Día 52: divide et impera

Viernes, 1 de mayo de 2020

Bueno, pues hoy me he enterado que he hecho algo “ilegal” sin saber que estaba incumpliendo ninguna norma. El otro día me fui al parque con mis hijos después de casi dos meses de encierro en casa pensando que los niños ya podían salir a la calle y a las zonas verdes y resulta que, aunque el gobierno lo aprueba, depende de cada ayuntamiento decidir si se puede o no. Y resulta que en Madrid, el alcalde lo prohibió hasta la semana que viene. Desconocíamos la letra pequeña (El País):

A pesar de que la orden publicada en el BOE permite las salidas a las zonas verdes y parques (excluidas las zonas de columpios y juegos, que deben permanecen cerradas), la reapertura de estos depende de los Ayuntamientos.

¿Y yo se supone que tengo que teletrabajar, cuidar de tres niños y estar al tanto del BOE, del BOCM y del Boletín Oficial del Ayuntamiento a cada minuto para ver qué norma está vigente y cuál no mientras las cambian todo el rato? Es de locos. Pretenden regular nuestra vida hasta en los ámbitos más íntimos, pisando derechos y libertades sin oposición de nadie, creando una inseguridad jurídica y una arbitrariedad como nunca había visto en toda mi vida. Y, mientras tanto, los centros de salud de atención primaria cerrados al público durante una “pandemia” de enfermedades respiratorias que en teoría requeriría poder auscultar y explorar en persona a todo aquel que lo necesite, como siempre se ha hecho. Todo muy normal. Se justifica un encierro masivo de personas sanas en sus casas porque hay riesgo de colapso sanitario pero a la vez se cierran los centros de salud y se les dice a los médicos que atiendan por teléfono y atiendan a domicilio. Pero, ¿cómo no se va a colapsar el sistema de salud con ese protocolo? Sería un milagro que no se colapsara, si es totalmente contraintuitivo… Es como si no quisiéramos que se colapsaran los supermercados y prohibiéramos a la gente entrar a comprar ellos mismos para decirles después que primero llamen por teléfono y que más tarde alguien les llevará la compra a casa, todo con el mismo personal que tenían antes del cambio de protocolo. Es obvio que una persona puede atender a 40 pacientes si ellos vienen a su consulta pero esa misma persona no puede ir a 40 casas en la misma jornada y, además, atender por teléfono.

La traca final de esta “situación de emergencia originada por el COVID-19” ha sido esta explosión normativa y regulatoria de salidas a la calle por edades y horarios. Realmente parece que estamos en un campo de concentración de prisioneros, una ciudad como Madrid que quieren transformar en un Smart Gueto. La estrategia es la siguiente: Primero se otorga unos derechos a unos colectivos pero no a otros. Por ejemplo, los que tienen perro pueden salir pero los niños no. Eso crea resentimiento y envidia en los que no pueden salir. Después se otorgan “privilegios” a los que tienen niños frente a los que no tienen hijos. Además, se diferencia por edades a los niños, unos salen y otros no. Después se clasifica a la población por características como la edad y se adjudica un horario para cada segmento de población. Empiezan de nuevo las envidias y los resquemores por quién verá más la luz del sol, quién debe tener determinadas ventajas y quien no. Unos se insultan a otros en las redes sociales, se llaman “payasos irresponsables” y demás lindezas simplemente por hacer lo que te ha dicho la autoridad que podías hacer y que estaba por fin permitido. Los medios de comunicación jalean las peleas para amplificar las diferencias. El resultado del divide et impera por fin obtiene sus resultados.

Pero, aún hay más. Todas estas normas disciplinarias de la biopolítica urbana tienen otro objetivo o curriculum oculto. Van preparando el terreno para la siguiente operación dentro de la guerra psicológica o estrategia de marketing enfocada a vender al público la app que los propios ciudadanos ejemplares demandarán para gestionar todas estas directrices absurdas. “Estrategia de marketing” sé que suena mejor, es un nombre más aceptable para la disonancia cognitiva o cortocircuito mental que nos produce el término de “guerra psicológica” aplicado en este contexto.

Sí, todo está enfocado en que nos descarguemos la app que están creando para gestionar nuestra vida, nuestros contactos, nuestros movimientos, etcétera. Una app que no permitirá saltarse las normas que nos imponga el poder. Primero será de descarga voluntaria y después, ya veremos qué hacemos con los reticentes u ovejas tecnodescarriadas. Una app que nos avise de si estamos saliendo del perímetro de un kilómetro impuesto para pasear, o si estamos entrando en una zonar roja como… ¡un parque! que a veces está permitido y otras prohibido, según sople el viento. Una app que nos avise si esta semana podemos ir a nuestra segunda residencia o este mes no toca. Y para que esa app funcione hace falta que la gente se haga los famosos tests masivos que aporten contenido y sentido a la aplicación, que nos avisará si hemos estado en un supermercado a la hora en la que había un supuesto contagiado. Es decir, tests y app van unidos porque no hay app sin tests. Por no hablar del potencial negocio que supone todo esto en otros campos, una vez se abra la veda en los aspectos éticos más cuestionables… Esto es ciencia ficción pero, dependiendo de los datos de lo que se nutran estas apps, podría usarse hasta para saber si estás en un vagón del metro junto a alguien con antecedentes penales, por ejemplo. ¿Quién no querría saber esto para quizás cambiarse de vagón? Pero, claro, la gente tiene derecho a rehacer su vida y arrepentirse de sus errores pasados. ¿Qué clase de mundo despiadado sería este?

En fin. Todo es una preparación psicológica para ir derribando barreras mentales y legales de cosas que estaban prohibidas salvo si se hacían con consentimiento explícito libre e informado. Pero no hay nada que el miedo no pueda conseguir. Los perfectos ciudadanos odiarán a todo aquel que no se descargue la dichosa aplicación. ¡Malas personas! ¡Egoistas incapaces de sacrificarse por el bien común! Sin embargo, el buenismo no es sinónimo de virtud. La virtud exije valentía, búsqueda de la verdad y justicia.

Como dijo alguien por ahí: “Tiranía es cuando restringes los movimientos de gente sana”. Hoy estamos en la inversión de la carga de la prueba. Todo el mundo está contagiado o es peligroso para los demás hasta que se demuestre lo contrario.

Estamos construyendo una sociedad distópica, enfermiza, sin energía vital y sin futuro condenada a caer como un castillo de naipes. Nos dijeron “amáos los unos a los otros”, no “vigilaos los unos a los otros” ni “domináos los unos a los otros” o similares.

La disfuncionalidad va a ser tan grande que terminará arrasando a los propios carceleros.

Me llama también poderosamente la atención el odio a la diversidad que se tiene dentro del globalismo (lo que de toda la vida se llamaba “imperialismo”). En lugar de valorar la riqueza que supone que diferentes países hayan tomado distintos caminos, se valora la uniformidad como un valor en alza. La diversidad es lo que ha salvado al ser humano de la extinción porque mientras muchos pueblos tomaron decisiones equivocadas siempre había alguno que tomaba la decisión que le permitía sobrevivir. La libertad de elegir cada vez estará más restringida lo que supondrá poner la apuesta de todos en el mismo número. Si nos hundimos, nos hundiremos todos. La grandeza del ser humano es su creatividad y su intuición, su chispa especial indescriptible, lo que jamás podrá copiar ningún robot aunque se lo propongan sus programadores. Por eso, vamos por muy mal camino delegando en un grupo de sabios que creen que lo saben todo y se creen con derecho de imponer a los demás sus chaladuras.

Si te quieres encerrar en tu casa hasta 2050, hazlo. Tu miedo es tuyo. Pero no obligues a los demás a seguir tu peligroso camino.

Dice Juan Manuel de Prada en uno de sus últimos brillantes artículos: En el Apocalipsis se nos cuenta que, después de sufrir una plaga, los hombres, en lugar de renegar de los pecados que la provocaron, reinciden en ellos.

¿Cuáles serían los pecados que han provocado esta “plaga”? Creo que básicamente la falta de amor y el ansia de dominio sin limitación alguna, el máximo egoísmo. Porque me temo que el pobre virus es bastante más inocente de todo lo que se le acusa. Están haciendo más mal nuestros propios pecados y las contradicciones del propio sistema creado que el propio virus: nuestra cobardía, nuestra obediencia ciega, nuestra sumisión, nuestra delegación en expertos, nuestra falta de una visión integral y holística de los fenómenos, los monstruos burocráticos al servicio de la yatrogenia, el intentar tapar nuestra propia inutilidad, ponernos al servicio del mal en lugar del bien común pero disfrazando y tergiversando los conceptos en un mundo al revés. Efectivamente, no renegamos de nuestros pecados y, además, reincidimos en ellos.

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– Sobre el término “new normal”:

16 marzo: https://sloanreview.mit.edu/article/is-the-covid-19-outbreak-a-black-swan-or-the-new-normal/

https://en.wikipedia.org/wiki/New_Normal_(business)

https://www.abc.es/espana/madrid/abci-delegacion-gobierno-madrid-abre-investigacion-acto-clausura-hospital-ifema-202005012021_noticia.html

https://www.lavanguardia.com/internacional/20200401/48232483509/coronavirus-francia-medidas-sanciones-ayuda-hospitales.html