La guerra del discurso (segunda parte): la noble mentira y la estratagema

“Mi mujer debe estar por encima de toda sospecha”. Julio César.

“Aunque la mona se vista de seda, mona se queda”. Refrán popular.

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Hoy en día internet es una fuente de información y desinformación inagotable donde se mezcla la verdad con la mentira, los hechos con la propaganda y se convierte, no olvidemos su origen militar, en un campo de pruebas de la guerra del discurso, un tema en el que convergen varias disciplinas, desde la estrategia militar a la política, el derecho, la estética o incluso el arte dramático.

Por ejemplo, podríamos analizar el viaje a la Luna de la NASA en los años 60 del siglo pasado. La cuestión importante de fondo no es si realmente el proyecto Apolo logró pisar la Luna y retransmitirlo en directo, lo importante es que mucha gente cree que sí fueron. Si pensamos en estos términos lo estúpido y caro es haber ido de verdad a la Luna cuando lo verdaderamente importante no era el viaje en sí sino la escenificación de poderío militar de EEUU que se lograba con la hazaña. Esta función es la misma que cumplen los desfiles militares en todos los países. No importa si esas armas son de cartón piedra o son de verdad y funcionan. Lo importante es que parezca que ese determinado Estado es capaz de machacar al contrincante. Es una exhibición y un ritual de poder. Así que, si realmente fueron a la Luna es que fueron estúpidos. Sale mucho más barato, y el resultado final es el mismo, fabricar un montaje audiovisual del evento. Desde un punto de vista de economía de los medios y efectividad, lo lógico sería no haber ido y haber simulado que sí se fue. Como digo, es indiferente si fueron o no, lo importante es el resultado a nivel propagandístico.

En otro tipo de asuntos podemos ver de fondo la misma cuestión. Por ejempo, alguien puede cometer un crimen y no reclamar su autoría. A la vez, una persona puede no haber cometido un determinado crimen y, sin embargo, como hace el engendro del “Daesh” , puede reivindicarlo como propio. Lo curioso del asunto comienza cuando desde los medios de comunicación capitalistas occidentales se le hace el juego al pretendido “autor inspirador” y se da por válida la reivindicación, que sustituye o antecede a toda investigación previa o juicio en los tribunales. Algún día estaría bien que un analista militar nos explicara las consecuencias de semejante regalo en publicidad gratuita a nivel mundial que reciben al dar veracidad a cualquier tipo de reivindicación de autoría ideológica, porque la realidad es que el discurso y la propaganda también crean acción real, crean realidades, no solamente son palabras en un manifiesto. Si se toman en serio todas las reivindicaciones, al final, terminan convirtiéndose en verdad y los determinados casos aislados de gente desequilibrada terminan formando un grupo “desorganizado organizado”.

Imaginemos que un criminal o un grupo de psicópatas comenzara a reivindicar con el mismo paraguas ideológico todos los asesinatos masivos que ha habido en EEUU desde los años setenta hasta ahora del tipo de la masacre de la Escuela Secundaria de Colombine. Finalmente, ese grupo terminaría por existir en la realidad, no solamente en la invención o en las cabezas de un grupo de tarados original sino que encontraría su reflejo y expansión en otras muchas personas que seguirían el efecto llamada y se sumarían a la organización, ya sí de verdad.

Hoy hay muchos bulos dentro de la actualidad “conspirativa” cibernética con los que pasa un poco lo mismo. No creo que todas esas invenciones tecnológicas o estrategias de subyugación total de la población existan, pongamos por caso las armas climáticas, pero lo importante no es tanto si existen o no, si no lo que grandes masas de población puedan creer. Es el eterno debate entre la realidad y la ficción en la guerra de los discursos y la propaganda. Quizás lo que sí existe es el deseo de que existan como meta y sueño de los estrategas mundiales, pero de ahí a que lo hayan conseguido va un trecho.

De esta forma sí puedo creer que desde los diferentes Estados y los diferentes ejércitos de las principales potencias mundiales se esté investigando en todo tipo de armas o de campos de batalla que ni podemos imaginar, cosas que sonarían a verdadera ciencia ficción y que pueden ser perfectamente reales, como ha sucedido con otras tantas operaciones del tipo “Operación Mk Ultra”, por ejemplo, dignas de ser argumento de libros de Philip K. Dick u otros autores visionarios. Pero a la vez, dar credibilidad a todo significa fomentar una imagen de ejército/Estado que todo lo sabe, todo lo puede, todo lo ve, que en realidad es más una imagen proyectada a base de propaganda que otra cosa. Lo que sería interesante dilucidar es si esta propaganda es más ventajosa para una determinada potencia militar o para su supuesta adversaria en el tablero mundial. ¿Qué es mejor? Que te teman por ser malo malísimo puede ser utilizado por tu contrincante, que de esta forma recluta simpatías y solidaridades para hacer frente común ideológico contra ti. Pero, a la vez, tu “enemigo” te está fortaleciendo, ya que está creando una imagen pública tuya de omnipotencia total. No hay forma de derrotarte, eres invencible. Esto es devastador en la psique colectiva, ya que ante un enemigo así es imposible luchar. No se puede luchar contra lo divino, contra Dios. Tú no eres nadie.

