Mario y María Montessori

Poca gente sabe que la famosa pedagoga y doctora María Montessori tuvo un hijo con un compañero de trabajo en la escuela Ortofrénica, el Dr. Giuseppe Montesano. El hijo, Mario, seguramente naciera en 1901 (o 1898), cuando María renunció a su puesto de trabajo, rompió relaciones con Montesano y desapareció durante un año. El niño fue criado por una nodriza (a la que nadie, ni los biógrafos, se han molestado en poner nombre) a las afueras de Roma y María iba a visitarlo de vez en cuando, sin decirle nunca que ella era su madre.

Giuseppe Montesano

Hasta aquí lo que más o menos se sabe de la historia a un nivel superficial. Pero, ¿por qué una mujer supuestamente tan emancipada, la primera mujer graduada como doctora en medicina en Italia, no pudo criar a su propio bebé? ¿Qué se puso en su camino? ¿Acaso no se nos dice que en el patriarcado son los hombres los que intentan controlar la sexualidad y los hijos gestados por la mujer? En este caso parece que no fue así, ya que Montesano no quiso criarle tampoco. Hay algo que no termina de cuadrar, ¿verdad?

Renilde Stoppani

Las personas que más se interpusieron entre esta madre puérpara y su bebé no fueron otras que la madre de Montesano, Isabella Schiavone, y su propia madre, Renilde Stoppani. Y, ella, tan rebelde y autónoma en todo lo demás, en esto fue sumisa ante el poder de las madres (el matriarcado, en un sentido literal y etimológico). ¿Y cómo sabemos esto? Pues porque el propio Mario Montessori así se lo explicó a Rita Kramer, la biógrafa de María Montessori. Este le contó que sus padres no se casaron porque la madre de Montesano se opuso a ese matrimonio y que el plan de mandarle con una nodriza fue urdido por estas dos mujeres. Montesano, por su parte, dijo que le daría el apellido legal a condición de que el nacimiento de Mario fuera mantenido en secreto. Mario también le contó a Kramer que Giuseppe y María hicieron la promesa de no casarse y que fue el incumplimiento de esa promesa lo que provocó en María la gran crisis vital que la impulsó a dejar su puesto de trabajo. Si no lo he entendido mal, no fue el abandono hacia el hijo sino el abandono del padre de su hijo lo que provoca el derrumbe. Tenía 30 años. Dejó la medicina y se puso a estudiar antropología, psicología y otras disciplinas, centrándose en las investigaciones de Edouard Séguin. Su nuevo objetivo fue intentar desarrollar una forma de educar a los niños para crear eso que llaman una “sociedad mejor”.

Rita Kramer parece que trata de justificar estas decisiones afirmando que hace 75 años (su biografía fue publicada en 1976) la noticia de que Maria Montessori tenía un hijo fuera del matrimonio habría arruinado su carrera y cualquier posibilidad de hacer su gran contribución al mundo, lo que ella creía que era el objetivo de su vida. Lo cierto es que esto era verdad entre las clases altas que tenían una reputación moralista y puritana que mantener, en las clases populares y rurales la gente tenía hijos fuera del matrimonio o tenían el hijo y se casaban años después, como por ejemplo se cuenta en el libro “La familia campesina del occidente asturiano” de Asunción Díez. Pero, aún así, no deja de ser paradójico que una mujer que unos años antes de parir había viajado a dos congresos internacionales de mujeres, uno celebrado en Berlín en 1896 y otro en Londres en 1899 en el que había hablado desde el atril sobre las mujeres y los niños, y sobre las repercusiones que sus condiciones de vida tienen sobre la sociedad, finalmente no tuviera la valentía de enfrentarse a su madre y su “suegra” y poder criar a su propio hijo, independientemente de estar casada o no. ¿Por qué negarle la identidad y el cariño a un niño, que no tenía permitido saber que aquella elegante mujer que le visitaba era su madre, para cumplir los designios de dos abuelas y el padre de la criatura? Al final está claro que se sacrifica al más débil…

Mario Montessori

La perspectiva de Mario que se narra en el libro de Kramer puede resumirse en que tenía vagos recuerdos sobre una mujer bella que le visitaba de vez en cuando y sobre la que él proyectaba sus fantasías maternales, ya que las personas que le criaban no eran sus verdaderos padres. Con siete años le mandaron a un internado, una institución que todo el mundo sabe que se suele caracterizar por su calidad y empatía hacia la infancia, cerca de Florencia y las visitas de María siguieron sucediéndose, pero nadie le explicaba nada.

Un año después de la muerte de la madre de María, la que se oponía a que su hijo fuera reconocido públicamente como su hijo para que ella pudiera desarrollarse profesionalmente, sucedió algo importante. Fue un día de primavera de 1913, cuando tenía 15 años, recuerda Mario. En una de las visitas de María, simplemente dijo “Sé que eres mi madre” y también le dijo que quería irse a vivir con ella, a lo que María no se opuso. Y, como en los finales de los cuentos, vivieron felices y comieron perdices, ya que él jamás se separó de su lado y fue un pilar muy importante de las organizaciones que fundaron.

A partir de ese momento, Mario rechazó apellidarse Montesano y se llamó Mario Montessori a secas. De esta forma, reflexiona Kramer, se protegía al padre, que estaba casado y tenía una familia propia, pero también era una forma de negar al padre y quitarle de en medio. Sin embargo, a pesar de que vivía con ella, no le presentaba todavía como su hijo. Más tarde, en su viaje por California en 1915, le presentaría como su sobrino y después como su hijo adoptivo. En 1929 todavía no le reconocía públicamente como su hijo biológico.

