Precrimen e inversión de la carga de la prueba

Todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Sin embargo, en mi distrito, Tetuán, es al revés. Para ello, se está creando una atmósfera de precrimen, en el que el peligro nos acecha por todas partes y, si no fuera por estos puestos de la Administración, seríamos violadas y acosadas en las fiestas del barrio, fiestas que siempre me han parecido bastante moderadas, en comparación con los botellones de Las Vistillas en San Isidro o similares. La realidad es que, menos mal, las agresiones y la violencia son algo totalmente excepcional en las fiestas de Tetuán y, si realmente se quisiera un ambiente más sano, no habría más que suprimir la venta de alcohol en los puestos de los partidos políticos, porque la borrachera sí aumenta el riesgo de peleas y todo tipo de agresiones. Además, habría que señalar que en la misma plaza en la que se realizan los festejos donde habrá un “punto de precrimen” hay una comisaria de policía, lo que en sí mismo es muy significativo.

El otro elemento que llama la atención por nuestras calles desde hace un tiempo es el de las pegatinas arcoiris de “Zona segura LGTBI” en distintas tiendas, bares y comercios. De nuevo, en lugar de señalar o denunciar un hecho punible, es el inocente o el que no ha cometido crimen alguno el que debe señalarse como tal. Esto es una peligrosa inversión de la carga de la prueba: todo el mundo es culpable a no ser que demuestre que es inocente con una pegatina, un emblema o un símbolo. Esta forma de pensar es totalmente ingenua, ya que yo puedo llevar una chapa diciendo que soy buenísima persona y ser una maltratadora. De nuevo, las ideas y las palabras crean una realidad ficticia más allá de los hechos, de la verdad cruda que no tiene nada que ver con lo simbólico*.

Esta atmósfera es en sí misma muy peligrosa porque es totalitaria. No existe una vida 100% segura porque si existe, no será libre. Y de eso se trata. No hay ninguna sociedad que se haya marcado como objetivo el fin del crimen, a lo máximo que se ha llegado es a castigarlo, al castigo ejemplar o a la reparación del daño, si es que es posible. Para tener una sociedad 100% libre de agresiones y de crímenes tendrías que construir una dictadura tecnopolicial donde todos estuviéramos vigilados por cámaras las 24 horas del día y que nos pusieran un brazalete electrónico con GPS y chip desde el nacimiento. Y de eso se trata…

Hace poco reflexionaba, en relación a una experiencia personal, sobre los ingresos hospitalarios y su disciplina militar, su yatrogenia, nuestro miedo a caer enfermos y perder el control, a sentirnos más seguros allí que en nuestra propia casa… Para los hipocondriacos, un hospital es el lugar ideal para vivir. Allí podemos sentirnos 100% seguros en materia de salud, allí está toda la tecnología, conocimientos y medicinas disponible en nuestra sociedad para curarnos, pero, paradójicamente, también es el lugar más inseguro para vivir en el largo plazo: contagio con virus y bacterias de otras personas, sobremedicalización, falta de luz natural, etcétera. Por eso, que nadie se lleve a engaños, el ambiente del precrimen nos conduce a una dictadura o, en el equivalente hospitalario, a morir por yatrogenia. Será una vida muy segura pero ya no será vida…

Para las mujeres que en algún momento de nuestra vida hemos vivido algún tipo de violencia o agresión todas estas medidas no sirven para nada porque no van a las causas reales y radicales de la degradación social y la convivencia. Sí sirven a los poderosos, a las grandes empresas de la seguridad y el miedo, a los que nos quieren divididos y controlados como ganado humano. En definitiva, son medidas que van a favor del capitalismo de empresa única en el que vivimos, dominado por tres o cuatro fondos de inversión que, en realidad, son el mismo monopolio. Mucho me temo que vamos a tener que aferrarnos como un clavo ardiendo a figuras que en otros tiempos criticamos y con razón, como el Estatuto de los Trabajadores o la propia Constitución, para defendernos contra las nuevas leyes que se van implantando (y aún así, no pasa nada, dirán que son “constitucionales” y punto). Cualquier tipo de reforma laboral o nueva ley en el contexto actual va a ir en sentido de empeorar nuestras condiciones.

Me despido con una bellísima canción que creo que ilustra muy bien todas estas paradojas y contradicciones:

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*Esta estrategia política ya ha sido utilizada varias veces en la historia. Me viene a la mente la utilizada, sobre todo por la derecha española, con el terrorismo de ETA, los lacitos, los minutos de silencio y demás. Si no querías llevar estos símbolos o no hacías los minutos de silencio eras señalado. El feminismo de Estado-Capital ahora hace exáctamente lo mismo. Relacionado: http://www.lasinterferencias.com/2015/11/30/reflexiones-en-torno-al-documental-citizenfour/