Maternidad en la literatura.

Hoy quiero dejar dos testimonios. Dos mujeres africanas de contextos y países completamente diferentes. Dos autobiografías. La primera cuenta como veía, con ojos de niña, los partos de su madre. La segunda cuenta su propio parto. Waris es somalí, modelo y activista contra la mutilación genital femenina. Dina es egipcia y una leyenda viva de la danza oriental.

Waris Dirie y Cathleen Miller:  “Flor del desierto”

“Mi madre empezó a tener bebés y a criarlos con el amor que echaba de menos al estar separada de sus gentes. Con todo, ahora que soy mayor, me doy cuenta de cuánto debió sufrir al tener doce hijos. Recuerdo que cuando estaba embarazada desaparecía de pronto y no la veíamos en varios días. Luego aparecía con un diminuto bebé en brazos. Se iba sola, al desierto, y daba a luz, llevándose algo afilado para cortar el cordón umbilical. En una ocasión, después de que ella desapareciera, tuvimos que trasladar el campamento debido a nuestra eterna búsqueda de agua. Tardó cuatro días en encontrarnos: atravesó el desierto con su hijo recién nacido en brazos mientras buscaba a su marido”.

Dina Talaat y Claude Guibal . “Ma liberté de danser”

“30 de diciembre 1999, mi vientre se crispa. Acompañada por Sameh, vamos rápido al hospital de Santa Mónica. La partera me lleva a la sala de partos, Sameh está detrás de la cámara, graba el parto. Las contracciones son fuertes, pero no dolorosas. Miro el espejo en el techo, regulo la respiración. Cinco minutos más tarde, Ali asoma la cabeza. Una pequeña cabeza cubierta de pelo negro, y una boca parecida a la mía. Tengo lágrimas en los ojos. Aquí llega nuestro bebé. Ahlan wa Sahlan, Ali, bienvenido, hijo mío.

– “¡Ha dado a luz en un tiempo récord!”
La matrona está sorprendida. Mientras me brinda los cuidados post-parto, me cuenta que rara vez ha visto a una mujer traer un hijo al mundo con tanta facilidad.

Le reveló cuál es mi trabajo. Abre los ojos de par en par. La danza del vientre es una de las mejores preparaciones para el parto. Involucra a todos los músculos, permite la flexibilidad de la pelvis, el tono muscular. El coreógrafo Hassan Khalil, dijo una vez: ” La danza del vientre es el movimiento del lugar más sagrado de la mujer, el útero, ahí donde todo comienza. El secreto de la danza del vientre no está en la danza, está en la mujer”.

Ese 30 de diciembre, bailarina y madre, madre y bailarina, me siento más mujer que nunca. Estoy acostada en mi cama de sábanas blancas, mientras veo a Sameh mirando con orgullo a su hijo, ya tan fuerte, ya tan vivo, con sus ojos oscuros. Y me gustaría que estos momentos pudieran durar para siempre”.