Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 15 meses

Hace dos días que mi hijo cumplió 15 meses y quiero empezar la crónica mensual con algunas cosas curiosas que pasaron el mes pasado.

Hace unas semanas, al volver de dar el taller de danza oriental en la asociación “Enmadradas Coslada”, le pregunté si quería hacer pis antes de entrar en la Renfe poniéndole en un arbolito de la calle. Como tenía ganas, lo hizo.  Pero, después, me di cuenta de que podríamos haber hecho una “parada técnica” en Atocha, ya que, a medida que llegábamos a nuestra estación, se puso cada vez más nervioso. Yo pensé que lo que le pasaba era que estaba harto de estar en el metro pero, de repente, justo al salir al andén, se hizo pis encima y, como no llevaba cobertor impermeable, caló en el pantalón y lo noté. Ahora hace calor, así que no me preocupó demasiado, le puse en la bandolera y en casa ya le cambié de ropa.

Ese mismo día ocurrió algo diferente a lo habitual. A la hora de comer, de un momento para otro y sentado en la trona, empezó a hacer fuerza y a empujar. No lo suele hacer fuera del orinal así que esa fue la primera palabra que me vino a la mente: ¡El orinal! Lo traje y fue sentarle y hacer caca. Nos reímos bastante, la verdad.

Ayer, ya con 15 meses, volvió a ocurrir pero me avisó con mucha claridad. Estábamos en una terraza con un amigo y, de pronto, se puso como mimoso y quejoso, pidiendo que le cogiera en brazos (estaba jugando de pie entre las sillas). Quizás en otra época lo hubiese interpretado de otra forma, pero ahora me resultaba obvio que quería hacer pis o caca, más bien esto último por su cara de agobio. Intuía que tenía muy poco tiempo para encontrar un sito. Además, iba en calzoncillos así que el numerito podía ser bueno, jajaja… Rauda y veloz cogí unas servilletas con una mano y me lo llevé a un árbol. Hizo pis y caca, le limpié y tiré lo que pude con las servilletas en una papelera cercana. Pero, ¿dónde están las bolsas de plástico cuando se las necesita? Ahora siempre llevo una en el bolso, por si acaso.

La verdad es que, como nunca hace caca fuera de casa, me pilló muy desprevenida. Tendría que haber ido al baño del restaurante, cosa que hice después para limpiarle mejor y lavarme las manos, pero la inexperiencia tiene estas cosas… La próxima vez iré más preparada, tanto para limpiarle a él como para dejarlo todo como lo encontramos. No es plan de criticar a los dueños de los perros que dejan excrementos por toda la ciudad y después yo hacer lo mismo con un bebé. ¡Ay!

Supongo que es sólo una anécdota que viene a ilustrar que cada vez avisa más, aunque no hable, y que su cuerpo ha cambiado y es él el que va tomando la iniciativa cuando siente las ganas. De hecho, muchas mañanas ya no le gusta sentarse tranquilito en el orinal y simplemente hay que estar pendiente de si se pone a empujar o a avisar en algún momento imprevisible del día. Esto lo veo como algo positivo, ya que se trata de que algún día no tenga que ser yo la que le recuerde que tiene que ir al servicio.

Durante este mes he visto como sus músculos se han ido haciendo más fuertes y esto le ha dado mayor control sobre su cuerpo. Sigue gateando y, aunque todavía no anda sin mi ayuda, se queda de pie sin apoyos cada vez más y camina todo el día por las paredes y muebles que va encontrando en su camino. Veo como queda atrás una etapa y, aunque suene cursi me gusta pensar que dentro de poco estaré corriendo detrás de él. ¡Qué ganas! Sí, ya sé que será cansado pero dejadme que me flipe un poco…

Como vi que mojábamos muy pocos pañales (le llevaba sólo con el absorvente sin el cobertor impermeable), hace tres semanas me decidí a comprar unos calzoncillos y probar a ver qué tal. Me costó encontrar de su talla pero al final vi que existen unas “braguitas” que la gente usa para ponerlas por encima del pañal. Le compré la talla de 12 meses porque pensé que al usarlo sin pañal darían más talla. ¡Y qué maravilla! Me encanta verle tan fresquito. Ahora hemos comprado más calzoncillos, unos muy graciosos en una mercería de toda la vida del barrio, parecidos a los slip de abuelo, pero para niños de dos años y, aunque le quedan un poco grandes, son cómodos, mucho más cómodos que un pañal.

Ha habido días en los que hemos mojado varios calzoncillos y pantalones pero son más los días en los que puede estar todo el día con el mismo. Por si acaso, en el carrito he puesto un impermeable y encima una toalla. En el Meitai obviamente no he puesto nada pero todavía no ha habido “accidentes”. ¿Será que la posición vertical le permite más control?

Me he dado cuenta de que algunos días en los que se hace mucho pis encima es porque está con los dientes (babeando mucho, tocándose la encía), pero la mayor parte del tiempo, sobre todo si estamos fuera de casa y le voy poniendo en arbolitos, puedo mantenerle seco. No siempre es así, claro. El otro día fuimos a la piscina y, aunque me llevé el “taper-orinal”, se negó a hacerlo allí e hizo pis desnudo varias veces en el suelo. ¡Glups!

Por la noche hemos pasado una época en la que hemos usado pañales de usar y tirar y le hemos tenido que cambiar una o dos veces en mitad de la noche. Sí, lo que parecía hace tiempo algo temporal terminó siendo una especie de crisis con los pañales de tela nocturnos, con la vana esperanza de que durmiera mejor. Como podéis ver, los experimentos han seguido aunque no funcionaran, ya que los despertares han sido los mismos que con los de tela.  Y es que a veces nos cuesta entender que quizás no haya nada que podamos hacer, simplemente hay que esperar a que madure su sueño, que no necesite beber tando por la noche, tiempo…

Pero, animados por el tema de los calzoncillos y de que finalmente nuestro hijo va SIN PAÑALES por el día (y lo digo sin comillas en el “sin”, jejeje) , nos hemos lanzado a poner dos toallas encima del protector impermeable del colchón y ponerle a dormir sin nada o con el absorvente del pañal de tela. Así, algo retiene si se hace pis pero no tiene que llevar el impermeable con el calorazo que tenemos. ¡Y nos va bien! Todavía recuerdo cuando intentamos hace unos meses algo parecido y fue un desastre total…

Pareciera como si abandonar los pañales y poner calzoncillos hubiera marcado la diferencia. ¿Se los pusimos porque se mantenía seco? ¿O se mantiene seco porque usamos calzoncillos? ¿Qué fue primero? ¿El huevo o la gallina?

Termino la crónica con esta conversación que tuve el otro día en el parque con una bisabuela de 93 años. Me vio ponerle a hacer pis en un arbolillo y se puso a hablar conmigo:

– ¿Le pones a hacer pis? Yo tengo un bisnieto de dos años y medio que no quiere hacerlo. Le ponen calzoncillo, se moja y después pide el pañal. Se lo quieren quitar porque va a empezar el cole. Se hace pis encima y la madre le dice: “pues ahora te quedas mojado a ver si aprendes”…

– Sí, le pongo desde las 8 semanas. Con dos años y medio es más difícil… Pobre, primero le “enseñan” a que se lo haga encima durante toda su vida y de repente quieren que haga lo contrario de un día para otro. Es cruel eso de dejarle mojado, ¿no? ¿Usted también ponía a hacer pis a sus hijos desde pequeñitos?

