El primer precedente del “dejar llorar” a los bebés: Licurgo de Esparta

Imagen tomada de http://www.estoeshispania.com/2010/06/la-agoge-espartana.html

El verdadero precedente de Estivill, Ferber, Spock y Luther Emmett Holt, el pediatra del Instituto Rockefeller, podría ser la crianza y educación eugenésica y militarista que promovió Licurgo en la Esparta de los siglo VIII al VII a.C.. En las elites de esta ciudad el único vínculo que podía existir era el amor al Estado por encima de todo lo demás. Fuera de este esquema quedaban los esclavos y los bebés que no superaban la prueba de fortaleza a la que eran sometidos después de nacer.

Así lo cuenta Plutarco en su capítulo sobre el legislador Licurgo:

XVI.- Nacido un hijo, no era dueño el padre de criarle, sino que tomándole en los brazos, le llevaba a un sitio llamado Lesca, donde sentados los más ancianos de la tribu, reconocían el niño, y si era bien formado y robusto, disponían que se le criase repartiéndole una de las nueve mil suertes; mas si le hallaban degenerado y monstruoso, mandaban llevarle las que se llamaban apotetas o expositorios, lugar profundo junto al Taigeto; como que a un parto no dispuesto desde luego para tener un cuerpo bien formado y sano, por sí y por la ciudad le valía más esto que el vivir. Por tanto, las mujeres no lavaban con agua a los niños, sino con vino, haciendo como experiencia de su complexión, porque se tiene por cierto que los cuerpos epilépticos y enfermizos no prevalecen contra el vino, que los amortigua, y que los sanos se comprimen con él, y fortalecen sus miembros. Había también en las nodrizas su cuidado y arte particular; de manera que criaban a los niños sin fajas, procurando hacerlos liberales en sus miembros y su figura; fáciles y no melindrosos para ser alimentados; imperturbables en las tinieblas; sin miedo en la soledad, y no incómodos y fastidiosos con sus lloros. Por esto mismo muchos de otras partes compraban para sus hijos amas lacedemonias; y de Amicla, la que crió al ateniense Alcibíades, se dice que lo era; y a este mismo, según dice Platón, le puso Pericles por ayo a Zópiro, esclavo, que en nada se aventajaba a cualquiera otro esclavo. Mas a los jóvenes Espartanos no los entregó Licurgo a la enseñanza de ayos comprados o mercenarios, ni aun era permitido a cada uno criar y educar a sus hijos como gustase; sino que él mismo, entregándose de todos a la edad de siete años, los repartió en clases, y haciéndolos compañeros y camaradas, los acostumbró a entretenerse y holgarse juntos. En cada clase puso por cabo de ella al que manifestaba más juicio y era más alentado y corajudo en sus luchas, al cual los otros le tenían respeto, y le obedecían y sufrían sus castigos, siendo aquella una escuela de obediencia. Los más ancianos los veían jugar, y de intento movían entre ellos disputas y riñas, notando así de paso la índole y naturaleza de cada uno en cuanto al valor y perseverar en las luchas. De letras no aprendían más que lo preciso; y toda la educación se dirigía a que fuesen bien mandados, sufridores del trabajo y vencedores en la guerra; por eso, según crecían en edad, crecían también las pruebas, rapándolos hasta la piel, haciéndoles andar descalzos y jugar por lo común desnudos. Cuando ya tenían doce años no gastaban túnica, ni se les daba más que una ropilla para todo el año; así, macilentos y delgados en sus cuerpos, no usaban ni de baños ni de aceites, y sólo algunos días se les permitía disfrutar de este regalo. Dormían juntos en fila y por clases sobre mullido de ramas que ellos mismos traían, rompiendo con la mano sin hierro alguno las puntas de las cañas que se crían a la orilla del Eurotas; y en el invierno echaban también de los que se llaman matalobos, y los mezclaban con las cañas, porque se creía que eran de naturaleza cálida.”.

Estas costumbres se atribuyen a Licurgo, autor de la Constitución de Esparta (Gran Retra) pero también es posible que no fueran obra de una sola persona.

Más información:

– La Gran Retra: http://elestudiantedehistoria.blogspot.com.es/2007/10/la-gran-retra.html

– La agoge espartana: http://www.estoeshispania.com/2010/06/la-agoge-espartana.html

http://historiaybiografias.com/espartanos/

– Jenofonte. La República de los lacedemonios: https://es.scribd.com/doc/260387185/Jenofonte-La-Republica-de-los-lacedemonios-ed-bilingue-pdf

El llanto del bebé.

Las personas que me conocen saben que no me gustan mucho las etiquetas ni encasillarme, pero cada vez me doy más cuenta de que hay una frontera entre las personas que no soportan llorar a un bebé y hacen todo lo posible por calmarle, y las personas que optan, quizás cansados o por no “malacostumbrarle”, por ignorarle, a ver si se le pasa solo. Y no, no me refiero a las rabietas de un niño por una chocolatina en el supermercado, sino al llanto de un bebé de pocos meses, un llanto que indica una necesidad básica (¿acaso a esa edad no lo son todas?) no satisfecha*.

