“Maternidad, Igualdad y Fraternidad”, un libro de Patricia Merino

Voy a ir al grano. El principal punto fuerte de este libro es que hay mucho trabajo detrás, hay horas y horas de investigación y de redacción, de pensamiento, y eso se nota en el resultado. El segundo punto fuerte es haber puesto sobre la mesa el tema de la maternidad desde un punto de vista biológico, político y económico (aunque luego veremos que esto mismo también es un punto en contra del libro, en mi opinión). Es decir, se puede estar a favor o en contra de lo que defiende la autora pero lo importante es que alguien lo haya dicho y señale que en en el tema que nos ocupa hay problemas muy gordos sin resolver. Y el tercer punto fuerte es haber hecho una necesaria autocrítica dentro del feminismo hegemónico y las últimas corrientes en referencia a la maternidad y su parte más corporal, hacia el primero por ser antimaternal y hacia las últimas por negar el cuerpo y la materialidad de la relación simbiótica madre-bebé.

Bien, antes de entrar en las matizaciones y las críticas, voy a resaltar lo que para mí son las tesis más importantes a nivel práctico de un libro de 471 páginas. Yo, después de leerlo, me quedo con que Patricia Merino defiende una determinada ingeniería social (pg. 357), es decir, políticas estatales que, por ejemplo, incluyan permisos parentales transferibles de al menos 12 meses (pg.179), como los que existen en Suecia. Este país creo que es el que más se aproxima al ideal de la autora en cuanto a ayudas económicas directas para criar y medidas públicas para “conciliar” (traducción: guarderías para niños de todas las edades) se refiere. También, tanto en Suecia como en Francia existen retribuciones a la crianza, más allá de los permisos, para las familias que quieren abandonar el mercado de trabajo para cuidar de sus hijos durante los primeros tres años. En España, sin embargo, no existen ni permisos de maternidad/paternidad tan largos ni existen excedencias pagadas.

Y ahora es cuándo surjen mis críticas al libro, ya que a pesar de que yo también podría defender un permiso de maternidad de un año y una excedencia pagada de tres, porque yo misma me tomé una que me supuso fundirme los ahorros para después reincorporarme a jornada parcial a los 18 meses de mi primer hijo, soy consciente de las limitaciones de dichas medidas. Es decir, las defiendo no como la panacea sino como un mal menor, un mínimo a exigir (además, debería ser financiado con los beneficios empresariales y no por los impuestos o cuotas) que en absoluto va a solucionar los problemas de la crianza en nuestra sociedad, como no creo que lo haga en Suecia. Porque la realidad es que pienso que hemos llegado a un punto tan límite que es como cuando tienes frío y te tapas con una manta pequeñita, que cuando te tapas los pies, sientes frío en el pecho, y al revés.

Estamos ante una obra, como he señalado, con un enfoque sobre la maternidad puramente economicista y politicista, en el que se le pide básicamente dinero al Estado. Es más, parece que en el nuevo patriarcado se sustituye al marido por el Estado, lo que me recuerda a las tesis de Prado Esteban. En el enfoque de “Maternidad, Igualdad y Fraternidad” se espera todo de las instituciones políticas o partidos y nada de la acción directa en las empresas o la demanda conjunta de la gente del pueblo hacia la patronal de este país.  Además, creo que el libro peca de interclasismo en algunas ocasiones, a pesar de hablar de pobreza infantil y demás. ¿Dónde está el sindicalismo en todo esto? ¿Estos permisos no deberían ser exigidos a la patronal en lugar de ser financiados por los impuestos, dinero que se roba al pueblo? Intuyo que se pretende que todo cambie mediante el voto, no con la lucha diaria.

La maternidad y la crianza son más que dinero, aunque, obviamente, dejar de recibir un salario para cuidar tiene un valor monetario. Al fin y al cabo ese permiso equivale a X euros, que se pueden dar mes a mes o de una sola vez. Se deja fuera de este enfoque, por tanto, una visión más holística, una visión ecológica o que tenga en cuenta el colapso total de civilización en el que nos encontramos, que es multidimensional. Por tanto, me da la impresión de que Patricia Merino escribe sobre la maternidad y la infancia como si todo fuera a seguir como hasta ahora, cuando no es así. Estamos en un momento único en la Historia y se están dando grandes cambios sociales y ambientales que atañen incluso a la propia esencia del ser humano como especie y a la posibilidad de la destrucción de la vida en el planeta tal y como la conocemos.

Suecia no es ningún país a idealizar: tiene altas tasas de alcoholismo, soledad, suicidio, asesinatos de hombres hacia sus parejas mujeres, abandono a los ancianos. No me voy a extender más sobre este tema, creo que el documental “La teoría sueca del amor” lo refleja a la perfección. Quizás alguien piense que precisamente una crianza más “entrañada” durante los tres primeros años vaya a cambiar las cosas pero no parece que sea la tesis del libro, ya que precisamente se defiende que dará como fruto seres humanos más independientes entre sí en el futuro y menos “familiaristas”.

Yo, me he dado cuenta después de leer a Patricia Merino, que soy “familista”, algo que se ve como algo muy peyorativo en el texto. Es decir, yo defiendo los vínculos internos de las familias por encima de los vínculos con el Estado. De hecho pienso que el pecado capital de la familia en los tiempos que corren es que es un terreno no conquistado del todo por el Capital y las instituciones políticas, donde la gente se ayuda sin dinero de por medio y, cuando lo hay, se presta sin intereses. Esto es una competencia que la banca, la patronal y las administraciones no pueden soportar y llevan años intentando cargarse esa última solidaridad que nos queda. Esa solidaridad que tiene hasta una base física ligada a la oxitocina natural…

También creo que habría que señalar que el conflicto capital-vida no se acaba en los tres primeros años de la infancia. Después están los horarios interminables, las extraescolares, el “problema” de las supuestamente larguísimas vacaciones… Yo no veo compatible que una persona pueda trabajar y criar sin tener que recurrir al enclaustramiento del hijo para poder trabajar. Es por eso que me planteo muchas veces que tendría que dejar mi puesto, si pudiera, para poder evitarles a mis hijos las ludotecas y los campamentos de verano, poder sacarles del colegio a las 12h20 en lugar de a las 16h, que me parecen demasiadas horas de encierro para niños nacidos para ser libres y disfrutar de la luz del sol. Y es que aquí cambia el enfoque, cuando empezamos a poner las necesidades básicas como especie en el centro. No estamos hechos para crecer encerrados en colegios. Nada de esto se señala en el libro. Es más, se considera la escolarización (pg. 304-305) como algo positivo, cuando es una de las mayores agresiones a la infancia y la adolescencia en la actualidad, solamente se critica la calidad, los horarios excesivos, el ratio profesor/alumno o que sea privada en su etapa infantil de 0-3 años. ¿Pero es que acaso la mera asistencia a un colegio con 8 años o a un instituto con 15 años y todo lo que conlleva (obligatoriedad, pasividad, sedentarismo, falta de sentido vital, segregación social) no puede ser un infierno? Es más, uno de los principales problemas de la crianza actual es que ¡nos han robado a los niños y a los adolescentes! Ellos son los cuidadores y ayudantes en la crianza naturales en casi todas las culturas del mundo preindustriales. Nos los han robado y a ellos se les ha robado la experiencia de cuidar y jugar con otros niños más pequeños que ellos. Solamente tenemos el lujo de ver lo bien que interactúan juntos cuando, en verano, las familias se juntan alguna vez y vemos a los primos de diferentes edades corretear libremente en los patios y parcelas de las casas “del pueblo”. Esto como excede el tema del dinero y las políticas públicas no es tratado en el libro salvo para criticar el “familiarismo” y lo que consideramos “la tribu”, en un guiño al libro de Carolina del Olmo (pg. 373).

Otro tema que excede al libro es el de analizar realmente lo que significa una excedencia o un permiso de maternidad en la sociedad actual. Muchas veces supone estar tú sola en casa, sin socializar con ningún tipo de adulto, entre cuatro paredes o en parques vacíos (porque el resto de niños sí están escolarizados). Las necesidades básicas de las madres, desde un punto de vista evolutivo y como especie, no pueden verse satisfechas con este tipo de vida asocial. Porque aquí, seremos muy “familiaristas” pero la realidad es que las familias están fragmentadas y repartidas por toda la geografía urbana e incluso mundial. Yo, por ejemplo, para ver a mis abuelos tengo que hacer 20 kilómetros en coche. No vivo en el mismo barrio que ellos, no vivo ni siquiera en la misma ciudad que mis padres.  ¿Es esto “familista”?

