Yo apoyo el control parental de los contenidos en la escuela (pin parental)

Pues eso. Yo apoyo el control parental de los contenidos ideológicos en la escuela (eso que Vox denomina con un nombre horrible “pin parental”). Esto es algo lógico y cualquier padre puede mandar por burofax al Director del colegio esta petición y tendría todo el derecho a hacerlo, independientemente del partido que lo promocione o de que alguien lo quiera prohibir. Además, un burofax no se puede rechazar. Pero no me quedo ahí. También apoyo un pin parental contra el uso de Class Dojo o apoyaría un pin parental tecnológico, como el que se defiende en el libro Glow Kids, escrito por Nicholas Kardaras que reproduzco traducido a continuación:

Querido profesor y/o Administrador del Colegio:

Me gustaría pedir con todo el respeto que toda la educación de mi hijo y el contenido educativo sea presentado sin el uso de dispositivos electrónicos. Esto incluye el uso de tablets, portátiles y ordenadores de mesa.

Nos gustaría ayudar a nutrir y apoyar el desarrollo educativo, social, psicológico y emocional de nuestro hijo todo lo posible y hemos empezado a preocuparnos por los potenciales aspectos negativos de las tecnologías de pantallas en niños pequeños.

Comprendemos que usted, como la escuela, tiene la responsabilidad de dar a nuestro hijo un contenido y curriculum aprovado por el estado. Estamos completamente de acuerdo con eso. Pero es nuestro derecho como padres asegurarnos de que el medio a través del cual se presenta la educación de nuestro hijo sea seguro y no sea problemático clínicamente o a nivel de desarrollo.

Ha habido abundante investigación indicanto los efectos adversos de las pantallas electrónicas en el desarrollo de los niños en atención, a nivel cognitivo y social  cuando son expuestos en edades demasiado tempranas. Por favor, sea libre de ir a la web www.glowkids.com para una lista completa de investigaciones revisadas.

Sinceramente.

El padre/padres de: ____________________

Desgraciadamente, los planes de estudios actuales contemplan la llamada “competencia digital” que incluye el acceso a ordenadores de niños aunque sea para jugar. ¿Para qué? ¡Ah! No sabemos, es que los niños tienen que tener contacto con los ordenadores porque todo el mundo sabe que si no, no sabrán usarlos de adultos… Y, mientras, leemos que los creadores de Google se formaron en escuelas Montessori y que muchos directivos de Silicon Valley llevan a sus hijos a colegios sin pantallas. Tecnología sí, pero con sentido y con una evaluación previa de beneficios y riesgos. En casa intentamos retrasar el uso de pantallas y de internet lo máximo posible, ¿por qué los colegios van en la dirección opuesta si se sabe que no es positivo para los niños?

¿Es tan complicado de entender esto del “pin parental”? El nombre es raro, eso es cierto, pero de toda la vida ha existido la autorización paterna para excursiones, en referencia a la ley de protección de datos, el uso de imágenes de los niños y demás. Sin embargo sienta mal que haya padres que quieran saber de antemano de qué se les va a hablar a sus hijos, y si se les va a adoctrinar en temas que podrían ir en contra de sus valores o no estar basados en evidencias científicas.

¿Alguien se imagina una charla a escolares en la que se dijera lo que afirma, sin base alguna biológica, antropológica o de sentido común, la nueva directora del Instituto de la Mujer en sus ponencias?

La heterosexualidad, el régimen regulador por excelencia, no es la manera natural de vivir la sexualidad, sino que es una herramienta política y social con una función muy concreta que las feministas denunciaron hace décadas: subordinar las mujeres a los hombres; un régimen regulador de la sexualidad que tiene como finalidad contribuir a distribuir el poder de manera desigual entre mujeres y hombres construyendo así una categoría de opresores, los hombres, y una de oprimidas, las mujeres. Fuente: Una aproximación política al lesbianismo. Beatriz Gimeno

Si la nueva directora del Instituto de la Mujer es capaz de decir burradas como esta, sin apoyo alguno de la biología o la antropología o de simplemente el sentido común, podemos imaginarnos que hay permiso para decir cualquier cosa.

¿Tan complicado es informar de las charlas que van a impartir organizaciones externas? ¿Y si uno es anarquista y no quiere que sus hijos escuchen una charla de un soldado o un policía? ¿No tendría libertad de evitarle esa charla a su hijo? A día de hoy no se puede negar que hay una gran controversia sobre la ley de violencia de género, el feminismo que defiende cuotas, una discriminación positiva artificial o una demonización de la masculinidad. Hay personas que nos oponemos a esa ley y no nos gustaría que se les comiera el coco a niños inocentes sobre la misma sin nuestro consentimiento. O al menos que se nos permita estar en esa charla para debatir, denunciar las mentiras pertinentes y que los niños vean que no hay consenso y que los adultos no estamos de acuerdo en estas cuestiones.

