Más allá del parque – #10 – Exposición del fotógrafo Nicolas Muller

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Tomado del blog “Arte en Madrid”

El otro día fui con mi hijo a la sala de exposiciones del Canal de Isabel II, cerca de Ríos Rosas. En realidad no sabía que nos íbamos a encontrar, simplemente quería conocer el edificio por dentro, un antiguo depósito de agua.

Había una exposición del fotógrafo húngaro Nicolas Muller, un hombre del que no había oído hablar nunca. Mi hijo como siempre, sin parar de correr de un lado al otro y pidiéndome que bajáramos y subiéramos en ascensor sin parar. Al final me le puse en el Tonga, subimos al último piso y fuimos bajando plantas viendo la exposición. A Nicolas Muller, su periplo vital le llevo de su Hungría natal a la huida del nazismo viajando por Francia, Portugal, Marruecos y finalmente España.

Sus fotos retratan el duro trabajo de los campesinos húngaros… 06f79babc5cc8e36086af937f54968c5_L

…la mirada de los niños, como estos de Marsella: b_e6c36465ea9063008f826907fe3ade784717ec01

De su estancia por Marruecos podemos destacar esta foto de “La bailarina Taraja”, tomada en Larache en 1942, cuando esta ciudad pertenecía al Protectorado Español. El personaje que más me gusta es el de la percusionista. Hoy en día es muy raro ver a una mujer percusionista en los espectáculos de danza oriental. Me recuerda a aquellas fotos que hay de gitanos tocando flamenco en la que se ven a muchas mujeres tocando la guitarra. Es como si esos papeles se hubieran masculinizado con el tiempo y pensásemos que siempre ha sido así. Y no es cierto. El personaje masculino se ríe y parece que enseña algo que podría ser un paquete de cigarrillos o un carnet de identidad.

Bailarina Tajara.

Bailarina Tajara.

Y la fotografía que más me gustó de toda la exposición (por eso la pongo en grande, jeje):

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Corro de niñas. Argamasilla de Alba. 1957

Siempre me han gustado las imágenes de danzas circulares, desde el corro de la patata a los bailes populares pasando por el cuadro de “La Danza” de Matisse en el que hombres y mujeres giran juntos y desnudos de la mano. El círculo siempre ha sido sinónimo de horizontalidad y solidaridad, por eso en mis clases de danza con mamás me gusta que por lo menos una parte de la clase la bailemos así, mirándonos en el espejo de la compañera en lugar de en el espejo real, y jugar a expresar desde allí. Quizás no es la figura más apropiada para aprender la técnica, pero sí para crear un ambiente de complicidad grupal.

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Volviendo a la fotografía de Muller, me gustó mucho porque rescata ese momento de juego infantil y nos permite dejarnos sorprender por lo diferente que eran las cosas entonces. ¿Dónde están esos grupos de niños ahora? En Madrid una imagen así es impensable: un grupo enorme de niños jugando a un corro de la patata gigante… ¡Imposible! Primero porque no hay niños, y segundo porque nadie les deja que jueguen en la calle solos. Supongo que en los pueblos tienen más libertad pero también son muy pocos.

Cuando llegamos al final de la exposición había una proyección de un documental sobre la vida de Muller en húngaro con subtítulos en castellano. Nos sentamos y Félix me pidió teta. Le amamanté mientras veía el documental, que por cierto tenía una música muy bonita, y cuando me quise dar cuenta se había quedado frito. ¿Y ahora qué hacía sin mochila ni carrito? Intenté no despertarle y logré que llegara así a casa, todavía no sé cómo lo conseguí… Eso sí, la mano que le sujetaba la espalda terminó un poco lastimada… Le dejé en casa de los abuelos y me fui al curro. Otro día “más allá del parque”.