“Amar con los brazos abiertos”, un libro de Kika Baeza

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Ayer me leí de un tirón el libro de Kika Baeza, profesora del curso de asesoras de lactancia materna que estoy haciendo este año, y me emocionó muchísimo. Me gustaría reseñar aquí los aspectos más interesantes del libro:

– Empiezo con una de las cosas que no me han gustado demasiado y es que Kika dice que la “crianza con apego” es lo normal, lo adecuado (pg.33). Creo que lo que ha hecho la humanidad durante milenios es una cosa o, mejor dicho, muchas cosas muy variadas, y la llamada “crianza con apego” es un concepto difundido por el pediatra estadounidense William Sears en el siglo XXI. No es lo mismo hablar de la crianza en la Esparta del siglo VIII a.C. o de la crianza en el Japón del siglo XVIII o en la Mongolia del siglo XXI. Creo que decir ese tipo de frases es caer en simplismos innecesarios. Otra cosa es que sea lo adecuado. Yo no lo sé, seguramente sí, pero en mi opinión criar con amor pero sin etiquetas ni gurús es muuuuuuuucho más adecuado, al menos en el contexto actual.

– Me ha encantado, ya me gustó en el curso, cómo explica el mecanismo de las defensas de la lactancia materna. Voy a intentar explicarlo con mis propias palabras… La madre se infecta de una bacteria cualquiera y produce defensas en su intestino frente a ella. Estas defensas pasan a desde el pecho a la leche y de allí al bebé. Las células de defensa atrapan a las bacterias y les quitan la capacidad de infectar, por eso, cuando el bebé mama y traga esas bacterias “inactivadas” no son capaces de infectarle. Cuando llega la bacteria de la calle a la garganta del bebé e intenta infectarle no puede porque ya ocupa su lugar las bacterias inactivadas. Ella lo explica mucho mejor que yo…

También me ha parecido muy interesante el tema de las defensas y la guardería. Los bebés que son amamantados y van a la guarde se ponen menos enfermos que los que no son amamantados, pero aún así, mucho más que los que maman y no van a la guarde. ¿Por qué pasa esto? Pues porque la madre produce defensas para las bacterias con las que tiene contacto. Al estar en la guarde, el bebé tiene contacto con bacterías con las que la madre no ha convivido, con lo cual no puede defenderle. Por eso, entiendo que mi hijo al estar con sus abuelos tres tardes a la semana estará más defendido que si fuera a la guarde. Primero, porque no está en un ambiente lleno de bacterias, pero además, está en un espacio en el que yo también convivo un tiempo diario, aunque menos tiempo que él, obviamente. ¡Qué pasada! Y yo me pregunto, ¿no sería interesante entonces, si llevamos a nuestro peque a la guarde, pasar un tiempo con los niños en el aula para poder “contagiarnos” y poder producir defensas para ellos?

– Me he sentido muy identificada con lo que dice de las mujeres que han decidido “no dar el pecho”. Muestra una gran humanidad al reconocer sus propios fanatismo iniciales y valorar su evolución hacia ser cada vez más comprensiva y empática con las mujeres.

– Después, Kika Baeza habla sobre la forma de nacer y la influencia sobre la lactancia. Es alucinante comprobar la cantidad de interferencias que se producen “por protocolo” que se podrían evitar y que evitarían, valga la redundancia, muchos problemas posteriores. Interesantísimo, tanto el ejemplo de parto habitual como el de la cesárea programada de una de las mujeres a las que ella acompañó.

– Lo comento por separado porque lo merece el tema. ¿Alguien te explicó que podías extraerte calostro tú misma en lugar de darle un suplemento de fórmula nada más nacer? A mi desde luego no. Al parecer nuestro cuerpo produce calostro los últimos meses del embarazo, lo que se podría enseñar y probar algún día antes de que naciera el bebé como entrenamiento, para guardarlo, o si se sabe que va a ser cesarea seguro*… Además, estimula la producción. ¡Se trata de conocer nuestro cuerpo! Y encima, al ver que sale calostro ganaríamos tantísima seguridad en un momento vulnerable…

– Un tema de los más apasionantes del libro es el que respecta a la crianza biológica o postura reclinada en la que los bebés son capaces de llegar al pecho por sí mismos y conseguir un buen agarre, lo que evitaría muchos dolores y grietas. Los bebés pueden hacer esto hasta los tres o cuatro meses. ¿Alguien te la enseñó antes o después del parto? ¿A que no? Todas terminamos amamantando en posturas que no invitan a un buen agarre y sí a las griestas y a las contracturas por todo el cuerpo. Hay que aprender a repanchingarse. Y yo me pregunto, ¿hay alguna cultura o en alguna época se ha amamantado en esta postura? ¿Cómo es posible que tengan que ser investigadoras del siglo XXI las que han tenido que descubrir o redescubrir que los instintos y reflejos del bebé tienen un sentido en esta postura? Alucinante. Yo creo que no lo he visto ni en los cuadros de vírgenes amamantadoras ni en estatuillas de Isis con Horus, ni en ningún otra imagen. ¡Si tengo otro bebé lo probaré sí o sí!

– Muy interesante es la reflexión que hace Kika sobre el “a demanda”, con la connotación que tiene de relación amo-esclavo. Nunca lo había pensado… Es cierto, casi diría que tiene un componente economicista, capitalista incluso, lo que termina cabreando a las madres que tienen que responder a demandas y exigencias. Los bebés no demandan, piden y (si no se les atiende) suplican, según cuenta Kika. Nosotros respondemos a sus necesidades. Todo parece muy fácil pero… ¡Ay! ¡Esas noches de terrores nocturnos, llantos inconsolables y pérdidas de nervios!

– Otra frase que me ha emocionado es la de la pg. 87:

“Cuando un bebé es criado de esta manera, aprende poco a poco la naturaleza recíproca de las relaciones, es el amante y el amado. Aprende los gustos y las fronteras del otro, aprende a cuidarle y respetarle, aprende a esperar cuando es necesario. Cuando sea capaz de comprender lo que le decimos y lo que le pedimos, le será más sencillo obedecer puesto que confía en nosotros. Si le apartamos de nosotros con una crianza lejana antes de que interiorice este tipo de relación, le robamos la oportunidad de aprender una reciprocidad confiada”

Y digo yo… Aprende o no aprende, porque nuestro hijo muchas veces se impone o nos planta un dedo en el ojo mientras mama, nosotros se la quitamos y le decimos que nos molesta y lo vuelven a hacer. Creo que más importante que consiga aprender a respetar al otro (a nosotras) es la propia relación y el proceso.

– La parte del biberón también es muy interesante. Si se utiliza, se puede aprender a darlo de la forma más similar al pecho, algo que casi nunca nos planteamos. Por ejemplo, imitar los flujos cambiantes del pecho y responder a la necesidad de respiración pausada.

– El capítulo 11 es muy emotivo, el más filosófico y espiritual del libro. A pesar de que la autora es católica y yo soy atea (y además creo que la Iglesia es una institución del poder y al servicio de los poderosos), me siento muy identificada con su necesidad de trascendencia y su visión de la vida. Es muy bello cómo habla de las diferentes facetas y momentos de su vida. Se nota que es una persona íntegra y con valores, lo que es tan difícil de encontrar hoy en día.

¡AMEMOS CON LOS BRAZOS ABIERTOS!

*ACTUALIZACIÓN: Lo comenté con Kika y me dijo que era mejor no sugerir esto en general no porque fuera peligroso sino porque hay mujeres que no tienen calostro hasta que nace el niño.