Sobre las tasas de fertilidad de los países que se idealizan en el libro habría que decir que no son para tirar cohetes, ninguno llega ni supera la mera reposición, y que esos estados del bienestar se basan en la importación de mano de obra migrante, es decir, en el aprovechamiento económico de los hijos e hijas adultos paridos y criados por las mujeres de otros países con salarios más bajos y estados sin subsidios a la crianza ni a la infancia. Sobre este asunto, del que creo recordar que no se habla demasiado en el libro, habría que preguntarse algo muy incómodo: ¿Son posibles esas medidas de apoyo a la crianza del Estado del Bienestar aquí sin importar mano de obra de otros países que no tienen Estado del Bienestar? O lo que es lo mismo, ¿puede un país como Suecia o Francia ser independiente demográficamente y mantener todos esos subsidios? La respuesta yo creo que es un gran “NO”. Para mantener el Estado de Bienestar aquí, hace falta que otros en otros lugares no lo tengan, lo que supone una gran injusticia y doble moral. Los ayudas y subsidios de la crianza en Europa se basan en la explotación de otros que no disponen de esas ayudas y subsidios (normalmente países que han sido atacados por el FMI y el Banco Mundial en el pasado) y que, precisamente, por ello, se ven atraídos a venir aquí. Y aquí podríamos, por derivación, plantearnos la ruptura de vínculos esencial e irreparable que supone la emigración, porque, efectivamente, lo económico no lo es todo, aunque sea el mantra de la actualidad. En cualquier caso, instituciones capitalistas como Goldman Sachs (“Womenomics”) lo tienen claro: hay que favorecer la importación de mano de obra extranjera (a ser posible enfermeras y personal cuidador) para solucionar el “problema demográfico”.

Sobre la paternidad desde un punto de vista antropológico e histórico (pg. 77-92) que nos presenta el libro, he de comentar que nos movemos en un terreno muy pantanoso. Necesitamos reconocer con humildad que en realidad conocemos muy poco del pasado, quizás el 1%, ya que lo que ha quedado escrito para la posteridad es solamente una mínima parte de la existencia común de las personas de esas épocas, que eran culturas de transmisión oral, no “histórica”. Nos ha llegado todo mediatizado por otras personas que escribieron cosas. Saber qué decían los códigos patriarcales como el de Hammurabi no me permite saber hasta qué punto esos códigos se cumplían o no en las familias de los pueblos más apartados del lugar. O saber qué es lo que pone en una inscripción de un rey egipcio no me dice nada sobre cómo criaba un padre de los estamentos más bajos, que no poseía nada que transmitir en herencia a sus hijos. Sí me sorprende esta frase (pg. 86): “La función paterna es sin duda contingente: empíricamente, una criatura puede desarrollarse perfectamente sin la intervención de una persona que asuma el rol paterno, sin embargo, si nadie asume la función materna su desarrollo no podrá ser satisfactorio”. Por esta lógica, ¿qué sentido evolutivo tiene la existencia de hombres? ¿La de meros sementales? En ese capítulo se habla mucho de “avunculados”, sociedades en las que ese rol paternal es ejercido por el tío materno, con lo cual ese papel lo puede hacer un tío o un padre, pero en los dos casos es un hombre y sí parece necesario, porque si no, no existiría, habría sido eliminado como algo superfluo. Yo sí que creo que los humanos necesitamos a hombres que ejerzan ese rol, al menos en la cultura en la que yo he nacido, porque a mí lo que hagan los trobriandeses no me toca de cerca. Yo no me ubico en un espacio neutral, sino que he nacido en una cultura y en un lugar determinado en el que la paternidad sí ha tenido una importancia, pese a ser algo completamente diferente a la maternidad.

“Los deberes desagradables del padre” de Adriaen Brouwer (1605-1638)

Tampoco me ha gustado del libro su visión tan negativa de la paternidad que se describe entre las páginas 93-115. Me parece poco imparcial, ya que si vamos a hablar de malas paternidades tenemos que hablar también de malas maternidades o incluso de la maternidad patriarcal. Pero, claro, estas visiones de guerras de sexos son típicas del feminismo actual y la autora, a pesar de que difiere con muchas feministas a la hora de hablar de maternidad, se mantiene alineada con el feminismo hegemónico a la hora de hablar de la paternidad. No sé a qué puede deberse esto. Yo, en relación también a otros apartados del libro, he de reconocer que habría criticado ciertos aspectos de la maternidad en solitario elegida y no metería en el mismo saco a la monomaternalidad por abandono o irresponsabilidad paterna que la monomaternalidad elegida a priori. Pero en esto reconozco que no soy objetiva, ya que mis propios traumas y mi propia infancia como hija criada en una “familia” monomarental totalmente disfuncional me hacen rechazar cualquier tipo de maternidad en solitario, al menos elegida por propia voluntad.

Y, podría escribir más al detalle, pero casi que me saldría otro libro de 500 páginas así que voy a terminar con algunos detalles, para quien quiera profundizar con minuciosidad en la primera parte del libro, a través de las notas que fui tomando mientras lo leía. Si no te interesa, puedes dejar de leer la reseña aquí.

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APUNTES SOBRE LA PRIMERA PARTE. MATERNIDAD

Lo primero que me chocó desde la primera página es el uso del concepto “patriarcado” en abstracto, sin contextualizar tiempo ni lugar, con el que choco frontalmente. Cada vez que se usa esta palabra deberíamos explicar de qué año, de qué cultura estamos hablando. Si no, caemos en mitos que no tienen ninguna concordancia con la realidad concreta que vive la gente en cada momento.  Decir el “patriarcado logró”, ¿qué quiere decir? ¿De repente un grupo de hombres se impuso a las mujeres? ¿Colaboraron las mujeres y las madres con ello? ¿Cómo controlaba ese grupo de personas el cuerpo de las mujeres y se apropiaba de las criaturas? Desde hace milenios ha habido contextos sociales concretos en los que legalmente se establecía un patriarcado legal pero eso no quiere decir que las leyes llegaran a todas partes y, además, que las mujeres y madres no hayan controlado su cuerpo y hayan controlado la crianza de las criaturas. Por ejemplo, el patriarcado legal romano daba todo el poder al padre, pero eso no quiere decir que los hombres de estado llegaran a todas partes como si fueran Dios (el poder casi omnímodo solamente lo han logrado las elites con la tecnología actual). Siempre ha habido grietas y espacios fuera de control de las normas impuestas desde arriba.

Por otro lado, las madres del patriarcado romano controlaban el cuerpo y la crianza de sus hijas, como podemos leer en esta historia de lactancia frustrada, tan parecida a esta otra historia de ficción que aparece en Ana Karenina, una mujer que pide amamantar y a la que su marido se lo impide o a la historia de María Montessori, a la que su madre y su suegra presionaron para que no criara a su propio hijo y lo dejara con una nodriza en el campo. Esta última historia es definitiva: no fue hasta la muerte de su propia madre que María Montessori se atrevió a reconocer públicamente que su hijo, al que tuvo fuera del matrimonio con un compañero de trabajo, era su hijo. Las madres patriarcales… ¿O acaso son simplemente “madres” sin adjetivos? Porque no deja de ser paradójico el término de madre patriarcal, una madre/abuela que ejerce su autoridad, su poder materno para ponerlo al servicio del padre. ¿De qué padre hablamos, en la historia de Montessori, por ejemplo? Y si la madre tiene tanto poder ya no podemos hablar del “poder del padre” sino de madres auténticamente matriarcales. Otra cosa es que ese poder lo ejerzan hacia el mal, hacia el control de sus hijas y nietos y la merma de su libertad.

Volviendo al libro, dice Patricia Merino que un primer paso hacia la extinción de patriarcado es que las mujeres nos reapropiemos de nuestros cuerpos y nuestra maternidad. Si nos regimos por ese criterio entonces tenemos que admitir que hasta la llegada de la Ilustración, el Progreso y el Estado moderno, en los pueblos de la península no regía ningún tipo de patriarcado, ya que las mujeres eran dueñas de su cuerpo y de sus maternidades y, además, conocían hierbas abortivas.