Pero la realidad es bien diferente. Los Estados y los ejércitos los dirige gente corriente, no superhombres o dioses, al menos a nivel intelectual y emocional. Se equivocan. Sueñan con controlar y dominar muchas cosas: el mundo, los recursos, poblaciones… Pero son humanos y los humanos cometen errores. Las máquinas también se estropean. Así que es cierto que los ejércitos puede que sueñen con controlar el clima como arma de guerra y hasta aparezca en manuales militares o tesis doctorales, pero otra cosa es que realmente lo hayan conseguido, y otra tercera cosa es que la gente crea que lo han conseguido. No hace falta que controles el clima pero sí puedes reinterpretar un cambio metereológico a tu favor y decir que ese cambio lo has provocado tú, como un hipotético chamán que no es capaz de hacer llover pero que el día que llueve grita: ¡Lo veis! ¡Mis plegarias y danzas de la lluvia han funcionado! ¡Tengo poderes sobrenaturales!

No solamente los ejércitos oficiales y los Estados se han servido del discurso y la pantomima como estrategia. Hay un libro de Mary Nash y otras autoras, “Las mujeres y las guerras: el papel de las mujeres en las guerras de la Edad Antigua a la Contemporánea”, en el que hay otro ejemplo perfecto de estratagema, esta vez defensiva y ejercida por el pueblo, en concreto por mujeres, que juegan con la apariencia pero con resultados de efectividad real y total en el plano militar. No olvidemos que las armas puedes ser simuladas o falsas pero la retirada del enemigo en este caso no es una representación, es auténtica:

Hay un grupo importante de mujeres que llevaron a cabo una actuación bélica en circunstancias especiales para defender su ciudad, villa o aldea. Son muy numerosos los ejemplos de mujeres que ante un ataque por sorpresa del enemigo, cierran las murallas de su ciudad e impiden la entrada del atacante que pasa por sitiar la plaza. Estos episodios acaban con éxito y dan lugar a grandes alabanzas para estas mujeres a pesar de que han tomado un rol que no les corresponde. Voy a analizar cuatro ejemplos. El primero de ellos son las mujeres de Orihuela que, a principios del siglo VIII, estando solas, pues los hombres habían ido a luchar con las tropas de Muza y Tariq, vieron venir al ejército de Abdalaziz. Idearon una estratagema, que se volverá a repetir en otros casos. Estas mujeres se vistieron con las armas de los hombres y se pusieron en las murallas. La impresión que se llevaron los atacantes al ver una defensa tan cerrada era que el sitio de Orihuela iba a ser largo y difícil, pues daba la impresión de estar defendido por un fuerte ejército, por lo que los atacantes optaron por la retirada. Orihuela era salvada por sus mujeres.

En cuanto al secreto, la mentira y el abuso de poder del Estado me viene a la mente otro evento, el de aquel concurso de disertaciones filosóficas organizado por el monarca prusiano Federico II en 1778, en el que se presentaron diversos textos que intentaban contestar a la pregunta de si era últil para el pueblo ser engañado, por activa o por pasiva, es decir, bien induciéndole a nuevos errores o manteniéndolo en los que ya estaba. Supongo que la pregunta clave era otra, si era útil para el Estado engañar al pueblo. Como sabemos, pregunta de rabiosa actualidad, aún hoy en el año 2016.

Dicen que la mujer de Julio César fue acusada de adulterio y el emperador romano dijo, aun sabiendo que no le había sido infiel, aquella famosa frase que ha llegado transformada hasta nosotros como “a la mujer del César no le basta con ser honrada, debe parecerlo”. De esta forma vemos como por un lado está el hecho y por otro la apariencia. Para Julio César era más importante la proyección social que la verdad o falsedad del hecho en sí. Quizás por ello fue uno de los grandes estrategas del paradigma de la dominación y conquista del mundo. A las personas que creemos en un mundo basado en el apoyo mutuo y la convivencialidad quizás nos falte encontrar el paradigma en el que movernos más allá del discurso y la simulación, en los hechos y la vida diaria. Para nosotros no valen los dichos y los refranes de los dominadores. Tenemos que ser honrados, más allá de parecerlo o no, y he ahí el mayor de nuestros problemas.

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