Experiencias sin pañales con un niño de 25 y 26 meses

Hoy hago crónica doble porque realmente los 25 meses fueron más o menos como el mes anterior y no ha sido hasta que ha cumplido los 26 meses (dos años y dos meses) que las cosas han vuelto a cambiar. Si antes todos los días había algún pantalón mojado en el momento más insospechado ahora ya nos avisa bastante o se espera a que le llevemos al w.c./orinal. Muchos días ya no salgo ni siquiera con ropa de recambio y, si llevo un pantaloncito extra, se queda limpio en el bolso sin usar. Como hace buen tiempo, le llevo con chanclas que, si se mojaran, se secan pronto.

Creo que un factor fundamental ha sido que ha crecido y en algún momento esto iba a ocurrir por sí solo. También ha ayudado que sus abuelos, con los que se queda tres tardes a la semana, también creen que no necesita pañal y también le ponen, se lo recuerdan por su cuenta, y él también se lo pide a veces. Como siempre, hablo del pis, la caca ya la pedía independientemente de la casa en la que estuviera.

Respecto al tema de avisar o no quiero comentar una cosa más. Hoy todavía, aunque ya todos los días sean “días secos” desde hace 3 semanas, hay que preguntarle si quiere hacer pis. A veces simplemente le llevo al arbolito del parque sin preguntarle, como hacía antes, pero ahora sé que él es más consciente y, si tiene ganas, él mismo me da la mano y me lleva. Veo mucha más voluntad e iniciativa propia por mantenerse limpio que antes.

Cuando termina le animo a que se suba el calzoncillo y los pantalones, él tira por delante y yo le ayudo a subirlos por el culete. Después, si está en el reductor, le gusta tirar de la cadena o, si está en el orinal, tirar el pis a la taza del w.c..

Por las noches sigue usando pañal y no hay ningún cambio, no ha habido más noches secas y además bebe mucha agua al acostarse y durante la noche (además de leche algunas noches, que estamos en proceso de destete…).

¿Será otro momento transitorio? Nunca se sabe, porque las cosas cambian mucho de mes en mes. Os lo contaré en próximas crónicas, por si mi experiencia puede servile a otras personas que quieran experimentar con el mundo “sin pañal”. Es importante recordar que cada niño y cada familia es diferente y lo que le vale uno no le vale a otro. Pero una cosa es segura, el abanico de posibilidades es mucho más amplio de lo que nos habían contado… ¡Un abrazo!

Me despido con un bailecito que nos echamos hace poco en una fiesta de artesanía: