Día 54: intuición vs razón

Domingo, 3 de mayo de 2020

Siempre he sido una persona muy escéptica y racional, aunque ahora esté valorando mucho más lo espiritual y lo intangible. Me gusta basar mis argumentos en evidencias y leer artículos científicos. Sin embargo, la intuición a veces es muy poderosa. Es algo inexplicable que sale de dentro. Simplemente es algo que hueles, que sabes que es verdad sin saber muy bien por qué.

La intuición no es algo completamente irracional, muchas veces es simplemente una forma directa de entender la realidad hecha a base de retazos de información que has recibido por muchos medios, no sólo a través del filtro de la razón. La intuición es global, es integral, es holística. Repito, no es una ocurrencia sin sentido que se te surge un día. No, es una acumulación de información reelaborada: sensaciones, emociones, datos de múltiples fuentes, percepciones sutiles, miradas, análisis psicológico, etcétera. Cuando una vidente te dice cosas sobre tu vida que en teoría no podría saber, muchas veces está realizando un análisis psicológico sobre tu forma de estar en el mundo, sobre tu forma de vestir, el color del tinte que usas, cómo caminas, la forma de tus zapatos, tu acento, tu olor, tu forma de tratarla. Todo eso es información, son datos. Y de todo ese cúmulo de datos multisensoriales a los que hay que sumar otro tipo de conocimientos sobre el pasado, la historia, cómo funcionan las sociedades, cómo funciona la mente de la gente, de todo ese conglomerado de elementos surge la intuición. Es como cuando decimos: “No sé por qué, pero me da en la nariz que va a suceder esto”.

Os voy a contar una historia, algo que me pasó en mi último embarazo y que le he contado a poca gente. Voy a intentar resumir el culebrón todo lo que pueda. Resulta que la primera vez que fui al médico para comunicar mi embarazo e iniciar todo ese camino de pruebas que se suelen hacer me dieron cita para un análisis de sangre. Y en ese análisis salió “algo” y me llegó una carta de La Paz al poco tiempo que decía que habían detectado la presencia de anticuerpos anti-E en mi sangre (un tipo de incompatibilidad entre mi sangre y la del bebé) y que eso podía conllevar “enfermedad hemolítica del feto y recién nacido moderada y grave”. Por supuesto, después de leer esto me eché a llorar, me sonaba fatal y no entendía nada. En la consulta de la obstetra en mi centro de salud, la doctora optó por derivarme directamente a “alto riesgo” en el Hospital de La Paz para que me llevaran todo el embarazo allí. De forma paralela, a través de la carta que recibí de Banco de Sangre de La Paz, se me citaba para unos análisis para ver la titulación, cuántos anticuerpos tenía en sangre. Los primeros análisis dieron como resultado “suero puro” y después 1/4, lo que significaba que había muy poquitos anticuerpos. Se me explicó que el riesgo era que el bebé tuviera en su tipo de sangre el componente “E” y yo, con mis anticuerpos, pudiera atacar sus glóbulos rojos, provocándole una anemia. En mis anteriores embarazos no me había pasado nada de esto.

Dejamos que el embarazo siguiera su curso, con sus pruebas pertinentes y en la consulta de alto riesgo de La Paz, la doctora nos dijo que aunque todo iba bien, la titulación era baja y el bebé no tenía anemia por ahora, ella recomendaba la inducción del embarazo como un mes antes de la fecha probable de parto. Yo esto no lo entendía, ya que si el bebé estaba bien (y eso se podía ver a través de la ecografía Doppler), ¿por qué sacarle de forma prematura, con todos los riesgos que ello suponía para él? Ella me dijo que a partir de cierto punto del embarazo no había forma de saber si el bebé tenía anemia o si la podía provocar al nacer y que ese era el protocolo.

En Banco de Sangre del Embarazo de La Paz, por su parte, me dijeron que no compartían la misma opinión y que, a pesar de que yo ya manifesté mi voluntad de pedir traslado a otro hospital, lo hablarían en sus reuniones porque les parecía que se podía esperar más si todo iba bien.

Sobre la semana 30, creo recordar, pedí el traslado al hospital de Torrejón y allí seguí el embarazo. Les había preguntado por correo por sus protocolos y me dijeron que, si todo marchaba correctamente, se podía esperar para estar “a término” (luego esto resultó ser también un malentendido, ya que “a término” quería decir simplemente a partir de la semana 38, no dejar que el niño naciera cuando quisiera.

Cuando fui a la cita de la semana 37 en Torrejón me informaron de que mi titulación había subido a 1/16 y que, a pesar de que la ecografía Doppler no indicaba anemia, el protocolo aconsejable era inducir y provocar el parto el día que cumplía 38 semanas. De nuevo, llanto… Sé que las inducciones son problemáticas, muchas veces no funcionan, pueden implicar sufrimiento fetal y acabar en cesárea de emergencia. Es más, la mitad de las inducciones acaban en cesárea. Le dije que por qué había que inducir si la ecografía no mostraba anemia y me dijeron que a partir de la semana 37 las tablas sobre las que se basaban no eran fiables. Yo, que ya me había leído todos los artículos científicos en inglés a mi alcance sobre el tema, no lo entendía. Había leído con mis ojos los artículos del equipo del doctor Giancarlo Mari (EEUU) en los que venían las tablas hasta la semana 40 de embarazo y mi bebé estaba dentro de los rangos de seguridad.

Después de pensarlo mucho en casa decidí no inducir y optar por seguir vigilando el embarazo con la ecografía Doppler. Nos presentamos en la primera cita para la inducción y la rechazamos. Nos volvieron a dar cita en consulta y lo mismo, vigilancia con Doppler, todo bien y de nuevo cita para inducción. Volvimos a paritorio en la fecha señalada, volvimos a rechazarla, nos volvieron a advertir de los peligros y de que estábamos rechazando un tratamiento médico. Yo pregunté de nuevo por qué me decían que las tablas de la arteria media cerebral para medir la anemia no eran fiables, que en qué estudio se basaban y la doctora me dijo que en ese momento no me lo podía decir pero que era así. Le hizo un minuciosos análisis con el Doppler y el bebé seguía bien, no tenía anemia en ese momento. Nos volvieron a citar en consulta.

Tengo que resaltar que en todo momento el trato personal en el Hospital de Torrejón fue bueno, incluso cuando se veía claramente que no compartían para nada mi punto de vista y me citaban para inducción. Siempre ha sido un trato cordial, educado e incluso cariñoso. Sí hubo un pequeño momento de tensión en la última cita en paritorios para inducción porque yo miré mis tablas a la vez que la ginecóloga miraba las suyas y esto fue interpretado por la doctora como desconfianza por mi parte. Le expliqué que no, que tenía confianza plena pero que era una persona que necesitaba entender los procedimientos y comprobar las cosas por mí misma. En cualquiero caso, soy consciente del desafío que supone mi caso y que ella estaba en urgencias de paritorios, no en consulta, con todo el estrés que eso conlleva y carga de trabajo.

Después me volvieron a citar para monitores, de nuevo ecografía Doppler y todo seguía bien. Nos citaron también con una pediatra neonatóloga me nos explicó (y supongo que también para asustar) que no tenían forma de saber si el bebé iba a tener anemia o no y que, si la tuviera y fuera grave tendrían que hacerle una transfusión y a la vez un cambio de sangre, y que por eso era mucho mejor la inducción para poder programar y tener preparado el equipo humano que haría el procedimiento. ¡Era como una película de terror! Yo ya no quise discutir más sobre el artículo científico del Doctor Giancarlo Mari y acepté con gusto su información. En el estudio de Mari se explica que la Doppler sí alerta de la existencia de anemia cuando es 1,5 la mediana y que cuando está por debajo de 1,5 es o falta de anemia o una anemia leve que no requiere ningún tratamiento. Las anemias graves sí las detecta, con lo cual lo podríamos preveer, lo que no ha sido el caso hasta ahora.

De todos modos con motivo de una pregunta de mi pareja la neonatóloga llamó a la ginecóloga que estaba en ese momento y de nuevo me dijo lo de la inducción. Ahí ya sí que me derrumbé de nuevo al salir del Hospital. Me sentía fatal, triste, ¿cómo algo tan bonito se había convertido en una pesadilla, en una montaña rusa de emociones? Me sentía culpable por no estar alegre ante la llegada al mundo de mi bebé. Me encerré en mi burbuja y no quería hablar con nadie ni por teléfono, ni tener que dar explicaciones a todo el mundo,ni nada…

Finalmente y después de dos días de contracciones “preparto” nació el día que cumplía las 41 semanas mi tercer hijo, en un parto muy duro y en el que yo estaba cargada de negatividad desde el principio. En parte creo que esta negatividad y falta de confianza fue debida a haber sido catalogada de “alto riesgo” y por toda esta historia del “anti-E”. Pero a pesar de los pesares y gritar que no podría, sí pude parir. Al nacer, no apareció ningún equipo de neonatólogos, que era lo que yo me esperaba dado el nivel de alarmismo de la última charla adoctrinadora que nos dieron. El niño estaba con buen color, rosadito y comenzó a llorar hasta que me le puse al pecho. Le hicieron un análisis de la sangre del cordón, cuando dejó de latir, y… ¡Oh, sorpresa! Al alta nos dieron los resultados y tenía 20 de hemoglobina. ¡Estaba más que perfecto! De hecho les parecía hasta un dato anormal porque era demasiado, y debía tratarse de un error… Esto, en mi humilde opinión de “simple mamá”, corrobora los estudios de Giancarlo Mari, al haber una correlación entre el nivel de hemoglobina y el pico de velocidad máxima de la arteria media cerebral que mide la ecografía Doppler.

La práctica médica y sus protocolos me metió miedo con sus procesos de detección y cribado universales y fue la ciencia la que me lo quitó, con el acceso a estudios científicos a través de internet. Antes, este tipo de análisis ni siquiera se hacían y supongo que muchos niños morirían sin saber la causa. Sin embargo, creo que en mi caso hubo un exceso de celo y de alarmismo y, sobre todo, de falta de argumentos científicos. Primero, porque el anti-E es el antígeno menos peligroso, comparado con otros que sí lo son. Segundo, porque nunca alcancé niveles de más de 1:32, que es el nivel de corte en el hospital de Ohio del que se habla en uno de los estudios que leí. Solamente me salió 1:16 una vez para la siguiente semana repetir el análisis y volver a 1:4, que ha sido el valor más repetido a lo largo del embarazo. Tercero, porque el Doppler y las tablas de Giancarlo Mari sí funcionan y su protocolo me parece muy sensato y fiable. Cuarto, nunca las doctoras me aportaron argumentos científicos sino que se me pedía un acto de fe religiosa y confianza ciega en su palabra: “¿Por qué no son fiables las tablas a partir de la semana 37?”, “Porque sí”, “Porque es nuestro protocolo”, “Porque no es seguro”.

Comparto esta información por si pudiera servirle a alguien pero hay que recordar que yo no soy médico y que cada caso es diferente. No estoy diciendo que haya que desobedecer los protocolos porque sí, sino que se nos trate como personas adultas con criterio para decidir en base a la información disponible y la evaluación de beneficios y riesgos que hagamos. ¿Hubiese estado más sano mi hijo naciendo un mes prematuro? ¿Cómo habría sido su salud? ¿Y su lactancia? ¿Cómo me hubiese encontrado yo después de una cesarea?

Pero la razón por la que cuento esta historia es que, como soy muy curiosa, encontré uno de los únicos laboratorios en Europa que hacen un análisis de la sangre de la madre para detectar si el niño tiene ese componente “E” en su sangre, porque si el niño no lo tiene, todo el protocolo da igual. Es decir, aunque yo tuviera esos anticuerpos, al niño no le haría daño en cualquier caso. Pues bien, nos gastamos 800 eurazos, que se dice pronto, para hacer ese test. Y salió que el niño tenía “E” en su sangre. Y, aún así, decidimos seguir adelante y exigir que se siguiera evaluando su salud con la ecografía Doppler siguiendo las tablas del estudio citado de Giancarlo Mari y cada vez íbamos al médico nos decían que el niño estaba sano y no tenía anemia.

Y cuento lo del test porque a veces buscamos que el resultado cuadre con nuestras expectativas. Nosotros pensamos que era una forma de que nos dejaran en paz con sus protocolos y, sin embargo, nos salió “mal” la jugada. Solamente nos anclamos al famoso test para buscar una excusa para no tener que inducir. Pero el resto de factores que mostraban que todo iba bien y que los rangos estaban dentro de la normalidad pudo más que el miedo que nos quisieron meter en el cuerpo. Y, sobre todo, yo sabía que todo estaba bien.

A lo que voy es que muchas veces tomamos decisiones intuitivas como no dejarnos provocar un parto, aunque todo vaya en contra, y en realidad nosotros somos los que tenemos razón y ellos son los que están equivocados. La intuición puede fallar, por eso hay que ser cauteloso e informarse bien, pero a mí mi intuición de madre me decía que no podía dejar que me sacaran un bebé sano con un mes de antelación sin darme, además, ninguna razón de peso, simplemente tenía que poner mi cuerpo y el de mi hijo a su disposición porque sí. Eso es usar de forma falaz un falso principio de precaución. La precaución, para mí, era no realizarme una cesárea ni inducirme el parto. Primero, no dañar. Tomas estas decisiones es complicado una vez que en nuestraa época el “embarazo normal” ya practicamente ha desaparecido y simplemente hay pruebas y más pruebas que solamente sirven para sacar a los niños antes de tiempo y crear iatrogenia.

¿Y por qué he contado toda esta chapa? Pues porque todo este asunto del COVID-19 me olió mal desde el principio y mi intuición me gritaba: “hay algo más, esto no cuadra, el propio protocolo va a crear muchos más muertos que el propio virus… Las medidas son contraproducentes y ellas mismas van a crear un colapso sanitario… Parece una profecía autocumplida…” ¿Estaba equivocada? Lamentablemente, creo que no. Intuición y datos objetivos caminan a la par.

Y, por otro lado, independientemente de los números, de las tasas de letalidad, de los tests, de las pruebas numéricas está el valor de la libertad, de la verdad, de la justicia, que no se pueden medir en ninguna estadística. Sacar a tu familiar de la residencia a tiempo, guiada por tu intuición, pueda salvarle la vida. Salir todos los días con tu hijo a la calle, aunque las leyes injustas del estado lo prohiban, puede que sea tu deber como madre, por el bien superior del menor.

Relacionado:

– Me leí toda la literatura relativa al tema de la anemia provocada por anticuerpos de la madre durante el embarazo (¡me hice un máster!) pero creo recordar que este fue el estudio más importante, el del equipo de Giancarlo Mari, que me dio esperanzas de que había otra forma de controlar que el bebé estuviera bien sin tener que sacarle antes de tiempo sin razón: Noninvasive Diagnosis by Doppler Ultrasonography of Fetal Anemia Due to Maternal Red-Cell Alloimmunization:

https://www.researchgate.net/publication/245997923_Noninvasive_Diagnosis_by_Doppler_Ultrasonography_of_Fetal_Anemia_Due_to_Maternal_Red-Cell_Alloimmunization

– Falta la causa 0 que es que si cierras los centros de salud y recomiendas aislamiento 14 días solo por teléfono sin auscultar ni explorar, los pacientes que empeoren van a ir directos a colapsar hospitales: https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20200427/coronavirus-muerte-residencias-ancianos-testimonios-razones-7941133