Mario y María Montessori

Poca gente sabe que la famosa pedagoga y doctora María Montessori tuvo un hijo con un compañero de trabajo en la escuela Ortofrénica, el Dr. Giuseppe Montesano. El hijo, Mario, seguramente naciera en 1901 (o 1898), cuando María renunció a su puesto de trabajo, rompió relaciones con Montesano y desapareció durante un año. El niño fue criado por una nodriza (a la que nadie, ni los biógrafos, se han molestado en poner nombre) a las afueras de Roma y María iba a visitarlo de vez en cuando, sin decirle nunca que ella era su madre.

Giuseppe Montesano

Hasta aquí lo que más o menos se sabe de la historia a un nivel superficial. Pero, ¿por qué una mujer supuestamente tan emancipada, la primera mujer graduada como doctora en medicina en Italia, no pudo criar a su propio bebé? ¿Qué se puso en su camino? ¿Acaso no se nos dice que en el patriarcado son los hombres los que intentan controlar la sexualidad y los hijos gestados por la mujer? En este caso parece que no fue así, ya que Montesano no quiso criarle tampoco. Hay algo que no termina de cuadrar, ¿verdad?

Renilde Stoppani

Las personas que más se interpusieron entre esta madre puérpara y su bebé no fueron otras que la madre de Montesano, Isabella Schiavone, y su propia madre, Renilde Stoppani. Y, ella, tan rebelde y autónoma en todo lo demás, en esto fue sumisa ante el poder de las madres (el matriarcado, en un sentido literal y etimológico). ¿Y cómo sabemos esto? Pues porque el propio Mario Montessori así se lo explicó a Rita Kramer, la biógrafa de María Montessori. Este le contó que sus padres no se casaron porque la madre de Montesano se opuso a ese matrimonio y que el plan de mandarle con una nodriza fue urdido por estas dos mujeres. Montesano, por su parte, dijo que le daría el apellido legal a condición de que el nacimiento de Mario fuera mantenido en secreto. Mario también le contó a Kramer que Giuseppe y María hicieron la promesa de no casarse y que fue el incumplimiento de esa promesa lo que provocó en María la gran crisis vital que la impulsó a dejar su puesto de trabajo. Si no lo he entendido mal, no fue el abandono hacia el hijo sino el abandono del padre de su hijo lo que provoca el derrumbe. Tenía 30 años. Dejó la medicina y se puso a estudiar antropología, psicología y otras disciplinas, centrándose en las investigaciones de Edouard Séguin. Su nuevo objetivo fue intentar desarrollar una forma de educar a los niños para crear eso que llaman una “sociedad mejor”.

Rita Kramer parece que trata de justificar estas decisiones afirmando que hace 75 años (su biografía fue publicada en 1976) la noticia de que Maria Montessori tenía un hijo fuera del matrimonio habría arruinado su carrera y cualquier posibilidad de hacer su gran contribución al mundo, lo que ella creía que era el objetivo de su vida. Lo cierto es que esto era verdad entre las clases altas que tenían una reputación moralista y puritana que mantener, en las clases populares y rurales la gente tenía hijos fuera del matrimonio o tenían el hijo y se casaban años después, como por ejemplo se cuenta en el libro “La familia campesina del occidente asturiano” de Asunción Díez. Pero, aún así, no deja de ser paradójico que una mujer que unos años antes de parir había viajado a dos congresos internacionales de mujeres, uno celebrado en Berlín en 1896 y otro en Londres en 1899 en el que había hablado desde el atril sobre las mujeres y los niños, y sobre las repercusiones que sus condiciones de vida tienen sobre la sociedad, finalmente no tuviera la valentía de enfrentarse a su madre y su “suegra” y poder criar a su propio hijo, independientemente de estar casada o no. ¿Por qué negarle la identidad y el cariño a un niño, que no tenía permitido saber que aquella elegante mujer que le visitaba era su madre, para cumplir los designios de dos abuelas y el padre de la criatura? Al final está claro que se sacrifica al más débil…