Hay una frase de la autora que me gustaría comentar: “No es posible garantizar una maternidad deseada, y por lo tanto, positiva para madre y criatura, si las mujeres no controlamos nuestra sexualidad y nuestra fertilidad: el derecho a la contracepción y al aborto no solo no están reñidos con una maternidad entrañada, sino que son su condición previa”. Yo no estoy de acuerdo con esto porque, si bien todas las culturas es posible que hayan tenido conocimientos anticonceptivos y abortivos, eso no equivale a que todas las maternidades hayan sido planificadas. Se puede tener una maternidad buena, agradable dentro de las limitaciones de cada momento, y que no haya sido planificada en absoluto, fruto de la pasión de una noche de verano. De hecho, la mayor parte de los nacimientos de nuestra especie no han sido planificados, algunos han sido de rebote, otros por puro azar. Por no hablar de las maternidades de las mujeres que no quieren usar métodos anticonceptivos o abortar por motivos personales, éticos o religiosos que, por supuesto, pueden tener la maternidad entrañada que deseen o puedan. Me parece que esta frase del libro las juzga en su vida personal y en sus elecciones.

Otra frase que hay que matizar es la de “la diada madre-criatura ha sido hasta hoy la base empírica y el lugar de la crianza en los humanos”. Esto es cierto y es falso, porque si bien es cierta la simbiosis madre-bebé al principio de la vida, esa diada no existe en el vacío y no puede existir sino es en base a la crianza cooperativa de la que habla Blaffer Hrdy. Hacen falta muchas otras personas alrededor ayudando a la madre y cogiendo al bebé, jugando con él, cuidándolo en muchos momentos a lo largo del día. Y ese es el gran problema de nuestra sociedad actual de madres con permisos de maternidad solas entre cuatro paredes de pisos urbanos y ningún permiso de un año lo va a poder solucionar o enmendar. La familia extensa se ha perdido para siempre y se ha diluido a lo largo del mapa. Un papel fundamental en los cuidados de los bebés los tenían los niños más mayores. ¿Dónde están ahora? En el colegio sentados durante horas frente a una mesa, sin ver casi la luz del sol. Nos han robado también a los niños y a los adolescentes… Y a los niños les han robado la posibilidad de cuidar, lo que subliman con muñecas, lo que también es una hipótesis de Blaffer Hrdy al hablar de las sociedades tradicionales en las que no existen muñecas y, sin embargo, se ve a muchos niños porteando bebés.

Luego está el uso del concepto “patriarcapitalismo” para referirse al “capitalismo” a secas, cuyas señas de identidad no tienen por qué relacionarse con el poder de los padres, ya que que los puestos de poder económico sean ocupados por mujeres no cambia un ápice de su esencia, demostrando que es indiferente lo que tengan entre las piernas los poderosos, la directora de la Reserva Federal o del FMI. Pero más llamativo es referirse a los “vientres de alquiler” como algo patriarcapitalista cuando gran parte de los clientes de esta práctica comercial son mujeres que compran el cuerpo de otra mujer y al bebé que ha gestado. Lo mismo con la venta de óvulos, son mujeres que compran el cuerpo de otras mujeres. Desconozco la razón por la que Patricia Merino silencia esto, haciendo parecer que los “vientres de alquiler” solamente son consumidos por hombres que pretenden apropiarse de la capacidad femenina de generar seres humanos y olvida que la venta de semen, tratar a los hombres como sementales, es también una práctica comercial donde las mujeres compran y los hombres venden (prostitución reproductiva).

Después de este comienzo del libro, he leído con gusto su crítica a la misoginia de Simone de Beauvoir, que comparto totalmente. Y también me ha llamado la atención que vuelva a decir que vivimos en un patriarcado, relacionándolo con el tema del orden de los apellidos. Aquí hay que volver a contextalizar, ya que es un tema apasionante este, el de los apellidos en este país.

Muchas veces nos creemos que las cosas siempre han sido así, quizás desde el patriarcado legal romano en la península ibérica, pero nada más lejos de la realidad. El patriarcado legal estuvo debilitado y dormido en muchos pueblos y contextos gracias a que el Estado no llegaba y no tenía el poder, que sí tiene hoy de forma casi total, para controlar a los ciudadanos. Es decir, la gente se llamaba como le daba la real gana o como era la costumbre en cada zona geográfica y no fue hasta 1870, con la aparición de la herramienta biopolítica por excelencia del Registro Civil (el primer intento de tratarnos como ganado humano poniéndonos en una base de datos censal) cuando se estableció el sistema de poner el apellido del padre primero y después el de la madre (que a su vez era el apellido paterno también). Por ejemplo, el apellido del poeta Garcilaso de la Vega proviene de su abuela, Elvira Laso de la Vega, ya que su padre eligió apellidarse así. Y si nos vamos a las familias del pueblo del Occidente Asturiano durante el siglo XIX, comprobaremos, como hizo la historiadora Asunción Díez, que el orden de los apellidos era de lo más pintoresco a nuestros ojos actuales. Si nacía una niña, heredaba los dos apellidos de la madre, y si nacía un niño, heredaba los dos apellidos del padre. Es decir, había otros criterios, no había homogeneización y el Estado no se metía en estos asuntos (sí se metían los romanos y los godos no). Es decir, la característica del Estado actual y no de un “patriarcado” en abstracto es su ansia de biocontrol, de controlar, clasificar y estandarizar las vidas de la gente y de sus hijos.

Resulta muy interesante la reflexión sobre el feminismo y la maternidad que realiza la autora y el reconocimiento de que la maternidad ha sido identificada con algo negativo y cualquier discurso progresista sobre la maternidad desapareció, lo que ocurre es que lo justifica diciendo que quizás era el único camino posible en otras épocas, lo que viene a ser una clara justificación “de las madres” del feminismo con un “no podían hacer otra cosa”. El feminismo, dice Patricia Merino, “nunca ha defendido los intereses de las madres como tales: se ha velado por los intereses de las madres como “trabajadoras”.

Respecto a las reflexiones sobre el dios patriarcal Zeus, me gustaría recordar también a las madres patriarcales como Hera, que ató las piernas de Alcmene (la madre de Hércules) para evitar que naciera su hijo. Es decir, de nuevo vemos cómo los mitos patriarcales están plagados de mujeres que agreden a otras mujeres y que no describen una guerra de sexos sino más bien una guerra de un tipo de mujeres y hombres contra la libertad de otro grupo de mujeres y hombres.

No me voy a extender en el tema pero creo que es digno de reconocimiento que por fin alguien critique el excesivo constructivismo del feminismo y el excesivo protagonismo de lo cultural frente a lo biológico, reconociendo la bioculturalidad del ser humano.

Hay una frase de esta primera parte del libro que me gusta mucho: “No es la maternidad lo que nos aparta de la cultura, de la vida pública y de la realización integral de nuestra humanidad. Es la marginalidad en la que el patriarcado ha ubicado la maternidad la que la transforma en una forma regresiva, puesto que expulsa a los márgenes de la sociedad algo tan central y genuinamente humano como es la procreación y el cuidado de nuestras criaturas”. Pero, claro, tengo que matizar porque de nuevo, me niego al uso del término “patriarcado” sin contexto. No es el “patriarcado” en abstracto el que manda a los márgenes a la maternidad sino ciertas formas de vivir y de producir en la actualidad: urbanas, aisladas, industriales. Es más, el caso de las cigarreras y su forma de criar nos muestra cómo el primer capitalismo permitía la crianza incluso dentro de las propias fábricas mientras estas fueron artesanales. Fue la llegada de la máquina la que expulsó a niños y bebés del lugar y, de paso, cualquier atisbo de socialidad y humanidad (ya no se podía hablar con la compañera, ya no se podía cantar trabajando…) que todavía quedara.

En realidad, y es un tema muy complejo, lo que expulsa la maternidad a los márgenes de la sociedad es la centralidad del progreso, la productividad y el desarrollo tecnológico. ¿O acaso no vemos que la maternidad, cuando es negocio y producción en sí misma, como en el caso de los vientres de alquiler es de repente el centro de todas las noticias? La maternidad y la crianza tienen unas lógicas y unas dinámicas internas propias y distintas de las de la “vida pública” actual. La marginalidad de la maternidad actual no proviene de un patriarcado en abstracto:

  • La maternidad y la crianza es una relación humana que, en su parte más esencial, no es mercantilizable, ni se compra ni se vende. Se pueden comprar miles de accesorios pero la relación en sí misma entre dos personas, no. Esa solamente la construyen esos dos seres humanos en interacción con su entorno. Ahora solamente es central la parte comercializable de la maternidad.
  • La maternidad y la crianza siempre han sido parte de la cultura y de la vida pública, incluso tenían su propia creación cultural genuina: las nanas. Nadie se quedaba aislada por ser madre y las costumbres sociales favorecían su integración en la comunidad a través de ciertos ritos de reciprocidad. No podemos confundir “alta cultura” con “cultura” a secas. La”cultura popular” se fundamenta en lo oral, no en lo escrito. Por ejemplo: yo escribo y esa puede ser mi dimensión social actualmente, existo porque me lee gente, pero cuando yo estoy sola en mi casa, amamantando o cantándole una canción a mis hijos o cuidándolos, no existo socialmente y nadie lo valora. Pero, ¿acaso alguien más que ellos o la gente que me conoce en persona debiera valorarlo? Queda la pregunta en el aire…
  • El patriarcado legal margina la maternidad porque lleva implícito que hay que trascender nuestra animalidad para llegar a algo más elevado: conquistar más países, conseguir subyugar más a los demás, dirigir y domesticar la Naturaleza. En su escala de valores, compartida por hombres y mujeres de las élites, dar de mamar y cuidar es algo destinado a las clases bajas, como lo es limpiar, cocinar o trabajar para otros. Por eso, las mujeres artistas como Julia Margaret Cameron o Virginia Woolf tenían criadas, y por eso Simone de Beauvoir tenía esa fragmentación tan acusada, esa esquizofrenia en los papeles maternales que ocuparon su madre y su nannie, Louise.

