Experiencias enseñando a usar el orinal a un niño de 20 meses.

La crónica de este mes va a ser muy breve ya que ha habido pocos cambios. Los más fundamentales han sido que aguanta más entre pises, ha empezado a ensayar a sentarse solo en el orinal y hemos pasado de utilizar 3-4 pañales en algunos días a que muchos otros el mismo pañal de tela permanezca seco desde por la mañana hasta por la tarde-noche o tengamos que hacer un solo cambio en todo el día.

El 15 de diciembre (¡me quedé con la fecha y todo!) de repente en lugar de ponerle yo en el orinal le dije que probara a bajarse los pantalones y a sentarse “él solito”. ¡Le encantó! Se tiró todo la tarde ensayando y haciendo pis el sólo. Algunas veces hacía pis y otras veces solamente se sentaba, estaba un ratito y se volvía a levantar para jugar.  Al día siguiente sin embargo no volvió a hacerlo por sí mismo y solamente lo ha vuelto a hacer un par de veces más durante el mes.

Durante este mes he comprobado que sigue sin avisar demasiado, aunque suele decírnoslo mucho más si estamos fuera de casa o en el coche que si está en el salón jugando. Es curioso porque aunque habla mucho sigue comunicándose con el ya clásico “puaj, puaj” en lugar de decir “pis” o “caca”.

Como no avisa siempre hay que estar pendiente del tiempo o de sus señales. Una señal clara es cuando se empieza a poner nervioso e inquieto al jugar, y empieza a “liarla parda” con cosas de la casa peligrosas para él y con las que no queremos que juegue. En esos momentos en los que digo “¡qué trasto!” a veces me doy cuenta de que está a punto de hacer pis y le llevo el orinal al lugar donde esté jugando. Si está muy nervioso no se sentará pero con un poco de distracción (un juguete o su libro preferido) sí se sienta y lo hace.  Si no quiere, como siempre, se levanta y se va.

Lo que sí que hace a veces es avisar a posteriori cuando se siente mojado, o dice “puaj, puaj” justo cuando se lo está haciendo o con poquísima antelación. Yo le sigo diciendo de vez en cuando, sobre todo si le pregunto y me dice que no tiene ganas, que avise a mamá, que avise a papá o a la abuela cuando lo necesite. Sé que en algún momento lo entenderá y será capaz. Y él también lo sabe.

Hubo unos días de virus con diarrea y catarro en los que se hizo la caca en el pañal en lugar de avisar o esperar a que le pusiéramos en el w.c. con el reductor o en el orinal.

Por las noches le ponemos un pañal y a dormir todos. Poco a poco por fin hay más noches sin despertares. ¡No me lo puedo creer ni yo con lo mal que lo he pasado con ese tema!

Fuera de casa durante este mes hemos utilizado pañales porque ha hecho muchísimo frío y no queríamos arriesgarnos a que se acatarrara si había un escape. Al final de mes, sin embargo, hemos vuelto a los calzoncillos confiados en que nos avisará o sabremos detectarlo a tiempo.

Todavía estamos lejos de que él avise el 100% de las veces, pero más o menos nos apañamos. Si la persona que le cuida está distraida y no le pone, él se lo hace encima como cualquier otro niño, pero estoy animada porque creo que vamos por un camino lento pero seguro, y sobre todo coherente. ¡Es un aprendizaje mutuo!

¡Hasta el próximo mes!