libro su visión tan negativa de la paternidad que se describe entre las páginas 93-115. Me parece poco imparcial, ya que si vamos a hablar de malas paternidades tenemos que hablar también de malas maternidades o incluso de la maternidad patriarcal. Pero, claro, estas visiones de guerras de sexos son típicas del feminismo actual y la autora, a pesar de que difiere con muchas feministas a la hora de hablar de maternidad, se mantiene alineada con el feminismo hegemónico a la hora de hablar de la paternidad. No sé a qué puede deberse esto. Yo, en relación también a otros apartados del libro, he de reconocer que habría criticado ciertos aspectos de la maternidad en solitario elegida y no metería en el mismo saco a la monomaternalidad por abandono o irresponsabilidad paterna que la monomaternalidad elegida a priori. Pero en esto reconozco que no soy objetiva, ya que mis propios traumas y mi propia infancia como hija criada en una “familia” monomarental totalmente disfuncional me hacen rechazar cualquier tipo de maternidad en solitario, al menos elegida por propia voluntad.

Y, podría escribir más al detalle, pero casi que me saldría otro libro de 500 páginas así que voy a terminar con algunos detalles, para quien quiera profundizar con minuciosidad en la primera parte del libro, a través de las notas que fui tomando mientras lo leía. Si no te interesa, puedes dejar de leer la reseña aquí.

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APUNTES SOBRE LA PRIMERA PARTE. MATERNIDAD

Lo primero que me chocó desde la primera página es el uso del concepto “patriarcado” en abstracto, sin contextualizar tiempo ni lugar, con el que choco frontalmente. Cada vez que se usa esta palabra deberíamos explicar de qué año, de qué cultura estamos hablando. Si no, caemos en mitos que no tienen ninguna concordancia con la realidad concreta que vive la gente en cada momento.  Decir el “patriarcado logró”, ¿qué quiere decir? ¿De repente un grupo de hombres se impuso a las mujeres? ¿Colaboraron las mujeres y las madres con ello? ¿Cómo controlaba ese grupo de personas el cuerpo de las mujeres y se apropiaba de las criaturas? Desde hace milenios ha habido contextos sociales concretos en los que legalmente se establecía un patriarcado legal pero eso no quiere decir que las leyes llegaran a todas partes y, además, que las mujeres y madres no hayan controlado su cuerpo y hayan controlado la crianza de las criaturas. Por ejemplo, el patriarcado legal romano daba todo el poder al padre, pero eso no quiere decir que los hombres de estado llegaran a todas partes como si fueran Dios (el poder casi omnímodo solamente lo han logrado las elites con la tecnología actual). Siempre ha habido grietas y espacios fuera de control de las normas impuestas desde arriba.

Por otro lado, las madres del patriarcado romano controlaban el cuerpo y la crianza de sus hijas, como podemos leer en esta historia de lactancia frustrada, tan parecida a esta otra historia de ficción que aparece en Ana Karenina, una mujer que pide amamantar y a la que su marido se lo impide o a la historia de María Montessori, a la que su madre y su suegra presionaron para que no criara a su propio hijo y lo dejara con una nodriza en el campo. Esta última historia es definitiva: no fue hasta la muerte de su propia madre que María Montessori se atrevió a reconocer públicamente que su hijo, al que tuvo fuera del matrimonio con un compañero de trabajo, era su hijo. Las madres patriarcales… ¿O acaso son simplemente “madres” sin adjetivos? Porque no deja de ser paradójico el término de madre patriarcal, una madre/abuela que ejerce su autoridad, su poder materno para ponerlo al servicio del padre. ¿De qué padre hablamos, en la historia de Montessori, por ejemplo? Y si la madre tiene tanto poder ya no podemos hablar del “poder del padre” sino de madres auténticamente matriarcales. Otra cosa es que ese poder lo ejerzan hacia el mal, hacia el control de sus hijas y nietos y la merma de su libertad.

Volviendo al libro, dice Patricia Merino que un primer paso hacia la extinción de patriarcado es que las mujeres nos reapropiemos de nuestros cuerpos y nuestra maternidad. Si nos regimos por ese criterio entonces tenemos que admitir que hasta la llegada de la Ilustración, el Progreso y el Estado moderno, en los pueblos de la península no regía ningún tipo de patriarcado, ya que las mujeres eran dueñas de su cuerpo y de sus maternidades y, además, conocían hierbas abortivas.

Hay una frase de la autora que me gustaría comentar: “No es posible garantizar una maternidad deseada, y por lo tanto, positiva para madre y criatura, si las mujeres no controlamos nuestra sexualidad y nuestra fertilidad: el derecho a la contracepción y al aborto no solo no están reñidos con una maternidad entrañada, sino que son su condición previa”. Yo no estoy de acuerdo con esto porque, si bien todas las culturas es posible que hayan tenido conocimientos anticonceptivos y abortivos, eso no equivale a que todas las maternidades hayan sido planificadas. Se puede tener una maternidad buena, agradable dentro de las limitaciones de cada momento, y que no haya sido planificada en absoluto, fruto de la pasión de una noche de verano. De hecho, la mayor parte de los nacimientos de nuestra especie no han sido planificados, algunos han sido de rebote, otros por puro azar. Por no hablar de las maternidades de las mujeres que no quieren usar métodos anticonceptivos o abortar por motivos personales, éticos o religiosos que, por supuesto, pueden tener la maternidad entrañada que deseen o puedan. Me parece que esta frase del libro las juzga en su vida personal y en sus elecciones.

Otra frase que hay que matizar es la de “la diada madre-criatura ha sido hasta hoy la base empírica y el lugar de la crianza en los humanos”. Esto es cierto y es falso, porque si bien es cierta la simbiosis madre-bebé al principio de la vida, esa diada no existe en el vacío y no puede existir sino es en base a la crianza cooperativa de la que habla Blaffer Hrdy. Hacen falta muchas otras personas alrededor ayudando a la madre y cogiendo al bebé, jugando con él, cuidándolo en muchos momentos a lo largo del día. Y ese es el gran problema de nuestra sociedad actual de madres con permisos de maternidad solas entre cuatro paredes de pisos urbanos y ningún permiso de un año lo va a poder solucionar o enmendar. La familia extensa se ha perdido para siempre y se ha diluido a lo largo del mapa. Un papel fundamental en los cuidados de los bebés los tenían los niños más mayores. ¿Dónde están ahora? En el colegio sentados durante horas frente a una mesa, sin ver casi la luz del sol. Nos han robado también a los niños y a los adolescentes… Y a los niños les han robado la posibilidad de cuidar, lo que subliman con muñecas, lo que también es una hipótesis de Blaffer Hrdy al hablar de las sociedades tradicionales en las que no existen muñecas y, sin embargo, se ve a muchos niños porteando bebés.

