Entrevista en El Ecomensajero Digital / VidaSana sobre “Bebés sin pañales. Nuestra experiencia”

Hoy os dejo el enlace de una entrevista que me han hecho en El Ecomensajero Digital, publicada en la web de VidaSana: http://vidasana.org/noticias/el-libro-bebes-sin-panales

El libro cuesta 12 euros y se puede encargar en info@lasinterferencias.com

 

Entrevista en El Blog Alternativo sobre el libro “Bebés Sin Pañales. Nuestra experiencia”

Aquí os dejo el enlace de la entrevista que me han hecho en El Blog Alternativo a propósito de mi libro Bebés “Sin” Pañales. Nuestra Experiencia: http://www.elblogalternativo.com/2017/05/19/higiene-natural-del-bebe/

Si os interesa comprar el libro, lo podéis comprar escribiéndome un correo a info@lasinterferencias.com y después de una transferencia bancaria os lo envío por correo.

También lo podéis comprar en estas librerías: http://www.lasinterferencias.com/2017/05/11/mi-libro-bebes-sin-panales-nuestra-experiencia/

Mi libro: Bebés “sin” pañales. Nuestra experiencia

Con mi primer hijo, aunque usé pañales de tela, aprendí a comunicarme con él para entender cuándo iba a hacer pis y caca y ponerle en el baño, en una palangana o en el lugar que fuera. Esto es algo que se hace en muchas culturas del mundo: desde algunas africanas como las de los cazadores-recolectores Kung a la cultura china o la india, pasando por la de los inuit. Vivir esta experiencia por mí misma me llevó a plantearme por qué esto no sólo no era conocido por el gran público sino que, desde los años sesenta, se impuso un paradigma de enseñanza en el uso del orinal desde las asociaciones de pediatría, tanto la estadounidense como ahora también la española, que contradecía de plano mi vivencia directa. Me sorprendió saber que este paradigma de enseñanza tardía impulsado por el pediatra Terry B. Brazelton, en paralelo con la comercialización en masa de los primeros pañales de usar y tirar, fuera el único que se conoce y difunde en Occidente desde hace 55 años. Pero más me sorprendió y entristeció saber que en India y China se está tratando de exportar con éxito este modelo, en paralelo a otros muchos cambios sociales, familiares y laborales.

Si quieres saber más sobre la llamada “higiene natural del bebé” o eso conocido en el mundo anglosajón como “comunicación de la eliminación” (elimination communication) te animo a leer mi libro. En él no encontrarás una experiencia idílica sobre la crianza, es más, con mi segundo hijo no he podido llevarlo a cabo por puro desbordamiento. Sin embargo, sí pienso intentarlo con mi tercer hijo, ya que estoy comprobando por experiencia directa, de nuevo, lo complicado que es quitarle los pañales a un bebé al que se le ha acostumbrado a hacer sus necesidades en él. Sí, acostumbrado. Nacemos con una ventana de oportunidad para sintonizarnos mutuamente en este tema durante los primeros meses de vida y, después, esa ventana de comunicación se cierra y el bebé deja de colaborar y se desconecta en este aspecto de su vida.

El libro lo he autoeditado con la Editorial Manuscritos porque me gusta tener libertad total sobre mis textos y no tener que autocensurarme para gustar a tal o cual público objetivo. He hecho muy poquitas copias de esta primera edición y no sé si las venderé todas o tendré que regalarlas. En cualquier caso, lo que tenía que decir, lo he dicho y ahí queda. No es seguramente el libro que escribiría ahora y muchas de las cosas que digo me resultan ahora graciosas vistas en la distancia pero, ¡qué se le va a hacer! ¡Era mi edad del pavo de la maternidad y todo era nuevo! Además, todo libro es algo muerto, inamovible e incapaz de captar la complejidad de la vida real.

Podéis comprarlo en estas librerías:

Se puede encontrar en estas otras librerías a través de la distribuidora pero también os digo que, no es que recupere el dinero, ¡es que con el precio que le he puesto, su coste de edición (en una tirada tan pequeña) y los intermediarios, pierdo dinero con cada ejemplar vendido por este medio! Así que os agradezco que me lo compréis a mí directamente, si puede ser:

Este libro, “Bebés sin pañales. Nuestra experiencia” lo escribí en su mayor parte durante los primeros dos años de mi hijo, pero no ha sido hasta ahora que he tenido el tiempo de reunir y corregir los textos para publicarlo. En él cuento nuestra experiencia al aprender a comunicarnos con nuestro bebé para usar el mínimo de pañales posible pero también explico en qué consiste la higiene natural del bebé. Para ello, me he acercado a estos temas desde varios puntos de vista a través de la historia, la antropología y la ciencia, sin olvidar la práctica y las experiencias reales de madres mediante entrevistas y traducción de sus textos.

Su precio es de 12 euros más gastos de envío y puedes pedirlo en info@lasinterferencias.com

Por ejemplo, el precio que cobra Correos por los gastos de envío más el sobre acolchado dentro de España son 3,13 euros y para Argentina son 14 euros.

Texto de la contraportada:

Según diferentes estudios, cada niño gasta entre 5.000 y 6.000 pañales y cada uno de esos pañales tardará entre 250 y 500 años descomponerse. ¿Cuánta energía, árboles y plástico son necesarios para fabricar los pañales de usar y tirar? ¿Cuánta energía se derrocha en lavar los pañales de tela?

Tenemos una responsabilidad sobre los desechos contaminantes que dejamos en el mundo que habitarán nuestros hijos y nietos. No deja de ser una paradoja que para que nuestros bebés no manchen la ropa o nuestro hogar permitamos ensuciar nuestro hábitat. Por criterios de comodidad, aceptamos ser agentes activos en la depredación y contaminación de la naturaleza, nuestro hogar y el de las próximas generaciones.

Creo que el cuidado de nuestro ecosistema necesita que cuidemos a nuestros bebés de otras formas. Debemos encontrar diferentes maneras de abordar los cuidados en general: el cuidado a las madres solitarias, el cuidado a los que cuidan; recuperar los vínculos ancestrales con nuestras raíces, nuestros linajes. No es fácil cambiar una pequeña parte de las cuestiones importantes sin modificar el todo de forma integral.