Mario Montessori

La perspectiva de Mario que se narra en el libro de Kramer puede resumirse en que tenía vagos recuerdos sobre una mujer bella que le visitaba de vez en cuando y sobre la que él proyectaba sus fantasías maternales, ya que las personas que le criaban no eran sus verdaderos padres. Con siete años le mandaron a un internado, una institución que todo el mundo sabe que se suele caracterizar por su calidad y empatía hacia la infancia, cerca de Florencia y las visitas de María siguieron sucediéndose, pero nadie le explicaba nada.

Un año después de la muerte de la madre de María, la que se oponía a que su hijo fuera reconocido públicamente como su hijo para que ella pudiera desarrollarse profesionalmente, sucedió algo importante. Fue un día de primavera de 1913, cuando tenía 15 años, recuerda Mario. En una de las visitas de María, simplemente dijo “Sé que eres mi madre” y también le dijo que quería irse a vivir con ella, a lo que María no se opuso. Y, como en los finales de los cuentos, vivieron felices y comieron perdices, ya que él jamás se separó de su lado y fue un pilar muy importante de las organizaciones que fundaron.

A partir de ese momento, Mario rechazó apellidarse Montesano y se llamó Mario Montessori a secas. De esta forma, reflexiona Kramer, se protegía al padre, que estaba casado y tenía una familia propia, pero también era una forma de negar al padre y quitarle de en medio. Sin embargo, a pesar de que vivía con ella, no le presentaba todavía como su hijo. Más tarde, en su viaje por California en 1915, le presentaría como su sobrino y después como su hijo adoptivo. En 1929 todavía no le reconocía públicamente como su hijo biológico.

Después de leer el libro sigo sin comprender esta historia, no puedo entender que alguien dedique su vida al estudio universitario y a la implementación de métodos escolares mientras no es capaz de hacer un corte de mangas a los convencionalismos sociales, al padre, a la madre, a la suegra, a la sociedad entera, al feminismo, al patriarcado, al matriarcado, al “arcado” (poder) mismo. ¿Para qué sirve la fama y el reconocimiento si no puedes criar desde tus entrañas? No lo entiendo y no soy capaz de reconocer los avances de su método pedagógico (yo no creo en la escuela en general) porque el verdadero avance para la humanidad hubiera sido ese atrevimiento, esa subversión en nombre del amor a un bebé del que te separan nada más nacer. Esa es para mí la verdadera revolución pedagógica Montessori que nunca se realizó, la que hubiera enseñado a la gente, a la alta sociedad, a las élites políticas y económicas, al feminismo naciente, lo verdaderamente importante en la vida. No lo que hay que enseñar a los niños de los barrios bajos o altos, a los marginales, a los retrasados, a los listos, a los ricos, y cómo deben aprenderlo. No, esa pedagogía es inútil o incluso perjudicial, porque el ser humano ha vivido sin escuela durante milenios y los niños han aprendido lo que tenían que aprender de la vida sin necesidad de pedagogos.

La pedagogía que podría haber aportado al mundo tenía que haber sido hacia los adultos de su entorno, en primer lugar, y hacia los adultos de la llamada “vida pública”, universitaria, presidentes de Estado, empresarios, reyes… Esos sí necesitan que alguien les muestre lo que es el amor más básico y sencillo con un simple acto de valentía, sin necesidad de métodos grandilocuentes ni apellidos de renombre. Y es que, si tener un hijo va a ser un obstáculo en tu carrera profesional o a tu reputación, quizás esa carrera y esa reputación son sencillamente una mentira, un artificio, una basura empapelada con un papel muy bello y brillante, pero que debajo no tiene nada, humo. Ideas sin cuerpo. Humo. Así podríamos describir gran parte del conocimiento humano enseñado en las universidades y la alta cultura en general, todo basado y apoyado en criadas y nodrizas que ponen su energía y su vida para que otros puedan crear algo en teoría más valioso o, al menos, valorado socialmente.

