Lactancia viejuna en Madrid

Cuando buscamos referencias históricas sobre lactancia o la crianza de los niños nos solemos encontrar con que los textos que nos han llegado son casi todos normativos o legales, donde se dice lo que era apropiado y lo que no, cómo se tenían que hacer las cosas e incluso qué castigos les esperaban a los que se saltaban las leyes establecidas por los poderosos o por la divinidad.

Por ejemplo, en el Código de Hammurabi (1800 a.C.), que hoy se puede visitar en el Louvre, se dicen cosas como esta:

“194.- Si uno dio su hijo a una nodriza y el hijo murió porque la nodriza amamantaba otro niño sin consentimiento del padre o de la madre, será llevada a los jueces, condenada y se le cortarán los senos.” ¡Toma ya!

Como ya saben los lectores de este blog, me encanta investigar sobre la historia de las nodrizas, ya que se puede aprender mucho sobre cómo era la lactancia y cómo eran las costumbres de crianza en cada momento histórico. Del libro de Carmen Sarasúa “Criados, nodrizas y amos. El servicio doméstico en la formación del mercado de trabajo madrileño, 1758-1868” he aprendido unas cuantas cosas que ahora os cuento a continuación:

Sobre conciliaciones imposibles:

– “Las inclusas no sólo son el lugar de trabajo de algunas nodrizas (normalmente, las que no consiguen emplearse con familias), sino el medio que permite a muchas otras emplearse. Los expósitos eran en su mayoría hijos de mujeres muy pobres que sólo abandonándolos pueden emplearse, muchas precisamente como sirvientas.” Pg. 142.

“La mayoría de las mujeres no encuentran trabajo sino en el servicio doméstico, que les impide mantener a sus hijos consigo.” Pg. 143.

Esto aporta mucho a las incógnitas que tenía cuando escribí mi visita a la Inclusa de Madrid en el “Más allá del parque #2”. Ahora entiendo que la Inclusa, creada y amadrinada por la Junta de Damas (mujeres aristocráticas) era más que una institución de caridad, era totalmente necesaria en la sociedad de la época para que las mujeres pudieran “liberarse” de la maternidad y servir a las clases pudientes. Hay también escritores citados en el libro que afirman directamente que muchas nodrizas se “amancebaban” y después de parir dejaban a sus propios hijos en la iglesia para entrar a trabajar en casas amamantando y cuidando a los hijos de otros.

La crianza del desapego:

En Francia, único país europeo que contó con un organismo específico para regular la contratación de nodrizas, el Bureau Géneral des Nourrices et Recommandaresses pour la Ville de Paris, fundado en 1769 y suprimido en 1876, sus registros han resultado una fuente muy valiosa para el estudio de la lactancia asalariada. Sussmann calcula que en París, a comienzos del siglo XIX, eran dados anualmente a nodrizas unos 10.000 niños, la mitad de los nacidos cada año en la ciudad, y que el Bureau tramitaba un 50% de estas colocaciones. 

Silvestro Lega (1826-1895). Visitando a la nodriza.

Los tipos de nodrizas:

En el período que estudia el libro hubo variaciones en el número de nodrizas en Madrid que fluctuaban entre las 184 y las 95, según el número de anuncios del Diario de Avisos de esta ciudad. Había tres tipos de nodrizas según la procedencia: cantábricas, las de localidades cercanas a Madrid y las que vivían en la misma ciudad. También había otra clasificación: las nodrizas que trabajaban en casa de los padres, las de la Inclusa (las peor pagadas) y las que se quedaban el niño en su casa. ¿Qué tipo de vinculación tenían esos bebés con sus padres biológicos en este último caso? ¿Cómo serían esas visitas de lo que para el bebé eran extraños? ¿Cómo vivirían la separación definitiva de sus madres de leche y la vuelta a la ciudad? La verdad es que pensarlo estremece…

No es extraño que en base a este tipo de situaciones la filósofa Elisabeth Badinter niegue la existencia del “instinto maternal” universal y biológico. Si existe, ¿cómo podían abandonar a sus bebés con extrañas durante años? A mi me gusta más hablar de ética de los cuidados pero no puedo negar que me cuesta admitir que no existiera un componente hormonal y químico en el vínculo de esas madres con sus hijos. ¿Sería la cultura, el tipo de parto o la separación madre-bebé la que anulaba ese instinto? ¿Nunca existió y lo que sentimos es una creación cultural?

Las nodrizas que criaban en su propia casa pasaron de estar en los pueblos cercanos a Madrid a vivir en los barrios obreros de la ciudad. Esto tuvo dos causas principales: la emigración forzosa y la críticas de los médicos ilustrados hacia la lactancia mercenaria.

“Por un lado, la crítica médica de las condiciones en las que se crían los niños en casa de las nodrizas lleva a las clases adineradas y, por imitación, a las clases medias, a preferir a la nodriza que cría en casa de los padres. Por otro, el deterioro de las condiciones de los labradores de los pueblos cercanos a Madrid hace que éstos dejen de ver la lactancia de niños de la ciudad como una actividad interesante para su economía. Criar niños de la ciudad había sido una actividad complementaria de las agrícolas o artesanales que realizaba la familia. Las crisis de subsistencia, la inflación y las guerras provocan, sobre todo a partir de la década de los noventa, la pauperización de los pequeños labradores, que dejan sus pueblos para buscar trabajos en Madrid, o entran directamente a formar parte de los mendigos que pululan por la Corte.” Pg. 151.

Las críticas de los médicos de la nobleza contrarios a la lactancia asalariada también dan muchas pistas sobre cómo criaban las gentes del pueblo llano. Por ejemplo, se les criticaba mucho que dormían con los peques en la cama. ¡Cómo han cambiado los tiempos! Ahora son los pediatras más famosos los que promueven el colecho.

“no hay Ama que en su casa no se ponga al niño en la cama, donde respira los hálitos y vapores de dos cuerpos mugrientos dentro de un lecho puerco, y en un quarto sucio, y mal ventilado”. Los acidentes que sufren los niños en este ambiente son múltiples: asfixia por proximidad al humo del hogar, mordeduras de animales que viven mezclados con la familia, especialmente cerdos. (…) Además, “las más de las Amas son gente pobre, y de baxa suerte, cuya miseria las reduce a un alimento escaso, grosero, indigesto, más vegetable que animal, y que solo su vida activa y laboriosa puede soportar y digerir”. Pg. 153, tomado de un libro de J. Bonells, el médico de la casa de Alba.

Choques de costumbres entre clases sociales. Hablan los “expertos”:

Aquí viene algo interesantísimo del libro y es la transición que provoca que la tarea de criar a los bebés aristócratas ya no se dejara en manos de las clases populares, como las nodrizas que a ojos de los médicos:

“criadas con entera libertad entre la plebe, sin instrucción, sin principios morales, sin decoro, sin urbanidad, no conocen más razón que los caprichos de su alvedrío; ni se gobiernan por otras reglas, que sus preocupaciones y apetitos; por lo cual no poniendo freno a sus pasiones, tan presto las arrebata la ira como las acoquina un terror pánico (…) la moderación obra rara vez en ellas; todo son violentos extremos, y su último cuidado es el daño que pueden causar a los niños que tienen en sus pechos.”

Aunque el texto está cargado de prejuicios contra el pueblo, no deja de ser significativo que se presente a las mujeres de las clases populares como “criadas con entera libertad” que no parecen oprimidas por nadie, ni por sus padres, ni por sus maridos. Eso sí, la contrapartida es presentarlas como animales salvajes sin raciocinio ni capacidad reflexiva. La realidad es que los médicos de las clases altas no podían soportar que los bebés que heredarían el poder estuvieran en contacto con la cultura campesina, sus cuentos y canciones. ¡Qué extraño encuentro de clases, tan difícil de imaginar con nuestros ojos urbanos del siglo XXI!

Sin embargo, a pesar del escándalo de los médicos, los padres y madres ricos pasaban bastante del tema, mandaban a sus hijos lejos y les visitaban poquísimo, a veces solamente iban para pagar a la nodriza el sueldo.

El libro de Carmen Sarasúa presenta datos importantes, como que los niños volvían a sus familias biológicas después de dos o tres años. Los médicos también criticaban que cómo tenían tanto trabajo, las mujeres del campo no podían dedicarse demasiado al bebé y que muchas veces el niño salía lesionado por intentar hacer las tareas con un brazo libre y con el otro sujetar al crío. ¿Y cómo es que no usaban portabebés? No lo sabemos… Lo que sí sale a relucir es que la mujer del pueblo no estaba centrada en los bebés y nada más sino que hacía sus tareas mientras les cuidaba. Los niños, tanto los aristócratas que llegaban como los biológicos, no eran el centro de la vida, estaban en la vida misma, lo que para los médicos ilustrados era algo digno de crítica.

En el texto de esta historiadora también se explica cómo las nodrizas que venían a casa de los padres provenían sobre todo de las regiones cantábricas. Todo empezó como una moda de las elites y la monarquía que después era seguida por las clases medias. En concreto, las más buscadas eran las pasiegas. Sus historias de llegada a Madrid no dejan de ser curiosas:

– “Emprenden con varonil resolución el camino de la Corte, bien solas y en clase de agregadas a la embajada de una galera o un carromato, o bien reunidas varias de ellas y en caravana. Lo primero que procuran es proveerse de un perrillo recién nacido, que durante la expedición y hasta hallar, como ellas dicen, “acomodo”, haga las veces de párvulo, y aplicándole al pecho le conserve y mantenga el jugo nutricio, objeto de especulación”, Teatro social del siglo XIX, tomo II, Madrid, 1846.

¡Amamantaban a un perrito! Parece increible, ¿verdad? También sorprende de nuevo la libertad con la que se movían las nodrizas, iban y venían, viajaban sin hombres…

Si nos sorprende la poca vinculación de las mujeres de clase alta con sus pequeños, el desapego de las nodrizas del pueblo tampoco era menor, ya que también dejaban a sus hijos a los pocos meses de nacidos para amamantar a otros niños en la ciudad. Se trataba de una emigración temporal para volver con ahorros al pueblo. Mientras, el propio hijo era amamantado por “una vecina por una miserable cantidad”. También se empleaban como nodrizas mujeres que habían perdido a su bebé.

Las amas de cría no solamente amamantaban, también limpiaban a los bebés, les dormían, les entretenían durante los dos o tres primeros años de vida:

– “Las nodrizas hacen su trabajo según un conocimiento tradicional que los médicos e higienistas critican duramente, considerándolo responsable de muertes, enfermedades y malformaciones (…). Pg. 165.

Una de las prácticas tradicionales, según la autora, era el “modo de embolver y faxar los niños todavía muy pequeños”:

“la opresión violenta de las embolturas es la causa más común de algunas fealdades como las corcobas, piernas torcidas y otros defectos que adquieren los niños. Para convencerles de esta verdad, no es menester poner los ojos sino en los hijos de los pobres, y particularmente de los Aldeanos, los que dexan libres a sus hijos en sus cunas, o gergoncitos, y crecen prodigiosamente robustos (…). La reforma que se pretende introducir en el modo de embolver a los niños se reduce no más a que se aprieten menos de lo que se acostumbra los pañales en que se les embuelve; a mudar, o variar la forma y el modo de asir la gorra; a sostituir cintas en vez de alfileres; y a desterrar absolutamente el uso de la faxa, tan incomoda para la Ama, como perjudicial y peligrosa para las pobres criaturas (…). No embolviendo a la criatura en tantos pañales, ni con tantas ligaduras, le será más fácil a la Ama removerla y mudarle ropa quando se haya soltado el vientre (puesto que) el embarazo y engorro que hallan las Amas en hacer y deshacer las faxas y embolturas es la causa motriz de su negligencia.” Diario de Avisos. 1759.

