Días 85, 86, 87 y 88: las fases

La protección de datos impide la vigilancia de los individuos y, como la sociedad liberal no cuenta con la posibilidad de tomar al individuo particular como objeto de la vigilancia, lo único que le queda es un shutdown o cierre total con enormes consecuencias económicas. Occidente pronto se dará cuenta de una verdad fatídica: que lo único que puede impedir ese shutdown es una biopolítica, una vigilancia digital del cuerpo que permita acceso irrestricto al individuo. 

Byung-Chul Han entrevistado por Rebeca Yanke

Jueves, 4 de junio de 2020

Viernes, 5 de junio de 2020

Sábado, 6 de junio de 2020

Domingo, 7 de junio de 2020

Desde el primer momento me di cuenta de qué iba la película de todos este chantaje biopolítico que estamos viviendo, que no es otro que aceptar la vigilancia y el control digital total por parte del poder. Me parece tan obvio que casi parece estúpido explicarlo, pero quizás sea debido a que llevo años leyendo sobre estos temas y ya estaba algo curtida en otras batallas. Todo gira en torno a la aceptación y la sumisión a las estúpidas apps, a la obsesión el Big Data y el abandono de los derechos de protección de datos y circulación; todo con la excusa de un virus, en teoría nuevo y muy contagioso. Sabían que de otro modo jamás entregaríamos nuestras libertades.  Por cierto, Byung-Chul Han me ha decepcionado totalmente durante esta crisis con la cuestión de las mascarillas. Se ha mostrado como lo que es, un integrado en la realidad distópica que estamos viviendo.

Estas son las fases que intuyo que vamos a vivir si no paramos esta locura, las primeras dos ya las hemos vivido o estamos en ello:

Primera: aceptar el arresto domiciliario de todo un país salvo para comprar comida. Aceptar perder el trabajo, perder la salud y la sanidad, perder los colegios. Aceptar la deshumanización de lo sucedido en residencias y la desatención a los enfermos. Aceptar la medicina de guerra, el hospitalocentrismo, los tratamientos experimentales y la yatrogenia. Corralito sanitario y cierre de centros de salud y especialidades.

Segunda: aceptar la mascarilla obligatoria. Esta es la medida psicológica de sumisión que sirve para ver el nivel de obediencia de una sociedad y aceptar todo lo que viene después.

Tercera: aceptar la geolocalización constante y la app del COVID-19 para rastrear y aislar “contactos”, contagios, enfermos y personas “asintomáticas”. Nos dicen como a niños: “Si no queréis ser confinados como en las plagas de otros tiempos tenéis que aceptar esto otro”. Eso se llama chantaje y grilletes digitales.

Cuarta: aceptar la vacuna obligatoria.

Quinta: aceptar los carnets de inmunidad que dan o quitan derechos según lo diga un test cuya fiabilidad es muy cuestionable.

Sexta: aceptar el crédito social de estilo chino en el que los ciudadanos ganan y pierden puntos según su relación con el poder estatal y la dictadura total. Es algo que vulneraría nuestra Constitución pero, ¿a quién le importa eso en tiempos de la nueva normalidad?

Séptima: aceptar la eliminación del dinero en efectivo, aceptar el corralito digital que supone que el dinero dejará de ser tuyo y siempre estará en manos de los bancos.

Octava: ¿aceptar el chip RFID insertado en la piel o un tatuaje “inteligente”?

Intuyo que las principales fuerzas políticas se irán turnando en la implementación de cada una de estas fases. Cuando un partido en el poder se queme, el siguiente continuará el trabajo. ¿Lo vamos a permitir? ¿O en algún momento vamos a plantarnos y decir “basta”?

 

https://news.rice.edu/2019/12/18/quantum-dot-tattoos-hold-vaccination-record/

– Los médicos podrían acceder al historial de vacunas del paciente rápida y cómodamente, lo que podría salvar muchas vidas en países en desarrollo. https://www.elespanol.com/omicrono/tecnologia/20191221/tatuajes-inteligentes-registran-historial-medico/453204907_0.html

ID2020 es una coalición de organizaciones públicas y privadas que nació en 2016 para avanzar en uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas: “proporcionar acceso a una identidad legal para todos”, según el sitio.

Ethan Veneklasen, director de comunicación de ID2020, dijo a AFP Factual que “una de cada siete personas en todo el mundo carece de una forma reconocida de demostrar su identidad. Esto significa que no pueden acceder a servicios sociales vitales, ejercer sus derechos como ciudadanos y votantes y participar en la economía moderna”. https://www.eluniverso.com/entretenimiento/2020/06/03/nota/7860519/anonymous-bill-gates-teoria-conspirativa-covid-id2020

Día 6: ¿Es peor el remedio que la enfermedad?

(IMPORTANTE: ESTE POST NO ESTÁ ACTUALIZADO RESPECTO A LA SITUACIÓN ACTUAL)

Lunes, 16 de marzo de 2020

Este virus es un virus, ya no sé si biopolítico, pero desde luego psicopolítico. Nadie lo ve, nadie conoce apenas a contagiados, aunque algunos tenemos a conocidos de conocidos con un resfriado diagnosticado como “coronavirus”. Sin embargo se pronostican contagios masivos y colapso de la sanidad pública. Pero a la vez no parece que nadie esté preparando un hospital de campaña para esos hipotéticos futuros enfermos. O ampliando UCIS, comprando respiradores y material médico. O fabricándolos, si es que se supone que van a ser necesarios, claro. ¿Por qué no hay datos diarios del nivel de saturación de los hospitales? Es todo un gran acto de fe en el estado el que se nos pide. Fe en la OMS, imitación de lo que han hecho otros países más autoritarios que el nuestro, etcétera… Y a quien se sale del guion, por lo menos de forma inicial, se le invita a que vuelva al redil a través de la presión de las redes sociales, los medios internacionales. Es decir, es la propia población la que pide y exije las medidas más radicales, como su propio confinamiento.

Los políticos en España parecen como perdidos, igual de confusos que la gente común y, además, muchos están con fiebre o tos por el dichoso “resfriado” del coronavirus. Dando bandazos y mirando qué hacen los demás países. Los supermercados sin papel higiénico. La gente confusa y triste por la calle con sus carritos de la compra. Por la tarde los vecinos se ponen a aplaudir en los balcones y me recuerda demasiado a los gestos extraños de masas que hacíamos en el 15-m como agitar las llaves al aire (con todo el respeto a los sanitarios y demás trabajadores que se están dejando la piel en esta crisis política y social).

Realmente es como para volverse tarumba. Una ya no sabe si todo es una gran paranoia o un mal sueño. Si es fruto de la ineptitud o de la decadencia de Occidente. Lo que sí parece perfilarse claramente es que todas las recomendaciones y directrices que se nos inculca a la población van en la línea del triunfo de lo telemático, de lo virtual frente a lo real. Lo real es demasiado humano, sucio, peligroso, imposible de controlar. Lo digital es previsible, numérico, controlable. Por eso, las compras hay que hacerlas mejor con tarjeta, no con efectivo (llevan años intentando cargárselo), las conversaciones mejor por videoconferencia, la enseñanza a través de internet, lo que no puedes comprar en las tiendas físicas cerradas lo puedes comprar a lo mejor online… Lo digital es aséptico, limpio. Sin embargo, el oro sube y sube porque es dinero mucho más difícil de manipular que el dinero fiduciario.

Hoy ya no tengo nada más que decir. Tan solo un recuerdo por todas esas víctimas olvidadas de la gripe común de las que nunca nos acordamos de forma global. Seguramente sus familiares directos sí pero como grupo eran invisibles y no se hacían contadores para ellos.¿Por qué no tuvieron nunca esa deferencia? El tabaco causa 52.000 muertes anuales en España. Sin embargo, en este estado de alarma los estancos permanecen abiertos porque en ellos se venden productos de primera necesidad. Son las paradojas de toda esta mala película de serie B que estamos viviendo. Los accidentes de coche también son altísimos. Sin embargo, nadie proponer prohibir el automovil. Se decreta el derecho al suicidio asistido o eutanasia pero, a la vez, se les dice a los viejos de la plaza del pueblo que se encierren en sus casas. ¿Y si prefieren vivir sus últimos días en libertad y no enclaustrados? ¿Y si prefieren asumir el riesgo? Eso hoy no se puede ni decir, demasiado incorrecto para los tiempos que corren. Hoy España es una gran cárcel. Y necesitamos libertad con urgencia, necesitamos reconectar con la realidad material y actuar desde valores espirituales profundos.

Buenas noches.