No os olvidamos: “Una sucesión de puertas cerradas, en ocasiones con llave, y personas golpeando y suplicando por salir”

Ya no sé ni por qué sigo escribiendo en este blog. Además, cada vez hay más señales de que la libertad de expresión y de prensa molesta, pero, bueno, hablaremos hasta que nos dejen.

Esta es la página 40 del Informe de Médicos Sin Fronteras, “Poco, tarde y mal. El inaceptable desamparo de las personas mayores en las residencias durante la COVID-19 en España” en el que un bombero explica lo que presenció en las residencias:

Alta ocupación de los centros en el momento de la crisis

La necesidad de separar a las personas residentes en cohortes en función de los síntomas (y mientras no hubiese pruebas diagnósticas fiables) chocaba con el hecho de que la mayoría de las residencias estuviesen casi al 100% de su capacidad al comienzo de la crisis. Esto generó muchísimas dificultades para la estrategia de zonificación. La resistencia de muchos centros a su ejecución procedía de la carga de trabajo del personal, ya desbordado y diezmado por las bajas médicas, a la hora de realizar labores extras de desinfección, traslado de residentes y señalización, pero sobre todo por la incertidumbre que generaba el utilizar espacios susceptibles de estar ya contaminados para dividir a los mayores sin que ello trajera un beneficio evidente, pues persistía la inseguridad en el manejo de los casos asintomáticos y de las personas con otras enfermedades. Ahora sabemos que hasta un 70% de los residentes y un 55% del personal podían ser asintomáticos, de acuerdo a un estudio realizado en Barcelona.

Andrés, jefe de Bomberos, dirigió labores de desinfección y apoyo a la zonificación en colaboración con MSF y se enfrentó en ocasiones a esta resistencia por parte de las gerencias de los centros:“Respiraban un poco cuando les decías que la desinfección profunda de paredes, de suelos, de armarios, de camas, la íbamos a hacer nosotros, porque no veían cómo podían dedicarse a esto con tanto personal de baja y tantas cosas por hacer en momentos tan críticos. Esta barrera mental disminuía cuando sentían que no iban a estar solos en esa tarea, pero persistía el miedo a mover a las personas, con todas sus pertenencias, de un lugar a otro, para crear zonas limpias y sucias. Preferían muchas veces que los mayores, mientras no hubiese resultados fiables de las pruebas, quedasen encerrados en sus habitaciones, en lugar de reagruparlos en zonas, por miedo a perder el control y que todo el edificio se viese así contaminado. El resultado era espantoso: una sucesión de puertas cerradas, en ocasiones con llave, y personas golpeando y suplicando por salir. Un horror”.

Y en la página 59 leemos:

En muchos casos, las medidas férreas de aislamiento se tomaron de forma indiscriminada, simplemente en caso de duda, a causa de la incertidumbre generada por los casos asintomáticos y debido a la escasez y limitada credibilidad de las pruebas diagnósticas.

(…)

La forma rápida de aislar, sin considerar la convivencia y los cuidados dignos, consistió en mantener a los residentes en sus habitaciones, anulando toda posibilidad de salir a los pasillos y a las áreas comunes. Los casos considerados como positivos en COVID-19, ya fuera por síntomas o por diagnóstico, eran marcados en las puertas para que el personal que debía atenderlos fuera consciente de la necesidad de utilizar allí las medidas de protección asignadas. Los pasillos se convertían así en una sucesión de puertas cerradas, algunas de ellas con llave para contener a las personas más díscolas o más difíciles debido a su estado cognitivo, o que no llegaban a entender lo que sucedía y se rebelaban. En algunos sitios, estas personas pasaron así varias semanas y nos han reportado casos de residentes con deseos de morir que dejaron de comer y de tomar la medicación, que se encontró escondida una vez fallecidos.