– Sí, yo tuve tres. Somos de un pueblo de Ávila. Les ponía cuando les cambiaba el pañal. Bueno, pañal… Eran trozos de tela, los hacíamos con sábanas o con lo que pilláramos.

– ¿Y desde que edad les ponías a hacer pis?

– Pues desde los tres o cuatro meses.

– ¿Y les ponías también para las cacas?

– No, no tenía tiempo. Tenía que cuidar también de los animales, trabajar en el campo… Pero cuando se mojaban y les cambiaba, les ponía a hacer el pis.

– ¿Usábais también pantalones con agujero entre las piernas?

– Bueno, se lo hacía yo, un agujero para que sacaran la colilla, cuando ya andaban.

¡Qué punto encontrarse con la memoria viva de la crianza! ¿No os parece?

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 14 meses

(Este fue el primer video que vimos sobre “Comunicación de la eliminación” y el que nos animó a probarlo con 8 semanas)

Mi hijo ya tiene 14 meses y medio, ha hecho calorcito, estoy de excedencia, no hay que madrugar, vamos al parque todos los días… ¿Se puede pedir más? ¡Sí! Una noche de dormir del tirón no estaría nada mal, pero como sé que todavía no nos toca hay que llevarlo lo mejor que se pueda, con paciencia y buen humor.

El mes pasado ha sido fino con el tema del sueño. Le salieron cuatro dientes a la vez, dos de ellos muelas, y después empezamos con los mocos. Yo empecé con la alergia y, como tampoco quiero tomar antihistamínicos con la lactancia, las noches han sido especialmente difíciles, ronquido va, ronquido viene, moco va, moco viene, llanto, despertares…

Durante esta fase difícil volvimos a probar con el colecho, propusimos al papá que se fuera al salón (¡y él encantado, claro!) y Félix durmió conmigo en la cama para no tener que levantarme todo el tiempo a calmarle. Antes lo habíamos intentado los tres juntos en una cama de 1,35 y no funcionó nada bien. Esta vez, nos fue algo mejor, él se despertaba un poco y yo le “enchufaba” la teta sin tener que levantarme. Sin embargo, las toses se fueron y me daba la sensación de que se despertaba mucho más que cuando duermía en la cuna, así que volvimos a dormir así.

Por supuesto, lo de ponerle a hacer pis en sesión nocturna lo abandonamos hasta que pasó la racha de narices taponadas y muelas. Y, ¡horror! volvimos a utilizar pañales de usar y tirar por las noches. No me gustan ni para el medio ambiente ni para el bebé, pero intentar no desvelarnos era prioritario para mi salud mental y olvidarme totalmente de los pañales nos facilitaba dormir algo mejor. Al final, era un poco psicológico, ya que terminábamos cambiándole igual que con los de tela si veíamos que en mitad de la noche se había hecho pis…

No cantemos victoria pero parece que volvemos a uno o dos despertares y estos sí los puedo manejar. Eso sí, en agosto vamos a volver al famoso “método padre”, en el que es el papá el que se encarga de calmar al bebé en primera instancia. Mientras, iremos apañándonos entre los dos como podamos, probando cosas nuevas para descansar y sin lágrimas para ninguno de los tres. ¡Yo he llegado a llorar de sueño y cansancio!

Este último mes han pasado cosas muy bonitas respecto a la HNB. Por ejemplo, después de un período de poca sintonía en cuanto a saber cuándo necesitaba hacer pis y caca, de repente, durante un fin de semana en el que pasó mucho tiempo con el papá, les fue fenomenal. Cada vez que él le preguntaba a Félix si quería hacer pis y hacía la intención de ir a bajarle los pantalones, éste “contestaba” claramente. Si colaboraba, era que sí quería. Si por el contrario se ponía como un palo, era que no y ni siquiera lo intentaba. Decició confiar en él y, efectivamente, Félix no mojó ningún pañal y sólo hacía pis cuando se lo quitábamos. Yo ya había notado esos cambios gradualmente pero supongo que él, al convivir con él menos horas cada día, le sorprendió mucho más.

Antes de todo eso, hubo dos días seguidos que se hizo caca encima. Los dos días a la misma hora, al poco tiempo de levantarse. Normalmente coincidía con mi ducha diaria y como no era nada habitual, no pensé que tenía que ponerle en el orinal más tiempo después de que hiciera pis. Al tercer día, algo más avispada, le senté en el orinal a jugar justo después de levantarse y ya hizo su caca “mañanera” a gusto. Desde entonces y hasta que diga lo contrario, lo hago siempre así. Se lo pasa muy bien señalando los dibujos del libro o señalando la ventana, hablando en su idioma particular… Yo le pregunto “¿ya has hecho la caca?” o  “¿nos vamos a lavar el culete?” y siempre se enfada cuando intento levantarle del orinal para llevármelo al bidé. Aunque ya sepa que ha terminado como se lo está pasando tan bien le dejo un rato más y lo vuelvo a intentar unos minutos más tarde. A veces, quizás simplemente me quiere decir que no ha acabado todavía y que necesita tiempo.

Durante todos estos meses he visto varios cambios muy significativos en él. El primero sobre los 5 meses, cuando me di cuenta de que hacía menos pises al día pero más abundantes. Además, vi que el tiempo entre uno y otro era más largo (creo que unos 30 minutos, más o menos). El segundo gran cambio fue sobre los 8-9 meses, cuando “despertó” al mundo y quería tocarlo todo: el papel del w.c., tirar de la cadena, tenía que tener algo en las manos y jugar o se aburría… Y el tercer cambio ha sido ahora, con 13-14 meses, cuando realmente noto que puede estar hasta una hora o así sin hacer pis por las tardes, si está entretenido o jugando en el parque. Algo que nunca había ocurrido y pensé que nunca lo vería. He notado que es mucho más fácil para mí mantenerle seco y comunicarme con él si estamos fuera de casa, por eso, el buen tiempo está de nuestra parte.

Por el día no es raro que solamente mojemos uno o dos absorventes (la parte de algodon que va dentro de los pañales de tela), casi como si fuera ropa interior. ¡Esto sí que es realmente un uso ecológico de los pañales! Ahora no le pongo cobertor, solo le pongo el absorvente de algodón y, si cala, llevo un par de pantaloncitos en el bolso y se lo cambio. Así él va tan fresco y si se moja lo veo inmediatamente. Por supuesto, también hay días en los que mojamos cuatro o cinco pañales (o absorventes y pantalones). Todo depende de mi disposición a ponerle en el orinal, pero también de si está malito, está con los dientes, por ejemplo. Por las noches, en las siestas o si voy a un sitio en el que no quiero que haya “accidentes” sigo poniéndole cobertor impermeable.

