Pediatras con complejos

“Y eso sin hablar de los complejos de Edipo severos que están aflorando ante amamantamientos tan prolongados” (Dr. José María González Cano dixit).

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El Complejo de Edipo (supuesto deseo del niño de liarse con la madre y cargarse al padre) es esa gran ¿teoría? ¿hipótesis? que no puede ser demostrada creada por Freud, un hombre que fue amamantado durante dos años por su nodriza, Resi Wittek, tal y como era costumbre en la burguesía vienesa de su época. Freud imaginó el complejo de Edipo en un ambiente machista de clase media/alta en el que la lactancia era asalariada y, sin embargo, olvidó incluir a las amas de cría (mujeres del mundo rural que dejaban a sus propios hijos en el campo para ir a servir a la ciudad) en todo ese culebrón edípico de triángulos pasionales familiares. Pero si el Complejo de Edipo fue pensado (o soñado) en un contexto en el que la madre biológica no amamantaba a su hijo, ni un mes ni veinticuatro, ¿de qué demonios está hablando este pediatra y psicoanalista aficionado? Siguiendo su lógica los niños de esa época y clase social, como el mismo Freud, desarrollarían el complejo de Edipo con sus nodrizas y no con sus madres. ¡Vaya lío!

“Pero Freud tenía una nodriza, y puede no haber experimentado la intimidad temprana que habría alertado a su sistema de percepción que la señora Freud era su madre. La teoría Westermarck ha “superado” a Freud mismo”. Steven Pinker, Cómo trabaja la mente, 1997. http://es.wikipedia.org/wiki/Efecto_Westermarck

Otras fuentes: http://www.indepsi.cl/ferenczi/articulos/slipp.htm#14a

Por otro lado, dice Roger Short en su libro sobre Historia de la sexualidad sobre el incesto:

“La mayoría de los mamíferos dejan el nido paterno y se dispersan antes de llegar a la madurez sexual, de modo que los individuos estrechamente emparentados no tengan posibilidad de encontrarse y aparearse. Pero entre los monos y los seres humanos, los fuertes lazos familiares que persisten a lo largo de la vida han obligado a desarollar mecanismos de conducta que reduzcan el incesto. Parece que compartimos con lotros monos un mecanismo incorporado, basado en el reconocimiento de los miembros familiares, que desalienta el emparejamiento entre padres e hijos y entre hermanos. Jane Goodall dice que nunca ha visto a un chimpancé macho adulto aparearse con su madre. Kelly Stewart ha observado a grupos de gorilas en Ruanda y ha señalado cómo quedan separados artificialmente de otros grupos cuando se tala la selva tropical para hacer campos para la agricultura humana. Si una hembra madura sigue atrapada en el grupo en que ha nacido, en lugar de unirse a otro como es natural, resulta inevitable el apareamiento padre-hija. En estos apareamientos, la primera cría nace más tarde que la media”. (…)

“Un mecanismo incorporado similar también puede impedir el incesto padre-hija, madre-hijo. Por lo general, el abuso sexual implica con mucha mayor frecuencia a un padrastro que a un padre biológico. Cuando implica a un padre biológico, a veces se trata de un hombre de un grupo religioso que cree en una estricta división del trabajo dentro del matrimonio, y que nunca cambió los pañales a su hija o la bañó y que, por tanto, ha evitado el contacto físico estrecho que probablemente constituye la base de la protección contra el incesto.

La historia contiene algunos casos de incesto notables. Sin duda, el papa Alejandro VI, que fue padre de un hijo con su hija natural y lo anunció en una bula papal, había hecho que la criaran nodrizas, probablemente fuera del Vaticano, y tuvo poco o ningún contacto con ella de pequeña. Los faraones egipcios se casaban a veces con sus hermanas, pero probablemente también habían llevado vidas separadas en la casa real, con escaso contacto salvo en ceremonias. El incesto dinástico condujo a algunos parentescos extraños: la reina Hatshepsut de la XVIII dinastía fue a la vez tía, madrastra y suegra del faraón Tutmosis III”.