(…)

Carmen, directora de una pequeña residencia familiar, relata uno de estos casos, cuando le preguntamos por el impacto de estas medidas de aislamiento en los mayores que tan bien conoce:“Empezamos por aislar a todos en sus habitaciones, como nos recomendaban, para evitar los contagios. No sabíamos lo que iba a durar esto y enseguida vimos que había residentes que no iban a poder soportarlo. Eugenia, por ejemplo, dejó de comer y de moverse; se pasaba las horas mirando por la ventana. Había otros residentes que se quejaban y trataban de salir de los cuartos, y la verdad es que ha sido muy doloroso tener que mantenerlos encerrados. En el caso de Eugenia, yo tenía miedo de que se dejase morir y empecé a sacarla cada día un rato, para ver si recuperaba las ganas. Y empezó a comer, empezó a ir a mejor, hasta que un día vinieron los de atención primaria justo cuando la teníamos fuera, y me dijeron que era una inconsciente y estaba poniendo en peligro a todo el mundo. No me quedó otro remedio que devolverla a la habitación; me hicieron sentir muy mal. Ella dejó de comer otra vez y a los pocos días se murió. Yo no digo que no se fuese a morir igualmente, pero tengo claro que no quiso pasar por esto. Cuando volvió el equipo de primaria y les dije que se había muerto por encerrarla de nuevo, me dijeron: ‘No nos digas eso’. Se quedaron bastante tocados. Nos ha pasado a todos lo mismo. Nos entró tanto miedo con el virus que no hemos pensado en otra cosa que en aislar al máximo, sin pensar en lo que esto significaba para ellos”.

 


 

Recomiendo leer de nuevo esto que escribí en plena pandemia de abandono y encierro de abuelos en residencias:

Día 24: colegios cerrados, residencias abiertas

Y ahora veamos el gráfico del MoMo de Madrid para las fechas del inicio de este desastre en la Comunidad de Madrid y poniendo “mayores de 74 años”:

El 5-m, sin ningún exceso de mortalidad registrado en los gráficos MoMo, el Ministerio de Sanidad saca este documento técnico: https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov/documentos/Centros_sociosanitarios.pdf

El 6-m hay un pequeño exceso en el MoMo pero dentro del rango de normalidad.

El 8-m no había ningún exceso de mortalidad entre las personas mayores de 74 años en Madrid y es cuando se publica la orden en las puertas de las residencias: “se limitarán las visitas a los residentes estrictamente necesarias”.

El 9-m hay un pequeño exceso pero dentro del rango de normalidad de los últimos años. Ese día los periódicos anunciaban “El Gobierno aconseja que mayores en residencias se queden en sus habitaciones”. 

Es decir, sin visitas y, en teoría,  “las personas contagiadas por el coronavirus o sospechosas de portarlo” o sean “contacto” aisladas en sus habitaciones:

En el seguimiento de una persona clasificada como contacto de un caso probable o confirmado se tendrá en cuenta lo siguiente: deberá restringir sus movimientos lo máximo posible y quedarse en una habitación con buena ventilación (preferiblemente al exterior) e idealmente con un baño propio durante el periodo de vigilancia establecido. Las salidas a las zonas comunes deberán restringirse al mínimo posible y si éstas fueran necesarias, deberán salir una mascarilla quirúrgica. Se realizará una vigilancia activa en busca de síntomas respiratorios según lo establecido.

(…)

Los casos en investigación o confirmados que se atiendan en la residencia o centro sociosanitario deberán permanecer en una habitación con buena ventilación (preferiblemente al exterior), con baño propio y con la puerta cerrada. Deberá evitarse que salgan a las zonas comunes y si estas salidas fueran imprescindibles, deberán llevar una mascarilla quirúrgica. Se ha de insistir en la higiene de manos antes y después de colocarse la mascarilla.

Se suspenderán las visitas de familiares durante el tiempo que el paciente tenga indicación de aislamiento y si éstas fueran imprescindibles, deberán cumplir las precauciones de control de la infección requeridas con el equipo de protección individual adecuado.https://www.mscbs.gob.es/profesionales/saludPublica/ccayes/alertasActual/nCov/documentos/Centros_sociosanitarios.pdf

El 10-m ya está fuera del rango de normalidad y empiezan a fallecer muchos ancianos. El 12-m las cifras de fallecidos mayores de 74 años empiezan a ser disparatadas y el 11-m recordemos que la OMS caracteriza al COVID-19 como una pandemia:

Hasta llegar al pico máximo de muertes de mayores de 74 años el 27 de marzo de 2020, fecha negra en la historia de nuestro país con 554 fallecidos cuando lo normal serían 82:

Vale. Y ahora, ¿alguien me puede explicar la velocidad de propagación del virus que el 8-m no mataba demasiado (no había ningún exceso de mortalidad) y en cosa de 4 días ya está provocando estragos en los mayores de 74 años? El pico es exagerado y cabe preguntarse por la relación causa-efecto. ¿Qué causa las muertes? ¿El resfriado y la sintomatología? ¿O vivir un resfriado SIN VISITAS Y ENCERRADO EN UNA HABITACIÓN SIN PODER SALIR con más de 74 años, en algunos casos demencia y falta de movilidad, enfermedades crónicas? ¿Alguien pensaba que un abuelito de estas características podía superar semejante tortura? ¿Cuándo se va a crear la comisión de investigación sobre los sucedido esas semanas de marzo en las residencias? ¿Alguien puede aportar pruebas de que efectivamente fue un virus lo que mató a todos esos viejecitos? ¿Autopsias?

Las visitas, cuando uno es anciano y está delicado, son imprescindibles. Las visitas de sus familiares curan en sí mismas, son como enfermeros para los ancianos, que muchas veces necesitan que alguien les dé de beber a cucharaditas porque si no, dejan de beber y quedan deshidratados. Necesitan atención personalizada, no quedarse abandonados. En realidad, lo mismo se puede decir de la prohibición de las visitas en los hospitales; es una medida que mata en sí misma.

No puedo soportar tanta ignonimia ni tanta hipocresía en este país. Abuelos, no os olvidamos. Moristeis solos y abandonados. Sin compañía, sin un abrazo, sin alguien preocupándose por vosotros, sin consuelo espiritual (muchos de vosotros érais creyentes). Jamás sabremos si os mató un virus o la falta de amor. Yo me inclino por lo último. Faltó el amor. Con la excusa de cuidaros, os dejaron solos en la estacada y agonizando. Muchos pedíais salir.

Estas palabras retumbarán para siempre en nuestras conciencias: Golpeaban las puertas y suplicaban por salir”.

¿Ya nadie habla de esto? ¿Miramos para otro lado? Sí, nadie quiere hablar de esto porque sabe que una parte de la culpabilidad es suya. Por eso, prefiere no iniciar acciones legales porque terminaría sintiéndose culpable. Tampoco culpará al gobierno, porque sabe que el que abandonó y obedeció órdenes injustas fue él. Podía haber luchado por sacar a su padre, madre o tío de la residencia y no lo hizo. Además, la autoridad política le dio el subterfugio necesario para sentirse el perfecto ciudadano. Otros no fueron a buscarlos por causas más mezquinas, quizás miedo a que el abuelo les contagiara algo a ellos.

En fin, este es el verdadero drama de este país. Ahora podeís seguir poniéndoos el bozal como penitencia a lo que no hicistéis en marzo. Así alguno creerá que expía la culpa. Pues no.

Los políticos podéis poner todas las “medidas” que queráis pero como no queréis ver que la causa fundamental del desastre en el que estamos es la falta de amor disfrazada de un buenismo nauseabundo todo lo que hagáis será en vano y causará más muertos. Podéis encerrarnos a todos de nuevo en casa pero los gritos de estos ancianos os perseguirán en vuestras peores pesadillas.

Un virus no encierra a los abuelos en habitaciones, secuestrados.

Un virus no les abandona de esta manera.

El miedo y el pánico causan este caos.

Mientras te estabulan y distraen con la narrativa limpiaconciencias de los “irresponsables”, recuerda toda la cadena de personas obedientes que son responsables de esta situación.

Abuelos, no os olvidamos. Descansad en paz y que Dios os tenga en su gloria.

Perdonadnos, por nuestra mezquindad no fuimos capaces de salvaros y sacaros de ese infierno.

Ahora alguno de nosotros, por no asumir cada uno su culpa, prefiere tapar sus vergüenzas con una mascarilla y acusar a los demás.

Habéis muerto abandonados como perros, sin una mano caliente sosteniendo la vuestra.

Descansad en paz y perdonadnos.

Que Dios os tenga en su gloria.

 

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