“El conflicto cultural sobre enseñar a ir al baño” de Mary Exton

He encontrado este interesantísimo texto en internet y, como no soy capaz de contactar con la autora, me he tomado la libertad de traducirlo al castellano y publicarlo aquí. Creo que ya la he encontrado y sigo intentando comunicarme con ella pero, mientras tanto y confiando en que no le moleste, aquí tenéis mi traducción.

Texto original en inglés: http://jupiter.plymouth.edu/~megp/webct/culturalconflict.htm

“Se pondrán realmente duros e incómodos y tardarán horas en secarse,” dijo mi madre, hurgando con recelo entre mis carísimos pañales de tela con cierre de velcro y patitos impresos que mi suegra había enviado desde el otro lado del Pacífico. Un matrimonio bicultural no era tan sencillo. Parecía que siempre teníamos un montón que averiguar sobre de qué manera debíamos vivir. Antes de que naciera mi hija Elizabeth, mi marido me habló de los pañales desechables. Pero en China no se hacían pañales, ni desechables ni de otro tipo. En la farmacia del hotel de lujo, Pampers o Huggies importados se vendían por el equivalente a un dólar cada uno. A ese ritmo, calculamos que Elizabeth costaría unos  4.000 dólares en un año. Nuestros salarios eran sólo la mitad de esa cantidad.

Un mes después de que Elizabeth hubiera nacido, mi madre sugirió que la enseñáramos a usar el orinal. Mi marido sospechaba que este control de esfínteres temprano no iba a funcionar. Después de leer varios libros para padres enviados desde Estados Unidos, mi marido farfulló algo incoherente sobre las cicatrices emocionales del control de esfínteres demasiado temprano. Mi madre a menudo se jactaba ante mí que cuando yo tenía seis meses de edad ya había terminado el aprendizaje de control de esfínteres. Ella estaba segura de que Elisabeth podía usar el inodoro. La maternidad era una nueva experiencia para mí, así que mi madre se convirtió en mi primera supervisora.

La enseñanza china del control de esfínteres significa sostener a un bebé con suavidad por las caderas sobre un orinal o en el borde de la carretera y silbar suavemente para imitar el tintineo de la orina. Los bebés y niños pequeños chinos no usan pañales en absoluto, ni siquiera los de tela. En su lugar, siempre usan pantalones abiertos por la entrepierna. El algodón, el agua y el jabón son todos elementos escasos. Siempre hay alguien disponible para estar con un bebé chino. Los padres comienzan a poner a su hijo en el inodoro tan pronto como con un mes. Aunque parezca increíble, la mayoría de los bebés están entrenados con 6 meses, al menos durante las horas de vigilia. En el momento en que pueden caminar, por lo general de doce a catorce meses, saben cómo agacharse con sus pantalones abiertos por la entrepierna cada vez que sienten las ganas.

Tal como dijo mi madre, Elizabeth sabía usar el orinal cuando tenía siete meses de edad. A pesar de que tenía algunos accidentes, la mayoría del tiempo sabía decirnos que necesitaba ayuda para ir al baño.

Una amiga estadounidense, Bárbara, intentando enseñar a ir al baño a su hijo, observó con asombro una vez como los maestros preparaban a quince niños para una vuelta en un balancín del parque.  “Los profesores dieron la vuelta y les dijeron: ‘pis, pis, pis'”, dijo Bárbara. “Pensé, ¿cómo puede ser que todos tuvieran ganas a la vez? Pero todos ellos se agacharon en cuclillas”. Mucha gente americana se sorprendía por el aprendizaje tan bueno de Elizabeth a esa temprana edad. Yo también me sorprendí de que algunos niños americanos de tres años  todavía usaran pañales.<
Tuve a mi segundo hijo en Estados Unidos. Traté de usar la forma china de entrenarlo a usar el baño, ¡pero no funcionó! Tiene un año y medio ahora, y todavía usa pañales. Mi madre me dijo que era una madre perezosa por haberme relajado con el entrenamiento del bebé nacido en Estados Unidos. Viviendo en una cultura diferente y después de haber escuchado mucha información diferente sobre este tema, me quedé en mis trece.

Los conflictos culturales pueden ser todo un reto. En muchos sentidos, son una ganancia. No sólo puedes ganar fuerza y habilidades mientras te formas tu camino entre ellos, sino que también puedes obtener nuevos conocimientos (Gonzalez-Mena, 1997). Enseñar a ir al baño es algo muy cargado de emociones para la mayor parte de la gente, algo en lo que no parece haber ninguna respuesta obvia sobre qué es correcto y qué no lo es. Yo estaba metida en un conflicto cultural.

Parte del problema reside en la definición y objetivo del control de esfínteres (Gonzalez-Mena, 1997). Si el cuidador define el control de esfínteres como la enseñanza o el alentar al niño a que de forma independiente se haga cargo de sus propias necesidades de ir al baño, y su objetivo es lograr esto tan rápido y sin dolor como sea posible, considerará que doce meses es demasiado temprano para empezar. Los niños menores de doce meses de edad necesitan ayuda de un adulto. Sin embargo, si el control de esfínteres es considerado como una reducción en la cantidad de pañales utilizados y el método consiste en formar una alianza con el niño para hacer precisamente eso, usted comenzará tan pronto como pueda leer las señales del bebé y “pillarlas a tiempo”.  El foco está en la interdependencia o la dependencia mutua.

“Los estadounidenses, que valoran la independencia y la individualidad, ven al bebé como dependiente, no diferenciado… los chinos, que aprecian la estrecha interdependencia entre un niño y un adulto, ven al niño como si tuviera un componente de autonomía pequeño… creen que deben tentar al niño a ocupar un papel dependiente, se apresuran a calmar a un bebé que llora, responden tranquilamente al balbuceo emocionado del bebé, y duermen con el niño pequeño por la noche con el fin de fomentar la unión mutua necesaria para la vida adulta”. (Kagan, 1984)

Los bebés chinos están en brazos gran parte de las veces, hay una respuesta inmediata por parte de los cuidadores para orinar y evacuar. Por lo tanto, desde una edad temprana, hay una asociación en la mente del infante entre estas funciones y las acciones de la madre. En consecuencia, cuando el bebé quiere orinar, todo su cuerpo participa en el proceso preliminar. La madre china, sosteniendo al bebé en sus brazos, aprende a ser sensible a los pequeños detalles de este proceso, y sostiene al bebé lejos de ella justo en el momento crítico. Con el tiempo, el niño aprende a pedir que se le suelte. Por el contrario, la transición es más difícil para los bebés estadounidenses de clase media cuyas funciones suelen ocurrir solas. La madre comienza a interferir en la actividad del intestino y la vejiga después de muchos meses de una mera atención superficial.

Cuando visité a la profesora Althea Goundry que trabaja en el Centro del Desarrollo y la Familia del Plymouth State College, me dijo que la gente de Estados Unidos no empieza a enseñar a sus hijos hasta que los niños muestran un interés en usar el baño y están físicamente preparados (Entrevista Personal). Un niño debe tener las habilidades verbales y conceptuales para poder entender lo que se espera  durante el control de esfínteres. Debe saber que ciertas cosas van a ciertos lugares. Ella se interesó mucho sobre lo que le dije acerca del aprendizaje chino para ir al baño. Dijo que la mayoría de los estadounidenses no prueban estrategias conductistas, tal vez es más fácil permanecer tal  y como está que cambiarlo. La investigación estadounidense también muestra que los niños no se mantendrán secos y limpios mucho antes de los 24 meses de edad. “Por otro lado,” me dijo , “creo que es mejor quedarse corto que pasarse”.  Ella también sentía que era necesario proporcionar al niño un premio después de la utilización con éxito del baño, para reforzar el aprendizaje que se acababa de producir.  Dos conductistas (Azrin y FAXX , citado en Shimoni , 1992 ) sugieren que a los niños de más de 24 meses de edad se les puede enseñar a usar el baño por imitación y recompensa.

“Los accidentes no son ninguna vergüenza” me dijo Althea. Este es otra diferencia con el aprendizaje de control de esfínteres chino. La característica de la cultura china es el honor y “salvar la cara”. Yo castigué los sentimientos de mi hija. El aprendizaje chino de control de esfínteres implica que la atención se centra en lo que hace el adulto, en lugar de lo que hace el niño. Las investigaciones muestran que los niños tienen sus propios sentimientos acerca de ir al baño. Se les está pidiendo que hagan algo sobre lo que a menudo no ven ningún sentido. Su cumplimiento dependerá de su disponibilidad (Shimoni, 1992). Si un niño no está listo, el ir al baño puede convertirse en una batalla de voluntades. El aprendizaje para ir al baño se considera como un proceso altamente individualizado en América. Los niños deben ser enseñados sin presión.

La cultura nunca es estática, continúa evolucionando. Cuando una cultura se frota contra otra, ambas se transforman (Gonzalez-Mena, 1997). Un reto para muchos padres en este país es la de mantener su identidad cultural y transmitirla a sus hijos en el contexto de esta inevitable evolución.

Las culturas no son superiores ni inferiores, sino que simplemente son. El control de esfínteres es el tema que me hizo aprender más sobre la diversidad humana y apreciarla. Como vivo en los Estados Unidos ahora, hablaría de “ayudar a los niños a aprender” en lugar de “entrenarlos.” El aprendizaje para ir al baño debería ser entendido como una combinación de habilidades que el niño va a adquirir con la guía y ayuda de padres y maestros.

Trabajos citados:

Gonzalez-Mena, Janet (1997) Multicultural Issues in Child Care

California:  Mayfield Publishing Company

Goundrey, Althea Facilitating Teacher and Health and Safety

Coordinator in Plymouth State College Child Development and

Family Center, Personal interview, 1997,11

Kagan, Jerome (1984) The Nature of the Child P.29

New York:  Basic Books

Shimoni, Rena & Baxter, Joanne & Kugelmass, Judith (1992)

Every Child Is Special

New York:  Addison-Wesley Publishers Limited

Temke, Mary, Toilet Training UNH Cooperative Extension

New Hampshire:  University of New Hampshire

Weiser, Margaret G. (1991) Infant/Toddler Care And Education

New York:  Macmillan Publishing Company