Respecto a las charlas de colectivos LGBT subvencionados lo mismo. Queremos saber si se van a organizar charlas, quién las va a dar y cuál va a ser el contenido de las mismas. Los adultos podemos hacer lo que queramos pero con los menores en formación, no. Si hay niños que acosan a otro niño, por el motivo que sea, se les puede citar a ellos y explicarles que no se acosa a los demás y que si siguen serán castigados porque hacen daño. Pero a los niños que no acosan no hay que tratar de reeducarles. Todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Lo demás es precrimen. Además, se da la circunstancia de que al colegio uno va a aprender a leer, escribir, sumar y dividir, no a ser adoctrinado por organizaciones subvencionadas que en su mayor parte defienden leyes mordaza ideológicas (“el pin LGTB”), el uso de la reproducción artificial con donantes anónimos y vientres de alquiler, la hormonación (o el uso de bloqueadores de la pubertad) y mutilación de menores de edad que tienen cuerpos totalmente sanos… Eso quizás sea legal pero no tiene por qué ser ético ni aprobado por todo el mundo porque existe la esfera de los valores de cada uno. La propia izquierda vive ahora su propia polémica entre las feministas como Lidia Falcón y la Plataforma Trans (por cierto, todo mi apoyo a Lidia Falcón en este tema concreto). Si dentro de la propia izquierda postmoderna, rockefelleriana, fordista y sorosiana no se aclaran, lo único que van a crear en los niños es una gran confusión mental.

Comunicado Partido Feminista de España

Tengo hijos y me gustaría que crecieran conociendo y valorando la importancia de eso que llaman “heteronorma”, que ha hecho posible que hoy estemos aquí todos (hecho objetivo incontestable). El amor, el compromiso y el deseo entre un hombre y una mujer es lo que ha movido el mundo desde tiempos inmemoriales. Eso es lo que se debería aprender cuando uno es pequeño, no en la escuela, sino en la propia familia y en la sociedad en general. Primero se aprende la norma y después las excepciones. Y la excepción confirma la regla. Sin embargo, cuando leemos proyectos como el Skolae de Navarra, lo único que vemos es una crítica deslegitimadora hacia el amor entre un hombre y una mujer con la excusa de un supuesto “amor romántico”. Solamente habla del “romántico”, no del amor a secas. Los niños deben saber que el AMOR existe y la entrega total a un ser querido no tiene nada de burgués, como afirman la panda de ignorantes que ha ideado Skolae. El AMOR es precisamente lo más revolucionario que hay en los tiempos actuales. Por cierto, el romanticismo también es muy bonito y esta gente no tiene derecho a decirnos lo que nos tiene que gustar a las mujeres, incluso si lo que nos gusta es soñar con ser ama de casa, jugar a princesas y vestirnos del rosa más cursi del mundo.

Creo que no damos ningún valor en los tiempos recientes al matrimonio heteronormativo y lo vamos a pagar caro. 1,3 hijos por mujer y bajando es el resultado de esa ecuación. Una cifra que no miente y dice más que cualquier tipo de charla. Si algo tiene de positiva esa cifra es que cada vez habrá menos niños a los que adoctrinar y las aulas se quedarán cada vez más vacías y los colegios tendrán que cerrar. ¡Y se sacarán menos plazas de profesor! Este dato preocupará a más de algún aspirante a estómago agradecido.

Tampoco parece, una vez más, que como sociedad se haya hecho una valoración de riesgos y beneficios a la hora de dar propaganda sobre la transexualidad entre los menores. Ahora resulta que hay un aumento exponencial en tratamientos de cambio de sexo en niños (y especialmente en niñas) en Reino Unido que han aumentado de 97 en el curso 2009/10 a 2,519 en el curso 2017/18. Un aumento del 4.000%. Yo exijo que en proyectos como Skolae u otros que se inventen, como una asignatura de Formación del Espíritu Feminista, se realice una evaluación de riesgos en base a los datos actuales para que los padres puedan dar un consentimiento informado.

O reaccionamos pronto o este mismo artículo algún día será prohibido o multado con alguna ley mordaza que se saquen de la manga los colectivos subvencionados antinatalistas e imperialistas. Sí, antinatalistas porque de facto la ideología que se defiende (y no hay más que leer a Beatriz Gimeno) promueve la reducción de la población, incluso hace unos años yo misma contesté su “antimaternalismo” con un texto que podéis leer aquí. Y también les llamo imperialistas porque de facto se les paga para apoyar la agenda de los grandes poderes económicos actuales, ya que vivimos en un capitalismo de monopolio o de empresa única. Sí, la izquierda es hoy la gran defensora del gran capital y del Estado. Y la procreacion natural escapa a su control y debe ser sustituida, por lógica interna, por la reproducción artificial mercantilizada o bien directamente controlada por la Administración y la gran empresa. De esta forma se haría realidad la distopía de poder crear a los propios súbditos, ciudadanos, trabajadores y, tarde o temprano, esclavos a voluntad.

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