Escuela Montessori. 1932, Barcelona.

Relacionado:

  • Hay una película biográfica que cuenta esta historia a modo de ficción, pero con aportaciones y diálogos inventados sobre el tema de su hijo que no figuran en la biografía de Kramer:

  • La biografía de Rita Kramer, prologada por Anna Freud, todo un panegírico de María Montessori:

Louise, cuidadora de un bebé llamado Simone (de Beauvoir)

Simone de Beauvoir, sua mãe e sua irmã Helen. copy

Simone, Françoise y Helene

Hoy escribo un post “corto” y rápido, en comparación a lo que suelen ser los artículos de este blog. No tengo demasiado tiempo últimamente pero, a pesar de no poder escribir, pienso en bastantes asuntos durante el día mientras  hago otras cosas. Otras cosas. Esas otras cosas que tantas mujeres han hecho a lo largo de la (pre)historia.

Hoy hablo de un bebé llamado Simone que vivía en Paris y era cuidado por una criada, una “nannie”, una empleada de los Beauvoir. La cuidadora se llamaba Louise y parece que no nos ha llegado su apellido. A nadie pareció importarle demasiado el apellido de la persona que alimentó, durmió y paseó a Simone y Helene, su hermana, y que realizaba las tareas del hogar en toda la casa. Como podemos leer en la biografía de la famosa feminista firmada por Deirdre Beir en su página 33 su nacimiento fue corto para ser el primero de su madre, Françoise.

“Si hubo alguna decepción por no haber sido chico no fue expresado por ninguno de los padres, especialmente Françoise, que sufrió siempre por haber tenido la desgracia de ser la primera y mujer”. El libro nos explica que su cuarto fue el que había sido previamente de la criada, una habitación blanca minimalista con una cuna al lado de la cama de Louise, ya que “ella era la responsable de las rutinas de cuidado físico de la niña. Además de sus otros trabajos de la casa, Louise tenía que bañar y alimentar al bebé, después llevarla al parque para que se aireara diariamente”.

La madre, Françoise, no hacía estas cosas ella, como vemos, pero sí se preocupaba de informarse de las últimas recomendaciones sobre rianza, sobre las mejores comidas para el bebé y “a menudo ayudaba a Louise a aplastar lo que parecía más apropiado para que comiera la niña en pleno desarrollo, pero la mayor parte del tiempo estaba ocupada con las obligaciones sociales de una joven matrona y las elaboradas preparaciones para la llegada de su marido a casa cada tarde”.

Según explica el libro de Deirdre Beir, el papá de Simone llegaba tarde, entonces jugaban con ella los dos “antes de que Louise se la llevara a la cama, y cenaban cuando Louise volvía a servir la comida que había cocinado”. Impresionante, no podían ni servirse la comida ellos mismos. ¿Se les romperían las uñas por poner la mesa? No lo sabemos. Continúa el libro: “Después, mientras Louise limpiaba, Françoise se sentaba con su tarea de ganchillo mientras Georges le leía algún texto elegido para ilustrarla y educarla. Françoise se sentía un poco culpable por recibir todas estas ideas masculinas, así que se comprometía con tener sus manos ocupadas con el “femenino” ganchillo, declarando su intención de cubrir cada espacio del apartamento con un ejemplo de su precioso trabajo manual. Era un tiempo glorioso en su matrimonio: sus ganancias eran pequeñas pero seguras, y vivían en un apartamento que Françoise, con la supervisión de George, había amueblado y decorado en lo que consistía buen gusto para su época; tenían un bebé precioso; y ahora, al lado de la familia del hermano de George, Gaston, y una multitud de familares, Françoise tenía su propia familia en Paris”.