Otra información:

  • Nº de páginas: 234 págs.
  • Encuadernación: Tapa blanda
  • Editorial: MANUSCRITOS
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788494593130

 

Fragmento del libro “Chips Espías”

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Una de las pseudoparadojas más importantes de la realidad actual en la que estamos inmersos es que los estados, los gobiernos van en busca del control total y de la transparecian de los gobernados mientras que ensalzan el secreto de estado y la falta de transparencia sobre sí mismos. Es evidente que esto no es ninguna contradicción, una cosa lleva a la otra. Pero las tornas deberían cambiar, ya que son las personas que están en cargos de poder los que tendrían que ser transparentes en el ejercicio de ese poder y no tendrían que impedir que los gobernados accedieran a toda la información. Como en el asunto de la reproducción artificial, se impone el anonimato a los niños pero los de arriba, los médicos y biólogos de las clínicas, sí tienen acceso a la información de los “donantes”: fotos, color de ojos, medidas, antecedentes sanitarios… Desde el poder se nos imponen o se nos quieren vender bases de datos genéticas para protegernos mientras no existe ningún registro oficial que limite y compruebe el número de hijos máximo que pueden producirse con los gametos de una sola persona. La asimetría en el acceso a la información no es casual, es un arma de guerra.

Reproduzco un pequeño fragmento del libro “Chips Espías.  Cómo las grandes corporaciones y el gobierno planean monitorear cada uno de sus pasos con RFID” de Katherine Albrecht y Liz McIntyre:

Pg. 216:

La vigilancia es poder

A los gobiernos les gusta asegurar a sus ciudadanos que la vigilancia les ofrece más seguridad, pero la vigilancia probablemente garantizará más la seguridad del régimen en el poder que lo que protegerá a la ciudadanía. Una vez que las herramientas de vigilancia están en su lugar, los gobiernos se sienten tentados a usarlas para identificar y acosar a las personas que se oponen a su mandato, sean miembros de partidos políticos opositores (piense en Watergate) o ciudadanos que actúan en pro de un cambio pacífico (piense en Martin Luther King, o, más recientemente, en Sara Bardwell, de veintiún años, y miembro del grupo “Food not Bombs” (Alimentos, no bombas) que cocina para los individuos sin techo y que fue recientemente intimidada por el FBI a causa de sus protestas en contra de la guerra en Irak). La vigilancia por el estado tiene un efecto escalofriante en la disposición que tienen las personas de luchar por cambios sociales y de eliminar el abuso. En un estado de vigilancia, las personas se mantienen calladas y se conforman. Y por supuesto, eso es lo que prefiere el gobierno.

(…)

Hasta ahora, mantener la separación entre el conocimiento público y privado de nuestras posesiones ha sido un proceso tan intuitivo y sencillo como es respirar. Si un extraño no puede ver algo, ni escucharlo, olerlo, tocarlo o gustarlo, no se entera de que existe. Siempre hemos mantenido nuestra privacidad por medio de actos físicos sencillos tales como meter algo en una caja o bolsa, donde sabemos que otros no podrán verlo. Cada vez que usted envuelve un regalo, mete una carta en una gaveta, cierra una puerta, oculta dinero bajo su colchón, o coloca algo en sus bolsillos, está confiando en esta suposición básica. Es el puntal de nuestras nociones de seguirdad y privacidad física.

Sin embargo, al crear una especie de vista de rayos X capaz de penetrar bolsillos, paredes y papel  de envolver, los partidarios de los chips espías esperan cambiar todo eso. Su tecnología abre la puerta a una “sociedad transparente” en la que todo lo que hacemos puede ser supervisado, sometido a escrutinio y observado por otros. En el futuro, aun entrar a su casa y cerrar sus puertas podría no protegerle contra los ojos curiosos del mundo exterior. El resultado final podría ser tan dañino para el mundo social como lo sería la energía nuclear mal utilizada para el mundo físico. Y al igual que la energía nuclear, los efectos secundarios podrían tardar años en reconocerse plenamente.

(…)

A medida que la Policía y otros agentes del Estado vayan aprovechando cada vez más el poder del arsenal creciente de tecnologías de vigilancia que tiene el sector de ventas, pronto podríamos encontrarnos en la pesadilla totalitaria descrita por George Orwell en 1984.”

Este libro fue publicado en 2005 y mucho de lo que cuenta ya ha quedado sobrepasado por las últimas medidas de implantación de las tecnologías RFID en la sociedad, tanto comerciales como directamente de control social y represivas. No hay escapatoria al Gran Hermano. Creo que en el monedero tengo unas cuantas tarjetas RFID (la del dni, la del trabajo, abono transportes, ¿el carnet de conducir?, creo que la tarjeta sanitaria todavía no…). Es el sueño del biocontrol total. Las empresas adjudicatarias del anterior DNI electrónico fueron Telefónica, Indra (nombre que tiene su origen en el Dios de la Guerra hindú) y Software AG. Supongo que pensamos: “da igual que me vigilen, no tengo nada que esconder”, pero no se trata de eso, se trata de libertad y dignidad como seres vivos. No tengo nada que esconder pero mi casa no tiene paredes transparentes y reclamo mi intimidad. Los anuncios del Estado me explican muy bien que si me mira el móvil mi novio para controlarme es maltrato. ¿Y qué pasa cuándo es el propio Estado que dice protegerme el que me vigila, rastrea, incluso pretende que una tarjeta que va en el bolso permita “la comunicación con móviles inteligentes a través de una antena de radiofrecuencia y vía NFC”. Esto es neopatriarcado. Y en lugar de denunciarlo, hay grandes sectores de la población en silencio o pensando que realmente hará su vida más cómoda o segura, cuando realmente es todo lo contrario, se crea más inseguridad porque hecha la ley hecha la trampa, hecho el código, hecha la posibilidad de decodificarlo. Todos los partidos políticos son tecnólatras y fuera de los partidos… ¿Hay vida fuera de los partidos y las sectas ideológicas? Somos nosotros mismos los que terminamos pidiendo esos controles desde estados de shock provocados y amplificados por los medios de comunicación.

“Ha ofrecido su pecho a tu boca durante tres años, con paciencia…”

Sigo leyendo este libro a ratitos…

9788495414441
“Duplica los panes que debes dar a tu madre.
Llévala como te ha llevado.
Ha cargado muchas veces contigo,
Y no te ha dejado en el suelo.
Luego que te dio a luz tras tus meses,
Ha ofrecido su pecho a tu boca durante tres años, con paciencia
Te ha llevado a la escuela,
Y mientras te enseñaban a escribir,
Ella se sostenía durante tu ausencia, cada día, con el pan y la cerveza de su casa.
Ahora que estás en la flor de la edad, que has tomado mujer y que estás bien establecido en tu casa, dirige los ojos a cómo se te dio a luz, a cómo fuiste amamantado, como a obra de tu madre.
¡Que no tenga que vituperarte,
ni levantar las manos a Dios!
¡Y que Dios no tenga que oír su queja!
(Máximas de Ani. Reino Nuevo).

“Amar con los brazos abiertos”, un libro de Kika Baeza

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Ayer me leí de un tirón el libro de Kika Baeza, profesora del curso de asesoras de lactancia materna que estoy haciendo este año, y me emocionó muchísimo. Me gustaría reseñar aquí los aspectos más interesantes del libro:

– Empiezo con una de las cosas que no me han gustado demasiado y es que Kika dice que la “crianza con apego” es lo normal, lo adecuado (pg.33). Creo que lo que ha hecho la humanidad durante milenios es una cosa o, mejor dicho, muchas cosas muy variadas, y la llamada “crianza con apego” es un concepto difundido por el pediatra estadounidense William Sears en el siglo XXI. No es lo mismo hablar de la crianza en la Esparta del siglo VIII a.C. o de la crianza en el Japón del siglo XVIII o en la Mongolia del siglo XXI. Creo que decir ese tipo de frases es caer en simplismos innecesarios. Otra cosa es que sea lo adecuado. Yo no lo sé, seguramente sí, pero en mi opinión criar con amor pero sin etiquetas ni gurús es muuuuuuuucho más adecuado, al menos en el contexto actual.

– Me ha encantado, ya me gustó en el curso, cómo explica el mecanismo de las defensas de la lactancia materna. Voy a intentar explicarlo con mis propias palabras… La madre se infecta de una bacteria cualquiera y produce defensas en su intestino frente a ella. Estas defensas pasan a desde el pecho a la leche y de allí al bebé. Las células de defensa atrapan a las bacterias y les quitan la capacidad de infectar, por eso, cuando el bebé mama y traga esas bacterias “inactivadas” no son capaces de infectarle. Cuando llega la bacteria de la calle a la garganta del bebé e intenta infectarle no puede porque ya ocupa su lugar las bacterias inactivadas. Ella lo explica mucho mejor que yo…

También me ha parecido muy interesante el tema de las defensas y la guardería. Los bebés que son amamantados y van a la guarde se ponen menos enfermos que los que no son amamantados, pero aún así, mucho más que los que maman y no van a la guarde. ¿Por qué pasa esto? Pues porque la madre produce defensas para las bacterias con las que tiene contacto. Al estar en la guarde, el bebé tiene contacto con bacterías con las que la madre no ha convivido, con lo cual no puede defenderle. Por eso, entiendo que mi hijo al estar con sus abuelos tres tardes a la semana estará más defendido que si fuera a la guarde. Primero, porque no está en un ambiente lleno de bacterias, pero además, está en un espacio en el que yo también convivo un tiempo diario, aunque menos tiempo que él, obviamente. ¡Qué pasada! Y yo me pregunto, ¿no sería interesante entonces, si llevamos a nuestro peque a la guarde, pasar un tiempo con los niños en el aula para poder “contagiarnos” y poder producir defensas para ellos?

– Me he sentido muy identificada con lo que dice de las mujeres que han decidido “no dar el pecho”. Muestra una gran humanidad al reconocer sus propios fanatismo iniciales y valorar su evolución hacia ser cada vez más comprensiva y empática con las mujeres.

– Después, Kika Baeza habla sobre la forma de nacer y la influencia sobre la lactancia. Es alucinante comprobar la cantidad de interferencias que se producen “por protocolo” que se podrían evitar y que evitarían, valga la redundancia, muchos problemas posteriores. Interesantísimo, tanto el ejemplo de parto habitual como el de la cesárea programada de una de las mujeres a las que ella acompañó.

– Lo comento por separado porque lo merece el tema. ¿Alguien te explicó que podías extraerte calostro tú misma en lugar de darle un suplemento de fórmula nada más nacer? A mi desde luego no. Al parecer nuestro cuerpo produce calostro los últimos meses del embarazo, lo que se podría enseñar y probar algún día antes de que naciera el bebé como entrenamiento, para guardarlo, o si se sabe que va a ser cesarea seguro*… Además, estimula la producción. ¡Se trata de conocer nuestro cuerpo! Y encima, al ver que sale calostro ganaríamos tantísima seguridad en un momento vulnerable…

– Un tema de los más apasionantes del libro es el que respecta a la crianza biológica o postura reclinada en la que los bebés son capaces de llegar al pecho por sí mismos y conseguir un buen agarre, lo que evitaría muchos dolores y grietas. Los bebés pueden hacer esto hasta los tres o cuatro meses. ¿Alguien te la enseñó antes o después del parto? ¿A que no? Todas terminamos amamantando en posturas que no invitan a un buen agarre y sí a las griestas y a las contracturas por todo el cuerpo. Hay que aprender a repanchingarse. Y yo me pregunto, ¿hay alguna cultura o en alguna época se ha amamantado en esta postura? ¿Cómo es posible que tengan que ser investigadoras del siglo XXI las que han tenido que descubrir o redescubrir que los instintos y reflejos del bebé tienen un sentido en esta postura? Alucinante. Yo creo que no lo he visto ni en los cuadros de vírgenes amamantadoras ni en estatuillas de Isis con Horus, ni en ningún otra imagen. ¡Si tengo otro bebé lo probaré sí o sí!

