Reflexiones a una semana de reincorporarme al mundo laboral asalariado.

Desde el Poder, en todas las épocas, se ha decidido si se desea fomentar la natalidad o reducirla, si las mujeres debemos ir a la fábrica o quedarnos en casa, si debemos tener muchos hijos, pocos o ninguno. Y el Poder ha intentado manipular nuestra vida de muchas formas: premios, castigos, subvenciones, impuestos, desgravaciones fiscales…

Premio Nacional de Natalidad de 1969 a la familia Ojeda Artiles

Hoy en día, existe una ayuda estatal para la madre asalariada que consiste en una desgravación de 100 euros al mes. Por otro lado, el cheque guardería para el curso 2013-1014 será de 100-160 euros mensuales según los ingresos.

Sin embargo, no hay ninguna ayuda para las madres o los padres que quieren tomarse una excedencia. ¿Por qué el Estado subvenciona la reincorporación al trabajo asalariado y no otorga la misma cantidad si decides cuidar de tu hijo tú misma? ¿Por qué no se abonan esos 200 euros directamente a las madres y padres para que ellos decidan cómo lo quieren gastar, si en una guardería, con los abuelos, un canguro o en casa?

Y mientras reflexionaba sobre este tema, me he topado con varias noticias sobre la subida de tasas de las guarderías que me han dejado bastante sorprendida:

“Desde la Junta de portavoces de la Plataforma Educación Infantil Pública, Carmen Ferrero, su presidenta, está muy preocupada por la subida (de entre 30 y 90 euros por niño): “Es gravísimo, muchas parejas van a tener que sacar a sus hijos de la pública. La Comunidad pretende que la mujer se quede de nuevo en casa, como antaño”.”

Carmen Ferrero piensa como yo, que el poder político influye en las decisiones personales. Sin embargo, yo discrepo en algo. Los niños no necesitan ir a la guardería, lo necesitan, si acaso, sus padres y sus circunstancias económicas. Y el hecho de no poder llevar a la guardería a tu hijo no es gravísimo, de hecho, lo mismo hasta es más feliz.

Lo que sí es grave es que en este sistema no haya opciones ni libertad y sean necesarios dos sueldos para llegar a fin de mes. Hasta ahora, al sistema le convenía que las madres siguiéramos dentro del mundo asalariado produciendo, consumiendo y endeudándonos junto a nuestros compañeros. Con la crisis esto ha cambiado y no es que favorezcan que las madres se queden “en casa, como antaño”, sino que retiran parte del apoyo económico a las guarderías, muchas de ellas concertadas, y fomentan un poquito menos que las madres nos reincorporemos cuanto antes a trabajar para otros.

La representante de Educación de CCOO, Isabel Galvín, ha afirmado que la CAM “desatiende a la infancia” y que se puede hablar incluso de una “generación perdida” porque los niños que se quedan sin educación infantil llegarán a primaria “en peores condiciones que sus compañeros”. 

Estas declaraciones todavía sorprenden más. ¿Se basa en algún estrafalario estudio científico o en pura inspiración divina? Dios mío, ¡alguien debe salvar a los pequeños que no han tenido la suerte de ir a la guardería! Bromas aparte, los niños que no van a la guardería no son una generación perdida ni llegarán a primaria en peores condiciones. Es más, aunque yo soy más bien partidaria de la desescolarización, se podría decir que en Finlandia a los 4 o 5 años menos de la mitad de los niños van a la guardería y ese país siempre está en los primeros puestos del informe PISA.

Lo de “generación perdida” es directamente un insulto a la inteligencia y al sentido común. ¿Han tenido que llegar las guarderías para salvar a los niños de sus propios padres y familiares? ¡Qué pena! El sentido común, nuestro corazón y nuestro instinto nos llevan a desear estar con nuestros bebés y cuidarlos. Lamentablemente, solo unos buenos ahorros o el salario de nuestro compañero nos permite independizarnos del mundo asalariado para poder criar a nuestras crías.

Cuando habla de “peores condiciones”, ¿a qué se refiere? Más bien es al contrario. Según el investigador Jay Belsky: “cuanto más tiempo pasan en guarderías, los niños son más agresivos y más desobedientes”. No es que la desobediencia me parezca mala, de hecho, la desobediencia contra la injusticia es el motor del cambio hacia un mundo mejor, pero sí es preocupante el aumento de la agresividad. Bueno, dado que estamos en un sistema de “sálvese quien pueda”, insolidario y competitivo, al final voy a tener que darle la razón a la señora Galvín. Efectivamente, la guardería prepara a los niños para lo que vendrá después (el cole) y para lo siguiente (el mundo asalariado), con sus horarios estrictos, su directividad, falta de imaginación, competitividad… Y dentro de ese contexto, la agresividad es un valor en alza, desde luego.

En todas estas entrevistas hablan los adultos porque los bebés mamíferos todavía no han aprendido a hablar y a dar entrevistas. A nadie parece importarles sus necesidades de amor, cariño y contacto físico, tan importantes como la alimentación o el sueño. Y de salud, ya que los niños que van a la guardería tienen el doble o triple riesgo de contraer enfermedades.

Eulàlia Torras de Beà, psiquiatra y psicoanalista, también lo tiene claro. ¿Qué necesita un bebé? : la cercanía cálida, constante y segura de sus amorosos padres.

Vuelvo al título del post. En una semana me reincorporo a tiempo parcial a mi anterior trabajo después de casi dos años. Mi hijo cumplirá los 17 meses siendo cuidado por su madre, su padre y sus abuelos. Si no tuviera la ayuda de mi suegra tendría que recurrir a una guardería, a una madre de día o replantearnos en casa la reincorporación y hacer cuentas. Si tuviera que llevarle a la guardería porque no me queda otra opción no me sentiría culpable, habría hecho lo que tenía que hacer. Pero en ningún caso me engañaría a mí misma pensando que está en el mejor de los lugares y que lo hago por él.

No creo que estemos haciendo las cosas bien. No creo en este Sistema.  Ya lo sabía antes de ser madre, pero tener un hijo me ha abierto los ojos a otras realidades que jamás me había cuestionado. El mundo mejor que muchos soñamos se construye desde la base, desde lo simple, desde el respeto a las necesidades de los bebés (las mismas desde hace miles de años), desde la empatía y desde el amor.

¿Qué se puede esperar de una organización social que no permite a los padres cuidar de sus hijos más allá de los 4 meses? Peor aún, ¿qué se puede esperar cuando los propios padres no son conscientes de su falta de libertad ni de la de sus hijos? Y mucho peor aún, ¿qué se puede esperar cuando en lugar de rebelarnos contra lo establecido nos lanzamos al autoengaño para no sufrir?

Yo no tengo clara cuál es la solución a estos dilemas. No creo que el Estado deba intervenir en la vida personal, pero no veo otra posibilidad más que alargar los permisos maternales y paternales. Esa petición tiene que partir de abajo hacia arriba, del pueblo, no de estrategas, políticos o demógrafos. Pero, primero, tenemos que enfadarnos y sentir la rabia creativa que permite que las cosas cambien.