De la simbiosis a los destetes

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He leído parte de un libro que me ha parecido fascinante sobre psicología y primatología. Se titula “Parenting for Primates” (Crianza para Primates) y tiene un capítulo muy interesante sobre los “destetes”: el destete del pecho, el “destete” del colecho y el “destete” del porteo.

Hace tiempo que observo que en el mundo de la crianza autodenominada “respetuosa”, “consciente” o de la crianza con apego, o incluso en el mundo lactivista (no me identifico con ninguna etiqueta de la crianza) hay cierto tabú en torno a este tema. Se habla de destetar sin lágrimas, de que lo ideal es que sea el bebé el que decida dejar de mamar, que no hay que “forzar”, que hay que esperar a que esté listo… En definitiva, como si hubiera algún problema en hablar de cualquier tipo de conflicto que pueda suceder durante el proceso, como si ese conflicto fuera negativo para los niños siempre, o como si la base segura desde la que explorar el mundo consistiera en satisfacer las necesidades del hijo en todo momento y lugar y hasta que el niño decida que ya no lo necesita. De todo esto hablé en un post sobre el “destete natural” en el mundo mamífero que escribí después de leer una entrevista a Naomi Aldort.

Pues bien, en el libro de Harriett J. Smith se explica cómo la maternidad primate (en su enorme variabilidad individual y de tipos diferentes de primates) satisface todas las necesidades de la cría con muchísima dedicación hasta llegado un cierto momento, normalmente hasta que la cría deja de depender con tanta intensidad en el amamantamiento y activa la vida fértil de su madre de nuevo, con la consiguiente llegada de un nuevo embarazo y, por tanto, un nuevo hermano. En los grandes simios este proceso puede durar años, por ejemplo, las hembras chimpancés que viven en libertad paren cada 4 o 5 años, pero puede ser más corto en otras especies.

Los distintos “destetes” mencionados no son bien aceptados por las crías y la protesta, las rabietas y el conflicto son totalmente normales:

“Idealmente, las madres retiran gradualmente el cuidado (care, en inglés) en respuesta a su conciencia del aumento de la madurez y competencia de sus crías. Los psicólogos comparativos Harry y Margaret Harlow llamaron a este período en la relación materno-infantil “la fase de la ambivalencia”, cuando las madres van siendo más indiferentes a las necesidades y deseos de sus crías. A medida que las crías son más capaces, las madres son menos sensibles, y los jóvenes consiguen independencia. Cuando los jóvenes (youngster, en el original) buscan a su madre, buscarla se convierte en su responsabilidad. Si desean confort, se acercan a ella para ser acicalados o para un abrazo, y si tienen miedo, se quedan a su lado. La retirada del cuidado de su madre les manda el mensaje poderoso de que son capaces de cuidar de sí mismos. La danza de un paso para adelante y un paso para atrás de los padres y las crías continúa hasta que alcanzan la vida adulta”.

La crianza “incondicional” no es eterna o se deja en manos de las crías. No es que las madres rechacen completamente a estas últimas sino que, como dice Harriett J. Smith, los hijos ya no pueden esperar que sus madres sean tan consistentes en su forma de responder a sus necesidades. En las sociedades de cazadores-recolectores ocurre algo muy similar, ya que la lactancia en tándem es excepcional y el niño que más años mama es el último. El conflicto del destete es algo totalmente normal y no significa que las crías vayan a tener ningún tipo de trauma emocional en la vida adulta. Es parte de nuestro “continuum” como especie. Lo que seguramente no lo sea es que ese conflicto pueda darse con tan sólo unos poquitos meses, en edades en las que incluso hacen falta sustitutos, leches adaptadas de madres de otras especies domesticadas.

¿Y cómo destetan las madres primates no humanas? Tal y como explica la autora en el libro, primero, intentan evitar el amamantamiento cruzando los brazos, alejándose. Cuando esto no funciona tratan de distraer a sus crías con otras actividades como el acicalamiento o el juego. Cuando esto también falla utilizan amenazas o son un poco más agresivas. Dice Smith que los primates en libertad rara vez recurren a la agresión directa, son muy tolerantes durante el destete aunque exista mucha diversidad entre cada madre en la forma de hacer las cosas. También ofrecen otros lugares de succión como los labios o la piel.

“Desdete” del porteo

Este destete también puede ser conflictivo y ocurre a la vez que el de la lactancia. En algunas especies ocurre de un día para otro, con la llegada del “hermanito”. Afirma la autora que la transición es más suave en las especies en las que los machos ofrecen alguna ayuda en la crianza, destacando así el papel del cuidado alomaternal (todas las personas que no son la madre). En el libro, también se habla de algunas sociedades de cazadores-recolectores como los Kung o los Aché en las que este “destete” del porteo se produce a los 4 años o 5 años respectivamente. En los Aché en concreto dice que se trata de un destete conflictivo, con muchas lágrimas y rabietas. De nuevo, reflexiono en voz alta, está bien recordar que los conflictos entre madres e hijos no son algo propio de una sociedad enferma (que en muchos sentidos la nuestra lo está) sino que también están en relación con el ambiente y las condiciones externas en las que se produce la crianza en cada cultura. El ser humano siempre tiende al equilibro dinámico con el entorno, aunque las circunstancias ambientales puedan estar tan alteradas que choquen con cómo hemos sido hasta hace muy poco desde un punto de vista evolutivo.

“Destete” del colecho

El libro “Crianza Para Primates” nos cuenta que en las sociedades de cazadores-recolectores este destete también ocurre con la llegada de un nuevo hermano, aunque esto no signifique dormir solo sino con una abuela, tía, padre u otro hermano. De nuevo se resalta el enorme papel de la “alomaternidad” en la crianza cooperativa humana, como diría la antropóloga Sarah Blaffer Hrdy. Y aquí me gustaría traer a colación otro libro, el de Bronislaw Malinowki, “La vida sexual de los salvajes del noroeste de la Melanesia” en el que se habla del destete de la lactancia y del colecho con la propia madre:

“Generalmente el destete no se hace antes de los dos años, es decir, antes de la época en que, según los indígenas, el niño es capaz de decir claramente “bakam, bamom” (quiero comer, quiero beber). Durante el destete, el niño es separado de su madre y duerme con el padre o con la abuela paterna. Cuando llora durante la noche se le da un seno seco o un poco de leche de coco. Si se muestra nervioso y desmejorado se le lleva a una aldea lejana en la que tenga parientes, o bien; si sus padres viven en una aldea del interior, se les lleva a la costa. Estos cambios de lugar se consideran esenciales para recobrar la salud y el buen humor.”

Esto sé que a muchas personas les parecerá poco “respetuoso” pero tenemos que tener en cuenta de nuevo que nuestra manera de criar como especie está muy condicionada por los recursos del ecosistema en el que vivimos, por la alimentación disponible, por la fertilidad/fecundidad de las mujeres en cada cultura. Y todo ello está en interrelación y equilibrio dinámico. Esta es mi opinión personal, pero creo que no se puede mirar con gafas del siglo XXI (gafas de sociedad de consumo con sus pañales de usar y tirar y sus estantes de supermercado llenos, con gafas de ser humano domesticado pero que se cree muy libre…) ni la Historia, ni las otras culturas. Hay formas de relacionarnos que son a todas luces crueles y donde no cabe el relativismo, pero hay otras zonas en las que sí hay que tener una escala de grises para valorarlas, mucho más cuando se entiende que hemos evolucionado criando de forma cooperativa.

En este sentido, creo que es un poco aventurado, aunque se podría debatir sobre el tema, escribir sobre el destete o de los destetes desde el mito del buen salvaje basándonos en culturas como la trobriandesa que interpreta Malinowski y reinterpreta Wilhelm Reich (La función del orgasmo) con argumentos del tipo:

a) “La lactancia también debe ser autorregulada, a demanda del bebé. En las islas Trobriand la lactancia es a demanda, prolongada, con contacto…en estas islas recordemos que no sólo no se da  el complejo de Edipo (o de Electra), sino que ni siquiera existe la etapa edípica que facilita que este se produzca.”

b) “Siempre y cuando nuestra realidad lo permita, lo ideal en cuanto al destete es que se produzca por iniciativa del niño”.

c) “Una de las cosas que nos diferencia de estas culturas más sanas, es la no represión de la sexualidad, ya sea la infantil o la adulta. Tampoco hay represión de la sexualidad femenina, base de la enfermedad de nuestra sociedad en cuanto a que la mujer es la que engendra, pare y tiene tanta importancia respecto al desarrollo psicológico de niños y niñas, como veremos después.  Pero, sobre todo, y también reñido con el tema sexualidad, en estas sociedades se respeta la autorregulación, el estar en contacto con lo que uno siente, necesita y poder expresarlo”

Como vemos, en este texto de Laura Perales Bermejo, psicóloga infantil especialista en prevención y presidenta de la Plataforma por la Crianza con Respeto, se obvia que esa sociedad sana idealizada no realiza la idea de destete respetuoso que se defiende como óptima en el mismo informe y ni siquiera se espera a los 3 años… Pero, entonces, ¿es o no es sana esa cultura? ¿Lo es teniendo en cuenta algunos aspectos y no otros?

En el caso de Reich esto es todavía más llamativo porque este autor afirma que los trobriandeses (“filtrados” por Malinowski) tienen una sexualidad libre (pg. 223) pero “la homosexualidad y la masturbación sólo significan para ellos formas artificiales y no naturales de gratificación sexual, un signo de una perturbación de la capacidad para alcanzar la satisfacción normal”. Habría que ver realmente qué pensaban los y las trobriandesas, qué hacían realmente en su vida más allá de lo que le contaron a Malinowski (“del dicho al hecho hay un trecho”) y, por último, comprender que lo que hace verdaderamente libres a muchas sociedades de cazadores-recolectores y tradicionales es su silencio, es decir, todo lo que se hace y sobre lo que no se teoriza sino que simplemente se vive. Pienso, por ejemplo, en uno de los libros que ha cambiado mi forma de ver la vida (“Nisa. Life and Words of a Kung Woman”, de Marjorie Shostak) del que tantas veces he hablado en mis artículos, donde por fin una mujer occidental le pregunta directamente a una recolectora cómo vive su vida, qué siente en sus partos, cómo ha sido su niñez, su propio destete, sus abortos… Nisa le cuenta a Marjorie que hay un mundo paralelo, el de los niños y su vida sexual, muchas veces sexo homosexual entre amigos y amigas, y también otro mundo paralelo secreto de “amantes” en el que existe la pasión y el “romanticismo” (para que nos entendamos en nuestra cultura) más allá de la pareja oficial. Todo el mundo sabe que los niños y niñas tienen vida libre sexual. Todo el mundo sabe que las mujeres y los hombres tienen amantes y relaciones fuera del matrimonio pero no se explicita, se vive. Es fuente de conflictos y de celos cuando el marido o la mujer lo descubre, pero es un terreno de libertad total.

Después de este inciso, me gustaría volver al libro de Harriet J. Smith. En los primates, cuando llega una nueva cría, el hermano mayor pierde el privilegio de dormir con la madre en el mismo nido. Aún así lo intenta y la madre construye otro nido en otro lugar hasta que, en este juego, al final la cría mayor se acostumbra a dormir en su propio nido en un lugar cercano. De nuevo aparece aquí el clásico “tira y afloja” que se ha descrito antes con los otros destetes. Es normal que la cría lo intente y es normal que la madre lo vaya apartando. En la crianza primate no es lo “ideal” que la cría se vaya sola a su nido cuando sea mayor o cuando “esté preparada”. Hay una intervención de la madre y una reacción natural y totalmente comprensible de la cría mayor. No es que sea un conflicto durísimo y agresivo, sino que simplemente la madre va marcando ese camino y ahora, al llegar un nuevo bebé, es ese el que duerme con ella.

Los humanos tenemos libre albedrío (o al menos eso nos creemos) así que creo que no nos hace falta buscar justificaciones ni en el mundo primate, ni en otras sociedades, ni en expertos de la crianza. No tenemos que pedir permiso al mundo animal si queremos dormir cuatro o cinco en la misma cama. Tampoco a los trobriandeses o a los Kung. Hagamos lo que nos haga sentir mejor, siguiendo nuestra propia conciencia ética del cuidado y del apoyo mutuo, todo ello en el marco de nuestras posibilidades; rebelémonos contra las circunstancias externas e internas que no nos permiten cuidar y criar como nos gustaría. Y, sobre todo, no nos autoengañemos.

Relacionadas:

Tabúes históricos sobre la lactancia materna

El destete natural

Lactancia y Menstruación en Perspectiva Cultural, un artículo de Barbara B. Harrell (1981)

La menstruación biocultural

Bibliografía complementaria:

El destete natural

Estoy suscrita a la lista de correo de Fedalma, la Federación Española de Asociaciones pro Lactancia Materna, y una de las últimas publicaciones de su web ha sido esta entrevista a Naomi Aldort, asesora familiar, escritora y conferenciante. Me ha dejado perpleja y, como todo lo que me deja en ese estado me produce una necesidad voraz de investigar, aprender y pensar por mí misma, aquí tenéis el resultado.

Soy una enamorada de la lactancia materna, que disfruto desde hace dos años, pero sobre todo soy una enamorada de la libertad, de la capacidad de las mujeres de tomar decisiones libres, informadas y responsables. Por eso, creo que es importante dudar, “loada sea la duda”, que decía Berthold Brecht, para construirnos cada una nuestro propio camino. Creo que las madres deben hacer lo que su conciencia y sus posibilidades les permitan, porque tan natural es que el bebé quiera seguir mamando como que la madre quiera dejar de dar de mamar en algún momento. De hecho, en el reino animal esto tiene un nombre: conflicto del destete (weaning conflict, en inglés). En algunas especies el destete es más conflictivo que en otras, como veremos después, pero lo que no se puede negar es que el destete dirigido por las hembras mamíferas es totalmente natural, y muchas veces está ligado a una nueva gestación.

Dice Naomi Aldort:

“Desde tu experiencia personal, ¿cómo transmites la importancia de la lactancia en niños mayores de dos años?

Todavía no he conocido a ningún niño de 2 años que en condiciones naturales quiera dejar de mamar. También observo que cuando las madres se sienten libres para seguir el dictado de sus corazones, ellas tampoco quieren pasar por el dolor de forzar a un niño a dejar de mamar, ni quieren perder esa experiencia de vínculo mágico.

(…)

La naturaleza no comete errores. Lleva perfeccionándose durante millones de años para darnos el sistema óptimo de cuidar a un niño. Las elecciones primitivas de un niño son las mejores. El niño tiene razón porque la naturaleza no mete la pata y no necesita que luchemos contra ella.”

Y después de leer esto me pregunto, pero, ¿cómo ocurre el fenómeno del destete entre los animales mamíferos y, mejor aún, en los primates, es decir, en la Naturaleza? ¿Por qué Naomi Aldort no considera natural que la madre desee en algún momento iniciar el destete? ¿Por qué considera que el inicio del destete por parte de la madre es luchar contra la Naturaleza, cuando la realidad mamífera es precisamente la contraria? ¿Por qué ese tono melodramático hacia un proceso fisiológico normal, tanto si es iniciado por la madre como si no lo es? ¿En qué se basa para decir que las elecciones del niño son “mejores” que las de su madre, cuando además está hablando de destetes a partir de los dos años?

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Mmmm… Veamos qué ocurre en la Naturaleza:

Perras

http://www.conciencia-animal.cl/paginas/temas/temas.php?d=1004

“Al principio la perra estará con sus hijos casi todo el tiempo, y se irá creando en la camada el sentido de grupo social. Después, a las 3 ó 4 semanas, la madre comenzará a dejarlos solos cada vez más tiempo, y los momentos de lactancia serán menos. A medida que vaya transcurriendo el tiempo y los días, la perra se mostrará cada vez más arisca con sus hijos, y á estos les será más difícil mamar. A las 5 semanas, si un jovenzuelo intenta alimentarse de ella, la perra le gruñirá y le hará como si lo fuera a morder, pero sólo será un amago, porque ello nunca llegará a suceder.”

Gatas

http://gatos.about.com/od/Sexualidad/f/El-Destete-O-Separacion-Del-Gatito.htm

“Se conoce como el destete a la etapa de transición en la que el gatito deja de tomar leche de su madre y comienza a comer alimentos sólidos preparándose así para su independencia. Mamá gata es quien domina el proceso cuando comienza a rechazar el darle leche al gatito para así obligarlo a aprender a buscar su comida.”

Yeguas

http://www.naturalhipic.com/centro/el-destete-doma-natural/

“Las yeguas que viven en libertad destetan a sus potros cuando se aproxima el final de la siguiente gestación. No todas las yeguas destetan a sus potros en un mismo momento, pero normalmente lo hacen aproximadamente al décimo mes de su gestación. La madre no le dejara mamar a su potro dándole una pequeña coz cuando lo intente, y así el potro progresivamente dejara de intentarlo, pasando a alimentarse únicamente de pasto.”

Elefantas

Tomado y traducido de “Mammals of Africa”:

http://books.google.es/books?id=B_07noCPc4kC&printsec=frontcover&hl=es#v=onepage&q&f=false

Pg. 192: “Las crías de elefante suelen dejar de mamar cuando la siguiente cría nace, y la examinación de elefantas en Kruger N. P. mostró que la mayor parte mama constantemente (Smuts 1975, I Whyte pers. obs.). Como resultado, el destete es un proceso extenso y suave (Lee and Moss 1986). Hay diferencias sutiles entre los sexos de las crías en el destete, donde se permite a los hijos mamar en cuanto emitan una protesta vocal, mientras que las madres son un poco menos tolerantes con las hijas. Teniendo en cuenta que el período entre partos en Kruger NP se calculó a los 3 años y 8 meses (2001a Whayte), esto también representa la media de edad del destete. En los casos en que se prorroga el período entre partos, la edad al destete probablemente se ampliará en consecuencia.”

Cabras

Sobre la especie de cabra “ammotragus lervia”, en el mismo libro, pg 598:

“El conflicto madre-cría durante el destete ha sido investigado. Parece haber un cese progresivo de la lactancia, sin los conflictos de comportamiento que surgen entre la madre y los hijos, salvo cuando se reanuda la actividad sexual antes de que el destete haya tenido lugar (Cassinello 1997a).”

Monas babuinas

http://www-personal.umich.edu/~phyl/anthro/conflict.html

El conflicto del destete
Piensa como en la primera etapa, la madre mantiene la proximidad hacia su cría, la sigue, evita que se separe, e inicia la mayor parte de las tomas de lactancia. En la segunda etapa, la cría pasa a ser más independiente e inicia la mayor parte de las tomas. En la última etapa, la madre acalla los esfuerzos para mantener el contacto, y deja de querer amamantar. En esta última etapa, la madre empezará a rechazar al niño, primero suavemente y después de forma más contundente. El niño pasará mucho tiempo gimoteando y llorando. Trivers dijo una vez que si quieres encontrar babuinos por la mañana, escucha el sonido de una cría destetándose; llantos y rabietas.

Gorilas

Tomado de “Gorilas de Montaña: Tres Décadas de Investigación en Karisoke”:

“El desarrollo de la independencia nutricional observado en el presente estudio sugiere dos posibles estrategias de destete en los gorilas de montaña. Habitualmente, el destete en los gorilas ha sido considerado como un proceso suave, gradual (Stewart, 1981), justificado aquí por los lactantes que seguían con la succión a los 40 meses y por la falta de un aumento aparente de lloriqueos, como los que se ven en babuinos y macacos rhesus (Altmann, 1980; Collinge, 1987), o en los cerdos que gruñen durante el período de destete. Sólo en un recién nacido (Um) se observaron berrinches, un comportamiento que es a veces (Fossey, 1979), aunque no es común (Stewart, 1981), visto en los gorilas, como es el caso de los chimpancés en estado salvaje (Clark, 1977). En los chimpancés, la lactancia se prolonga durante 4-5 años, pero el destete comienza en el segundo año de vida, con rechazos intensificados con el tiempo. La naturaleza más cohesionada de los grupos de gorilas, con muchas distracciones presentes en la forma de constante disponibilidad de un número de compañeros de juego y el espaldaplateada dominante (Stewart, en este volumen), pueden contribuir al conflicto menos intenso que se ha visto entre la madre y la cría.”