Luego está el uso del concepto “patriarcapitalismo” para referirse al “capitalismo” a secas, cuyas señas de identidad no tienen por qué relacionarse con el poder de los padres, ya que que los puestos de poder económico sean ocupados por mujeres no cambia un ápice de su esencia, demostrando que es indiferente lo que tengan entre las piernas los poderosos, la directora de la Reserva Federal o del FMI. Pero más llamativo es referirse a los “vientres de alquiler” como algo patriarcapitalista cuando gran parte de los clientes de esta práctica comercial son mujeres que compran el cuerpo de otra mujer y al bebé que ha gestado. Lo mismo con la venta de óvulos, son mujeres que compran el cuerpo de otras mujeres. Desconozco la razón por la que Patricia Merino silencia esto, haciendo parecer que los “vientres de alquiler” solamente son consumidos por hombres que pretenden apropiarse de la capacidad femenina de generar seres humanos y olvida que la venta de semen, tratar a los hombres como sementales, es también una práctica comercial donde las mujeres compran y los hombres venden (prostitución reproductiva).

Después de este comienzo del libro, he leído con gusto su crítica a la misoginia de Simone de Beauvoir, que comparto totalmente. Y también me ha llamado la atención que vuelva a decir que vivimos en un patriarcado, relacionándolo con el tema del orden de los apellidos. Aquí hay que volver a contextalizar, ya que es un tema apasionante este, el de los apellidos en este país.

Muchas veces nos creemos que las cosas siempre han sido así, quizás desde el patriarcado legal romano en la península ibérica, pero nada más lejos de la realidad. El patriarcado legal estuvo debilitado y dormido en muchos pueblos y contextos gracias a que el Estado no llegaba y no tenía el poder, que sí tiene hoy de forma casi total, para controlar a los ciudadanos. Es decir, la gente se llamaba como le daba la real gana o como era la costumbre en cada zona geográfica y no fue hasta 1870, con la aparición de la herramienta biopolítica por excelencia del Registro Civil (el primer intento de tratarnos como ganado humano poniéndonos en una base de datos censal) cuando se estableció el sistema de poner el apellido del padre primero y después el de la madre (que a su vez era el apellido paterno también). Por ejemplo, el apellido del poeta Garcilaso de la Vega proviene de su abuela, Elvira Laso de la Vega, ya que su padre eligió apellidarse así. Y si nos vamos a las familias del pueblo del Occidente Asturiano durante el siglo XIX, comprobaremos, como hizo la historiadora Asunción Díez, que el orden de los apellidos era de lo más pintoresco a nuestros ojos actuales. Si nacía una niña, heredaba los dos apellidos de la madre, y si nacía un niño, heredaba los dos apellidos del padre. Es decir, había otros criterios, no había homogeneización y el Estado no se metía en estos asuntos (sí se metían los romanos y los godos no). Es decir, la característica del Estado actual y no de un “patriarcado” en abstracto es su ansia de biocontrol, de controlar, clasificar y estandarizar las vidas de la gente y de sus hijos.

Resulta muy interesante la reflexión sobre el feminismo y la maternidad que realiza la autora y el reconocimiento de que la maternidad ha sido identificada con algo negativo y cualquier discurso progresista sobre la maternidad desapareció, lo que ocurre es que lo justifica diciendo que quizás era el único camino posible en otras épocas, lo que viene a ser una clara justificación “de las madres” del feminismo con un “no podían hacer otra cosa”. El feminismo, dice Patricia Merino, “nunca ha defendido los intereses de las madres como tales: se ha velado por los intereses de las madres como “trabajadoras”.

Respecto a las reflexiones sobre el dios patriarcal Zeus, me gustaría recordar también a las madres patriarcales como Hera, que ató las piernas de Alcmene (la madre de Hércules) para evitar que naciera su hijo. Es decir, de nuevo vemos cómo los mitos patriarcales están plagados de mujeres que agreden a otras mujeres y que no describen una guerra de sexos sino más bien una guerra de un tipo de mujeres y hombres contra la libertad de otro grupo de mujeres y hombres.

No me voy a extender en el tema pero creo que es digno de reconocimiento que por fin alguien critique el excesivo constructivismo del feminismo y el excesivo protagonismo de lo cultural frente a lo biológico, reconociendo la bioculturalidad del ser humano.

Hay una frase de esta primera parte del libro que me gusta mucho: “No es la maternidad lo que nos aparta de la cultura, de la vida pública y de la realización integral de nuestra humanidad. Es la marginalidad en la que el patriarcado ha ubicado la maternidad la que la transforma en una forma regresiva, puesto que expulsa a los márgenes de la sociedad algo tan central y genuinamente humano como es la procreación y el cuidado de nuestras criaturas”. Pero, claro, tengo que matizar porque de nuevo, me niego al uso del término “patriarcado” sin contexto. No es el “patriarcado” en abstracto el que manda a los márgenes a la maternidad sino ciertas formas de vivir y de producir en la actualidad: urbanas, aisladas, industriales. Es más, el caso de las cigarreras y su forma de criar nos muestra cómo el primer capitalismo permitía la crianza incluso dentro de las propias fábricas mientras estas fueron artesanales. Fue la llegada de la máquina la que expulsó a niños y bebés del lugar y, de paso, cualquier atisbo de socialidad y humanidad (ya no se podía hablar con la compañera, ya no se podía cantar trabajando…) que todavía quedara.

En realidad, y es un tema muy complejo, lo que expulsa la maternidad a los márgenes de la sociedad es la centralidad del progreso, la productividad y el desarrollo tecnológico. ¿O acaso no vemos que la maternidad, cuando es negocio y producción en sí misma, como en el caso de los vientres de alquiler es de repente el centro de todas las noticias? La maternidad y la crianza tienen unas lógicas y unas dinámicas internas propias y distintas de las de la “vida pública” actual. La marginalidad de la maternidad actual no proviene de un patriarcado en abstracto:

  • La maternidad y la crianza es una relación humana que, en su parte más esencial, no es mercantilizable, ni se compra ni se vende. Se pueden comprar miles de accesorios pero la relación en sí misma entre dos personas, no. Esa solamente la construyen esos dos seres humanos en interacción con su entorno. Ahora solamente es central la parte comercializable de la maternidad.
  • La maternidad y la crianza siempre han sido parte de la cultura y de la vida pública, incluso tenían su propia creación cultural genuina: las nanas. Nadie se quedaba aislada por ser madre y las costumbres sociales favorecían su integración en la comunidad a través de ciertos ritos de reciprocidad. No podemos confundir “alta cultura” con “cultura” a secas. La”cultura popular” se fundamenta en lo oral, no en lo escrito. Por ejemplo: yo escribo y esa puede ser mi dimensión social actualmente, existo porque me lee gente, pero cuando yo estoy sola en mi casa, amamantando o cantándole una canción a mis hijos o cuidándolos, no existo socialmente y nadie lo valora. Pero, ¿acaso alguien más que ellos o la gente que me conoce en persona debiera valorarlo? Queda la pregunta en el aire…
  • El patriarcado legal margina la maternidad porque lleva implícito que hay que trascender nuestra animalidad para llegar a algo más elevado: conquistar más países, conseguir subyugar más a los demás, dirigir y domesticar la Naturaleza. En su escala de valores, compartida por hombres y mujeres de las élites, dar de mamar y cuidar es algo destinado a las clases bajas, como lo es limpiar, cocinar o trabajar para otros. Por eso, las mujeres artistas como Julia Margaret Cameron o Virginia Woolf tenían criadas, y por eso Simone de Beauvoir tenía esa fragmentación tan acusada, esa esquizofrenia en los papeles maternales que ocuparon su madre y su nannie, Louise.

No sé si nos deberíamos preocupar tanto por si las madres estamos en el centro o la periferia del patriarcado, ya que quizás es mejor rechazar el patriarcado de forma global que reivindicar o denunciar el lugar que se nos ubica en un sistema así. En cualquier caso no vamos hacia una ruptura con el “arcado” (poder) sino hacia sus diversas variantes y mutaciones que mantienen lo esencial cambiando las formas. Por eso mismo creo que cualquier planteamiento que incluya ingeniería social en sus premisas será incapaz de salir de este paradigma y volver a sistemas en los que primen las relaciones de reciprocidad, interdependencia y apoyo mutuo. Y, si tenemos que apoyar alguna medida de ingeniería social, por favor, incluyamos la anotación al pie de que se trata de una acción desesperada como mal menor ante la ausencia o ignorancia de otros medios para detener la maquinaria automática de este sistema que nos lleva a la autodestrucción. La ingeniería social, no lo olvidemos, es la base de los patriarcados históricos, obsesionados con los censos, los registros, las estadísticas, la escritura…

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Y podría seguir escribiendo sobre el libro de Patricia Merino pero lo cierto es que son casi las dos de la mañana y tengo sueño. Un saludo a los hipotéticos lectores.

Entrevista a Patricia Merino aparecida en Madresfera Magazine (10 de mayo de 2017)

TEXTO ACTUALIZADO EL 24/7/2017

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Ya puedo dormir tranquila, amamantar es legal…

Pues sí, amigos y amigas, de vez en cuando, como un goteo que no cesa, van saliendo noticias en los medios sobre la protección especial, la autorización, la legalización de amamantar en “espacios públicos”. Esto es una soberana tontería, como sabéis, ya que la lactancia materna nunca ha estado prohibida y lleva practicándose durante los últimos 2 millones de años en el género Homo, como respirar o caminar. Si acaso lo que está prohibido es prohibirla y discriminar a las personas que amamantan, como ya señala la Constitución. Pero, en fin, de todo esto y de los potenciales peligros de este legalismo y regulación desde arriba que asola al mundo de la lactancia, ya hablé en su día en el post: “¿Necesitamos que el Estado nos “proteja” cuando damos de mamar en público?”

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La foto en la que se basa este meme se llama ‘Mujer gitana del Sacro Monte de Granada’ (1951), de Jean Dieuzaide.

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Había publicado esto pero voy a añadir algo más, a raíz de lo sucedido en el Museo Picasso de Málaga:

Ellos nos “permiten”, ellos nos “autorizan a”, ellos nos “otorgan”. El vocabulario utilizado es muy claro. Pero este artículo y el Museo Picasso de Málaga mienten o, más bien, tergiversan, porque la lactancia materna nunca ha estado prohibida en los espacios públicos, ni en este museo ni en ningún otro lugar, y mucho menos en una normativa por escrito y, por tanto, no se puede “permitir” algo que no está prohibido. Bravo por esa mujer que puso la reclamación y un gran abucheo al museo que tendría que pedir disculpas por haber cometido una discriminación anticonstitucional hacia una madre y un bebé, y matizar esto: ellos no permiten nada porque no hay nada que permitir en algo que no les afecta para nada. La infracción, porque esta sí ha sucedido, ha sido suya y esto tiene que quedar muy claro. Al decir que ahora lo “permitirán” están desviando el foco de atención precisamente de esto, porque tendrían que decir que no volverán a molestar ni a expulsar a nadie por este motivo. La guerra del discurso.

Es curioso, la única normativa legal por escrito que sí lo especifica y prohibe la LM más allá de ciertos momentos, el permiso de lactancia dentro del espacio-tiempo laboral, contra esa normativa nunca vamos… En muchísimos trabajos está prohibida la lactancia materna más allá de la hora de lactancia, una hora imposible de usar para madres que trabajan lejos de sus hogares o guarderías (en ninguna empresa hay guardería, por cierto, que a pesar de no ser una solución ideal al menos facilitaría los contactos con el bebé durante las horas de trabajo, los descansos, etc…). Se dice a las trabajadoras que no pasa nada, que se saquen leche, que la congelen y ya está, sin pensar en que sacarse leche es algo desagradable e impuesto por las condiciones externas (intuyo que también es más desagradable para el bebé). Es algo que es así y con lo que tenemos que conformarnos, se supone. Nos tenemos que adaptar y de ningún modo tratar de hacerlo al revés, que sea el mundo laboral y productivo el que adapte a los ritmos de la vida.