Después de leer esto, no se entiende muy bien lo que explica la historiadora, ya que no concuerda mucho con lo que dice el artículo que cita. Las nodrizas eran aldeanas y si los hijos de los pobres se criaban bien sin ser fajados de forma tan apretada, ¿por qué a los hijos de los ricos que criaban sí les fajaban? Si alguien lo entiende, que me lo explique…

Es muy curioso ver en este choque de costumbres que a los médicos criticones tampoco les gustaba que los niños pasaran demasiado tiempo en la cuna:

– “No podemos negar que la invención de la cuna, si se hace buen uso de ella, es útil (…)¿Pero qué uso hacen las nutrices de esta útil invención? (…) muchas de las veces que el niño llora, sin pararse, como hemos dicho, en examinar la causa de su llanto, echan luego mano a la cuna y empiezan a mecerle con la mayor violencia (…). Quando a fuerza de mecer no pueden las Amas acallar a los niños suelen valerse de otro medio muy propio de su grosería, y es asustarlos con amagos del coco, del duende y otras sandeces de esta calaña”.

También se criticaba que se les dejara al cuidado de otros niños, que no se satisfacieran sus necesidades de comida o limpieza,  o las formas en las que se les enseñaba a andar (con andadores y polleras). Esto me recuerda algo que vi en Senegal y es al parecer algo muy habitual en las zonas no industrializadas: las niñas criaban a los bebés o peques. Ni guarderías ni madres en casa hasta que el niño cumpla tres años, la crianza después de los primeros meses la llevan a cabo las niñas.

La duración de la lactancia:

Sobre la duración de la lactancia en los siglos XVIII y XIX en Madrid el conocimiento del mundillo de las nodrizas tienen mucho que aportar: Las familias con dinero mantenían a la nodriza cerca de dos años, “lo que coincidía con el período en que ésta podía amamantar”. Las familias menos pudientes o que querían destetar antes, mantenían a la nodriza durante 8 o 12 meses. 

La lactancia mercenaria tenía un componente especulativo. Por ejemplo, la nodriza de Isabel II, Francisca Ramón (21 años) dejó a su hija al cuidado de su vecina Josefa Rueda, que cobraba 180 reales mensuales. Su beneficio era la diferencia entre este sueldo y el que cobraban las nodrizas reales, unos 900 reales al mes cuando comenzaban a lactar y 450 reales al mes cuando estaban de respuesto.

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Madre pasiega con su bebé en el cuevanu (cuévana) a modo de cuna portátil.

La moda de presumir de ama de cría:

Las nodrizas que vivían en la casa del niño tenían una función también de ostentación. Por ejemplo, en este texto hay referencias incluso al porteo en pleno Madrid, seguramente de nodrizas pasiegas:

“Son las seis. Encaminémonos hacia la Puerta del Sol, pero no sin antes detenernos en los jardines que hay en la entrada de la calle de Alcalá. Están repletos de niños que se divierten, de criadas, nodrizas con vestidos de franjas azules y rojas, que llevan a la espalda, en una canasta de mimbre, recubierta con un vistoso pañuelo, a un pequeñín acostado entre sus pañales”. Artículo: “Paseo por Madrid”, del libro “Viaje por España” de Luis Teste (1872).

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“La infanta María de las Mercedes en brazos de su nodriza” (1881). El traje tenía una falda de paño con peto que se bajaba para amamantar. ¡Ropa de lactancia de la época!

De nuevo la conciliación y la lactancia:

Cuando no era posible la lactancia humana se recurría a la leche de cabra, burra o vaca, pero las condiciones higiénicas de su venta en las ciudades hacía que más que ayudar aumentaran la mortalidad.