No sé si nos deberíamos preocupar tanto por si las madres estamos en el centro o la periferia del patriarcado, ya que quizás es mejor rechazar el patriarcado de forma global que reivindicar o denunciar el lugar que se nos ubica en un sistema así. En cualquier caso no vamos hacia una ruptura con el “arcado” (poder) sino hacia sus diversas variantes y mutaciones que mantienen lo esencial cambiando las formas. Por eso mismo creo que cualquier planteamiento que incluya ingeniería social en sus premisas será incapaz de salir de este paradigma y volver a sistemas en los que primen las relaciones de reciprocidad, interdependencia y apoyo mutuo. Y, si tenemos que apoyar alguna medida de ingeniería social, por favor, incluyamos la anotación al pie de que se trata de una acción desesperada como mal menor ante la ausencia o ignorancia de otros medios para detener la maquinaria automática de este sistema que nos lleva a la autodestrucción. La ingeniería social, no lo olvidemos, es la base de los patriarcados históricos, obsesionados con los censos, los registros, las estadísticas, la escritura…

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Y podría seguir escribiendo sobre el libro de Patricia Merino pero lo cierto es que son casi las dos de la mañana y tengo sueño. Un saludo a los hipotéticos lectores.

Entrevista a Patricia Merino aparecida en Madresfera Magazine (10 de mayo de 2017)

TEXTO ACTUALIZADO EL 24/7/2017

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Mario y María Montessori

Poca gente sabe que la famosa pedagoga y doctora María Montessori tuvo un hijo con un compañero de trabajo en la escuela Ortofrénica, el Dr. Giuseppe Montesano. El hijo, Mario, seguramente naciera en 1901 (o 1898), cuando María renunció a su puesto de trabajo, rompió relaciones con Montesano y desapareció durante un año. El niño fue criado por una nodriza (a la que nadie, ni los biógrafos, se han molestado en poner nombre) a las afueras de Roma y María iba a visitarlo de vez en cuando, sin decirle nunca que ella era su madre.

Giuseppe Montesano

Hasta aquí lo que más o menos se sabe de la historia a un nivel superficial. Pero, ¿por qué una mujer supuestamente tan emancipada, la primera mujer graduada como doctora en medicina en Italia, no pudo criar a su propio bebé? ¿Qué se puso en su camino? ¿Acaso no se nos dice que en el patriarcado son los hombres los que intentan controlar la sexualidad y los hijos gestados por la mujer? En este caso parece que no fue así, ya que Montesano no quiso criarle tampoco. Hay algo que no termina de cuadrar, ¿verdad?

Renilde Stoppani

Las personas que más se interpusieron entre esta madre puérpara y su bebé no fueron otras que la madre de Montesano, Isabella Schiavone, y su propia madre, Renilde Stoppani. Y, ella, tan rebelde y autónoma en todo lo demás, en esto fue sumisa ante el poder de las madres (el matriarcado, en un sentido literal y etimológico). ¿Y cómo sabemos esto? Pues porque el propio Mario Montessori así se lo explicó a Rita Kramer, la biógrafa de María Montessori. Este le contó que sus padres no se casaron porque la madre de Montesano se opuso a ese matrimonio y que el plan de mandarle con una nodriza fue urdido por estas dos mujeres. Montesano, por su parte, dijo que le daría el apellido legal a condición de que el nacimiento de Mario fuera mantenido en secreto. Mario también le contó a Kramer que Giuseppe y María hicieron la promesa de no casarse y que fue el incumplimiento de esa promesa lo que provocó en María la gran crisis vital que la impulsó a dejar su puesto de trabajo. Si no lo he entendido mal, no fue el abandono hacia el hijo sino el abandono del padre de su hijo lo que provoca el derrumbe. Tenía 30 años. Dejó la medicina y se puso a estudiar antropología, psicología y otras disciplinas, centrándose en las investigaciones de Edouard Séguin. Su nuevo objetivo fue intentar desarrollar una forma de educar a los niños para crear eso que llaman una “sociedad mejor”.

Rita Kramer parece que trata de justificar estas decisiones afirmando que hace 75 años (su biografía fue publicada en 1976) la noticia de que Maria Montessori tenía un hijo fuera del matrimonio habría arruinado su carrera y cualquier posibilidad de hacer su gran contribución al mundo, lo que ella creía que era el objetivo de su vida. Lo cierto es que esto era verdad entre las clases altas que tenían una reputación moralista y puritana que mantener, en las clases populares y rurales la gente tenía hijos fuera del matrimonio o tenían el hijo y se casaban años después, como por ejemplo se cuenta en el libro “La familia campesina del occidente asturiano” de Asunción Díez. Pero, aún así, no deja de ser paradójico que una mujer que unos años antes de parir había viajado a dos congresos internacionales de mujeres, uno celebrado en Berlín en 1896 y otro en Londres en 1899 en el que había hablado desde el atril sobre las mujeres y los niños, y sobre las repercusiones que sus condiciones de vida tienen sobre la sociedad, finalmente no tuviera la valentía de enfrentarse a su madre y su “suegra” y poder criar a su propio hijo, independientemente de estar casada o no. ¿Por qué negarle la identidad y el cariño a un niño, que no tenía permitido saber que aquella elegante mujer que le visitaba era su madre, para cumplir los designios de dos abuelas y el padre de la criatura? Al final está claro que se sacrifica al más débil…

Mario Montessori

La perspectiva de Mario que se narra en el libro de Kramer puede resumirse en que tenía vagos recuerdos sobre una mujer bella que le visitaba de vez en cuando y sobre la que él proyectaba sus fantasías maternales, ya que las personas que le criaban no eran sus verdaderos padres. Con siete años le mandaron a un internado, una institución que todo el mundo sabe que se suele caracterizar por su calidad y empatía hacia la infancia, cerca de Florencia y las visitas de María siguieron sucediéndose, pero nadie le explicaba nada.

Un año después de la muerte de la madre de María, la que se oponía a que su hijo fuera reconocido públicamente como su hijo para que ella pudiera desarrollarse profesionalmente, sucedió algo importante. Fue un día de primavera de 1913, cuando tenía 15 años, recuerda Mario. En una de las visitas de María, simplemente dijo “Sé que eres mi madre” y también le dijo que quería irse a vivir con ella, a lo que María no se opuso. Y, como en los finales de los cuentos, vivieron felices y comieron perdices, ya que él jamás se separó de su lado y fue un pilar muy importante de las organizaciones que fundaron.

A partir de ese momento, Mario rechazó apellidarse Montesano y se llamó Mario Montessori a secas. De esta forma, reflexiona Kramer, se protegía al padre, que estaba casado y tenía una familia propia, pero también era una forma de negar al padre y quitarle de en medio. Sin embargo, a pesar de que vivía con ella, no le presentaba todavía como su hijo. Más tarde, en su viaje por California en 1915, le presentaría como su sobrino y después como su hijo adoptivo. En 1929 todavía no le reconocía públicamente como su hijo biológico.

Después de leer el libro sigo sin comprender esta historia, no puedo entender que alguien dedique su vida al estudio universitario y a la implementación de métodos escolares mientras no es capaz de hacer un corte de mangas a los convencionalismos sociales, al padre, a la madre, a la suegra, a la sociedad entera, al feminismo, al patriarcado, al matriarcado, al “arcado” (poder) mismo. ¿Para qué sirve la fama y el reconocimiento si no puedes criar desde tus entrañas? No lo entiendo y no soy capaz de reconocer los avances de su método pedagógico (yo no creo en la escuela en general) porque el verdadero avance para la humanidad hubiera sido ese atrevimiento, esa subversión en nombre del amor a un bebé del que te separan nada más nacer. Esa es para mí la verdadera revolución pedagógica Montessori que nunca se realizó, la que hubiera enseñado a la gente, a la alta sociedad, a las élites políticas y económicas, al feminismo naciente, lo verdaderamente importante en la vida. No lo que hay que enseñar a los niños de los barrios bajos o altos, a los marginales, a los retrasados, a los listos, a los ricos, y cómo deben aprenderlo. No, esa pedagogía es inútil o incluso perjudicial, porque el ser humano ha vivido sin escuela durante milenios y los niños han aprendido lo que tenían que aprender de la vida sin necesidad de pedagogos.

La pedagogía que podría haber aportado al mundo tenía que haber sido hacia los adultos de su entorno, en primer lugar, y hacia los adultos de la llamada “vida pública”, universitaria, presidentes de Estado, empresarios, reyes… Esos sí necesitan que alguien les muestre lo que es el amor más básico y sencillo con un simple acto de valentía, sin necesidad de métodos grandilocuentes ni apellidos de renombre. Y es que, si tener un hijo va a ser un obstáculo en tu carrera profesional o a tu reputación, quizás esa carrera y esa reputación son sencillamente una mentira, un artificio, una basura empapelada con un papel muy bello y brillante, pero que debajo no tiene nada, humo. Ideas sin cuerpo. Humo. Así podríamos describir gran parte del conocimiento humano enseñado en las universidades y la alta cultura en general, todo basado y apoyado en criadas y nodrizas que ponen su energía y su vida para que otros puedan crear algo en teoría más valioso o, al menos, valorado socialmente.

Escuela Montessori. 1932, Barcelona.

Relacionado:

  • Hay una película biográfica que cuenta esta historia a modo de ficción, pero con aportaciones y diálogos inventados sobre el tema de su hijo que no figuran en la biografía de Kramer:

  • La biografía de Rita Kramer, prologada por Anna Freud, todo un panegírico de María Montessori:

El talón de Aquiles del feminismo actual

El talón de Aquiles del feminismo actual se llama Arabia Saudita*. Toda retórica feminista termina cuando se reconoce la dependencia energética o los jugosos negocios de ciertas empresas con aquel país. No hay Estado, ni político, ni gobierno, ni de derechas ni de izquierdas, que vaya a dejar de comprar petróleo, construir armas e infraestructuras para países con patriarcados legales como el suyo. No lo hará Hilary Clinton, no lo hizo Carme Chacón (premiada por la Federación de Mujeres Progresistas), no lo ha hecho Podemos e Izquierda Unida. Nadie va a boicotear a Arabia Saudita, bien al contrario. Es muy probable que más que romper las relaciones comerciales, sea ese país u otros, igual o más autoritarios, los que terminen influyendo en la política o legislación de estas latitudes. ¿Tiene algún sentido mantener una retórica feminista en el discurso cuando estás apoyando de facto a uno de los Estados más machistas y opresores del mundo?

En realidad, para ser sinceros, este es el talón de Aquiles de cualquier movimiento político que aspire al poder. La energía también es un problema para las revoluciones horizontales que no son capaces de ser autosuficientes y que no pueden gestionar un bloqueo en esta materia**. Por no hablar de una agresión militar porque, al final, de fondo, siempre está la violencia desnuda.

* Ponga aquí el nombre de su dictadura favorita.

** En el caso de la Guerra Civil, Franco fue apoyado en el campo de la energía por la Texaco (la Standard Oil de Rockefeller). Ver también este enlace de Chomsky. Los embargos y los bloqueos también influyen en las “amistades peligrosas” con otras dictaduras, como la estalinista, que suministró petróleo a la República (entiendo que también a las colectividades catalanas).

Patriarcado militarista

Cuando la dictadura consideró conveniente revisar el patriarcado legal…

Relacionado:

División jerárquica mente-cuerpo

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He escuchado esta entrevista a Patricia Soley-Beltrán y me he quedado con este fragmento:

9.26-10.19 “Cómo asociamos determinados sentidos al cuerpo masculino y femenino. La masculinidad se asocia con la razón, la feminidad con la emoción y entonces tenemos razón-emoción, masculinidad-feminidad, cultura-naturaleza, productivo-reproductivo, activo-pasivo, objetivo-subjetivo… En realidad hay que hacer así (levanta una mano y baja la otra) porque jerárquicamente está puesto por encima. Esto es una historia que aparece con Platón, Platón echa a las mujeres de la ecuación, del camino del conocimiento, y se asienta con Francis Bacon, un pensador científico decide que la mente, la penetración como metáfora, la mente identificada con lo masculino que penetra a la Naturaleza, la domina, la objetifica, la subyuga”.

Pero Platón y Francis Bacon solamente eran dos hombres concretos, no son “los hombres”. Y, por otro lado, el patriarcado, por lo que tiene de “arcado” mantiene por definición la relación jerárquica ente los dualismos, los opuestos o los complementarios, pero cualquier tipo de “arcado” o de Poder lo haría así.

Enlaces de interés:

 

 

 

 

ACTUALIZACIÓN 12/07/2017:

Relacionado con lo que dice Jordi Pigem en este video: https://www.youtube.com/watch?v=1quqOwn3MoY En el minuto 35.15, más o menos, habla de lo cuantitativo y cualitativo y de Descartes y Galileo dijeron que lo único real es lo que se puede medir. “Emociones, sentimientos, belleza, justicia… todo esto son impresiones subjetivas, epifenómenos”, “lo más esencial es intangible”.

Gerda Lerner sobre la madre patriarcal

Dr. Gerda Lerner on Womens’ Participation in Patriarchy from Renata Keller on Vimeo.

Entrevistadora: Esta mañana, Gerda, decías que una de tus contribuciones originales fue que no veías a las mujeres como víctimas y eso, en los setenta, eso no se había oído antes.
Gerda: Eso es.
Entrevistadora: Y…
Gerda: Sí, era contrario al punto de vista feminista prevalente.
Entrevistadora: ¿Y cuál era el punto de vista prevalente?
Gerda: Que las mujeres eran oprimidas por los hombres y que el sistema era un sistema masculino impuesto a las mujeres. Y para las historiadoras feministas, en su mayoría, ese era su contexto. Y yo dije: nada de eso. Las mujeres enseñaban a sus hijos de ambos sexos como ajustarse al patriarcado y cómo darle forma, y si no te gusta, lo siento, pero pasó. Somos historiadoras, no estamos haciendo ficción. Fue muy controvertido.

Creo que nadie podría haberlo explicado mejor. La primera vez que leí su nombre fue en “Feminicidio o autoconstrucción de la mujer”, de Félix Rodrigo Mora y Prado Esteban Diezma. Después, inspirada por la lectura del blog de Prado he seguido investigando por mi cuenta, relacionándolo incluso con mis propias vivencias personales, para rescatar historias no contadas sobre mujeres, madres, nodrizas, padres, cazadoras-recolectoras, brujas, elites, complejos de Edipo, fertilidad, lactancia, menstruación, anovulación, anticonceptivos, partos, ejércitos, hospitales, reproducción artificial… Eran temas que yo ya estaba tocando desde mi blog de crianza “La Casita de Algodonales” pero que de repente confluyeron con el blog “Las Interferencias”.

A Gerda Lerner hay que leerla. En lugar de ponerse unas gafas ideológicas quiso conocer la realidad, de forma lo más aproximada posible, incluso aunque no encajara en los moldes feministas de la época. Efectivamente, la verdad es la que es. Y quizás, no nos guste y nos incomode. El mundo está lleno de teorías que no se cumplen en lo concreto. Cuando leas algo, pregúntate “¿Por qué?”, “¿Cuáles son las fuentes?”, “¿De dónde saca esta afirmación tal o cual autor?”, “¿En qué se basa?”. Te llevarás sorpresas…

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La agresividad intragrupo en “El Vacío de la Maternidad” de Victoria Sau

La madre patriarcal

ACTUALIZACIÓN 23/04/2016

Pero, Gerda Lerner, no podía ser menos… También fue financiada por el gran capital estadounidense y las grandes fundaciones vinculadas al Estado. No me extraña, solamente es algo a tener en cuenta: ¡Lo financian todo! Hitler sin la ayuda de la Standard Oil de Rockefeller para convertir carbón en gasolina no habría podido tener una industria de guerra tan potente. Por tanto, Gerda Lerner, es víctima de las políticas de los capitalistas que más tarde la brindan estudios en la New School for Social Researh (también creada por una subvención Rockefeller) y la ayudan a investigar. Crean el problema y te dan su solución. Compran tu silencio, buscan tu sumisión…

Tomado de “A Life of Learning by Gerda Lerner”, página 4:

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  • “Cuando la Alemania nazi se anexiona Austria en 1938, es arrestada por la Gestapo junto a su madre y permanecen prisioneras durante 5 semanas hasta que finalmente se refugian en Liechtenstein. Abandonó una Europa a punto de sumirse en una nueva guerra imperialista, llegando a Nueva York donde trabajaría en diversos empleos domésticos y se formaría como técnica de radiología en el Hospital Sydenham de Harlem”
    http://www.rebelion.org/noticia.php?id=164865
  • “En 1927, la Standard Oil y la IG Farben fundaron la Compañía ‘Standard IG Farben’ con sede en los EEUU. Su presidente fue William Farish, comerciante de petróleo. Standard cedió las patentes globales para el proceso de hidrogenación del carbón para producir carburante sintético y, viceversa, la compañía alemana les entregó la patente para la producción de buna, goma sintética”: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=49618
  • “En 1941, una investigación desveló un cártel entre la Standard Oil estadounidense de John D. Rockefeller y la I.G. Farben”: https://es.wikipedia.org/wiki/IG_Farben
  • Los Rockefeller ayudan a Hitler, los intelectuales judíos tienen que escapar y finalmente les “protege” en su universidad. Esto es tremendo: “The Graduate Faculty of Political and Social Science was founded in 1933 as the University in Exile, to be a haven for scholars who had been dismissed from teaching positions by the Italian fascists or had to flee Nazi Germany.[13][14] The University in Exile was initially founded by the director of the New School, Alvin Johnson, through the generous financial contributions of Hiram Halle and the Rockefeller Foundation. It was renamed the “New School for Social Research” in 2005. The University in Exile and its subsequent incarnations have been the intellectual heart of the New School. Notable scholars associated with the University in Exile include psychologists Erich Fromm, Max Wertheimer and Aron Gurwitsch, political philosophers Hannah Arendt and Leo Strauss, and philosopher Hans Jonas.” https://en.wikipedia.org/wiki/The_New_School

Louise, cuidadora de un bebé llamado Simone (de Beauvoir)

Simone de Beauvoir, sua mãe e sua irmã Helen. copy

Simone, Françoise y Helene

Hoy escribo un post “corto” y rápido, en comparación a lo que suelen ser los artículos de este blog. No tengo demasiado tiempo últimamente pero, a pesar de no poder escribir, pienso en bastantes asuntos durante el día mientras  hago otras cosas. Otras cosas. Esas otras cosas que tantas mujeres han hecho a lo largo de la (pre)historia.

Hoy hablo de un bebé llamado Simone que vivía en Paris y era cuidado por una criada, una “nannie”, una empleada de los Beauvoir. La cuidadora se llamaba Louise y parece que no nos ha llegado su apellido. A nadie pareció importarle demasiado el apellido de la persona que alimentó, durmió y paseó a Simone y Helene, su hermana, y que realizaba las tareas del hogar en toda la casa. Como podemos leer en la biografía de la famosa feminista firmada por Deirdre Beir en su página 33 su nacimiento fue corto para ser el primero de su madre, Françoise.

“Si hubo alguna decepción por no haber sido chico no fue expresado por ninguno de los padres, especialmente Françoise, que sufrió siempre por haber tenido la desgracia de ser la primera y mujer”. El libro nos explica que su cuarto fue el que había sido previamente de la criada, una habitación blanca minimalista con una cuna al lado de la cama de Louise, ya que “ella era la responsable de las rutinas de cuidado físico de la niña. Además de sus otros trabajos de la casa, Louise tenía que bañar y alimentar al bebé, después llevarla al parque para que se aireara diariamente”.

La madre, Françoise, no hacía estas cosas ella, como vemos, pero sí se preocupaba de informarse de las últimas recomendaciones sobre rianza, sobre las mejores comidas para el bebé y “a menudo ayudaba a Louise a aplastar lo que parecía más apropiado para que comiera la niña en pleno desarrollo, pero la mayor parte del tiempo estaba ocupada con las obligaciones sociales de una joven matrona y las elaboradas preparaciones para la llegada de su marido a casa cada tarde”.

Según explica el libro de Deirdre Beir, el papá de Simone llegaba tarde, entonces jugaban con ella los dos “antes de que Louise se la llevara a la cama, y cenaban cuando Louise volvía a servir la comida que había cocinado”. Impresionante, no podían ni servirse la comida ellos mismos. ¿Se les romperían las uñas por poner la mesa? No lo sabemos. Continúa el libro: “Después, mientras Louise limpiaba, Françoise se sentaba con su tarea de ganchillo mientras Georges le leía algún texto elegido para ilustrarla y educarla. Françoise se sentía un poco culpable por recibir todas estas ideas masculinas, así que se comprometía con tener sus manos ocupadas con el “femenino” ganchillo, declarando su intención de cubrir cada espacio del apartamento con un ejemplo de su precioso trabajo manual. Era un tiempo glorioso en su matrimonio: sus ganancias eran pequeñas pero seguras, y vivían en un apartamento que Françoise, con la supervisión de George, había amueblado y decorado en lo que consistía buen gusto para su época; tenían un bebé precioso; y ahora, al lado de la familia del hermano de George, Gaston, y una multitud de familares, Françoise tenía su propia familia en Paris”.

Al margen de las propias interpretaciones de la biógrafa de Simone de Beauvoir me llama la atención que les preocupara tanto la salud física y no la emocional del bebé, en esa separación cuerpo-mente tan característica de la cultura de las elites. También llama la atención que su salario fuera considerado “pequeño” mientras podían permitirse tener una trabajadora interna que les limpiaba la casa y les criaba a su bebé. Eso en nuestra época sería considerado un salario alto.

En otra biografía, esta vez escrita por Ursula Tidd podemos leer que “Simone y Helene eran cuidadas por Louise. Françoise interpretaba el papel de mujer joven y bella, una madre adorada aunque emocionalmente distante”. En la página 29 del mismo libro leemos que Simone de Beauvoir tenía “culpa del superviviente” en relación a la muerte de su mejor amiga Zaza pero que no había sido la primera vez en su vida que sentía algo así. “En su infancia, poco después de haberse mudado a la calle de Rennes, la muerte del bebé de su antigua doncella Louise la había conmovido profundamente, no menos por las circunstancias socioeconómicas en las que había ocurrido. Louise había dejado su trabajo para casarse, aunque Françoise todavía la visitaba. El efecto de esta muerte se disfraza finamente en La Sangre de los Otros y enlaza con la culpa de la protagonista concerniente a su privilegio com miembro de la burguesía y del escándalo existencial de la muerte”. 

Aquí la llamada “culpa del superviviente” parece un sentimiento de autoodio por pertenecer a la burguesía y sentirse privilegiado respecto a los sirvientes. Todo esto me hace reflexionar y pensar que, al contrario de las clases sociales de las que hablan los marxistas, el mundo siempre se ha dividido entre los que cuidaban a sus propios bebés, las madres y otras figuras del entorno familiar o vecinal, y la clase social que dejaba el cuidado de los bebés y la casa a esclavos, criados o empleadas domésticas. Al contrario de poner el énfasis en quién poseía la propiedad de los medios de producción quizás deberíamos preguntarnos quién cuidaba a los bebés y descubriríamos otra nueva forma de delimitación de las clases sociales, la establecida por los cuidados.

No he encontrado ninguna imagen de Louise, ni conozco su apellido. Esto me hace pensar que para los historiadores y estudiosos de la figura de Simone de Beauvoir tampoco ha sido muy importante esta mujer ni los cuidados que suministró con su trabajo. Los cuidados en general no han sido importantes tampoco en el estudio de la Historia. Yo los reivindico y creo que alguien tendría que publicar un libro con los nombres de las cuidadoras, sus historias de vida. Son personas importantes y de gran relevancia histórica y social. Como en el caso de la nodriza de Freud, Resi Wittek, no se puede entender el psicoanálisis sin entender su relación con ella y, sobre todo, no se pueden entender los sesgos de su teoría, por ejemplo, en el tema del complejo de Edipo. Es de vital importancia. ¿Cómo a nadie se le había ocurrido antes? Con Beauvoir pasa lo mismo. ¿Cómo entender su pensamiento sobre “la mujer”, sobre “el hombre”, sobre la “igualdad” sin comprender su crianza y cómo se gestionaba su casa y los cuidados en ella? Ahí lo dejo para vuestra reflexión…

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Bibliografía adicional:

En castellano: Memorias de una joven formal. Aquí podemos leer:

“Le  debía  a  Louise  la  seguridad  cotidiana.  Ella  me  vestía  por  la  mañana,  me  desvestía  de  noche  y dormía en el mismo cuarto que yo. Joven, sin belleza, sin misterio, puesto que sólo existía –al menos  yo  lo  creía–  para  velar  sobre mi  hermana  y  sobre  mí,  nunca  elevaba  la  voz,  nunca  me  reprendía  sin motivo. Su mirada tranquila me protegía mientras yo  jugaba en el Luxemburgo, mientras acunaba a mi  muñeca Blondine bajada del cielo una  noche de Navidad con el baúl que contenía su ajuar. Al caer la  noche se sentaba junto a mí, me mostraba imágenes  y me contaba cuentos. Su presencia me resultaba  tan necesaria y me parecía tan natural como la del suelo bajo mis pies.  

Mi  madre,  más  lejana  y  más  caprichosa,  me  inspiraba  sentimientos  amorosos;  me  instalaba  sobre  sus rodillas, en la dulzura perfumada de sus brazos,  y cubría de besos su piel de mujer joven; a veces,  de  noche  aparecía  junto  a  mi  cama,  hermosa  como una  aparición,  con  su   vestido  vaporoso  adornado   con  una  flor  malva  o  con  su  centelleante  vestido de  lentejuelas  negras.  Cuando  estaba  enojada  me   miraba  con  ira.  Yo  temía  ese  fulgor  tempestuoso  que desfiguraba  su  rostro;  tenía  necesidad  de  su sonrisa”

Patriarcado militarista (segunda parte): los hermanos Lorente Acosta

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1. El poder de la OTAN y el FBI

De lo que se entera una años después de entrevistar a Miguel Lorente, el ex delegado del Gobierno para la violencia de género… Está claro que me documenté de manera insuficiente. Si lo hubiera sabido le hubiera preguntado también (además de sobre el tema de las ventas de armas al patriarcado de Arabia Saudí) sobre el terrorismo que se ejerce desde la OTAN sobre hombres y mujeres de todo el mundo:

“Lorente, cuyo nombramiento está previsto que sea anunciado mañana durante el Consejo de Ministros, trabajó durante dos años en el Centro de Investigación y Formación Forense de la Academia del FBI en Quantico (Virginia, Estados Unidos). También fue becado por el Comité Científico de la OTAN para desarrollar un estudio sobre los aspectos bioéticos del uso de la información genética.”

El estudio de Lorente no lo he podido encontrar en internet pero sí  he encontrado este otro de temática similar: “Problemas bioético-sociales con la información genética: el caso de la base de datos del sistema sanitario islandés”. En este caso se habla de la base de datos islandesa y su “venta” a una empresa privada, los principales problemas que surgen a raíz de esto, la cuestión del reparto de beneficios que pueda implicar y también de algunas razones y problemas éticos por los que habría que ser precavidos con este tipo de bioregistros.

En la búsqueda del estudio de Miguel Lorente financiado por la OTAN me encontré con otro proyecto en el que estaban los tres hermanos Lorente publicado en 1997. En él podemos leer:

“Los profesores José Antonio, Manuel Javier y Miguel Lorente Acosta, Enrique Villanueva Cañadas y Juan López Muñoz, que han participado en la aplicación de este programa destacan que “aunque hay muy pocos casos de confusiones en la identificación de los recién nacidos, las pulseras y brazaletes colocados alrededor de la mano o del pie, o las huellas plantares y dactilares que se han utilizado hasta ahora en la gran mayoría de los hospitales, clínicas y sanatorios españoles (y del resto de países del mundo) no ofrecen garantías, la verdad que establece es sólo circunstancial y no biológica“. Ante las graves consecuencias que pueden tener estos errores de identificación y poder establecer y exigir medidas para las situaciones excepcionales.
Puntualiza el equipo investigador- “hay que dejar claro, en todo caso que los problemas detectados o denunciados por identificaciones erróneas en España y países de nuestro entorno, son mínimos, diríamos que casi anecdóticos en las estadísticas sanitarias y judiciales. Esto es lógico y avala la profesionalidad y el buenhacer del personal sanitario de las áreas de obstetricia y pediatría/neonatología””. 

Los hermanos Lorente son todos médicos. Miguel es forense, José Antonio es profesor  de Medicina Legal y Forense de la Universidad de Granada (“una de las mayores autoridades en ADN a nivel mundial”) y Manuel Javier es pediátra. Respecto a su “programa” yo podría decirles que la Naturaleza ya nos ha provisto a las madres y a los bebés con otro “programa” gratuito que no implica sofisticadas tecnologías ni análisis de ADN (que terminan formando parte de bases de datos con opacos intereses comerciales y de control de la población). Se llama “QUE NO OS SEPAREN”, no separar a madres y bebés después del parto para realizar prácticas pseudocientíficas o para obtener datos de registro que pueden esperar. Separar innecesáreamente a madres y bebés es violencia obstétrica y pediátrica.

Como vemos, el capitalismo y el estado crean nuevas necesidades basadas en el miedo. Este tema se enmarca en el paradigma patriarcal tecnólatra del biocontrol total. La OTAN y también Rusia o cualquier otro bloque geoestratégico lo aplican a la perfección. Se trata de jugar con la pérdida de libertad a cambio de “seguridad y protección” de la mano de los nuevos y viejos patriarcas y, cada vez más  a menudo, matriarcas. Todo ello vinculado, como no, con el apoyo del militarismo y el imperialismo. 

2. El poder de las farmaceúticas: Pfizer

De los tres hermanos Lorente Acosta el más interesante es José Antonio Lorente, director del Centro Pfizer-Universidad de Granada-Junta de Andalucía de Genómica y Oncología (GENYO) pero  hay que recalcar que los tres tienen un libro escrito en común y diversos estudios científicos publicados y proyectos conjuntos. Es decir, además de hermanos son colaboradores políticos y comerciales. José Antonio Lorente es director del centro que lleva el nombre de una de las grandes farmaceúticas del mundo que comercializa antibióticos que salvan vidas pero que también son la causa de que nuestros ríos estén contaminados y de que las bacterias cada vez sean más resistentes debido al abuso de estos medicamentos. Una parte de responsabilidad es nuestra y otra es del sistema. También es más conocida por ser la farmaceútica de uno de los “medicamentos” más vendidos de la historia: la Viagra. Además, esta empresa en concreto es responsable de experimentar sus productos en humanos, concretamente en Nigeria, cuyo resultado fue la muerte de 11 niños. ¿Muerte o asesinato? Como parece que el dinero lo soluciona todo, llegaron a un acuerdo extrajudicial.

3. La empresa: Lorgen

José Antonio Lorente es también el estratega 2014-2018 de la Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales de la Junta de Andalucía y el responsable de decidir a qué deben dedicarse los 66,6 millones de euros correspondientes a investigación sanitaria. Lorente también es el promotor de Lorgen, “la primera empresa de base tecnológica creada bajo los auspicios de la Universidad de Granada, que consigue la financiación y el apoyo del proyecto Campus, del Instituto de Fomento de Andalucía (IFA), integrado en la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa”.

Uno de los logros de esta empresa de raíz universitaria es haber logrado “comercializar una prueba que permite, por 120 euros, conocer el sexo del feto a las ocho semanas de gestación”. Recomiendo leer el artículo completo sobre el tema del periódico Ideal de Granada en el que podemos leer la opinión de la ginecóloga Enriqueta Barranco:

 En ese sentido, la ginecóloga feminista considera que avances médicos como la posibilidad de conocer el sexo del bebé a las ocho semanas de gestación «a lo mejor no representa un beneficio para las mujeres». Esas pruebas, afirma, suponen «avanzar por donde no se debía, pues el porcentaje de enfermedades genéticas ligadas al sexo es ínfimo comparado con el número de embriones que no nacerán por razón de sexo». Y está convencida de que favorecerán el «feminicidio».”

Efectivamente, la ciencia patriarcal camina y avanza por “donde no se debía”, por la pseudociencia, la ciencia de la frivolidad y la eugenesia. Y el problema es que lo más importante para la salud de la humanidad suele ser barato o gratis, y aunque no esté exento de esfuerzo personal y colectivo, no reporta ningún beneficio ni cuesta dinero. ¿Cómo algo que parece positivo se convierte en algo negativo? Ese es el sistema en el que vivimos y que nos tiene atrapados.

Anuncio de la prueba de paternidad de la web de Lorgen

Lorgen, enlazando con lo primero que hemos comentado, tiene en su experiencia, el “desarrollo del Programa de Identificación Genética de Recién Nacidos en Andalucía “Programa PRAIGMI””.

4. DNA Prokids

La empresa Lorgen también trabaja en algo llamado “Prokids DNA”. El nombre en inglés ya nos indica el origen estadounidense de la idea o el proyecto. De hecho la sede de DNA-Prokids en España está en la Universidad de Granada y en EEUU en la Universidad del Norte de Texas. Se dice en este artículo sobre DNA Prokids:

“El científico indicó que los objetivos del programa son identificar a las víctimas y devolverlas a su familia, dificultar el tráfico de seres humanos y evitar las adopciones ilegales.

Para ello, DNA-Prokids promueve que cada país cree una base de datos de niños que se encuentren fuera del ámbito familiar, ya sea porque estén acogidos en orfanatos o porque vivan en la calle, para comparar su ADN con el de los familiares de personas desaparecidas susceptibles de haber sido víctimas de tráfico de seres humanos, explicó”.

Lo primero que habría que resaltar es que estos problemas humanos no son problemas de los que nos va a salvar la tecnología. Se podrían solucionar sin utilizar medios sofisticados. El negocio de la trata de personas o de órganos es, en primer lugar, alentado por una sociedad que ve a los niños como objetos de consumo que se pueden comprar y vender. Como vemos en este Informe Semanal tiutlado “Niños sin rastro”, en el que interviene DNA Prokids casi a modo de publireportaje, existen redes de crimen organizado de adopción internacional, tráfico de órganos y sexual (por cierto, según el documental hablamos de niños robados con la participación activa de mujeres en el nivel operativo). ¿Para evitar estas muertes y secuestros tenemos que registrar el ADN de nuestros hijos en una base de datos? No, esa es la excusa. Como en el caso de la violencia de las mujeres, se usa la tragedia de estos niños (la famosa “doctrina del shock”) para crear una ley represiva que incluya la creación de bancos de ADN, una medida que sin la manipulación del miedo y el dolor es difícil de implantar. Son las víctimas y posibles víctimas las que tienen que renunciar a sus libertades, en lugar de ir a la raíz del problema, los agresores, las agresoras, sus medios de actuación y sus apoyos dentro de los propios estados. Estas mafias y cárteles financian las campañas presidenciales de México, por ejemplo. Pero, además, el gobierno de los EEUU también tiene una gran responsabilidad en su propio terreno:

“El cártel de Sinaloa también ha operado con enorme facilidad en Estados Unidos, presumiblemente tras poner en nómina a mandos clave de aduanas y de la DEA. “Con el dinero que tiene ‘El Chapo’ Guzmán todo es posible. La corrupción no sólo existe en México, sino también en Estados Unidos”, concedió Jordan. “Hay que recordar que muchos familiares de los narcotraficantes mexicanos viven en Estados Unidos”, señala por su parte Gerardo Rodríguez, especialista en crimen organizado, en referencia al trasiego de personas cercanas a los grandes capos de la droga que van y vienen a lo ancho de la frontera sur de Estados Unidos, en ciudades como Los Ángeles, San Diego, Dallas y Houston”. Tomado deEl Chapo invirtió millones en la campaña de Peña Nieto para evitar ser arrestado. Noticias de Mundo

¿Por qué no en lugar de invertir en bases de datos genéticas no se dedican a investigar los apoyos desde dentro del propio estado y los vínculos que unen a los estados con las mafias criminales?

 

Se dice en este otro video: “Y han conseguido financiación de multinacionales de hasta 500.000 dólares. El coste de la aplicación se estima en 250 euros por cada prueba. En el caso de Haití DNA Prokids lo hará de forma gratuita”. ¡De forma gratuita! Claro, porque les están cediendo sus datos de ADN biológicos para que investiguen y practiquen en la realización de bases de datos genéticas. 

Personas como los hermanos Lorente se nos presentan por los medios de comunicación, con el altavoz de las redes sociales, como mesías feministas o adalides del progreso científico. La realidad es que están del lado del poder, del militarismo, del patriarcado, del imperialismo, y sus ideas van contra las mujeres (empezando por las mujeres de Arabia Saudita y las mujeres violadas en Kosovo), contra las madres y los bebés (en lugar de denunciar la separación al nacer se dedican a crear “programas” tecnólatras) y contra los niños (en lugar de denunciar los experimentos humanos de Pzifer o los vínculos estatales con las organizaciones criminales). Hay incluso quien va más allá, como Casilda Rodrigáñez en su web, que dedica todo un artículo a elaborar una proyección fantasiosa sobre el gobierno de Zapatero en el que sus miembros aparecen como verdaderos luchadores contra el criptonazismo, un gobierno que tenía al lobbie de los transgénicos dentro y creó la sexista Ley de Violencia de Género que jamás podrá solucionar el problema para el que teóricamente fue creada.

No podemos callarnos frente al adoctrinamiento, la manipulación y la corrección biopolítica.

Enlaces relacionados:

– Comercio sexual de la OTAN y la ONU en Kosovo: http://elpais.com/diario/2004/05/07/internacional/1083880811_850215.html 

– Violaciones en la cárcel de Abu Graib (Irak): “At least one picture shows an American soldier apparently raping a female prisoner” http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/northamerica/usa/5395830/Abu-Ghraib-abuse-photos-show-rape.html

– The Torture of Women in Iraqi Prisons, artículo de Giovanna M. Colasanto: http://scholarship.shu.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1693&context=student_scholarship 

– The Dark and Secret Dungeons of Iraq. Horror Stories of Female Prisoners: http://www.globalresearch.ca/the-dark-and-secret-dungeons-of-iraq-horror-stories-of-female-prisoners/5313974

– El machismo sutil de Miguel Lorente: http://prdlibre.blogspot.com.es/2015/11/el-machismo-sutil-de-miguel-lorente.html

Relacionadas dentro de este blog: 

Patriarcado militarista

Dioses y diosas patriarcales…

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El Origen de La Vía Láctea (1575) es una obra de Tintoretto expuesta en la National Gallery. “La fuente probable de este tema fue probablemente un libro de texto de botánica bizantina, “Geoponica”, en el que se narra cómo Júpiter, queriendo inmortalizar al niño Hércules (cuya madre era la mortal Alcmene), le aupó al pecho de la durmiente Juno. La leche que salió disparada formó la Vía Láctea, mientras que otra parte cayó hacia abajo dando lugar a unos lirios”. Tomado de: http://www.nationalgallery.org.uk/…/jacopo-tintoretto-the-o…
A ver, diosecillos, hay que pedir permiso para poner a un bebé desconocido en el pecho de quien sea. ¿Y qué es eso de robarle el niño a una mortal? ¿Y qué es eso de separar al bebé Hércules de su mamá Alcmene? ¿Y qué es eso de que Juno intentara evitar que naciera Hércules atando las piernas de Alcmena cuando estaba embarazada? ¿Y qué es eso de que Júpiter (Zeus) abusara sexualmente de Alcmene haciéndose pasar por su marido para dejarla preñada? Dichosos dioses y diosas patriarcales…

Figuras de la madre

Hoy presento un pequeño párrafo del libro compilado por Silvia Tubert “Figuras de la madre”, en concreto del capítulo escrito por Yvonne Knibiehler titulado “Madres y nodrizas”, que nos lleva a pensar que la clásica división patriarcal que se establece entre la mujer y la madre podría tener un paralelismo en el de la dama y la nodriza.

“A diferencia de las griegas, las romanas no daban siquiera el pecho. Una nodriza, casi siempre una esclava, se encargaba de la lactancia”. ¿Y quién lo decidía? ¿Las madres o los padres? En Roma, según describe la autora, el pater familias era el que tenía la autoridad para decidir, por encima de la madre. ¿Y por qué prefería a una nodriza? A veces para apresurar un nacimiento (por el componente anticonceptivo de la lactancia), para priorizar el linaje paterno sobre el materno impidiendo la transmisión de la sangre materna a través del amamantamiento y, por último, los romanos desconfiaban de la intimidad, para ellos debilitante, que crea la lactancia entre madre e hijo.

¿Creéis que el patriarcado actual, que sustituye al pater familias por el Estado (según la tesis de Feminicidio, de Prado Esteban y Félix Rodrigo Mora), continúa dividiendo nuestra identidad como ocurría durante el Imperio Romano?

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Yvonne Knibiehler