Día 13: carta a Byung-Chul Han

Madrid. Lunes, 23 de marzo de 2020.

Estimado Sr. Byung Chul Han:

Le escribo para responder con algunas matizaciones a su artículo aparecido en El País el día 22 de marzo de 2020 “La emergencia viral y el mundo de mañana”, en plena crisis del coronavirus COVID-19. En su exposición comienza haciendo un análisis de la situación en algunos países asiáticos que tienen muchísimos menos muertos que Italia o España y afirma que ellos tienen controlada la epidemia y en Europa no. Creo que los países asiáticos tienen más experiencia con este tipo de virus como el SARS o el MERS y, por eso mismo, tienen ventaja a la hora de atajar  la situación. Tambíen es cierto que usan aplicaciones de móvil que en Europa, donde nos regimos por el RGPD, serían invasivas para la protección de datos de los usuarios a no ser que funcionaran con su consentimiento o bajola aprobacion de una ley específica.

Respecto a que Europa está fracasando, no lo veo del todo así. La situación es un desastre, es una tragedia, es inhumana en el trato que se ha dado a los ancianos, en la falta de previsión política y administrativa, pero la realidad es que en Italia ya llevan dos días con cifras de muertos en descenso. Es posible que el sábado 21 de marzo fuese su día de pico máximo de muertes por día. Está por ver*. En España, vamos unos días por detrás de Italia, lo que está por ver es si se podía haber conseguido lo mismo con medidas tempranas y específicas menos restrictivas y abusivas con el pueblo. Yo creo que sí y considero además que este es un gobierno terrible por lo que ha hecho, sobre todo a los muertos y sus familiares, pero también a las víctimas colaterales de este arresto domiciliario.

COVID-19 | Nuevos fallecidos diarios: Italia vs España. Gráfico Yahoo

La afirmación de que “quitan los respiradores a los pacientes ancianos para ayudar a los jóvenes” tendría que ser probada. Yo he tratado de investigar ese tema y a lo único que he llegado es a un artículo de The Telegraph en el que se habla de un documento no aprobado en ese momento en el que las autoridades italianas dicen que todavía no se había llegado a ese punto. Lo que sí es cierto es que está el testimonio del anestesiólogo Christian Salaroli en Il Corriere della Sera: “Elegimos a quién tratar y quién no, según la edad y las condiciones de salud. Como en todas las situaciones de guerra”. En España en teoría no hemos llegado a ese punto (Ayuso dice que es un bulo a 20 de marzo) pero no hay día en el que no nos digan en los medios que estamos apunto del colapso total, apunto pero todavía no. Y no descarto que la realidad sea esa o incluso peor. De hecho, no se ha protegido a los ancianos de las residencias y hoy nos enteramos de la deplorable situación en la que se encontraban algunos centros, después de que “miembros del Ejército” descubrieran la existencia de mayores que se encontraban viviendo “en situaciones extremas y malas condiciones de salubridad, así como con residentes fallecidos”. ¿Estamos ante un senicidio?

Me parece muy interesante su análisis sobre las ventajas de Asia en cuanto a disciplina, Big Data y pensamiento conformista frente al Estado, el poder y nula importancia de la protección de la intimidad del sujeto frente a las administraciones. Lo que me asusta es que incluso parece que en algunos momentos podría parecer que al autor le parecen positivas estas caracterísitcas, ahora puede aplicarse ese gregarismo y sumisión colectiva para contener el virus (en teoría). ¿Las cosas son buenas o malas en función de cómo me vengan en cada momento político?

Más sorprendente me parece la parte en la que habla del uso de mascarillas en Corea:”Creo que las mascarillas protectoras, de las que se ha suministrado en Asia a toda la población, han contribuido de forma decisiva a contener la epidemia”. ¿Lo cree usted? ¿Por qué razón? Yo tengo entendido que las mascarillas no están recomendadas para el público en general o al menos esto decía el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) en febrero:

Las mascarillas no sirven de nada al aire libre ni tampoco en lugares del mundo donde no hay transmisión local, como por ejemplo España, en este momento. No acapare mascarillas ni haga compras compulsivas, que solo contribuyen a generar alarma y provocar desabastecimientos.

La verdad es que me sorprende que un filósofo nos proporcione consejos médicos según sus propias creencias que no se basan en ninguna evidencia que podamos consultar. Yo, en ese sentido, también tengo una creencia intuitiva. Creo que las mascarillas se han agotado aquí también porque proporcionan estéticamente algún tipo de protección, a modo más de amuleto que otra cosa.

Y sigue usted en su defensa del uso indiscrimado de mascarillas por la calle: “Por el contrario, en Europa se dice a menudo que no sirven de mucho, lo cual es un disparate. ¿Por qué llevan entonces los médicos las mascarillas protectoras?” Según la OMS: Sobre el uso de mascarillas por el nuevo coronavirus, la OMS advierte de que si estás sano, solo necesitas llevar mascarilla si vas a atender a alguien de quien se sospeche la infección por el 2019-nCoV. En el caso de tener tos o estornudos, sí puede utilizarse la mascarilla para evitar la propagación de las gotitas de saliva, pero hay que saber usarla y desecharla correctamente.

También nos hace usted un poquito de publicidad de unas maravillosas mascarilas coreanas lavables “hecha de nano-filtros” que son una “buena solución”. Después dice que Europa está fracasando y dice que Macron confiscó mascarillas para dárselas al personal sanitario. Pero es que la cuestión es que aquí se considera que los profesionales son los que necesitan las mascarillas no la poblacion en general.

Estoy de acuerdo en que es una contradicción total cerrar restaurantes y no cerrar el metro pero, de nuevo, vuelve a la carga con el tema de las mascarillas: “En una situación así, las mascarillas protectoras salvarían realmente vidas humanas.” A lo mejor cerrar el metro también salvaría vidas humanas y tiene más sentido. O no. Tendremos que ver la evidencia que tenemos en uno u otro sentido. Y de nuevo las mascarillas: “Incluso las mascarillas normales servirían de mucho si las llevaran los infectados, porque entonces no lanzarían los virus afuera.” Y ahí tiene razón porque es precisamente la recomendación oficial: para sanitarios, infectados y posibles infectados.

Después, usted entra de lleno en el modo “pánico” y no le culpo, yo estoy hecha una montaña rusa de emociones y ansiedad dentro de esta crisis del COVID-19, pero de ahí a decir que nuestras caras europeas sin máscaras son “obscenas”, creo que es pasarse. Y después se queja de que no puede encontrar mascarillas en Alemania a pesar de que le gustaría poder llevar una. Lo verdaderamente grave que está ocurriendo en Europa, que no es que usted no encuentre mascarillas sino que no haya para el personal sanitario.

Después vuelve a la contradicción de mantener cuarentenas generalizadas con la de que se pueda ir en metro y en autobús. Es que eso es de cajón, no tiene sentido. También estoy de acuerdo en que habría que revitalizar el sector industrial europeo, para no depender de China. Sin embargo, usted no muestra ninguna crítica a las medidas de cuarentena impuestas a la población sana.

Afirma también: “La reacción inmunitaria es tan violenta porque hemos vivido durante mucho tiempo en una sociedad sin enemigos, en una sociedad de la positividad, y ahora el virus se percibe como un terror permanente.” Yo creo que no es que no hayan seguido existiendo enemigos y guerras durante todo este tiempo, de hecho EEUU y Rusia siguen manteniendo rivalidad, del mismo modo que EEUU y China (aunque luego después a otro nivel las empresas estadounidenses vayan a fabricar a China sin problema), sino que se ha afianzado una postura ideológica a favor de la seguridad en detrimento de la libertad. Esto se ve en el feminismo, que pretende que no muera “ni una más”, aún a costa de vivir en un estado policial o adoctrinar sin ninguna evidencia a los niños para evitar que cometan crímenes en el futuro (precrimen) o en las empresas de seguridad que venden sus sistemas “guardián” de geolocalización de tus seres queridos y demás. O a partidos como Vox que en barrios conflictivos prefieren llenar las calles de cámaras a quitar licencias a los bares que molestan a los vecinos. ¿No está aquí el germen del autoritarismo digital y de Big Data? Y ahí China tiene mucho que enseñarnos, obviamente, si esa es la lección que queremos aprender. Lo que pasa que en la relación beneficio/riesgo a lo mejor se pierde más que se gana. Como dice la canción Txoria-txori:

Si le hubiera cortado las alas
habría sido mío,
no habria escapado.

Pero así,
habría dejado de ser pájaro.

Y yo…
yo lo que amaba era un pájaro.

Si para eliminar la “masculinidad tóxica” tengo que reprimir al hombre en general, también tendré que prescindir de la masculinidad positiva y de todo lo heroico que han hecho los varones a lo largo de la historia. En realidad todo esto forma parte de una deriva autoritaria de la cultura occidental que lleva ya años fraguándose, muchas veces desde un supuesto espíritu libertario sesentayochista.

En su artículo creo que toca el tema clave: “la arriesgada política monetaria de los bancos emisores ha generado en los últimos años un pánico reprimido que estaba aguardando al estallido.” La crisis de confianza en unos bancos centrales que imprimen billetitos sin respando en oro o en nada tangible ha provocado una falta de confianza total en el sistema. No confiamos en nadie, ni en los bancos ni en el vecino de enfrente. Es la guerra de todos contra todos. Por eso surgen iniciativas de consentimiento libre e informado, tanto en materia de protección de datos como para mantener relaciones sexuales consentidas (como la ley de libertad sexual de Podemos). Hay una pérdida de confianza en el ser humano, en nosotros, en los otros, en el más allá, en el más acá, en occidente, en los líderes, en los profesores, en los alumnos, en los jefes, en los políticos, en los subordinados, en el dinero… No nos fiamos unos de otros. No hay vínculos que defender. No nos fiamos del Estado y por eso hacemos compras y nos preparamos para un colapso del sistema previsible que nos lleve de nuevo a la Edad de Piedra o a una nueva Edad Media, como en la caída del Imperio Romano. Quieren que no nos fiemos del dinero en efectivo y paguemos con tarjeta, cuando el día en que no haya efectivo estaremos en un corralito digital del que no podremos escapar, el dinero será del banco y no podrás sacarlo. El regreso al patrón oro forma parte de esa lucha por volver a lo real, a lo tangible, a lo material frente a lo virtual y especulativo.

Efectivamente, el virus ha sido la gota que ha colmado el vaso. Y parece que también es la solución para tenernos encerrados y calladitos a nivel mundial. Se vislumbra la estrategia y lo que nos dirán: cada país ha gestionado esta pandemia de una forma y ha sido un caos. La OMS tiene que ser el Ministerio de la Salud mundial y debemos actuar coordinados, ya que los virus no entienden de fronteras. Solamente un gobierno mundial puede hacer frente a retos mundiales… Y blablablá.

Frente a esto. Yo, por mi parte, voy a seguir pagando mis clases a la academia de baile a la que iba, la guardería de mi hijo menor y todos los gastos que tenía habitualmente. Mientras yo siga cobrando no quiero que nadie pierda su trabajo porque yo deje de pagar. Creo que es lo ético.

También afirma usted en otro momento: “Es posible que incluso nos llegue además a Occidente el Estado policial digital al estilo chino. Como ya ha dicho Naomi Klein, la conmoción es un momento propicio que permite establecer un nuevo sistema de gobierno”. En esto estamos de acuerdo, porque esa es la tendencia. Y pongo como ejemplo lo que está pasando en los colegios españoles y de medio mundo con la aplicación Class Dojo. Como algo tan perverso y aparentemente inocente se ha colado en las vidas de nuestros hijos es algo vergonzoso e inexplicable. Es una prueba más de la caída de la civilización occidental. Amamos la servidumbre.

También comparto su crítica a Zizek respecto a ese utopismo de baratija frente a un virus. Pero el cambio social hacia la virtud, hacia el bien, no se fundamenta en simplemente dejar de coger el avión y salvar el clima (aquí no sé si habla Byung-Chul Han o la subvencionada Greta Thunberg). Creo que se fundamenta en buscar la verdad y atreverse a decirla públicamente. Son demasiados años de verdades subvencionadas por la ingeniería social del capitalismo de empresa única que nos ha tocado vivir. Porque para recuperar la confianza en el otro debo de ver verdad en el otro, espontaneidad, un ser humano y no un ser adoctrinado y domado por el poder.

Byung-Chul Han, cuando me leí sus libros me pareció fascinante. Su artículo se nota que está escrito desde la inmediatez del momento, aunque no deja de ser un texto que señala direcciones peligrosas que puede tomar este tema. Ahora he leído al Cardenal Sarah (su libro “Se hace tarde y anochece”) y me parece que como filósofo está en otro nivel en lo que respecta a la claridad y sencillez con que explica en qué momento histórico nos encontramos y hacia qué tipo de sociedad nos dirigimos. Lo que ocurre es que El País jamás le dejará publicar un artículo porque sabe que da en el clavo frente al mundo que viene, por eso prefiere que los culturetas occidentales sigan leyendo sus libros, los de Byung-Chul Han y no lean al segundo, un autor cristiano católico. Sí, salgo del armario, después de unos casi treinta años de ateismo y apostasía, vuelvo a creer en Dios y no puedo ni debo ocultarlo más. No ha ocurrido ahora, ha sido un proceso muy lento de varios años, pero es ahora cuando debo de dar un paso al frente.

Buenas noches.

 

ACTUALIZACIÓN 28.3.2020

En Italia alcanzaron un nuevo pico con 919 muertos en 24 horas el viernes 27 de marzo.

 

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La gente busca desesperadamente mascarillas, pero los expertos advierten que no sirven de mucho…

Las mascarillas no hacen nada a las personas sanas. En el caso de  infectados, si se ponen una mascarilla, producen menos aerosoles y, por tanto, transmiten menos. Mejor que sean las personas infectadas las que usen las mascarillas en vez de las personas no infectadas. Para evitar el contagio, tiene que ser una mascarilla muy especial, que no permita el paso de los virus y que esté muy bien ajustada, pero es que necesitarías también gafas de protección porque es muy fácil que el virus se pueda transmitir a través de los ojos. Casi todos los virus respiratorios se pueden transmitir también a través de los ojos.https://www.niusdiario.es/sociedad/sanidad/adolfo-garcia-sastre-virologo-coronavirus-infectara-mas-gente-que-gripe-causara-millon-muertos-mundo_18_2906670177.html

– El ‘Fernando Simón’ chino contradice a la OMS con el uso de mascarilla:

https://www.economiadigital.es/politica-y-sociedad/coronavirus-el-fernando-simon-chino-contradice-a-la-oms-con-el-uso-de-mascarilla_20048955_102.html

Neuromarketing de las grandes corporaciones

El principal reto que tenemos las personas que vivimos hoy en este mundo es mantener nuestra conciencia limpia, lo menos contaminada posible por la manipulación. Mantener nuestro cuerpo lo más sano posible también incluye a nuestro cerebro, nuestro corazón, nuestro estado de ánimo. Vivimos un constante bombardeo de manipulación ideológica y emocional desde los medios de comunicación, las redes sociales, los sistemas educativos, laborales, etcétera. Pero todo esto son palabras, ideas, lenguaje, símbolos. ¿Qué pasa con las acciones? ¿Con nuestra forma de vida?

El gran capital ha elegido como última táctica estratégica la del hackeo de las mentes, la infiltración emocional caritativa y hacia el “bien común”. Ahora el capitalismo es ecologista y feminista. Ya no hacen faltan sindicatos ni movimientos asociativos autónomos ni autogestión que salga genuinamente del pueblo. ¡Ya están ellos para marcarnos el camino del bien y del activismo a través de su dinero y sus subvenciones!

Un ejemplo muy concreto que he observado es el de “La Colmena que dice sí” de la que alguien me habló como algo muy positivo, una especie de cooperativa de consumo (o que al menos es eso lo que parece tratar de imitar en su formato) donde se fomenta poner en contacto a productores y consumidores locales de frutas y verduras, se promueve la reutilización de los materiales… “Ven a conocer a los productores y aprovecha esta nueva forma de comer mejor al mismo tiempo que apoyas la producción local y natural alejada de procesos industriales que cada vez se alejan más de la alimentación saludable y tradicional“, afirma su web. Sí, pero, ¿quién está detrás, conectado ideológicamente a esta iniciativa? Pues los mismos que están promoviendo lo contrario a nivel mundial como los transgénicos en África, financiándose con dinero de la industria cancerígena del amianto a través de la Fundación AVINA y cooptando a diferentes movimientos sociales. Vamos a tirar del hilo…

La conexión clave está entre la relación establecida entre “La Colmena” y Ashoka, entidad que ya conocerán los que vieron el video del post anterior o han leído los artículos de Paco Puche, su libro sobre el amianto o el manifiesto de Ecologistas en Acción denunciando su papel infiltrador en los movimientos sociales.

Como explicaba el facebook de Ashoka (18 de septiembre de 2014):

“La Colmena que dice Sí es una aventura que empezó hace 3 años en Francia con el Emprendedor Social Ashoka, Guilhem Cherón, con el doble objetivo de apoyar una agricultura local y sostenible y de democratizar el acceso a alimentos de calidad directamente de los productores locales.

Inspirados por Cherón, Marc y su equipo ya han lanzado las primeras Colmenas en España, una en el Impact Hub Madrid y otra en el MOB en Barcelona, y están creciendo!

En Francia y Bélgica existen en la actualidad 400 colmenas que en 2013 reunieron a más de 50.000 personas.
Y si algo funciona, replícalo! Tú mismo puedes lanzar tu propia Colmena”.

Para entender qué es Ashoka cito al investigador Paco Puche:

“Para una mejor indentificación de lo que son (lo que dicen que son es otra cosa) apuntamos dos detalles: uno, que el presidente de la fundación Ashoka en España es Carl F. Muñana y su secretaria María Zapata [2] , anteriormente citada. El presidente está ligado a la gran banca americana JP Morgan y la segunda es procedente de la empresa General Electric. El otro detalle, es también muy significativo: se trata de los socios impulsores de la fundación Ashoka (que han de tener la igual visión que la misma y se han de comprometer a pagar 10.000 euros anuales durante tres años) entre los que se encuentran destacados miembros del Grupo VIPS (Arango), de Acciona, del BNP Paribas, del Banco Santander y otras grandes empresas”.

Y ser Emprendedor Social de Ashoka, como bien explica Puche en esta entrevista, significa que:

“Tienen unos ojeadores o nominadores, que presentan candidatos a los que, después de cinco rigurosos filtros, los nombran emprendedores sociales (o socios-líderes) y, o bien les pagan, descaradamente, un sueldo durante tres años de unos 1.500 euros, diciéndoles a qué se han dedicar, o bien los pasean por medio mundo, promocionando indirectamente empresas, mientras les dejan dar sus charlas a los invitados por las filantrópicas.

P.- ¿Qué buscan las entidades que lo hacen?

R.- Buscan legitimidad, información, negocio con los pobres e introducir confusión en los movimientos sociales para controlar las disidencias al sistema. En el caso de Avina su fundador, el magnate suizo Schmidheiny, busca, además, librarse de la imagen de genocida que la sombra del amianto se cierne sobre él por donde pasa.”

¿Por qué una fundación como Ashoka promueve lo local y sostenible, según ellos, en nuestras latitudes y después en África, como veremos después, firma un acuerdo con la Bill y Melinda Gates Foundation para implementar la revolución verde de los transgénicos en África? Parecería a simple vista que la estrategia en Europa es la de adormilar a las masas, anestesiarlas, atontarlas, hackear sus mentes para que sean incapaces de cualquier acción que se oponga a los intereses de las multinacionales o el gran capital.

Pero si vamos más allá podemos encontrar en la figura de la colmena la metáfora del enjamble de la que nos habla el filósofo Byung-Chul Han en su libro del mismo nombre: “En el enjambre”:

“¿De qué modo la revolución digital, internet y las redes sociales han transformado la sociedad y las relaciones? Han analiza las diferencias entre la «masa clásica» y la nueva masa, a la que llama el «enjambre digital». Byung-Chul Han, en este nuevo ensayo, analiza de qué modo la revolución digital, internet y las redes sociales ha transformado la esencia misma de la sociedad. Según el autor, se ha formado una nueva masa: el «enjambre digital». A diferencia de la masa clásica, el enjambre digital consta de individuos aislados, carece de alma, de un nosotros capaz de una acción común, de andar en una dirección o de manifestarse en una voz. La hipercomunicación digital destruye el silencio que necesita el alma para reflexionar y para ser ella misma. Se percibe solo ruido, sin sentido, sin coherencia. Todo ello impide la formación de un contrapoder que pudiera cuestionar el orden establecido, que adquiere así rasgos totalitarios. Empresas como Facebook y Google trabajan como servicios secretos que vigilan nuestros intereses para extraer beneficio de nuestros comportamientos en internet y las redes sociales. Para Byung-Chul Han, se ha dejado atrás la época biopolítica. Hoy nos dirigimos a la época de la psicopolítica digital, donde el poder interviene en los procesos psicológicos inconscientes. El psicopoder es más eficiente que el biopoder, por cuanto vigila, controla y mueve a los hombres no desde fuera, sino desde dentro”.

La web de “La Colmena que dice sí” nos remite a ese universo descrito por Han que “Dice sí”, con ese exceso de positividad característico de nuestra época que nos remite al empoderamiento (yes, we can, “podemos”…). ¿Cómo va a decir “No” esa colmena? Tiene que decir “Sí”. El enjambre digital que se promueve es el de gente aislada que hace su compra por internet, con toda la cesión de datos, libertad y autonomía (big data) que supone. Pues a lo mejor hay que empezar a decir que “no”, que no queremos ser abejas de su enjambre. Y que es preferible el mal clásico, desnudo y obvio, al mal retorcido y disfrazado de bien, lo que se traduce en el campo bélico en una invasión de un país al modo de Iraq o una guerra imperialista al modo de lo que ha ocurrido y está ocurriendo en Siria. Frente al primer mal hay una respuesta, el “no a la guerra”, porque es un mal tan claro que hasta los votantes del PP estaban en contra. Sin embargo, la estrategia seguida en Siria desarma psicológicamente al pueblo porque se hace desde el “buenismo” al poner el foco no en las causas sino solamente en los efectos: “Bienvenidos, refugiados”. Claro, si no hubiera guerra ni invasión por mercenarios, no habría refugiados, pero ese paso lógico es dinamitado y hackeado por la psicopolítica que impide cualquier planteamiento racional frente a la realidad. Yo misma he caído en la trampa hasta que me di cuenta de la estrategia del shock mediático que padecemos día tras día. ¿O es que acaso cuando decíamos “no a la guerra” éramos partidarios de Saddam Hussein o defendíamos todo lo negativo que pudiera tener su gobierno? No, lo que defendíamos era parar una agresión y un abuso hacia la población de un país que siempre estará mejor en un país sin guerra que en una que dura ya seis años con un bloqueo económico. En fin, ahora los estrategas militares y políticos de las élites imperialistas han aprendido del error, han refinado la estrategia de control por el caos y todos contentos y tranquilos y, peor aún, el pueblo pensando que es solidario cuando no lo es en absoluto, lo que satisface el ego y adormece la conciencia.

Cabe preguntarse qué opina el Emprendedor Social Ashoka, Guilhem Cherón, de los vínculos de Ashoka con los transgénicos en África. ¿Por qué él, que promueve lo local y sostenible, aceptaría dinero de gente que en África quiere empobrecer y hacer dependientes de las multinacionales a los africanos con las semillas trans? Copio y pego del artículo de Paco Puche:

“Alianza con la Fundación Bill y Melinda Gates y el programa AGRA

ESTA alianza tiene especial importancia pues se  obtiene financiación para proyectos de desarrollo rural sostenible en África y la India.

EL AGRA es la alianza entre la FAO y las Fundaciones Bill y Melinda Gates y Rockefeller para una nueva “revolución verde en África”. En ella no se habla de transgénicos pero sí de introducir semillas de alta tecnología[vii] con sus patentes incorporadas que sustituirán a las tradicionales. Monsanto, la multinacional que domina el 90% del mercado de las semillas transgénicas del mundo, y una parte importante de las otras semillas, presume de que se ha unido a la fundación Gates para desarrollar semillas tolerantes a las sequías. Las relaciones de ambas transnacionales son muy buenas, no en vano, en 2006, el vicepresidente de la multinacional Monsanto se unió  a la fundación Gates, y el pasado mes de agosto la citada fundación ha invertido 20 millones de dólares en la compra de 500.000 acciones de Monsanto.

LA alianza de 2009 entre Ashoka y la fundación Gates para África e India esta destinada a “elegir a más de 90 emprendedores sociales que difundirán prometedoras innovaciones para ayudar a salir de la pobreza a pequeños agricultores”.

La Vía Campesina y la “filantropía” realmente existente

EL pasado 10 de septiembre, la Vía Campesina, entidad que coordina a más de 150 organizaciones miembros en 70 países de todo el mundo, emitió un comunicado de prensa en el que denuncia la compra de acciones de Monsanto por parte de la Fundación Bill y Melinda Gates.

EL comunicado afirma que “desde 2006 esta Fundación ha colaborado con la Fundación Rockefeller, entusiasta promotora de cultivos transgénicos para los pobres del mundo, para implementar la Alianza de una Revolución Verde en África (AGRA), la cual está abriendo el continente a la semilla transgénica y a sustancias químicas vendidas por Monsanto, Dupont y Syngenta (…) En Kenya alrededor del 70% de los recipientes de fondos de AGRA trabajan directamente con Monsanto y sobre 100 millones de dólares en donaciones se han dado a organizaciones kenyanas conectadas a Monsanto”.

COMO resultado “la Fundación Gates continúa empujando los productos de Monsanto  los pobres, a pesar de la creciente evidencia de los peligros ecológicos, económicos y físicos de los cultivos transgénicos”. Concluye el comunicado diciendo, en palabras de su coordinador general en Jakarta, Henry Saragih, que “la Vía Campesina condena este desvío de la ayuda humanitaria con fines comerciales y esta privatización de las políticas alimentarias”.”

Bien, queda claro que aquí se fomenta el producto local no transgénico y, a la vez, los mismos que han apoyado a “La Colmena” en Francia, Bélgica o España promueven la dependencia de Monsanto entre los campesinos de Kenya y todos los correspondientes daños colaterales de su uso. De esta forma se trata de neutralizar cualquier tipo de oposición aquí (antes incluso de que ocurra) para evitar lo que ocurre allí. Mientras nosotros participamos en estas operaciones de ingeniería social o jugamos en los huertos urbanos del Ayuntamiento en algún despacho de algún edificio de gran altura hay gente riéndose a carjadas de nuestra ingenuidad. Ahora, cada vez que alguna vecina me habla de “La Colmena” tengo argumentos sólidos para explicar por qué estoy en contra de este tipo de lavados de cerebro y de imagen, de esa infiltración del gran capital en nuestras conciencias y nuestros barrios. No sé vosotros pero yo ni soy abeja ni digo “Sí” a Monsanto, ni a Ashoka, ni al dinero del amianto.

Termino con una cita bíblica, ya que ser atea y apóstata no me impide reconocer una gran verdad cuando la leo: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7.16).

Ashoka AVINA REAS Fiare from El abrazo a Néfele on Vimeo.

Filantropofagos from Zabaldi on Vimeo.

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