Las madres trabajadoras eran las que más recurrían a ellas y es que el trabajo siempre ha sido causa fundamental de destete en las mujeres que no podían conciliar lactancia con vida asalariada:

“La hija del proletariado, desarrollada en un miserable ambiente, llega a ser madre y siempre ha de criar a sus hijos y transcurridos los cuatro o cinco meses en que necesariamente ha de declinar su poder lactativo, comienza a ayudarse con leche que adquiere en los puestos de la calle o en las lecherías”.  (1903. El Progreso Agrícola y Pecuario).

Lactancia y poder estatal

J. Bonnells acusa a las madres que no amamantan de aumentar las calamidades del Género Humano y, atención, de dar al Estado solo “vasallos inútiles”. Aquí está la razón última por la que amamantar, no era considerado un bien en sí por estos médicos ilustrados, sino que medio para lograr que el poder obtuviera vasallos con buena salud (para exprimirlos bien, supongo), lo que no era posible en igual grado si eran amamantados por amas de cría mercenarias.

Ojo a esta cita del ilustrado Bonnells. Este médico llegó al extremo de pedir castigos a las mujeres que no probaran un motivo aprobado por un médico, un juez y el marido para no amamantar. ¡Eso sí que es ser un talibán de la teta! A la autoridad siempre se le ha dado bien infantilizar a las mujeres, por otra parte…

“Esta es la edad en la que más que nunca necesitan los niños de toda la vigilancia, de toda la paciencia, y de toda la ternura de una madre. Y esta es cabalmente la edad en que la barbarie de las madres confía su crianza a una muger mercenaria sin reparar que mal desempeñará por un vil estipendio las obligaciones de las quales ellas mismas huyen por pesadas (…). Entregadas directamente muchas mugeres a los deleites y pasatiempos, miran toda sujeción y cuidado como una carga insoportable, y poniendo toda su felicidad en el contentamiento de sus gustos, paréceles tanto más pesado el yugo de la crianza de los hijos quanto menos llevadero le hace su desarreglada vida (…). La incomodidad que muchas temen más, y alegan menos, es la privación de sus divertimentos.”

La realidad es que la mortalidad infantil era mucho más alta entre los niños criados por nodriza en los arrabales y los amamantados por su propia madre, al menos basándonos en un estudio francés de 1868. Pero Bonnells olvida que la principal causa por la que las madres de las clases altas y medias abandonaban a sus hijos con nodrizas lejanas no eran los “pasatiempos” sino sus maridos, convencidos de que no se podían mantener relaciones sexuales durante la lactancia porque se estropeaba la leche. Y Elisabeth Badinter, ¿qué opina de todo esto?

El desapego de las nodrizas con sus propios hijos también es cuestionado por otros estudios, como este interesantísimo de la matrona Tamara Gómez Pérez sobre las madres y nodrizas pasiegas. Aquí podemos leer cosas como: “Muchas abuelas también fueron nodrizas y sabían lo que sus propias hijas añoraban y sufrían por el abandono temporal de sus hijos ante la falta de dinero e ingresos”. ¿Qué sabemos nosotros, desde nuestro mundo urbano del silgo XXI sobre los sentimientos de las mujeres, tanto ricas como pobres, respecto a estos temas? Hacen falta más investigaciones que recopilen sus voces en primera persona, no lo que opinaban otros sobre sus decisiones.

El uso de nodrizas en Europa desapareció tras la Primera Guerra Mundial. Mientras esta práctica caía en desuso, crecía el empleo de niñas-niñeras (7-15 años) para hacer todo lo que no fuera amamantar.

Si podéis no dudéis en echar un vistazo al libro de Carmen Sarasúa. Es un apasionante viaje al pasado que me ha hecho replantearme muchas cosas que hoy damos por supuestas en la crianza de los niños.

Bibliografía para profundizar o cotillear:

“Tres discursos para probar que están obligadas a criar sus hijos a sus pechos todas las madres, quando tienen buena salud” del médico Juan Gutiérrez De Godoy (1579-1656).

“Perjuicios que acarrean al genero humano y al Estado las madres, que rehusan criar a sus hijos, y medios para contener el abuso de ponerlos en Ama”: