La importancia del sentido

Hace tiempo que veo, en muchos y variados aspectos de la vida y de la sociedad, un mismo patrón. Como si de un automatismo o un algoritmo se tratara, las nociones de libertad han pasado a un segundo plano y han sido sustituidas por las de control. Lo podemos ver en temas de privacidad, lo vemos en el feminismo, lo vemos en el mundo escolar, en eso que llamaban “derecha” e “izquierda”… Una primera visión podría llevarnos a pensar que la sociedad se ha vuelto loca y que hasta la ciencia va como pollo sin cabeza. ¿Hay alguien ahí dirigiendo el barco? ¿Hay piloto? ¿Es visible? ¿Está oculto? ¿Es la estrategia del caos controlado?

La filosofía ha sido sepultada por las ingenierías, los tecnócratas. A nadie le preocupan los problemas existenciales de la tecnología. Sin embargo, la sacrosanta “innovación” y su acompañante “desarrollo” no son jamás cuestionados. Nadie habla de la dimensión política del asunto, que se nos impone como en una especie de dictadura sin opción a réplica. Es decir, las cosas van a cambiar, no puedes hacer nada, hay que adaptarse a esos cambios y lo único que puedes hacer es aceptarlo con buenas dósis de indefensión aprendida y sumarte al carro. Ninguna voz discordante, ninguna crítica. Todo está bien.

Sin embargo, están pasando cosas. En esta obsesión por el control total sin ningún tipo de sombras o incertidumbres hay, de forma paradójica, riesgos que nadie quiere ver. El otro día volví a tener conexión a internet en casa, después de un largo periodo de ayuno, renuncia y autolimitación en estos temas. Y cual fue mi sorpresa cuando me dijo el técnico que el teléfono de toda la vida tenía los días contados, que ahora si apagaba el router me quedaría sin línea telefónica y no podría llamar. No hay vuelta atrás, me dijo algo de una directiva europea que entrará en vigor en el año tal, tal, tal… ¿Alguien ha pensado las implicaciones que tiene esto? Hablamos de líneas de teléfono “idiotas”” con décadas de uso, amortizadas… Ahora el teléfono dependerá siempre del router, de la conexión eléctrica y la voz se transformará en datos y vaya usted a saber (porque nadie me lo ha explicado). Son hechos consumados. No podemos hacer nada al respecto. Nadie parece haber hecho un estudio con un balance de los riesgos y beneficios del cambio (más allá del cortoplacismo de las ganacias económicas inmediatas de inversores varios). Por supuesto, del hipotético debate público sobre el tema ni hablamos. Alguien más listo que yo sabe lo que está haciendo. Me rindo a los tecnócratas.

Como un mantra parece repetirse una especie de slogan: ¡Usa la tecnología! Da igual para qué o cómo. ¡Úsala! ¡Innova! ¿Ciudades inteligentes? ¿Neveras inteligentes? Da igual si en realidad son Smart Guettos o Neveras Espías equipadas con chips o sensores que registren todos tus movimientos al servicio de un poder que juega a ser Dios, omnisciente y omnipotente. Da igual si ese poder llega a estar en manos de un dictador que dispondrá de toda esa información a su servicio, da igual si será muy difícil rebelarse contra él porque cualquier conato de revuelta podrá ser abortado antes de nacer, evitado con sobornos o previsto con un algoritmo. Da lo mismo, ya no hay dictaduras en occidente, como me dijo un adolescente fanático de las TICs. Esas cosas pasan en otros países, no pueden pasar aquí.

Todo es eficiente, todo es cómodo. Lo será aún más cuando nos implantemos el chip de forma “voluntaria” para trabajar, para comprar y vender o sea inyectado en reclusos, emigrantes ilegales, maltratadores con órdenes de alejamiento, niños, viejos con demencia, cadáveres… Sí, como ganado, ganado humano. Trazabilidad absoluta de todo objeto fabricado, de todo ser humano, desde el nacimiento hasta la muerte. Inocentes y culpables por igual. ¿Y tanto afán de control usando herramientas en el fondo tan vulnerables y frágiles? Sin duda es toda una paradoja inquietante.

