Nerea, no estás sola

Buenas noches, Nerea,

te escribo esta carta pública que sé que dificilmente podrás leer porque te mantienen encerrada injustamente. Te escribo de madre a madre, con sinceridad y sin pensármelo mucho, porque quiero que salgan las palabras que tengo dentro, con su rabia y su dolor si es preciso. Mi hijo es más pequeñín que el tuyo y, aunque la situación no es ni remotamente parecida, sé lo que es sentir que tienes los pechos llenos de leche, congestionados, y no poder ofrecérselos a la personita que gustosa se lo bebería. Peor, a la personita que lo necesita, quiere y desea. Sé también, aunque hace mucho que no soy un bebé, que los niños de esa edad sufren cuando se les separa de lo que más quieren, su apoyo, su mamá.

Vivimos en un mundo de mierda. No me queda otra que usar malabras malsonantes para describir lo que os está pasando a ti y a tus hijos, a tu familia. La cárcel es la rotura más extrema de los vínculos. No es justo. No sé qué podríamos hacer para que determinadas figuras de autoridad se dignaran a indultarte o al menos permitirte estar con tu hijo. O permitir a tu hijo estar contigo, que es a él al que han castigado finalmente los lumbreras de la “Justicia”.

Nerea, no me importa el delito que hayas cometido, ni siquiera veo necesario haberlo hecho público. No hay infracción del código penal, por muy leve o grave que sea, que debiera permitir que os separaran a tu bebé y a ti. No veo necesidad de ideologizar tu problema, por eso no voy a aludir a mis ideas, ni a profundizar en lo que pienso sobre determinadas leyes que considero injustas, ni hablar de lo que pudo pasar con tu anterior pareja o dejó de pasar. Para luchar hay que unir e integrar, no fragmentar. Independientemente de lo que haya ocurrido, una madre y su bebé tienen que estar juntos cuando desean y anhelan estar juntos. Porque cuando se separan sufren innecesariamente, injustamente. Porque esa relación es sagrada y está más allá de todo lo demás, de la política, de la religión, de las teorías y las grandes palabras. De todo.

Nerea, tampoco me importa lo que diga la OMS sobre la lactancia materna, aunque entiendo que los abogados usen un argumento de autoridad frente a los otros argumentos de autoridad del sistema absurdo carcelero. Así es el juego y yo también he jugado a él como estrategia. Pero la realidad es que te apoyaría, os apoyaría del mismo modo si tu hijo tomara el biberón o tuviera 10 años. Es más, también es injusto que te separen de tu hijo mayor, porque los hijos necesitan a las madres y las madres necesitan a los hijos. ¿Tan difícil es de comprender que hace falta que la Organización Mundial de la Salud y sus gerifaltes nos avalen? ¡No! ¡Basta ya! El amor no debería tener que pedir permiso para abrirse paso. Sin embargo, como he dicho, en este mundo estúpido es necesario aludir a trescientos mil artículos científicos en lugar de traer a colación la ética, la justicia, la moral, los valores, lo inmaterial, lo que no se puede medir, ni pesar, ni entiende de horarios, relojes o artilugios biopolíticos, muchas veces desagradables, como el sacaleches.

Nerea, te apoyaría también aunque no tuvieras  hijos. No hay más prueba de que el sistema judicial y penitenciario es inmoral que comprobar como cada día mete en la cárcel a personas que han rehecho su vida. El castigo, si alguna vez tuvo sentido, que sería debatible, ya no tiene ninguno. Además, el sistema tendría en primer lugar que tratar de, en vez de castigar, rehabilitar cuando realmente haya algo que rehabilitar* y propiciar que no se den las condiciones vitales que fomentan la violencia en las relaciones humanas.

Nerea, no estás sola, vamos a sacarte de allí con nuestro apoyo, nuestra energía, nuestros ánimos, nuestra protesta y vamos a hacer que podáis estar juntos tu bebé y tú, tus hijos y tú, tu familia y tú.

Te mando fuerza, un abrazo y energía maternal, que lo puede todo.

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Más información:

*Muchas veces se usa el concepto de “rehabilitación” como forma de integrar en el sistema al pensamiento y la acción legítimamente disidente y que ejerce la desobediencia civil ante una ley injusta.