En este blog hablo poco de teorías, ya que me gusta ceñirme a mi experiencia personal y a las conclusiones a las que he llegado en base a la misma. Por supuesto, esta experiencia no tiene por qué ser extrapolable a otras familias ni a otras situaciones, pero quizás a alguien le pueda aportar algo, al igual que a mi me aporta aprender de otras vivencias.

A pesar de que todo el mundo que le veía un ratito me decía “¡Es un bendito! ¡No llora nada!”, Félix lloraba bastante en sus primeros meses, durante algunas tomas** y sobre todo hacia las ocho de la tarde. Normalmente eran llantos fáciles de calmar con teta, contacto y movimiento, pero el de algunos atardeceres era inconsolable. No lo soportábamos y siempre intentábamos algo: ¿Será hambre? Le doy teta. ¿No quiere? No. ¿Será sueño? Voy a probar. Nada, imposible dormirle. Algún día Guille descubrió que subiendo y bajando escaleras se calmaba, otro día, si me agobiaba mucho, optaba por ponerle en el fular y dar un paseo. Casi siempre funcionaba con sólo dar una vuelta a la manzana pero hubo algunos días que ni con esas logré calmarle. Casi lloraba yo también paseando juntos. Eso sí, JUNTOS. Nunca se me ocurrió que tendría que pasar de él, o que si estábamos en un restaurante, si no podíamos hacer nada para que estuviera tranquilo, lo mejor era ignorarle. En ese caso, uno de los dos nos salíamos con él a la calle a ver si el aire fresco y estar en brazos le hacía bien. No sé, su bienestar era una prioridad.

Nunca sé muy bien qué decir cuando alguien me habla de otros bebés a los que llaman “llorones” y de otras situaciones parecidas en las que al final pensaron que lo mejor era pasar de él*** y afirman “Es que saben mucho”. “¿Qué saben qué?”, digo yo. “Pues que con mamá, en el pechito o en brazos, están muy a gustito”. “Ah, pues claro”, pienso yo, “Pero entonces, ¿cuál es el problema? ¿Por qué no le das eso que NECESITA y que es tan fácil de dar para ti?”. No sé, muchas veces me quedo callada, blanca, sin poder articular palabra. Está claro que pensamos diferente y que nuestra forma de actuar tendrá unas consecuencias o otras. Cada uno sabe qué relación quiere tener con sus hijos, novios, abuelos, nietos, amigos… Lo que yo tengo claro es que a las personas que quiero las intento tratar bien, aunque muchas veces me desespere y tenga que respirar hondo para serenarme. Y un bebé merece el mejor de los tratos, no peor que el que le daría a un novio, a un amigo o a un abuelo que llora. Un amigo o un novio pueden hablar, contarme lo que les pasa y moverse. Un bebé acaba de llegar al mundo extra-uterino y no sabe verbalizar sus sensaciones ni controla sus movimientos. Intento tratarle como a mi me gustaría que me trataran si me encontrara mal. Creo que a este mundo le falta mucha empatía, hoy en día confundida desgraciadamente con ñonería. Ojalá algún día pueda contestar algo coherente cuando alguien me habla sobre este tema.

*Necesidad no satisfecha o un malestar causado por un problema de salud que habría que descartar en primer lugar.

**Un truco para las tomas “nerviosas” fue el de darle de mamar medio adormilado, es decir, primero intentar calmarle y después darle la teta en la cama. Tiempo después, cuando empezamos a ponerle en el w.c./palangana a hacer sus necesidades, descubrí que lo que le ocurría (agitarse, ponerse nervioso y coger y soltar el pezón sin parar) eran señales de que iba a hacer caca. Seguramente le resultaban extrañas sus sensaciones corporales y eso le incomodaba. Si lo hubiese sabido antes, le hubiese puesto en la postura de hacer caca y se habría calmado bastante. Ahora, con nueve meses, seguimos igual, sólo que ya no hace cacas líquidas en cada toma, sino que hace una o dos veces sólidas. Su señal sigue siendo la misma: coger y soltar el pezón, o soltar el pezón de una determinada forma. Cuando lo hace, se que tengo algo de tiempo para ir a la taza del w.c. a ponerle.

***Momentos de angustia o ansiedad frente al llanto de nuestros hijos creo que los hemos vivido todos. Quizás es el momento, si nos vemos sobrepasados por la situación, de pedir ayuda a nuestro círculo de familiares y amigos, ayuda real para poder descansar. Es triste pero la vida moderna en las urbes, donde el aislamiento del individuo y la separación física de nuestros seres queridos es la norma, no ayuda mucho a tejer esa red de apoyo mutuo en la crianza que muchos deseamos.