ClassDojo, apuntes para un debate ético y pedagógico

ClassDojo es una plataforma que, según el texto de la tienda de Apps de Google “ayuda a los profesores a mejorar la conducta en sus aulas rápida y fácilmente. Captura y genera datos sobre comportamientos que los profesores pueden compartir con los padres y administradores”. La realidad es que esta herramienta tecnológica se ha puesto de moda en muchos colegios y ni los profesores ni los padres están todavía muy informados sobre las implicaciones de su uso.

A mí me preocupan especialmente estos aspectos:

– Los niños actúan guiados por el afán de ganar puntos y los consiguientes premios, lo que es una motivación extrínseca y no intrínseca de la propia actividad. En cuanto a premiar, por ejemplo, un buen acto, esto puede tener el efecto negativo ético de que se deje de valorar hacer el bien como fin en sí mismo. Ayudar a un compañero es algo que hay que hacer pero si se hace por los puntos y los premios es pervertir y corromper una buena acción. ¿Cuál es el curriculum oculto ético de este tipo de estrategias conductistas? ¿No debemos enseñar a los niños a buscar el bien y la virtud incluso aunque no se reciban premios, por satisfacción personal o porque simplemente es lo correcto? ¿Qué pasará cuando tengan que nadar a contracorriente y nadie les dé la palmadita en la espalda? Pensemos en cuantas veces hay que luchar por algo justo (sí, eso también es “emprender”) aunque no se reciban apoyos de nadie más. Este sistema anula la capacidad personal de abordar proyectos personales que vayan en contra de lo que esté de moda en ese momento, lo que le guste al algoritmo del Big Data o realizar un buen trabajo independientemente de las visitas o “likes” que reciba. Esta cuestión a mí me resulta especialmente sensible, ya que este blog es un ejemplo de ello. Me da igual cuantas personas lo lean (o me importan pero lucho porque no me preocupe) y no pienso cambiar mi mensaje para contemporizar con las masas de internautas. ClassDojo en la era de la economía “colaborativa” precaria y sin límites para el capital es simplemente el entrenamiento para comportarse en función de lo que pide la autoridad, los jefes o la gran empresa. Esto no estaría tan mal si no fuera porque las personas en puestos de poder en la actualidad parece que han perdido el norte y su única religión es el aumento de beneficios a corto plazo, lo que está relacionado con la crisis de confianza que estamos viviendo. Es decir, los rankings y este tipo de pedagogía son síntoma y reflejo, causa y efecto, del problema global de desconfianza en el prójimo y en el sistema. Si la LOMCE decía aquello de que “El aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, críticas, con pensamiento propio” no parece que Class Dojo y cómo se vende entre el profesorado (“¡Controla tu aula!”) sea el camino a seguir.

– Los niños ven y saben los puntos que tienen los demás niños de su clase porque se proyectan en la pizarra digital, lo que me parece que favorece un clima de competencia absurda entre ellos al modo de “el empleado del mes”. Es significativo que el sistema de “Stack Ranking” (un ranking de trabajadores visible) al que tanto se parece ClassDojo y que se implementaba en empresas como Microsoft o General Electric esté en desuso por sus efectos nocivos. Es muy criticado por incentivar la humillación y el miedo y crear una cultura de empresa negativa. Además, si actualmente se dice que con el Reglamento General de Protección de Datos las empresas deben ser especialmente sensibles al difundir datos de productividad de cada trabajador, ¿no deberían estar más protegidos en su intimidad y honor los menores de edad? ¿Es necesario difundir a toda la clase las calificaciones de comportamiento de cada niño? ¿Te imaginas que te lo hicieran a ti en tu puesto de trabajo? Nadie se comporta igual si sabe que está siendo constantemente monitorizado y vigilado.

– Los niños hablan más de los puntos que tiene cada uno que de lo que han aprendido en clase. Se supone que van al colegio a aprender y a convivir, no a ganar puntos. Ganar puntos y premios no está reflejado como objetivo ni como competencia necesaria en la ley educativa actual.

– Las “economías de fichas” (token economies), que es en lo que se basa ClassDojo, en teoría, tienen que ser planificadas en sus dos fases: implementación y desvanecimiento. Se supone que después de conseguido el supuesto objetivo, hay que finalizarlas. No están hechas para durar 6 años o toda la Primaria. Alguien en la escuela o en la Administración tiene que reflexionar sobre ello y que no parezca que esto es una improvisación total. En cualquier caso, según Alfie Kohn (autor del libro “Motivar sin premios ni castigos”), son un fracaso, y no se debería experimentar sobre los niños. A mí, que no soy Alfie Kohn ni ninguna experta, me repelen desde un punto de vista intuitivo.

– Las economías de fichas, tal y como las conocemos hoy en día, se pensaron por primera vez para un psiquiátrico de mujeres de Illinois, el Anna State Hospital, en los años sesenta del siglo pasado que sufrían de desgana institucional o “institucionalismo”/”hospitalismo”. Después se aplicaron en ambientes educativos para niños con problemas de conducta o alguna discapacidad. ¿En qué momento alguien pensó que esto podría aplicarse a todos los niños en general durante varios años? ¿Con qué finalidad? En relación al punto anterior, ¿no será que el problema lo tiene la propia institución y no los pacientes/alumnos?

– El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) exije que hace falta solicitar consentimiento informado y expreso a los padres de menores de 14 años para poder introducir datos personales de sus hijos. Además, el consentimiento debe ser libre, informándose de las consecuencias de no darlo. ¿Y si en una clase la mitad de los padres autoriza y la otra mitad no?  ¿Qué clima se crearía en esa clase? ¿Qué pasa si solamente hay un niño que no es autorizado por sus padres? ¿Alguien ha pensado en todo esto? Hay que tener en cuenta que hay dos consentimientos informados que deberían estar presentes, uno antes de que cualquier profesor meta nombres y apellidos de los niños en su cuenta de profesor, y otro para descargarse la app en el móvil y crear una cuenta de estudiante o de padre. Son cosas diferentes. Además, los términos de uso y privacidad, a día de hoy (marzo de 2019), están en inglés. ¿Comprende la gente lo que está aceptando? Sí, una empresa que opera en colegios públicos españoles tiene sus términos de uso en inglés.

– Esta plataforma podría atentar contra la soberanía educativa de los países al tratarse de una empresa con vocación de monopolio como Facebook, Google y demás, una empresa radicada en el extranjero que tendría capacidad para proponer contenidos a los profesores a nivel global (por ejemplo, ejercicios de “mindfulness”). No he encontrado desde el Ministerio de Educación o desde las diferentes Comunidades Autónomas ninguna directriz en este sentido. Parece que, como en el caso de los patinetes y la movilidad urbana, las empresas tecnológicas en lugar de pedir permiso primero actúan y después la Administración reacciona, a rebufo de lo que estas organizaciones van imponiendo por “moda” o a través de campañas de marketing.

– “Cuando un servicio es gratis, el producto eres tú”. Esto que parece obvio debería hacernos reflexionar sobre la gratuidad del “servicio”. Ahora mismo esta empresa ofrece el producto porque está en fase de expansión y le interesa estar en el mayor número de colegios posibles. Pero, lo importante, son los datos que obtiene de los niños y de sus familias. Se dice que el Big Data es el nuevo oro negro pero parece que a nadie le importa que se estén regalando datos de menores sin ningún tipo de reflexión previa o debate público y político.

– Esta App tiene varias dimensiones: la del control del comportamiento en clase y, por otro lado, la de comunicación y mensajería del profesor con las familias en una especie de red social escolar donde se comparten también imágenes. En este aspecto, me preocupa que las familias estén dando al botón de “aceptar” sin entender bien que están aceptando. ¿Puede la App decirle al personal del colegio el tiempo total que han estado conectados los padres? De esa información se podría inferir el nivel de implicación de cada familia. Eso parece indicar esta madre en los comentarios de un artículo sobre la política de privacidad de Class Dojo. Y en otro orden de cosas, ¿tiene esta empresa acceso a los sensores de los teléfonos “inteligentes” como micrófono y demás? ¿Qué capta la herramienta para medir el “ruido” de la clase? Recientemente la app de LaLiga se ha visto involucrada en un escándalo porque encendía los micrófonos de los usuarios para espiar a los bares en los que se estaba viendo el fútbol y saber si ese local, por la ubicación y la captura de sonido, tenía derechos de emisión del partido o no. Esto demuestra que las apps tienen determinados riesgos y nos vemos en manos de terceros a la hora de confiar en que actúen con ética respecto a lo que les hemos autorizado a hacer con nuestro teléfono.

– La dimensión de red social de la app parece enseñar a los niños a que lo que no se fotografía y no se sube para visualización de los demás no existe. Esto es una idea falsa, hay mucho trabajo no visible que es sumamente importante, más allá del ego y el narcisismo que favorecen estas herramientas.

– El tema del avatar recuerda demasiado a los videojuegos. No entiendo a qué “juega” la educación hoy en día con los niños. Me paso el día diciéndoles que los videojuegos crean adicción y sustituyen experiencias reales importantes y después el colegio fomenta el tema con la “gamificación” del comportamiento y la creación de avatares o alter egos digitales ficticios (ojo, en el libro de Nicholas Kardaras “Glow Kids” se dice que los avatares podrían tener implicaciones en el plano psicológico también). Luego nos quejaremos de que hay centros de apuestas y recreativos cerca de los colegios…

– Sobre el tema de la “competencia digital” me preocupa que bajo este epígrafe todo valga, cualquier cosa que hagan los niños con pantallas digitales u ordenadores entraría dentro de esta categoría. Yo incluso pongo en cuestión que los niños menores de 14 años tengan que tener cualquier tipo de competencia digital. ¿Es que acaso les damos calculadoras cuando están aprendiendo a sumar y restar? No, primero aprenden con papel y lápiz. ¿Es que acaso aprenden a escribir en ordenador? No, primero con caligrafía. En fin, que una vez más la sociedad pierde el norte. Nicholas Kardaras recomienda que no se proporcione ordenadores en las escuelas a niños menores de 10-12 años y me parece bastante prudente. La competencia digital en educación debería ir orientada a la búsqueda de información y a saber usarla con sentido crítico para investigar o reflexionar. Me temo que no será el caso ya que las empresas tecnológicas y sus intereses cortoplacistas son las que están marcando el camino a seguir.

– No sabemos cómo será el mundo que les tocará vivir a nuestros hijos y cómo se usará la información recolectada sobre su comportamiento. Esto ahora es ciencia ficción pero, ¿se les podrá pedir su informe global de Class Dojo en alguna institución del futuro? ¿Les afectará para buscar trabajo? ¿Se podrá perfilar su personalidad o alguna información sobre su salud física o psicológica (recordemos que tiene una herramienta de control de “asistencia”)? ¿Y si los datos se vuelven en su contra en algún momento? ¿Sería justo? ClassDojo dice algo así como que borran los perfiles de estudiantes que no han sido activamente guardados por sus padres al año pero esto no queda muy claro ya que, como hemos dicho, la política de privacidad y los términos de uso están en inglés. La pregunta del millón sigue en el aire… ¿Y si un padre no ha creado un perfil a su hijo y ni siquiera a dado autorización pero los puntos de su hijo están vinculados a la cuenta de un profesor? ¿Se borrarían también al año o cuando el profesor borre su cuenta al cabo del tiempo?

