ClassDojo, apuntes para un debate ético y pedagógico

ClassDojo es una plataforma que, según el texto de la tienda de Apps de Google “ayuda a los profesores a mejorar la conducta en sus aulas rápida y fácilmente. Captura y genera datos sobre comportamientos que los profesores pueden compartir con los padres y administradores”. La realidad es que esta herramienta tecnológica se ha puesto de moda en muchos colegios y ni los profesores ni los padres están todavía muy informados sobre las implicaciones de su uso.

A mí me preocupan especialmente estos aspectos:

– Los niños actúan guiados por el afán de ganar puntos y los consiguientes premios, lo que es una motivación extrínseca y no intrínseca de la propia actividad. En cuanto a premiar, por ejemplo, un buen acto, esto puede tener el efecto negativo ético de que se deje de valorar hacer el bien como fin en sí mismo. Ayudar a un compañero es algo que hay que hacer pero si se hace por los puntos y los premios es pervertir y corromper una buena acción. ¿Cuál es el curriculum oculto ético de este tipo de estrategias conductistas? ¿No debemos enseñar a los niños a buscar el bien y la virtud incluso aunque no se reciban premios, por satisfacción personal o porque simplemente es lo correcto? ¿Qué pasará cuando tengan que nadar a contracorriente y nadie les dé la palmadita en la espalda? Pensemos en cuantas veces hay que luchar por algo justo (sí, eso también es “emprender”) aunque no se reciban apoyos de nadie más. Este sistema anula la capacidad personal de abordar proyectos personales que vayan en contra de lo que esté de moda en ese momento, lo que le guste al algoritmo del Big Data o realizar un buen trabajo independientemente de las visitas o “likes” que reciba. Esta cuestión a mí me resulta especialmente sensible, ya que este blog es un ejemplo de ello. Me da igual cuantas personas lo lean (o me importan pero lucho porque no me preocupe) y no pienso cambiar mi mensaje para contemporizar con las masas de internautas. ClassDojo en la era de la economía “colaborativa” precaria y sin límites para el capital es simplemente el entrenamiento para comportarse en función de lo que pide la autoridad, los jefes o la gran empresa. Esto no estaría tan mal si no fuera porque las personas en puestos de poder en la actualidad parece que han perdido el norte y su única religión es el aumento de beneficios a corto plazo, lo que está relacionado con la crisis de confianza que estamos viviendo. Es decir, los rankings y este tipo de pedagogía son síntoma y reflejo, causa y efecto, del problema global de desconfianza en el prójimo y en el sistema. Si la LOMCE decía aquello de que “El aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, críticas, con pensamiento propio” no parece que Class Dojo y cómo se vende entre el profesorado (“¡Controla tu aula!”) sea el camino a seguir.

– Los niños ven y saben los puntos que tienen los demás niños de su clase porque se proyectan en la pizarra digital, lo que me parece que favorece un clima de competencia absurda entre ellos al modo de “el empleado del mes”. Es significativo que el sistema de “Stack Ranking” (un ranking de trabajadores visible) al que tanto se parece ClassDojo y que se implementaba en empresas como Microsoft o General Electric esté en desuso por sus efectos nocivos. Es muy criticado por incentivar la humillación y el miedo y crear una cultura de empresa negativa. Además, si actualmente se dice que con el Reglamento General de Protección de Datos las empresas deben ser especialmente sensibles al difundir datos de productividad de cada trabajador, ¿no deberían estar más protegidos en su intimidad y honor los menores de edad? ¿Es necesario difundir a toda la clase las calificaciones de comportamiento de cada niño? ¿Te imaginas que te lo hicieran a ti en tu puesto de trabajo? Nadie se comporta igual si sabe que está siendo constantemente monitorizado y vigilado.

– Los niños hablan más de los puntos que tiene cada uno que de lo que han aprendido en clase. Se supone que van al colegio a aprender y a convivir, no a ganar puntos. Ganar puntos y premios no está reflejado como objetivo ni como competencia necesaria en la ley educativa actual.

– Las “economías de fichas” (token economies), que es en lo que se basa ClassDojo, en teoría, tienen que ser planificadas en sus dos fases: implementación y desvanecimiento. Se supone que después de conseguido el supuesto objetivo, hay que finalizarlas. No están hechas para durar 6 años o toda la Primaria. Alguien en la escuela o en la Administración tiene que reflexionar sobre ello y que no parezca que esto es una improvisación total. En cualquier caso, según Alfie Kohn (autor del libro “Motivar sin premios ni castigos”), son un fracaso, y no se debería experimentar sobre los niños. A mí, que no soy Alfie Kohn ni ninguna experta, me repelen desde un punto de vista intuitivo.

– Las economías de fichas, tal y como las conocemos hoy en día, se pensaron por primera vez para un psiquiátrico de mujeres de Illinois, el Anna State Hospital, en los años sesenta del siglo pasado que sufrían de desgana institucional o “institucionalismo”/”hospitalismo”. Después se aplicaron en ambientes educativos para niños con problemas de conducta o alguna discapacidad. ¿En qué momento alguien pensó que esto podría aplicarse a todos los niños en general durante varios años? ¿Con qué finalidad? En relación al punto anterior, ¿no será que el problema lo tiene la propia institución y no los pacientes/alumnos?

– El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) exije que hace falta solicitar consentimiento informado y expreso a los padres de menores de 14 años para poder introducir datos personales de sus hijos. Además, el consentimiento debe ser libre, informándose de las consecuencias de no darlo. ¿Y si en una clase la mitad de los padres autoriza y la otra mitad no?  ¿Qué clima se crearía en esa clase? ¿Qué pasa si solamente hay un niño que no es autorizado por sus padres? ¿Alguien ha pensado en todo esto? Hay que tener en cuenta que hay dos consentimientos informados que deberían estar presentes, uno antes de que cualquier profesor meta nombres y apellidos de los niños en su cuenta de profesor, y otro para descargarse la app en el móvil y crear una cuenta de estudiante o de padre. Son cosas diferentes. Además, los términos de uso y privacidad, a día de hoy (marzo de 2019), están en inglés. ¿Comprende la gente lo que está aceptando? Sí, una empresa que opera en colegios públicos españoles tiene sus términos de uso en inglés.

– Esta plataforma podría atentar contra la soberanía educativa de los países al tratarse de una empresa con vocación de monopolio como Facebook, Google y demás, una empresa radicada en el extranjero que tendría capacidad para proponer contenidos a los profesores a nivel global (por ejemplo, ejercicios de “mindfulness”). No he encontrado desde el Ministerio de Educación o desde las diferentes Comunidades Autónomas ninguna directriz en este sentido. Parece que, como en el caso de los patinetes y la movilidad urbana, las empresas tecnológicas en lugar de pedir permiso primero actúan y después la Administración reacciona, a rebufo de lo que estas organizaciones van imponiendo por “moda” o a través de campañas de marketing.

– “Cuando un servicio es gratis, el producto eres tú”. Esto que parece obvio debería hacernos reflexionar sobre la gratuidad del “servicio”. Ahora mismo esta empresa ofrece el producto porque está en fase de expansión y le interesa estar en el mayor número de colegios posibles. Pero, lo importante, son los datos que obtiene de los niños y de sus familias. Se dice que el Big Data es el nuevo oro negro pero parece que a nadie le importa que se estén regalando datos de menores sin ningún tipo de reflexión previa o debate público y político.

– Esta App tiene varias dimensiones: la del control del comportamiento en clase y, por otro lado, la de comunicación y mensajería del profesor con las familias en una especie de red social escolar donde se comparten también imágenes. En este aspecto, me preocupa que las familias estén dando al botón de “aceptar” sin entender bien que están aceptando. ¿Puede la App decirle al personal del colegio el tiempo total que han estado conectados los padres? De esa información se podría inferir el nivel de implicación de cada familia. Eso parece indicar esta madre en los comentarios de un artículo sobre la política de privacidad de Class Dojo. Y en otro orden de cosas, ¿tiene esta empresa acceso a los sensores de los teléfonos “inteligentes” como micrófono y demás? ¿Qué capta la herramienta para medir el “ruido” de la clase? Recientemente la app de LaLiga se ha visto involucrada en un escándalo porque encendía los micrófonos de los usuarios para espiar a los bares en los que se estaba viendo el fútbol y saber si ese local, por la ubicación y la captura de sonido, tenía derechos de emisión del partido o no. Esto demuestra que las apps tienen determinados riesgos y nos vemos en manos de terceros a la hora de confiar en que actúen con ética respecto a lo que les hemos autorizado a hacer con nuestro teléfono.

– La dimensión de red social de la app parece enseñar a los niños a que lo que no se fotografía y no se sube para visualización de los demás no existe. Esto es una idea falsa, hay mucho trabajo no visible que es sumamente importante, más allá del ego y el narcisismo que favorecen estas herramientas.

– El tema del avatar recuerda demasiado a los videojuegos. No entiendo a qué “juega” la educación hoy en día con los niños. Me paso el día diciéndoles que los videojuegos crean adicción y sustituyen experiencias reales importantes y después el colegio fomenta el tema con la “gamificación” del comportamiento y la creación de avatares o alter egos digitales ficticios (ojo, en el libro de Nicholas Kardaras “Glow Kids” se dice que los avatares podrían tener implicaciones en el plano psicológico también). Luego nos quejaremos de que hay centros de apuestas y recreativos cerca de los colegios…

– Sobre el tema de la “competencia digital” me preocupa que bajo este epígrafe todo valga, cualquier cosa que hagan los niños con pantallas digitales u ordenadores entraría dentro de esta categoría. Yo incluso pongo en cuestión que los niños menores de 14 años tengan que tener cualquier tipo de competencia digital. ¿Es que acaso les damos calculadoras cuando están aprendiendo a sumar y restar? No, primero aprenden con papel y lápiz. ¿Es que acaso aprenden a escribir en ordenador? No, primero con caligrafía. En fin, que una vez más la sociedad pierde el norte. Nicholas Kardaras recomienda que no se proporcione ordenadores en las escuelas a niños menores de 10-12 años y me parece bastante prudente. La competencia digital en educación debería ir orientada a la búsqueda de información y a saber usarla con sentido crítico para investigar o reflexionar. Me temo que no será el caso ya que las empresas tecnológicas y sus intereses cortoplacistas son las que están marcando el camino a seguir.

– No sabemos cómo será el mundo que les tocará vivir a nuestros hijos y cómo se usará la información recolectada sobre su comportamiento. Esto ahora es ciencia ficción pero, ¿se les podrá pedir su informe global de Class Dojo en alguna institución del futuro? ¿Les afectará para buscar trabajo? ¿Se podrá perfilar su personalidad o alguna información sobre su salud física o psicológica (recordemos que tiene una herramienta de control de “asistencia”)? ¿Y si los datos se vuelven en su contra en algún momento? ¿Sería justo? ClassDojo dice algo así como que borran los perfiles de estudiantes que no han sido activamente guardados por sus padres al año pero esto no queda muy claro ya que, como hemos dicho, la política de privacidad y los términos de uso están en inglés. La pregunta del millón sigue en el aire… ¿Y si un padre no ha creado un perfil a su hijo y ni siquiera a dado autorización pero los puntos de su hijo están vinculados a la cuenta de un profesor? ¿Se borrarían también al año o cuando el profesor borre su cuenta al cabo del tiempo?

– La convivencia en los colegios está reflejada, al menos en Madrid, en el decreto 15/2007, en el Plan de Convivencia. Allí se habla de faltas y sus consecuencias, pero no se habla de premiar el buen comportamiento con puntos positivos. Las faltas leves y las diferentes sanciones a su vez no se sabe muy bien cómo son compatibles con los puntos de ClassDojo. En cualquier caso, los colegios deberían informar a los padres sobre qué conductas están siendo premiadas y cuáles son los premios que están recibiendo sus hijos. ¿Puede ser un premio legítimo llevarse un libro a casa? ¿No se supone que la escuela quiere fomentar la lectura y quizás el que más necesita llevarse el libro es el que menos puntos tiene? De nuevo parece que nos movemos en la improvisación sin tener en cuenta las posibles consecuencias pedagógicas. Me da miedo que los premios de Class Dojo en realidad enseñen a los niños a normalizar los privilegios y la discriminación. Por ejemplo, todos se supone que somos iguales ante la ley, no hay mejores y peores ciudadanos con acceso a mejores o peores servicios. ¿Te imaginas que por tu buena posición en tu ranking social tuvieras acceso a mejores médicos de la seguridad social que otros?

– El control del comportamiento en clase con ClassDojo se parece demasiado al crédito social que se va a implantar de forma obligatoria en China en 2020 para todos los ciudadanos adultos. Por eso, como dice Laura Pinkerton, enseña a los niños a que se acostumbren a un clima de vigilancia total, sin intimidad, y a vivir en un estado policial. Si nos parece mal el sistema que se va a implantar en China y nos parece totalitario, ¿no es más grave que se promueva en niños?

En cualquier caso, se trata de una plataforma controvertida que ha sido muy criticada en medios de comunicación de todo tipo. Reflexionemos y apliquemos un principio de cautela a la hora de implementar este tipo de plataformas sobre menores de edad.

En castellano:
Directrices sobre ClassDojo en la Generalitad de Valencia:
-“La Consejería de Educación, Investigación, Cultura y Deporte envía una nota a los centros educativos firmada digitalmente por el Director General de Centros y Personal Docente , Joaquín Carrión, informando sobre la prohibición de ceder datos de alumnado, así como la no existencia de acuerdos ni autorizaciones de cesión de datos a empresas. Podéis consultar la nota en el siguiente enlace”.
– Resolución de 28 de junio de 2018, de la Subsecretaría de la Conselleria de Educación, Investigación, Cultura y Deporte, por la que se dictan instrucciones para el cumplimiento de la normativa de protección de datos en los centros educativos de titularidad de la Generalitat: www.dogv.gva.es/datos/2018/12/03/pdf/2018_11040.pdf
En inglés:

 

Artículo de revistas científicas:

Decoding ClassDojo: psycho-policy, social-emotional learning and persuasive educational technologies

The datafication of discipline: ClassDojo, surveillance and a performative classroom culture

T. Ayllon & N.H. Azrin : The Token Economy: a motivational system for therapy and rehabilitation. New York: Appleton-Century-Crofts, 1968.

Decoding ClassDojo: psycho-policy, social-emotional learning and persuasive educational technologies

“Won’t Somebody Think of the Children?”Examining COPPA Compliance at Scalesium.org

Sobre el marketing de estas aplicaciones que usan a profesores como “embajadores” de su marca:

Examining the New Phenomenon of Teachers as Brand Ambassadors

 

Relacionado:

http://algoquedaquedecir.blogspot.com/2017/11/raices-gestion-educativa-madrid.html

Blog Conlaveniaseñorias – Interés legítimo

 

Bibliografía:

– Ben Williamson: Big Data en educación

– Alfie Kohn: Motivar sin premios ni castigos

– Kazdin: The token economy

– Rachel Botsman: Who can you trust?

Mental Health Law: Major Issues

– David B. Wexler: Token and Taboo: Behavior Modification, TokenEconomies, and the Law

Anita Woolfolk: Psicología educativa

– Screen Schooled: Joe Clement and Matt Miles

– Nicholas Kardaras: Glow Kids: How Screen Addiction Is Hijacking Our Kids

– Anthony Cody: The Educator And The Oligarch

 

 

Antinatalismos

Primero nos dijeron que tener más de dos hijos iba contra los intereses nacionales de la primera potencia mundial.

Después, nos dijeron que contaminábamos el medio ambiente.

Ahora nos dicen que los robots y la automatización nos sustituirán y que sobramos.

¿Qué será lo siguiente?

Microantinatalismos

Cada vez que alguien, cuando se entera de que tienes tres hijos, te dice:

  • Pero ya te cortas la coleta, ¿no?
  • ¡Estás loca!
  • Tú eres del Opus, ¿no?
  • Ya no tendrás más, ¿verdad?

Sí, podríamos llamarlo “microantinatalismo”.

La importancia del sentido

Hace tiempo que veo, en muchos y variados aspectos de la vida y de la sociedad, un mismo patrón. Como si de un automatismo o un algoritmo se tratara, las nociones de libertad han pasado a un segundo plano y han sido sustituidas por las de control. Lo podemos ver en temas de privacidad, lo vemos en el feminismo, lo vemos en el mundo escolar, en eso que llamaban “derecha” e “izquierda”… Una primera visión podría llevarnos a pensar que la sociedad se ha vuelto loca y que hasta la ciencia va como pollo sin cabeza. ¿Hay alguien ahí dirigiendo el barco? ¿Hay piloto? ¿Es visible? ¿Está oculto? ¿Es la estrategia del caos controlado?

La filosofía ha sido sepultada por las ingenierías, los tecnócratas. A nadie le preocupan los problemas existenciales de la tecnología. Sin embargo, la sacrosanta “innovación” y su acompañante “desarrollo” no son jamás cuestionados. Nadie habla de la dimensión política del asunto, que se nos impone como en una especie de dictadura sin opción a réplica. Es decir, las cosas van a cambiar, no puedes hacer nada, hay que adaptarse a esos cambios y lo único que puedes hacer es aceptarlo con buenas dósis de indefensión aprendida y sumarte al carro. Ninguna voz discordante, ninguna crítica. Todo está bien.

Sin embargo, están pasando cosas. En esta obsesión por el control total sin ningún tipo de sombras o incertidumbres hay, de forma paradójica, riesgos que nadie quiere ver. El otro día volví a tener conexión a internet en casa, después de un largo periodo de ayuno, renuncia y autolimitación en estos temas. Y cual fue mi sorpresa cuando me dijo el técnico que el teléfono de toda la vida tenía los días contados, que ahora si apagaba el router me quedaría sin línea telefónica y no podría llamar. No hay vuelta atrás, me dijo algo de una directiva europea que entrará en vigor en el año tal, tal, tal… ¿Alguien ha pensado las implicaciones que tiene esto? Hablamos de líneas de teléfono “idiotas”” con décadas de uso, amortizadas… Ahora el teléfono dependerá siempre del router, de la conexión eléctrica y la voz se transformará en datos y vaya usted a saber (porque nadie me lo ha explicado). Son hechos consumados. No podemos hacer nada al respecto. Nadie parece haber hecho un estudio con un balance de los riesgos y beneficios del cambio (más allá del cortoplacismo de las ganacias económicas inmediatas de inversores varios). Por supuesto, del hipotético debate público sobre el tema ni hablamos. Alguien más listo que yo sabe lo que está haciendo. Me rindo a los tecnócratas.

Como un mantra parece repetirse una especie de slogan: ¡Usa la tecnología! Da igual para qué o cómo. ¡Úsala! ¡Innova! ¿Ciudades inteligentes? ¿Neveras inteligentes? Da igual si en realidad son Smart Guettos o Neveras Espías equipadas con chips o sensores que registren todos tus movimientos al servicio de un poder que juega a ser Dios, omnisciente y omnipotente. Da igual si ese poder llega a estar en manos de un dictador que dispondrá de toda esa información a su servicio, da igual si será muy difícil rebelarse contra él porque cualquier conato de revuelta podrá ser abortado antes de nacer, evitado con sobornos o previsto con un algoritmo. Da lo mismo, ya no hay dictaduras en occidente, como me dijo un adolescente fanático de las TICs. Esas cosas pasan en otros países, no pueden pasar aquí.

Todo es eficiente, todo es cómodo. Lo será aún más cuando nos implantemos el chip de forma “voluntaria” para trabajar, para comprar y vender o sea inyectado en reclusos, emigrantes ilegales, maltratadores con órdenes de alejamiento, niños, viejos con demencia, cadáveres… Sí, como ganado, ganado humano. Trazabilidad absoluta de todo objeto fabricado, de todo ser humano, desde el nacimiento hasta la muerte. Inocentes y culpables por igual. ¿Y tanto afán de control usando herramientas en el fondo tan vulnerables y frágiles? Sin duda es toda una paradoja inquietante.

Da igual que terminar con el dinero en efectivo, anónimo, permita establecer un corralito digital. Da igual que el voto electrónico permita establecer un pucherazo digital. Como pollo sin cabeza, sin un motivo, sin un por qué, sin plantearnos si había algo malo con lo antiguo. Y los que lo criticamos somos gente del pleistoceno que se niega a vivir en el siglo XXI.

El énfasis está puesto, como es lógico, en lo cuantitativo (el número de visitas, de enlaces, de visionados, de votos, las puntuaciones, los rankings, las notas) que es lo que nutre a “los datos”. En el cole lo importante es poner a los niños delante de una pantalla digital, da igual el para qué o el por qué. Enseñarles robótica para que “creen” cosas. Nadie se plantea qué sociedad queremos y si esas herramientas van dirigidas a dar respuesta a problemas reales o a crear nuevos problemas en un bucle sin fin. El sentido común ha muerto, es analógico.

Sin embargo, por lógica, cabría pensar que el análisis cualitativo es básico en los tiempos actuales, algo que los robots todavía no son capaces de hacer muy bien, ya que esa es la magia de lo humano y de lo vivo, la intuición, ese no se qué, lo que se escapa a la racionalidad misma o que es otro tipo de inteligencia.

Nadie está haciendo las preguntas pertinentes. Repito: para qué, por qué. ¿Crear bebés a partir de dos óvulos? Para qué, por qué. ¿Úteros artificiales? ¿Seres humanos transgénicos? ¿Es una necesidad básica de la humanidad? Hay límites, no se debe ni se puede investigar todo. Hace falta un principio de cautela y una moratoria. Hace falta reflexionar, hacer un análisis de riesgos-beneficios antes de la implantación de estas medidas. Hay que ver si responden a los intereses cortoplacistas particulares de cuatro listos en el poder o nos benefician a todos. Hay que cuestionar con el pensamiento crítico cada vez que alguien nos habla de “adaptarse a un mundo cambiante”. No siempre hay que innovar, no hace falta, es innecesario o nocivo. Quizás las herramientas clásicas ya tenían la respuesta al problema. Es decir, la televisión “inteligente” solamente sirve para que los productores tengan un control exacto sobre las audiencias (algo con lo que siempre soñaron), pero no tiene apenas ningún beneficio para el televidente, si es que la tele tiene algún beneficio. No hay ningún beneficio en que cada vez que vayas a la piscina pública quede un registro a través del RFID que han puesto en tu carnet. El servicio de ir a nadar a esa piscina ya te lo podían dar con un carnet “tonto” de toda la vida. Y si de algún “cambio” se trata, será para empeorar el servicio y despedir a más trabajadores en nombre de la “Eficiencia”.

No es un problema tecnológico que mi calle esté sucia, muy sucia. Es un problema que se debe a que donde antes había tres turnos de limpieza ahora hay uno. Recortes, despidos, cesiones de trabajadores… No es un problema de participación ciudadana que se solucione con un voto electrónico. Si el problema se quisiera solucionar tan sólo habría que volver a los tres turnos de limpieza anteriores. ¡Ah! Que no hay dinero. Que hay que contentarse con proponerlo al ayuntamiento a ver si suena la flauta y otros votan tu propuesta, que competirá con otras necesidades básicas en otros ámbitos. Todo muy de izquierdas, de izquierda neoliberal. O vaya usted a saber. Será que eso significa “adaptarse a los cambios”.

Nos toca una dura batalla de las ideas en este tema. Para empezar en el campo de la privacidad y la protección de datos. No somos ganado humano, somos seres libres que no tienen por qué ser vigilados en todo momento. Si el servicio me lo puedes dar sin rastrearme, no deberías rastrearme. En segundo lugar, hay que tener muy claro que hay que luchar contra la inversión de la carga de la prueba. Es decir, todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Con lo cual, no soy sospechoso de nada hasta que tengas algún indicio delictivo y, después, debes pedir una orden judicial. Sí, una orden judicial para escuchar mis conversaciones, seguir mi trayectoria por GPS o mis hábitos. Ahora mismo nos espían con nuestro consentimiento poco informado y poco reflexionado.

Como dice Byung Chul-Han, hay que reivindicar frente a tanta supuesta “inteligencia”, lo idiota. Porque tu móvil será muy “smart” pero tú te has vuelto tonto, muy tonto.

En referencia al debate público que debe existir sobre estas cuestiones hay que tener en cuenta que, como ya viene siendo un clásico en la manera de implementar estos supuestos progresos, siempre hay una estrategia de poli bueno y poli malo. Por ejemplo, siempre habrá el típico sociólogo que te hable en contra de las Smart Cities, pero claro, siempre hablará del posible “buen uso” de esas tecnologías, que se pueden usar para “el bien común”,  jamás dirá que hay algunas innovaciones nocivas que hay que rechazar de plano o con una enmienda a la totalidad. Es decir, siempre está el supuesto “crítico” que al final defiende lo mismo que los apologetas con ciertos límites. Es como cuando hablan de vientres de alquiler “altruistas” entre amigos o familiares. En este caso el papel del “poli bueno” viene a ser el de suavizar el shock y transitar hacia una implementación gradual de lo mismo que estaba defendiendo el “poli malo”.

El rechazo al cambio impuesto por los tecnócratas capitalistas, de derechas o de izquierdas, se puede argumentar desde algo tan sencillo como: “Lo siento, prefiero ser libre a ser eficiente”. Eso conlleva rechazar comodidades, ya que estos cambios se están implementando a base de sobornos y regalos envenenados, en los que voluntariamente estamos regalando nuestra libertad. Se trata de un proceso similar al que usan los camellos cuando regalan una dosis gratuita de droga para que te hagas adicto y puedan cobrárselo con creces después.

¿Y tú me preguntas por qué ya no escribo?

Relacionado:

– Bernard Benhamou, autor del concepto de “silencio de los chips”: http://www.netgouvernance.org/esprit-espa.pdf

– La piedra angular del internet de las cosas: https://www.abogacia.es/2015/02/16/la-piedra-angular-del-internet-de-las-cosas/

– Más sobre el concepto de “silencio de los chips”, el que una persona pueda decidir desconectarse y que las redes de sensores dejen de capturar y monitorizar sus actividades, en el libro “Data Protection and Privacy”

– Sobre el programa de gamificación conductista del comportamiento ciudadano que entrará en vigor en China en 2020: https://www.abc.net.au/news/2018-09-18/china-social-credit-a-model-citizen-in-a-digital-dictatorship/10200278

– Nicholas Carr: “la tecnología influencia cómo funcionan nuestras mentes”

– Los “survivalistas” millonarios de Sillicon Valley y el colapso de la confianza en el sistema: “The fears vary, but many worry that, as artificial intelligence takes away a growing share of jobs, there will be a backlash against Silicon Valley, America’s second-highest concentration of wealth. (Southwestern Connecticut is first.) “I’ve heard this theme from a bunch of people,” Hoffman said. “Is the country going to turn against the wealthy? Is it going to turn against technological innovation? Is it going to turn into civil disorder?”” y ““Our food supply is dependent on G.P.S., logistics, and weather forecasting,” he said, “and those systems are generally dependent on the Internet, and the Internet is dependent on D.N.S.”—the system that manages domain names. “Go risk factor by risk factor by risk factor, acknowledging that there are many you don’t even know about, and you ask, ‘What’s the chance of this breaking in the next decade?’ Or invert it: ‘What’s the chance that nothing breaks in fifty years?’ ” : https://www.newyorker.com/magazine/2017/01/30/doomsday-prep-for-the-super-rich  

 

 

Documental “El silencio de los pandas”

Documental sobre la ong WWF, fundada por Bernardo de Lippe-Biesterfeld (príncipe de los Países Bajos y creador del Club Bilderberg), el Príncipe Felipe Duque de Edimburgo (marido de la actual reina de Inglaterra) y Julian Huxley (Director general de la Unesco y hermano mayor de Aldous Huxley):

Le silence des pandas (ce que le WWF ne dit pas) – HQ from Deep Green Resistance France on Vimeo.

Bibliografía relacionada:

Horrores cotidianos

Hace unos años, cuando mi hijo estaba en la guardería, presencié uno de esos momentos reveladores, que dicen más que cien libros de psicología o ingeniería social. Era durante una etapa del curso en la que se nos invitaba a los padres a asistir a un día de clase a contar un cuento o proponer cualquier otra actividad (un ejemplo del cambio de paradigma actual, de la “pasividad” hacia la “participación” controlada que vemos en todas las facetas de lo político). El día que fui pude vivir, de alguna forma, lo que era un día de guardería, salvando todas las distancias.

Nos sentamos en círculo (o más bien nos sentaron) y lo llamaron “asamblea” (cualquier parecido es pura coincidencia…) pero lo peor estaba por llegar. Un detalle inadvertido. Un niño llegó tarde, más tarde de la hora oficial de llegada. Por cierto, la que llegó tarde fue su madre, obviamente, no el niño. La profesora de apoyo le dijo que se sentara en el círculo. El niño dijo que quería beber agua (los niños tenían su propio vaso y se supone que bebían cuando querían). La profesora le dijo que no, que no podía porque “no era el momento”, era el momento de la “asamblea”. El niño se sentó.

Yo no entendía nada y sin embargo no pude articular palabra. Hoy ha vuelto ese momento a mi cabeza. ¿Cómo es posible que no se pueda beber cuando uno tiene sed simplemente porque “no es el momento”? ¿Acaso molestaba a alguien? No, pero debía aprender a obedecer y reprimir todo impulso humano natural, sano y que ni siquiera afectaba a los demás, como la sed. Eso es el curriculum oculto. Tan oculto como mi silencio y pasividad.

Curiosamente, en la facultad podíamos beber agua en clase y mucha gente se llevaba su propia botella. Allí ya no había normas absurdas, ya llevábamos años de curriculums ocultos y ya no hacía falta prohibir beber a determinadas horas o en determinadas tareas. Esa parte de la domesticación ya la habíamos aprobado y ahora tocaba aprender otra lección, en este caso de degradación personal y de aceptación de la mediocridad como algo normal.

Otro momento, un año después.

Voy a buscar a mi hijo a las 12.30 al colegio. Esta vez no se queda en el comedor porque vamos al médico. Veo pasar a una fila de niños con miradas tristes agarrados unos detrás de otros por las camisetas en una especie de trenecito sin ninguna energía vital. Van a comer. Es humillante, aunque nadie parece verlo. Me dan ganas de gritarlo a los cuatro vientos. Callo. Las camisetas se van estirando y acortando según los pasos entre los niños son cortos o rápidos. ¿Es necesario toda esta escenificación? Seguramente es eficiente y se ahorra tiempo, pero parecen ganado industrial…

Cuanto más protestas, peor. Más se refina el sistema. Cuanto más protestas, más te proponen para cargos políticos internos. ¿Quieres una escuela diferente? Ten cuidado de lo que sueñas, puede que se convierta en realidad. De la escuela fordista pasaremos a la escuela toyotista, flexible, creativa, ecologista, sostenible… Porque como con el parto y la lactancia, ya no se puede destruir más y se intentan recuperar parcelas como reservas naturales en medio del colapso.

Si el Kindergarten era un jardín en el que el profesor experto era el jardinero y los niños las flores (el ganado), en la escuela ecologista estatal se obligará a plantar en el huerto, seguramente en preparación de la época pospetrolera y neofeudal y neoesclavista. Supongo que quieren que las nuevas generaciones vayan haciéndose a cultivar huertos estatales, a cultivar para los dirigentes, para los expertos, para los déspotas que siempre saben más que los demás. Pobrecitos de nosotros, siempre sin rumbo, siempre con tanta necesidad de estimulación e intervención a la hora de aprender a ser y existir. Y yo, colaboro con todo ello.

Sueño con la desescolarización, pero no es posible vivir con un sueldo. Y no, no mencionemos el típico discurso del empoderamiento, del emprendimiento, de que toda madre que lo desee puede montar su propio negocio y trabajar y criar en casa a sus hijos. Eso es falso, eso es el sueño americano, tan falso y podrido como todo lo demás. Lo consigue una persona, vendiendo su alma al mejor postor, y cien se quedan por el camino.

¿Hay salida? Si la hay, no será televisada, ni facebookeada, ni retuiteada. Mucho menos estará escrita con letras digitales en un blog. La única salida posible, por ahora, es la libertad de la conciencia.

Buenas noches y buen silencio.

Relacionado:

Momentos de lactancia del siglo III a.C.

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Una de las piezas más emblemáticas de la Serreta  es  la  conocida  terracota  comúnmente  conocida como el grupo de la Diosa Madre (Fig. 13). Aunque tradicionalmente  se  asocia  al  santuario,  se  encontró en la habitación que nos ocupa. Se trata de una plaqueta de arcilla rojiza modelada a mano de 18’2 cm de anchura y 16’7 de altura que muestra un grupo de personajes  en  tamaños  y  actitudes  diversas  y  que están realizados a partir de un modelado manual de la arcilla de forma esquemática. Preside la escena una gran figura femenina central incompleta, pues carece de la cabeza, y que acoge en su seno a dos niños pequeños a los que amamanta. Dentro del esquematismo de la representación es posible apreciar un gran manto o velo que cae de la cabeza y que acogería a las figuras lactantes, aunque es difícil distinguir los brazos del pliegue del vestido. Sin embargo, numerosos paralelos apoyan esta función del mostrarse y simultáneamente  acoger,  que  es  protección  bajo  el manto  divino.  Por  ejemplo,  el  mismo  motivo  y  esquema  de  representación,  la  acogida  bajo  el  manto a  dos  lactantes  aparece  en  la  escultura  de  la  diosa nutricia  de  Megara  Hyblaea  (Fig.  14) 36 .  Está sentada en un trono que constituye la parte trasera de la pieza. Esta figura central se acompaña de sendas parejas de mujeres e infantes de proporciones menores a las de la señora sentada, en sus laterales. Los rostros se realizan con un simple pellizco de arcilla en el que individualizan algunos rasgos, como los bucles del cabello que penden de ambos lados de la cabeza. La figura de la derecha acoge a la figura infantil con el brazo derecho posado sobre el hombro –un gesto familiar— mientras que con el izquierdo toca el regazo de la figura central o el mismo trono, como también aproxima su brazo a la figura sedente la figura infantil. Por su parte, las figuras de la izquierda tocan el diaulós  que dan sentido singular a una escena envuelta en el entorno de la música 37 . Entre estas figuras y el personaje central aparece una paloma. Una segunda paloma se situaría probablemente en el espacio simé- trico del trono, a la izquierda. La  pieza  tiene  una  base  plana  y  un  reverso  liso con un agujero central debido a las necesidades técnicas  de  fabricación.  Presenta,  por  tanto,  una  única cara decorada, para ser mostrada de frente 38  sobre una pequeña  peana  o  bien  en  una  hornacina.