Chimpancés de la costa oriental del Lago Tanganyika (Tanzania)

Tomado del libro “Los chimpancés de la orilla del lago
Historia Natural y Cultura de Mahale” (a partir de la página 98). Los chimpancés suelen estar completamente destetados a los 5 años:

“En un sentido estricto, el destete, literalmente, significa negar el acceso al pezón; es un proceso bien definido. Sobre el momento en el que el bebé cumple cuatro años de edad, el destete se inicia y se detiene en los siguientes meses. El comienzo del destete puede comenzar cuando la cría es joven, por ejemplo, Sylvie fue destetada a la edad de tres años.

Una madre asume sutil o abiertamente posiciones en las que su descendencia tiene dificultades para acceder a sus pezones. Los patrones de rechazo de la madre hacia su cría varían de individuo a individuo. Puede directamente tomar al bebé de su pecho, bloquear el acceso a su pecho con su brazo, o acostarse boca abajo en el suelo. Las primeras veces que la madre niega su pezón al lactante, sólo gime (vocalizando disgusto), pero cuanto más estricta se pone, más se intensifica la resistencia.

Una cría que protesta saldrá corriendo desde la madre, emitirá gritos de malestar, rodará por el suelo, golpeará su cabeza contra el suelo, y lanzará un ataque. Con el tiempo, la madre casi siempre da paso a las demandas del bebé.”

Más sobre chimpancés

Del libro “Parenting for Primates”:

“La mayoría de las madres chimpancés son suaves y tolerantes con sus crías mayores durante el destete. En lugar de amenazar directamente a sus crías, elijen el camino de menor resistencia; distraen o empujan lejos suavemente a sus jóvenes, o cubren sus pechos. Las madres chimpancé cuidan pacientemente a sus crías u ofrecen otras formas de contacto corporal calmante. Por ejemplo, a los jóvenes chimpancés se les permite chupar el labio inferior de su madre, el oído o la piel, o enterrar la cabeza en su axila, pero este contacto es condicional: para recibirlo, el joven debe mantener la cabeza alejada de los pechos de su madre.”

Y para casi terminar este repaso por el mundo animal copio un fragmento de este interesante artículo de una revista científica veterinaria:

Rompiendo el vínculo madre-cría: el destete natural y el conflicto madre-hijos (http://www.actavetscand.com/content/53/1/28):

“En condiciones naturales, el destete implica la disminución gradual de la producción de leche de la madre, y un aumento concomitante de la ingesta de alimentos sólidos por la cría, que es acompañada por una reducción gradual del vínculo maternofilial [54]. La relación entre la madre y su descendencia en los mamíferos puede dividirse esquemáticamente en tres etapas: durante los primeros meses de vida la hembra busca e inicia el contacto con las crías; después, la cría será la responsable de la mayor parte de las tomas de lactancia y del contacto social y, por último, la hembra empieza a rechazar algunos intentos de mamar hasta que se detiene de forma permanente [14]. En el ganado vacuno, el proceso de destete puede ir acompañado de un aumento de la agresividad de la madre hacia su joven [18].

En varias especies, tales como ovejas, caballos, cerdos y bisontes, hay una reducción gradual y lenta de la atención materna y del amamantamiento durante el destete natural; por ejemplo, la hembra produce menos leche, inicia un menor número de tomas y termina más, y hace que la succión sea más costosa para los crías, lo que obliga a buscar otros alimentos [ 21]. (…) Desde este punto se produce una reducción gradual de la producción de leche y la atención materna, lo que permite más energía para un nuevo ciclo reproductivo; en el proceso, ella comienza a evitar las solicitudes de atención de las crías. Por el contrario, debido a la gran ventaja que las crías obtienen de la leche, tratarán de extender la lactancia materna y el cuidado por el tiempo que sea posible. Este proceso se conoce como el conflicto materno-filial [14].”

Voy a terminar con algunas matizaciones. Incluso en primatología hay teorías que promueven otras explicaciones alternativas en referencia al supuesto “conflicto de intereses” del destete. Uno de estos estudios es “Conflicto padre-cría y madre-cría en los primates”. En él se analizan las hipótesis de Altman en las que los rechazos de la madre se interpretan como formas de condicionar a la cría y enseñarle el momento adecuado para mamar, no para forzar su independencia o negar el pecho per sé. Si he entendido bien, lo que dice esta autora es que el compromiso y la cooperación son otras formas alternativas de resolver los conflictos, es decir, negociaciones y aprendizaje mutuo. Un ejemplo de todo esto sería cuando las monas rechazan dar de mamar a su bebé cuando están comiendo. Ahí estarían negociando los horarios de las tomas, no negándolas todas.

Esto es lo que sucede en el destete natural de los mamíferos, es decir, es bastante natural que la madre inicie el destete, no que deje que se desteten solos. Ahora bien, los humanos somos diferentes porque tenemos, en teoría, mayor libertad de elección. Por tanto, las madres podemos hacer un destete pasivo (que sea el niño el que se destete) o bien hacer como la mayor parte de las mamíferas y destetar iniciando el proceso nosotras, negociando, limitando tomas, distrayendo o, finalmente, negando tomas.

La decisión de destetar a un hijo o de prolongar la lactancia, una vez que ha pasado el periodo inicial, es una relación de dos que pertenece al ámbito de las decisiones personales*. Esos dos seres, madre e hijo, son los únicos que pueden decidir si quieren seguir, parar o reducir la lactancia y, si me apuráis, si uno de los dos no está de acuerdo, es la madre la que tiene la última palabra para destetar o no hacerlo. No hay ninguna necesidad de buscar apoyo en lo “natural” o en la “Naturaleza”. Es su decisión y punto.

Si una mujer quiere amamantar hasta que su hijo se destete por sí mismo tiene toda la legitimidad del mundo, porque se trata de su vida. Y si una mujer quiere destetar de forma activa en otro momento, tampoco necesita la aprobación de terceros.

La respuesta a la pregunta de la entrevista se podría haber contestado de muchas formas distintas. Por ejemplo, una lactancia de más de dos años en la sociedad occidental actual se puede mantener por placer, por salud, por inercia, por comodidad, por querer destetar pero no saber cómo hacerlo… ¡Somos tan diversas!