Ahora todo es muy manejable. Un día cualquiera puede transcurrir así:  le pongo por la mañana al despertar y antes de salir de casa, nos vamos hacia el parque y nada más llegar le ofrezco la posibilidad de hacerlo en un arbolito, le dejo con el absorvente a modo de calzoncillo mientras estamos allí. Normalmente no lo moja pero si lo hace, le cambio el absorvente y el pantalón y a seguir jugando. Como siempre digo: un rato sin pañal es un regalo de libertad. Al irnos del parque le suelo preguntar otra vez pero normalmente estira las piernas y dice que no. Nos vamos a casa y al llegar o bien lo intento otra vez o bien le pongo un pañal con cobertor impermeable y hago lo que tenga que hacer en ese momento. Normalmente es en ese momento cuando se lo hace encima, ya que yo estoy o cocinando o liada con algo. Si no, otro momento típico es mientras está en la trona comiendo o justo después de la siesta. Debe ser que se despierta y antes de llamarme o hacer ningún ruido, hace pis, y claro, ni me entero. Las tardes suelen ser todavía más fáciles y por las noches, le ponemos pañal y si estamos descansados, le ponemos en mitad de la noche una vez, y si no, cambiamos pañal y y a dormir.

¡Qué maravilla! Ahora es cuando empiezas a ver que la dedicación da sus pequeños frutos. Siempre pienso que la Higiene Natural del Bebé no acelera el proceso de aprendizaje del control de esfínteres pero lo que sí que hace es no ralentizarlo de forma artificial con el uso de pañales 24h/365 días al año. Es decir, cada bebé se desarrolla a su propio ritmo, como cuando aprenden a andar o a hablar, tan sólo hay que dejarles espacio para que puedan experimentar con sus movimientos y hablarles, para que aprendan nuestro idioma.

Por cierto, no sé si tendrá relación o no, pero el gran cambio que he notado en mi hijo en la HNB ha sido paralelo a su capacidad para mantenerse de pie y aprender a caminar. Es tan sólo una hipótesis pero quizás sean procesos que vayan en paralelo. No sería de extrañar que los niños que caminan antes, ejerciten y tengan más tono en sus músculos y esfínteres. Sería una explicación a por qué otras familias, según he leído en sus blogs, llegaron a tener días sin pañales mojados bastante antes que nosotros.

Mi hijo permanece seco con mi ayuda, no sabe pedirlo con palabras, no sabe quitarse el pantalón ni subirse al orinal solito. Es decir, no ha aprendido a usar el orinal según los cánones occidentales actuales. Pero sí sabe para qué sirve el w.c. y ha visto que el pis y la caca se suelen hacer fuera del pañal, aunque no lo haga siempre allí.

Y este tema me lleva a reflexionar sobre el actual paradigma sobre el aprendizaje de control de esfínteres que impera en la actualidad. Se dice “hay que respetar sus ritmos” o “hay que esperar a que el niño muestre alguna señal o interés en el orinal” como explicación para no empezar la toma de conciencia corporal hasta los dos o tres años, o incluso más tarde. Pero, ¿y si esos ritmos ya existen desde que nacen y los tapamos con un pañal? ¿Y si un proceso que podría ser consciente lo volvemos totalmente inconsciente con pañales desechables que buscan que el bebé no note nada, o con pañales de tela que el bebé moja sin parar? ¿Y si el bebé ya emite señales desde el nacimiento y no sabemos interpretarlas? ¿Y si tu hijo no nace sabiendo aguantar pero sí sabe relajar y soltar el pis a voluntad?

Este paradigma fue instaurado por el Dr. Brazelton durante los años 60, un pediatra muy respetuoso con los bebés en otros aspectos, pero que en este tema creo que se ha limitado a dar un gran empujón a las empresas de pañales. Aquí le podéis ver anunciando la talla más grande de Pampers (“Dodot” en España) y animando a los padres a no tener prisa con este tema:

Después de la publiación de su estudio, en EEUU la media de edad a la que los niños saben usar el orinal ha pasado desde los 18 meses a los 3 años, para regocizo de las empresas de pañales, y la Asociación Nacional de Pediatría de ese país, ha adoptado el “Brazelton approach” como su postura inequívoca sobre el tema. Teniendo en cuenta que en el resto del mundo, donde “casualmente” no existen pañales de usar y tirar, los niños aprenden mucho antes de los 3 años, sin presiones ni métodos agresivos ni autoritarios, ¿no va siendo hora de replantearse el paradigma oficial?

Empezar pronto no es sinónimo de presión o coerción. Se puede utilizar un método demasiado agresivo con un niño de un mes o con uno de tres años, no es la edad sino la forma de hacerlo, lo que marca la diferencia. De hecho, yo creo que si has acostumbrado a tu hijo a hacérselo en el pañal no es justo que le exijas que lo haga fuera de él de un día para otro. Por eso pienso que lo más respetuoso es hacerlo progresivamente desde el nacimiento o desde que los bebés son muy pequeños, de forma relajada para padres y niños y adaptada a la forma de vida de cada familia.

Charla en Enmadradas Coslada sobre bebés “sin” pañales

El 28 de mayo estaré en la asociación Enmadradas Coslada hablando sobre Higiene Natural del Bebé. Explicaré lo que he aprendido de los libros de Laurie Boucke e Ingrid Bauer y sobre todo de mi experiencia personal. Si estás embarazada o tienes un bebé de menos de seis meses, es el momento ideal para venir. Si no, quizás te puedan servir algunas cosas a la hora de quitar el pañal a tu bebé o para probar con tu siguiente hijo. Para más información, puedes visitar este enlace. ¡Nos vemos allí!

¿Dónde y cuándo? 28 de mayo, martes, a las 19.15hrs en C/ Dr. Jiménez Díaz 12, Coslada. Es gratis, por supuesto.

Libros sobre “Bebés sin pañales” #4: Laurie Boucke: “Un orinal para mi bebé”

¡Por fin ya hay un libro sobre Comunicación de la Evacuación en castellano y lo puedes encontrar AQUÍ!

Se trata de una versión reducida de Infant Potty Training del cual ya escribí una reseña en este blog. Ya era hora de que alguien lo tradujera y lo ha hecho la editorial Vida Kinesiología. Estoy convencida de que esta publicación va a ayudar a difundir esta práctica y, por tanto, la conexión entre padres y bebés. ¡En La Casita de Algodonales estamos de enhorabuena!

 

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de un año.

Hace tres semanas que mi hijo cumplió un año y no he encontrado el momento de escribir esto. ¡No paramos! Félix sigue gateando pero ya se pone de pie y se mantiene así bastante tiempo hasta que se cansa y se deja caer. También va diciendo más palabras o repitiendo la última que acabo de decir yo. Por ejemplo, si digo: “¡Vamos a la calle!”, a él le entiendo repetir “calle”, a su manera. Otras palabras que dice son “parque”, “teta” o “pelota”. Por supuesto, muchas de esas palabras sólo las entiendo yo, porque son balbuceos, pero me quedo alucinada y feliz de poder tener conversaciones con él.

¡Ah! También repite “caca” cuando le pregunto si quiere hacer, pero todavía estamos muy lejos de que lo pida con palabras. Normalmente lo expresa con irritabilidad que no se calma con nada, y yo muchas veces pienso que quiere comer o dormirse hasta que caigo y digo, “vamos a dejar de comer para ver si quieres hacer caca”. Y si era eso, lo hace y después come más tranquilo.

En cuanto a horarios va cambiando según las semanas o las rachas. Ha habido épocas en las que aprovechaba para hacer caca cuando le ponía a hacer pis después de la teta del desayuno. Últimamente, sin embargo, lo hace después de cenar o durante la cena, de ahí mi confusión con el hambre o el cansancio.

