¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

El zapatero remendón y su familia. Maître des Cortèges (S. XVII).

Estoy alucinando con la lectura de “La evolución de la infancia” de Lloyd deMause en la que se describen de forma muy documentada siglos y siglos de maltrato infantil. Desde luego, no siempre “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Bebés fajados, cuartos oscuros, azotes, abusos sexuales… ¿Era algo generalizado? ¿O los padres cariñosos y empáticos nunca dejan documentos que lo atestigüen? ¿Esa crianza desapegada y nada empática era solo propia de las clases altas o las clases populares también trataban mal a sus hijos? Siempre me quedará la duda después de leer esto:

http://www.psicodinamicajlc.com/articulos/evolucion_infancia.html#_ednref221

Aunque parece que también hay otras visiones de la infancia en el pasado, no sé si más cercanos o no a la realidad que el de DeMause: “De todos los libros sobre la infancia en otras épocas, el mejor conocido es quizá el de Philippe Ariès, Centuries of Childbood (Siglos de infancia). Un historiador ha señalado la frecuencia con que es “citado como las Sagradas Escrituras”. [18] La tesis central de Ariès es la opuesta a la mía: él sostiene que el niño tradicional era feliz porque podía mezclarse libremente con personas de diversas clases y edades y que en los comienzos de la época moderna se “inventó” un estado especial llamado infancia que dio origen a una concepción tiránica de la familia que destruyó la amistad y sociabilidad y privó a los niños de libertad, imponiéndoles por vez primera la férula y la celda carcelaria.”

Aunque no me gusta el análisis psicoanálitico de DeMauss (me parece muy subjetivo) sí me parece interesante leer los ejemplos y textos que ha encontrado. Muchas veces, las personas amantes de los temas relacionados con la crianza respetuosa tendemos a pensar que un par de generaciones antes de la nuestra sí se hacían las cosas bien, que hemos perdido algún tipo de conocimiento especial que nuestros antepasados sí tenían, etcétera.

Al idealizar otras culturas, la vida animal o el pasado, perdemos de vista que quizás hasta hace bien poco no se había llegado a la conclusión de que los bebés y los niños tienen unas necesidades y unos derechos. Otra cosa es que no se respeten, por voluntad propia o por las circunstancias sociales y laborales.

Yo sí que pienso que hay mucho que aprender del pasado, de los animales y otras sociedades, pero, como siempre, de forma crítica, reivindicando lo que nos pueda servir y desechando lo malo. Y, sobre todo, no confundir nuestros deseos con realidades. A veces el pasado no fue lo que nos hubiese gustado pensar, pero si es lo que ocurrió, hay que aceptarlo. El camino que nos espera es crear algo nuevo, ni volver atrás ni idealizar el presente ni pensar que el futuro será necesariamente mejor.