El colegio, escuela de sumisión también para los padres

Se acaba de terminar el curso escolar. Buscas en internet el nombre de los libros que vienen escritos en la nota que te dio la profesora del colegio estatal al que llevas a tu hijo de 4 años. Cual es tu sorpresa cuando descubres que uno de los libros en cuestión cuesta 85 euros. ¿85 euros? ¡85 euros! ¡Pero si a esa edad los niños no saben ni leer ni escribir! Busco en la web de la editorial y me entero de que el proyecto se compone de cuadernos, láminas, pegatinas y una mochila. Vaya, el detalle de la mochila es muy bonito para encarecer un poco más el “producto”*.

Y, ahora, ¿qué se supone que debes hacer? ¿Boicotear la decisión y que tu hijo sea el único de clase que no tiene libro? ¿Comprarlo en un gran almacén, fotocopiarlo y devolverlo? ¿Hacer desobediencia civil? ¿Desescolarizar? ¿Organizar una revuelta? ¿Una manifestación a las puertas de la editorial? Bueno, en esto último ellos siempre pueden decir que ponen el precio que quieren a sus libros y que no obligan a nadie a comprarlos… Pero, entonces, ¿a quién dirijes tu queja? ¿A la profesora? ¿Al Director del colegio? ¿Al Ministro de Educación?

Se trata claramente de un abuso de poder, un robo a mano armada. Lo mismo que la ley, que obliga a cambiar los libros cada cuatro años (el Real Decreto 1744/1998). De esta forma los libros no pueden pasar de unos niños a otros ni tampoco entre hermanos. No podría encontrar una demostración más clara de que el Estado sirve a los intereses del oligopolio editorial de este país. Somos un público cautivo muy jugoso para ellos.

*Del contenido del “proyecto” hablaremos cuando lo tengamos en nuestras manos, ya que la crítica me temo que no se quedará en el precio.

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