Argumentos a favor de una lactancia larga y durante años hay muchos y tampoco tienen que ver con los esgrimidos por Naomi Aldort, de tratar de evitar a toda costa el conflicto del destete. Amamantar es una experiencia muy sana para los niños (sigue aportando amor, nutrientes y defensas hasta el final), pero también para las mujeres. De hecho, se calcula que cada año de lactancia el riesgo de cáncer de mama podría reducirse en un 4,3%.  Por todo ello, en sociedades como la nuestra, en las que tenemos tan poquitos hijos y los tenemos tan tarde, la lactancia durante años tiene mucho que aportar a la salud de las mujeres: desde la amenorrea (falta de menstruación) a la reducción de los cánceres típicamente femeninos. Es la mujer la que debe elegir su camino porque no todo vale para todo el mundo y nuestras circunstancias vitales son muy diferentes.

Así que mujeres, no necesitamos la autorización moral de nadie para valorar nuestras decisiones personales, mucho menos cuando no se aportan argumentos o se traen a colación algunos con muy poca base real. Solamente necesitamos información veraz, apoyo y libertad para poder tomarlas. Y muchas dosis de empatía.

*MATIZO: Yo siempre quise amamantar pero respetaré tu derecho a no hacerlo, a no quererlo, a que no te guste, a que no hayas podido amamantar por el motivo que sea. Considero violencia obstétrica cualquier tipo de presión por parte de profesionales para amamantar que sobrepase la mera información para decidir y una falta de respeto hacer cualquier tipo de comentario no solicitado sobre el tema. Las circunstancias son muy diversas y en el mundo actual la lactancia no siempre es lo mejor para cada pareja madre-bebé. Como dice Michel Odent, os dejo con sus palabras llenas de sabiduría, a las que añado “en redescubrir las necesidades básicas de la mujer (y del ser humano en general) en la vida familiar, en las redes de apoyo mutuo, en el ámbito laboral y en la vida en sociedad” DESPUÉS del nacimiento del bebé y muchos años más allá:

“Hoy en día la prioridad no es repetir constantemente que “El pecho es lo Mejor” (Breast is Best). Es plantearse cómo se desarrolla la capacidad de amamantar. Está en redescubrir las necesidades básicas de la mujer en el parto. Los organismos de Salud Publica deben tener en cuenta que “la lactancia empieza antes del nacimiento del bebé”.

La familia campesina del Occidente asturiano

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Ha llegado hace poco a mis manos este libro, que conocí a través de una de las charlas de Prado Esteban, y me ha parecido muy interesante desde el punto de vista histórico y antropológico. Su autora es Asunción Díez y está publicado por el Instituto de Estudios Asturianos.

Como sabéis, siempre que pillo un libro por banda me fijo en temas relacionados con la maternidad, la paternidad, sexualidad, lactancia (más ahora que estoy formándome como asesora), cómo se criaba a los hijos y demás. Por eso, de esta obra he seleccionado el fragmento relacionado con el destete, del que habla en una nota al pie (pg. 74). ¡No esperéis encontrar una versión asturiana pre-industrial de “babyled weaning”! Allá va:

“La dieta de destete solía consistir en “papas” de trigo o maíz, cocidas en caldo o leche, es decir, una especie de polenta o gachas, y “caldo de rabas”, el potaje local, hecho con tocino, un poco de chorizo y un poco de carne fresca o salada (según lo acomodada que fuera la familia), y algún hueso, más judías blancas, patatas y la hoja de nabo (“rabas”, que son las hojas grandes, distintas de las del cogollo, más tiernas y llamadas “cimois” y que corresponden a los “grelos”). Cuando el niño comenzaba con la dentición, entre los 7 meses y el año, se le daba una corteza de tocino (“con algo de blanco para que críe unto”) para que la mordiera y sintiera alivio.

La descripción de la dieta proviene de fuentes orales. Esta dieta era la practicada en toda la zona hasta los años 50 de este siglo”.

Al estudiar la familia de esa época, este libro toca temas relacionados con la fertilidad y también con la falta de ovulación relacionada con la lactancia exclusiva y las frecuentes tomas (para más información científica sobre el MELA o el método anticonceptivo que se basa en la amenorrea de la lactancia podéis leer este documento de Unicef):

“Por regla general, en ausencia de amamantamiento del niño nacido en primer lugar, ya sea porque se confíe su crianza a una nodriza o porque muera al poco tiempo de nacer, el intervalo tiene una duración que puede oscilar entre los 10 y los 18 meses, mientras que, cuando la madre amamanta al anterior nacido, el intervalo puede prolongarse hasta los 24 o 30 meses. Sin embargo, esto no se cumple en la totalidad de los casos, ya que, determinadas madres, pueden tener intervalos reducidos, pese a criar ellas mismas a sus hijos, en tanto que otras pueden tener largos intervalos a pesar de que los niños mueran al nacer. El equilibrio hormonal de los individuos, así como las probabilidades de que se produzca la concepción de un óvulo maduro, presentan un carácter aleatorio que hace, por ejemplo, que no todas las mujeres casadas a la misma edad y cuya unión dura el mismo tiempo, tengan igual número de hijos.”

La autora se plantea una pregunta a la hora de analizar la fertilidad y la muerte de los bebés al analizar los intervalos entre hijos al afirmar “el problema que se plantea (…) es establecer en qué medida un intervalo corto que sigue al nacimiento de un niño al que no se menciona más, es el efecto de la desaparición de ese niño o su causa”. Se refiere a si qué entender cuando un intervalo entre hijos es muy corto, si es que el niño murió por un destete precoz y en seguida se volvió a quedar embarazada, o bien si el niño murió primero y, al dejarle de amamantar, volvió su ovulación y se quedó de nuevo embarazada. ¿Quién fue primero, el huevo o la gallina? Desde luego, la labor de los historiadores es muy detectivesca. Es interesante cómo pueden plantearse todas estas cuestiones tan solo analizando los libros de las parroquias.

El tema de la lactancia vuelve a aparecer en el libro cuando explica el descenso de la fecundidad entre 1750 y 1870, con intervalos más largos entre hijos. La autora ofrece diferentes explicaciones, una podría ser el descenso de la mortalidad perinatal (gracias a, según el libro, los médicos rurales o mejor preparación de las matronas). Pero hay otra posibilidad que le parece más influyente, y es el de la práctica de tomar expósitos de los hospicios para su crianza, es decir, de nuevo el poder sobre la fecundidad que tiene el amamantamiento.

Pero este libro en realidad no trata sobre lactancia. En él podemos saber que en el período estudiado por la autora (siglos XVIII y XIX) lo normal era que en los matrimonios la mujer fuera un poco más mayor que el hombre y esta tendencia no cambio hasta bien entrado el siglo XIX. También me ha sorprendido que fuera también normal que las mujeres llegaran al matrimonio con hijos “ilegítimos”, ya fuera de su pareja o de parejas anteriores. Tampoco tenían que huir para ocultar su “culpa”. Asunción Díez explica “durante todo el período, no está presente ese concepto victoriano de la moral, que parece imponerse a lo largo del siglo XIX”. Y es que la historia concreta, sin teorías apriorísticas o prejuicios, nunca dejará de sorprendernos, permitiéndonos aprender y entender también el mundo actual.

Lactancia viejuna en Madrid

Cuando buscamos referencias históricas sobre lactancia o la crianza de los niños nos solemos encontrar con que los textos que nos han llegado son casi todos normativos o legales, donde se dice lo que era apropiado y lo que no, cómo se tenían que hacer las cosas e incluso qué castigos les esperaban a los que se saltaban las leyes establecidas por los poderosos o por la divinidad.

Por ejemplo, en el Código de Hammurabi (1800 a.C.), que hoy se puede visitar en el Louvre, se dicen cosas como esta:

“194.- Si uno dio su hijo a una nodriza y el hijo murió porque la nodriza amamantaba otro niño sin consentimiento del padre o de la madre, será llevada a los jueces, condenada y se le cortarán los senos.” ¡Toma ya!

Como ya saben los lectores de este blog, me encanta investigar sobre la historia de las nodrizas, ya que se puede aprender mucho sobre cómo era la lactancia y cómo eran las costumbres de crianza en cada momento histórico. Del libro de Carmen Sarasúa “Criados, nodrizas y amos. El servicio doméstico en la formación del mercado de trabajo madrileño, 1758-1868” he aprendido unas cuantas cosas que ahora os cuento a continuación:

Sobre conciliaciones imposibles:

– “Las inclusas no sólo son el lugar de trabajo de algunas nodrizas (normalmente, las que no consiguen emplearse con familias), sino el medio que permite a muchas otras emplearse. Los expósitos eran en su mayoría hijos de mujeres muy pobres que sólo abandonándolos pueden emplearse, muchas precisamente como sirvientas.” Pg. 142.

“La mayoría de las mujeres no encuentran trabajo sino en el servicio doméstico, que les impide mantener a sus hijos consigo.” Pg. 143.

Esto aporta mucho a las incógnitas que tenía cuando escribí mi visita a la Inclusa de Madrid en el “Más allá del parque #2”. Ahora entiendo que la Inclusa, creada y amadrinada por la Junta de Damas (mujeres aristocráticas) era más que una institución de caridad, era totalmente necesaria en la sociedad de la época para que las mujeres pudieran “liberarse” de la maternidad y servir a las clases pudientes. Hay también escritores citados en el libro que afirman directamente que muchas nodrizas se “amancebaban” y después de parir dejaban a sus propios hijos en la iglesia para entrar a trabajar en casas amamantando y cuidando a los hijos de otros.

La crianza del desapego:

En Francia, único país europeo que contó con un organismo específico para regular la contratación de nodrizas, el Bureau Géneral des Nourrices et Recommandaresses pour la Ville de Paris, fundado en 1769 y suprimido en 1876, sus registros han resultado una fuente muy valiosa para el estudio de la lactancia asalariada. Sussmann calcula que en París, a comienzos del siglo XIX, eran dados anualmente a nodrizas unos 10.000 niños, la mitad de los nacidos cada año en la ciudad, y que el Bureau tramitaba un 50% de estas colocaciones. 

Silvestro Lega (1826-1895). Visitando a la nodriza.

Los tipos de nodrizas:

En el período que estudia el libro hubo variaciones en el número de nodrizas en Madrid que fluctuaban entre las 184 y las 95, según el número de anuncios del Diario de Avisos de esta ciudad. Había tres tipos de nodrizas según la procedencia: cantábricas, las de localidades cercanas a Madrid y las que vivían en la misma ciudad. También había otra clasificación: las nodrizas que trabajaban en casa de los padres, las de la Inclusa (las peor pagadas) y las que se quedaban el niño en su casa. ¿Qué tipo de vinculación tenían esos bebés con sus padres biológicos en este último caso? ¿Cómo serían esas visitas de lo que para el bebé eran extraños? ¿Cómo vivirían la separación definitiva de sus madres de leche y la vuelta a la ciudad? La verdad es que pensarlo estremece…

No es extraño que en base a este tipo de situaciones la filósofa Elisabeth Badinter niegue la existencia del “instinto maternal” universal y biológico. Si existe, ¿cómo podían abandonar a sus bebés con extrañas durante años? A mi me gusta más hablar de ética de los cuidados pero no puedo negar que me cuesta admitir que no existiera un componente hormonal y químico en el vínculo de esas madres con sus hijos. ¿Sería la cultura, el tipo de parto o la separación madre-bebé la que anulaba ese instinto? ¿Nunca existió y lo que sentimos es una creación cultural?

Las nodrizas que criaban en su propia casa pasaron de estar en los pueblos cercanos a Madrid a vivir en los barrios obreros de la ciudad. Esto tuvo dos causas principales: la emigración forzosa y la críticas de los médicos ilustrados hacia la lactancia mercenaria.

“Por un lado, la crítica médica de las condiciones en las que se crían los niños en casa de las nodrizas lleva a las clases adineradas y, por imitación, a las clases medias, a preferir a la nodriza que cría en casa de los padres. Por otro, el deterioro de las condiciones de los labradores de los pueblos cercanos a Madrid hace que éstos dejen de ver la lactancia de niños de la ciudad como una actividad interesante para su economía. Criar niños de la ciudad había sido una actividad complementaria de las agrícolas o artesanales que realizaba la familia. Las crisis de subsistencia, la inflación y las guerras provocan, sobre todo a partir de la década de los noventa, la pauperización de los pequeños labradores, que dejan sus pueblos para buscar trabajos en Madrid, o entran directamente a formar parte de los mendigos que pululan por la Corte.” Pg. 151.

Las críticas de los médicos de la nobleza contrarios a la lactancia asalariada también dan muchas pistas sobre cómo criaban las gentes del pueblo llano. Por ejemplo, se les criticaba mucho que dormían con los peques en la cama. ¡Cómo han cambiado los tiempos! Ahora son los pediatras más famosos los que promueven el colecho.

“no hay Ama que en su casa no se ponga al niño en la cama, donde respira los hálitos y vapores de dos cuerpos mugrientos dentro de un lecho puerco, y en un quarto sucio, y mal ventilado”. Los acidentes que sufren los niños en este ambiente son múltiples: asfixia por proximidad al humo del hogar, mordeduras de animales que viven mezclados con la familia, especialmente cerdos. (…) Además, “las más de las Amas son gente pobre, y de baxa suerte, cuya miseria las reduce a un alimento escaso, grosero, indigesto, más vegetable que animal, y que solo su vida activa y laboriosa puede soportar y digerir”. Pg. 153, tomado de un libro de J. Bonells, el médico de la casa de Alba.