Da igual que terminar con el dinero en efectivo, anónimo, permita establecer un corralito digital. Da igual que el voto electrónico permita establecer un pucherazo digital. Como pollo sin cabeza, sin un motivo, sin un por qué, sin plantearnos si había algo malo con lo antiguo. Y los que lo criticamos somos gente del pleistoceno que se niega a vivir en el siglo XXI.

El énfasis está puesto, como es lógico, en lo cuantitativo (el número de visitas, de enlaces, de visionados, de votos, las puntuaciones, los rankings, las notas) que es lo que nutre a “los datos”. En el cole lo importante es poner a los niños delante de una pantalla digital, da igual el para qué o el por qué. Enseñarles robótica para que “creen” cosas. Nadie se plantea qué sociedad queremos y si esas herramientas van dirigidas a dar respuesta a problemas reales o a crear nuevos problemas en un bucle sin fin. El sentido común ha muerto, es analógico.

Sin embargo, por lógica, cabría pensar que el análisis cualitativo es básico en los tiempos actuales, algo que los robots todavía no son capaces de hacer muy bien, ya que esa es la magia de lo humano y de lo vivo, la intuición, ese no se qué, lo que se escapa a la racionalidad misma o que es otro tipo de inteligencia.

Nadie está haciendo las preguntas pertinentes. Repito: para qué, por qué. ¿Crear bebés a partir de dos óvulos? Para qué, por qué. ¿Úteros artificiales? ¿Seres humanos transgénicos? ¿Es una necesidad básica de la humanidad? Hay límites, no se debe ni se puede investigar todo. Hace falta un principio de cautela y una moratoria. Hace falta reflexionar, hacer un análisis de riesgos-beneficios antes de la implantación de estas medidas. Hay que ver si responden a los intereses cortoplacistas particulares de cuatro listos en el poder o nos benefician a todos. Hay que cuestionar con el pensamiento crítico cada vez que alguien nos habla de “adaptarse a un mundo cambiante”. No siempre hay que innovar, no hace falta, es innecesario o nocivo. Quizás las herramientas clásicas ya tenían la respuesta al problema. Es decir, la televisión “inteligente” solamente sirve para que los productores tengan un control exacto sobre las audiencias (algo con lo que siempre soñaron), pero no tiene apenas ningún beneficio para el televidente, si es que la tele tiene algún beneficio. No hay ningún beneficio en que cada vez que vayas a la piscina pública quede un registro a través del RFID que han puesto en tu carnet. El servicio de ir a nadar a esa piscina ya te lo podían dar con un carnet “tonto” de toda la vida. Y si de algún “cambio” se trata, será para empeorar el servicio y despedir a más trabajadores en nombre de la “Eficiencia”.

No es un problema tecnológico que mi calle esté sucia, muy sucia. Es un problema que se debe a que donde antes había tres turnos de limpieza ahora hay uno. Recortes, despidos, cesiones de trabajadores… No es un problema de participación ciudadana que se solucione con un voto electrónico. Si el problema se quisiera solucionar tan sólo habría que volver a los tres turnos de limpieza anteriores. ¡Ah! Que no hay dinero. Que hay que contentarse con proponerlo al ayuntamiento a ver si suena la flauta y otros votan tu propuesta, que competirá con otras necesidades básicas en otros ámbitos. Todo muy de izquierdas, de izquierda neoliberal. O vaya usted a saber. Será que eso significa “adaptarse a los cambios”.

