La inversión de la carga de la prueba

Todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario.

Todos estamos sanos (y no somos infecciosos) hasta que se demuestre lo contrario.

Sin embargo, con la alarma sanitaria creada, todos podemos contagiar aunque estemos sanos.

Gracias a su miedo, vamos a vivir en un régimen totalitario que está sentando sus bases programáticas ahora mismo.

Por una supuesta “seguridad” está regalando lo que le quedaba de libertad.

La ecología del ser humano necesita de abrazos, contacto, fiestas y alegría donde fluye la oxitocina. Por tanto, este es un ataque antropológico antihumanista.

Estamos ante una revolución cultural antihumana promovida por decreto desde el Estado y los medios de comunicación.

El ser humano no puede vivir mucho tiempo con una “distancia social” impuesta sin enloquecer.

Toda vida supone un riesgo de accidentes, caidas y contagios.

Toda medida, incluso la mascarilla obligatoria y la distancia social, tienen riesgos.

No hay nada inocuo.

El contacto humano, como la propia existencia, lleva aparejada la posibilidad de la enfermedad y el dolor.

Pero es que rechazar todo contacto humano y cercanía con el prójimo también tiene consecuencias psicológicas y físicas, como entre otras la pérdida de diversidad de la microbiota intestinal o la posible inhalación de nanoplásticos de las mascarillas que nuestros hijos en los colegios (y muchos trabajadores) tienen que llevar durante al menos 35 horas a la semana:

The Social Distancing Imposed To Contain COVID-19 Can Affect Our Microbiome: a Double-Edged Sword in Human Health

Need for assessing the inhalation of micro(nano)plastic debris shed from masks, respirators, and home-made face coverings during the COVID-19 pandemic

Las mascarillas que contienen grafeno suponen riesgos para la salud (Gobierno de Canada, Salud)

Microbiota: indicador de pertenencia a grupos sociales y la dinámica de inclusión y exclusión social

Social distancing and microbial health. How necessary COVID-19 control strategies could shape the microbiome, for better and worse

The silent danger of social distancing

Las mascarillas con grafeno FFP2, retiradas entre ertzainas y sanitarios del País Vasco por posible toxicidad

Pero esto son solo estudios científicos y no hace falta citarlos para defender la libertad y la vida.

Disfruten de su mascarilla obligatoria,

de los toques de queda,

de las prohibiciones biopolíticas,

del absurdo,

de las contradicciones,

de las supersticiones,

de los pensamientos mágicos,

de las presiones para vacunarse

y finalmente del pasaporte sanitario QR para indicarle si hoy toca salir de casa o no,

si puede salir de su guetto “perimetral” o por el contrario debe permanecer encerrado en casa.

Este pasaporte, podemos vislumbrar, vendrá bien cuando se desactive la alarma sanitaria e interese controlar y estabular a la población con otros pretextos, siempre por el bien de la humanidad o el planeta, por supuesto.

Jamás, en ninguna pandemia real, se hizo esto que se está experimentando con nosotros. Jamás.

Ningún país, ninguna ciudad del mundo, y mucho menos Madrid, había obligado a llevar mascarilla a la gente durante casi un año en ningún otro momento histórico anterior.

Durante la “gripe española” se impuso la mascarilla en algunas ciudades de EEUU durante un total de mes y medio. Un mes y medio. No hay constancia de que se impusiera en ninguna ciudad española. ¿Cuánto tiempo llevamos aquí y ahora?

Por favor, usen el cerebro, el corazón, la lógica básica y el instinto de supervivencia.

 

 

Cita tomada de “Una ciudad en crisis: la epidemia de gripe de 1918-19 en Madrid”: https://eprints.ucm.es/id/eprint/2765/1/T19405.pdf