Día 28: el miedo a la muerte

Martes, 7 de abril de 2020

En estos días estoy segura de que no soy la única que tiene altibajos emocionales, miedos y ataques de pánico seguidos de momentos de tranquilidad, días buenos o al menos de serenidad y templanza. O momentos de risas y humor negro, incluso, para ver esos memes chorras que nos llegan de una forma u otra con unos señores geniales de Ghana bailando con un ataud al ritmo de un musicón.

¿Por qué tenemos tanto miedo a la muerte? Nos da miedo la enfermedad, sufrir, que sufran nuestros familiares. Nos da miedo la incertidumbre, el sufrimiento y lo desconocido. Sin embargo, yo al menos, si hago repaso de mi vida sé que si muriera mañana puedo decir que he conocido al amor de mi vida, he sido feliz, he superado muchos obstáculos, he tenido unos hijos maravillosos y, aunque la vida podía haberme llevado por otros derroteros más peligrosos, al final esa chispa misteriosa de la existencia me llevó hasta dónde estoy ahora. Me siento bendecida por familiares y amigos maravillosos. He conocido la solidaridad y el apoyo mutuo. He vivido momentos de tristeza y crueldad también, como todo el mundo, pero los admito como parte de lo que soy y de mis experiencias. He dado vida, he parido y he visto la magia de tener un bebé recién llegado al mundo en mis brazos. Además, aunque he hecho cosas mal en muchas ocasiones en general tengo la conciencia tranquila porque creo que he podido reconocerlo y pedir perdón a tiempo. No me he quedado con ganas de decirle nada a nadie que no le haya dicho ya. No sé, hago balance y la vida me parece increible, no por méritos propios obviamente, sino por lo vivido en sí. El mundo está lleno de belleza, la naturaleza la tengo lejos pero cuando salgo de la horrible ciudad no deja de sorprenderme el milagro que supone.

No sé a vosotros, a mí todo lo bueno y lo malo de esta vida, aceptarlo como es y cómo ha sido, mis luchas y mis fracasos, el placer y el dolor, todo me ha parecido fascinante. No sé si moriré mañana o dentro de 60 años. Nunca he envidiado a los ricos ni tampoco sueño con ser transhumana ni inmortal. Quiero ver cómo otras vidas llegan para renovar la energía del mundo mientras las nuestras envejecen y se van, para darles paso. Me gusta la imperfección de la vida, lo espontáneo, lo verdadero, lo honesto. No tengo sueños de control total sobre los demás o sobre el mundo, más que nada porque la vida en el planeta Tierra tiene su propia dinámica interna y el hombre jamás logrará entenderla en su totalidad. Acepto el misterio y me rindo ante él, arrodillada.

Creo realmente que debe existir un Dios porque es tal el nivel de complejidad y a la vez de sencillez del conjunto de la realidad que sólo me cabe esa explicación. Somos fruto de tantas y tantas casualidades que, si lo pensamos, resulta estremecedor.

Así que no sé qué papel tienen los virus en toda esta película. Sé que son parte de la creación y tienen su papel en la vida, como las bacterias. De hecho, no estaríamos ninguno aquí. Otra cosa son esos experimentos maquiavélicos de creación de nuevos virus de laboratorio, por supuesto con excusas llenas de buenismo, como siempre, y salvación de la humanidad, pero esa es otra historia que si os parece dejamos para otro día…

¿Tengo miedo a la muerte? Sí, pero vivir ha merecido la pena y eso me reconforta en estos tiempos. Sé que todas las vidas que se han marchado en los últimos tiempos también han sido maravillosas y dejan un rastro de amor y recuerdos, incluso con todas sus imperfecciones, en todos sus familiares.

Así, entre duelo y duelo, sigue el hilo que nos une a toda la especie humana desde el principio de los tiempos.

Buenas noches. Mucha fuerza y ánimo.

 

 

Fragmento de “Operación Paperclip. El programa secreto de inteligencia que trajo científicos nazis a América” de Annie Jacobsen

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Pg. 371 (la traducción y la negrita es mía):

“Si el filósofo griego Heráclito está en lo cierto y la guerra es el padre de todas las cosas, entonces el programa americano de científicos nazis fue un hijo nefasto de la Segunda Guerra Mundial. La Operación Paperclip a su vez creó una gran cantidad de crías monstruosas, incluyendo Operación Bluebird, Artichoke y MKUltra. Antes de que Frank Olson se viera involucrado en los programas de la CIA de envenenamiento e interrogatorios, realizó investigación y desarrollo de diseminación en el aire de armas biológicas.

Olson había estado trabajando en el campo de investigación de armas biológicas desde 1943. Fue recrutado por el primer director de Detrick, Ira Baldwin, durante la guerra. Después de la guerra, Dr. Olson se convirtió en un científico civil en Detrick. Se unió a la División de Operaciones Especiales en 1950 y fue parte del equipo que testaba de forma encubierta cómo los agentes biológicos convertidos en armas podrían dispersarse y ser usados contra los americanos.

A finales de los años cuarenta y primeros cincuenta, Olson había viajado a través de EEUU supervisando pruebas de campo que dispersaban agentes biológicos desde aviones y fumigadoras en San Francisco, el medio oeste, y Alaska. Algunas pruebas de campo involucraban simuladores que no hacían daño alguno  y otros involucraban a peligrosos patógenos, como las sesiones del Senado más tarde revelaron. Uno de esos peligrosos experimentos fue conducido por Olson y su colega de Detrick, Norman Cournoyer. Los dos hombres fueron a Alaska y supervisaron las pulverizaciones de bacterias desde aviones para ver cómo los patógenos se dispersaban en un ambiente similar al del duro invierno ruso. “Usamos una espora,” explicó Cournoyer, “que es muy similar al anthrax, así que hasta ese punto hicimos algo que no era kosher*. Porque lo recogimos por todo Estados Unidos meses después de que hicimos los tests”. Un tercer hombre involucrado en en los tests con Cournoyer y Olson fue el Dr. Harold Batchelor, el bacteriólogo que aprendió técnicas de pulverizado desde avión del Dr. Kurt Blome, que Batchelor había consultado en Heidelberg. Olson y Batchelor también condujeron pruebas de campo encubiertas en espacios cerrados por América, incluyendo el metro y el Pentágono. Para estas pruebas, la División de Operaciones Especiales usaron un patógeno relativamente no dañino que simulaba cómo podría dispersarse un patógeno mortal. Una investigación del congreso sobre estas pruebas encubiertas las encontró “atroces” en su engaño.

Formando parte de un equipo de envenenadores encubiertos, ya sea en la tundra de Alaska o dentro de una casa de seguridad en Camp King en Alemania, el Dr. Frank Olson y sus colegas violaron el código de Nuremberg, que requiere el consentimiento informado. la gran tragedia de la vida y muerte de Frank Olson fue que su propio derecho inalienable a ser protegido del daño por su propio gobierno y su doctor fue violado por órdenes de la misma gente a la que había dedicado el trabajo de toda su vida.

Esta nueva guerra, la Guerra Fría, era ahora el padre de sus propios eventos oscuros”.

Enlaces externos:

http://www.frankolsonproject.org/Articulations/Script-CodeNameArtichoke.html

– Declaración de la familia de Frank Olson: https://web.archive.org/web/20030211052410/http://www.frankolsonproject.org/Statements/FamilyStatement2002.html#