Nos toca una dura batalla de las ideas en este tema. Para empezar en el campo de la privacidad y la protección de datos. No somos ganado humano, somos seres libres que no tienen por qué ser vigilados en todo momento. Si el servicio me lo puedes dar sin rastrearme, no deberías rastrearme. En segundo lugar, hay que tener muy claro que hay que luchar contra la inversión de la carga de la prueba. Es decir, todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Con lo cual, no soy sospechoso de nada hasta que tengas algún indicio delictivo y, después, debes pedir una orden judicial. Sí, una orden judicial para escuchar mis conversaciones, seguir mi trayectoria por GPS o mis hábitos. Ahora mismo nos espían con nuestro consentimiento poco informado y poco reflexionado.

Como dice Byung Chul-Han, hay que reivindicar frente a tanta supuesta “inteligencia”, lo idiota. Porque tu móvil será muy “smart” pero tú te has vuelto tonto, muy tonto.

En referencia al debate público que debe existir sobre estas cuestiones hay que tener en cuenta que, como ya viene siendo un clásico en la manera de implementar estos supuestos progresos, siempre hay una estrategia de poli bueno y poli malo. Por ejemplo, siempre habrá el típico sociólogo que te hable en contra de las Smart Cities, pero claro, siempre hablará del posible “buen uso” de esas tecnologías, que se pueden usar para “el bien común”,  jamás dirá que hay algunas innovaciones nocivas que hay que rechazar de plano o con una enmienda a la totalidad. Es decir, siempre está el supuesto “crítico” que al final defiende lo mismo que los apologetas con ciertos límites. Es como cuando hablan de vientres de alquiler “altruistas” entre amigos o familiares. En este caso el papel del “poli bueno” viene a ser el de suavizar el shock y transitar hacia una implementación gradual de lo mismo que estaba defendiendo el “poli malo”.

El rechazo al cambio impuesto por los tecnócratas capitalistas, de derechas o de izquierdas, se puede argumentar desde algo tan sencillo como: “Lo siento, prefiero ser libre a ser eficiente”. Eso conlleva rechazar comodidades, ya que estos cambios se están implementando a base de sobornos y regalos envenenados, en los que voluntariamente estamos regalando nuestra libertad. Se trata de un proceso similar al que usan los camellos cuando regalan una dosis gratuita de droga para que te hagas adicto y puedan cobrárselo con creces después.

¿Y tú me preguntas por qué ya no escribo?

Relacionado:

– Bernard Benhamou, autor del concepto de “silencio de los chips”: http://www.netgouvernance.org/esprit-espa.pdf

– La piedra angular del internet de las cosas: https://www.abogacia.es/2015/02/16/la-piedra-angular-del-internet-de-las-cosas/

– Más sobre el concepto de “silencio de los chips”, el que una persona pueda decidir desconectarse y que las redes de sensores dejen de capturar y monitorizar sus actividades, en el libro “Data Protection and Privacy”

– Sobre el programa de gamificación conductista del comportamiento ciudadano que entrará en vigor en China en 2020: https://www.abc.net.au/news/2018-09-18/china-social-credit-a-model-citizen-in-a-digital-dictatorship/10200278

– Nicholas Carr: “la tecnología influencia cómo funcionan nuestras mentes”

– Los “survivalistas” millonarios de Sillicon Valley y el colapso de la confianza en el sistema: “The fears vary, but many worry that, as artificial intelligence takes away a growing share of jobs, there will be a backlash against Silicon Valley, America’s second-highest concentration of wealth. (Southwestern Connecticut is first.) “I’ve heard this theme from a bunch of people,” Hoffman said. “Is the country going to turn against the wealthy? Is it going to turn against technological innovation? Is it going to turn into civil disorder?”” y ““Our food supply is dependent on G.P.S., logistics, and weather forecasting,” he said, “and those systems are generally dependent on the Internet, and the Internet is dependent on D.N.S.”—the system that manages domain names. “Go risk factor by risk factor by risk factor, acknowledging that there are many you don’t even know about, and you ask, ‘What’s the chance of this breaking in the next decade?’ Or invert it: ‘What’s the chance that nothing breaks in fifty years?’ ” : https://www.newyorker.com/magazine/2017/01/30/doomsday-prep-for-the-super-rich