Al margen de las propias interpretaciones de la biógrafa de Simone de Beauvoir me llama la atención que les preocupara tanto la salud física y no la emocional del bebé, en esa separación cuerpo-mente tan característica de la cultura de las elites. También llama la atención que su salario fuera considerado “pequeño” mientras podían permitirse tener una trabajadora interna que les limpiaba la casa y les criaba a su bebé. Eso en nuestra época sería considerado un salario alto.

En otra biografía, esta vez escrita por Ursula Tidd podemos leer que “Simone y Helene eran cuidadas por Louise. Françoise interpretaba el papel de mujer joven y bella, una madre adorada aunque emocionalmente distante”. En la página 29 del mismo libro leemos que Simone de Beauvoir tenía “culpa del superviviente” en relación a la muerte de su mejor amiga Zaza pero que no había sido la primera vez en su vida que sentía algo así. “En su infancia, poco después de haberse mudado a la calle de Rennes, la muerte del bebé de su antigua doncella Louise la había conmovido profundamente, no menos por las circunstancias socioeconómicas en las que había ocurrido. Louise había dejado su trabajo para casarse, aunque Françoise todavía la visitaba. El efecto de esta muerte se disfraza finamente en La Sangre de los Otros y enlaza con la culpa de la protagonista concerniente a su privilegio com miembro de la burguesía y del escándalo existencial de la muerte”. 

Aquí la llamada “culpa del superviviente” parece un sentimiento de autoodio por pertenecer a la burguesía y sentirse privilegiado respecto a los sirvientes. Todo esto me hace reflexionar y pensar que, al contrario de las clases sociales de las que hablan los marxistas, el mundo siempre se ha dividido entre los que cuidaban a sus propios bebés, las madres y otras figuras del entorno familiar o vecinal, y la clase social que dejaba el cuidado de los bebés y la casa a esclavos, criados o empleadas domésticas. Al contrario de poner el énfasis en quién poseía la propiedad de los medios de producción quizás deberíamos preguntarnos quién cuidaba a los bebés y descubriríamos otra nueva forma de delimitación de las clases sociales, la establecida por los cuidados.

No he encontrado ninguna imagen de Louise, ni conozco su apellido. Esto me hace pensar que para los historiadores y estudiosos de la figura de Simone de Beauvoir tampoco ha sido muy importante esta mujer ni los cuidados que suministró con su trabajo. Los cuidados en general no han sido importantes tampoco en el estudio de la Historia. Yo los reivindico y creo que alguien tendría que publicar un libro con los nombres de las cuidadoras, sus historias de vida. Son personas importantes y de gran relevancia histórica y social. Como en el caso de la nodriza de Freud, Resi Wittek, no se puede entender el psicoanálisis sin entender su relación con ella y, sobre todo, no se pueden entender los sesgos de su teoría, por ejemplo, en el tema del complejo de Edipo. Es de vital importancia. ¿Cómo a nadie se le había ocurrido antes? Con Beauvoir pasa lo mismo. ¿Cómo entender su pensamiento sobre “la mujer”, sobre “el hombre”, sobre la “igualdad” sin comprender su crianza y cómo se gestionaba su casa y los cuidados en ella? Ahí lo dejo para vuestra reflexión…

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Bibliografía adicional:

En castellano: Memorias de una joven formal. Aquí podemos leer:

“Le  debía  a  Louise  la  seguridad  cotidiana.  Ella  me  vestía  por  la  mañana,  me  desvestía  de  noche  y dormía en el mismo cuarto que yo. Joven, sin belleza, sin misterio, puesto que sólo existía –al menos  yo  lo  creía–  para  velar  sobre mi  hermana  y  sobre  mí,  nunca  elevaba  la  voz,  nunca  me  reprendía  sin motivo. Su mirada tranquila me protegía mientras yo  jugaba en el Luxemburgo, mientras acunaba a mi  muñeca Blondine bajada del cielo una  noche de Navidad con el baúl que contenía su ajuar. Al caer la  noche se sentaba junto a mí, me mostraba imágenes  y me contaba cuentos. Su presencia me resultaba  tan necesaria y me parecía tan natural como la del suelo bajo mis pies.  

Mi  madre,  más  lejana  y  más  caprichosa,  me  inspiraba  sentimientos  amorosos;  me  instalaba  sobre  sus rodillas, en la dulzura perfumada de sus brazos,  y cubría de besos su piel de mujer joven; a veces,  de  noche  aparecía  junto  a  mi  cama,  hermosa  como una  aparición,  con  su   vestido  vaporoso  adornado   con  una  flor  malva  o  con  su  centelleante  vestido de  lentejuelas  negras.  Cuando  estaba  enojada  me   miraba  con  ira.  Yo  temía  ese  fulgor  tempestuoso  que desfiguraba  su  rostro;  tenía  necesidad  de  su sonrisa”

“Meditaciones” de Marco Aurelio

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Hoy me planteaba la corresponsabilidad de las mujeres en el mantenimiento del patriarcado, en este caso el patriarcado romano, y he llegado a este texto de Marco Aurelio en el que se acuerda de su padre, su madre y su nodriza. Tomado de http://www.imperivm.org/ :

4. Camino siguiendo las sendas acordes con la naturaleza, hasta caer y al fin descansar, expirando en este aire que respiro cada día y cayendo en esta tierra de donde mi padre recogió la semilla, mi madre la sangre y mi nodriza la leche; de donde, cada día, después de tantos años, me alimento y refresco, que me sostiene, mientras camino, y que me aprovecha de tantas maneras.

Sigo reflexionando sobre este tema, ya que las madres de las clases altas se dedicaban a educar (de criar se encargaba la nodriza y criadas) a los futuros líderes durante los primeros años y apoyaban plenamente las leyes patriarcales romanas.

Pediatras con complejos

“Y eso sin hablar de los complejos de Edipo severos que están aflorando ante amamantamientos tan prolongados” (Dr. José María González Cano dixit).

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El Complejo de Edipo (supuesto deseo del niño de liarse con la madre y cargarse al padre) es esa gran ¿teoría? ¿hipótesis? que no puede ser demostrada creada por Freud, un hombre que fue amamantado durante dos años por su nodriza, Resi Wittek, tal y como era costumbre en la burguesía vienesa de su época. Freud imaginó el complejo de Edipo en un ambiente machista de clase media/alta en el que la lactancia era asalariada y, sin embargo, olvidó incluir a las amas de cría (mujeres del mundo rural que dejaban a sus propios hijos en el campo para ir a servir a la ciudad) en todo ese culebrón edípico de triángulos pasionales familiares. Pero si el Complejo de Edipo fue pensado (o soñado) en un contexto en el que la madre biológica no amamantaba a su hijo, ni un mes ni veinticuatro, ¿de qué demonios está hablando este pediatra y psicoanalista aficionado? Siguiendo su lógica los niños de esa época y clase social, como el mismo Freud, desarrollarían el complejo de Edipo con sus nodrizas y no con sus madres. ¡Vaya lío!

“Pero Freud tenía una nodriza, y puede no haber experimentado la intimidad temprana que habría alertado a su sistema de percepción que la señora Freud era su madre. La teoría Westermarck ha “superado” a Freud mismo”. Steven Pinker, Cómo trabaja la mente, 1997. http://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_Westermarck

Otras fuentes: http://www.indepsi.cl/ferenczi/articulos/slipp.htm#14a

Por otro lado, dice Roger Short en su libro sobre Historia de la sexualidad sobre el incesto:

“La mayoría de los mamíferos dejan el nido paterno y se dispersan antes de llegar a la madurez sexual, de modo que los individuos estrechamente emparentados no tengan posibilidad de encontrarse y aparearse. Pero entre los monos y los seres humanos, los fuertes lazos familiares que persisten a lo largo de la vida han obligado a desarollar mecanismos de conducta que reduzcan el incesto. Parece que compartimos con lotros monos un mecanismo incorporado, basado en el reconocimiento de los miembros familiares, que desalienta el emparejamiento entre padres e hijos y entre hermanos. Jane Goodall dice que nunca ha visto a un chimpancé macho adulto aparearse con su madre. Kelly Stewart ha observado a grupos de gorilas en Ruanda y ha señalado cómo quedan separados artificialmente de otros grupos cuando se tala la selva tropical para hacer campos para la agricultura humana. Si una hembra madura sigue atrapada en el grupo en que ha nacido, en lugar de unirse a otro como es natural, resulta inevitable el apareamiento padre-hija. En estos apareamientos, la primera cría nace más tarde que la media”. (…)

“Un mecanismo incorporado similar también puede impedir el incesto padre-hija, madre-hijo. Por lo general, el abuso sexual implica con mucha mayor frecuencia a un padrastro que a un padre biológico. Cuando implica a un padre biológico, a veces se trata de un hombre de un grupo religioso que cree en una estricta división del trabajo dentro del matrimonio, y que nunca cambió los pañales a su hija o la bañó y que, por tanto, ha evitado el contacto físico estrecho que probablemente constituye la base de la protección contra el incesto.

La historia contiene algunos casos de incesto notables. Sin duda, el papa Alejandro VI, que fue padre de un hijo con su hija natural y lo anunció en una bula papal, había hecho que la criaran nodrizas, probablemente fuera del Vaticano, y tuvo poco o ningún contacto con ella de pequeña. Los faraones egipcios se casaban a veces con sus hermanas, pero probablemente también habían llevado vidas separadas en la casa real, con escaso contacto salvo en ceremonias. El incesto dinástico condujo a algunos parentescos extraños: la reina Hatshepsut de la XVIII dinastía fue a la vez tía, madrastra y suegra del faraón Tutmosis III”.

Las nanas a través de Lorca

Y desde las nodrizas he llegado, en uno de mis buceos por la red de redes, a esta conferencia de Federico García Lorca sobre las nanas en España. Me ha parecido importante rescatarla, más que por su visión propia sobre el mundo de las nanas, por la recopilación de textos que realiza: “Las nanas infantiles”.

Después de leerla se me ha quedado mal sabor de boca con tanta nana triste, tanta nana trágica… Pero después he pensado que el mundo rural tradicional con sus cuentos y nanas describía realidades crudas que existían y no eran ocultadas a los niños. ¿Acaso no existen hoy en día hombres del saco y cocos de los que podemos saber a través de periódicos y telediarios? ¿Acaso no es el mundo exterior duro y trágico? Quizás no sea ético intentar que se duerma un niño trayendo a colación peligros varios, pero quizás ese no fuera el objetivo último, sino contar todo tipo de cuentos, tanto los que tienen final feliz como los que no lo tienen, mostrando toda la gama de tonos que existen en el mundo al que se irá enfrentando poco a poco el pequeño, sin esconderlos ni maquillarlos.

Una nana recopilada por Lorca: “Nana de Sevilla”

“Este galapaguito
no tiene mare;
lo parió una gitana,
lo echó a la calle.
No tiene mare, sí;
no tiene mare, no:
no tiene mare,
lo echó a la calle.

Este niño chiquito
no tiene cuna;
su padre es carpintero
y le hará una”.

Y una nana del propio Federico: “Nana del caballo grande”

Carta de Federico a “las muchachas”

“Aquí están, Anilla la Juanera y Dolores, la Colorina
Sobre todo mi Dolores, por lo buenísima que es
Vino a amamantar a mi hermano Paco y se quedó,
Habla mucho, se ríe mucho, cuenta historias sin parar
Como si hubiese vivido treinta vidas.
Es analfabeta porque nadie ha sabido enseñarle
A leer, mi madre lo intentó sin resultado,
Pero sabe más que todos nosotros.
En lo que se refiere al sexo, tiene una moral natural
Sin hipocresías, ni severidades.
Ella me ha enseñado a vivir…también Víctor Hugo, Galdós, Verlaine,
Juan Ramón Jiménez, Machado y sobre todo Rubén Darío.
Ellas, las criadas “muchachas” traen a los niños ricos, canciones
Romances y cuentos.
El niño tiene la marca
De la mujer pobre, que le da al mismo tiempo
En su cándida leche silvestre, la médula del país”.

Muchas cosas se desprenden de esta carta a las nodrizas, a las criadas, a las mujeres del mundo popular que criaban a los niños de las clases altas. Primero, resalta que Dolores, el ama de cría de su casa, era analfabeta (pecado mortal visto desde las alturas) y “sin embargo” era muy culta. Y, segundo, como mujer del pueblo no es ni mojigata ni victoriana a la hora de hablar de sexo, “tiene una moral natural”. Me ha parecido una carta-poema genial y llena de sinceridad.

Lorca no fue amamantado por su madre, que se puso enferma al nacer él. He buscado por todas partes el nombre de su nodriza y no lo he encontrado. Dolores “La Colorina”, la nodriza de sus hermanos a la que tanto quiso, llegó cuando él tenía 4 años. Solamente he encontrado esto: “Al nacer Federico, doña Vicenta se pone enferma, lo que hace que no se encargue de su hijo y lo ponga en manos de una nodriza que ni siquiera vive en casa de los García Lorca“. ¡Qué duro puerperio para la madre y para el hijo! ¡Cuántas veces se ha acusado a las mujeres que contrataban nodrizas de frívolas cuando muchas veces tenían problemas reales de salud, físicos o psicológicos! Como madre que también las pasó canutas en el posparto por una anemia atroz no puedo dejar de empatizar con ella.

“Sobre la madre de García Lorca circula el rumor de que cambió dos veces de nodriza, que le pudieron los celos al advertir la preferencia del niño por su ama de cría que, fuera quien fuera y de donde fuera, le conectó con el mundo, con los valores humanos. Conocedores de la historia familiar tachan a Vicenta Lorca de «insensible y egoísta».”

Y, por otro lado, ¿la historiografía no ha reservado ni siquiera un nombre para la mujer que lo amamantó? ¿Y por qué el propio Lorca tampoco habla de ella? Misterios y silencios en un ovillo de relaciones rotas, recompuestas y recreadas.

Figuras de la madre

Hoy presento un pequeño párrafo del libro compilado por Silvia Tubert “Figuras de la madre”, en concreto del capítulo escrito por Yvonne Knibiehler titulado “Madres y nodrizas”, que nos lleva a pensar que la clásica división patriarcal que se establece entre la mujer y la madre podría tener un paralelismo en el de la dama y la nodriza.

“A diferencia de las griegas, las romanas no daban siquiera el pecho. Una nodriza, casi siempre una esclava, se encargaba de la lactancia”. ¿Y quién lo decidía? ¿Las madres o los padres? En Roma, según describe la autora, el pater familias era el que tenía la autoridad para decidir, por encima de la madre. ¿Y por qué prefería a una nodriza? A veces para apresurar un nacimiento (por el componente anticonceptivo de la lactancia), para priorizar el linaje paterno sobre el materno impidiendo la transmisión de la sangre materna a través del amamantamiento y, por último, los romanos desconfiaban de la intimidad, para ellos debilitante, que crea la lactancia entre madre e hijo.

¿Creéis que el patriarcado actual, que sustituye al pater familias por el Estado (según la tesis de Feminicidio, de Prado Esteban y Félix Rodrigo Mora), continúa dividiendo nuestra identidad como ocurría durante el Imperio Romano?

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Yvonne Knibiehler