La guerra total en una sociedad sin vínculos

Ya tenemos el teléfono 016 del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, la web stop-radicalismos del Ministerio del Interior y en junio se creará desde el Ministerio de Educación un número de teléfono para el acoso escolar. Es probable que se creen también otros para denunciar agresiones homófobas y otro para los posibles suicidas, aunque ya existe el “teléfono de la esperanza” en el que colabora el Ministerio de Sanidad y la entidad financiera La Caixa.

Las medidas para mejorar la convivencialidad que se nos presentan desde el Estado siempre incluyen medidas de “campañas de sensibilización” y “formación”, medidas que no solucionan el problema y forman parte del chiringuito económico de las empresas y asociaciones beneficiarias de los correspondientes contratos y subvenciones que se adjudican para realizar esos cursos y esos anuncios publicitarios. Pero lo que la mayor parte de la gente no ve o no quiere ver es que las políticas que se nos presentan a bombo y platillo son una pequeña parte de lo que hace el Estado, son la punta del iceberg donde la mayor parte es secreto, no se difunde.

Estamos viviendo la guerra de todos contra todos. En lo visible, todo son campañas contra tal o cuál agresión/discriminación, leyes específicas ya realizadas o en proyecto. En lo invisible y oculto, da igual la ideología del partido en el poder, hay ventas de armas, negocios con los peores dictadores del mundo, la caza por el próximo pelotazo empresarial en cualquier esquina del mundo… El mensaje que se lanza es que el Estado es bueno y protector y, vosotros, pueblo, no hacéis más que agrediros los unos a los otros. Lo primero es falso, lo segundo tiene gran parte de triste verdad.

Hoy me han entregado en el colegio de mi hijo una nota en la que se me informa de que van a celebrar el “Día de la Paz y la no violencia” y que tenemos que llevar a los niños de blanco. ¿Puede haber una medida que fomente más la ingenuidad de la sociedad, de adultos y pequeños, que esa? ¡Qué manera más rastrera de usar a los niños para esconder las vergüenzas del sistema! Los mismos altos funcionarios que promocionan estas estupideces son los mismos que aprueban y fomentan las guerras por los recursos del planeta. Una institución que promueve la guerra con sus formas de funcionar carcelarias, militares y fabriles (sus horarios rígidos, las filas, la campana que señala lo que hay que hacer en cada momento, la falta de iniciativa y pensamiento libre, la obligación de comerse lo que te ponen en el plato aunque te sepa a rayos…) y que no es convivencial por su propia naturaleza pretende también lavarnos el cerebro con estas iniciativas. Yo podría proponerles una manifestación frente al Ministerio de Defensa, para los padres y madres, que somos los adultos responsables del mantenimiento de esta situación, no los niños. O bien, autogestionar el colegio y fomentar de forma real la convivencia, la autonomía y la responsabilidad de los niños, que las asambleas no fueran una parodia de asamblea en la que se saluda y pasa lista y fueran una asamblea de verdad en la que poder solucionar esos problemas del día a día y de las relaciones humanas.

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Origen: El País.

La violencia y el mal jamás se erradicarán, forman parte del ser humano. Partiendo de esa base entiendo también que siempre habrá que tender hacia la convivencialidad y la paz, porque ese también es un eterno anhelo de nuestra especie. La paz empieza por el respeto mutuo, respeto por uno mismo, respeto por los demás, respeto por la tierra que pisamos. Hoy no hay respeto en lo más sagrado, como es el nacimiento y la muerte, ¿cómo lo va a haber en lo demás? Si cuando éramos bebés se nos dijo sin palabras (y bajo prescripción médica) “no lo mereces”, “no eres lo sufientemente “industrial” para que yo te ame”, “tienes que ser domesticado”, cuando se pisoteó nuestra necesidad de amor y seguridad más primal, ¿cómo esperamos que pueda haber buena convivencia, salud, libertad en una sociedad sin vínculos? El único vínculo amoroso posible y permitido, y ya lo sabían los espartanos, es el vínculo con el Estado.

¿Por qué hay tantas agresiones? Porque no hay una cultura convivencial. ¿Y esa cultura convivencial cómo se tendría que promover? Pues en las formas y en los contenidos. No vale con el discurso y el “Día de…”. Las formas, el cómo se hacen las cosas, tienen que ser convivenciales. Y hoy en día esto no ocurre. El metro no es convivencial, las oficinas y fábricas no son convivenciales, las guarderías, los hospitales, los apartamentos, las autopistas, las calles, los parques, las ciudades no son convivenciales. No convivimos, para empezar. Todo ha estado diseñado, desde los medios de producción, comunicación y las relaciones humanas bajo el mismo patrón de anticonvivencialidad.

Imagen: http://pensarporlibre.blogspot.com.es/2011/06/la-m30.html

Imagen: Blog “Pensar por libre

Origen: Microsiervos

Origen: Microsiervos

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