– Muy interesante es la reflexión que hace Kika sobre el “a demanda”, con la connotación que tiene de relación amo-esclavo. Nunca lo había pensado… Es cierto, casi diría que tiene un componente economicista, capitalista incluso, lo que termina cabreando a las madres que tienen que responder a demandas y exigencias. Los bebés no demandan, piden y (si no se les atiende) suplican, según cuenta Kika. Nosotros respondemos a sus necesidades. Todo parece muy fácil pero… ¡Ay! ¡Esas noches de terrores nocturnos, llantos inconsolables y pérdidas de nervios!

– Otra frase que me ha emocionado es la de la pg. 87:

“Cuando un bebé es criado de esta manera, aprende poco a poco la naturaleza recíproca de las relaciones, es el amante y el amado. Aprende los gustos y las fronteras del otro, aprende a cuidarle y respetarle, aprende a esperar cuando es necesario. Cuando sea capaz de comprender lo que le decimos y lo que le pedimos, le será más sencillo obedecer puesto que confía en nosotros. Si le apartamos de nosotros con una crianza lejana antes de que interiorice este tipo de relación, le robamos la oportunidad de aprender una reciprocidad confiada”

Y digo yo… Aprende o no aprende, porque nuestro hijo muchas veces se impone o nos planta un dedo en el ojo mientras mama, nosotros se la quitamos y le decimos que nos molesta y lo vuelven a hacer. Creo que más importante que consiga aprender a respetar al otro (a nosotras) es la propia relación y el proceso.

– La parte del biberón también es muy interesante. Si se utiliza, se puede aprender a darlo de la forma más similar al pecho, algo que casi nunca nos planteamos. Por ejemplo, imitar los flujos cambiantes del pecho y responder a la necesidad de respiración pausada.

– El capítulo 11 es muy emotivo, el más filosófico y espiritual del libro. A pesar de que la autora es católica y yo soy atea (y además creo que la Iglesia es una institución del poder y al servicio de los poderosos), me siento muy identificada con su necesidad de trascendencia y su visión de la vida. Es muy bello cómo habla de las diferentes facetas y momentos de su vida. Se nota que es una persona íntegra y con valores, lo que es tan difícil de encontrar hoy en día.

¡AMEMOS CON LOS BRAZOS ABIERTOS!

*ACTUALIZACIÓN: Lo comenté con Kika y me dijo que era mejor no sugerir esto en general no porque fuera peligroso sino porque hay mujeres que no tienen calostro hasta que nace el niño.

“Maternalias” de Cira Crespo. De la historia de la maternidad.

Hace tiempo que me leí este libro de Cira Crespo pero hasta ahora no había encontrado el momento para escribir mis reflexiones sobre el mismo:

Lo primero que me gustaría decir es que se lee muy bien, es fácil seguir el hilo conductor que marca la autora y engancha rápido. Esto es un punto positivo porque divulga conocimientos históricos que en otros libros históricos sobre estos temas son mucho más difíciles de leer, sobre todo si se es madre y se lee “a ratitos”. Un buen libro para seguir profundizando es el que me recomendó Cira después: La infancia a la sombra de las catedrales.

Como a muchas de nosotras el encuentro personal la autora con su propia maternidad disparó nuevas direcciones a su vida, renovó sus inquietudes y muestra cómo esta etapa de nuestra vida puede ser profundamente fértil en todos los sentidos.

El libro comienza explicando el origen del concepto mismo de maternidad y toca el punto clave de la crianza y el que más de cabeza nos trae a todos los padres que criamos en la sociedad actual: “la nueva sociedad que prefiguraba la economía capitalista empezaba a enfatizar valores, como el individualismo, que chocaban frontalmente con otros que requerían la crianza: colectividad, colaboración, ayuda mutua y experiencia”.

Y esa es una de las grandes virtudes del libro: pone en contexto la crianza con el sistema político y económico en el que se vive en cada época. Yo al tema de las “dos esferas” del mundo capitalista (la mujer en casa y el hombre en la fábrica) añadiría algo más. No sólo fue el capitalismo el que trajo este nuevo sistema destruyendo el mundo rural tradicional sino que fue el Estado el que tomó la iniciativa forzando y promoviendo el éxodo rural a las ciudades. Es interesante recordar que las mujeres siempre habíamos trabajado junto a los hombres en el mundo pre-industrial pero es el binomio capitalismo-estado el que nos segrega, divide y, añadiría yo, enfrenta.

El embarazo.

Sobre el capítulo del embarazo me ha parecido muy interesante cómo rescata y relaciona con precaución y un “tal vez” la figura de María con el culto a la maternidad.  Las vírgenes embarazadas fueron muy populares, sin embargo, después del Concilio de Trento fueron desapareciendo. El embarazo representado de forma visual siguió oculto hasta prácticamente el siglo XX.

El parto.

De este capítulo me quedo con la traducción de la Biblia de Erri de Luca y su “parirás con esfuerzo” en lugar del famoso “dolor”. Esto me llega profundamente ya que de mi parto (sin epidural) no recuerdo el dolor sino el cansancio. ¿Y qué decir del esfuerzo? Pues que hay que reivindicarlo. La vida no es para sufrir pero todo lo bueno requiere un esfuerzo, huir es siempre una batalla perdida. Quizás se pueda esquivar el esfuerzo en algún momento, pero volverá con otras mil caras a buscarte. La única salida es afrontarlo de frente y a por todas. No sé, es mi forma de vivir y de ver las cosas, aunque muchas veces sea la más perezosa y vaga del mundo. Esto lo tengo claro.

Cuando la autora nos cuenta cuál era la situación de la parturienta en la patriarcal Roma no se puede evitar pensar en situaciones como las de Afganistán en el siglo XXI. Sin embargo, no puedo dejar de preguntarme: ¿Por qué la legalidad romana tenía esa obsesión por asegurarse de que los hijos pertenecieran al padre? ¿Era por garantizar que realmente seguían el linaje de la sangre? ¿O había algo más?

De nuevo se vuelve a ver el empeoramiento de la situación de la mujer con la creación del estado-nación burocratizado: las comadronas debían ser examinadas ante un tribunal masculino universitario. Daba igual que su conocimiento práctico fuera muy superior al de los médicos. El parto sale de la casa y se institucionaliza en los hospitales, con sus forceps y sus cesáreas.

No puedo estar de acuerdo con Cira en que “las madres, y en general las mujeres, fuimos arrimadas a un lado, apeadas en el andén de la modernidad”, más bien fuimos víctimas y a la vez responsables del proceso, ya que las mujeres también son parte activa del mantenimiento del patriarcado: criamos a los hombres y, además, tenemos capacidad para cambiar o no las cosas, no somos solamente víctimas.

El alimento.

Muy interesante es todo el concepto de “Ostentatio Mammarum” (Ostentación del seno) que he conocido gracias a este libro. Parece ser que a lo largo de la historia, incluso en otras culturas, en los momentos difíciles había madres que enseñaban los pechos a sus hijos para hacerles recapacitar. Algo así como “estos son los pechos con los que te has alimentado, hijo mío”. ¡Qué diferencia del desprestigio actual del pecho femenino! Ahora solamente es visto como objeto cuyo erotismo es medido en tamaño, ni siquiera en belleza. La publicidad nos bombardea desde pequeñas para que nos pongamos wonder-bras o nos operemos, sin ni siquiera plantearnos que quizás más adelante en nuestra vida, nuestros pechos normales y bellos, quizás sirvan para producir el alimento de nuestros hijos y que lo demás nos parecerá secundario.

En esta parte del libro se habla de un tema que me apasiona desde que soy madre lactante: las nodrizas. En el texto que ha encontrado Cira de 1495 sobre las características de estas, hay varias que me han llamado la atención: “hay que enseñarle las costumbres del niño, hacer lo posible para que no llore”, lo que me indica que Estivill tenía poco que hacer en la Edad Media. Pero también hay otra un poco más rara “no se debe dar el pecho al niño continuamente, sobre todo por la noche”. ¿Y qué se supone que tenía que hacer si lloraba entonces? ¿Existían los chupetes? Gracias al libro me he enterado de que la lactancia en esa época duraba 2 años o 2 años y medio. ¡Para que ahora nos digan que hacemos lactancias “prolongadas”!

Sobre el papel paterno en la crianza rescato este texto: “si nos fijamos en algunas miniaturas medievales, los padres trabajan, es cierto, pero las madres también. Y las madres cuidan de sus hijos, cómo no, pero los padres también”. Es decir, todo lo que ahora nos venden como de familias “modernas” que reparten las tareas entre hombres y mujeres ya existía en la época pre-capitalista industrial. Los prejuicios sobre el mundo rural tradicional se van derrumbando… ¡Ya era hora!

Acarrear a los niños

Aquí conocemos la historia del carrito moderno pero también del porteo tradicional. Para mi gusto, un poquito escaso este capítulo. Me hubiese gustado que lo hubiera desarrollado más y conocer si hubo porteo o no en Occidente más allá de las cestas para llevar bebés que he visto en alguna ocasión. Y ya si nos ponemos, si fue ergonómico o no, jejeje… Hace poco leí que el porteo del altiplano boliviano puede favorecer la displasia de cadera, ya que los bebés ni van con la espalda en C, ni en postura ranita, ni con las rodillas por encima del culete. Van envueltos y después son cargados a la espalda.

Higiene infantil

Me gusta como la autora rompe con los estereotipos que tenemos del mundo medieval que nos han llegado a través del filtro de los ilustrados. ¡En esa época se bañaban mucho! Y a los bebés dos o tres veces al día. Es llamativo como tantos autores “higienistas”, hombres “expertos” sobre todo, culpabilizaban a las madres y sabían mejor que éstas cómo tenían que criar a sus hijos. ¿Nos suena de algo?

Mención aparte, dada la temática de mi blog, merece la sección destinada al pañal desechable. Y es interesante el contraste que presenta la autora entre la vida pre-industrial rural con sus niños desnudos sin pañales, a la vida urbana, con el consiguiente uso de pañales.

Sin embargo, cabe preguntarse, ¿iban también los bebés desnudos o sin pantalones en el frío invierno? ¿Utilizaban pantalones con agujero como los Kaidangku chinos? ¿Se les ponía a hacer pis y caca desde los pocos meses, como se hace en China, India o muchos lugares de África? Según el libro de Laurie Boucke “Infant potty training” entre los siglos VII y XVII los bebés solían ir enfajados o envueltos la mayor parte del día. Durante esos siglos no hay referencias sobre el aprendizaje de control de esfínteres y no hay mucha información al respecto. Dentro del libro que estoy terminando de escribir habrá un breve capítulo relativo a este tema y, por supuesto, la información que aporta Cira es parte de la documentación que he utilizado y que citaré allí. Más información próximamente…

Sueño

En esta época de tanto colecho y no colecho me ha llamado la atención ver tantas cunas en las miniaturas de la Edad Media. ¿Pero no era algo tan tradicional lo del colecho? Ahora va a resultar que lo de toda la vida es la cuna, jajaja. Eso sí, en la misma habitación que los padres, e incluso encima de la propia cama (¡¡¡). Cuando la autora afirma que en la primera etapa cristiana (pg.107) “el recién nacido compartió lecho con los dos progenitores” me pregunto en qué se basa para decir esto. ¿Hay imágenes o cuadros? Me pica mucho la curiosidad en este asunto, la verdad.

Palabras

“Ahora parece que lo hemos olvidado, pero antes la música era un acompañamiento cotidiano”. Esa frase y lo que viene después me recuerda tanto a lo que dice Prado Esteban y Félix Rodrigo Mora en sus charlas y libros. Aprovecho para recomendarle a Cira y a los lectores del blog los libros de estos autores sobre el mundo rural y el de “Feminicidio o auto-construcción de la mujer”.

Me encanta como recoge y habla de la cuna más antigua documentada: “Es emocionante recitar estas palabras y de golpe sin persanrlo trasladarte a una habitación donde una madre romana canta a su hijo pequeño una canción”

Duelo

No se olvida Cira de la muerte y de cómo se lloraba y se sufría por los niños muertos, en base a los epitafios funerarios. Leyendo tanto las nanas como los textos dedicados a la vida que ha ido nos damos cuenta de que los sentimientos son los mismos ahora y hace miles de años. Lo único que cambia es el contexto, pero el dolor o el amor es igual de inmenso.

Lo que más me ha gustado del libro: está escrito desde el corazón y desde la experiencia propia de ser madre, y eso se nota. No es un libro de fría historia, sino escrito con sentimientos, opiniones y la propia visión de la autora. Y lo más honrado es no esconderlo. Me siento identificada con ese ansia de saber y de creatividad que brota en las madres. Lejos de apocarnos o recluirnos, a muchas mujeres la maternidad nos impulsa a desarrollarnos e intentar superarnos como personas. Este libro es una muestra de ello.

Lo que menos: Mi afán curioso y detectivesco echa de menos algunas referencias bibliográficas concretas para saber de dónde proviene esta u otra afirmación y diferenciarla de suposiciones personales. Supongo que ha primado el afán divulgador, pero es sólo una sugerencia, una crítica constructiva.

Podéis encontrar el libro de Cira Crespo en La Casita de Algodonales.
Y este es el blog de Cira: Maternalias.

Un análisis de los cuidados muy interesante: Carolina del Olmo

En ratitos libres voy viendo esta charla de Carolina del Olmo (autora de “¿Dónde está mi tribu?” sobre cuidados, crianza, maternidad, feminismos… Se puede estar de acuerdo con ella o no, pero se explica muy bien, piensa por sí misma, aporta frescura, ética y política a los debates sobre estos temas. Ojalá tuviera algo de tiempo pronto para escribir sobre esto en el blog. Mientras tanto… podéis ir al minuto 23-24 de esta charla:

Y aquí podéis leer y escuchar más material, como esta entrevista en la revista Playground y en la radio.

Otras intervenciones muy interesantes son estas de “El ADN de la vida. Crianza, cuidados y comunidad”:

Como mi tiempo anda un poco dividido entre ser mamá, asalariada a media jornada, danzante, vendedora online a tiempo parcial, amante y cuidadora, pues la verdad es que tengo menos tiempo del que me gustaría para analizar todo esto. Todavía no he leído el libro “¿Dónde está mi tribu?” pero estoy deseando hacerlo. Sí he leído, por ejemplo, este texto: http://nocionescomunes.files.wordpress.com/2013/02/radicalizar_cuidados.pdf

Y sobre él si que tengo varias cosas que decir. Estoy totalmente de acuerdo con la postura central y vital de los cuidados y me encanta que alguien aborde por fin la crianza desde un punto de vista ético y político. Normalmente la crianza se vive en soledad, y los padres y las madres se lo comen y se lo guisan solos. Los libros suelen abordar los temas de crianza desde puntos de vista psicológicos más que sociales y es ahí donde cobra sentido “el contexto” del que habla Carolina.

Me gusta todo el texto y en especial este fragmento:

“Dado que la vulnerabilidad y la dependencia son esenciales al ser humano, y no algo que les pasa a los demás, tendremos que entender que es tarea de todos cuidar, y que hay que repartir el cuidado por todo el cuerpo social. Si cuidar no es cosa de mujeres no es porque no sea asunto nuestro, sino porque es asunto de todos y todas. Todas las personas tendrían que poder cuidar de sus hijos, de sus mayores de sus amigos y de sí mismos. Cuidar es un derecho que en esta sociedad se nos niega. Pero es también una obligación moral: la intrínseca dependencia que nos constituye hace que sea una obligación dictada por la reciprocidad. Si estamos aquí discutiendo de esto es que alguien ha cuidado de nosotras. Y la reciprocidad por fuerza ha de ser la norma básica sobre la que se estructure una sociedad compuesta por individuos dependientes y vulnerables. Cuidar es cosa de todos porque todos necesitamos cuidado.”

Sin embargo, al llegar a las últimas páginas vienen las divergencias. No entiendo muy bien por dónde va cuando habla de “neomaternalismo” y “corriente pro-cuidados maternales”. Por un lado, le parece importante que esa corriente haya vuelto a dar valor a los cuidados, después de años de un feminismo que los negaba y los veía como parte de la opresión de la mujer. Pero por otro lado afirma:

“Pero es evidente que convertir el cuidado en el centro de la vida de una y quedarse ahí no nos puede valer.”  ¿A quién no le vale?  La mujer o el hombre que hacen del cuidado el centro de su vida me parecen muy respetables, si así lo deciden por libre elección. El problema es, más bien, que pocas veces decidimos.

Muchas veces criamos en soledad no porque queramos, sino porque nuestros familiares y amigos viven lejos y, además, no pueden, no quieren o no saben ayudarnos como necesitaríamos. Por ejemplo, yo deseé pedirme una excedencia porque tenía ahorros, pero ¿cuantas otras personas no han podido por estar en precario? Y aunque estuviera de excedencia eso no significa que no quisiera relacionarme con el mundo. ¡Es que el mundo ya no estaba hecho para nosotros! Largas distancias, transportes públicos, horarios incompatibles…

Yo creo que para nutrir tengo que nutrirme y empaparme de la vida extramaternal. Además, no quiero ser una madre autoreferencial. Sin embargo, sí que he vivido mi etapa de burbuja maternal y la he disfrutado plenamente, con sus claroscuros y su ambivalencia. Es cierto que no he querido saber nada del mundo durante unos meses. Es cierto que yo antes leía periódicos, me interesaba la política internacional y la economía y ahora solamente leo cosas relacionadas con la crianza, la neurociencia, la historia de la infancia, sobre embarazos, partos y lactancias. Pero porque ahora es eso lo que me interesa. Sí, cuidar a mi hijo ha sido el centro de mi vida y estoy orgullosa de ello. Era lo que los dos necesitábamos en esa fase.

Mi hijo es central pero no es el centro del Universo. Nadie lo somos. Y, de hecho, como dice Jean Liedloff, los niños necesitan cuidadores que tengan su vida, para poder seguirles como modelo, para aprender, para ser acompañados. No necesitan una madre o un padre que les observe sin cesar, sino alguien a quien observar en sus actividades diarias (comprar, trabajar, cocinar, ir en metro, ir a clase de baile…). Como dice mi compañero y el papá de mi hijo: “los hijos tienen que ser el centro pero sin que se den cuenta de ello”. Creo que más bien, los niños tienen que estar en el centro de la VIDA, no ser el ombligo del mundo. ¿Me explico? Es difícil encontrar ese equilibrio y yo no creo que lo hayamos conseguido, pero al menos lo tenemos en mente.

No. Las madres que nos dedicamos o nos hemos dedicado al cuidado de nuestros hijos a tiempo completo no somos seres aburridos y vacíos. No dudo que también existan, ¡ojo! y que, ¡qué demonios! tengan todo el derecho del mundo a dedicarse 100% a sus hijos y ser felices así.

Durante estos dos años de embarazo y puerperio he vivido una de las etapas más creativas de mi vida: he abierto una tienda online y he aprendido de la nada cómo se crea una, estoy escribiendo un libro, devoro literatura en todos los ratitos que puedo, me planteo preguntas filosóficas y políticas en torno a los cuidados y la maternidad, quiero cambiar el mundo a mejor, he dado el paso a convertirme en profesora de danza oriental prenatal y postparto después de años bailando… No sé, pocas etapas en mi vida han sido tan fértiles, nunca mejor dicho. Y eso que esta ha sido dura y he pasado momentos estresantes y mucho, mucho sueño. Por eso, me molesta un poco que una madre ahonde en la minusvaloración de las madres que cuidan a sus hijos como elemento central en su vida, entendiéndolo como excedencia o salida temporal del mundo laboral asalariado.

También creo que hay muchas cosas que cambiar en esta realidad de forma inminente. Por eso, estoy de acuerdo con ella en que hay vida más allá de la burbuja de la crianza. Y es ahí donde puedo compartir con ella cierta crítica al ensimismamiento maternal y paternal, su apoliticismo (que en sí mismo ya se delata como prosistema) y su falta de crítica frente al poder y la desigualdad. ¡Están pasando cosas ahí fuera! Guerras, hambre, injusticias, miseria, explotación, violencia, ignorancia, manipulación, abusos, mentiras…

Pero esto no quiere decir que no estén ocurriendo revoluciones en el mundo maternal: se reivindica el derecho a parir en libertad y seguridad y se reivindica el derecho a tener hijos y cuidarlos bien. Muchas madres y padres creen, y también lo creo yo, que el mundo sería bastante diferente si cuidáramos mejor a las personas empezando desde que son pequeñas. ¿Cuánta gente no va al psicólogo por problemas en la infancia o en su familia? ¿Cuántas personas no sustituyen la falta de cariño por el consumismo o los bienes materiales? ¿Cuántos niños y adultos consumen psicofármacos hoy en día?

Pero mi principal divergencia con el análisis del texto de Carolina del Olmo viene aquí:

“Y por eso creo que es importante despojar toda la conversación sobre la crianza y maternidad de los aspectos naturales y biológicos –que pretenden enseñarnos, por ejemplo, que la madre biológica es mejor para la cría que cualquier otro adulto cuidador; que ensalzan la virtud de la leche materna hasta el infinito y más allá; o que achacan a ciertas hormonas comportamientos radicalmente sociales y aprendidos…–, y es fundamental entender que la relación madre-hijo no es algo absolutamente único y especialísimo sino algo así como el caso más llamativo de la interdependencia humana que nos une a todos con todos en una red de reciprocidad, y de los cuidados que todos deberíamos asumir y recibir”.

Si la lactancia materna es el alimento destinado y mejor preparado para el cuerpo del bebé humano, ¿por qué no se puede decir? ¿Sería mejor inventarse una realidad paralela que nos guste más aunque sea mentira? Si algo es cierto, es cierto. Y si no se puede dar leche materna hay leche de vaca adaptada y hay leche materna de otras madres. De hecho, hay un movimiento creciente y del que nadie habla de madres que donan su leche a otras madres que no han podido dar el pecho. Solidaridad de mujeres en estado puro, cuidadoras cuidándose entre sí y cuidando a los bebés de otras madres. Claro, que al sistema actual de dominación no interesa darle mucha publicidad a esta opción, no vaya a ser que las mujeres dejen de debatir sobre lactancia en términos de “complejos de culpa” y comiencen a ayudarse y a empatizar unas con otras.

¿Por qué le molestan tanto los aspectos biológicos o “animales”? Es que, precisamente, es en la sexualidad, la menstruación, la maternidad y en los primeros meses de vida de los humanos donde mejor se ven estos aspectos. Lo siento, el ser humano es un animal, un animal muy especial dotado de cultura y todo lo que queramos, pero animal al fin y al cabo.

Por ejemplo, en el parto interviene la oxitocina y no lo vamos a negar para que alguien se quede más contento. La realidad no la podemos rechazar porque no nos guste o no se adapte a nuestras ideas o teorías previas. En la lactancia también interviene la oxitocina y la prolactina, y tampoco lo podemos cambiar. De hecho, en los partos medicalizados se utiliza oxitocina sintética, mostrando la relevancia del papel de esta hormona tan “insignificante” en nuestras vidas. Somos cultura pero también somos biología. No hay ninguna contradicción en ello, somos un todo. No hay necesidad de elegir una parte y desechar el resto. Es esa división la que permanentemente acecha el pensamiento Occidental: mente-cuerpo, emoción-razón, corazón-cerebro, instinto-aprendizaje, hormonas-cultura, físico-psicológico…

Yo no creo que reconocer que lo hormonal, físico e instintivo existe niege que somos también seres culturales. Pero obviar esta realidad nos aleja de nuestro cuerpo y de su enriquecedor conocimiento, un conocimiento que nos pertenece.

Respecto a lo de la madre biológica es mejor para la cría que cualquier otro adulto cuidador se podría decir que sí, que en relación a la lactancia materna la relación con la madre es por fuerza más intensa que con el padre. Bueno, y en relación al embarazo directamente es que la relación es, hasta que la ciencia no consiga úteros artificiales, totalmente clara. ¿Pero qué tiene de malo? ¿Por qué asusta tanto? ¿Para radicalizar los cuidados no se puede admitir una realidad tan básica? Y mira que muchas noches hubiese deseado que mi pareja tuviera leche en las tetas para darle a mi hijo mientras yo dormía, pero la realidad es que mi bebé me quería a mí y en ese momento era insustituible. No quería chupetes ni biberones, quería teta de mamá. ¿Me tendría que haber sentado con él a soltarle un rollo sobre género, paternidad, cultura y demás? Daría igual. Era un “cachorro” humano pidiendo lo que necesitaba.

Tampoco es necesario ceñirse a la lactancia materna, ¿cuántos bebés criados a biberón no gritan “mamaaaaa” en mitad de la noche y solamente se calman cuando viene ella y no él? Pero, vuelvo a lo mismo, ¿qué tiene de malo reconocer esto?

Radicalizar los cuidados es, en suma, asumirlos hasta lo más hondo y, a la vez, salir de casa. Negarnos a que lo más importante del mundo –la asunción del cuidado–, tenga lugar exclusivamente entre las paredes de nuestros apartamentos. Intentar a toda costa que la transformación a la que nos vemos sometidos como personas cuando cuidamos nos desborde e inunde toda la sociedad y al igual que nos ha transformado a nosotras,
transforme la organización social al completo.
Aquí no puedo estar más de acuerdo. Hay que radicalizar los cuidados y salir de casa, SI SE QUIERE. Y los cuidados tendrían que ser compartidos y apoyados por familiares, por amigos, por redes entre iguales…Y sí, creo que la crianza y el tratamiento de los cuidados tienen la capacidad de transformarnos como personas y transformar la sociedad, tanto para bien como para mal pero esto pasa también por reconciliarnos y conocer nuestro cuerpo y la parte más “biológica” de nuestro ser.

Libros sobre “Bebés sin pañales” #4: Laurie Boucke: “Un orinal para mi bebé”

¡Por fin ya hay un libro sobre Comunicación de la Evacuación en castellano y lo puedes encontrar AQUÍ!

Se trata de una versión reducida de Infant Potty Training del cual ya escribí una reseña en este blog. Ya era hora de que alguien lo tradujera y lo ha hecho la editorial Vida Kinesiología. Estoy convencida de que esta publicación va a ayudar a difundir esta práctica y, por tanto, la conexión entre padres y bebés. ¡En La Casita de Algodonales estamos de enhorabuena!

 

Del libro que estoy leyendo: “El arte femenino de amamantar”…

“Pobre “Napkin”! Supongo que sabes que “Napkin” es el bebé de Luis Napoleón; pero quizás no sepas que su madre no le da de mamar. Me pregunto si su madre se da cuenta de lo que se pierde al no hacerlo. Me pregunto si sabrá lo dulce que es despertarse de noche con la suave mano del bebé en el cuello y su cabeza sobre el brazo. Me pregunto si sabrá lo precioso que es un bebé cuando se despierta por la mañana y levanta la cabeza… y mira a mamá con ojos luminosos y mejillas rosadas, como si fuera una tierna flor cubierta de rocío. Me pregunto si sabrá lo delicioso que resulta darle el desayuno a este pillín hambriento. No, no; ¡pobre Eugenia!, ¡pobre emperatriz! No sabe nada de todo esto. Ha pasado todo el dolor de una madre y no tendrá ninguno de los placeres. Ha contratado a una mujer para que amamante y duerma con el pequeño “Napkin”.”

Sara Parton, 1857. Cita de “El arte femenino de amamantar”, publicado por La Liga de la Leche Internacional (principal fuente de información y apoyo para la lactancia materna). Puedes comprarlo en las reuniones mensuales de LLL de tu localidad. Si estás embarazada, mejor que mejor, cuando llegue el momento de dar de mamar sabrás como hacerlo y qué hacer o dónde dirigirte si surgen obstáculos en la lactancia.

En las reuniones a las que he asistido, he visto que se ayuda de forma desinteresada y sin juzgar, y se antepone como prioridad principal que el niño esté bien alimentado, sin ningún tipo de prejuicio a usar la leche de fórmula mientras se solucionan los problemas. Si acudes a varias reuniones o lees este libro, te sorprenderá saber que muchos de esos problemas sólo son fruto de la desinformación o la falta de ayuda, y muy pocos tienen realmente una raíz física que impida la lactancia.

Desde aquí quiero animar a todas esas mamás que lo intentaron con su primer hijo y no pudieron, ¡seguro que con el segundo lo consiguen y lo disfrutan los dos!

Problemas en el paraiso.

¿Quién me iba a decir a mí que con 11 meses iba a toparme con molestias en la lactancia? Pues sí, a mi bebé le han salido muchos dientes y me muerde en algunas tomas. Ahora que ya voy solucionando el tema puedo contaros mi experiencia, ya que entre el libro (pg. 191) y las reuniones de la LLL he sacado algunas conclusiones:

– Si duele hay que parar y volver a colocarse al niño al pecho. Yo, por no hacerlo, he estado a punto de que me salieran heridas. Al final, las marcas de los dientes se van convirtiendo en costritas y empieza a ser muy molesto. Lo que hice fue probar otras posturas, como la del “balón de rugby” en la cama en lugar de darle tumbada, ombligo con ombligo. Esto no hizo que se solucionara el problema pero por lo menos fue un respiro para las zonas más castigadas.

– Se supone que se lo tienes que explicar pero el mío parece muy divertido y no termina de pillar el mensaje, 🙂 “¡No muerdas!”. En cualquier caso, lo que sí que entiende es que se le retire del pecho si hace daño, aunque sea jugando.

– Se le puede dar algún mordedor antes de las tomas conflictivas para que muerda a gusto y vaya con la mandíbula relajada. Este consejo sí me ha funcionado. He comprobado que muerde más en la toma de por la tarde-noche, cuando está más nervioso o estimulado, quizás más impaciente si tarda en bajar la leche, y no muerde nada cuando tiene realmente hambre o por la noche, cuando está medio dormido.