Tomado de “LA HABITACIÓN SAGRADA DE LA CIUDAD IBÉRICA DE LA SERRETA” de Ignacio Grau, Ricardo Olmos y Alicia Perea: http://aespa.revistas.csic.es/index.php/aespa/article/viewFile/38/38

La domesticación humana en curso

Hoy me quedo reflexionando con fragmentos de este texto de Tomislav Markus, una reseña sobre la obra de Paul Sheperd:

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“Shepard ha criticado afirmaciones comunes sobre la domesticación humana, porque los seres humanos no han sido sujetos a la selección sexual, como los animales domésticos. Los humanos son tan salvajes como sus ancestros del pleistoceno, hace 10.000 años.”

Y yo pienso: “Mmm… ¿Seguro?” Hoy en día la reproducción artificial (perdón, “asistida”…) en humanos está en alza y, con ella, la selección genética de los vendedores de gametos (perdón, “donantes”) que se pueden encontrar en catálogos humanos como los llamados bancos de semen y de óvulos. Además, los sumos sacerdotes-médicos son los que crean muchos más embriones de los que realmente se necesitan para seleccionar, según sus criterios, a los más aptos y desechar a los demás. Los “sobrantes” (¡Qué clase de vocabulario es ese!) permanecerán congelados o vitrificados hasta nuevo aviso. Es decir, la domesticación humana ya está en esa fase, que no será por supuesto la última. Los niños no son fruto del azar sino que, dependiendo de cada técnica de reproducción artificial, hay un mayor control externo y experto.

“Shepard tenía una visión muy negativa de los animales domésticos. Son degenerados, monstruos lisiados, porque su genoma salvaje fue cambiado bajo control humano, algo no visto durante billones de años de evolución. Son caricaturas miserables y no pueden ser verdaderos substitutos de las especies salvajes. Como los seres humanos civilizados, los animales domésticos pierden la conexión con su hábitat natural y la posibilidad de una maduración normal. Los animales aislados de su contexto natural están muertos ecológicamente. Los animales domésticos tienen muchos defectos en comparación con sus primos salvajes: cerebro más pequeño, desviación en muchos órganos, un olfato, visión y oído más débil, una maduración más larga, etcétera. Los animales domésticos son esclavos humanos que distraen nuestra atención de las especies salvajes. Los Zoos y las mascotas pueden dar satisfacción a los humanos civilizados por la pauperidad de sus vidas. Los Zoos, como las prisiones, se convierten en refugios para los animales cuyos hábitats han sido devastados. Los humanos no quieren admitir que los animales domésticos son sus esclavos y que están degenerados porque les recuerdan su antigua vida salvaje. Los humanos son más insanos que sus mascotas porque no están alterados geneticamente a través de un proceso de domesticación. Los extremos en las actitudes de los humanos modernos hacia los animales domésticos – del amor profundo al abuso cruel – son síntomas de nuestra decepción profunda con su incapacidad para reconectarnos con nuestro pasado genético salvaje”.

Relacionado:

“La salud del bulldog no mejorará: su genética ha llegado a un punto de no retorno”: http://es.gizmodo.com/la-salud-del-bulldog-no-mejorara-su-genetica-ha-llegad-1784510808

La vida no domesticada tiene riesgos

Fragmento del libro “La procreación artificial” de Jacques Testart

Fragmento del libro “The Mother Machine” de Gena Corea (1985)

Cuando un congreso feminista se opuso a la ingeniería reproductiva y genética en 1985…

Fragmentos del libro “El útero artificial” de Henri Atlan

John Zerzan, sobre modernidad y la tecnoesfera (2008)

No tengo tiempo para traducirlo, lo escucho mientras hago otras cosas, pero si alguien sabe inglés, es un video muy recomendable:

Sobre el minuto 24 del video he tomado estas notas no literales:

“Es el giro hacia el control, es el giro a colonizar y diseñar la naturaleza, lo que Jared Diamond llamó “el peor error de la especie humana” y va hasta la nanotecnología y la clonación. Es la misma lógica. Paul Shepard dijo que el primer paso hacia la agricultura te lleva a la ingeniería genética. Lo veía como una lógica interna.
(…) En “El Malestar de la Cultura”, Freud habla también de la domesticación del ser humano por la civilización y la consiguiente neurosis, pero que, según él, ese era el precio que había que pagar, que también gracias a eso tenías el Arte, etcétera… Pero también dijo que la domesticación, al igual que cuando domesticas un caballo, deja una herida que no cura, con la que tienes que vivir…”

Reflexión mía: creo que muchas de las características y cosmovisión que Zerzan y Shepard atribuyen al hombre antes de las grandes domesticaciones son válidas hasta la revolución industrial. ¿Por qué? Porque al menos en la península la gente conservó muchos elementos de esa vida de cazadores y recolectores a pesar de cultivar y tener animales domesticados. Mi abuelo mismo cazaba pequeños animales y recolectaba plantas silvestres en su pueblo, además, de cultivar la tierra. Por tanto, es erróneo su punto de vista rupturista entre la prehistoria y la Historia, entre el paleolítico y el neolítico, ya que en realidad habría que verlo como un continuum. La gran ruptura, la de verdad, fue la emigración a la ciudad y la vida industrializada.

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No estamos adaptados a vivir en este ambiente