Después de leer el libro sigo sin comprender esta historia, no puedo entender que alguien dedique su vida al estudio universitario y a la implementación de métodos escolares mientras no es capaz de hacer un corte de mangas a los convencionalismos sociales, al padre, a la madre, a la suegra, a la sociedad entera, al feminismo, al patriarcado, al matriarcado, al “arcado” (poder) mismo. ¿Para qué sirve la fama y el reconocimiento si no puedes criar desde tus entrañas? No lo entiendo y no soy capaz de reconocer los avances de su método pedagógico (yo no creo en la escuela en general) porque el verdadero avance para la humanidad hubiera sido ese atrevimiento, esa subversión en nombre del amor a un bebé del que te separan nada más nacer. Esa es para mí la verdadera revolución pedagógica Montessori que nunca se realizó, la que hubiera enseñado a la gente, a la alta sociedad, a las élites políticas y económicas, al feminismo naciente, lo verdaderamente importante en la vida. No lo que hay que enseñar a los niños de los barrios bajos o altos, a los marginales, a los retrasados, a los listos, a los ricos, y cómo deben aprenderlo. No, esa pedagogía es inútil o incluso perjudicial, porque el ser humano ha vivido sin escuela durante milenios y los niños han aprendido lo que tenían que aprender de la vida sin necesidad de pedagogos.

La pedagogía que podría haber aportado al mundo tenía que haber sido hacia los adultos de su entorno, en primer lugar, y hacia los adultos de la llamada “vida pública”, universitaria, presidentes de Estado, empresarios, reyes… Esos sí necesitan que alguien les muestre lo que es el amor más básico y sencillo con un simple acto de valentía, sin necesidad de métodos grandilocuentes ni apellidos de renombre. Y es que, si tener un hijo va a ser un obstáculo en tu carrera profesional o a tu reputación, quizás esa carrera y esa reputación son sencillamente una mentira, un artificio, una basura empapelada con un papel muy bello y brillante, pero que debajo no tiene nada, humo. Ideas sin cuerpo. Humo. Así podríamos describir gran parte del conocimiento humano enseñado en las universidades y la alta cultura en general, todo basado y apoyado en criadas y nodrizas que ponen su energía y su vida para que otros puedan crear algo en teoría más valioso o, al menos, valorado socialmente.

Escuela Montessori. 1932, Barcelona.

Relacionado:

  • Hay una película biográfica que cuenta esta historia a modo de ficción, pero con aportaciones y diálogos inventados sobre el tema de su hijo que no figuran en la biografía de Kramer:

  • La biografía de Rita Kramer, prologada por Anna Freud, todo un panegírico de María Montessori:

Aquella temible peste de los conventos…

Ramazzini

Esto escribió Bernardino Ramazzini en su capítulo dedicado a las enfermedades de las nodrizas. Corría el año 1700…

“Ahora bien, si no hay placenta, como en las vírgenes, en las cuales hay veces en las que fluye leche en los pechos, obligatoriamente admitiremos la relación que se da entre los pechos y el útero, como lo testimonia suficientemente la experiencia que nos muestra, debido a trastornos del útero, como aparecen tumores cancerosos en los pechos femeninos, observándolo más en las monjas que en otras mujeres, y no precisamente por falta de menstruación, sino, más bien, según creo, debido a su celibato, con mucha frecuencia he visto religiosas de buen aspecto y con unas menstruaciones normales, pero dotadas de naturaleza lasciva, cómo morían miserablemente víctimas del horrendo cáncer de pecho. Ya que en Italia, en cualquier ciudad, cuentan con conventos de religiosas, es rarísimo no encontrar alguno que no albergue peste tan temible. ¿Por qué el delirio uterino es la causa de que sean castigados los pechos y no lo sean, en la misma medida, ni con tanta frecuencia, otros miembros? Ciertamente, debido a esa mutua relación, desconocida y oculta a la investigación de los autores, pero que algún día quedará al descubierto, cuando la verdad se de sin tapujos”

 

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Relacionado:

Decisiones informadas: Los riesgos de no ser una madre joven (y no amamantar)

Dioses y diosas patriarcales…

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El Origen de La Vía Láctea (1575) es una obra de Tintoretto expuesta en la National Gallery. “La fuente probable de este tema fue probablemente un libro de texto de botánica bizantina, “Geoponica”, en el que se narra cómo Júpiter, queriendo inmortalizar al niño Hércules (cuya madre era la mortal Alcmene), le aupó al pecho de la durmiente Juno. La leche que salió disparada formó la Vía Láctea, mientras que otra parte cayó hacia abajo dando lugar a unos lirios”. Tomado de: http://www.nationalgallery.org.uk/…/jacopo-tintoretto-the-o…
A ver, diosecillos, hay que pedir permiso para poner a un bebé desconocido en el pecho de quien sea. ¿Y qué es eso de robarle el niño a una mortal? ¿Y qué es eso de separar al bebé Hércules de su mamá Alcmene? ¿Y qué es eso de que Juno intentara evitar que naciera Hércules atando las piernas de Alcmena cuando estaba embarazada? ¿Y qué es eso de que Júpiter (Zeus) abusara sexualmente de Alcmene haciéndose pasar por su marido para dejarla preñada? Dichosos dioses y diosas patriarcales…

Lactancia viejuna en Madrid

Cuando buscamos referencias históricas sobre lactancia o la crianza de los niños nos solemos encontrar con que los textos que nos han llegado son casi todos normativos o legales, donde se dice lo que era apropiado y lo que no, cómo se tenían que hacer las cosas e incluso qué castigos les esperaban a los que se saltaban las leyes establecidas por los poderosos o por la divinidad.

Por ejemplo, en el Código de Hammurabi (1800 a.C.), que hoy se puede visitar en el Louvre, se dicen cosas como esta:

“194.- Si uno dio su hijo a una nodriza y el hijo murió porque la nodriza amamantaba otro niño sin consentimiento del padre o de la madre, será llevada a los jueces, condenada y se le cortarán los senos.” ¡Toma ya!

Como ya saben los lectores de este blog, me encanta investigar sobre la historia de las nodrizas, ya que se puede aprender mucho sobre cómo era la lactancia y cómo eran las costumbres de crianza en cada momento histórico. Del libro de Carmen Sarasúa “Criados, nodrizas y amos. El servicio doméstico en la formación del mercado de trabajo madrileño, 1758-1868” he aprendido unas cuantas cosas que ahora os cuento a continuación:

Sobre conciliaciones imposibles:

– “Las inclusas no sólo son el lugar de trabajo de algunas nodrizas (normalmente, las que no consiguen emplearse con familias), sino el medio que permite a muchas otras emplearse. Los expósitos eran en su mayoría hijos de mujeres muy pobres que sólo abandonándolos pueden emplearse, muchas precisamente como sirvientas.” Pg. 142.

“La mayoría de las mujeres no encuentran trabajo sino en el servicio doméstico, que les impide mantener a sus hijos consigo.” Pg. 143.

Esto aporta mucho a las incógnitas que tenía cuando escribí mi visita a la Inclusa de Madrid en el “Más allá del parque #2”. Ahora entiendo que la Inclusa, creada y amadrinada por la Junta de Damas (mujeres aristocráticas) era más que una institución de caridad, era totalmente necesaria en la sociedad de la época para que las mujeres pudieran “liberarse” de la maternidad y servir a las clases pudientes. Hay también escritores citados en el libro que afirman directamente que muchas nodrizas se “amancebaban” y después de parir dejaban a sus propios hijos en la iglesia para entrar a trabajar en casas amamantando y cuidando a los hijos de otros.

La crianza del desapego:

En Francia, único país europeo que contó con un organismo específico para regular la contratación de nodrizas, el Bureau Géneral des Nourrices et Recommandaresses pour la Ville de Paris, fundado en 1769 y suprimido en 1876, sus registros han resultado una fuente muy valiosa para el estudio de la lactancia asalariada. Sussmann calcula que en París, a comienzos del siglo XIX, eran dados anualmente a nodrizas unos 10.000 niños, la mitad de los nacidos cada año en la ciudad, y que el Bureau tramitaba un 50% de estas colocaciones. 

Silvestro Lega (1826-1895). Visitando a la nodriza.

Los tipos de nodrizas:

En el período que estudia el libro hubo variaciones en el número de nodrizas en Madrid que fluctuaban entre las 184 y las 95, según el número de anuncios del Diario de Avisos de esta ciudad. Había tres tipos de nodrizas según la procedencia: cantábricas, las de localidades cercanas a Madrid y las que vivían en la misma ciudad. También había otra clasificación: las nodrizas que trabajaban en casa de los padres, las de la Inclusa (las peor pagadas) y las que se quedaban el niño en su casa. ¿Qué tipo de vinculación tenían esos bebés con sus padres biológicos en este último caso? ¿Cómo serían esas visitas de lo que para el bebé eran extraños? ¿Cómo vivirían la separación definitiva de sus madres de leche y la vuelta a la ciudad? La verdad es que pensarlo estremece…

No es extraño que en base a este tipo de situaciones la filósofa Elisabeth Badinter niegue la existencia del “instinto maternal” universal y biológico. Si existe, ¿cómo podían abandonar a sus bebés con extrañas durante años? A mi me gusta más hablar de ética de los cuidados pero no puedo negar que me cuesta admitir que no existiera un componente hormonal y químico en el vínculo de esas madres con sus hijos. ¿Sería la cultura, el tipo de parto o la separación madre-bebé la que anulaba ese instinto? ¿Nunca existió y lo que sentimos es una creación cultural?

Las nodrizas que criaban en su propia casa pasaron de estar en los pueblos cercanos a Madrid a vivir en los barrios obreros de la ciudad. Esto tuvo dos causas principales: la emigración forzosa y la críticas de los médicos ilustrados hacia la lactancia mercenaria.

“Por un lado, la crítica médica de las condiciones en las que se crían los niños en casa de las nodrizas lleva a las clases adineradas y, por imitación, a las clases medias, a preferir a la nodriza que cría en casa de los padres. Por otro, el deterioro de las condiciones de los labradores de los pueblos cercanos a Madrid hace que éstos dejen de ver la lactancia de niños de la ciudad como una actividad interesante para su economía. Criar niños de la ciudad había sido una actividad complementaria de las agrícolas o artesanales que realizaba la familia. Las crisis de subsistencia, la inflación y las guerras provocan, sobre todo a partir de la década de los noventa, la pauperización de los pequeños labradores, que dejan sus pueblos para buscar trabajos en Madrid, o entran directamente a formar parte de los mendigos que pululan por la Corte.” Pg. 151.

Las críticas de los médicos de la nobleza contrarios a la lactancia asalariada también dan muchas pistas sobre cómo criaban las gentes del pueblo llano. Por ejemplo, se les criticaba mucho que dormían con los peques en la cama. ¡Cómo han cambiado los tiempos! Ahora son los pediatras más famosos los que promueven el colecho.

“no hay Ama que en su casa no se ponga al niño en la cama, donde respira los hálitos y vapores de dos cuerpos mugrientos dentro de un lecho puerco, y en un quarto sucio, y mal ventilado”. Los acidentes que sufren los niños en este ambiente son múltiples: asfixia por proximidad al humo del hogar, mordeduras de animales que viven mezclados con la familia, especialmente cerdos. (…) Además, “las más de las Amas son gente pobre, y de baxa suerte, cuya miseria las reduce a un alimento escaso, grosero, indigesto, más vegetable que animal, y que solo su vida activa y laboriosa puede soportar y digerir”. Pg. 153, tomado de un libro de J. Bonells, el médico de la casa de Alba.

Choques de costumbres entre clases sociales. Hablan los “expertos”:

Aquí viene algo interesantísimo del libro y es la transición que provoca que la tarea de criar a los bebés aristócratas ya no se dejara en manos de las clases populares, como las nodrizas que a ojos de los médicos:

“criadas con entera libertad entre la plebe, sin instrucción, sin principios morales, sin decoro, sin urbanidad, no conocen más razón que los caprichos de su alvedrío; ni se gobiernan por otras reglas, que sus preocupaciones y apetitos; por lo cual no poniendo freno a sus pasiones, tan presto las arrebata la ira como las acoquina un terror pánico (…) la moderación obra rara vez en ellas; todo son violentos extremos, y su último cuidado es el daño que pueden causar a los niños que tienen en sus pechos.”

Aunque el texto está cargado de prejuicios contra el pueblo, no deja de ser significativo que se presente a las mujeres de las clases populares como “criadas con entera libertad” que no parecen oprimidas por nadie, ni por sus padres, ni por sus maridos. Eso sí, la contrapartida es presentarlas como animales salvajes sin raciocinio ni capacidad reflexiva. La realidad es que los médicos de las clases altas no podían soportar que los bebés que heredarían el poder estuvieran en contacto con la cultura campesina, sus cuentos y canciones. ¡Qué extraño encuentro de clases, tan difícil de imaginar con nuestros ojos urbanos del siglo XXI!

Sin embargo, a pesar del escándalo de los médicos, los padres y madres ricos pasaban bastante del tema, mandaban a sus hijos lejos y les visitaban poquísimo, a veces solamente iban para pagar a la nodriza el sueldo.

El libro de Carmen Sarasúa presenta datos importantes, como que los niños volvían a sus familias biológicas después de dos o tres años. Los médicos también criticaban que cómo tenían tanto trabajo, las mujeres del campo no podían dedicarse demasiado al bebé y que muchas veces el niño salía lesionado por intentar hacer las tareas con un brazo libre y con el otro sujetar al crío. ¿Y cómo es que no usaban portabebés? No lo sabemos… Lo que sí sale a relucir es que la mujer del pueblo no estaba centrada en los bebés y nada más sino que hacía sus tareas mientras les cuidaba. Los niños, tanto los aristócratas que llegaban como los biológicos, no eran el centro de la vida, estaban en la vida misma, lo que para los médicos ilustrados era algo digno de crítica.

En el texto de esta historiadora también se explica cómo las nodrizas que venían a casa de los padres provenían sobre todo de las regiones cantábricas. Todo empezó como una moda de las elites y la monarquía que después era seguida por las clases medias. En concreto, las más buscadas eran las pasiegas. Sus historias de llegada a Madrid no dejan de ser curiosas:

– “Emprenden con varonil resolución el camino de la Corte, bien solas y en clase de agregadas a la embajada de una galera o un carromato, o bien reunidas varias de ellas y en caravana. Lo primero que procuran es proveerse de un perrillo recién nacido, que durante la expedición y hasta hallar, como ellas dicen, “acomodo”, haga las veces de párvulo, y aplicándole al pecho le conserve y mantenga el jugo nutricio, objeto de especulación”, Teatro social del siglo XIX, tomo II, Madrid, 1846.

¡Amamantaban a un perrito! Parece increible, ¿verdad? También sorprende de nuevo la libertad con la que se movían las nodrizas, iban y venían, viajaban sin hombres…

Si nos sorprende la poca vinculación de las mujeres de clase alta con sus pequeños, el desapego de las nodrizas del pueblo tampoco era menor, ya que también dejaban a sus hijos a los pocos meses de nacidos para amamantar a otros niños en la ciudad. Se trataba de una emigración temporal para volver con ahorros al pueblo. Mientras, el propio hijo era amamantado por “una vecina por una miserable cantidad”. También se empleaban como nodrizas mujeres que habían perdido a su bebé.

Las amas de cría no solamente amamantaban, también limpiaban a los bebés, les dormían, les entretenían durante los dos o tres primeros años de vida:

– “Las nodrizas hacen su trabajo según un conocimiento tradicional que los médicos e higienistas critican duramente, considerándolo responsable de muertes, enfermedades y malformaciones (…). Pg. 165.

Una de las prácticas tradicionales, según la autora, era el “modo de embolver y faxar los niños todavía muy pequeños”:

“la opresión violenta de las embolturas es la causa más común de algunas fealdades como las corcobas, piernas torcidas y otros defectos que adquieren los niños. Para convencerles de esta verdad, no es menester poner los ojos sino en los hijos de los pobres, y particularmente de los Aldeanos, los que dexan libres a sus hijos en sus cunas, o gergoncitos, y crecen prodigiosamente robustos (…). La reforma que se pretende introducir en el modo de embolver a los niños se reduce no más a que se aprieten menos de lo que se acostumbra los pañales en que se les embuelve; a mudar, o variar la forma y el modo de asir la gorra; a sostituir cintas en vez de alfileres; y a desterrar absolutamente el uso de la faxa, tan incomoda para la Ama, como perjudicial y peligrosa para las pobres criaturas (…). No embolviendo a la criatura en tantos pañales, ni con tantas ligaduras, le será más fácil a la Ama removerla y mudarle ropa quando se haya soltado el vientre (puesto que) el embarazo y engorro que hallan las Amas en hacer y deshacer las faxas y embolturas es la causa motriz de su negligencia.” Diario de Avisos. 1759.

Después de leer esto, no se entiende muy bien lo que explica la historiadora, ya que no concuerda mucho con lo que dice el artículo que cita. Las nodrizas eran aldeanas y si los hijos de los pobres se criaban bien sin ser fajados de forma tan apretada, ¿por qué a los hijos de los ricos que criaban sí les fajaban? Si alguien lo entiende, que me lo explique…

Es muy curioso ver en este choque de costumbres que a los médicos criticones tampoco les gustaba que los niños pasaran demasiado tiempo en la cuna:

– “No podemos negar que la invención de la cuna, si se hace buen uso de ella, es útil (…)¿Pero qué uso hacen las nutrices de esta útil invención? (…) muchas de las veces que el niño llora, sin pararse, como hemos dicho, en examinar la causa de su llanto, echan luego mano a la cuna y empiezan a mecerle con la mayor violencia (…). Quando a fuerza de mecer no pueden las Amas acallar a los niños suelen valerse de otro medio muy propio de su grosería, y es asustarlos con amagos del coco, del duende y otras sandeces de esta calaña”.

También se criticaba que se les dejara al cuidado de otros niños, que no se satisfacieran sus necesidades de comida o limpieza,  o las formas en las que se les enseñaba a andar (con andadores y polleras). Esto me recuerda algo que vi en Senegal y es al parecer algo muy habitual en las zonas no industrializadas: las niñas criaban a los bebés o peques. Ni guarderías ni madres en casa hasta que el niño cumpla tres años, la crianza después de los primeros meses la llevan a cabo las niñas.

La duración de la lactancia:

Sobre la duración de la lactancia en los siglos XVIII y XIX en Madrid el conocimiento del mundillo de las nodrizas tienen mucho que aportar: Las familias con dinero mantenían a la nodriza cerca de dos años, “lo que coincidía con el período en que ésta podía amamantar”. Las familias menos pudientes o que querían destetar antes, mantenían a la nodriza durante 8 o 12 meses. 

La lactancia mercenaria tenía un componente especulativo. Por ejemplo, la nodriza de Isabel II, Francisca Ramón (21 años) dejó a su hija al cuidado de su vecina Josefa Rueda, que cobraba 180 reales mensuales. Su beneficio era la diferencia entre este sueldo y el que cobraban las nodrizas reales, unos 900 reales al mes cuando comenzaban a lactar y 450 reales al mes cuando estaban de respuesto.

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Madre pasiega con su bebé en el cuevanu (cuévana) a modo de cuna portátil.

La moda de presumir de ama de cría:

Las nodrizas que vivían en la casa del niño tenían una función también de ostentación. Por ejemplo, en este texto hay referencias incluso al porteo en pleno Madrid, seguramente de nodrizas pasiegas:

“Son las seis. Encaminémonos hacia la Puerta del Sol, pero no sin antes detenernos en los jardines que hay en la entrada de la calle de Alcalá. Están repletos de niños que se divierten, de criadas, nodrizas con vestidos de franjas azules y rojas, que llevan a la espalda, en una canasta de mimbre, recubierta con un vistoso pañuelo, a un pequeñín acostado entre sus pañales”. Artículo: “Paseo por Madrid”, del libro “Viaje por España” de Luis Teste (1872).

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“La infanta María de las Mercedes en brazos de su nodriza” (1881). El traje tenía una falda de paño con peto que se bajaba para amamantar. ¡Ropa de lactancia de la época!

De nuevo la conciliación y la lactancia:

Cuando no era posible la lactancia humana se recurría a la leche de cabra, burra o vaca, pero las condiciones higiénicas de su venta en las ciudades hacía que más que ayudar aumentaran la mortalidad.

Las madres trabajadoras eran las que más recurrían a ellas y es que el trabajo siempre ha sido causa fundamental de destete en las mujeres que no podían conciliar lactancia con vida asalariada:

“La hija del proletariado, desarrollada en un miserable ambiente, llega a ser madre y siempre ha de criar a sus hijos y transcurridos los cuatro o cinco meses en que necesariamente ha de declinar su poder lactativo, comienza a ayudarse con leche que adquiere en los puestos de la calle o en las lecherías”.  (1903. El Progreso Agrícola y Pecuario).

Lactancia y poder estatal

J. Bonnells acusa a las madres que no amamantan de aumentar las calamidades del Género Humano y, atención, de dar al Estado solo “vasallos inútiles”. Aquí está la razón última por la que amamantar, no era considerado un bien en sí por estos médicos ilustrados, sino que medio para lograr que el poder obtuviera vasallos con buena salud (para exprimirlos bien, supongo), lo que no era posible en igual grado si eran amamantados por amas de cría mercenarias.

Ojo a esta cita del ilustrado Bonnells. Este médico llegó al extremo de pedir castigos a las mujeres que no probaran un motivo aprobado por un médico, un juez y el marido para no amamantar. ¡Eso sí que es ser un talibán de la teta! A la autoridad siempre se le ha dado bien infantilizar a las mujeres, por otra parte…

“Esta es la edad en la que más que nunca necesitan los niños de toda la vigilancia, de toda la paciencia, y de toda la ternura de una madre. Y esta es cabalmente la edad en que la barbarie de las madres confía su crianza a una muger mercenaria sin reparar que mal desempeñará por un vil estipendio las obligaciones de las quales ellas mismas huyen por pesadas (…). Entregadas directamente muchas mugeres a los deleites y pasatiempos, miran toda sujeción y cuidado como una carga insoportable, y poniendo toda su felicidad en el contentamiento de sus gustos, paréceles tanto más pesado el yugo de la crianza de los hijos quanto menos llevadero le hace su desarreglada vida (…). La incomodidad que muchas temen más, y alegan menos, es la privación de sus divertimentos.”

La realidad es que la mortalidad infantil era mucho más alta entre los niños criados por nodriza en los arrabales y los amamantados por su propia madre, al menos basándonos en un estudio francés de 1868. Pero Bonnells olvida que la principal causa por la que las madres de las clases altas y medias abandonaban a sus hijos con nodrizas lejanas no eran los “pasatiempos” sino sus maridos, convencidos de que no se podían mantener relaciones sexuales durante la lactancia porque se estropeaba la leche. Y Elisabeth Badinter, ¿qué opina de todo esto?

El desapego de las nodrizas con sus propios hijos también es cuestionado por otros estudios, como este interesantísimo de la matrona Tamara Gómez Pérez sobre las madres y nodrizas pasiegas. Aquí podemos leer cosas como: “Muchas abuelas también fueron nodrizas y sabían lo que sus propias hijas añoraban y sufrían por el abandono temporal de sus hijos ante la falta de dinero e ingresos”. ¿Qué sabemos nosotros, desde nuestro mundo urbano del silgo XXI sobre los sentimientos de las mujeres, tanto ricas como pobres, respecto a estos temas? Hacen falta más investigaciones que recopilen sus voces en primera persona, no lo que opinaban otros sobre sus decisiones.

El uso de nodrizas en Europa desapareció tras la Primera Guerra Mundial. Mientras esta práctica caía en desuso, crecía el empleo de niñas-niñeras (7-15 años) para hacer todo lo que no fuera amamantar.

Si podéis no dudéis en echar un vistazo al libro de Carmen Sarasúa. Es un apasionante viaje al pasado que me ha hecho replantearme muchas cosas que hoy damos por supuestas en la crianza de los niños.

Bibliografía para profundizar o cotillear:

“Tres discursos para probar que están obligadas a criar sus hijos a sus pechos todas las madres, quando tienen buena salud” del médico Juan Gutiérrez De Godoy (1579-1656).

“Perjuicios que acarrean al genero humano y al Estado las madres, que rehusan criar a sus hijos, y medios para contener el abuso de ponerlos en Ama”:

 

De lactancia mercenaria, nodrizas y amas de cría.

Sigo con fascinación investigando la historia de las amas de cría y aunque sigo sin poder contestar a la pregunta que guiaba hoy mi búsqueda (¿en que año se ilegalizó o cayó en desuso esta práctica en España?) he encontrado varios videos interesantes:

Si vais a Cantabria (Selaya) este parece un museo muy interesante:

En todas partes leo que durante el siglo XIX hubo hambrunas y penalidades en los pueblos pasiegos que empujaron a las mujeres ha irse lejos a criar a niños ajenos y se separaban de los suyos propios. ¿Qué hay de cierto y de falso en estas afirmaciones? ¿Cuál era la causa de estas hambrunas?

Porque lo más duro de asimilar, desde nuestra óptica actual, es eso mismo: sus hijos eran criados con leche de vaca mientras ellas ofrecían su leche a bebés de madres adineradas de la capital. ¿Puede haber algo parecido hoy en día? Muchas veces pienso en las emigrantes que vienen a cuidar niños españoles mientras sus propios hijos son criados por abuelas o familiares en sus países. No sería extraño que quizás dentro de muy poco comiencen a salir madres españolas a cuidar niños alemanes, por ejemplo, debido a la crisis económica. Así es el sistema económico, político y sobre todo ideológico en el que vivimos desde hace tantos años… Porque hace falta recordarlo: detrás de estas historias siempre detrás está la palabra “crisis”, “hambruna”, “pobreza”. En teoría, nadie se separa de su familia por placer y por conocer mundo. Para eso están los viajes por placer, pero esto es otra cosa.

Por eso, es importante tanto concocer la historia de las amas de cría como las razones por las que abandonaron sus bellos paisajes por la inhumana ciudad, con la Plaza de Santa Cruz en Madrid como primera parada en el siglo XIX. Continuaremos investigando…

Termino con este video de una charla de la Universidad de Cantabria titulada “Lactancia y maternidad: las amas de crías pasiegas”, conferencia perteneciente al ciclo “Reflexiones sobre las maternidades” organizado por el Aula Interdisciplinar “Isabel Torres” de Estudios de las Mujeres y del Género el 15 de diciembre de 2011. Por cierto, discrepo totalmente con el enfoque de la introducción de la charla:

Más allá del parque – #3 – La plaza de las nodrizas de Madrid

Cita histórica encontrada en el libro “Criados, nodrizas y amos: El servicio doméstico en la formación del mercado de trabajo madrileño, 1758-1868”de Carmen Sarasúa:“Hay en la Plaza de Santa Cruz, de Madrid, un mercado diario de carne humana, cuya influencia en las costumbres no se ha pesado todavía. Los que pasan miran, ven un grupo de pasiegas sentadas en el suelo, o en las piedras que forman el borde de un portal, las unas con un niño de pecho, las otras sin él, y sin fijar más ni su atención, ni su pensamiento prosiguen su camino (…).
¿Qué hacen aquí estas pobres y robustas montañesas, las unas comiendo un mendrugo de pan y las otras indicando en su semblante que no les desagradaría comerle? ¿Qué hacen? Esperar pacientemente a que una madre pobre y desventurada, o que alguno en nombre de una madre rica y regalona se acerquen a contratarlas para que, por tanto más cuanto, den a su hijo el alimento que llevan en sus pechos. Mercancía singular, no comprendida en ningún código de comercio, y la única que salió a salvo del sistema tributario del Sr. Mon, que es todo lo que se puede decir. Consideramos a las pasiegas en tres distintos periodos, a saber: antes de Sta. Cruz, en Sta. Cruz y después de Sta. Cruz, aunque para ellas las tres épocas son tres cruces y ninguna santa.” Teatro Social del siglo XIX, tomo II, 1846.
Me parece un tema apasionante el de las nodrizas… Creo que no se puede pensar en la historia de la lactancia sin ellas, cuál era su papel, por qué las mujeres de las clases altas no amamantaban, de dónde procedían las nodrizas y qué razones les impulsaban a vender sus servicios… Me pregunto por qué se ha mercantilizado el cuerpo femenino a lo largo de la historia, ya sea en el alquiler de sus pechos, vagina o útero o la venta de sus óvulos. También me interesa la otra parte, la altruista como la lactancia solidaria o comunitaria, por ejemplo. Quién sabe hacia dónde me llevará esta investigación.
CONTINUARÁ…

Más allá del parque – #2 – La Inclusa de Madrid

Después de convertinos en viajeros por nuestra propia ciudad en otro post, en nuestra siguiente ruta he querido buscar lo que pudo dejar a su paso la Inclusa de Madrid. ¿Quedaban algo de los distintos edificios donde tantos niños abandonados vivieron y murieron? Como la historia de la Inclusa es tan extensa que la ruta la hemos tenido que hacer en varios días y de diferentes formas: caminando, en portabebé, en carrito, en brazos, en bandolera, en metro y en autobús. Para buscar la información, el principal documento en el que me he apoyado ha sido este, de la Asociación Española de Pediatría, pero si os interesa el tema, hay más bibliografía al final.

Lo primero que habría que explicar es el extraño nombre de “la Inclusa”. Pues bien, es una adaptación a la madrileña de una localidad holandesa que en algunas fuentes es Enckuissen y en otros es la isla de Esclusa (L’Écluse). Según cuenta el Dr. José Ignacio de Arana, “Al conquistarla los españoles, un soldado encontró en una iglesia profanada un cuadro de la Virgen de la Paz rodeada de ángeles y con un niño a sus pies y decidió unirla a su escueto equipaje militar.” Y con un cuadro se trajo el nombre del orfanato madrileño.

La Inclusa de Madrid estuvo en los siguiente lugares a través de los siglos:

– 1579-1801: Desde su creación por la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y las Angustias la Inclusa estaría en la Puerta del Sol, entre la calle de Preciados y la del Carmen.

– 1801-1804: Edificio de la “Galera Vieja”: calle del Soldado, hoy calle de Barbieri. He intentado investigar si existe el edificio todavía o en qué número estaba pero no lo he conseguido por internet. Quizás lo mejor sea ir un día y preguntar a los vecinos más viejos de la calle, a ver si saben algo.

– 1804-1807: Se mudan a otro edificio en la Calle Libertad, en el mismo barrio.

– 1807-1929: La Inclusa se instala en el ya existente Colegio La Paz en la Calle Embajadores dedicado a recoger “mujeres y niñas menesterosas”. Otras fuentes dicen que se traslada a Mesón de Paredes pero que estaba pared con pared y conectada con el Colegio La Paz de Embajadores. Según se puede leer en “Madrid, villa y corte: calles y plazas Volumen 2” ahí estudiaban las huérfanas que salían de la Inclusa. El colegio había sido fundado por la Duquesa de Feria, Ana Fernández de Córdoba, en 1679.

En el número 66 de Mesón de Paredes, hoy la plaza que hay al lado del Mercado y Las Escuelas Pías, estaba la Inclusa y el Hospital de Maternidad.

 

1910. Calle de Embajadores. La Inclusa y el Colegio de la Paz

Foto tomada del flickr de nicolas1056

El mismo lugar de la calle Embajadores donde estaba el Colegio La Paz hoy en día. Travesía de los Cabestreros. A la misma altura pero en Mesón de Paredes estaba la Inclusa (los dos edificios estaban comunicados).

1900. Niñas del Colegio de la Paz

1900. Niñas del Colegio de la Paz. Tomada del flickr de nicolas1056.

1905. Amas de cria de la Inclusa

1905. Amas de cria de la Inclusa

– O’Donnell. “En el año 1929 la Diputación Provincial de Madrid, de la que dependen los organismos de Beneficencia, dispone la construcción de un edificio totalmente nuevo para alojar la Inclusa. La elección del sitio no es aleatoria. Se trata de un amplio terreno en la entonces alejada calle de O’Donnell, propiedad de la Junta de Damas que regía la institución y donde muy poco después se construiría la Maternidad Provincial”:

La Inclusa en su parte opuesta a la calle O’Donnell.

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Nosotros frente al edificio que albergó la Inclusa en O’Donnell, lo que se llamó Instituto Provincial de Puericultura.

“Se trata de dos relieves, de preciosa cerámica, representando a dos recién nacidos fajados, imitación exacta de los que adornan la fachada del Hospital de los Inocentes de Florencia y que en el siglo XV modeló el artista del Renacimiento Andrea della Robia. La Inclusa perdió ese nombre para pasar a llamarse Instituto Provincial de Puericultura aunque siguió manteniendo sus funciones”.

Niño enfajado en la entrada principal del Instituto Provincial de Puericultura

El original en el que se inspiraron los arquitectos constructores de la Inclusa de O’Donnell: El Spedale degli Innocenti de Florencia, un orfanato del siglo XV.

Logo de la Asociación Americana de Pediatría y Brasileña: http://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0370-41062008000200010&script=sci_arttext

Intenté entrar con mi hijo en el edificio de la calle O’Donnell pero los guardias civiles de la entrada principal me lo prohibieron. De nada sirvió que explicara que era una visita breve de carácter histórico y que no pretendía molestar a los funcionarios que allí trabajaban. Al final conseguí que me dejaran hacer una única foto de una parte de las instalaciones abierta al público para trámites burocráticos. Creo que es un ejemplo más de cómo se nos margina a la gente de a pie de las instituciones supuestamente públicas, mucho más si vas con un “peligroso” niño. Todo está prohibido por no se sabe qué o por no se sabe quién, algún superior en la escala jerárquica, quizás… Pero diciendo esto no quiero hacerme la víctima. Nosotros tenemos un rato de libertad para estar juntos, aprender y viajar por la ciudad. ¡Y eso ellos se lo pierden y ni siquiera saben lo que es!

Interior del edificio hoy en día.

Las fotos de la Inclusa de O’Donnell me provocan una profunda tristeza. Cientos de bebés aislados en cunitas durante horas, días, meses, años… en los momentos de su vida cuando más necesitan el cariño, el contacto físico y el amor. Me imagino que mi hijo fuera uno de ellos y me muero de pena, con la necesidad de brazos y abrazos que tenía cuando nació… Pero, claro, si no estuvieran en esas cunas frías, ¿dónde estarían? ¿Cuál hubiese sido su destino?

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Esta imagen es enigmática. ¿Qué quiere decir “dormitorio de destetes”? ¿Cómo les destetaban? ¿Lo llamaban así porque era una fase delimitada concreta o era una forma de referirse a la edad? Otra habitación triste.

La Junta de Damas de Honor y Mérito y la Inclusa:

El papel de esta organización merece un análisis separado. Se trata de una institución creada por Carlos III de caridad y beneficiencia formada por mujeres aristocráticas. Su andadura comienza en 1787 y dura hasta la actualidad. La historia de su creación no deja de ser curiosa: dos mujeres fueron admitidas en la a Real Sociedad Económica Matritense y se creó tanto revuelo que las crearon una Junta a la medida, una Junta de Damas.

¿Por qué unas mujeres privilegiadas por el orden social se ocupaban de los niños abandonados de las clases pobres urbanas? Y es que la caridad, al contrario de la solidaridad y el apoyo mutuo, siempre es ejercida desde arriba, desde el poder, desde los palacios lujosos y el derroche. La pregunta quizás debería ser otra: ¿Por qué las mujeres pobres abandonaban a sus hijos? ¿Por qué no los críaban ellas mismas? ¿Existían las circunstancias que lo hacían posible? ¿Era mejor la situación en el pueblo que en la ciudad?

María Josefa Pimentel y Téllez, Duquesa de Osuna, pintada por Goya. Fue Presidenta de la Junta de Damas.

Del blog Retratos de la Historia: “También intervino en el asunto de la Real Inclusa de Madrid, cuya situación era por lo menos trágica: la inexistencia de higiene y el desbordamiento de las nodrizas al encontrarse al cargo de muchos bebés, causaban mucha mortandad infantil. Carlos IV se resistió al principio pero, al cabo de casi 7 años, acabó entregando la dirección de la inclusa a la Junta de Damas (13 de septiembre de 1799). Ese mismo año, el índice de mortandad infantil era de un 96%… En 1800 y tras doce meses de hacerse cargo la Junta de la Real Inclusa, la mortalidad se había reducido hasta un 46% y, en 1801, al 36% lo que probaba holgadamente la eficacia e inteligencia de esas damas al frente de la institución cuando asumieron su gerencia y dirección a finales de 1799.”

Si esto es cierto es sin duda una noticia positiva pero, claro, hay que contextualizarla. Estas damas tan filantrópicas vivían de lo trabajado por otros, los jornaleros que trabajaban sus tierras. La Duquesa de Osuna, por ejemplo, se construyó, siguiendo el ejemplo de María Antonieta, la Casa de la Vieja en El Capricho para poder jugar a las campesinas. Dentro de esa realidad hay que contextualizar su caridad: primero os exploto y después os soluciono los problemas que el mismo orden social ha creado.

La nobleza ilustrada española necesitaba mano de obra para la manufactura que comenzaba a desarrollarse. Los déspotas apoyaban políticas poblacionistas con incentivos a las familias numerosas, acogiendo inmigrantes extranjeros católicos y “haciendo de la salud y la enfermedad problemas políticos que demandaban una gestión pública”. Es decir detrás de la caridad estaba el interés en enriquecerse con el trabajo ajeno y acumular todavía más poder.

La creación de hospicios es parte de este proceso y de la política poblacionista del Estado, es decir, hacía faltan trabajadores y había que eliminar la pobreza para evitar la “delincuencia” política y social.

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Ahora el Colegio La Paz de O’Donnell es una residencia de ancianos.

El Colegio La Paz se mudó también de Embajadores a O’Donnell y ahora es una residencia de ancianos a la que tampoco nos dejaron entrar. Supongo que todo el mundo sabe lo peligrosos que pueden ser una mamá y un bebé en un edificio lleno de abueletes. Cualquier contacto intergeneracional puede ser hasta subversivo…

– Años 70: traslado del Instituto, a su actual ubicación del Colegio de San Fernando, en la carretera de Colmenar Viejo, y volvió a cambiar de nombre, ahora por el de Casa de los Niños.

Las nodrizas.

Uno de los temas más interesantes cuando uno lee sobre la Inclusa es el de las nodrizas o amas de cría. Se les pedían los siguientes requisitos: “salud contrastada, que fueran robustas, jóvenes, madres de más de un hijo y de menos de seis para garantizar la riqueza de la leche, que no hubiesen abortado, que sus senos fueran anchos y de pezones prominentes, que no tuvieran mal olor de aliento y hasta que sus propios hijos hubiesen sido concebidos dentro de un matrimonio legítimo y cristiano”. Sin embargo, la realidad es que contrataban a casi cualquier mujer que estuviera dispuesta a ello, incluso aunque estuviera enferma.

En la Inclusa la lactancia duraba hasta los 18 meses y la crianza era hasta los 7 años. Las nodrizas medievales de las que habla Cira Crespo en Maternalias amamantaban hasta los 2 años o 2 años y medio.

Había niños que eran amamantados en la Inclusa y otros que se iban a vivir al campo con su nodriza. Según el Dr. Arana Amurrio: “La lactancia, si faltaba la leche humana se hacía a base de leche de burra, la más parecida a la humana en sus cualidades alimenticias, o de cabra”. Como vemos, todavía no se utilizaba leche de vaca. Es terrible decirlo pero no había nodrizas para todos los niños. Cuando un bebé llegaba se le asignaba o nodriza o iba al Dpto. de Biberón. Si no tenía la suerte de ser amamantado tenía todas las papeletas para morir, era pues casi una condena de muerte en esa época. Este tema está muy desarrollado en la tesis doctoral sobre la Inclusa.

Si nos atenemos al estudio publicado por la AEPED, las nodrizas del campo no quedan muy bien paradas: que si les daban adormidera para que estuvieran tranquilitos, que si no les alimentaban bien, que si se les moría el niño ocultaban la muerte para seguir cobrando… ¿Sería esto de verdad así? No sé por qué pero no puedo evitar pensar que la historia de estas mujeres viene filtrada por los expertos, los doctores y los Ilustrados, siempre tan dados a denostar todas las tareas de las mujeres del pueblo. Supongo que habría casos así, pero no me parece justo generalizar. De hecho, muchas de estas mujeres terminaban adoptando a los niños, supongo que gracias al vínculo profundo de la convivencia con los bebés y de la lactancia.

Después, al cumplir 7 años y hasta los 14 años, se les mandaba a aprender un oficio. Las niñas iban al Colegio La Paz (Embajadores y después O’Donnell) y los niños iban o al Hospital de los Desamparados (hoy el Museo Cervantino de la Calle Atocha, 87) o al Hospicio (hoy Museo Municipal en la calle de Fuencarral cerca del metro de Tribunal):

Museo Cervantino

En el Museo Municipal de Madrid, cerca del Metro de Tribunal.

Una subversiva señora subió a mi hijo a su “andador” en nuestra visita al Museo Municipal de Madrid.

En el resumen histórico del Dr. Arana falta algo y es una ausencia muy gorda: los niños robados. Ahora sabemos que muchas adopciones desde la guerra hasta los años 90 fueron irregulares o ilegales, con tintes políticos, religiosos o directamente mafiosos. Por ejemplo, está el caso de Agustina, madre soltera que vivió y trabajó en la Inclusa, fue hospitalizada porque se le abrió la cesárea y al volver la dijeron que su hija había muerto. Historias tan terroríficas como esta están hoy en día en los tribunales:

Presentación Anadir from Anadir.es on Vimeo.

Y así se acaba nuestro “Más allá del parque #2”. Ha costado terminarlo pero aquí está el post, dedicado a todos los niños madrileños abandonados, tanto los que sobrevivieron como los que murieron. También está dedicado a los niños robados que luchan hoy por encontrar a sus padres biológicos.

Después de todas estas excursiones y viajes en el tiempo volvemos a casa:

¡A casa!

Si queréis profundizar os dejo documentación:

http://eprints.ucm.es/13772/1/T33310.pdf

http://descargas.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/01593296435693984122257/022401.pdf

http://www.bibliotecavirtualmadrid.org/bvmadrid_publicacion/i18n/catalogo_imagenes/imagen.cmd?path=1026440&posicion=3

http://www.bibliotecavirtualmadrid.org/bvmadrid_publicacion/i18n/catalogo_imagenes/imagen.cmd?path=1057579&posicion=4

http://lamemoriaviva.files.wordpress.com/2008/11/inclusas6.pdf

http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1983/02/21/022.html

http://www.flickr.com/photos/nicolas1056/5918497523/

http://yomisma-nikyta-wwwnikyta-rosi.blogspot.com.es/search/label/Video%20HISTORIA%20DE%20CIUDAD%20ESCOLAR