Es fácil saber cuándo lo necesita en función de la hora a la que lo hizo el día anterior. En cualquier caso, si no tiene ganas protesta y le quitamos. También ha habido algún día que no ha querido hacer nada y al día siguiente lo ha hecho dos veces. La verdad es que no ha tenido hasta ahora problemas de estreñimiento porque pide agua y teta cuando quiere líquidos y hace caca cuando lo necesita en una posición cómoda. ¡Un beneficio más de no hacerlo en el pañal!

Hablando de pañales, este mes también ha habido un día que se lo ha hecho encima y fue porque yo estaba enferma y no le puse a la hora que lo solía hacer. En esos días creo recordar que le entraban las ganas después de comer, sobre las 15h, y aunque él estaba irritable y tirando las cosas de la trona y aplastando la comida como loco, yo estaba a otra cosa, débil y distraida… Lo limpiamos facilmente pero me alegré de no tener que hacer esto todos los días. Ya no concibo el uso de pañales de tela sino es poniéndole en el orinal.

Por las noches seguimos poniéndole según nuestro nivel de cansancio y él sigue mamando un montón, con lo cual las noches secas todavía brillan por su ausencia…

En Madrid, después de muchas lluvias, ha comenzado el calorcito lo que significa que llega la etapa dorada del porteo, sin abrigos ni múltiples capas, pero también la época ideal para volver a poner a hacer pis a Félix en los arbolitos que tengamos cerca cuando lo necesite. ¡Qué comodidad no tener que entrar en bares o dejarle mojado!

Como todos los meses, ha habido altibajos en el número de pañales húmedos y el número de veces que el pis va al w.c. o a la palangana. No sé por qué pero hay días en los que nos sincronizamos los ritmos y no mojamos casi ningún pañal y otros, sin embargo, mojamos un montón, tanto de día como de noche. Siempre parece más fácil fuera de casa porque aquí yo siempre tengo que hacer cosas y me olvido o no puedo ponerle. Muchos días parece que un pis va al pañal y el siguiente al orinal, el siguiente al pañal y así sucesivamente…

Aunque no me gusta compararme con otras familias, leo en otras webs en inglés que parece que hay otras personas que se apañan mejor que yo en este tema. Como en todos los aspectos de la crianza es mejor guiarse por el niño y seguir sus ritmos. Sé que esto de los ritmos es entendido de forma muy diferente por los métodos para dejar el pañal que se guían por el “quítale el pañal cuando esté preparado”. Yo entiendo este concepto de forma muy diferente: los niños no necesitan pañales y están preparados para no llevarlos desde el minuto cero, como el resto de mamíferos. Los que los necesitamos somos los padres, que no queremos tener que lavar tanta ropa. Los niños son conscientes de que van a evacuar desde pequeños y tienen una mezcla de instinto y voluntad de evacuar cuando les desnudamos, les ponemos en posición y nos comunicamos con ellos.

Siempre lo digo pero lo vuelvo a repetir: en los lugares en los que se pone a hacer pis y caca a los bebés desde muy pequeños hay muchos familiares ayudando, desde abuelos a hermanos mayores. La crianza de madres solitarias que conocemos aquí creo que es una rareza histórica y cultural. Ya sé que todo tiene sus pros y sus contras pero a mí no me parece nada positiva, ni para la madre ni para el bebé. Una cosa es estar vinculados, unidos y seguros, y otra es estar SOLOS casi todo el día el uno con el otro, sin familiares ni amigos cerca.

Es cierto que soy una persona muy independiente y que me gustan muchos aspectos de la soledad bien entendida, pero también es cierto que mil veces al día me encantaría poder tener familiares o amigos en casa para que jugaran y cuidaran a Félix mientras yo hago otra cosa. Incluso aunque tengamos pareja, si esta trabaja y tiene horarios interminables (o a mi me lo parecen), podemos llegar a sentirnos madres solteras, ya que la mayor parte del día el cuidado recae sobre nosotras. ¡Hay que tejer redes de apoyo mutuo de padres y madres! En esas estamos, ¿verdad? Yo intento día a día salir y juntarme con otras mamás, otros bebés, otros papás. ¡Cualquier excusa es buena!

Me gustaría, si tengo tiempo durante este mes, hacer un video o escribir una especie de “un día entero practicando HNB” para poner ejemplos prácticos de situaciones cotidianas. Os animo a probarlo con vuestro bebé si todavía no ha cumplido los 5-6 meses, ya que después se suelen acostumbrar al pañal y es bastante más complicado. Quizás ya no os dé tiempo a probarlo con vuestro primer hijo pero sí con los siguientes.

Los balbuceos, la comunicación sin palabras, las miradas, los gestos, el cuerpo… Ver cómo dos seres humanos podemos entendernos, aunque sea en pequeños hábitos cotidianos como comer, dormir o evacuar, forma parte de esas pequeñas grandes cosas de la crianza que nos hacen sentir que somos testigos de algo importante, algo que quizás no saldrá reflejado ni en los periódicos ni en los libros de historia pero que forja día a día una relación de amor y respeto entre nosotros. Muchos padres esperamos que perdure y se extienda fuera de la familia. Quizás sea pedir demasiado, quizás sea suficiente haberlo vivido e intentar seguir el camino con coherencia en nuestros principios.

Bueno, y con estas reflexiones me despido… Un abrazo.

La cultura Digo (Kenia) y la Comunicación de la Evacuación

Hoy os dejo un artículo de la revista Pediatrics en el que se habla de la cultura Digo (Kenia) y como se comunican madres y bebés a la hora de hacer las necesidades fisiológicas. Antropología pediátrica para aprender y adaptar lo que encontremos positivo o interesante de otras culturas: “Cultural relativity of toilet training readiness: a perspective from East Africa” – http://ebookbrowse.com/cultural-relativity-of-toilet-training-readiness-pdf-d246643934

Espero tener tiempo en algún momento para hacer una pequeña traducción y crítica a este artículo de De Vries. No estoy de acuerdo con cómo interpreta lo que ve, me parece que proyecta sus propias creencias o prejuicios al analizar la relación madre-hijo.

Por ejemplo: ve un “premio” en que la madre dé de mamar al bebé después de hacer pis. Seguramente, como hacemos todas las madres, damos de mamar a demanda y tenemos contacto físico con los bebés antes, durante y después. ¡Y no es un premio!

Por la noche, si veo que mi hijo se agita y mueve la cabeza de un lado al otro en la cuna, sé que va a hacer pis y le pongo medio dormido. Después le doy de mamar porque así se duerme profundamente de nuevo. Quizás una investigadora lactante hubiera observado y escrito el artículo de forma bien diferente. ¿No os parece?

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 11 meses.

Este mes ha sido el del descontrol. Han pasado algunas cosas desagradables en nuestro entorno más cercano relacionadas con la salud que han provocado situaciones de mucho estrés. Además, ha coincidido con que me entró la vena de apuntarme a varios cursos de formación y Félix y yo hemos estado separados más tiempo del habitual. Aunque sé que está contento, bien cuidado y pasándolo en grande en casa de los abuelos, le he echado mucho de menos.

A pesar de haber sido un mes de muchos cambios siempre le he visto alegre y divertido, disfrutando de sus nuevos logros: gatear, pedir claramente “agua” y “pan” y señalar las cosas. ¿Puede haber algo más emocionante? ¡No! Está descubriendo el mundo y sus posibilidades. A mi desde luego, me parece increible.

La abuela de Félix antes le ponía de vez en cuando a hacer pis sujetándole sobre la taza del w.c. pero ahora pesa mucho y usa un orinal que hemos dejado allí. ¡Da gusto cuando la familia te apoya en estas cosas! Al principio hubo bastante broma y mofa con el tema pero ahora han visto que nos va bien y nos gusta hacerlo así, y no sólo lo respetan sino que participan. No es raro estar en su casa y que Félix se queje y se pregunten: “¿Querrá hacer pis?”. En su casa muchas veces va con pañales de tela y vuelve con desechables. Hace unos meses era bastante más radical con el tema y prefería no usarlos. Ahora si se los pone, no me importa, si los moja los tiro y vuelvo a los de tela después.

De hecho, nosotros también hemos vuelto a utilizar pañales de usar y tirar durante dos días que Félix tuvo una especie de diarrea o de vuelta a las cacas líquidas.  Nunca sabremos si fue eso, quizás debido a gatear y tocar cosas del suelo, o si fue simplemente que volvió a mamar muchísimo y a comer pocos sólidos. ¿Sería que me veía poco y quería aferrarse a la teta al máximo tiempo posible? Tengo esa sensación, porque a los pocos días volvió todo a la normalidad, a comer normal y a las cacas sólidas. En esta fase “líquida” ha sido imposible ponerle en el orinal ya que no señalaba de ninguna forma, sólo lloraba una vez que se lo hacía encima para que le cambiáramos rápido. Se le escapaba y a él no le hacía ninguna gracia.

Una cosa curiosa que nos ha pasado este último mes ha sido que varias veces le he ido a poner a hacer pis porque creía que me estaba señalando o tenía ganas y me he encontrado un pequeño círculo mojado en el pañal. Una vez que le he puesto, ha hecho el resto. ¿Será que está intentando aguantar un poco? Si lo está haciendo, es gracias a su propio ritmo, ya que nosotros nunca le hemos pedido que lo hiciera o le hemos presionado de ningún modo.

Este mes ha habido días, como siempre, de mojar muchos pañales (bastantes más que el mes pasado) y otros de seguir con el mismo seco, a modo de calzoncillo, durante varias horas. Quizás me he dejado un poco, pero a veces las circunstancias de la vida no nos permiten más. Me consuela saber que sigue sabiendo para qué es un orinal aunque no le haya ofrecido las oportunidades habituales de hacer pis en un recipiente. Si no le pongo y tiene ganas, se lo hace encima y protesta para que le cambie de ropa (si no lleva pañal). En realidad, me da igual lavar un pantalón que un pañal de tela.

Por las noches: Este mes hemos estado agotados así que algunas noches no le hemos puesto, ni el padre ni yo, y sólo le hemos cambiado el pañal cuando se despertaba para mamar y veíamos que estaba mojado. Por cierto, ha sido un mes en el que ha vuelto a mamar un montón por la noche y, por consiguiente, a hacer más pis después.

Una noche hicimos el experimento de dejarle sin pañal, ya que es verdad que si notamos cuando lo va a hacer nos ahorramos el cambio de pañal y conseguimos que duerma mejor. Además, muchas veces notamos que le desvela que le pongamos un pañal limpio y se despierta demasiado. El experimento nos salió mal porque estábamos tan cansados que no nos despertamos a tiempo, antes de que hiciera pis, con lo cual tuvimos que cambiarle el body y el pijama, con los consiguientes llantos y peleas en mitad de la noche… Creo que lo volveremos a intentar cuando llegue el calor y pueda dormir con una camiseta y ya está. Pondremos dos sábanas bajeras y si se moja la de arriba, la quitaremos y seguiremos la noche con la de abajo.

Fuera de casa: Cuando salimos de casa, no sé por qué será, pero todo resulta más fácil. No sé si será porque al estar en posición vertical en el meitai o en el carrito, hace pis con menos frecuencia, o que nosotros estamos más pendientes. Todavía nos miran un poco extrañados cuando nos ven entrar en los servicios…

Dicen que en el desarrollo de los bebés siempre se sigue la fórmula de dos pasos hacia delante y uno para atrás. Supongo que en ese esquema, el “mes del descontrol” pertenecería al paso para atrás sino fuera porque el paso no ha sido del niño sino de los padres, que hemos tenido otras prioridades, o preocupaciones, más bien. ¡A ver qué nos espera el próximo mes!

Hoy íbamos a dar una charla en El Jardín de Momo pero al final sólo ha acudido una pareja de “embarazados” encantadores y se ha convertido más bien en un taller-conversación. A pesar de que es un tema que todavía no despierta casi interés nos ha gustado poder contribuir a su difusión, por pequeña que sea. Quien sabe si algún día, quizás no dentro de mucho, podamos reunirnos varias familias para poner en común nuestros conocimientos, como hacen los grupos de lactancia y crianza, y como ya lo hacen los grupos locales de la asociación Diaperfree.org.

Libros sobre “Bebés sin pañales” #3: Laurie Boucke.

Hoy quiero hablar sobre el libro más completo a nivel antropológico y documental sobre lo lo que la autora llama en inglés “Infant Potty Training” o lo que en castellano ha sido traducido en alguna ocasión como “Control temprano de esfínteres”. Lo cierto es que tras un título algo feo y desafortunado, en mi humilde opinión, se esconde información muy valiosa y trascendental.  Además, parece que se encuentra en proceso de traducción al castellano y se publicará muy pronto en nuestro país. ¡Espero poder ofrecéroslo pronto en lacasitadealgodonales.com!

La autora descubrió que podía responder a las necesidades de evacuación de su bebé después de que una amiga hindú le explicara cómo lo hacen en su país, donde no usan pañales. Pero no sólo se lo explicó sino que se lo mostró en vivo y en directo con el hijo de Laurie: la amiga captó cuándo el bebé necesitaba hacer pis, el bebé entendió a su amiga y, como tenía ganas, lo hizo encima de un recipiente.

El libro explica cómo funciona esta práctica, qué tipo de señales hacen los bebés antes de orinar y defecar, cómo ententer los horarios y patrones y cómo crear asociaciones entre el hecho de evacuar con una onomatopeya, una postura fisiológica o un signo. Como ya expliqué en la reseña del libro de Ingrid Bauer, en la obra de Laurie Boucke se habla de conductismo sin rodeos pero también se deja claro que quedarse ahí es simplificar demasiado, ya que de serlo, yo todavía sigo reflexionando sobre ello, se trata de un condicionamiento mutuo de la diada madre-bebé o, para ser más exactos, adulto-bebé. Además, sería un conductismo comunicativo y no coercitivo, como una conversación o una posibilidad, nunca como una imposición. ¿Diríamos que cantar una nana para dormir a un niño es conductismo? Pues eso. Mirar esta práctica desde los ojos de Pavlov es ponerse unas gafas etnocentristas que explican pero a la vez distorsionan.

Realmente, la parte que más me ha gustado, además del bloque de diferentes experiencias de familias occidentales, es la parte antropológica, donde va país por país, explicando cómo se practica. ¿Y adivináis qué es lo más sorprendente? Que algo tan similar se lleve a cabo desde Uganda hasta Vietnam pasando por el Polo Norte. Es verdad que las señales del bebé son muy parecidas en todo el mundo pero las posturas y las onomatopeyas cambian con las culturas, quizás en algún lugar se anime al bebé a hacer pis con un “sssss” y en otra con un “shu, shu”. Lo que suele ser común en todas las culturas es no dar ninguna importancia a lo que en Occidente llamaríamos “accidentes”, simplemente se limpia con normalidad, incluso con humor. Por supuesto, también existen culturas muchísimo más restrictivas y autoritarias, aunque parecen las menos, ya que sólo he visto un ejemplo en el que se utilizara la violencia para aprender el control de esfínteres: el pueblo Tanala de Madagascar y el estudio es de los años veinte del siglo pasado.

Por supuesto, no en todo el mundo “sin pañal” se relacionan con las evacuaciones del bebé de la misma forma. De hecho, la autora divide a todas las sociedades en tres tipos: las que simplemente apartan al niño del cuerpo del adulto cuando comienza a evacuar para no mancharse (en el libro se recogen muchos ejemplos de este tipo, sobre todo de tribus y culturas tradicionales americanas), las que activamente le ponen en el lugar que elijen cuando saben que lo necesita o está a punto de hacerlo y, una tercera posibilidad, que sería una mezcla de las dos según el niño se va haciendo mayor.

Además de la parte antropológica que me apasiona, el libro aporta una dimensión histórica dentro de la propia cultura occidental, con información sobre los métodos crueles y centrados en los esquemas estrictos del adulto, que obligaban a los niños a evacuar cuando “había que hacerlo”.  Al parecer, en el siglo XIX, en determinados ambientes, se realizaban prácticas muy agresivas con los niños, como dejarles en el orinal durante mucho tiempo hasta que hicieran caca, o usar enemas y otras salvajadas para que lo hicieran cuando el padre quería.

Aunque el libro no dice nada de esto y son reflexiones de mi cosecha, entiendo que ese tipo de aproximaciones agresivas son fruto de la influencia de la industrialización y sus horarios rígidos, jerarquías y autoritarismo. Algo parecido (aunque no exactamente igual) a los horarios impuestos a la lactancia y que tan desastrosos efectos han tenido sobre la experiencia de mamás y bebés. Supongo que la cultura industrial siempre ha tendido a la deshumanización o a la robotización del ser humano.

La dimensión histórica del libro deja claro que lo que se hace en otras culturas no tiene nada que ver con lo que se hacía en Occidente hace un siglo. Se trata de adaptarse y conocer las señales y horarios del niño (sobre todo en referencia a su alimentación y el sueño), no de imponerle los nuestros.

Lamentablemente, se asoció la edad temprana de los bebés con esas prácticas agresivas y los pediatras que en los años 50 liberaron a los niños de estos métodos metieron todo en el mismo saco. Ese fue el origen de la aproximación actual occidental al aprendizaje en el uso del orinal: no empezar nunca antes de los 18 meses y esperar a que el niño esté “preparado”, ya que se supone que antes de esa edad el niño no tiene ningún tipo de control. Como sabemos, esto contradice la experiencia de millones de bebés y familias de todo el globo. De todos modos, una cosa es el “control total independiente” tan ansiado y cotizado en occidente y otra bien diferente es ayudar en el momento presente a tu bebé a evacuar en un lugar más limpio y cómodo que un pañal (ya sea separándolo de tu cuerpo o sugiriéndole que lo haga en un orinal o taza del w.c.).

Por este motivo, creo que el título puede llevar a ciertos equívocos, ya que en realidad no es un método para dejar el pañal, aunque poco a poco los necesites cada vez menos. De hecho, con los recién nacidos o los bebés de pocos meses simplemente se recoge la orina en un recipiente en lugar de en un pañal. Después, el bebé aprende a relajarse cuando le pones (no a aguantar, porque todavía su cuerpo no se lo permite). Y posteriormente, como ve que respondes a sus señales, avisa de forma más activa y clara, y sabe para qué son sus músculos. Después, aprende a ir al baño cuando tiene ganas, pero cada niño a su tiempo.

Os recomiendo que si estáis “embarazados” o tenéis un bebé de pocos meses deis alguna que otra oportunidad a esta práctica ancestral, adaptándola a vuestra forma de vida, sin agobios y poniéndo el acento en la conexión con el bebé.

Para leer la reseña sobre el libro de Ingrid Bauer y Christine Gross-Loh haz click en sus nombres.

Experiencias de Higiene Natural del Bebé con un niño de 10 meses.

Me he decidido a escribir hoy la crónica mensual sobre nuestra experiencia porque ayer ocurrió algo bastante inusual. Yo debía de estar distraída porque no me enteré de nada y Félix hizo un poco de caca en el pañal. Al ver que era solo una bolita, le puse en el w.c. y allí hizo más hasta que se quedó a gusto. Después, él siguió jugando y yo seguí cocinando sin mayor historia.

Lo cierto es que es poco habitual, ya que aunque ahora habían cambiado un poco sus horarios, siempre me daba cuenta de cuándo lo iba a hacer por sus señales, como soltar y coger el pezón en la parte final de la toma. Creo que hacía por lo menos 5 meses desde que pasó algo parecido, porque me acuerdo que era en la época en la que estábamos con lactancia exclusiva y las cacas eran todavía líquidas. En realidad todo esto es tan sólo una anécdota para ilustrar lo fácil que puede ser conocer a tu hijo en este aspecto y lo poco que se sabe de esto en nuestra cultura. Por lo menos con las cacas, los pises es otra historia…

Aunque no gatea del todo, sí se desplaza por la habitación dando pasos hacia adelante, reculando y volviéndose a sentar. Está muchísimo más activo que hace un mes y no para quieto ni para que le vista (¡odia ponerse camisetas!), ni para ponerle un pañal, ni casi para mamar. En seguida quiere incorporarse y descubrir qué hay por la habitación. Por supuesto, ir a hacer pis también es un número porque agarra la tapa del w.c. o se pone a dar golpes contra la calefacción que tenemos al lado de la palangana, o abre el grifo y lo cierra si le estoy lavando en el bidé… ¡Pura diversión!

Está claro que quiere tener algo con que entretenerse en las manos y jugar todo el tiempo. Por eso, intento tener un “orinal” o algún tipo de recipiente en todas las habitaciones de la casa para no tener que desplazarnos y así poder seguir jugando con lo que estuviera en ese momento.

También he visto que ya tiene 10 meses y si le pongo con la misma frecuencia que cuando tenía 8 o 9 o se queja o no hace nada o juega con lo que sea, pero siempre indicándome que no tiene ganas. Creo que lo que está expresando es que ya ha crecido un poco, que su vejiga también y que confíe en sus nuevas señales, mucho más explícitas, y me guíe menos por horarios. Ahora sólo le ofrezco oportunidades de hacer pis cuando realmente estoy segura de que tiene ganas o porque me grita o llama mientras está jugando. Desde luego, prefiero que moje pañales a que pueda sentirse presionado de alguna manera o piense que su madre es una loca obsesionada con ponerle a hacer pis, jeje.

He visto un gran cambio en nuestra comunicación, en este sentido, ya que antes sólo reconocía las señales de antes de hacer caca y las de pis sólo por la noche. Incluso el otro día paró de jugar en el suelo, me miró con mirada suplicando y gritó “Mamaaaaaaaaaa”. Una de dos, o bien quería bracitos o tenía ganas de hacer pis, así que le ofrecí lo segundo y orinó. Supongo que ha sido una mezcla de casualidad e intuición. Algo parecido nos pasó con la palabra “Agua”. Lo dijo claramente y miró el vaso, aunque nunca sabremos si solo fue el azar. Nosotros, por si acaso, le dimos agua y bebió un montón. Tengo la sensación de que sí sabía lo que quería. Creo que si tiene alguna utilidad asociar la micción con el sonido “psssssshhhh” es esa, que luego ellos puedan comunicarse con nosotros haciendo esa onomatopeya para avisarnos de que quieren ir al baño. Si respondemos a sus intentos de comunicación los niños ganan confianza y comunican todavía más. Si no les hacemos caso, dejan de señalar.

Mojamos bastantes menos pañales (2-4 al día) y lo noto porque antes a veces tenía días de ir un poco apuradilla con que se lavaran y se secaran a tiempo cerca de la calefacción. ¡Y eso que tengo pañales como para unos 20 cambios! Ahora veo que me sobran un montón limpios en el cajón. Como mi objetivo al hacer esto no es que sea totalmente independiente para ir al baño sino que aprendamos a comunicarnos y pueda avisarme para que yo le ayude el tiempo que haga falta, me llena de satisfacción saber que no ponemos tanta lavadora, con el consiguiente ahorro energético y de recursos naturales.

Últimamente, los pañales o pantalones (si le tengo sin pañal) se mojan porque estoy haciendo algo importante y no le puedo poner en ese momento, aunque sepa que lo va a hacer. Si viviera con una familia extensa, y no pasara el día sola con él, otra persona en ese momento se hubiera ocupado de ponerle, como suele ser habitual en China o India, donde los abuelos juegan un papel muy importante. Es lo que tiene adaptar esta práctica ancestral al mundo urbanita occidental del siglo XXI, donde las madres muchas veces criamos solas entre cuatro paredes. Bueno, hasta que llegan los papás por la tarde…

También, al pasar los meses, noto que me voy relajando mucho con la crianza en general y mis expectativas auto-impuestas. ¡Y la verdad es que disfruto mucho! Por supuesto, siempre hay alguna “noche loca”, como digo yo, pero esos momentos de desesperación pasan y el día siguiente suele ser bueno. Lo importante creo que es saber parar y pedir ayuda cuando nos vemos sobrepasados, en cualquier circunstancia de la vida.

Sigo utilizando pañales cuando salimos, a veces con cobertor impermeable y otras sin, para que vaya más cómodo y su piel transpire mejor. Me llevo siempre un pantalón y un body en el bolso por si se mojaran. Y es que, realmente, ¿hay mucha diferencia entre lavar un pañal de tela y un pantaloncito? Yo creo que no.

Por las noches seguimos igual, se medio despierta (se agita pero con los ojos cerrados) varias veces cuando le entran ganas de hacer pis y se vuelve a dormir. Cuando necesita mamar también lo indica quejándose hasta que le doy la teta. El papá antes se ocupaba del bebé por la noche pero por motivos familiares tiene que madrugar más durante este mes y me estoy ocupando yo. La verdad es que es cansado pero lo es todavía más si no le ponemos a hacer pis porque entonces se despierta del todo al sentirse mojado y, aunque nos avise para que le cambiemos el pañal, le cuesta volver a dormirse.

En facebook escribí hace unos días: “Después de habernos independizado de los pañales desechables, de las toallitas de supermercado (sustituidas por papel o agua en el bidé + aceite de almendras ) y estar en proceso de usar cada vez menos pañales de tela, ahora toca… ¡Liberarnos de los productos de limpieza industriales! Por fin me he lanzado a probar el agua con vinagre para fregar y parece que la cosa marcha. Cuantas menos necesidades creadas, más libertad”. Y es que, descubrir que adultos y bebés podemos cooperar para estar limpios sin depender de grandes multinacionales me parece todo un logro, mucho más que aprender o no a ir al baño solo en una determinada edad.

Muchas veces pienso que si el mundo industrial cayera de un día para otro no sabríamos sobrevivir de lo dependientes que nos hemos convertido en artículos de consumo de todo tipo. Creo que el renacimiento que están teniendo prácticas como hacer punto, coser, cocinar y todo el movimiento “hazlo tu mismo” caminan en ese sentido: recuperar nuestra esencia y la creatividad que un día este sistema nos robó. Y con ella, recuperar lo que nos quede humano y no el engendro pasivo, dependiente, consumista, ignorante, superficial y aburrido en el nos quieren convertir vía colegios, trabajo asalariado, publicidad, caja tonta, supermercados, premios y castigos, ejércitos, cárceles… No sabemos cultivar, no sabemos cómo se hacen las cosas que usamos, no sabemos cocinar, no sabemos hacer nuestra ropa. Y por otro lado, “necesitamos” un móvil, una tele, un coche para ver a nuestros familiares que viven en la otra punta de la ciudad y un avión para visitar a los que viven en la otra punta del continente.

Con todo esto no quiero decir que nosotros mismos no seamos responsables de la situación actual y seamos meros agentes pasivos en manos del poder. Creo que nos hemos vuelto muy vagos (yo la primera) y en nombre de una falsa comodidad hemos caído en demasiadas trampas. Recuperar la independencia y los saberes tradicionales que sí nos interese recuperar (sólo los positivos y respetuosos), como el de los bebés sin pañales, es parte de ese camino hacia la libertad.

 

NOTA: Se recomienda empezar a practicar la Higiene Natural del Bebé antes de los 6 meses porque después les hemos acostumbrado a hacer sus necesidades en los pañales y no les gusta hacerlo en ningún otro sitio. Nosotros comenzamos cuando Félix tenía 7-8 semanas. En algunas culturas empiezan al año y también les va bien. Si tu hijo es mayor de año y medio, se recomienda olvidarse de la Higiene Natural del Bebé (aunque puede haber aspectos adaptables) y enseñar a tu bebé de la forma habitual en nuestra cultura, con el método respetuoso y no coercitivo que elijas.

Puedes seguir nuestra aventura en el siguiente mes (11 meses): http://www.lacasitadealgodonales.com/blog/?p=506

Libros sobre “Bebés sin pañales” #2: Ingrid Bauer

Acabo de terminar el libro de Ingrid Bauer en su traducción francesa, “Sans couches, c’est la liberté” (“Sin pañales, es la libertad”) y me gustaría contaros las reflexiones que me ha evocado.

El enfoque de la autora es bastante diferente al de Laurie Boucke o Christine Gross-Loh. Es un enfoque claramente dentro del paradigma de una crianza cercana (pone mucho enfásis en el disfrute y la importancia del piel con piel con los hijos recién nacidos), comunicativa y respetuosa.

He de reconocer que sus primeras páginas me provocaron algo de rechazo. Pensé que estaba idealizando su forma de criar y que podría parecer que tener un niño sin pañales es posible sin mojar ni una vez un pantalón o el suelo. Quizás fuera un prejuicio pero me daba la sensación de que quería mostrar al mundo que había alcanzado algún tipo de nirvana de la maternidad que le permitía entender a su bebé a la perfeción y en todo momento.

Pero menos mal que no dejé de leer, porque según iban avanzando páginas pude ver que sí, que era humana como el resto de los mortales, que utilizó pañales los primeros meses (aunque de forma no convencional) y que también mojó otras cosas que no fueran pañales. Bien, podíamos empezar a entendernos. Digo esto porque muchas veces, las mamás que praticamos la higiene natural del bebé nos “flipamos” y en un día de sincronización total escribimos algo que al día siguiente se derrumba. Hablo por mi misma y por otras experiencias que he encontrado en la red, en las que se dicen frases como “no volvió a mojar un pañal” después de un par de días, o cuenta los pocos pañales mojados que tiene cada día.

Por eso, me gusta que la autora ponga el énfasis en la comunicación y no en alcanzar la perfección, el control o la competitividad (aunque sea con una misma). Yo aún iría más allá. En las culturas en las que se practica algo parecido a la HNB no creo que el énfasis sea puesto ni siquiera en la comunicación o empatía con los bebés, sino por un mero sentido práctico de la vida. Es un poco como lo que ocurre con el porteo en las sociedades tradicionales. Allí no se portea porque hayan leído un libro con los beneficios de llevar cerca al bebé, o porque hayan oído hablar de vínculos y apegos. Simplemente, es lo que se hace.

Después de leer el libro me afianzo más en la convicción de que a la hora de promover la HNB hay que dejar claro que “sin pañales” no quiere decir saber anticipar cada una de las veces que tu hijo quiere hacer pis (los bebés suelen señalar de forma más clara cuando quieren hacer caca). Es decir, mojarás pañales si los usas (incluso quizás uses más en algunos momentos que otras familias porque le cambiarás en cuanto haya orinado), mojarás pijamas o pantaloncitos y tendrás algún que otro charquito en el salón (que limpiarás con un trapo de forma rápida y sencilla, por otra parte).

En las culturas en las que no se usan pañales o se usan muy poco, tienen otra relación con las evacuaciones de los bebés, no son tabú, no dan tanto asco o rechazo como aquí y se vive con estas cosas de forma mucho más relajada. No intentan “pillar” todo aunque evidentemente tienen una conexión mucho más estrecha con sus bebés y, como consecuencia, saben leer mejor sus señales. Pero, si se hacen pis encima, no se le da ninguna importancia. Por eso, ¡liberemos nuestras mentes! Es difícil dentro de nuestra cultura de la pulcritud y la comparación con otras madres, pero hay que intentarlo. Creo que ayuda pensar que esto lo hacemos por contaminar menos el medio ambiente y atender la necesidad de nuestro hijo en el momento presente.

Como dice una bonita metáfora del libro: “La Higiene Natural del Bebé es una manera de ocuparse HOY de las evacuaciones del bebé, cuando la necesidad se hace sentir, no es una preparación al uso futuro del orinal. Aprender a ir al baño es una consecuencia inevitable. Pero no es para nada el objetivo final de la Higiene Natural del Bebé, tal y como el destete no es el objetivo final de la lactancia materna”.

La parte más práctica comienza en la página 147 y es ahí donde explica en qué consiste la Higiene Natural del Bebé y cómo practicarla. En mi opinión sería por dónde habría que comenzar pero si ella lo ha hecho así, será porque considera que tenía que explicar algo importante antes. Las cuatro pautas básicas son:

–       Conocer los horarios y patrones de evacuación del bebé.

–       Aprender a leer las señales y lenguaje corporal del bebé. Mientras se consigue, las familias se pueden guiar por los horarios y anticiparse.

–       Intuición, que llega cuando se ha llegado a conocer bien al bebé en este aspecto. Es saber cuándo necesita evacuar y ponerle a hacerlo.

–       Sugerir al bebé con la postura, una onomatopeya, una palabra o un signo (inventado o de lengua de sordos).

Me llama mucho la atención la diferencias al aproximarse al tema entre los libros de Ingrid Bauer y Laurie Boucke. Mientras el libro de Laurie Boucke, que también me encanta y que comentaré en otra ocasión, habla de “infant potty training”, es decir, entrenamiento u aprendizaje para ir al baño, Ingrid Bauer habla de higiene natural.

Creo que se trata sólo de un matiz, porque es cierto que Boucke también tiene un enfoque respetuoso frente al niño, pero de un matiz importante, al fin y al cabo. De hecho, en relación al conductismo de esta práctica (sobre todo por el intento de asociar la evacuación a un sonido), en el libro de Laurie Boucke se recogen experiencias de padres y pediatras que hablan de forma clara y sin pudor de “condicionamiento” o de Pavlov (pg. 112, 119, 183, 234 de “Infant Potty Training”) y, en mi humilde opinión, de forma un tanto equivocada. Sin embargo, Bauer habla de “sugerir al bebé” con una forma de comunicación que él pueda entender, como si fuera una sugerencia o una pregunta. Por supuesto, ninguna de las dos aproximaciones promueven ningún tipo de coerción o presión pero de nuevo, el matiz es importante y me siento mucho más identificada con Bauer que con Boucke en este punto.

Muy bueno es el capítulo en el que explica la fisiología de la evacuación, cómo los bebés señalan cuando tienen ganas de hacer pis y caca y pueden relajar (no aguantar) antes de llegar al punto de no retorno.

Otro tema interesante del libro es la conexión que evoca entre la lactancia materna, la respuesta inmediata al llanto del bebé, dormir cerca del niño, el porteo o el contacto físico cercano y la Higiene Natural del Bebé. Según ella, forman parte de un todo y creo que tiene razón. En mi experiencia, una cosa te lleva a la otra de forma lógica, social e intuitiva. Si das de mamar a demanda, duermes al lado de tu bebé. Si no quieres que llore, le darás el pecho si sabes que tiene hambre o para calmarle por la noche. Si porteas, sabrás de forma mucho más sencilla cuando tiene ganas de hacer pis (se arqueará o querrá salir del fular). El porteo, a su vez, facilitará que el niño se duerma sin llorar. Después de darle el pecho sabrás que tiene ganas de hacer caca y le pondrás a hacerlo en el lugar que elijas… Es una gran madeja de relaciones tejidas con amor.

En definitiva, un libro apasionante sobre la forma de criar de una madre apasionante, una mujer especialista en comunicación no violenta. Después de leerlo, y de llevar meses practicando Comunicación de la Evacuación con mi hijo, siento que algunos de mis planteamientos se han renovado y he encontrado nuevas formas de conectarme con él. Por ejemplo, tengo ganas de volver a llevarle mucho más en brazos para notar sus necesidades mejor. También voy a intentar ser más empática conmigo misma, ya que en los últimos tiempos he caído varias veces en las mismas idealizaciones y ansias de “perfección” que tanto critico.

Ahora mi hijo tiene nueve meses (empezamos con siete semanas) y es cuando más lo estamos disfrutando, no porque cada vez sea más fácil entendernos, que también, sino porque he aprendido poco a poco a hacerlo sencillo.