– La convivencia en los colegios está reflejada, al menos en Madrid, en el decreto 15/2007, en el Plan de Convivencia. Allí se habla de faltas y sus consecuencias, pero no se habla de premiar el buen comportamiento con puntos positivos. Las faltas leves y las diferentes sanciones a su vez no se sabe muy bien cómo son compatibles con los puntos de ClassDojo. En cualquier caso, los colegios deberían informar a los padres sobre qué conductas están siendo premiadas y cuáles son los premios que están recibiendo sus hijos. ¿Puede ser un premio legítimo llevarse un libro a casa? ¿No se supone que la escuela quiere fomentar la lectura y quizás el que más necesita llevarse el libro es el que menos puntos tiene? De nuevo parece que nos movemos en la improvisación sin tener en cuenta las posibles consecuencias pedagógicas. Me da miedo que los premios de Class Dojo en realidad enseñen a los niños a normalizar los privilegios y la discriminación. Por ejemplo, todos se supone que somos iguales ante la ley, no hay mejores y peores ciudadanos con acceso a mejores o peores servicios. ¿Te imaginas que por tu buena posición en tu ranking social tuvieras acceso a mejores médicos de la seguridad social que otros?

– El control del comportamiento en clase con ClassDojo se parece demasiado al crédito social que se va a implantar de forma obligatoria en China en 2020 para todos los ciudadanos adultos. Por eso, como dice Laura Pinkerton, enseña a los niños a que se acostumbren a un clima de vigilancia total, sin intimidad, y a vivir en un estado policial. Si nos parece mal el sistema que se va a implantar en China y nos parece totalitario, ¿no es más grave que se promueva en niños?

En cualquier caso, se trata de una plataforma controvertida que ha sido muy criticada en medios de comunicación de todo tipo. Reflexionemos y apliquemos un principio de cautela a la hora de implementar este tipo de plataformas sobre menores de edad.

Cita del libro “Psicología educativa” de Anita Woolfolk.

En castellano:
Directrices sobre ClassDojo en la Generalitad de Valencia:
-“La Consejería de Educación, Investigación, Cultura y Deporte envía una nota a los centros educativos firmada digitalmente por el Director General de Centros y Personal Docente , Joaquín Carrión, informando sobre la prohibición de ceder datos de alumnado, así como la no existencia de acuerdos ni autorizaciones de cesión de datos a empresas. Podéis consultar la nota en el siguiente enlace”.
– Resolución de 28 de junio de 2018, de la Subsecretaría de la Conselleria de Educación, Investigación, Cultura y Deporte, por la que se dictan instrucciones para el cumplimiento de la normativa de protección de datos en los centros educativos de titularidad de la Generalitat: www.dogv.gva.es/datos/2018/12/03/pdf/2018_11040.pdf
En inglés:

 

Artículo de revistas científicas:

Decoding ClassDojo: psycho-policy, social-emotional learning and persuasive educational technologies

The datafication of discipline: ClassDojo, surveillance and a performative classroom culture

T. Ayllon & N.H. Azrin : The Token Economy: a motivational system for therapy and rehabilitation. New York: Appleton-Century-Crofts, 1968.

Decoding ClassDojo: psycho-policy, social-emotional learning and persuasive educational technologies

“Won’t Somebody Think of the Children?”Examining COPPA Compliance at Scalesium.org

Sobre el marketing de estas aplicaciones que usan a profesores como “embajadores” de su marca:

Examining the New Phenomenon of Teachers as Brand Ambassadors

 

Relacionado:

http://algoquedaquedecir.blogspot.com/2017/11/raices-gestion-educativa-madrid.html

Blog Conlaveniaseñorias – Interés legítimo

 

Bibliografía:

– Ben Williamson: Big Data en educación

– Alfie Kohn: Motivar sin premios ni castigos

– Kazdin: The token economy

– Rachel Botsman: Who can you trust?

Mental Health Law: Major Issues

– David B. Wexler: Token and Taboo: Behavior Modification, TokenEconomies, and the Law

Anita Woolfolk: Psicología educativa

– Screen Schooled: Joe Clement and Matt Miles

– Nicholas Kardaras: Glow Kids: How Screen Addiction Is Hijacking Our Kids

– Anthony Cody: The Educator And The Oligarch