La diferencia entre un “hasta” y un “durante”.

“De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia natural hasta los 6 meses de vida del pequeño.” – Artículo “Bien alimentados con leche artificial”, Revista “Estar Vital” (se puede consultar el artículo entero aquí, pg 32). Tirada de 200.000 ejemplares.

Hoy mi madre ha venido a casa con una revista de la farmacia en la que he encontrado la frase que acabo de reproducir. No es mi intención iniciar la clásica comparación entre lactancia materna y artificial, ni hablar de los beneficios de la primera o las ventajas de la segunda. Simplemente me gustaría puntualizar y desmentir lo que afirma el artículo con un simple enlace a la web de la OMS y a lo que allí se dice:

“Se recomienda la lactancia exclusivamente materna durante los primeros 6 meses de vida. Después debe complementarse con otros alimentos hasta los dos años.”

¿Por qué ese empeño en tergiversar la información? ¿Debo pensar que es una inocente errata? ¿Tendrá algo que ver la publicidad de la página de al lado? ¿No se puede vender la leche artificial como lo que es, un invento maravilloso cuando realmente se necesita?

Lo que viene a decir el artículo de “Estar Vital” es que, aunque la lactancia te vaya de maravilla, una vez que llegan los seis meses la OMS tienes que pasarte a la fórmula junto con la alimentación complementaria. O al menos eso da a entener ese “hasta”. Eso es mentira y muy grave, además, poniendo al descubierto de nuevo que los intereses comerciales están por encima de los intereses de los bebés y las madres.

Dicho esto, quiero dejar claro que no doy la teta porque lo diga la OMS, una organización que me parece en otros aspectos muy poco respetable, precisamente por su subordinación a las multinacionales farmacéuticas, como dejó al descubierto el pánico desatado con la Gripe A y las ingentes cantidades de vacunas que compraron unos y otros Estados.

Las familias somos libres de hacer lo que queramos, pero para decidir en libertad nos hace falta información real, no medias verdades o desinformación. En mi caso, veo más lógico seguir dando el pecho hasta que al menos el bebé pueda beber y tolerar por sí mismo la leche de vaca corriente y moliente, sin tener que pasar por sucedáneos. Otra cuestión sería que nos surgiera un hipotético problema imposible de solucionar ni con un grupo de apoyo ni con una consultora de lactancia y tuviéramos que recurrir a la leche artificial, hidrolizada (aaaggghh…) para más señas, porque mi hijo tiene intolerancia a la proteina de la leche de vaca.

Me gustaría poderle dar el pecho mucho más allá del año, para transmitirle mis defensas y protegerle de posibles enfermedades, también para seguir disfrutando de los momentos maravillosos y mágicos que nos brinda a los dos. ¡Ojalá siga siendo placentero!

Pero lo que yo haga o deje de hacer no es el motivo por el que escribo esto. Simplemente creo que esta revista debería publicar una rectificación y les voy a ayudar enviándoles un e-mail.