En todos los trabajos estaría en teoría prohibida la lactancia materna más allá de los 9 meses, fecha en la que se supone termina este derecho (no era así en la primera ley de permiso de lactancia de 1900, mucho más flexible que la actual). A partir de los 9 meses se supone que los bebés ya pueden pasar 10 horas sin mamar (toman alimentación complementaria o leche materna congelada o de fórmula), lo que es cierto, claro, pero tiene implicaciones biopolíticas en nuestros cuerpos, mentes y emociones que han sido silenciadas durante años. No ha sido algo que hayamos decidido nosotras, alguien lo ha decidido por nosotras. ¿Y por qué de esto no se habla y no se reclama lactancia en libertad dentro de los ámbitos laborales? Porque es un conflicto, un conflicto social que excede a la familia nuclear, a la pareja y a la diada madre-bebé. Es un conflicto mucho más amplio y que excede el tema de la lactancia, el de los cuidados, que es mejor ocultar y no enfrentar porque subvertirlo y desobedecerlo pondría en el tapete ciertos temas que son tabú, porque de ellos depende que el sistema tal y como lo concemos siga “funcionando”. Dejaría en evidencia las prioridades del sistema, lo que se pone en primer lugar y lo que tiene que ir detrás…

Comparemos el permiso de lactancia de 1900 con el actual reflejado en el Estatuto de los Trabajadores:

permiso de lactancia

 

Apartado 4 del artículo 37:

4.En los supuestos de nacimiento de hijo, adopción o acogimiento de acuerdo con el artículo 45.1.d) de esta Ley, para la lactancia del menor hasta que éste cumpla NUEVE meses, los trabajadores tendrán derecho a una hora de ausencia del trabajo, que podrán dividir en DOS fracciones. La duración del permiso se incrementará proporcionalmente en los casos de parto, adopción o acogimiento múltiples. Quien ejerza este derecho, por su voluntad, podrá sustituirlo por una reducción de su jornada en media hora con la misma finalidad o acumularlo en jornadas completas en los términos previstos en la negociación colectiva o en el acuerdo a que llegue con el empresario respetando, en su caso, lo establecido en aquella. Este permiso constituye un derecho individual de los trabajadores, hombres o mujeres, pero sólo podrá ser ejercido por uno de los progenitores en caso de que ambos trabajen.

 

¿Por qué seguimos usando argumentos de autoridad?

La verdad es que no amamanto porque la OMS lo recomiende*. No he llevado a mis hijos a la guardería** durante los dos primeros años, y tampoco ha sido porque diga tal o cual cosa determinada asociación de profesionales expertos. No era nada excepcional que las madres del mundo rural popular de la península ibérica amamantaran, sin dogmatismos ni directrices, unos tres años (ver, por ejemplo, el libro “Ritos de embarazo e parto en Galicia” de Antonio Pereira Poza). No sería tampoco extraño que lo hicieran menos o que no lo hicieran en determinadas situaciones.

Sin embargo, a la hora de solicitar el teletrabajo en mi empresa, a día de hoy, yo sí he usado argumentos de autoridad, porque sé que el mundo actual funciona así: hay que citar estudios sesudos para convencer a las personas con poder de que se mantendrá o incluso aumentará la sacrosanta productividad, que en el fondo es el debate que subyace al de la “conciliación”. Todavía es demasiado revolucionario decir “necesito estar cerca de mi bebé, sin separaciones tajantes e inflexibles, y él me necesita a mí. Los dos necesitamos integrarnos en la vida, aportar a los demás y que nos apoyen a nosotros”.
En todas las culturas ha habido personas que cuidaban a los bebés que no eran la madre. El cuidado nunca ha sido en la especie humana una mera cuestión de diadas aisladas madre-padre (familia nuclear) o diadas aisladas madre-bebé. Quizás con mi escrito esté contribuyendo al mantenimiento de determinados argumentos de autoridad pero no se me ocurría otra cosa. Al menos este es mi blog personal y tengo libertad total para expresarme sin autocensura ni tener que convertirme en esa supertrabajadora capaz de todo. Parece que lo más importante es que la máquina no pare, aunque nos destruyamos por el camino. La buena salud o la lactancia, tienen que ser “vendidas” al mundo productivo como elemento positivo que reducirá el absentismo o hará más productiva a la empresa. En otros momentos, con ese mismo objetivo se boicoteó la lactancia de las madres trabajadoras y se crearon productos sucedáneos y nuevas necesidades comerciales.
 
Aquí va parte de mi memoria de teletrabajo, por si puede servir a alguien. Mi escrito es en cierta forma una claudicación, una venta del alma que mejor que quede expuesta a que esté oculta e invisibilizada en una maraña de autoengaños:

“2. Conciliación de la vida personal, familiar y laboral.
 
Realizar gran parte del trabajo desde casa supone para mí un aumento del compromiso y una gran motivación, ya que voy a tener la oportunidad de hacerlo sin tener que preocuparme sobre el hipotético bienestar de mi hijo en una guardería o separado de mí en un momento en el que tenernos cerca es de vital importancia para ambos. Por otro lado, que no vaya a una escuela infantil y mantener la lactancia materna sin restricciones externas durante los primeros años de vida supone que no se pondrá tan enfermo como los bebés que no son amamantados, que tienen que ir a la guardería o no pueden mantenerse cerca de sus madres. Esto, evidentemente, revertirá en un menor absentismo laboral por mi parte.
 
No en vano, con o sin lactancia materna, la Asociación Española de Pediatría en su Congreso nº62 celebrado en Sevilla llegó en sus conclusiones a la recomendación de no llevar a los niños a las guarderías antes de los 2 años:
 
“El consumo de antibióticos es significativamente mayor en todos los niños que acuden a guarderías. Los broncodilatadores inhalados y el montelukast se prescriben más en los niños que entran en la guardería antes de los 18 meses. Los niños que acuden antes de los 12 meses a guarderías consumen más corticoides orales e inhalados.”
 
(…)
 
“Los datos recogidos durante 24 meses son consecuentes con estudios previos que demuestran mayor presencia de patologías infecciosas en niños que acuden
 
a guarderías, siendo por tanto esperable mayor consumo de fármacos y visitas médicas en estos niños. Esta evidencia científica debería ser conocida por los padres para que valoren opciones diferentes a la asistencia a guarderías.”
 
(…)
 
“La asistencia a guarderías aumenta la morbilidad y el uso de recursos sanitarios tanto hospitalarios como de atención primaria. Dado que la precocidad de la asistencia a la guardería está relacionada con el trabajo materno se debería tratar de facilitar a las madres otros procedimientos de cuidado infantil diferentes a las guarderías”(1)
 
La conciliación del trabajo con la crianza es también importante por otros motivos evolutivos, ya que el bebé humano nace muy inmaduro en comparación con otros mamíferos y primates y completa su gestación fuera el útero (exterogestación). En palabras del ginecólogo Miguel Tortajada Martínez:
 
(…)”se podría considerar que el Homo Sapiens en su desarrollo neurológico tendría una equivalencia, respecto a los grandes antropomorfos, de un periodo de gestación de 21 meses divididos en dos fases: 9 meses de desarrollo intrauterino, que constituyen una unidad biológica, y otros 12 meses después del nacimiento con una relación muy intensa y operativa entre madre y recién nacido; a estos últimos 12 meses les ha denominado Ashley Montagu (1961) exterogestación”(2).
 
Pero la conciliación también es importante para la salud de la madre. Hay estudios que correlacionan la nuliparidad, la maternidad tardía y sobre todo la falta de amamantamiento como un riesgo en el aumento de las posibilidades de desarrollar cáncer de mama, ovario y endometrio. La investigadora que más ha estudiado estas relaciones es Valerie Beral, Directora de la Unidad de Epidemiología del Cáncer de la Universidad de Oxford:
 
“Si las mujeres en los países desarrollados tuvieran 2,5 hijos, de media, y amamantaran a cada hijo 6 meses más de lo que lo hacen ahora, se podrían prevenir 25.000 (5%) cánceres de mama cada año, y si cada hijo fuera amamantado por 12 meses adicionales se podrían prevenir 50.000 (11%) cánceres de mama al año. Hay obvias consecuencias económicas y sociales al prolongar la lactancia materna, y estos resultados indican que hay beneficios para la madre, además de los conocidos beneficios para el hijo(3).”
 
Y tanto madre como bebé se necesitan mutuamente a nivel psicológico. Las profesoras Rada Dagher y Paricia McGovern de la Universidad de Maryland han
 
investigado cómo aumenta el riesgo de sufrir depresión durante el primer año posparto relacionado con los permisos de maternidad cortos o, lo que es lo mismo, la separación madre-bebé durante el primer año(4):
 
“El primer año después del nacimiento presenta un riesgo de depresión en las mujeres, con un 13% de todas las madres experimentando depresión posparto, con síntomas debilitantes similares a la depresión clínica”.
 
En el contexto de la UNED, las madres y padres trabajadores de la Universidad, no disponemos de una guardería dentro de las propias instalaciones de la UNED o del complejo universitario de Ciudad Universitaria que compartimos con la Universidad Complutense, lo que hace todavía más complicada la conciliación de la crianza con el trabajo y, sobre todo, hace sufrir injustamente a los bebés por una separación demasiado temprana y rígida en sus horarios. La tendencia es a que las empresas dispongan de estas instalaciones. Por ejemplo, en el Anteproyecto de la Ley de Igualdad de Andalucía sí se contempla esta obligación para las empresas de más de 500 trabajadores (5).
 
En relación a la conciliación no se puede olvidar, por último, la reducción del tiempo dedicado a ir y volver al trabajo y el impacto medioambiental que eso supone”.

1 Pg. 1, 2 y 115. https://www.congresoaep.org/2013/readcontents.php?file=webstructure/03_comunicaciones.pdf

2 Fragmento del libro “El parto en la evolución humana”del ginecólogo Miguel Tortajada Martínez.

3 http://www.docs4you.at/Content.Node/Vorsorgemedizin/Stillen/Breast_cancer_and_breastfeeding.pdf y http://www.dmedicina.com/enfermedades/2002/07/17/prolongar-lactancia-reduce-riesgo-cancer-mama-6224.html

4 http://www.sciencedaily.com/releases/2013/12/131212100140.htm

5 http://elcorreoweb.es/las-empresas-con-mas-de-500-trabajadores-deberan-tener-guarderia-FL728700

http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2015/09/05/satse-reclama-guarderias-hospitales-red/793077.html

* Sobre estas cuestiones, que han terminado delegadas en las recomendaciones de los expertos, hay ya demasiado autoengaño. Si queremos vivir con autenticidad no podemos dar de mamar si no nos gusta o resulta un suplicio, incluso cuando ya se han resuelto los problemas “técnicos” del amamantamiento y no hay dolor. Se ha perdido la cultura de la lactancia (y del embarazo/parto respetado), lo que provoca diversos problemas en la relación fluida que se crea durante la misma. Además, nuestra mentalidad actual es muy diferente de la que fue moldeada por el entorno en el que evolucionó el ser humano. Hasta que la recuperemos desde lo popular y no desde el discurso biomédico, un primer paso es no mentirse a una misma y partir, al menos, de la verdad en nuestra conexión con nuestro cuerpo y nuestro bebé.

** Me niego a hablar de “educación infantil” cuando estamos hablando de bébes de pocos meses y son centros que existen como necesidad de las empresas y el sistema productivo/laboral actual. Yo he tenido la opción de no llevarlos tan pequeños pero mucha gente no tiene esa opción ni pueden elegir, dada la precariedad laboral y vital existente (de hecho solamente lo pude retrasar dos años y medio, pero al final fue). Sobre la lactancia materna, lo mismo. Si hubiera tenido obstáculos insalvables para establecerla, hubiera recurrido a la leche de fórmula sin problema, obviamente.

Relacionada:

Análisis y reflexiones en torno al informe de Goldman Sachs “Womenomics 3.0. The Time is now”

Carta a “La Paz”

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Fotografía: Alicia Bendito

Han pasado tres años y medio y una serie de acontecimientos vitales me han permitido, por fin, hablar sobre mi primer parto. Fue un parto en casa intenso y con algunos bloqueos personales. Fue un parto asistido por una matrona colegiada pero vivido en secreto, ya que pensamos que no contarlo a familiares y amigos nos protegería de sus posibles comentarios negativos respecto a nuestra decisión. La realidad es que esta visión de estar haciendo algo casi prohibido no ayuda a que el parto fluya, tampoco ayuda que no exista una coordinación real entre los partos en casa y los hospitales del Estado, como sí existe en otros países como Reino Unido y Holanda.

Si hay un problema no eres bienvenida en determinados hospitales estatales y llegas estigmatizada. Por otro lado, algunas personas elegimos parir en casa porque no estamos de acuerdo con cómo se aborda el parto normal en los hospitales, de una forma demasiado intervencionista y muchas veces violenta, y porque pensamos que la experiencia va a ser más respetada en nuestro propia casa, siempre que sea un embarazo de bajo riesgo y se cumplan unas medidas de seguridad. Pero, ¿puede ser seguro si somos personas non gratas en los hospitales que hemos elegido en nuestro plan de parto o son los más próximos para atender las posibles complicaciones?

Es la pescadilla que se muerde la cola. Este divorcio entre dos mundos, el del parto en casa y el mundo hospitalario, significa que se convierten en antagónicos cuando deberían trabajar conjuntamente o complementarse.

La aproximación a la memoria de este evento tan trascental en nuestras vidas ha necesitado de varios años de reposo y un nuevo parto lleno de oxitocina natural, un parto imparable, doloroso y sencillo para poder abordar la vivencia pasada del primero. Es decir, he necesitado que el tiempo y la madurez me ayudaran a enfrentarme a lo vivido y pudiera volver al pasado para cerrar un ciclo y darle un sentido. El segundo parto me ha dado la energía y la fuerza para que sea más fácil hablar del primero, pero aunque no hubiera tenido más hijos también habría escrito esto tarde o temprano. Pensar que pasando página los traumas se curan solos creo que es un error. Nunca se van, solamente parecen dormidos, como fantasmas que vuelven a atormentarte una y otra vez… Hay que mirarlos a la cara, aunque duela, para poder superarlos y salir reforzadas.

Con la esperanza de que mi experiencia pueda servir a otras personas en la toma de sus decisiones y que mejore el trato humano recibido en los hospitales me atrevo a compartir un parte de mi intimidad y mis vivencias personales (¡gracias a todas esas valientes que se han atrevido a hablar de violencia y agresividad en sus partos y pospartos antes que yo!). Tenemos que ser conscientes que el silencio, independientemente del lugar donde se desarrollen los partos, colabora con la perpetuación de las malas prácticas e impide que las cosas mejoren. No es una queja al uso porque en realidad lo que busco es un cambio y una entrevista con las personas que no me trataron en el hospital como yo creo que debían haberlo hecho. No me interesa ni el dinero ni el victimismo. Me hago responsable de mis decisiones para bien y para mal, reconozco mis aciertos y mis errores.

Sobre los bloqueos personales me gustaría hablar largo y tendido pero tendría que hacerlo en otro post. Casi cuatro años después de la experiencia lo puedo decir y repetir una y otra vez burlándome de mi orgullo: no lo podía saber en ese momento y ningún curso podía prepararme, pero no estaba preparada para un primer parto domiciliario dadas mis circunstancias vitales durante ese embarazo (lo viví en pleno conflicto laboral y sin maternaje), la mochila que llevaba a cuestas de adoctrinamientos varios y la pérdida de la cultura del parto en casa. Además, creo que tenía que haber sido trasladada al hospital mucho antes de lo que lo hicimos. Pero todo ello no es motivo ni justificación para todo lo que vino más tarde. Por mucho que lo intentaran, ni me averguenzo ni me autoodio.

Después del traslado, fui maltratada en el hospital por haber parido en casa y se me dio de alta sin tratar, sin advertirme ni marcar un tratamiento o un control sobre mis niveles de hemoglobina en sangre lo que me puso en verdadero peligro durante el primer mes de vida de mi hijo. Todavía pienso que fue un milagro que consiguiéramos mi hijo y yo establecer la lactancia materna como lo hicimos en esas circunstancias. Hasta hubo quien pudo pensar que sufría depresión posparto cuando lo que tenía era una anemia terrible…

Me encuentro, por tanto, en terreno de nadie. Las personas que no aprueban el parto domiciliario asistido por matronas dirán que soy una irresponsable y creerán que este escrito les da la razón. No es así y la experiencia holandesa, entre otras, creo que lo avala. Esto no impide tratar de comprender y asumir las dificultades crecientes que se observan también en los partos en casa y que bien señala Michel Odent en su último libro (por ejemplo, se detecta que cada vez son más largos). Por otro lado, las personas que apoyan el parto en casa casi nunca hablan de las experiencias que no salen bien, no se habla de los que tienen problemas y casi nadie publica sus historias de parto dificultosos o que tuvieron que requerir un traslado al hospital.

Esta es la carta que he enviado a La Paz (he borrado los datos personales o características físicas que pudieran identificar a personas concretas) para quejarme del trato y solicitar una entrevista con las personas que me atendieron. Puede que tenga un estilo demasiado “legalista” y quizás frío. No es mi “idioma” pero he preferido usar el formato que creo que mejor comprenderán y al que están acostumbrados, mezclándolo con palabras que salen del corazón. Escribirlo ha sido muy sanador y se han curado muchas heridas… No quiero guerra, quiero paz, pero no una falsa “Paz” después de la Guerra (Civil), como bien ilustra el origen del nombre de esa institución

 

AL CENTRO HOSPITALARIO PÚBLICO UNIVERSITARIO “LA PAZ”

SERVICIO DE ATENCIÓN AL USUARIO

PASEO DE LA CASTELLANA, 261, 28046, MADRID

Madrid, 30 de octubre de 2015

Yo, Tania Gálvez San José, ante este organismo comparezco y formulo esta queja contra el trato recibido en el servicio de Maternidad del Hospital Universitario de La Paz y solicito entrevista con la matrona de la planta nº11 que me atendió mientras estuve ingresada (cesáreas) o el Jefe de Servicio de Obstetricia y Ginecología de la Maternidad de La Paz en su defecto por los siguientes

MOTIVOS

Primero.- En 7 de abril de 2012 a las 22:20 nació mi hijo en mi domicilio del barrio de Tetuán de Madrid, en un parto en casa asistido por una matrona colegiada y especializada en este tipo de partos. Todo el embarazo fue seguido en el centro de salud y de especialidades José Marva de Madrid, siendo un parto de bajo riesgo y, en el plan de parto presentado a mi matrona quedaba previsto que, en caso de surgir cualquier complicación o urgencia durante el mismo (como fue el caso), el hospital elegido por su cercanía para mi asistencia sería La Paz.

Segundo.- Después de nacer mi hijo decidimos llamar al Samur 112 y desplazarnos a La Paz ya que la placenta no era expulsada y consideramos que era más seguro, dada la evolución del parto, extraerla en un medio hospitalario y comprobar que no quedaban fragmentos con un ecógrafo. Además, después del nacimiento había perdido el conocimiento durante unos instantes y me fue administrado suero por este motivo.

Una vez que llegamos a La Paz para extraer la placenta (mi bebé y yo juntos en todo momento) recibí el comentario hiriente de dos ginecólogas que me dijeron, sin motivo aparente, que “dejara de reirme, que lo mismo tenían que hacerme un legrado con anestesia general”. En ningún momento, como comprenderán dado mi estado, estaba riéndome. Sólo intentaba mantener la calma y una actitud cordial, quizás sonriendo (¡acababa de nacer mi primer hijo y de convertirme en madre!), pero en ningún momento faltando al respeto como sí se me faltó a mí. Ese comentario me hizo bajar de repente a la dura realidad amenazante de un hospital como el suyo. Tenía que dejar de sonreir, lo que hice asustada al instante. Llegó otro ginecólogo y tirando de la placenta (no sentí ningún dolor en ningún momento) salió. Su trato fue respetuoso, hizo su trabajo de forma correcta sin realizar comentarios ni juzgar (en el informe clínico, historia clínica XXXXXX, pone “alumbramiento extracción manual de placenta a las 2:30 horas del día 08-04-12. Placenta completa. Membranas completas”). Las ginecólogas de antes revisaron con el ecógrafo que no quedaran restos, exploraron con la mano y me subieron a planta. Mientras, a mi hijo le hicieron todas las pruebas y mediciones que consideraron pertinentes. Me hubiera gustado que no me lo separaran de mí y que esas pruebas se hubieran hecho en otro momento.

Tercero.- Una vez en planta (XXXXX), el maltrato psicológico y verbal por parte de diferentes enfermeras, matronas y auxiliares continuó. Se continuó criticando y opinando sobre mi decisión de parir en casa, invadiendo mi intimidad y cuestionando mis ideas. Durante toda mi estancia (desde el 8-11 de abril de 2012) se hacían comentarios no solicitados o preguntas sobre mis motivos para haber elegido parir en casa o juicios de valor negativos sobre mi decisión. Hasta el punto de que una profesional, a la que le estaré eternamente agradecida por haberme enseñado a amamantar y por haberme defendido de los comentarios hirientes de sus compañeras, les dijo a algunas de ellas que pararan. Ese es el tipo de profesional respetuoso, valiente, no corporativista y que, sobre todo, realiza bien su trabajo que debería ser el emblema de su institución.

Cuarto.- Después de dos noches sin dormir cada vez que el personal sanitario entraba en la habitación se hacía sin las mínimas condiciones de respeto como hablar bajo o no encender las luces, condiciones que sí se contemplan en otros hospitales a día de hoy (he visto carteles en este sentido en los paritorios del 12 de Octubre y sí se respeta en el hospital de Torrejón). En nuestra habitación se entraba a cualquier hora del día o de la noche sin llamar, encendiendo luces y haciendo ruido, incluso cuando dormíamos o lo intentábamos.

Cinco.- Al día siguiente de nuestra llegada, la matrona me dijo que me tenía que duchar. Le dije que creía que me iba a caer porque me notaba muy débil y ella insistió. Efectivamente, me derrumbé y ella casi ni me podía sostener. ¿Era necesario dar órdenes como si estuviéramos en el Ejército o en la Mili? ¿Por qué tenía que ducharme si no me encontraba bien? Recuerdo que en los análisis de sangre que me fueron realizados en la madrugada del 8 de abril, a mi ingreso, tenía unos valores de hemoglobina en sangre de 8,2. Esto no lo supe hasta que solicité mi historia clínica un mes después y la recibí un tiempo más tarde.

Sexto.- Al día siguiente de mi ingreso no conseguía orinar con normalidad y me pusieron una sonda. Me quejé de que tenía sensación de cistitis, me hicieron un análisis y lo descartaron. Sin embargo, la sensación de cistitis fue a más durante los siguientes días. Al salir de La Paz fui a mi centro de salud, analizaron la orina y efectivamente tenía cistitis. Una vez que me tomé la medicación mi vida cambió a mejor. En el hospital relacionaron mis dificultades para orinar a que como el parto había sido en casa no había sido sondada como se hace en el hospital. También se achacó mi nerviosismo y ansiedad para ser sondada a un supuesto estrés por el parto en casa, en realidad mi ansiedad era creciente debido al maltrato recibido nada empático con mi persona y cuyo único objetivo era culpabilizarme y amonestarme por mi decisión personal de parir en casa asistida por una matrona colegiada.

Séptimo.- Una enfermera o auxiliar (no lo sé) hizo comentarios burlones criticando costumbres de otras culturas (y de la nuestra antes de la industrialización) como el descanso en la cuarentena. En concreto, sobre mi compañera de habitación, hindú y la costumbre existente en su país de descansar durante 40 días en cama y ser cuidada por la familia/comunidad. A este respecto me gustaría comunicar para su reflexión, que ya me gustaría a mí que aquí en España existiera esta costumbre todavía hoy en día, donde después de parir nos encontramos cansadas y solas entre cuatro paredes junto a un bebé en brazos y sin ninguna experiencia para criarlo, bebé al que hay que cuidar y alimentar durante las 24 horas del día, estemos anémicas (como fue mi caso) o no. No estamos enfermas pero necesitamos ayuda y un trato al menos respetuoso si es que no puede ser cariñoso o empático.

Octavo.- Uno de los días de mi ingreso en la maternidad de La Paz vino a visitarme una amiga. La matrona/enfermera, antes citada con el tema de la ducha, me dijo que moviera mi mesa (estaba comiendo) para no invadir el espacio de la otra familia y así lo hice sin quejarme, oponer ninguna resistencia o emitir comentario alguno (tampoco la otra familia hindú, de la que me hice amiga, se había quejado de nada). En ese momento dijo “tú sólo sabes molestar”, sin que yo hubiera dicho o hecho nada. Mi amiga se quedó muy sorprendida e indignada por el trato que estaba recibiendo.

Noveno.- Dejo para el final el error más grave de los tratos recibidos. La negligencia de darme el alta sin informarme de mi nivel de anemia y sin recetarme hierro ni la correspondiente revisión/análisis de sangre en mi centro de salud. Al llegar a La Paz se me realizaron análisis de sangre que dieron como resultado (8 de abril de 2012 a las 2:54) un nivel de hemoglobina de 8,2. Sin embargo, en la hoja de “registro de urgencias” no pone nada en “recomendaciones al alta”. En la hoja evolutiva en “tratamiento” tampoco pone nada. En el informe clínico en Tratamiento pone “no precisa” (nº de Historia Clínica XXXXXX). En la historia clínica hay una hoja con un texto escrito a mano en el que se habla del tratamiento para mi dificultad para orinar y el respectivo sondaje, pero no pone nada de que debiera tomar hierro o de que se estuviera valorando una transfusión. Esta negligencia provocó que los primeros días en casa me encontrara muy débil, con taquicardias al subir las escaleras de mi domicilio (un tercer piso sin ascensor), palidez extrema y que incluso hablara en sueños.

El día 27 de abril me realicé análisis de sangre en mi centro de salud de la calle Villaamil dando como resultado 7,6 de hemoglobina. Mi médico nos llamó alarmado a nuestros teléfonos personales al ver los datos y recomendó que volvieramos de urgencias a valorar transfusión. Eso hice e ingresé de nuevo ese mismo día con alta el 28 de abril (planta XXXX). A mi salida, después de la correspondiente transfusión, tenía 10,3 de hemoglobina y esta vez sí salía de La Paz con el tratamiento de Ferrosanol 100 2 pastillas diarias. Todos los síntomas antes citados desaparecieron. Considero que mi vida estuvo en peligro debido a esta negligencia médica y que hay una relación entre la misma y los prejuicios contra el parto en casa que existen en el personal sanitario de La Paz.

Por todo lo expuesto, además de interponer una queja por el maltrato recibido

SOLICITO

Primero.- Una entrevista con la jefa de las matronas/enfermeras de la planta XX que me atendió. No sé su nombre, solamente recuerdo que tenía el pelo XXXXX y XXXXX. Me gustaría poder exponer mi opinión sobre el trato recibido y la falta de respeto a mis ideas y opciones sobre el parto en igualdad de oportunidades, ya que cuando las sufrí no podía defenderme ya que me encontraba en uno de los momentos más vulnerables de mi vida: acababa de nacer mi hijo, tenía mucha anemia y me encontraba psicológicamente traumatizada por el trato recibido. El objetivo que mueve la petición no es el revanchismo o la búsqueda de una indemnización económica, sino iniciar un diálogo que conduzca a que ninguna otra mujer, ni por consiguiente su bebé, tenga que pasar por lo que yo pasé en la Maternidad de La Paz.

Segundo.- Que se cumpla y se respete en la Maternidad de La Paz:

– El artículo 14 de la Constitución Española:

Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

– La Declaración de Lisboa de la Asociación Médica Mundial:

1a. Toda persona tiene derecho, sin discriminación, a una atención médica apropiada.

2a. El paciente tiene derecho a elegir o cambiar libremente su médico y hospital o institución de servicio de salud, sin considerar si forman parte del sector público o privado.

Solicito, por tanto, que no se cuestionen las ideas sobre el parto en casa, como tampoco deberían cuestionarse las opciones de vida, las ideológicas, políticas, culturales o religiosas de los pacientes, o de cualquier otro aspecto de su vida privada. Así mismo no se debería proporcionar un peor servicio o realizar acoso verbal o psicológico a las personas que paren en casa y que, por el problema que sea, tienen que ser trasladadas a su hospital. Por ejemplo, como tampoco se le debería cuestionar a un ciclista que llega de urgencias por un accidente de tráfico su opción de usar ese medio de transporte en la sala de operaciones o en su posoperatorio. Se le debe atender bien, dentro del mutuo respeto que debe existir en cualquier relación humana. Además, si en un futuro la Seguridad Social financiara el parto domiciliario seguirían siendo los hospitales los que atenderían los partos de riesgo y los domiciliarios en los que surgen complicaciones, existiendo una buena comunicación y coordinación entre matronas de parto en casa y maternidades hospitalarias, lo que repercutirá en mejores partos, más seguros para las mujeres y sus hijos.

Tercero.- Que todo el personal de la Maternidad de La Paz tenga acceso a la siguiente información para su consiguiente reflexión, dados los prejuicios contrarios a la evidencia científica respecto del parto domiciliario del anterior Jefe de Servicio de Ginecología de La Paz, Antonio González González[1]:

  • El parto en casa no es una práctica ilegal en nuestro país.
  • El parto en casa asistido por una matrona colegiada no es una imprudencia[2]. El Colegio Oficial de Enfermería de Barcelona ha editado una guía para su asistencia[3]. Cuando se han dado tres condiciones básicas de seguridad en el nacimiento: unicidad (exclusión de gemelos u otros partos múltiples), embarazo a término y asistencia sanitaria, el desarrollo del parto en casa no ha estado asociado, tampoco en España, a un mayor riesgo para la supervivencia del bebé[4].
  • En el Reino Unido el parto en casa está subvencionado por la Seguridad Social desde el año 2009 y existe una coordinación entre matronas y hospitales. El parto en casa se contempla como una opción segura y legítima (ver las recomendaciones del National Institute for Health and Care Excellence[5]). Es normal el traslado al hospital cuando surge alguna complicación o se prevé que pueda surgir.
  • Incluso aunque el parto en casa fuera una práctica ilegal, que no es el caso, o se hubiera realizado sin asistencia médica o incluso de forma temeraria en un embarazo de alto riesgo, el deber de los profesionales sanitarios no es juzgar, amonestar o castigar a los pacientes sino tratar de curarlos. Emitir juicios cuando ni siquiera el paciente se puede defender ni exponer su punto de vista al mismo nivel es, además, vil y cobarde.

Por todo ello, SOLICITO que admita este escrito, tenga por formulada esta reclamación y también que apruebe mi petición de entrevista con la responsable de la planta XX en la que estuve ingresada o en su defecto el Jefe de Servicio de Obstetricia y Ginecología de la Maternidad de La Paz. Espero me comuniquen su decisión y la posible fecha de esta entrevista en el plazo más breve posible.

Firma:

[1] http://www.laopiniondezamora.es/zamora/2012/09/02/oigo-parto-agua-ponen-pelos-punta/624293.html?fb_action_ids=10153614539396138&fb_action_types=og.recommends

[2] La Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME) pide que la sanidad pública financie el parto domiciliario: http://www.federacion-matronas.org/rs/1331/d112d6ad-54ec-438b-9358-4483f9e98868/043/fd/1/filename/posicionamiento-parto-domiciliario-fame-def.pdf

[3] www.coib.cat/uploadsBO/Noticia/…/GUIA%20PART%20CAST.PDF

[4]http://rua.ua.es/dspace/bitstream/10045/22935/1/ec7773_v8n1_2012_ENFERMERIA_COMUNITARIA_REVISTA_DIGITAL_ISSN-_1699-0641.pdf

[5] http://www.nice.org.uk/guidance/cg190/chapter/1-recommendations#place-of-birth

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ACTUALIZACIÓN 4 DE DICIEMBRE DE 2015

Hace unas semanas me llegó esta carta de La Paz a mi domicilio. Las disculpas están bien, pero yo solicitaba una entrevista personal y eso lo han obviado. Aunque esa persona concreta esté jubilada imagino que habrá algún responsable que no lo esté.  También obvian toda la parte relativa a la negligencia médica.

La respuesta me parece agridulce. Creo que algo está cambiando en ese hospital pero a la vez me molesta que ciertos profesionales se jubilen sin saber todo el daño que han hecho. Por otra parte, las ginecólogas que me atendieron en un primer momento eran jóvenes, aunque quizás ya ni trabajen allí. En cualquier caso yo me he quedado muy a gusto escribiendo mi carta y sabiendo que en algo va a contribuir al buentrato y el respeto a las madres y los bebés.

Por cierto, en otro orden de cosas y a pesar de que sea casual, es muy simbólica la fecha elegida (20-n), dado que el nombre de “La Paz” simbolizaba y celebraba el 25 aniversario de la victoria de la sublevación militar franquista (50 + 25 = 75 años de la finalización de la Guerra Civil en 1939).
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