Choques de costumbres entre clases sociales. Hablan los “expertos”:

Aquí viene algo interesantísimo del libro y es la transición que provoca que la tarea de criar a los bebés aristócratas ya no se dejara en manos de las clases populares, como las nodrizas que a ojos de los médicos:

“criadas con entera libertad entre la plebe, sin instrucción, sin principios morales, sin decoro, sin urbanidad, no conocen más razón que los caprichos de su alvedrío; ni se gobiernan por otras reglas, que sus preocupaciones y apetitos; por lo cual no poniendo freno a sus pasiones, tan presto las arrebata la ira como las acoquina un terror pánico (…) la moderación obra rara vez en ellas; todo son violentos extremos, y su último cuidado es el daño que pueden causar a los niños que tienen en sus pechos.”

Aunque el texto está cargado de prejuicios contra el pueblo, no deja de ser significativo que se presente a las mujeres de las clases populares como “criadas con entera libertad” que no parecen oprimidas por nadie, ni por sus padres, ni por sus maridos. Eso sí, la contrapartida es presentarlas como animales salvajes sin raciocinio ni capacidad reflexiva. La realidad es que los médicos de las clases altas no podían soportar que los bebés que heredarían el poder estuvieran en contacto con la cultura campesina, sus cuentos y canciones. ¡Qué extraño encuentro de clases, tan difícil de imaginar con nuestros ojos urbanos del siglo XXI!

Sin embargo, a pesar del escándalo de los médicos, los padres y madres ricos pasaban bastante del tema, mandaban a sus hijos lejos y les visitaban poquísimo, a veces solamente iban para pagar a la nodriza el sueldo.

El libro de Carmen Sarasúa presenta datos importantes, como que los niños volvían a sus familias biológicas después de dos o tres años. Los médicos también criticaban que cómo tenían tanto trabajo, las mujeres del campo no podían dedicarse demasiado al bebé y que muchas veces el niño salía lesionado por intentar hacer las tareas con un brazo libre y con el otro sujetar al crío. ¿Y cómo es que no usaban portabebés? No lo sabemos… Lo que sí sale a relucir es que la mujer del pueblo no estaba centrada en los bebés y nada más sino que hacía sus tareas mientras les cuidaba. Los niños, tanto los aristócratas que llegaban como los biológicos, no eran el centro de la vida, estaban en la vida misma, lo que para los médicos ilustrados era algo digno de crítica.

En el texto de esta historiadora también se explica cómo las nodrizas que venían a casa de los padres provenían sobre todo de las regiones cantábricas. Todo empezó como una moda de las elites y la monarquía que después era seguida por las clases medias. En concreto, las más buscadas eran las pasiegas. Sus historias de llegada a Madrid no dejan de ser curiosas:

– “Emprenden con varonil resolución el camino de la Corte, bien solas y en clase de agregadas a la embajada de una galera o un carromato, o bien reunidas varias de ellas y en caravana. Lo primero que procuran es proveerse de un perrillo recién nacido, que durante la expedición y hasta hallar, como ellas dicen, “acomodo”, haga las veces de párvulo, y aplicándole al pecho le conserve y mantenga el jugo nutricio, objeto de especulación”, Teatro social del siglo XIX, tomo II, Madrid, 1846.

¡Amamantaban a un perrito! Parece increible, ¿verdad? También sorprende de nuevo la libertad con la que se movían las nodrizas, iban y venían, viajaban sin hombres…

Si nos sorprende la poca vinculación de las mujeres de clase alta con sus pequeños, el desapego de las nodrizas del pueblo tampoco era menor, ya que también dejaban a sus hijos a los pocos meses de nacidos para amamantar a otros niños en la ciudad. Se trataba de una emigración temporal para volver con ahorros al pueblo. Mientras, el propio hijo era amamantado por “una vecina por una miserable cantidad”. También se empleaban como nodrizas mujeres que habían perdido a su bebé.

Las amas de cría no solamente amamantaban, también limpiaban a los bebés, les dormían, les entretenían durante los dos o tres primeros años de vida:

– “Las nodrizas hacen su trabajo según un conocimiento tradicional que los médicos e higienistas critican duramente, considerándolo responsable de muertes, enfermedades y malformaciones (…). Pg. 165.

Una de las prácticas tradicionales, según la autora, era el “modo de embolver y faxar los niños todavía muy pequeños”:

“la opresión violenta de las embolturas es la causa más común de algunas fealdades como las corcobas, piernas torcidas y otros defectos que adquieren los niños. Para convencerles de esta verdad, no es menester poner los ojos sino en los hijos de los pobres, y particularmente de los Aldeanos, los que dexan libres a sus hijos en sus cunas, o gergoncitos, y crecen prodigiosamente robustos (…). La reforma que se pretende introducir en el modo de embolver a los niños se reduce no más a que se aprieten menos de lo que se acostumbra los pañales en que se les embuelve; a mudar, o variar la forma y el modo de asir la gorra; a sostituir cintas en vez de alfileres; y a desterrar absolutamente el uso de la faxa, tan incomoda para la Ama, como perjudicial y peligrosa para las pobres criaturas (…). No embolviendo a la criatura en tantos pañales, ni con tantas ligaduras, le será más fácil a la Ama removerla y mudarle ropa quando se haya soltado el vientre (puesto que) el embarazo y engorro que hallan las Amas en hacer y deshacer las faxas y embolturas es la causa motriz de su negligencia.” Diario de Avisos. 1759.

Después de leer esto, no se entiende muy bien lo que explica la historiadora, ya que no concuerda mucho con lo que dice el artículo que cita. Las nodrizas eran aldeanas y si los hijos de los pobres se criaban bien sin ser fajados de forma tan apretada, ¿por qué a los hijos de los ricos que criaban sí les fajaban? Si alguien lo entiende, que me lo explique…

Es muy curioso ver en este choque de costumbres que a los médicos criticones tampoco les gustaba que los niños pasaran demasiado tiempo en la cuna:

– “No podemos negar que la invención de la cuna, si se hace buen uso de ella, es útil (…)¿Pero qué uso hacen las nutrices de esta útil invención? (…) muchas de las veces que el niño llora, sin pararse, como hemos dicho, en examinar la causa de su llanto, echan luego mano a la cuna y empiezan a mecerle con la mayor violencia (…). Quando a fuerza de mecer no pueden las Amas acallar a los niños suelen valerse de otro medio muy propio de su grosería, y es asustarlos con amagos del coco, del duende y otras sandeces de esta calaña”.

También se criticaba que se les dejara al cuidado de otros niños, que no se satisfacieran sus necesidades de comida o limpieza,  o las formas en las que se les enseñaba a andar (con andadores y polleras). Esto me recuerda algo que vi en Senegal y es al parecer algo muy habitual en las zonas no industrializadas: las niñas criaban a los bebés o peques. Ni guarderías ni madres en casa hasta que el niño cumpla tres años, la crianza después de los primeros meses la llevan a cabo las niñas.

La duración de la lactancia:

Sobre la duración de la lactancia en los siglos XVIII y XIX en Madrid el conocimiento del mundillo de las nodrizas tienen mucho que aportar: Las familias con dinero mantenían a la nodriza cerca de dos años, “lo que coincidía con el período en que ésta podía amamantar”. Las familias menos pudientes o que querían destetar antes, mantenían a la nodriza durante 8 o 12 meses. 

La lactancia mercenaria tenía un componente especulativo. Por ejemplo, la nodriza de Isabel II, Francisca Ramón (21 años) dejó a su hija al cuidado de su vecina Josefa Rueda, que cobraba 180 reales mensuales. Su beneficio era la diferencia entre este sueldo y el que cobraban las nodrizas reales, unos 900 reales al mes cuando comenzaban a lactar y 450 reales al mes cuando estaban de respuesto.

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Madre pasiega con su bebé en el cuevanu (cuévana) a modo de cuna portátil.

La moda de presumir de ama de cría:

Las nodrizas que vivían en la casa del niño tenían una función también de ostentación. Por ejemplo, en este texto hay referencias incluso al porteo en pleno Madrid, seguramente de nodrizas pasiegas:

“Son las seis. Encaminémonos hacia la Puerta del Sol, pero no sin antes detenernos en los jardines que hay en la entrada de la calle de Alcalá. Están repletos de niños que se divierten, de criadas, nodrizas con vestidos de franjas azules y rojas, que llevan a la espalda, en una canasta de mimbre, recubierta con un vistoso pañuelo, a un pequeñín acostado entre sus pañales”. Artículo: “Paseo por Madrid”, del libro “Viaje por España” de Luis Teste (1872).

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“La infanta María de las Mercedes en brazos de su nodriza” (1881). El traje tenía una falda de paño con peto que se bajaba para amamantar. ¡Ropa de lactancia de la época!

De nuevo la conciliación y la lactancia:

Cuando no era posible la lactancia humana se recurría a la leche de cabra, burra o vaca, pero las condiciones higiénicas de su venta en las ciudades hacía que más que ayudar aumentaran la mortalidad.

Las madres trabajadoras eran las que más recurrían a ellas y es que el trabajo siempre ha sido causa fundamental de destete en las mujeres que no podían conciliar lactancia con vida asalariada:

“La hija del proletariado, desarrollada en un miserable ambiente, llega a ser madre y siempre ha de criar a sus hijos y transcurridos los cuatro o cinco meses en que necesariamente ha de declinar su poder lactativo, comienza a ayudarse con leche que adquiere en los puestos de la calle o en las lecherías”.  (1903. El Progreso Agrícola y Pecuario).

Lactancia y poder estatal

J. Bonnells acusa a las madres que no amamantan de aumentar las calamidades del Género Humano y, atención, de dar al Estado solo “vasallos inútiles”. Aquí está la razón última por la que amamantar, no era considerado un bien en sí por estos médicos ilustrados, sino que medio para lograr que el poder obtuviera vasallos con buena salud (para exprimirlos bien, supongo), lo que no era posible en igual grado si eran amamantados por amas de cría mercenarias.

Ojo a esta cita del ilustrado Bonnells. Este médico llegó al extremo de pedir castigos a las mujeres que no probaran un motivo aprobado por un médico, un juez y el marido para no amamantar. ¡Eso sí que es ser un talibán de la teta! A la autoridad siempre se le ha dado bien infantilizar a las mujeres, por otra parte…

“Esta es la edad en la que más que nunca necesitan los niños de toda la vigilancia, de toda la paciencia, y de toda la ternura de una madre. Y esta es cabalmente la edad en que la barbarie de las madres confía su crianza a una muger mercenaria sin reparar que mal desempeñará por un vil estipendio las obligaciones de las quales ellas mismas huyen por pesadas (…). Entregadas directamente muchas mugeres a los deleites y pasatiempos, miran toda sujeción y cuidado como una carga insoportable, y poniendo toda su felicidad en el contentamiento de sus gustos, paréceles tanto más pesado el yugo de la crianza de los hijos quanto menos llevadero le hace su desarreglada vida (…). La incomodidad que muchas temen más, y alegan menos, es la privación de sus divertimentos.”

La realidad es que la mortalidad infantil era mucho más alta entre los niños criados por nodriza en los arrabales y los amamantados por su propia madre, al menos basándonos en un estudio francés de 1868. Pero Bonnells olvida que la principal causa por la que las madres de las clases altas y medias abandonaban a sus hijos con nodrizas lejanas no eran los “pasatiempos” sino sus maridos, convencidos de que no se podían mantener relaciones sexuales durante la lactancia porque se estropeaba la leche. Y Elisabeth Badinter, ¿qué opina de todo esto?

El desapego de las nodrizas con sus propios hijos también es cuestionado por otros estudios, como este interesantísimo de la matrona Tamara Gómez Pérez sobre las madres y nodrizas pasiegas. Aquí podemos leer cosas como: “Muchas abuelas también fueron nodrizas y sabían lo que sus propias hijas añoraban y sufrían por el abandono temporal de sus hijos ante la falta de dinero e ingresos”. ¿Qué sabemos nosotros, desde nuestro mundo urbano del silgo XXI sobre los sentimientos de las mujeres, tanto ricas como pobres, respecto a estos temas? Hacen falta más investigaciones que recopilen sus voces en primera persona, no lo que opinaban otros sobre sus decisiones.

El uso de nodrizas en Europa desapareció tras la Primera Guerra Mundial. Mientras esta práctica caía en desuso, crecía el empleo de niñas-niñeras (7-15 años) para hacer todo lo que no fuera amamantar.

Si podéis no dudéis en echar un vistazo al libro de Carmen Sarasúa. Es un apasionante viaje al pasado que me ha hecho replantearme muchas cosas que hoy damos por supuestas en la crianza de los niños.

Bibliografía para profundizar o cotillear:

“Tres discursos para probar que están obligadas a criar sus hijos a sus pechos todas las madres, quando tienen buena salud” del médico Juan Gutiérrez De Godoy (1579-1656).

“Perjuicios que acarrean al genero humano y al Estado las madres, que rehusan criar a sus hijos, y medios para contener el abuso de ponerlos en Ama”: